Un blog escrito bajo severas dosis de etanol.

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viernes, 16 de agosto de 2013

¡Pues claro que las había olvidado!


   Hace mucho tiempo, cuando este cabeza de chorlito estudiaba en un instituto politécnico militar y todavía era demasiado joven para saber que... -para saber lo que ahora sé, en fin, y no entremos en detalles que ensuciarían esta entrada-, sucedió un episodio que alguna vez debía ser escrito. Se lo debo a alguien: 

    Yo había estado pasando un puente en el hogar familiar, a unos setecientos kilómetros del instituto. Llegó el momento de hacer la maleta y prepararme para embarcar en el autobús que me llevaría de vuelta al politécnico. Se sucedieron los besos de rigor y la indefectible pregunta de mi padre, que siempre está atento al menor detalle: "¿Seguro que no te dejas nada, Leo?" "No, papá, lo llevo todo", fue mi convencida respuesta. Había dejado en casa unas botas en buen uso pero que no eran reglamentarias y sobre las que ya me habían llamado la atención alguna vez. Se trataba de unas botas de apariencia militar pero con un acabado diferente y con  unas correas de sujeción en la caña que no se correspondían con las que nos proporcionaba el ejército, siempre tan uniformado hasta en los más insignificantes detalles. Por eso las dejé en casa, y por eso inicié mi vuelta sin pensar en esas botas que había dejado intencionadamente, porque además en el instituto tenía uno o dos pares perfectamente reglamentarios esperándome.


   A mitad de camino, cientos de kilómetros y varias horas después, el bus se detuvo en el lugar de siempre para que conductor y viajeros pudiéramos comer. Y allí estaba mi padre, sosteniendo una bolsa de plástico y diciendo triunfalmente ante mi asombro: "¡Leo, hijo, que te has dejado las botas!".


   Me imagino a ese hombre, a mi padre, llegando a casa tras despedirme en la estación de autobuses. Lo veo dando una vuelta de reconocimiento por mi dormitorio recién abandonado y abriendo los armarios, por si acaso. Lo veo descubriendo ese par de botas -recuerden que entonces los teléfonos móviles no estaban popularizados- y gritanto horrorizado: "¡MARUJA, VOLVEMOS AL COCHE, QUE LEO SE HA DEJADO LAS BOTAS Y LO VAN A ARRESTAR!". Veo a ese hombre metiendo apresuradamente las botas en una bolsa de basura, corriendo a su Ford, gritándole a su esposa que se dé prisa... Veo a ese matrimonio volando por alcanzar el autobús en el que viaja su hijo aunque saben que les lleva ya una media hora o más de ventaja... Veo a ese conductor, mi padre, que siempre ha sido respetuoso con los límites de velocidad saltándoselos sin el menor arrepentimiento, ¡porque todo vale menos en ese momento que la integridad disciplinaria de su hijo!


   Lo logró. Cuando salí del bus para comer, ahí estaba mi padre, sosteniendo una bolsa de basura y exclamando: "¡Leo, hijo, que te has dejado las botas!"


   Creo que le dije, poco más o menos, que no debía haberse preocupado, y que esas botas no me servían, y que tenía otras. Papá y mamá volvieron a su Ford, con la bolsa de las botas viejas, y emprendieron la vuelta de su odisea de unos setecientos kilómetros por una botas que nadie quería. El resto de mi viaje lo pasé aguantándome las ganas de llorar, y no por tristeza, sino por puro agradecimiento que no sabía cómo corresponder.


   Ahora, más de veinte años después, y aunque esto no lo vayan a leer mis padres, debo confesar que aquellas botas eran fundamentales. Hicieron muy bien intentando que las recuperara, por supuesto que sí. Gracias a ese gesto sé un poco más sobre el amor y el sacrificio. Por eso, sin duda, debo gritar a los cuatro vientos que yo me olvidé esas botas. Y ojalá que cada vez que alguien se olvide unas botas viejas, haya otra persona dispuesta a llevárselas. Contra viento y marea, y hasta donde haga falta.  

  

lunes, 20 de febrero de 2012

Repitiendo lo que es necesario que no se olvide (poemilla dedicado a una golfa molesta):

Ya sé que duele; que a nadie gusta; que hasta los más valientes se esconden ante el dictamen de lo políticamente correcto... ¡¡Pero alguien tiene que decirlo!!:


Versión en audio para vagos:




Versión escrita para quien la quiera disfrutar:


Cuán zorra eres, meretriz,

que de tan puta y ramera

todo pobre infeliz

portando billetera

puede ser tu amante

por detrás y por delante.

Es tu coño pestilente

guarida y escondrijo

de toda polla o pijo

mientras sea solvente.

Ay de aquel desgraciado cliente

que confunda tu celo mercenario

con amor puro y castizo

sin ver que es pecuniario,

falso y alquiladizo.

So putón verbenero,

desorejado pendón

al que follan por dinero,

impenitente zorrón,

infame puerca grosera

de vagina pesetera

y venal corazón,

repulsiva y barata iza,

putón irredento,

viciosa enfermiza,

monstruoso portento

del folleteo en venta,

maquiavélico talento

para follar bajo renta.

Por el asco que me das

hoy no te insultaré más

y acabo este breve escrito

comparándote con la Amparito,

la que se bajaba las bragas a pedos

y cuando del suelo estaban a dos dedos

a taconazos se las subía,

la muy perra y sucia arpía.

(Dedicado a la Hija de Satanás, con todo mi desprecio).

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Yo es que me indigno, me indigno...


Hoy me han pasado dos cosas curiosas en relación con esta bendita bitácora. De la primera cosita no hablaré por ahora porque estoy a la espera de una conversación con la parte ofendida -¿ofendida por qué?-; de la segunda sí que puedo hablar, y me van a permitir que lo haga desde mi inconmensurable indignación. Oh, amigos lectores, es que estoy tan indignado...

Aquí ya se ha hablado alguna vez de lo importante que es mantener el sentido del humor contra viento y marea, porque la vida, con sus jueguecitos tan tétricos a veces, ya se encarga de meternos cañas astilladas de bambú por salva sea la parte (por el culo, vamos), nos guste más o nos guste menos. Por eso es lamentable que muchas personas pongan el grito en el cielo, se rasguen las vestiduras y se mesen los cabellos por un quítame allá esas pajas, como si no tuvieran verdaderos problemas a los que enfrentarse. Quizá sea falta de comprensión lectora o sea falta de humor, pero manda huevos que haya quien se ofende por mis cuentos (¡y hasta por mis comentarios, como ha ocurrido recientemente en otro lugar!). Pero ahora hablemos de uno de mis cuentos, porque yo, como Umbral, ¡vengo aquí a hablar de mi libro!:

Hace dos años el mundo de las letras se enriquecía con un breve cuento titulado Amalia, la parapléjica que me dio pena. Cuando vomité semejante astracanada no esperaba hacer amigos, como sabrá cualquiera que haya leído el cuentecito de marras. Lo que tampoco podía esperarme entonces -¡por Belcebú que no me lo esperaba!- es que dos años más tarde un foro dedicado a la lesión de médula espinar me pusiera a parir. Lean, lean...

¿Y qué les digo yo ahora a estos seres rodantes? En realidad hay mucho que decir y es difícil hacerlo sin caer en sensiblerías o en la compasión. Podría hablarles de teclados mojados por lágrimas, de puñetazos rabiosos contra paredes, de mi amante con espina bífida, del pánico a estar como ellos, de fantasías suicidas al imaginarme en su situación... Podría hablarles de todo eso y sería verdad, pero también podría hablarles de humor irreverente, del gusto por escribir y de las perversas historias que sin quererlo salen cuando se escribe lleno de rabia, de ira y de injusticia, y también sería verdad cuanto pudiera decir sobre eso. Así que, ¿cómo responder a las duras palabras que han vertido contra este escribidor?

A mí lo que me hubiera gustado es que en lugar de centrarse en ese cruel cuento hubieran visto esto otro: Gracias, picha, y ¡Ey, picha! Permíteme decirte... Quizá entonces no estarían pidiendo mi cabeza en una pica.

Estoy tan indignado por culpa de ese Leónidas no sé qué... Ainsss, qué disgusto tan gordo.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Coronel Russell Williams, el grandísimo hijo de puta que dejó en mantillas a mi perversa imaginación

Que sí, coleguita, que sí, que eres muy guay, pero baja ya la manita.

Lo que son las cosas. El 20 de febrero del año en curso publiqué en este blog la primera parte de un cuento titulado Los diversos suicidios del teniente Núñez, y poco después, el día 28, publiqué la cuarta parte, donde se dice acerca del perfecto y prometedor teniente:

"[...] con su gesto imperturbable de machote... cuando de repente se le cae el pantalón y quedan a la vista unas robustas piernas cubiertas con medias y ligueros de encaje, ¡por no hablar de las bragas rosas de lencería fina!"

Pues hete aquí que ahora, ocho meses después, el mundo ha conocido a un espécimen de brillante militar, el coronel canadiense Russell Williams, que comparte con mi ficticio teniente Núñez el fetichismo por la ropa interior femenina. Hasta aquí Leónidas 1 - Realidad 1. Sin embargo el coronel Russell Williams fue mucho más allá de lo que fue mi desgraciado personaje, como ya sabrán todos ustedes (y si no lo saben aquí lo tienen), ergo Leónidas 1 - Realidad 10 (por lo menos).



Este "asuntillo" del coronel Russell Williams supera de largo al otro "asuntillo" protagonizado recientemente por un teniente coronel español (y del que curiosamente solo se hizo eco la prensa local -¿por qué?-); pero uno y otro "asuntillos" me tocan especialmente las pelotas. A mí estos "asuntillos" de jerarcas militares me duelen, porque escogí la profesión militar creyendo aquello que decía el Soldado Lope de Vega :

Este ejército que ves
vago al yelo y al calor,
la república mejor
y más política es
del mundo, en que nadie espere
que ser preferido pueda
por la nobleza que hereda,
sino por la que el adquiere;
porque aquí a la sangre excede
el lugar que uno se hace
y sin mirar cómo nace
se mira como procede.

Aquí la necesidad
no es infamia; y si es honrado,
pobre y desnudo un soldado
tiene mejor cualidad
que el más galán y lucido;
porque aquí a lo que sospecho
no adorna el vestido el pecho
que el pecho adorna al vestido.

Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás
tratando de ser lo más
y de aparentar lo menos.

Aquí la más principal
hazaña es obedecer,
y el modo cómo ha de ser
es ni pedir ni rehusar.

Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la firmeza, la lealtad,
el honor, la bizarría,
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama, honor y vida son
caudal de pobres soldados;
que en buena o mala fortuna
la milicia no es más que una
religión de hombres honrados.

Y me sigo esforzando por creer en las palabras de Lope a pesar de todas las traiciones que, sin tener que remitirme a noticias escandalosas, he sufrido por parte de mis jefes. A pesar de los pesares, aquí como me ven, tan irreverente y tan rebelde a veces, resulta que quiero a mis jefes, y mis jefes son todos los oficiales y suboficiales de países con los que España forme alianza. Por eso lo del coronel canadiense me jode hasta no saben dónde. Y por eso con él, si en mi mano estuviera, sería más duro que con cualquier otro; porque me inculcaron que mis jefes militares son lo mejor que puedo tener como jefe, y esto es una doble traición: me han traicionado como ciudadano, y me han traicionado como soldado.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Gabriel Sala Calvet, embustero panfletista iluminado


Me dejé engañar por el prometedor título:
Panfleto contra la estupidez contemporánea (Gabriel Sala, 2007), e inicié su lectura hace un par de días creyendo que iba a encontrar algo interesante.

Pero no.

Supongo que cuando el señor Sala llamó así a su librito estaba pensando en la segunda acepción que propone el DRAE para el vocablo "panfleto" (opúsculo de carácter agresivo), pero le sienta mucho mejor la primera acepción: libelo difamatorio. En seguida explicaré por qué.

Reconozco que no he tenido el ánimo lo bastante templado para terminar la lectura de tan prescindibles páginas, pero con los párrafos que me he tragado es más que suficiente. Con el habitual estilo críptico de los conspiranoicos y aportando datos y cifras cuyas fuentes no cita don Gabriel Sala pretende someter al lector a un lavado de cerebro, aunque paradójicamente afirma querer lo contrario, es decir, despertar al lector y hacerle ver la verdad abominable de nuestra sociedad. Como este tipo lo pone bastante difícil para contrastar la información que presenta me he tenido que guiar por un pequeño detalle del que sí poseo abundante información de primera mano. Ese detalle me ha permitido comprobar que Sala es, cuando menos, un charlatán que habla sin documentarse lo más mínimo, y más probablemente un consciente embustero.

En la página 32 de su panfleto Gabriel Sala nos cuenta esta soberana y monstruosa mentira (la negrita es mía):

"La actual ubicuidad del entetanimiento permite que salgamos cada día a la calle y acompañemos a nuestros hijos al colegio sabiendo que parte de los impuestos que pagamos al Estado son utilizados para fabricar minas antipersonas, diseñadas con vivos colores que simulan juguetes con el específico propósito de mutilar los miembros de otros niños que no viven demasiado lejos de nosotros, objetivo que cumplen 26.000 veces al año".

Fue al llegar a ese absurdo y tremendo párrafo cuando decidí cerrar el libro. Sin embargo, un rato después me pareció adecuado darle otra oportunidad a Sala hojeando al azar otras páginas, y ya fuera por casualidad o porque este señor es un obseso me encontré de nuevo la misma gilipollez en la página 122:

"Con nuestros impuestos se fabrican bombas-trampa con aspecto de juguetes destinadas a atraer la atención de los niños con el fin de mutilarlos".

Y el tío se queda tan fresco después de soltar tamaña mentira, otra vez. Yo entiendo que este bocachancla nunca haya visto una mina, pero le hubiera bastado un minuto en internet para ver cientos de fotografías de muchísimos modelos de minas contrapersonal. A ver dónde cojones ve el colega los colores vivos y el aspecto de juguetes.

Que quede claro esto, y lo digo yo, que de otra cosa no, pero de munición militar sé un rato largo: Es rotundamente falso que las minas antipersona busquen mutilar niños (¿qué sentido puede tener eso?); es mentira que se fabriquen en colores vivos (son negras, verde oliva o de color arena, y lejos de llamar la atención se fabrican con colores precisamente para pasar desapercibidas); es un disparate decir que se fabriquen con aspecto de juguetes (aunque lamentablemente para un niño cualquier cosa puede parecer un juguete, pero esto en ningún caso justifica la tremebunda acusación del señor Sala).

¿Qué pretende este señor con sus descabelladas afirmaciones? Me inclino por aplicar la navaja de Occam y escoger la explicación más sencilla: quiere vender más ejemplares de su libro, y punto. Mala manera es esa de despertar conciencias contando mentiras, amiguito Gabriel, mala manera.



Estos objetos, según el embustero de Gabriel Sala, tienen vivos colores y su diseño emula el de juguetes para mutilar niños específicamente.

Gabriel, si querías iluminar el mundo te quedaste en simple iluminado; si pretendías engañar a muchas personas, enhorabuena, porque viendo lo que se dice de tu libelo en internet creo que has conseguido estafar a más de uno y a más de dos. Pero yo te salí rana, campeón. Lástima que lo mío sea un "minority report".

martes, 28 de septiembre de 2010

Pedro Lucio, El Tirador Solitario, nos ha dejado solos


En recuerdo de Pedro Lucio, autor del blog El Tirador Solitario, con dolor y añoranza.


Voy por alguna parte y al doblar una esquina tropezamos el uno con el otro; él caminaba leyendo una revista en lengua extraña sobre temas de defensa, y yo simplemente iba despistado dentro de alguno de esos cuentos que jamás escribiré. "Perdón", dice él, y aunque nunca lo había visto lo reconozco inmediatamente por la voz, pues sí que habíamos hablado varias veces por teléfono.

Leónidas Kowalski de Arimatea: ¡Pedro! ¡Ey, tío, tú eres Pedro Lucio, el Tirador Solitario! ¡Soy Leónidas!

Pedro Lucio: ¡Coño, Kowalski, menuda sorpresa!

LKdA: ¡Ya te digo! Qué de tiempo sin saber de ti, Pedrito. ¿Cómo estás, tío?

PL: Pues estoy como nunca, la verdad. Ni te lo imaginas. ¿Y tú qué tal?

LKdA: Bueh, tirando. Me tenías preocupado, macho. Llevo un tiempo queriendo escribirte, pero ya sabes cómo soy.

PL: Da igual, hombre. Donde estoy no tengo internet.

LKdA: Ah, claro, por eso no actualizas el blog, jodío. Por cierto, tus seguidores lo echamos de menos.

PL: Pues os tendréis que acostumbrar, lo siento.

LKdA: ¿Y eso? ¿No piensas actualizar nunca más?

PL: Me temo que no. Es que me he muerto, ¿sabes?

LKdA: ¿Qué? Perdona, no te he entendido.

PL: Claro que me has entendido, pero no te lo quieres creer. A mediados de agosto mi corazón se negó a seguir latiendo, y bueno, ya sabes lo que pasa cuando la bomba se detiene.

LKdA: Pero Pedro... ¡si tú solo tienes 37 años!

PL: ¿Y qué? Para morirse solo hace falta estar vivo, ¿es que no lo sabías?

LKdA: Pedro, coleguita, no me hagas esto... ¡Dime que es una broma!

PL (sonriendo condescendiente): Anda, vamos a tomar una cerveza y te sigo contando. Por aquí cerca conozco un bar que está muy bien, y verás qué camarera, ¡ufff!

Pedro me guía en silencio hasta un bar llamado Imaginación donde solo estamos él y yo, además de una bella camarera que, intuyo, es el ideal de belleza de Pedro Lucio. Se está muy bien ahí, tan bien que dan ganas de no salir nunca.

PL: Pues sí, Leo... Oye, te voy a llamar Javi, ¿vale? Es que aquí prescindimos de los disfraces.

LKdA: Claro, llámame como prefieras, faltaría plus.

PL: Pues eso, que palmé y no tuve oportunidad de despedirme, así de sencillo. Lo que pasa es que tú siempre te enteras tarde de todo.

LKdA: Joder, Pedrito, ¿cómo puedes hablar así, con esa flema?

PL (riéndose a carcajadas): ¡Cambia esa cara, tío! Que no pasa nada, hombre, que el mundo no se acaba ni nada parecido. Mira, tontarrón, mientras estás imaginando esto yo solamente soy un puñado de cenizas, y sin embargo aquí me tienes ante ti, tomando una cerveza y deseando darle un buen meneo a la camarera. ¿Ves como no pasa nada?

LKdA: Pero no es lo mismo. Ya nada será lo mismo. ¿Quién me informará ahora de lo que se cuece en mi "empresa"?; ¿quién me dará premios sobre los que ironizar?; ¿quién me escribirá un mail interesándose por Gusifluky cada vez que digo que lo he matado?; ¿quién se alegrará y me felicitará en secreto cuando publico ciertas cosas?; ¿quién se reirá con las barbaridades que a otros escandalizan?; ¿quién...

PL: ¿Estás llorando, nenaza?

LKdA: ¡No, es que se me ha metido algo en un ojo!

PL: Jajajaja... ¡Que no pasa nada, Javier! La única novedad es que no vamos a hablar nunca más por teléfono y que mi blog no será actualizado. Pero sigo aquí, siempre a tu disposición en este lugar donde ahora estamos. Y créeme si te digo que no echo de menos nada de lo que antes fui.

LKdA: Pero yo sí te voy a echar de menos...

PL: No me seas, no me seas. Recuérdame, hombre, recuérdame con ese "podrido y retorcido cerebro", ya sabes.

Y el muy cabroncete se echa a reír de nuevo mientras yo me sueno los mocos, y cuando me quiero dar cuenta ha desaparecido y estoy frente a la camarera bella que también desaparece, y un instante después estoy en la esquina donde tuve el encontronazo con el bueno de Pedro, e inmediatamente me veo leyendo esto frente al monitor a la vez que lo escribo.

Me siento muy solo, más solo de lo que habitualmente me siento, y le debo a Pedro más de lo que sería discreto contar aquí (aunque estuve a tiempo de expresarle mi agradecimiento, ¡y lo hice, menos mal!).

Pedro, cuento contigo otro día en el bar Imaginación. Pero esa ronda la pago yo.


martes, 24 de agosto de 2010

Pues hoy, tantos años después, a esta hora y en este blog, ¡el "ti" sigue sin tilde!


Pónganse en situación: instituto militar en régimen de internado, año 1992 ó 1993; profesorado íntegramente militar salvo alguna excepción en idiomas extranjeros; disciplina prusiana por la que casi hasta respirar era motivo de arresto; no existía como hoy existe un régimen disciplinario común para los centros docentes militares, sino que cada academia o instituto militar tenía sus propias reglas, lo cual propiciaba una arbitrariedad sin límites a la hora de considerar cualquier acto como constitutivo de falta disciplinaria.

Estando así las cosas este cabeza de chorlito fue a caer en manos de un capitán de artillería (hoy teniente coronel) que hacía un triste papel como profesor de Lengua Española en aquel Instituto Politécnico Número 2 del Ejército. Ignoro las virtudes como artillero de aquel oficial, que presupongo excelsas sin la menor duda; pero tuve la mala fortuna de sufrir a ese señor como profe de Lengua. Y hoy me voy a desquitar a mi manera. Ya ven, escribir un blog sirve para algo.

Aquel capitán -del que guardo un grato recuerdo, a pesar de todo, por muchas razones que no vienen al caso- era lo que se llama un "tío chulo". No era más chulo porque se hubiera muerto de pura chulería. Tan chulo era que se pasaba de chulito y llegaba a hacer el ridículo, como aquel día que nos dictó un texto y tras señalar a un alumno para que lo corrigiera en la pizarra nos preguntó al resto qué faltas ortográficas notábamos después de la corrección del compañero. En ese momento yo levanté la mano y dije que el pronombre "ti" no lleva tilde. Fue entonces cuando se armó la gorda. Así es como recuerdo la "discusión":

-Mi capitán, sigue habiendo un error en el "ti", porque el "ti" no lleva tilde.

-El "ti" es un pronombre y por lo tanto se acentúa siempre -me respondió aquel capitán de artillería convertido en revolucionario gramático.

-No, mi capitán, los pronombres se acentúan para distinguirlos de la forma de adjetivo, pero si no es necesario siguen las reglas generales de acentuación, y como el "ti" es un monosílabo...

-¡Hoy, en esta clase y a esta hora, el "ti" lleva tilde! ¿Te has enterado, Kowalski? -me interrumpió el capitán a gritos.

Así que aquel día, a aquella hora y en aquel lugar el puto "ti" lució una preciosa tilde sobre la tercera vocal de nuestro alfabeto. Al menos para mí, por orden de la superioridad. Pero al día siguiente volvimos a tener clase con aquel excelente gramático desperdiciado como artillero, y así empezó su lección magistral:

-Como les decía ayer, el pronombre "ti" nunca lleva tilde... -dijo con toda la desvergüenza del mundo.

Entonces un compañero díscolo, mientras yo me moría de rabia, exclamó:

-¡Eso no lo dijo usted, mi capitán; eso lo dijo Kowalski!

-¡Bueno, pues lo diría Kowalski! -respondió el artillero con un cabreo de mil pares de narices.

Y yo ahora, tantos años después, debo reconocer que aquel hombre lo hacía lo mejor que podía, y que al menos tuvo la decencia de informarse cuando un niñato como yo puso en duda sus conocimientos. Debe de ser jodido que te pongan a enseñar Lengua después de haberte instruido para dirigir cañones. El Ejército, por cierto, sabe mucho de instruirte en algo para luego exigirte hacer otra cosa radicalmente distinta, si lo sabré yo.

Así que hoy, a esta hora y en este blog, el "ti" no tiene tilde, mi teniente coronel. Se ponga usted como se ponga.

martes, 10 de agosto de 2010

Pequeño homenaje a una dama muerta

No mencionaré su nombre ni otros datos que puedan identificarla; a ella no le gustaría, aunque ya da igual porque está muerta. Se portó muy mal conmigo -y perdonen que me salte esa tácita norma de hablar bien de los muertos-, y me utilizó sádicamente para sus ratos de ocio logrando que la quisiera con esas ganas locas de abrazarla como solo se quiere a los hermanos o a los gatos.

Ella escribía de una manera talentosa y espontánea que nunca más he vuelto a ver en nadie salvo recientemente en una tal Barbijaputa. Era capaz de contar la más insignificante anécdota de un modo épico, humorístico y subyugante que me mantenía pegado al monitor entre carcajadas, y alguna vez también entre lágrimas; los cabezas de chorlito también lloran.

Una vez me dijo que ella escribía como si estuviera en un bar contándole la cosa a sus amigas. Para conseguir eso hay que tener talento, ¡y por los bigotes de Gusifluky que ella lo tenía! A pesar de todo abrió y cerró varios blogs (algunos tras un incendiario comentario mío, la muy idiota), y yo la perseguía hasta encontrarla con mi astucia o, las más de las veces, hasta que un oportuno chivatazo la delataba. Cuando la volvía a encontrar dejaba mi sello mediante un comentario: "Zorra de mierda, no te hagas tanto la guay que algunos te conocemos", por ejemplo.

Quizá esa chica murió sin llegar a comprender lo mucho que la admiré, y sin darse cuenta de que por muchas faltas de ortografía que le corrigiera siempre envidié su manera de escribir. Una vez, hace algo más de dos años, le plagié con pleno descaro una entrada de uno de sus múltiples blogs. Era un cuentecito donde hablaba de cómo veía ella su propio funeral. Y ahora, lo que son las cosas, está muerta de verdad. ¿Quién lo hubiera dicho entonces?

No es, ni mucho menos, lo mejor que le he leído a esa zorrita, pero es lo único que conservo de ella. Y hoy me van a permitir que, con alguna modificación, vuelva a fusilar su cuento:

No somos nadie

La que está ahí tumbada soy yo, en el centro, al lado de ese señor que va todo de blanco, el del libro gordo entre las manos.¿Soy guapita, verdad?
Estamos en mi entierro.


Está guapo estar en tu propio entierro porque ves la cantidad de gente que dice quererte. Han malgastado ese día para estar en una jodida iglesia despidiéndose de ti. No sé, es de agradecer.En el mío hay un montón de gente, se ve que no fui tan mala.
O sí, y vienen para asegurarse de que por fin me voy. No sé.


Diviso en la segunda fila una cara conocida. Me suena muchísimo pero han de pasar más de tres minutos para que sepa de qué.
Es la señora que vive en el 1º.
A ver..., espera, ¿qué cojones hace la señora del 1º en MI entierro? ¡pero si apenas nos hemos saludado… ¿siete veces en cinco años?!
Estoy flipando, en serio.
En mi próxima vida rogaré que coloquen el cartelito ese de Derecho de admisión cuando vuelva a morirme. Qué pesada es la gente, coño, no te deja en paz ni después de muerta.


Escucho una voz que reconozco y compruebo que es uno de mis hermanos.
El mediano.
Joder… qué lástima, me sabe mal verlo llorar, me entran ganas de llorar a mí y todo. En realidad no me sorprende que esté tan hecho polvo, yo era su ojito derecho, siempre lo he sabido, es normal.Mi hermano mayor está justo a su lado. Intento leer su mente para saber qué siente pero no lo consigo. Llora también, llora muchísimo.
Sólo he visto llorar a mi hermano mayor una vez en toda mi vida, fue cuando el (puto) BarCa perdió en Atenas aquella final. El cabrón estuvo una semana sin hablar. Creo que fue a partir de ese día que yo me hice del MadriZ.
Retengo esa imagen en mi cabeza (la de mis hermanos juntos, digo, no la de la final del BarCa) y la enmarco mentalmente para no olvidarla jamás, vaya donde vaya ahora.


Veo en la quinta fila al señor que va a tener que pagar mi hipoteca gracias a un seguro que me obligaron ellos mismos a hacerme. Hay que joderse. Yo ya dejé pistas en aquel horrible formulario que tuve que rellenar, excatamente en la pregunta 1.735, donde me preguntaban qué cantidad de cigarros me fumaba al día. No es culpa mía si no pillan las indirectas, ¿no? ¿Y quién es ese tío que lleva un gato blanco y negro en brazos? ¿Están permitidos los gatos en las iglesias? ¿De qué cojones se ríe el tío del gato? ¿Y por qué me suenan tanto esas caras, la del gato y la del tío del gato, digo? Aquel de allí es mi padre, al final de todo. Acabo de verlo. Va guaspísmo con ese traje negro. Creo que es el mismo que utilizó en la boda de mi hermano mediano.
Ya lo dicen: lo negro combina con todo.Está ausente, parece que no, que está escuchando al menda este de blanco y que le interesa lo más mínimo lo que este señor está contando, pero qué va, está ido totalmente.Si por algo me sabe mal morirme es por mi padre, no sé.Al lado de él hay un chico que no conozco de nada. Me extraño porque llora desconsoladamente. No sé quién carajo es..., bah, da igual.


Ha venido la panadera, el señor de la ferretería, aquella señora que me vende los cupones que nunca llevan el número premiado, el caballero que me sonríe cada mañana desde el balcón de enfrente (¿?), amigas que no veo desde hace más de siete años, los chicos que trabajan colocando ascensores al lado de la pelu donde trabajo (qué majos) y clientas, muchas clientas. Hasta ha venido un tío con un gato. Quienes no han venido son mis gatas, la Hijaputa y la Buena, pero yo las perdono.
Joder, qué guay ¿no?, mola esto de morirse, ocurre como en las bodas, se junta todo tipo de gente que jamás imaginarías en la misma habitación y, mucho menos, que intercambiaran siquiera un par de frases seguidas. La única diferencia es que aquí se ahorran el jodido sobrecito con la pasta y la sonrisa forzada de gilipollas cada vez que te dedican (disimuladamente) una mirada.


Suena de fondo una canción de Sabina. Joder... esto ha sido idea de mi hermano mayor, fijo. Qué mamón..., es un crack el tío eh! parece que no se entera de nada o que, si se entera, le importa todo un carajo y mira. Ya se lo decía yo a mi madre: "Es el mejor de los tres, tú tranquila, lo que pasa es que el payaso va de independiente y eso".

Ahora que caigo... ¿dónde coño está mi madre?


jueves, 24 de junio de 2010

Si Mr. Harrison está a dos kilómetros y medio de ti... ¡lo tienes demasiado cerca!


Me lo contaba esta tarde mi compañero Gaspar, el hombre que más sabe sobre armas ligeras en el mundo, con ese entusiasmo que lo caracteriza al hablar de su especialidad. Y yo ahora se lo quiero contar a ustedes. Ya sabe el lector habitual que me estoy volviendo tan pacifista que doy penita, pero eso no me impide apreciar las cualidades de un buen soldado. Permítanme por tanto hablarles del cabo británico Craig Harrison, a quien no tengo el gusto de conocer pero que me honraría estrechándome la mano, y quien por lo que a mí respecta tiene pagadas dos cervezas en San Fernando.


Sucede que en noviembre de 2009 este súbdito de Su Graciosa Majestad entró en la Historia de los prodigios militares al mandar a percutir huríes a dos de esos tíos de turbante que hacen de malos en la película de la guerra de Afganistán. Matar a dos talibanes no es cosa nueva, desde luego. Lo que es único es que lo hiciera armado con un fusil y... ¡a 2´47 kilómetros!


La herramienta del cabo Harrison

Intento imaginarme la situación:

Es una mañana luminosa, sin bruma y sin viento, ideal para la misión de Harrison. Rahim y Hamid, a cargo de una ametralladora PKM, permanecen atentos a cualquier movimiento dentro de su campo de visión. Están tranquilos porque desde donde se han apostado pueden observar a largas distancias y no ven nada sospechoso que los inquiete. No pueden saber que a dos kilómetros y medio de allí dos profesionales tumbados en el suelo -francotirador y observador- hacen las últimas mediciones de distancia, presión atmosférica, y velocidad y dirección del viento. El tirador, un tal Harrison, introduce los ajustes necesarios en la herramienta de precisión que usa para hacer su trabajo. Segundos después Rahim cae desplomado sin abrir la boca. Hamid, que no ha visto ni oído nada raro, se pregunta qué le pasa a su colega. Ve sangre y empieza a sospechar lo que ocurre, pero no pasa de un principio de sospecha porque inmediatamente también él cae fulminado.

Asombroso. Esto es lo que se dice un trabajo bien hecho, y aunque probablemente Harrison no era consciente de ello, lo cierto es que acababa de superar por unas decenas de metros el récord que hasta entonces ostentaba el cabo canadiense Rob Furlong cuando abatió a un hombre a 2´43 kilómetros.

Me parece también destacable que Furlong usara un rifle de calibre .50 Browning (12´7 mm.), concretamente un McMillan Bros TAC-50, mientras que Harrison empleó un Accuracy L115A3 de calibre .338 Lapua Magnum (8´6 mm.), con un alcance eficaz mucho menor que el otro, lo que aún hace más impresionante la hazaña del último.

Si algún juez dictara una orden de alejamiento contra Mr. Harrison debería tener en cuenta todo esto para que la distancia de alejamiento sea en cualquier caso mayor de dos kilómetros y medio. Qué crack este hombre, joder, qué crack.

Quien tenga la suerte que yo no tengo de saber inglés puede echar un vistazo a los artículos de la Wikipedia que hablan de Harrison y de Furlong, o leer este breve artículo.

miércoles, 26 de agosto de 2009

El señorito andaluz opina sobre vestuario (porque de otra cosa no puede opinar el muy simplón)


El soplapollas de Antonio Burgos, que por si no lo saben es un señorito andaluz que escribe chorradas de opinión en periódicos, se ha permitido opinar sobre el Doctor Cavadas, como hice yo hace unos días. Sin embargo para el chupatintas de Antoñito Burgos lo importante no es la abnegada, meritoria y habitualmente altruista labor de Cavadas, sino la indumentaria con la que el prohombre apareció ante los medios de comunicación. Parece que la forma de vestir del Doctor Cavadas no es del gusto del señorito andaluz, y eso ha llevado al último a escribir unas deleznables líneas mediante las que miserablemente intenta ridiculizar al primero.


Ay, Burgos, Burgos, qué tío mierda estás hecho, campeón. Si por esos azares de la vida acabaras leyendo esto pon atención a lo que te digo: Eres el ejemplo más claro que conozco de una persona a la que aun gustándole los gatos sigue siendo perfectamente capullares. No es la primera vez que te leo comentarios tan superficiales y chabacanos como los que has vertido contra Cavadas. Antes de escribir sobre ese señor la escoria como tú debería desinfectar el teclado con lejía, y lavarse la boca con sosa cáustica si lo que se propone es hablar en lugar de escribir. Me tienes contento, Antoñito, me tienes contento... Ah, y por si resultara que lees este desahogo de un cabeza de chorlito y consideraras oportuno demandarlo toma este regalo, que te lo quiero poner fácil, pedazo de gilipuertas: mi nombre es Francisco Javier Pineda Alburquerque (te lo aclaro no vaya a ser que con lo superficial y tontarra que eres te creyeras que de verdad me llamo Leónidas Kowalski de Arimatea).





Pedro Cavadas con el vestuario que horrorizó al tonto Burgos



La jeta de Antonio Burgos al pensar en la ropa de Cavadas

viernes, 21 de agosto de 2009

Otro héroe al que admirar


Mientras homeópatas, iridólogos, reflexólogos, kinesiólogos, quiroprácticos, y un larguísimo etcétera de embaucadores, de estafadores y de malnacidos profetas de lo "alternativo" esquilman los bolsillos de personas desesperadas; mientras eso ocurre con la condescendencia de una población acrítica y orgullosamente ignorante que aplaude al torero famoso y a sus putas, o que vitorea al futbolista millonario y a los zorrones que se folla, o que envidia al político corrupto que con el dinero de todos se construye mansiones; mientras todo eso ocurre en esta España de mierda que nos estamos haciendo entre todos, hay un señor que... bueno, que es de otra pasta, carajo.


Se llama Pedro Cavadas, y si yo me lo encuentro por la calle le voy a dar un beso en los morros (lo que será muy gracioso puesto que los dos tenemos perilla y se producirá el famoso "efecto velcro"). Qué esperanzador es que entre tanta escoria haya gente como el Doctor Cavadas, caramba.

Más cositas sobre este señor:

"Está hinchado, pero tiene una cara".

"El Doctor Cavadas critica que se haya violado la intimidad del donante".

"¿Qué queremos, arruinar la vida de la gente o hemos venido a devolverles la dignidad?"

"Cavadas nos cambia la vida, sus operaciones son una maravilla".

"Por encima de mi cadáver se violará la confidencialidad del paciente".

Entrevista a Cavadas en La 2 Noticias.

Y hay mucho más si quieren buscar. Aunque, por supuesto, son muy libres de inclinarse por los brujos de ese gran embuste mal llamado "medicinas alternativas", allá ustedes.

viernes, 31 de julio de 2009

Orgullo


Me acaba de llamar. Me acaba de llamar para decirme que ya ha terminado. Me acaba de llamar para decirme que ya ha terminado y que
una de las doce plazas es suya, y yo siento una alegría enorme y unas ganas locas de abrazarla. Como está lejos y no la puedo abrazar me desahogaré en esta bitácora, sumidero de desvelos, ilusiones y confidencias.

Se queja con algo de amargura por no haber contado con apoyo, por haber sido blanco de burlas incluso. Dijo que quería ser militar y no la tomaron en serio; dijo que quería pilotar un helicóptero y se rieron de ella.

¡Ja!, hoy es ella quien ríe. Y yo, que tengo el inmenso honor de ser su amigo, me siento todo lo orgulloso que puedo sentirme sin llegar a explotar.

Lucía es arquitecta, porque así lo quisieron para ella. Pero ahora va a ser oficial de infantería y piloto de helicóptero, porque así lo ha querido ella. Le espera un año durísimo para formarse como oficial de infantería, y después otro año muy exigente para ser piloto de "helo", como ella dice ya con tecnicismo de profesional. Dos años duros, sí, pero si ustedes la conocieran sabrían que se los va a comer con patatas, y será piloto de helicóptero de combate como podría ser cualquier otra cosa que se propusiera.

Adoro a esa niña, entiéndanme.

lunes, 11 de mayo de 2009

A ella, ¡que nadie me la toque!

¿Saben una cosa?, una vez amé a una mujer y ese amor duró más de una década. La sigo amando, aunque de un modo fraternal.

Acabada nuestra relación yo escribí algunas palabras tirando de viejos recuerdos; mientras tanto ella no perdió el tiempo y se buscó a un hombre que le diera hijos. Si ustedes la hubieran conocido comprenderían que eso era previsible; era una de esas mujeres comunes que necesitan parir y criar descendencia. Pero solo en eso era una mujer común. De hecho, si me soportó durante tanto tiempo es porque era una mujer muy especial. Mucho. Tan especial que no la voy a describir, sabiéndome incapaz de antemano.

A lo largo de tan extensa relación pasaron muchas cosas, buenas y malas; gloriosas e infernales. Hubo varias rupturas temporales, por eso, cuando definitivamente rompimos, evitamos cualquier contacto durante un par de años, para no caer de nuevo en la trampa de la atracción irresistible y autodestructiva. Pero un día sonó mí celular:

—Hola, ¿qué tal?— dijo una alegre voz que yo conocía muy bien.

—Ey, Charipitruky, ¿qué pasa?

—Pues nada, que te tengo que dar una noticia...

—Vale, estás embarazada. Si no te importa te llamo esta tarde, que ahora me pillas currando en un polvorín y está prohibido el uso de teléfonos.

Fue así, poco más o menos. Y en efecto ella estaba embarazada y a la hora de contarlo pensó en mí, no como venganza ni nada de eso, sino porque me quería tanto que pensó en mí antes de darle la noticia a otros allegados. Y yo la quería tanto que se lo agradecí.

Posteriormente escribí una larga entrada sobre hijos, tatuajes y nombres. Es un texto que dice mucho y menciona detalles y personas que mejor sería olvidar, pero que precisamente por eso es parte importante de esta historia, y de esta bitácora.

Nació Iván, que no se llamó Javi como una vez prometió la que sería su madre. Hoy es Iván un niño sano y feliz que se encuentra en un ambiente adecuado para desarrollarse y aprender, de lo cual me alegro mucho.

Pero su madre, mi querida Charipitruky, ha vuelto a ponerse en contacto conmigo contándome circunstancias e intenciones que no me han gustado nada. No es feliz, y se está planteando comportamientos que ni yo voy a detallar ni, de llevarse a cabo, a ella harían feliz.

Ella puede equivocarse (de hecho bien que se equivocó conmigo), y puede seguir equivocándose.

Ella no lee este blog. Ellos tampoco lo leerán.

Pero por si acaso, advierto desde aquí que nadie va a hacerle daño a la pequeña Charipitruky impunemente, al menos mientras yo me entere. Y me enteraré, vaya que si me enteraré, antes o después.

Porque ella se puede equivocar, pero a nadie más se lo consiento. Parcial que es uno.

lunes, 13 de abril de 2009

Una adivinanza (ajena)



Aunque no es nada que no sepamos, la manera de exponerlo me ha impactado e invito a mis dos o tres lectores a que echen un vistazo, y ya de paso invertiréis vuestro tiempo en algo de provecho:


Jamás, de Enrique Gallud Jardiel.

sábado, 28 de marzo de 2009

La Suri


Se hace llamar María Suripanta en estos procelosos mares de la intennés. Llegué por casualidad al blog (del que he copiado la plantilla recientemente) que comparte con Tato, Marta y Pol hace algo más de un año, y eso desató un prolífico intercambio de correos privados entre ella y yo. Poco después María se sumió en un silencio de mal augurio, tanto en su blog como en nuestra correspondencia. Sin embargo hace dos semanas volvió a escribirme, y anoche tuve el honor de conocerla personalmente en su casa de Sevilla.


María Suripanta, la Suri, sufrió un accidente del que no puedo hablar más por ahora. Digamos tan solo que no ha podido escribir hasta hace unos días. Esta mañana nos hemos despedido en la estación de Santa Justa:

—Vuelve a darle vida a "Todo es mentira", echo de menos ese blog tan cabrón.

—Que sí, que sí, te lo prometo, si estos dos me dejan— dijo señalando a su novio y al bebé que ambos han tenido.

—Tranquilo, que a esta no hay quien la calle— añadió el afortunado hombre que comparte vida y paternidad con la Suri.

María me pidió en uno de sus primeros correos que no la enlazara en esta bitácora —"paso de favores entre amiguitos, yo voy por libre"—, pero anoche me encargué de insistir en ello, ¡y aceptó! (Gracias, tonta). Así que desde ahora aparecerá en mi blogroll, por fin.

Me gusta la gente con carácter, con genio, con inclemente ironía. Me gusta María Suripanta. Y espero que a ustedes les guste su polémico blog.

lunes, 20 de octubre de 2008

Merecida mamada


Javi (el de la osera) es un buen amigo, aunque lógicamente hay muchos puntos en los que estamos en desacuerdo. A pesar de eso me llama la atención que en bastantes ocasiones durante nuestra andadura bloguera hemos coincidido escribiendo sobre lo mismo o pisándonos las entradas y desanimando al otro para repetir el mismo asunto, incluso cuando llevábamos semanas sin vernos y nunca habíamos hablado de esos temas coincidentes. Es asombroso, sobre todo si añadimos que hemos sido criados en ambientes culturales bien distintos. Quizá es que la profesión que compartimos nos une más de lo que queremos creer.

Esta tarde salí a la calle con un cuaderno de notas encima. Buscaba un bar tranquilo donde empezar a escribir una entrada acerca de la última garzonada -dicho sea de paso, hubo un tiempo en que admiré a Garzón tanto como hoy lo aborrezco-, pero he vuelto a casa con el cuaderno en blanco. Hay veces que las ideas no cuajan.

Pues llego a casa y... ¡sorpresa! Javi ha dicho mucho más de lo que yo hubiera dicho, y además lo ha hecho mejor de lo que yo hubiera podido:

ESTE TÍO ES TONTO, por Javi (de la osera).

domingo, 21 de septiembre de 2008

The Teleplastic Inquirer, "las noticias que esperabas con el rigor que se merecen"


Pero mira que son cabrones estos escépticos reculiaos. Andaba yo sufriente y apesadumbrado por no poder acceder a la web de The Teleplastic Inquirer desde hacía un par de días, y es que los muy malditos la han cambiado de sitio, avisando antes a mi prima la sorda, que como está teniente no cogió bien el recado:

-Leónidas, que dicen los de Plásticos Enrique que se mudan.

-¿Y esos quiénes son, prima?

-No, gracias, no quiero requesón con lima.

-Joer. ¡QUE QUIÉNES SON LOS DE PLÁSTICOS ENRIQUE!

-Ah, pues no sé. Unos que me han llamado diciendo no sé qué de una mudanza.

-Será que ha quebrado otra empresa.

-No, gracias, tampoco quiero helado de fresa.

-Ay, qué cruz... ¡DIGO QUE SERÁ OTRA EMPRESA QUE SE HA IDO A LA PORRA!

-¡A mí no me grites! ¡Y zorra lo será tu madre!

A la vista de este diálogo (tan real como todo lo que se cuenta en The Teleplastic Inquirer) entenderán que no supiera nada del cambio de dirección hasta hoy. Y me he enterado por casualidad mientras daba un paseo por el blog Existen los fantasmas, porque si tengo que esperar a que alguien tenga la deferencia de avisarme... (y no señalo a nadie, eh, que conste).

En fin, aprovecho el cambio de dirección de The Teleplastic Inquirer (en adelante TTI) para presentarla a los lectores de este blog que no la conozcan y ya de paso aportar algunos datos sobre su historia:

A pesar del nombre, TTI se escribe en castellano. Nada que temer los que, como yo, no dominamos la lengua de Chéspir.

TTI era hasta hace unos días una página web de las de siempre; ahora es un blog, lo que yo creo que es ventajoso para los lectores, pues podremos patalear e insultar anónimamente a los autores mediante la opción de los comentarios. Eso siempre se agradece.

La Comisión Estatal para el Control de la Veracidad de los Medios y Enteros ha seleccionado a la publicación TTI en el año 2007 como "el medio de divulgación más veraz de todo el Universo". "No tiene nada que envidiar a Cuarto Milenio, y encima da más risa", afirmó a micrófono cerrado un alto funcionario de la CECVME.

Actualmente se plantea incluir el estudio de TTI en la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Bueno, y si no se lo están planteando, deberían. Los chavales serían más críticos y además se lo pasarían en grande.

Ea, nada más, que hoy es domingo y hay que descansar. Por cierto, buen día para echar unas risas con The Teleplastic Inquirer.

martes, 16 de septiembre de 2008

Temedla, cabrones


Hoy, por las razones que sea, es uno de esos días en los que aborrezco al mundo con toda mi alma. Es uno de esos días en los que me falta imaginación para narrar todas las putadas que me gustaría que nos sucedieran a todos. A todos, he dicho. Y a mí el primero.

Hoy quisiera que la humanidad se fuera al carajo y que todo empezara de nuevo, a ver si la vida, millones de años después, echaba los dados con más tino y le salían seres más inteligentes que nosotros.

Hoy es uno de esos días en los que sonrío con una mueca torcida, apretando muy fuerte los dientes y estirando los labios, con más intención de contener las lágrimas que de simular una hipócrita sonrisa.

Hoy es uno de esos días en los que mis vecinos se apartan despejándome el camino porque ven en mi mirar que el horno no está para bollos.

Pero llego a casa, y justo cuando estoy a punto de cagarme en la puta madre de todos ustedes, descubro que tengo a una conocida (aún no me atrevo a llamarla amiga) que se ha escapado de un cómic de superhéroes.

Es flaquita, pálida y miope. De día trabaja como aparejadora, pero al igual que el periodista Clark Kent mi medioamiga tiene una identidad secreta. Se llama Rebeca, aunque por las noches, cuando sale de la obra, se la conoce como Reve (quizá de Revenge; venganza en inglés), y se dedica, mientras nadie la ve, a liberar a perros y a gatos que viven atados o enjaulados en condiciones infranimales. Como buena preservadora de la Ley nuestra heroína sólo actúa cuando las protectoras de animales se muestran indolentes y el SEPRONA se la coge con papel de fumar por eso de no soliviantar a minorías étnicas que tienen sus seculares costumbres de tortura animal. Sólo entonces actúa Reve, tras colgar el teléfono hastiada de excusas de unos y de otros, y llegado ese caso extremo se limita a soltar nudos o abrir puertas sin allanar nunca propiedades privadas.

Y yo, que empecé a escribir esto con ganas de llorar y de pegarle fuego al mundo, lo termino ahora con ganas de reírme mucho y pensando que, después de todo, a lo mejor los humanos no hemos sido un perfecto fracaso. La Reve mola, y qué coño, no todo el mundo puede decir que conoce el blog de una superheroína.

viernes, 5 de septiembre de 2008

El escarnio de la gabacha


Es noticia atrasada, pero no me resisto a comentarla porque estas cosas, si uno se las guarda dentro, se enquistan y acaban degenerando en úlceras y enfermedades mentales, o incluso en hemorroides, según sugieren algunos expertos.

Resulta que dos gogós masculinos de una discoteca mallorquina le han hecho algo muy feo a una francesita pija y gilipollas (y algo putilla también, que no es plan escatimarles datos, queridos lectores). Los luctuosos hechos vienen a ser estos:

La francesita desembarca de un yate recién atracado en la isla (eso de llegar en yate es muy significativo y ayudará a comprender lo que pasó después: la nena vive en un mundo rosa y no se ha enterado de que a ese mundo a veces le salen colmillos y se vuelve negro). Al igual que los marineros tras una larga travesía desafiando tormentas y matándose a pajas, cuando nuestra heroína pisa tierra firme se va de juerga. Los marineros alquilan putas portuarias, pero la pija franchute -guapa, rubia, provocativa- se va a una discoteca, convencida de que va a ligar con algún millonario (famoso a ser posible) de los muchos que veranean por esos lares. "Magcha, magcha, quiego magcha", va canturreando por el camino, toda feliz ella.

Una vez en la discoteca nuestra inocente fulanilla se toma un malibú con piña -o cualquier otra pijada similar- que rápidamente se le sube a la cabeza, y como además está acostumbrada a ser el centro de atención vaya adonde vaya, pues se le ocurre trepar a la gogotera y competir con los profesionales del baile lascivo. Sucede que allí están bailando un par de gogós brasileños, algo más lascivos de lo que la gabacha pija hubiera deseado. Los tipos ven a la rubita descocada y piensan: "Mira la puteira esta. Qué se habrá creído. Pues si tantas ganas tiene de fiesta, nosotros le vamos a dar fiesta. Pa que espabile". Acto seguido le suben la minifalda y le bajan las bragas. El coñé de la Lulú queda expuesto a la concurrencia, que lanza vítores y entona La Marsellesa.

"¡Olalá! Me han tratado como a una sogga, ¡a mua, que soy toda una madmuasel!" Y claro, se monta un dramón de padre y muy señor mío. La chorvi se presenta en el cuartelillo, histérica perdida, y narra la desgracia a los agentes:

-¡Mondié! ¡Esto es vegdadegamente intolegable! Esos hombgues abusagon de mua. Toda la discotequé vio mi popuguí, ¡hasta hisiegon fotos, los muy segdos! Tienen que deteneg a esos sátigos pegvegtidos, mondié.

-¡Mwajajaja!- se descojona el agente López hasta que el Cabo Rego lo reconviene.

-Cállese, López, y póngase a trabajar. Deténgame ipso facto a los truhanes.

Cuando López y Lulú salen del despacho Rego se queda a gusto:

-¡MWAJAJAJAJAJAJA...!

Sí, finalmente en esta historia los malos pagan, pero a mí me gusta pensar que cuando la niñata llega al hotel de veintiocho estrellas donde se aloja con la familia se produce la siguiente conversación con su señor padre:

-¡Mondié! ¡Esto es vegdadegamente intolegable...!- y bla bla bla...

El padre, mesié Ntomal, escucha a su hija la pija con gesto grave, y cuando ella termina de contarle la tragedia, dice:

-¿Lulú?

-Güi, se mua.

-¡Pues toma, por gilipuá!

Y le da dos monumentales bofetadas. Pa que espabile.