Se pasa uno la puta vida escribiendo con pasión y poniendo el hígado entre sus torpes y trituradoras palabras como si su blog obedeciera a una receta de paté, y después de años descubre que una folclórica ha cantado lo que él nunca supo escribir.
Constantemente me pregunto de qué sirve escribir este blog o cualquier otra cosa, porque todo cuanto yo pueda teclear ya fue contado por gente más talentosa que yo. Cada tecla que pulso es superflua, cada letra que escribo sobra, cada vez que abro la boca violo un pasado ajeno ante el que mi presente debiera postrarse y rendir pleitesía. Es tan frustrante... ¿Para qué esforzarme en escribir aspirando a arañarle el corazoncito a alguien si a fin de cuentas todo cuanto yo pueda parir fue antes mil veces dicho, escrito y cantado? ¿Por qué intentar conmover al lector con las imprecisas palabras de un aprendiz de escribidor, con lo cómodo que sería citar alguna frase de Los Grandes y quedarme tan fresco? Solamente una respuesta se me ocurre: Algún día, cuando todo se vaya a tomar por saco -y antes o después, sea colectiva o individualmente, todos nos iremos a tomar viento fresco- yo me quiero ir adonde no se vuelve creyendo que puse algo de mi parte para hacer un mundo más heterogéneo y -permítaseme la falta de recato- más rico, por muy modesta que mi contribución fuera.
Se pasa uno la puta vida escribiendo con pasión y poniendo el hígado entre sus torpes y trituradoras palabras como si su blog obedeciera a una receta de paté, y después de años descubre que una folclórica ha cantado lo que él nunca supo escribir.
Olé por la Jurado y, sobre todo, por su anónimo letrista:





