Un blog escrito bajo severas dosis de etanol.

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jueves, 23 de diciembre de 2010

Que pisa, que pesa, que abraza, que abrasa... ¡Muera el amor!


Se pasa uno la puta vida escribiendo con pasión y poniendo el hígado entre sus torpes y trituradoras palabras como si su blog obedeciera a una receta de paté, y después de años descubre que una folclórica ha cantado lo que él nunca supo escribir.

Constantemente me pregunto de qué sirve escribir este blog o cualquier otra cosa, porque todo cuanto yo pueda teclear ya fue contado por gente más talentosa que yo. Cada tecla que pulso es superflua, cada letra que escribo sobra, cada vez que abro la boca violo un pasado ajeno ante el que mi presente debiera postrarse y rendir pleitesía. Es tan frustrante... ¿Para qué esforzarme en escribir aspirando a arañarle el corazoncito a alguien si a fin de cuentas todo cuanto yo pueda parir fue antes mil veces dicho, escrito y cantado? ¿Por qué intentar conmover al lector con las imprecisas palabras de un aprendiz de escribidor, con lo cómodo que sería citar alguna frase de Los Grandes y quedarme tan fresco? Solamente una respuesta se me ocurre: Algún día, cuando todo se vaya a tomar por saco -y antes o después, sea colectiva o individualmente, todos nos iremos a tomar viento fresco- yo me quiero ir adonde no se vuelve creyendo que puse algo de mi parte para hacer un mundo más heterogéneo y -permítaseme la falta de recato- más rico, por muy modesta que mi contribución fuera.

Se pasa uno la puta vida escribiendo con pasión y poniendo el hígado entre sus torpes y trituradoras palabras como si su blog obedeciera a una receta de paté, y después de años descubre que una folclórica ha cantado lo que él nunca supo escribir.

Olé por la Jurado y, sobre todo, por su anónimo letrista:

domingo, 28 de noviembre de 2010

Los cretinos se han... perdón, empiezo: Los creyentes se han librado del demonio (por enésima vez), ¡albricias!


El actor Michael Brea era famoso en su puta casa y admirado por su
madre, hasta que el pasado día 22 se cargó, espada mediante, a su principal admiradora. Sin embargo afirma el infeliz que no le ha hecho pupita alguna a su mamá, pues a quien ha matado ha sido al diablo que ella llevaba dentro. Tócate la flor, María del Amor.



Declara este alienado, con esas aseveraciones confusas e incoherentes que son propias de las personas dadas a creencias mágicas o que son enfermas mentales -a veces cuesta distinguir ambas circunstancias-, que dios se le presentó y le anunció su muerte inminente para ese mismo día, pero que fue otro día posterior cuando oyó a su madre hablarle con la voz del demonio (supongo que reconoció la inconfundible voz del demonio por haberla oído innumerables veces en los 40 Principales, digo yo).

El caso es que el colega, quien a tenor de la noticia creía en espadas mágicas, hechizos de magia negra llevados a cabo con pollos cocidos y en un dios de inconcreta mitología, decidió hacer lonchas a su señora madre con la espada mágica apelando a un indefinido dios de los muchos que han sido y ante esos pollos a medio cocer. En fin, más de lo de siempre.



La familia superviviente del parricida no ha dudado en echarle un cable apiadándose de su probable esquizofrenia: "Todos los que han tenido contacto con Michael saben que él es compasivo, gentil, inteligente, espiritual, y cariñoso", han dicho en un comunicado público. Loable, muy loable muestra de generosidad, pero...

Yo, cabeza de chorlito como soy, tengo mis dudas acerca de la inteligencia que los familiares atribuyen a un tipo creyente en magias; una persona en verdad inteligente tiende a alejarse de cualquier forma de pensamiento irracional, creo yo. Pero no me hagan mucho caso y permitan que insista en recordarles que soy un cabeza de chorlito (y si quieren me pueden decir eso de "claro, claro, qué fácil es hablar de racionalidad cuando no se es esquizofrénico").

Lo que sí tengo claro es que entre los intencionadamente elogiosos calificativos con los que los familiares adornan al señor Brea hay uno que me chirría, y al que culpo en gran medida (esquizofrenias aparte) de la muerte de su madre y de millones de otras muertes. Adivinan a cuál me refiero, ¿a que sí?

jueves, 25 de noviembre de 2010

Cómeme la polla, Benedicto.


Yo antes creía en Dios. En uno cualquiera, vamos. Creo recordar que el dios en el que yo creía tenía un difuso aspecto de dios cristiano, pero eso fue una coyuntura cultural de mi tiempo y mi lugar. De haber nacido en Afganistán probablemente hubiera creído en un dios islamista, y de haber nacido en la Grecia de hace veinticinco siglos probablemente hubiera creído en los múltiples y olímpicos dioses jerarquizados.

O quizá no. Quizá no me creería un carajo de ninguna de esas tonterías contrarias al pensamiento crítico y a los datos que la más humilde observación de la naturaleza nos ofrece. Sin embargo, aun no creyendo las bobadas cruelmente manipuladoras de las religiones, bien posible es que me hubiera callado, que cobardemente hubiera silenciado mis convicciones o mis sospechas para salvar la vida. No debe olvidarse que aún hoy hay lugares donde se mata por el delito de no creer en el dios oficialmente elegido; que sigue existiendo gentuza deseosa de matar a quien no comparta sus mitos.

Yo antes creía en un dios, en uno cualquiera. Era un niño y me habían adiestrado para creer eso, sabrán disculparme. Yo antes creía en un dios como creía que las mujeres son seres angelicales y que los soldados estamos siempre al servicio de nobles razones. Yo antes creía en un dios, leía libros de J. J. Benítez y soñaba con que mi mundo negro podría volverse rosa. Era un niño y era ingenuo, compréndanme.

Ahora que ese mundo negro de mi infancia se ha vuelto de un agradable gris claro, tirando a blanco, me doy cuenta de que los dioses -¡cualesquiera!- ni existen ni deben existir. Ya es bastante chunga la vida como para que esas entelequias nos la jodan aún más con sus caprichos que en verdad solo obedecen a los oscuros deseos de unas personas dominadas por enfermizas mentes. La absurda hipótesis de la existencia de un dios es solamente la excusa para crear una religión, y las religiones son solamente la excusa para que hagas lo que un sádico quiere que hagas.

Pues ahí tenemos al amigo Benedicto (léase el último párrafo del enlace)
, el Gran Jefe de los Católicos, afirmando que la convivencia de su creencia mágica con la otra creencia mágica llamada Islam está difícil, pero que el esfuerzo merece la pena cuando se trata de combatir unidos a quienes no profesamos religión alguna. Y yo aquí tan tranquilo hasta ahora, sin saber que esos humanos irracionales me habían declarado la guerra y que hasta establecen insospechadas alianzas para luchar contra el enemigo común: yo. Ya ven que sigo siendo un ingenuo.

Pero no. Ya basta de quedarme a verlas venir. Puesto que esos animales me han declarado la guerra me siento moralmente autorizado para salir ahora mismo a quemar iglesias, degollar curas y violar monjas. Bueno, lo de las monjas me lo pensaré, que son todas muy feas (si fueran guapas serían putas y no monjas, obviamente).

Tranquilo, Benedicto, que estoy de coña. La Guerra Santa es cosa de los fanáticos como tú, y lo que es este menda no tiene intención de hacerle pupita a nadie por no compartir su ateísmo. Esta actitud mía se podría llamar de diferentes maneras según le apliquemos un criterio filosófico o religioso, pero ¿sabes, Benedicto?, estoy casi seguro de cómo la llamas tú: ventaja.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Pulsé una tecla y premiáronme esos bobos


El título de esta entrada es lo que algunos llaman un microcuento. Se trata de una simple frase de siete míseras palabras que, ciertamente, transmite un mensaje. Hasta ahí solamente puedo objetar que me parece una pedantísima gilipollez llamar "microcuento" a lo que por todos es conocido como una puta frase de mierda. Sin embargo para ciertos cantamañanas la frasecita huérfana constituye una extraordinaria muestra de talento literario, de arte breve, de minimalismo llevado a las letras. ¡Andad y que os jodan, farsantes! Según esa idea del minimalismo literario hay niños menores de un año que son excelentes artistas: "¡mamá, tengo caca!" (tres palabras y un mensaje complejo entre el gusto por poseer [tengo] y el placer escatológico [caca]); ¡Quiero teta! (dos palabras, récord absoluto y genialidad sin igual si tenemos en cuenta la ambigüedad erótico-alimenticia-incestuosa del profundo mensaje).

¿Alguien puede tomarse en serio estas tonterías pseudoartísticas? Pues sí, hay quien lo hace. Por eso es tan famoso -lamentablemente- aquel "microcuento" de Augusto Monterroso titulado El Dinosaurio:

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

¡Oh, qué bella historia, y cuántas indescriptibles emociones me provoca su lectura! Sólo un defecto le veo: yo hubiera ahorrado una palabra diciendo: "Cuando despertó, el dinosaurio seguía allí". Menuda tontería. Y sin embargo esa tontuna de siete palabras es para algunos una muestra de genialidad. Manda huevos. Más mérito tiene la archifamosa frase, también de siete palabras, "dábale arroz a la zorra el abad", que por lo menos es un palíndromo.

Invito a los tres lectores de esta bitácora a dejar en los comentarios su microcuento, sin pasarse de siete palabras, como Monterroso. Empiezo yo mismo con tres "historias" (cuya simpleza no pretende pasar por excelencia, porque yo no tengo la cara tan dura como don Augusto Monterroso):

El Afortunado Superviviente

Gasté la última bala y siguió corriendo.


La Virgen

Tembló enternecedoramente cuando me saqué la chorra.


El Fundamentalista

Al leer la Biblia dejó de pensar.


Adelante, espero otros microcuentos de siete palabras, ni una más ni una menos, a lo Monterroso.


viernes, 15 de octubre de 2010

El ejemplo de Buddy


El gran Budd durante su mundialmente famosa interpretación

Lo he descubierto yo solito. Ya sé cuál es el mal de muchos de nuestros benditos políticos: no tienen afición por la música. Sí, chorlitianos lectores, entre los políticos no abunda la sensibilidad artística.

Otro gallo cantaría si nuestros prebostes, al ser pillados en sus robos, prevaricaciones, cohechos y chanchullos varios, siguieran el ejemplo de Budd Dwyer, quien fue político estadounidense pero alcanzó la inmortal gloria por su famoso solo de trombón durante un memorable espectáculo el 22 de enero de 1987. Resumo la historia:

El señor Budd Dwyer fue acusado de aceptar un soborno. Se declaró inocente. Le propusieron una condena de cinco años de cárcel si se declaraba culpable y ayudaba en la investigación. Se negó, con lo cual se enfrentaba a una multa gorda y a cincuenta y cinco añitos a la sombra. Entonces el colega convocó una rueda de prensa, y ante los periodistas y algunos de sus colaboradores sacó de un sobre un trombón (sí, ya sé que parece raro eso de llevar semejante instrumento metido en un sobre, pero así fue la cosa), luego advirtió a los atónitos concurrentes que lo que iba a pasar a continuación podía ser desagradable y que se estuvieran quietecitos para que el trombón no les hiciera daño (se conoce que no tenía mucha fe en sus habilidades como trombonista). Acto seguido el señor Dwyer hizo sonar su trombón con tan celestial sonido que conmovió profundamente a todos los presentes. Fin.

Lo mejor es ver el vídeo:



Yo creo que en España más de uno y más de dos deberían seguir el ejemplo de don Budd, ya sea con trombón, flauta travesera o pandereta; pero seguirlo, coño, seguirlo.

(Más detalles sobre Budd Dwyer).

viernes, 1 de octubre de 2010

Un caso real de maltrato de pareja que no aparecerá en la prensa


Ocurrió hace dos o tres años en una madrugada mientras mi colega Miguel estaba de guardia. Lo voy a contar como él me lo contó a mí (aunque he cambiado nombres de personas y lugares):

Miguel luchaba contra el sueño cuando vino en su ayuda el timbre del teléfono.

-Cuerpo de guardia del acuartelamiento Cascaperales, dígame - respondió Miguel al descolgar el aparato.

-Buenas noches, jajajajajaja... le llamo desde el cuartel de la Guardia Civil... mwajajaja... de Pueblonuevo juas juas juas... Ufff, perdone. Soy el guardia Pepito y jajajajaja...

-Yo soy el cabo primero Sánchez, dígame.

-Verá, necesito confirmación, jo jo jo, de que el soldado Fulánez Menganito pertenece a... mwajajajaj...

-¿Disculpe?- duda Miguel sospechando, y con razón, que se trata de una broma.

-Ay, la hostia, juas juas. Mire, mejor me llama usted a mi cuartel para comprobar que esto, ¡MWAJAJAJAJA!, no es una broma.

El guardia civil Pepito corta la comunicación entre risas. Eso lo aprovecha Miguel para obtener información acerca del soldado Fulánez Menganito antes de dar otro paso, y descubre que Fulánez lleva más de un año dado por desertor del Ejército y prófugo de la Justicia. Entonces Miguel echa mano de la guía telefónica y da con el número de teléfono del cuartel de la guardia civil de Pueblonuevo. Tras marcarlo pasa esto:

-Guardia Civil de Pueblmjjjjj... JAJAJAJA... de Pueblonuevo, dígame.

-Hola. Que soy yo, el cabo primero de guardia en Cascaperales. ¿Qué me decía del soldado Fulánez?

-Mwajajajaja... Nada, que si está destinado ahí, juas , juas, juas.

-Pues... ese soldado nos consta como prófugo desde hace mucho, ¿por qué?

-Jojojo... ¡Es que lo tenemos aquí! Se acaba de presentar para entregarse porque... MWAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA... ¡ya no aguanta a la novia! JAJAJAJAJAJAJAJAJA... Él mismo ha reconocido que está buscado por abandono de destino y que... JO JO JO... ¡PREFIERE LA CÁRCEL QUE SOMETERSE A SU NOVIA! MWAJAJAJAJAJAJA...

Después hubo un breve intercambio de datos entre Miguel y el guardia Pepito. Pocas horas más tarde, despuntando el día, Miguel dio las novedades al capitán de cuartel, y el comentario del capitán resume muy bien lo que yo mismo pienso:

-¡Valiente sabandija sería esa mujer!

Pero de casos como este no esperéis ver noticias, y tened en cuenta que Fulánez lo tuvo "fácil" porque ya tenía una causa pendiente y con entregarse a las autoridades se libraba de su pesadilla. Aquellos que no tienen esa salvación... se la deben inventar. Y no digo más, que me conozco, aunque en breve espero incidir en el asuntillo.

miércoles, 25 de agosto de 2010

5 (por el culo te la hinco); 7 (por el culo se te mete); 9 (por el culo se te mueve)


Una conocida me contaba hace muy poco que le había sorprendido leer en uno de mis disparatados cuentos algunas maneras para referirse a la penetración anal. Me ha puesto dos ejemplos: "le dieron cariño por el sitio equivocado" y "le llegaron a la última meta". Según ella es así como lo siente una mujer a la que porculizan, y por lo visto le ha extrañado que un hombre use esas expresiones.

Pues bien, yo no estoy seguro de que hombres y mujeres entendamos de un modo diferente el acto de dar por detrás, pero hoy me gustaría exponer lo que pienso de eso, y estaría encantado si alguna lectora me diera su opinión (recuerdo que puede hacerlo anónimamente).

La primera prostituta profesional que me tiré se empeñó en que le diera por el culo cuando vio que mi etilismo me permitía mantener la erección pero no alcanzar el orgasmo, y como ella estaba deseando acabar pronto me invitó insistentemente a que le entrara por la puerta trasera, conocedora de que así terminaríamos antes. Me negué (yo aún no había experimentado tal depravación) y al cabo de un rato pude acabar por donde mandan las buenas costumbres. Era yo joven e inocente, hay que entenderlo.

Otra mujer, esta vez amante gratuita, me pidió en plena faena que le diera por el culo. Yo estuve encantado, claro (por entonces ya no era tan cándido) y me sorprendió muy gratamente lo receptivo que se mostró su esfínter. Nada de gritos ni gemiditos de dolor como con otras, sino un pleno y lúbrico acogimiento, como si su ano me hubiera estado esperando desde que hizo la primera comunión.

Otra chica, vieja amiga de la infancia, me confesó tras muchos años sin vernos que casi siempre follaba con su novio por el culo, porque así era como él disfrutaba más. Una dama complaciente, como se ve.

Estos tres casos demuestran que para algunas mujeres recibir por detrás no es una situación incómoda ni dolorosa. Por supuesto que he conocido otras mujeres que se niegan a ser sodomizadas o que gritan de dolor cuando lo son, pero creo que casi siempre reaccionan así por un prejuicio contra la penetración anal; si relajaran el esfínter hasta gozarían. Creo.

Para un hombre es diferente y salvo casos de homosexualidad pasiva siempre estamos dispuestos a darle por el culo a una mujer. Un coño debidamente lubricado puede llegar a resultarnos poco placentero y demasiado holgado, incluso teniendo un pene de dimensiones normales, sobre todo si no somos eyaculadores precoces y estamos hartos de follar. En cambio el estrecho agujerito del culo siempre ejerce una presión adecuada sobre la polla y eso se traduce en mayor placer.

Luego está el asunto de poder hacerlo sin condón y eyacular sin temor a embarazos (aunque obviamente aumenta el riesgo de enfermedades, así que no lo hagáis nunca, amiguitos). Lo de poder correrse a gusto llenando de semen un culo femenino es uno de esos pocos placeres por los que merece la pena vivir.

Pero sobre todo, lo mejor de darle por el saco a una hembra es ese componente psicológico tan excitante que tiene el transgredir fronteras, similar a follar con una mujer casada o con una jefa. Lo ideal, ya puestos a pedirlo todo, es darle por el culo a tu jefa casada con otro de tus jefes. Y azotarla mientras la porculizas y le gritas "¡toma polla, puta, hártate de macho, zorra!"... Jo, me estoy calentando, coñe.

Otra de las bondades de percutirse por el orto a una dama es ese sentimiento de posesión absoluta, más intenso aún si ella grita un poco y dice que le duele. En esos casos lo suyo es responder "pues te jodes, puerca, que es a mí a quien tiene que gustarle". Si después de eso la chica sigue queriendo follar contigo habrás ganado una amante eterna y entregada.

¿Y vosotras, mujeres, cómo lo veis?

jueves, 12 de agosto de 2010

Os dejo a vuestra suerte


Tengo varios borradores pendientes de ser publicados, aunque es probable que jamás vean la luz. Tengo también manuscrita en el reverso de varios folletos publicitarios una nueva aventura desternillante -para mí al menos lo es- de
Sagaz y Vicente. Y en esta cabeza de chorlito empiezo a parir una sátira sobre un supuesto plan de estudios para los niños gaditanos. Lleva también rondándome un par de meses por mi chorlitesca cabeza una idea que daría para un largo cuento, o incluso para una novela si tuviera capacidad para escribirla, pero como esa idea es seria, compleja y pretendidamente moralizadora no la escribiré nunca, o quizá la eche a perder en un futuro próximo resumiéndola en unos pocos párrafos.

Pero por ahora nada de eso va a suceder, porque dentro de unas horas me voy adonde Internet no me alcance, llevándome conmigo unas cuantas mudas, un bote de protector solar y tres libros -El universo, de Asimov; La decisión de Sophie, de Styron; y Cuando éramos honrados mercenarios, de Pérez-Reverte-. Y además estaré sin teléfono móvil, toma ya.

Me voy con la conciencia algo sucia por dejar a Gusifluky solo, aun a sabiendas de que su única preocupación es que el cajón de las cacas no rebose, y de que yo estaré de vuelta antes de que tan antihigiénico desastre suceda. También me voy -¿para qué negarlo?- un tanto preocupado por los tres o cuatro lectores que dejo huérfanos; no quisiera encontrarlos a mi vuelta leyendo a cualquier desaprensivo que escriba burradas misóginas. Para eso ya estoy yo, caramba.

Y sí, admitiré que un poquito sí que os voy a echar de menos, incluso a quienes me atacáis. O especialmente a quienes me atacáis.

Tapronto, mis pequeños kukitrukys.

sábado, 24 de julio de 2010

¡Confesad, malditos!


A ver, cuidadito con sacar conclusiones simplonas de lo que viene a continuación, ¿vale?, que yo no estoy majareta ni nada de eso:

Un amigo -hola, tú, se te saluda- me contaba hace años que cuando iba por la calle, al cruzarse con desconocidos le resultaba inevitable imaginar que les reventaba la cabeza con una escopeta. Otra amiga (quien por cierto murió en extrañas circunstancias no hace mucho, mientras estaba embarazada) no ocultaba su fijación por fantasear con atracar el banco cada vez que se veía en una oficina bancaria, y no era por el dinero, sino por el gustazo de sacar una pistola y someter a toda aquella gente, ya fueran empleados o clientes.

Pues a mí, desde hace algunos años me pasa algo parecido. Cada vez que veo un grupo de gente más o menos numeroso lo primero que pienso es en lanzar una granada en medio del grupo. Si se trata de una muchedumbre, como en una manifestación o algo así, ya no pienso en arrojar una granada porque se quedaría algo escasa para mi gusto, y entonces imagino cargas de abundante explosivo. No sé, unos diez kilos de PG-2 por cada mil congregados o cosa así. Me imagino el efecto y hago conjeturas macabras: tantos muertos (vaya desde aquí mi pésame a los deudos); tantos mutilados (angelicos míos, desgraciaos pa to la vida) ; tantos heridos graves (esperemos que no les queden secuelas incapacitantes) ; tantos leves
(les deseo sinceramente una rápida recuperación); tantos ilesos (cabrones afortunados)...

Esto, y lo digo en serio, nada tiene que ver con mi misantropía; de hecho incluso cuando me siento en paz con el mundo, en armonía con el cosmos, en comunión con la humanidad y en pollas en vinagre, sigo fantaseando con volar a gente, con escachar personas y con descuartizar seres humanos.

Ahora, por si alguien lo duda, debo aclarar que yo no deseo hacer una cosa así; simplemente no puedo eludir esas imágenes de cuerpos desmembrados en mi cabeza de chorlito cada vez que veo a gente reunida. A lo mejor es por eso que no me siento cómodo en las aglomeraciones.

Sospecho que todos tenemos ideas más o menos psicópatas,
al igual que mi amigo el reventador de cabezas o que mi difunta amiga la atracadora de bancos, pero pido confirmación (o refutación, so aguafiestas): ¿Os pasa a vosotros algo así? ¿Me contaríais vuestras perturbadoras ensoñaciones mediante los comentarios?

Gracias muchas.

viernes, 23 de julio de 2010

¿Y a usted qué tal?


Ya sabrá el lector habitual que recientemente me he quejado varias veces de esa costumbre de hablarme de usted que de un tiempo a esta parte noto en los comentarios. Me toca los perendengues que gente con la que tengo mucha confianza, o gente con la que me gustaría tenerla, se dirija a mí como si yo fuera un señor mayor o un académico venido a menos. Todo eso me suena a cachondeo, y como soy muy sensible y susceptible pues me encabrono, claro.

Sin embargo mi disgusto no debe entenderse como una oposición al empleo del usted. Lo que pasa es que me incomoda ver ese tratamiento entre comentarios donde para mí prima el desenfado y el humor. Dicho esto quiero aclarar que en mi vida extrablogosférica me tomo muy en serio la educación y soy generoso en el empleo del usted, hasta el punto de llegar a ser inoportuno como demuestra la siguiente anécdota tan real como que mi gato se llama Gusifluky:

Allá por el año 1996 yo estaba destinado en un lugar de características inusuales donde los militares profesionales éramos bichos raros, de hecho yo era el único cabo profesional. Por profesión y jerarquía me sentía más cercano a los cabos primeros que a cualquier otro militar, pero eso no me hacía olvidar que los cabos primeros eran mis superiores jerárquicos, y aunque ellos me daban toda la confianza del mundo mi sentido de la autoridad me impedía tutearlos o llamarlos por sus nombres; para mí todos se llamaban "mi primero", por mucha confianza que tuviéramos y por más que ellos se quejaran.

Estando así las cosas una noche me fui de putas con cierto cabo primero (por entonces yo era un impenitente putero, circunstancia de la que hoy abomino), y tras escoger mi jefe inmediato una lumi de su gusto y yo otra del mío llegó el momento de irnos a fornicar a las habitaciones que para tal menester están. Pero -oh, infausta suerte- aquella fatídica noche todas las habitaciones estaban ocupadas salvo una con dos camas. A mi pesar acabamos allí el cuarteto de meretrices y milicos. Cero intimidad; cien confianza.

Luego, en la plenitud de la actividad percutiva, mi querido compañero y jefe tuvo la ocurrencia de preguntarme qué tal me iba, ¡como si no lo estuviera viendo! Y yo, muy disciplinadamente, le respondí sin detener la percusión:

-¡Muy bien, mi primero! ¿Y a usted qué tal?

Sabiendo esto se entenderá que acepte el usted sin que ese tratamiento excluya la confianza, la intimidad, el compadreo incluso. Claro que lo acepto, pero no me gusta en los comentarios de este blog.

A lo mejor, después de todo, lo que pasa es que yo quisiera tratar de usted solo a aquellos con los que me he follado a putas en la misma habitación. Ellos son "ustedes"; los demás son "vosotros".

martes, 13 de julio de 2010

Autocontrol




Hoy paso otro de esos ratos tan frecuentes en mi vida en los que, por decirlo de un modo suave, no me apenaría nada saber que el universo se va a ir al carajo dentro de una hora. Hasta me alegraría saber que tal cosa va a pasar, oye. Como no me gusta ir contándole mis penas a nadie, porque imagino que cada cual tiene bastante con las suyas y me parece una descortesía inexcusable ir por la vida cargando a los demás con mis miserias (ojalá todo el mundo fuera tan considerado), lo que yo hago en tales momentos es sentarme frente al teclado y escribir, escribir y escribir. Me pongo los auriculares, busco algo de música -hoy toca Loreena McKennitt-, y cigarrillo tras cigarrillo y cerveza tras cerveza pulso teclas con el índice de la diestra y el dedo medio de la siniestra.

Muchos de los escritos que vomito en el estado misantrópico en el que ahora me encuentro nunca llego a publicarlos; otros se publican en un impulso y quizá sean eliminados tras unas horas de vérselas con un par de lectores escandalizados (o complacidos, que de todo hay). En otras muchas ocasiones acabo escribiendo breves cuentos salpicados de ácido humor negro que no se pueden escribir en papel porque la celulosa se disuelve ante tanta acidez. Y hay veces que publico provocadoras entradas con el único fin de indignar a alguien, como si eso me sirviera para sobrellevar mejor mi rabia, mi desprecio... o mi miedo.

O puede que me dé, cuando me siento como ahora, por dejar demoledores comentarios en otros sitios desechando toda empatía hacia el autor del blog. Ya he perdido la cuenta de las bitácoras que han desaparecido de la Red tras un flamígero comentario mío, y no lo digo con orgullo, pues si bien algunos de esos blogs eran basura no menos cierto es que sus autores debían de ser personas en extremo sensibles para cargarse la ilusión de meses o años por un párrafo de este cabeza de chorlito. La verdad es que lo lamento, pero sería un hipócrita si pidiera perdón, porque sé que volveré a hacerlo, y porque pienso que cuando uno expone sus textos al público debe tener huevos para apechugar con lo que le venga.

Pero hoy me preguntaba si sería capaz, estando tan encabronado, de vencer el asco y el desprecio que me provoca la humanidad y escribir por una puñetera vez algo que no sea perverso, cruel, cínico. Todo un reto emocional. Autocontrol, Leo, autocontrol. Podemos hacerlo. Cierto es que nada nos impide desahogarnos como mejor nos parezca, y para eso creamos este terapéutico blog; pero intentemos el ejercicio intelectual -¿o emocional?- de ir más allá. Adelante:

Me gustan mucho los cambios que recientemente he provocado en mi existencia. He ganado mucho en calidad de vida, pero sobre todo me alegra comprender que realmente lo he hecho por mis padres. Se lo merecen, joder. Me preocupaba que se preocuparan por mí.

Me gusta llamar a mis padres por el placer de escucharlos y saber que están bien; se acabó eso de pasarme dos meses sin oírlos, negándome a atender sus llamadas por miedo a lo que puedan contarme o por miedo a lo que pueda contarles.

Me pareció sorprendente pero me gustó mucho escuchar a mi madre nerviosa y muy interesada el domingo por la inminente final del Mundial de fútbol. Fue gracioso.

Me encanta darle un sorpresivo beso a los pocos compañeros que quiero -y que sé que me quieren- y observar disimuladamente y como sin darle importancia sus reacciones. Sí, ya sé que suena a mariconada y tal, pero es un experimento muy útil para conocer a las personas según cómo actúen en ese trance.

Disfruto hablando con una compañera que, sin ser mi tipo sexual, me inspira un enorme cariño y me infunde ganas de abrazarla constantemente.

Me gusta ver reír a mi jefe directo, aunque raramente sea yo quien le provoque la risa.

Me ha encantado que hoy, mientras veía la película
Malditos bastardos, mi inquieto gato haya pasado diez minutos dormitando y ronroneando sobre mi regazo (es muy raro que él pase tanto tiempo pegado a mí).

Me gusta levantarme por la mañana y encontrarme a Gusifluky medio dormido en el lavabo, y me gusta verlo salir de ahí y desperezarse cuando abro el grifo para lavarme la cara, y más aún me gusta verlo jugar con los cordones de las botas mientras intento anudarlos a pesar de sus ataques.

Me alegran las sonrisas de esa camarera desde la terraza de enfrente mientras bebo un gin-tonic en la competencia. Y me alegra que esté embarazada.

Me gusta salir a cenar con el gordo cabrón, charlar con él y saber que queda gente buena. (El gordo cabrón es un ex legionario que no tiene nada que ver con los tópicos legionarios).

Me divierte ofrecerle "morcilla" a la puta pelirroja cuando me la encuentro corriendo por Camposoto y que ella sonría. (La puta pelirroja es un ex boina verde que... bueno, sí tiene algo que ver con los tópicos sobre Operaciones Especiales).

Me alegra el reconocimiento a mi honradez que supone que los camareros del Hogar del Soldado, cuando he pedido un café y descubro que no llevo dinero encima, me digan: "Kowalski, contigo no hay problema; tú lo que quieras".

Empiezo bien el día cuando puedo darle una latita de comida para gatos a una gata que ronda todas las mañanas por la zona donde mi querido Miguelito me recoge para ir al trabajo (ssshhh, que no se entere de esto Gusifluky).

Vale. Habría más que decir (muuuucho más), pero ya me he demostrado a mí mismo que aun estando muy encabronado puedo vencer la tentación de ser destructivo.

Y mientras tanto el universo no se ha ido al garete. Lástima, otra vez será.

sábado, 26 de junio de 2010

Recomendando lecturas veraniegas


Llegan las vacaciones estivales y con ellas aumenta el número de lectores, porque todos sabemos que leer es una actividad pecaminosa apta solo para el verano, que es cuando se relajan las formas y a los hombres les da por ir mostrando sus piernas peludas y a las mujeres por usar prendas que dejen ver los antiestéticos tatuajes y los anafrodisiacos michelines. Es por eso que veo en el día de hoy un buen momento para recomendar lecturas, y como soy una buena persona generosa y altruista, presta siempre a hacer un favor a mis semejantes, ahí voy:

Empezaré recomendando una novela que me ha impresionado recientemente: Matar un ruiseñor, de Harper Lee. Compré ese libro sin saber que Lee es una mujer, porque tengo la norma de no leer nada escrito por mujeres (aunque ya me hicieron dudar de esa norma al descubrirme a Patricia Highsmith). Tras leer Matar un ruiseñor tengo que quitarme el sombrero ante doña Harper y volver a replantearme mi misoginia literaria. Qué gran novela, pardiez. De mayor quiero ser como Atticus Finch, y si tengo alguna vez una hija quiero que sea como la divina Jean Louise Scout; menudo par de adorables personajes. Además la historia tiene su moralina y todo eso. Ya que usted pierde el tiempo leyendo este mísero blog me veo con la autoridad necesaria para exigirle que lea la única novela que publicó Harper Lee. Me lo agradecerá, estoy seguro de ello. Mientras tanto es casi delictivo que usted lea estas mierdas mías habiendo a su alcance una novela como la de doña Harper.

La siguiente recomendación es sobre la apasionante antropología: Vacas, cerdos, guerras y brujas, de Marvin Harris. Un libro muy instructivo y fácil de leer para todos aunque no tengamos formación científica. Políticamente incorrecto en algunos fragmentos (que a mi juicio son los mejores) y seriamente científico, porque Harris tiene claro que ciencia y correctismo político no pueden hermanarse. Aunque la antropología es una de esas ciencias en las que las hipótesis no son fácilmente demostrables Harris derrocha en argumentos y datos para lograr convencer al lector. Si le interesa a usted comprender las acciones humanas no debe perderse este libro.

Y finalmente voy a recomendar otra lectura que va con premio: El espejismo de Dios, de Richard Dawkins. No diré más que si este ensayo se estudiara en las escuelas el mundo marcharía mucho mejor. Respecto al premio que he mencionado se trata de lo siguiente:

En mi perfil hay una dirección de correo electrónico. Pues bien, los tres primeros lectores que me escriban ahí comunicándome su nombre y dirección postal recibirán un ejemplar de El espejismo de Dios en unos días como cortesía de mi gato Gusifluky, que es quien paga los libros y quien ha tenido la idea de regalarlos.

Ya es momento de dar novedades



Hace mucho amenacé con hablar de mi hijo constantemente. Creo que he cumplido mi amenaza, hasta el
punto de buscar para Gusifluky papeles secundarios en algún que otro cuento simplemente por nombrarlo.

Aquella primera entrada en la que presentaba a mi hijito terminaba con estas palabras: "Estoy deseando verlo crecer, contarle cuentos, enseñarle a leer, transmitirle sólidos valores morales, en fin, ay, esas cosas".

Esta madrugada, mientras la rabia se me está comiendo empezando por algún sitio desde dentro de mí, y estando bajo la necesidad de pulsar teclas voy a hablar de mi gato otra vez, porque es un recurso excelente para evitar escupir mierda sobre el mundo, o sobre esa pequeña parte del mundo que me
puede castigar por decir verdades como puños. Cobarde como soy no hablaré de lo que el cuerpo me pide, o tal vez sea que ya estoy harto de repetirme.

Hablemos de Gusifluky, que es de lo único que puedo escribir sin que la mierda salpique demasiado:

Lo he visto crecer hasta donde sus genes se lo permitieron. Es un gatazo grandote sin llegar a ser excepcional. Simplemente es grande y sano. Las personas no suelen conformarse con eso, pero a Gusi le basta y le sobra.


Le he contado muchos cuentos. Algunos de los cuentos que publiqué en este blog fueron sometidos a su criterio antes de publicarse, porque la opinión de un gato debe tenerse en cuenta siempre. Las personas discrepan habitualmente en sus gustos, pero si un gato te dice que algo le gusta lo mejor es hacerle caso, y no pasa nada si se equivoca, porque él no porfiará dándoselas de listo y acusando a los demás de estar equivocados.

Intenté que Gusifluky aprendiera a leer. Abandoné ese propósito cuando descubrí que él ya sabía leer, virtud que en cambio no he hallado en la mayoría de las personas entre las que me muevo día a día.

Eduqué al pequeño Gusifluky en un respeto incorruptible por los valores morales humanistas, sin embargo nunca logré qu
e dejara de abrir la nevera y estrellara los huevos frescos sobre el suelo de la cocina, ni logré que dejara de extraer las colillas de los ceniceros y las esparciera por todo el piso. Parece ser que hay aficiones que están más allá de la educación.



Hoy, en esta madrugada en la que querría morder y hacer mucho daño a todo lo que se me pusiera por delante, me estoy esforzando por no salir de casa y por pensar en la siempre relajante compañía de Gusi.

Si Gusifluky no existiera me lo tendría que inventar. Yo no podría vivir a solas conmigo.

sábado, 19 de junio de 2010

Más Harding y menos hard


Ya conocía a Matt Harding, pero el jueves pasado, durante una de las amenas clases de inglés que el Minisdef ha tenido a bien pagarme (aprovecho para dar las gracias a Rosa, Anna, Atkinson padre y Atkinson hijo) volví a encontrarme con ese cachondo de Harding. Y hoy me apetece hablar, muy brevemente, de las emociones que me inspiran sus vídeos.

Pero lo mejor será empezar por ver el que nos pusieron en la academia de inglés:



Me perdonarán el quizás excesivo sentimentalismo, pero cuando veo algo así pienso -y siento- que algunas guerras -no todas lamentablemente- se podrían evitar si el mandatario que va a enfrascarse en una guerra mandando a morir a la gente que representa y ordenándole matar a desconocidos se relajara un poco y viera ese vídeo antes de firmar una orden de consecuencias irreparables.

Yo, que soy un introvertido con serios problemas para relacionarme, sería incapaz de hacer una gansada como las de Harding, pero me siento feliz, y muy agradecido, de que haya gente como él. Habría que ser muy hijoputa para seguir teniendo ganas de bombardear países tras ver un vídeo del amigo Harding.

Pues ya ven ustedes, me estoy volviendo de un pacifismo que doy hasta asquito. El día menos pensado me pongo a hablar de alianzas de civilizaciones, cuelgo el uniforme y me hago jipi. Quién me ha visto y quién me ve.

jueves, 17 de junio de 2010

¡NO SOY ESPAÑOL!


Maldita sea mi estampa. Soy un apátrida, un descastado, un hijo de nadie, un qué sé yo. Algo muy malo en cualquier caso.

En realidad hace mucho tiempo que sospecho de mi falta de arraigo, de filiación, de vergüenza y de todo; pero fue ayer cuando uno de mis respetados camareros constató claramente mi ignominia con una demoledora sentencia: "¡Pues vaya mierda de español que eres tú!", me espetó aquel ciudadano de pro.

Resulta que yo, un instante antes y con insensata imprudencia, cometí la osadía de expresar ante el camarero mi satisfacción por la derrota de la selección española de fútbol ante la selección suiza. Tengo mis motivos prácticos, que no ideológicos ni sentimentales, para alegrarme de esa derrota, pero ahora no vienen al caso. Lo importante es que no soy lo bastante español según el criterio de muchos, como el del camarero que me acusó de ser "una mierda de español".

Puede que sea eso; puede que yo no sea español si ser español significa jalear a deportistas millonarios; puede que para ser español haya que centrarse en el Mundial de Fútbol y olvidarse de los millones de parados, de la insolidaria economía sumergida, y de la desfachatez de tanto cacique local que se cree intocable gracias, en parte, al semianalfabetismo de nuestros chavales, que nadie quiere corregir de una manera definitiva y clara, porque eso supondría el principio del fin del chollo del que gozan tantísimos vividores a cuenta del currito. [Este párrafo es una bazofia harto defectuosa que no puede ser corregida hoy pero quizá lo sea alguna vez].

Reflexiono sobre esto y recuerdo que ante todo soy una persona, y el hecho de ser una persona oficialmente española obedece a un acontecimiento puramente casual. Pero sigo pensando en ello, y tras mucho darle vueltas al asunto llego a la conclusión de que yo no soy un buen español porque a mí me la sopla el fútbol.

Así que acabo comprendiendo que mi camarero favorito tiene razón cuando me acusa de ser un desgraciado antiespañol, porque soy tan imbécil que me interesan los millones de parados más que los millonarios futbolistas. Lo siento.

Luego me pongo a pensar en la desfachatez de tanto cacique local y en el semianalfabetismo de nuestros chavales , y se me quitan las ganas de pulsar una tecla más.

Pero después, antes de despedirme, aclararé algunas cositas:

A) El camarero que me acusó de ser un mal español cobra el paro mientras obtiene un sueldo como camarero sin declarar. Sueldo sin declarar y paro. Y además sigue lo que hace la Selección Española (de fútbol).

B) A estas alturas de la vida y sabiendo lo que sé no es un insulto para mí ser tachado de "mal español". Lo que me toca los huevos es que haya gentuza que basa su "españolidad" en lo que hagan un puñado de futbolistas.

C) ¿Qué tal si me hacéis el favor de moriros todos?

D) No tengo el menor interés en ser declarado "español".

jueves, 22 de abril de 2010

Pues esto es lo que hay, para unos y para otros


Si lo que aquí se publica gustara a todo el mundo, probablemente yo sería un hipócrita, un cínico, un farsante o, lo que es peor, sería un político, un futbolista o una prostituta. Afortunadamente soy un soldadito de plomo al que le falta una pierna, y quizá también uno o dos tornillos. Empiezo así esta entrada porque hace poco enlacé cierto desbarre pornográfico que finalizaba con una eyaculación masculina sobre un ano prolapsado femenino (podría ser peor: imaginen a un... ¡puaj, dejen ya de imaginar, guarros!), y eso provocó opuestas reacciones en dos de mis lectores, o sea, entre un porcentaje altísimo de mis lectores. Uno de ellos me lo agradecía y el otro me lo afeaba. Curiosamente ambos me escribieron el mismo día, y curiosamente ambos me escribieron a mi correo electrónico en lugar de hacerlo mediante los comentarios del blog, que digo yo que para eso están, pero bueno.

El caso es que les pedí permiso para publicar aquí sus comentarios, y me han respondido que vale, que se las trae flojas lo que yo haga. Pues eso, que publico lo que me contaban (manteniendo ocultas sus identidades, por supuesto).

En contra:

"Decirte que me gustan las ultimas entradas de tu blog, me alegra ver que continuas vivo, bueno me gustan todas menos la del culo ese que le sale el higo, te veo bien.

[...]

Tengo una teoria.... si desajemos de hacernos pajas envejeceriamos muy rapido y lo digo en serio, el cuerpo se mantiene sano mientras nos hagamos unas pajillas diarias, el cerebro piensa que tenemos que encargarnos de todos nuestros hijos y así todo marcha bien, estoy seguro de eso.

Te dejo tres enlaces .

1º) para que lo uses en tu blog, la proxima vez que te pongas romantico. Pulpito.

2º) [...]

3º) Daikichi Amano.

Que pases un buen fin de semana.
J."

A favor:

"Dios, que alegría me acaba de dar tu última entrada. Yo no es que practique nada parecido, y desde luego tampoco me gustaría verlo. Es que esta entrada te devuelve a lo que me gustaba de tí, esas entradas en el blog que hacían que me partiera de risa. Mira, me has animado una mañana que no era muy buena.

Menos mal que has vuelto por tus fueros, que ya pensaba que te habías amariconado con lo de los cuentos aquellos,( ¿ Dónde está mi Javier, que me lo han cambiado ? ) pero veo que no, que aún tu podrido y retorcido cerebro vomita cosas como esa.

Un abrazo para un reencontrado amigo,

P."

Y ahora, unas reflexiones mías sobre estos dos amables corresponsales:

Uno que expone su teoría acerca de la eterna juventud basada en el onanismo y en la negativa a reproducirse, y ese mismo se queja de mi enlace al vídeo del ano prolapsado pero enlaza un vídeo donde un pulpo es introducido en un coño; otro que se parte de risa cuando enlazo un vídeo "very hard", y el mismo me acusa de amariconarme porque escribí un cuento lleno de suicidios, y para colmo dice que mi cerebro es "podrido y retorcido" y que ¡se alegra por ello!

Pero el rarito soy yo. El bloguero díscolo soy yo. El enfermo soy yo. Claro, claro, siempre yo. "¡Como el Luisma es tonto...! ¡Como el Luisma es tonto...!"

Manda cojones. Decía al principio que tal vez me faltan uno o dos tornillos, pero concluyo afirmando que a la mitad por lo menos de mis lectores les falta una ferretería entera.


lunes, 19 de abril de 2010

¿Se siente feliz? Usted es tonto

Querido lector, me he cruzado con usted esta mañana y lo he visto sonreír con cara de bobo. Parecía usted inmerso en ese estado antinatural llamado felicidad que algunos teóricos con más optimismo que sentido común se obcecan en considerar normal y hasta deseable. ¡Tonterías! La felicidad es para los idiotas.

Yo mismo recuerdo con esfuerzo algunos momentos de pasada felicidad en mi vida, y ahora sé que eran el preludio de las circunstancias horribles que vendrían después. Si no me hubiera complacido tanto en ese perjudicial estado podría haber previsto parcialmente los acontecimientos futuros y así haber hecho algo para atenuar sus funestas consecuencias. Pero no, no quise darme cuenta de nada, y después pagué caro el despiste.

No quiero, amigo lector, que te pase lo mismo. Voy a borrarte es sonrisa bobalicona, prepárate. Empecemos hablando de Srebrenica, verás qué historia tan chuli. Te va a gustar, seguro:

Corría el año 1995, hace nada como el que dice,

sábado, 17 de abril de 2010

"Entretenga a sus amigos, escandalice a las señoras"




No hace mucho leí la novela de ciencia ficción Las estrellas, mi destino (Alfred Bester, 1956), también conocida por el título de ¡Tigre! ¡Tigre!, y me di de bruces con un pequeño fragmento anecdótico del que quiero dejar constancia aquí:

[Le tendió a Foyle un paquete de sobres sucios.

-¿Fotos guarras, signore? Cristianos de sótano arrodillados, rezando, cantando salmos, besando cruces. Muy asquerosas. Muy prohibidas, signore. Entretenga a sus amigos, escandalice a las señoras.]

Fotos guarras muy asquerosas. Excelente manera de resumir lo que opino de los ritos religiosos, que me parecen más obscenos que la pornografía, y que además tienen el agravante de ser comúnmente inculcados en los niños. Hay padres que incluso siendo ateos o agnósticos apoyan a sus hijos en la querencia absurda de seguir un rito religioso por razones de "peso" como la tradición, especialmente en eso llamado comunión. "Estoy de acuerdo contigo, pero el niño quiere, y además la van a hacer todos sus amiguitos", suelen reponderme los padres del futuro fanático cuando les hago ver lo grave de iniciar a un niño en una secta. Pero da igual lo que yo pueda decir, porque pensar no es bueno, en cambio perpetuar ideas mitológicas es genial.

Y con eso se acaba la parte de ateísmo ilustrativo de este escrito. Vayamos ahora a otras consideraciones más literarias.

Si os gustó El Conde de Montecristo (Alejandro Dumas [padre], 1844) y os va la ciencia ficción no os podéis perder la novela de Bester. Imaginad a Edmond Dantés en versión futurista, allá por el siglo XXV, cobrándose implacable su venganza, en un mundo constituido por varios planetas y satélites (e incluso un asteroide donde habita una peculiar colonia llamada Pueblo Científico, que paradójicamente ha convertido los recuerdos ancestrales de sus antepasados científicos en una suerte de religión). Las similitudes entre la novela de Bester y la de Dumas son tantas que no cabe más que pensar que son totalmente intencionadas. Un homenaje, supongo. (Nota para los lectores perezosos: la historia de Foyle se desarrolla en unas mil páginas menos que la de Dantés, así que no os lo penséis).

martes, 16 de febrero de 2010

Permitan que me presente


Hola. Soy El soldadito de plomo. Sí, ya sé que mi nombre no es tan divertido como el del malogrado (y siempre querido por mí) Don Leónidas Kowalski de Arimatea, insigne creador de esta bitácora. Ni mi nombre es tan gracioso ni lo soy yo, y a pesar de ello llego aquí con la atrevida intención de continuar la obra de Leo. ¡Cochina sabandija usurpadora!, pensarán quizá. Pues vale, piénsenlo si quieren, están en su derecho, pero tengo poderosas razones para creer que si Leónidas levantara la cabeza aprobaría mi presencia en la que fue su casa. También intuyo que los echaría de menos a ustedes.

De mí es poco y triste cuanto hay que decir, pero a mi manera sigo buscando una esquiva felicidad -¿puede que en forma de bailarina de papel?-. Bah, tiempo habrá para hablar de nosotros, si me acompañan. Hay tanto de lo que hablar, tantas bofetadas que dar y tantos cuentos por escribir...

Soy consciente de que mi irrupción en DCC tiene algo de sacrílego, pero confío en saber hacerme perdonar con el tiempo. Así mismo comprendo que mi acto de presencia suscita más preguntas de las que responde. Créanme que yo también me hago muchas preguntas al respecto, y ninguna respuesta de las que se me ocurren me convence. Digamos simplemente -haciendo una perdonable concesión mística- que el espíritu de Leónidas Kowalski vive en mí.

Hasta pronto.

martes, 21 de julio de 2009

¡A la hoguera con ellos!


Hace unos días contaba por aquí —con ironía que quizá solo captaron los tres fieles lectores de esta bitácora— mi conversión a la fe y mi reciente afición al fútbol, entre otras cosas. Era, por supuesto, un guiño a quienes me conocen, igual que el título de esta entrada. A mí la religión, además de provocarme curiosidad hacia lo que considero una absurda manera de pensar, me incita a usarla como fuente de chistes. No es falta de respeto, es sentido del humor. Será por eso que no entiendo que Javier Krahe y Montserrat Fernández estén acusados de un delito contra los sentimientos religiosos (pena de multa de ocho a doce meses,
artículo 525 del Código Penal).

La culpa la tiene la emisión hace cuatro años en el programa
Lo + Plus, del que era directora Montserrat Fernández, de un corto realizado en 1978 por Javier Krahe y Enrique Seseña. Cómo cocinar un Cristo, se llama la chorradita (y la llamo "chorradita" porque a mi parecer le quedan grandes palabras como "obra" o "arte"). Es una insignificancia que, de haberse proyectado en una iglesia durante la misa podría ser bastante ofensiva, pero fuera de ahí no le veo mala leche alguna. Parece que los siempre tolerantes católicos no opinan lo mismo.

En fin, como es norma de esta bendita casa el no consentir que el fanatismo religioso me calle, voy a solidarizarme con Krahe y Fernández incrustando aquí la peculiar receta de cocina. Buen provecho:





Y ya puestos, una canción de Krahe que insiste en meter el dedo en la llaga (de Cristo):


(Me enteré de la historia por este artículo de J. A. Pérez).