Un blog escrito bajo severas dosis de etanol.
viernes, 17 de abril de 2009
Es verdad, nunca fui a Venus en un barco
jueves, 20 de diciembre de 2007
Por tres veces renegaste de mí
Como Pedro traicionando a Jesucristo, tres veces has renegado de mí.
A nadie has contado que quisiste casarte conmigo. Querías hacerlo, pero sin dar publicidad a tus intenciones, porque siempre esperabas una oferta mejor. Es lo que pasa cuando se es incapaz de sentir amor y se basa la felicidad en... ¿en qué, Teruky, en qué basa la felicidad alguien como tú? ¿Un marido con mejor sueldo? ¿Un marido con ambiciones económicas? Sí, Ter, es eso, tú y yo lo sabemos a estas alturas. En realidad tú siempre lo has sabido, y yo tardé en comprenderlo. Cuántas veces presumiste de haberte llevado a la cama a esos millonarios y famosillos, ¿damos nombres? No, no seré yo quien dé nombres, Ter, pero ten en cuenta que ellos se te follaban y ninguno se quedó contigo, y fíjate que te uniste a mí con verdadero amor, dentro de lo que tú puedes entender por amor. Hasta que decidiste que sabía demasiado sobre ti: tráfico de drogas, prostitución, estafas... Llegó el momento en que consideraste adecuado alejarte de mí, y destruirme. Lo lograste, maldita, lo lograste. Para una mujer como tú es fácil encontrar apoyos, pero no olvides, querida Teruky, que yo fui tu mejor ayuda. Con mi respetuoso silencio me convertí en tu mejor aliado, y en mi más encarnizado enemigo.
En el 2003 me presenté en tu casa con un ramo de rosas, era tu cumpleaños y por entonces me querías, aunque fuera de esa manera que tú puedes querer a alguien. En el 2004, cuando ya todo empezaba a irse a la mierda te sorprendieron, según supe, los de la floristería en aquel restaurante que tanto te gustaba. Tú misma me contaste que te echaste a llorar por la emoción. Era el mismo número de rosas rojas que años cumplías, y además en público. Debiste de sentirte una reina. Se suponía que estarías en tu casa, pero no te encontraron allí y llamaron al número que yo les había dado. Citaste al repartidor de la floristería en el restaurante donde estabas. Eso no estaba previsto, pero siendo tú es comprensible que te gustara el numerito.
Por entonces aún había esperanzas. Después vino todo lo demás. Me jodiste la vida a conciencia, y sé por qué lo hiciste, pero no quiero pensar en ello.
Luego vinieron los tres años en los que has renegado de mí:
En 2005 volví a enviarte flores por tu cumpleaños, aunque todo estaba perdido. Si las recibiste no lo sé, nunca obtuve confirmación. Será una de esas dudas que se mantienen y nos asaltan, quizás, en el momento de morir.
En 2006 te felicité tu cumpleaños por SMS. Tampoco obtuve respuesta. Puede que hayas cambiado de número.
En 2007, leal que es uno, he vuelto a hacerlo, pero esta vez con un día de retraso. ¿Puedes creer, amada Teruky, que me despisté y olvidé que era tu cumpleaños?
¿Sabes una cosa, Esther? He hablado mucho de ti en este diario de un cabeza de chorlito. Cada texto publicado habla de ti de un modo más o menos directo pero nunca, hasta hoy, me atreví a escribir tu nombre. No podía hacerlo, dolía tanto...
Hoy puedo empezar a hablar, Esther. Poquito a poco. ¿Te alegras por mí, mi niña?
viernes, 20 de abril de 2007
Ya hace cuatro años y diez días
Te besé un rato después, cuando acabábamos de salir de aquel antro; siempre he preferido los besos callejeros. Recuerdo lo que dijiste cuando separé mis labios de los tuyos. Jajaja... Intento quedarme con la sorpresa que expresaste y no pensar en lo que ahora sé. Ay, mi niña, parecías tan sincera y buena chica entonces...
Hiciste conmigo lo que sabes hacer con todos: manipulación, mimetismo y engaño. Admito que eres una maestra en eso. Se te dio muy bien conmigo. Nada tan fácil como engañar a quien quiere ser engañado.
Pero hay algo que no acabo de comprender, amada Terukilla. Fuiste la amante de hombres famosos, de hombres millonarios, de delincuentes que te daban una vida ventajosa (mientras no acabaran en la cárcel), y yo me pregunto: ¿Por qué yo?
Actualización fechada en 06 de diciembre de 2011: Ahora sí que lo sé. Hoy sí que sé por qué me escogiste como víctima.
sábado, 10 de marzo de 2007
Aún
Hay veces que llegan las lágrimas.
Después de tanto tiempo aún vuelven esas hijas de puta mojando mi cara como tantas veces tú la mojaste con tu coño mientras yo me alimentaba de ti.
Hay veces que vuelven las pesadillas.
Después de tanto tiempo aún me despierto en mitad de la noche ahogando un grito de rabia, de odio, de miedo, de amor.
Hay veces que vuelve el rencor.
Después de tanto tiempo aún imagino terribles venganzas que me hacen asustarme de mí mismo.
Hay veces que suena tu nombre.
Después de tanto tiempo aún hay quien habla de ti y yo busco un lugar donde esconderme para no oír, para no saber más de lo que ya sé.
Hay veces que veo a tu amiga y cómplice de engaños y juegos perversos .
Después de tanto tiempo cuando la veo desde mi desconocida atalaya miro ansioso alrededor buscándote.
Hay veces que veo a un niño y pienso en tu hijo.
Después de tanto tiempo todos los niños son el mismo niño, el niño que me llamó tonto.
Pero... hay veces que sueño.
Después de tanto tiempo sueño que hago más profunda mi tumba.
Y lo peor es que me gusta.
domingo, 21 de enero de 2007
A estas alturas de la película
La vida me sonríe
La vida me sonríe... con sardónica sonrisa de psicópata.
La vida me sonríe... con feroz mueca de depredador hambriento.
La vida me sonríe... mostrando afilados colmillos sangrientos.
La vida me sonríe... con horrible gesto de bufón loco.
La vida me sonríe... porque conoce un oscuro secreto que me amenaza.
La vida me sonríe... con amargo rictus de enfermo terminal.
La vida me sonríe... con la malvada sabiduría de un demonio atemporal.
La vida me sonríe... con babeantes fauces de lobo famélico.
La vida me sonríe... y al hacerlo emite un espeluznante silbido de serpiente.
La vida me sonríe... y entre sus labios veo gusanos retorciéndose.
La vida me sonríe... y entonces me alcanza su gélido aliento hediondo.
La vida me sonríe... y en sus labios tensos brilla mi sangre.
La vida me sonríe... con profundo sarcasmo de cruel deidad.
La vida me sonríe... con la altanera autoridad de un dios inicuo.
La vida me sonríe... pensando en el amargo regalo que me guarda.
La vida me sonríe... la vida me sonríe, y yo he visto esa sonrisa y ya no puedo sonreír.
Primavera de 2004.
A veces todo se tuerce
A veces todo se tuerce, de manera irreversible y hasta un punto en el que no te atreviste ni a vislumbrar en tus pesadillas, y cuando pensaste que ya no se podía caer más ocurre algo que te saca de tu error, y descubres, entre asombrado y triste, que el pozo de mierda es muy, pero que muy profundo; es verdaderamente insondable.
Eres joven, pero lo bastante experimentado para creer que pronto tocarás fondo, y que nuevas, diferentes oportunidades, aparecerán ante ti. Sin embargo ya hace demasiado tiempo que piensas eso, y el dolor, al igual que el pozo, se hace cada vez más profundo. Y empiezas a dudar que puedas aguantar por mucho tiempo, empiezas a dudar de que puedas aguantar ni un minuto más.
En ocasiones crees que cada una de las nuevas oportunidades no es si no una tregua para que ese insidioso enemigo -llámalo vida, mala suerte, castigo divino o lo que más convenga a tus creencias- se rearme y así pueda, con mayor crueldad, seguir destruyéndote. Y quieres rendirte, pedir clemencia, descansar, olvidar, dormir sin sueños perturbadores, y al despertar no recordar tu nombre.
Pero no existe escapatoria, ni tienes a quien pedir compasión. Sólo existe llanto, y silencio. Y tiempo, un tiempo que te sobra, un tiempo que no quieres, un tiempo que te va matando segundo a segundo, y si prestas mucha atención notas que en algún lugar cercano se rompe el silencio, y es el tiempo, queriendo sofocar una carcajada. Si prestas atención puedes oír al tiempo burlándose de ti.
Y quieres ensordecer y cegarte, pero no enmudecer, porque un grito largamente contenido necesita hacer vibrar el aire y acallar la risa del tiempo. Pero no, continuarás oyendo, viendo, y no te atreverás a gritar, y morirás en silencio. Y deseas que sea pronto.
Agosto, 2004.
Tengo mucho que contar.
Tengo mucho que contar y pocas ganas de hacerlo. Conozco historias terribles que me atormentan y no pueden salir. Sé que tras cada dulce mirada se esconde un monstruo. Necesito que alguien me mire y lea en mi silencio cuanto no me atrevo a decir.
Hay historias de amor que hielan la sangre, cuentos de dolor que tanto duelen que contarlos mata. Yo quisiera que alguien leyera en mis ojos cuanto callo, yo quisiera compartir mi carga y ser más ligero, y diluirme en el aire para estar en todas partes y no estar en ninguna.
Quiero derramar lágrimas de mercurio, plateadas gotas de veneno brillante que huelan a sangre, a vergüenza y a miedo.
Me gustaría llenar todos los muros de todas las ciudades de todo el mundo con nombres de mujer, diferentes nombres de mujer que son de la misma mujer.
Ojalá pudiera escribir con sangre y semen, con mi esencia, las oscuras leyendas que ángeles moribundos me han contado, y leerlas al mundo en la noche fría.
No quisiera comprender cuanto he comprendido, pero quise mirar hacia abajo, vi los seres horrendos que habitan en el fondo de la sima, y ahora nadie ni nada puede hacer que los olvide.
Agosto, 2004.
Llanto del desesperado
He caminado por un desierto helado, cuya vaciedad se veía interrumpida por anónimas tumbas de héroes muertos. He vagado por esa llanura gélida en una noche eterna sin más compañía que mi dolor. He derramado lágrimas que jalonaban mi camino convertidas en brillantes gotas de hielo. He mirado al cielo buscando estrellas esperanzadoras que pudieran indicarme un norte, sin ver más que negrura. He soportado la lluvia que me helaba la sangre, sin encontrar la hoguera que me calentara ni un techo bajo el que guarecerme. He enloquecido de terror cuando me asaltaron horribles monstruos con nombre de mujer. He gritado a la nada hasta escupir sangre. He escarbado en el hielo hasta encontrar fango que he comido vorazmente. He corrido hacia las tormentas deseando que un rayo me partiera.
Abril, 2005.
sábado, 20 de enero de 2007
Amor mal entendido
Sonríe
Cuando la caja de Pandora se abra, cuando se quite el cerrojo de la jaula de las fieras, cuando el manicomio abra sus puertas, sonríe.
Sonríe, y no dejes de hacerlo, a pesar de la hiel que tragues, a pesar de los charcos de tu sangre que en el camino dejes, a pesar de los puñales que te claven, a pesar de los pesares, tú sonríe.
Sonríe. Aunque pienses que de nada sirve. Sonríe. Aunque sólo calaveras te secunden. Sonríe. Aunque un inmenso dolor te pudra el alma. Sonríe. Aunque te estés muriendo. Sonríe. Aunque ya estés muerto. Sonríe.
Y sigue sonriendo, porque esa sonrisa espanta a los demonios, porque esa sonrisa es lo único que te queda, porque esa sonrisa es lo que no han conseguido arrebatarte, porque esa sonrisa es más tuya que tu piel.
Sonríe; mañana será peor.
Agosto 2004
Para Wiwi, que con su sonrisa tras el monitor supo hacerme más cortas las noches y más larga la vida. Gracias por todo.
