(Publicado originalmente en Spaces el 10 de Agosto de 2006).
Supongo que se habrán enterado de ese simpático asunto de las recompensas por delatar a pirómanos. A mí la cosa me resulta un poco preocupante y rara.
Por un lado creo que se usa la palabra pirómano demasiado alegremente. Más bien deberíamos hablar de incendiarios, ¿no creen? Que yo sepa el pirómano es un enfermo mental, y lo que está ocurriendo en Galicia no tiene nada que ver con eso, ¿o sí? Si alguien me puede ilustrar en ese particular le estaré agradecido, aunque no mucho.
Por otra parte me huele a chamusquina (aprecien mi fino sentido del humor) que las Autoridades anden tan desesperadas como para ofrecer pasta por chivatazos. Eso no puede ser buena señal.
Una sociedad que quema sus bosques está enferma, pero una sociedad que paga por denunciar esas conductas está loca de remate. ¿Qué pasa, que si no hay dinero de por medio asistimos indolentes a la quema de árboles? Dinero, dinero, dinero... Todo se compra y se vende en este puto mundo, hasta las conciencias.
Denunciar comportamientos reprobables es siempre un tema delicado. Hay que andarse con mucho ojo para no confundir lo que es la responsabilidad ciudadana con lo que es el abyecto peloteo a las Autoridades o la simple traición al vecino. En este caso de los incendios forestales intencionados la cosa parace loable. Sería un ejercicio de civismo denunciar a los culpables. Sin embargo con dinero a cambio la cosa es diferente. Si yo me dedico a quemar bosques y usted me denuncia, usted es un buen ciudadano. Si yo me dedico a quemar bosques y usted me denuncia POR PASTA, usted es un asqueroso chivato de mierda. Al menos así lo siento yo.
No, no me gusta que el vil metal intervenga en ciertas cosas. Y me asquea una sociedad que institucionaliza la compra de las conciencias. Yo no tengo hijos, pero cuando tenga un gato me gustaría criarlo en un ambiente donde el dinero, aunque necesario, tenga sólo el protagonismo que le corresponde: Un mundo donde las mujeres no se bajen las bragas por pasta, donde las conciencias no tengan precio, donde las sonrisas sean gratuitas.
Dinero, dinero, dinero... A ver si al final va a ser cierto que todo tiene un precio.
Actualización: Lo sabía, lo sabía... no quise hablar de ello porque sólo era una sospecha, pero en "Halón disparado" me lo aclaran y confirman mis sospechas. Mierda de mundo, mierda de políticos, mierda de intereses económicos: "A pesar de que se nos vendió la reforma de la Ley del Suelo como la panácea, la realidad es que nos timaron. Según he podido entender la Ley impide la recalificación y uso para construcción de suelo rústico de protección forestal hasta treinta años después de haberse quemado. Pero, un gran pero, no todo el bosque es suelo rústico de protección forestal. En muchos casos lo que arde tan cerca de los núcleos urbanos es suelo rústico urbanizable, en el que SÍ se puede construir después de incendiado."
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