Un blog escrito bajo severas dosis de etanol.

domingo, 11 de febrero de 2007

Sobre dinero y delatores

(Publicado originalmente en Spaces el 10 de Agosto de 2006).


Supongo que se habrán enterado de ese simpático asunto de las recompensas por delatar a pirómanos. A mí la cosa me resulta un poco preocupante y rara.

Por un lado creo que se usa la palabra pirómano demasiado alegremente. Más bien deberíamos hablar de incendiarios, ¿no creen? Que yo sepa el pirómano es un enfermo mental, y lo que está ocurriendo en Galicia no tiene nada que ver con eso, ¿o sí? Si alguien me puede ilustrar en ese particular le estaré agradecido, aunque no mucho.

Por otra parte me huele a chamusquina (aprecien mi fino sentido del humor) que las Autoridades anden tan desesperadas como para ofrecer pasta por chivatazos. Eso no puede ser buena señal.

Una sociedad que quema sus bosques está enferma, pero una sociedad que paga por denunciar esas conductas está loca de remate. ¿Qué pasa, que si no hay dinero de por medio asistimos indolentes a la quema de árboles? Dinero, dinero, dinero... Todo se compra y se vende en este puto mundo, hasta las conciencias.

Denunciar comportamientos reprobables es siempre un tema delicado. Hay que andarse con mucho ojo para no confundir lo que es la responsabilidad ciudadana con lo que es el abyecto peloteo a las Autoridades o la simple traición al vecino. En este caso de los incendios forestales intencionados la cosa parace loable. Sería un ejercicio de civismo denunciar a los culpables. Sin embargo con dinero a cambio la cosa es diferente. Si yo me dedico a quemar bosques y usted me denuncia, usted es un buen ciudadano. Si yo me dedico a quemar bosques y usted me denuncia POR PASTA, usted es un asqueroso chivato de mierda. Al menos así lo siento yo.

No, no me gusta que el vil metal intervenga en ciertas cosas. Y me asquea una sociedad que institucionaliza la compra de las conciencias. Yo no tengo hijos, pero cuando tenga un gato me gustaría criarlo en un ambiente donde el dinero, aunque necesario, tenga sólo el protagonismo que le corresponde: Un mundo donde las mujeres no se bajen las bragas por pasta, donde las conciencias no tengan precio, donde las sonrisas sean gratuitas.

Dinero, dinero, dinero... A ver si al final va a ser cierto que todo tiene un precio.


Actualización: Lo sabía, lo sabía... no quise hablar de ello porque sólo era una sospecha, pero en "Halón disparado" me lo aclaran y confirman mis sospechas. Mierda de mundo, mierda de políticos, mierda de intereses económicos: "A pesar de que se nos vendió la reforma de la Ley del Suelo como la panácea, la realidad es que nos timaron. Según he podido entender la Ley impide la recalificación y uso para construcción de suelo rústico de protección forestal hasta treinta años después de haberse quemado. Pero, un gran pero, no todo el bosque es suelo rústico de protección forestal. En muchos casos lo que arde tan cerca de los núcleos urbanos es suelo rústico urbanizable, en el que SÍ se puede construir después de incendiado."

Por una vez, un cuento serio

(Publicado originalmente en Spaces el 8 de Agoasto de 2006).

La sala de urgencias del hospital estaba atestada de gente con diferentes dolencias y estados de gravedad. Había una señora sin cabeza y varias con cabeza, incluso había una señora con dos cabezas, que por cierto no dejaban de discutir entre ellas (me refiero a las dos cabezas de la misma señora, no a todas las señoras.) Algún listo me dirá que si eran dos cabezas se trata entonces de dos señoras con un único cuerpo, pero eso no es así, y lo voy a explicar: ¿Qué es lo que define a una señora? Pues evidentemente su par de tetas, por lo tanto, como sólo tenía un par de tetas constituye una única señora, independientemente del número de cabezas con las que la Naturaleza la haya dotado. También había en la sala un niño con un ojo en la mano. El niño miraba el ojo que tenía en la mano con el ojo que le quedaba en la cara, y desde la mano el ojo desprendido observaba con curiosidad al niño tuerto. La megafonía atronaba periódicamente en la sala de espera y en los pasillos con femenina y desapasionada voz cansada:

- Doctor Grijánder... doctor Grijánder, persónese urgentemente en Rayos.

Esa mañana yo me había levantado con un fuerte dolor de cabeza que no conseguí mitigar con tres cafés y media botella de vodka, así que me fui a urgencias a pesar de no ser muy amigo de médicos. Primero me atendió el doctor Eduardo de Deseo, quien me practicó un tacto rectal, tras lo cual chupó su dedo-herramienta y tras varios segundos contemplando extasiado el techo mientras paladeaba me dijo misteriosamente:

- Esto puede ser serio. Espere fuera mientras hago unas consultas.

Y allí estaba yo, nervioso, asustado, y algo excitado por el tacto rectal. La megafonía continuaba su cantinela:

- Doctor Grijánder... doctor Grijánder, persónese urgentemente en Rayos, Truenos y Centellas.

En la sala de espera las dos cabezas de la señora bicéfala habían empezado a morderse mutuamente la nariz, y ese espectáculo me entretuvo bastante durante un rato, hasta que llegó una enfermera grande y fea con una silla de ruedas y me ordenó sentarme en ella. Cuando lo hice comenzó a empujar la silla por un laberinto de pasillos, cada vez más deprisa, hasta que echó a correr como una loca empujando mi silla y gritando "brrroooomm... brommm... brrrrrroooooooommmmmm" y a veces, al derrapar en una curva, también gritaba algo así como "ñññiiiiiiiiiiii" para seguir luego con el "brooommm" al enfilar de nuevo la recta. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien.

Llegamos a una puerta sobre la que se leía en letras grandes: NEUROLOGÍA. Antes de cruzarla volví a oír la voz de la tía plasta de megafonía:

- Doctor Grijánder... doctor Grijánder, hasta el coño estoy de llamarlo.

Sobre la mesa de la consulta una placa decía: "Dr. Javier Nes Santo. Filatélico, bujarrón y neurólogo aficionado". El doctor Nes se hurgaba la nariz con un largo meñique y me observaba con atención sin decir nada. Al cabo de varios minutos y unos cuantos mocos extraídos y pegados distraídamente en su bata dijo:

- Uhmmm...-- A lo cual repliqué:

- ¿Me puedo sentar?

- No. Bájese los pantalones y muéstrenos su sexo a la enfermera Mera y a mí.

Así lo hice, y la enfermera Mera exclamó:

- ¡Por las barbas del Profeta, vaya instrumento gasta usted!

- Sí, señorita Mera. Siempre he dicho que tengo más rabo que el demonio.-- Respondí halagado.

Desde fuera me llegó de nuevo la voz de la cansina:

- Doctor Grijánder... doctor Grijánder, puede seguir con la partida de dominó; el paciente ha fallecido.

En ese momento me pidió el doctor Nes que le hablara de mis antecedentes médicos (eso fue una suerte, porque si me llega a preguntar por los antecedentes delictivos me muero allí en la consulta), y yo le conté que había nacido con 84 brazos. Ante su sorpresa y extrañeza por tener ahora sólo dos como la mayoría de las personas hube de explicarle lo de mi anterior trabajo como malabarista, y eso suscitó más dudas para el médico:

- ¿Cuál es la relación entre ese digno oficio y el hecho de que ahora sólo disponga de dos brazos?

- Verá, doctor, es que yo hacía malabarismos con... granadas de mano. ¿Entiende usted?

-¿Que si entiendo? No lo sabe usted bien--. Y me señaló la palabra bujarrón de la placa sobre su escritorio.

En ese tenso momento nos llegó de nuevo la voz de la megafonía:

- Doctor Grijánder... doctor Grijánder, los emocionados familiares del paciente fallecido le mientan los ancestros.

Luego el doctor Nes pasó a explicarme no sé qué gaitas de recortes presupuestarios y que me olvidara de radiografías y esas cosas modernas. Y de repente me vi a la enfermera Mera arrodillada ante mí, haciéndome una felación, mientras el neurólogo aficionado introducía su largo y habilidoso dedo por mi nariz hasta rascarme con él el cerebro y extraer, pegada a su uña, una pequeña porción de masa encefálica. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien.

Tras examinar esa biopsia me dijo muy serio y mirando fijamente la colección de mocos que colgaban como medallas de su bata:

- Está fea la cosa. No le doy más de dos semanas. Váyase de aquí, que si tarda en salir por patas la consulta empezará a apestar a muerto.

Tras la noticia me disponía yo a salir muy contento cuando me gritó que me detuviera. Me volví para mirarlo y en ese momento una llave inglesa se estrelló contra mi cabeza. Entonces me preguntó el cachondo del doctor Nes:

- ¿Cómo se siente ahora?

- Fatal. Mucho peor que antes--. Respondí.

- Pues así aprenderá a no quejarse de dolores de cabeza, moribundo de mierda.

Y así salí de la consulta, peor de lo que entré. Había ido al hospital a pie, pero no me apetecía caminar de vuelta a casa, de modo que me dirigí al aparcamiento con la intencíon de robar un coche. Antes de salir chirriando ruedas pude oír de nuevo a la guarra de megafonía:

- Doctor House... doctor House, deje de simular esa cojera y vaya corriendo al aparcamiento; le están robando el coche.

Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien.

Un instante

(Publicado en Spaces el 8 de Agosto de 2006).

Duró sólo un momento, un lapso de tiempo tan ínfimo que casi no me doy ni cuenta.

Debía de ser la una y veinticinco minutos de la tarde, poco más o menos. Había interrumpido un trabajo para dedicarme a otro y me sentía satisfecho con mi labor. Estaba cubierto de sudor y polvo pegado a los brazos y a la cara. Iba caminando sobre una mullida alfombra de césped y... sucedió. Así, por sorpresa, sin haber pensado en ello previamente.

No duró ni un segundo. Acaso no llegó ni a un cuarto de segundo. Pero lo pude sentir plenamente y sin lugar a dudas. Sé que no me equivoco si digo que hoy, en ese breve momento, he sido feliz.

Qué pena haberme dado cuenta y estropearlo.

Una duda

(Publicado en Spaces el 7 de Agosto de 2006).

A veces me entretengo con profundos pensamientos metafísicos. Incluso puede que me llegue a atormentar con ellos, como me está pasando últimamente.

He aquí mi duda, o mejor mi Duda con mayúscula, por si alguien me puede ayudar a resolverla:


¿Quién ganaría en una guerra entre wakiflakis y gusiflukys?



Deudas pendientes

(Publicado originalmente en Spaces el 3 de Agosto de 2006).

Me instalé en tu fingida realidad, donde las intenciones se despedazan para recomponer nuevos proyectos que traicionan los principios de las anteriores.


Me creí tus mentiras y hasta cierto punto participé en ellas.


Colaboré cuanto pude en el infierno que me estabas preparando.


Cavé mi tumba siguiendo tus instrucciones.


Cuando me tendiste aquel documento cuyo encabezamiento decía escueta y cruelmente "Mi sentencia de muerte" lo firmé sin dudas y sin preguntas.


Te tendí mi mano cuando te vi caer para que pudieras seguir tu metódica, concienzuda labor de destrucción.


Fui tu amigo contra tus enemigos que más tarde convertiste en aliados que usaste contra mí.


Callé cuando me preguntaron qué había de verdad en las mentiras que contaste sobre mí y sobre... todos.


Te protegí poniendo un marchamo de garantía a tus difamaciones, incluso cuando iban contra mí. Especialmente cuando iban contra mí.


Me creí el cuento de que todo sacrificio tiene su recompensa.


Esto hice y otras cosas que no cuento.


¿Y de qué ha servido? ¿Qué ha quedado tras todo ello sino desprecio, vergüenza, impotencia y odio? Ni una pizca de ilusión o esperanza, sólo el más absoluto olvido.


Has dejado muchas facturas sin pagar, y muchos acreedores ávidos. Cuando te mires al espejo recuerda que eres... una deudora.

lunes, 5 de febrero de 2007

Dicen de ti...

(Publicado el 1 de Agosto de 2006 en Spaces).

Dicen los que te conocen que eres buena chica.

Cuentan que no se te conocen defectos ni secretos vergonzosos.

Me han dicho que fuiste una alumna ejemplar y una hija adorable.

Me he enterado que de niña querías ser monja misionera, pero decidiste que como mejor podrías ayudar a los demás sería como médico en sitios pobres, sin cobrar y subsistiendo gracias a donativos y ayudas estatales.

Ha llegado a mis oídos que hombres millonarios y poderosos pretendieron comprar tu excepcional belleza y que ninguno lo logró, porque las personas como tú ni se venden ni se compran.

Se comenta que siempre sonríes ante tu dolor y lloras por el ajeno.

Sí, querida, dicen los que te conocen que eres buena chica...

... Pero ahora, zorra, sigue chupándome la polla antes de que te pegue otra hostia.





Tú no has visto nada

(Publicado originalmente en Spaces el 31 de Julio de 2006).

Crees que lo has visto todo, pero tú no has visto una mierda.

Creíste haberlo visto todo cuando descubriste que en tus excrementos había cosas moviéndose. Pero no.

Luego creíste haberlo visto todo cuando te tragaste la película Nekromantic. Pero qué va.

Más tarde pillaste a tu madre haciéndole una felación al pastor alemán del vecino, y entonces estuviste seguro de que ya lo habías visto todo. Pues no...

...Porque meses más tarde viste a tu madre chupándosela al perro del vecino, mientras el propio vecino se la tiraba y el hijo del vecino hacía fotos con el teléfono. Y entonces tuviste clarísimo que lo habías visto todo. Ni de coña, hermano.

Tú aún no has visto nada. Hay algo que todavía no has visto y que cambiará tu vida para siempre. Te queda por ver a un oso cagando números primos.

(Y cuando lo hayas visto quizá yo ya esté preparado para mear decimales de Pi, y eso ya va a ser el acabóse).

ACTUALIZACIÓN (05-10-06): Éste no los mea, pero tiene su gracia y su mérito. (Enlace por gracia de la puta pelirroja).


Dios nos libre del Mal

(Publicado antes en Spaces, el 30 de Julio de 2006).

Quiero que Dios me cuide. No quiero que nadie me demuestre su inexistencia, sólo pido que me cuide.

No quiero que me hablen de preservativos, quiero castidad. Me importan un carajo los niños que nacen en sitios lejanos que no mancharán mi precioso Vaticano, tan limpio, tan bonito, tan elegante, tan... rico.

Quiero que Dios me cuide, y que me mantenga alejado del pecado de la carne, no sea que yo descubra que es bueno y placentero y decida "fabricar" a nuevos niños al margen de sus dogmas y con eso se les acabe el chollo a unos cuantos de mis amos.

Dejad que Dios me cuide, porque Él sabe lo que se hace, y por eso ha quemado a tantas "brujas".

Confiad en el Dios que se limpió a Galileo y a Servet, pues como todo el mundo sabe la Tierra es el centro del Universo y la circulación sanguínea es cosa de demonios.

Quiero que Dios me cuide. Y que me castigue en un más allá, porque yo no tengo la conciencia necesaria para enmendar mis actos mierdosamente reprobables.

¿Y esos zurdos? Sólo perversas creaciones del Averno... son zurdos (siniestros) porque usan la diestra para masturbarse nada más... ¡Les saldrán granos y se quedarán ciegos!

Quiero que Dios me cuide...

Porque no sé cuidarme solo...

Porque no tengo cojones para cuidarme yo ...

Porque he visto a gente más capacitada y me siento inferior...

Porque me quieren quitar mi parte del pastel...

Porque hay mucho dinero en juego y no lo puedo permitir...

Porque mi mujer se ha enamorado de otro...

Ayyyyyyy, pecadores... Quiero que Dios me cuide, que yo solito me hundo en la mierda. Así que, Dios...

¡Cuida de mí, que soy demasiado mierda para ir solo y valiente por la vida!

Fue en Sevilla

(Texto publicado originalmente en Spaces el 28 de Julio de 2006).

Fue el lunes 24 de Julio, a eso de las 18 horas. No me he preocupado de averiguar más; no quiero saber más de lo que vi. Y lo vi desde un autobús que pasaba por esa calle de Sevilla.

Una señora bajo un ataque de histeria (y eso es un ataque de histeria de verdad, no lo que ciertas malnacidas simulan para obtener sus caprichos), y un cuerpo tirado boca abajo en un charco de sangre.

Todo aparentaba ser un atropello, aunque ya digo que no tengo ni idea de los pormenores del accidente. En cualquier caso ahí estaba esa persona chorreando sangre. Y nadie hacía nada. Nadie hacía nada por esa persona que se desengraba sobre la carretera boca abajo.

Yo comprendo que entre la muchedumbre congregada no hubiera un médico o un A.T.S. ... yo eso lo entiendo. Pero me cuesta entender que nadie le estuviera sosteniendo la mano mientras esa persona se estaba muriendo.

Pero lo peor de todo es que yo no detuve el bus al grito de "Ey, pare, tengo que coger la mano de alguien que se muere".

Y por eso, entre otras cosas, soy un mierda.


domingo, 4 de febrero de 2007

Era gordito y con gafas

(Cuento publicado originalmente en Spaces el 28 de Julio de 2006) .

En aquel mierdoso hospital psiquiátrico en el que lo habían recluido el ex-Sargento de la Guardia Civil Alonso aceptaba con la mirada perdida las cucharadas de sopa que la enfermera le daba...

Era gordito, feo y con gafas. Además vivía, como hijo de guardia civil que era, en el cuartel de Intxaurrondo.

Sólo tenía doce años. Casi nadie lo quería.

Tenía serios problemas para aprender por cojones el euskera. Sus compañeros de colegio tenían la ventaja de aprender algo de sus padres, aunque fueran unas pocas palabras mal pronunciadas, pero él, siendo hijo de andaluces y moviéndose en un ambiente en el que nunca se hablaba en ese idioma arcaico e incompleto que es el vascuence lo tenía bastante chungo. Shungo, como diría su madre gaditana.

Para colmo de males era buen estudiante y brillaba con las Mates. Llegados a este punto comprenderá el lector que todo lo que él tenía a su alrededor fueran enemigos.

Aquella mañana, antes de ir al colegio, abrió el cajón en el que su padre guardaba varias pistolas. Cogió una al azar pero se aseguró de cargarla antes de salir de casa; había visto hacerlo a su padre muchas veces y no era nada difícil.

Quizá todo hubiera sucedido de otra manera si no llega a ser por Arantxa. Quizá no hubiera pasado nada y yo tendría que hablarles de otra cosa... si no llega a ser por Arantxa. Por Arantxa y el incidente del eructo.

Fue nada. Una cosa de las que nos pasan a todos. Sólo que le ocurrió aquella mañana a nuestro niño gordito y con gafas, y aquella mañana nuestro niño gordito y con gafas escondía bajo la ropa una pistola calibre 9 mm. Parabellum. Fue un eructo, imperceptible para todos salvo para Arantxa.

Dejen que les hable ahora un poco de Arantxa. Es una niña rubia con trenzas, mediocre en todo salvo, aparentemente, en Matemáticas. En esa asignatura la pequeña Arantxa destaca especialmente, al igual que su gordito compañero de pupitre, y claro que no es coincidencia. El gordito siempre dejó que Arantxa copiara sus exámenes, porque el gordito era así... y porque secretamente estaba enamorado de ella.

Cuando Arantxa gritó aquello de "¡Seño, el gordo asqueroso éste ha eructado!" nuestro joven protagonista no aguantó más. Llevaba años aguantando eso y cosas mucho, pero mucho peores, así que tocó fondo, y decidió que le iba a enseñar al mundo quién era el gordito feo con gafas. Se puso en pie y sacó la pistola.

Lo que pasó a continuación, lo del triste balance de muertos y heridos... bueno, ya lo saben por la prensa. El gordito estaba entre los muertos tras el tiroteo con la Guardia Civil. No hablemos más de ello.

...Y mientras se esforzaba por tragar la sopa pensaba en aquel fatídico día en que se presentó a las puertas de un colegio tras una confusa llamada. Pensaba en aquellos niños que salían malheridos del colegio. Pensaba en el triste momento en que usó su arma reglamentaria contra un niño armado y fuera de control. Pensaba en los disparos que tuvo que efectuar antes de darse cuenta de que estaba matando a su hijo, gordito... feo... con gafas.


El Cabo Finisterre

(Cuento publicado originalmente en Spaces el 27 de Julio de 2006).

Estaba hasta los cojones del chistecito. Apellidarse Finisterre y ostentar el modesto pero dignísimo empleo de Cabo daba mucho juego entre los compañeros. Para colmo tenía fama de juerguista y mujeriego, y todo esto encendió la chispa de ingenio que rara vez surgía en el soso del Cabo Primero Pineda, el cual dijo un día al toparse con Finisterre en el comedor: "Vaya, el cabo Finisterre, el único accidente geográfico contradictorio; además de cabo es golfo." Lo oyó mucha gente y la gracia caló hondo, desde entonces se lo repetían constantemente, incluso los Soldados más modernos con los que Finisterre pretendía guardar las distancias por eso del respeto a los galones y tal.

Finisterre ingresó como zapador en el Regimiento de Ingenieros número 11 (RING 11) a los dieciocho años, y a los veintitrés ascendió al empleo de Cabo por concurso-oposición quedando el primero de su especialidad. Sin dudarlo ocupó vacante de su nuevo rango en el mismo Regimiento; disfrutaba con su trabajo de tender y limpiar campos de minas, de manipular explosivos, en fin, esas cosas que hacen los zapadores. Soñaba con ir a una Zona de Operaciones caliente y participar de algún modo en mejorar la vida de la población civil machacada por una guerra, aunque a su novia, María, no le hacía maldita la gracia. Con veinticuatro años lo logró.

Era el año 2001 y Finisterre, ese Cabo moreno, delgado y seriote hablaba con su novia desde el locutorio de la base multinacional de Mostar-Aeropuerto, cuartel general de la División Multinacional Sureste en Bosnia, también conocida como División Salamandra. Las llamadas desde el locutorio eran a precio de llamada nacional en España, gracias al satélite Hispasat, y aunque Finisterre llevaba siempre el teléfono móvil encima, a la hora de llamar a España lo aconsejable era usar el locutorio, a pesar del coñazo de los dos o tres segundos que tardaban los mensajes en llegar al interlocutor:

- Que sí, María, en serio, que lo de esta tarde no es nada-. Mentía piadosamente Finisterre.

- Pero es que eso me dijista la otra vez, cariño, y luego supe por una vecina que tiene a su marido ahí contigo que habíais estado desactivando unas minas o no sé qué...

- Nooo, cielo, esta vez es una tontería. Vamos a reconstruir una escuela en un pueblo cercano. Y se me hace tarde que el convoy ya está montado. Te llamo mañana, mi niña.

- Jo. Dime que me quieres.

- Te quiero.

- Tonto. Así no, dímelo de verdad.

- Mira, niña, me esperan, así que te tengo que dejar.

- ¡Pero dímelo!

El Cabo Finisterre colgó y salió corriendo del locutorio, con su chaleco antifragmentos puesto y ajustándose el casco, en dirección al vehículo blindado que lo esperaba. Sentía la conciencia sucia, y se prometió que al volver por la noche llamaría de nuevo a María para disculparse y decirle que claro que la quería. Y sonaría, además, genuinamente sincero.

Las cosas no salieron del todo así. ¿Acaso quedan ciegos en el mundo que crean que las cosas salen como son soñadas? Esa tarde a nuestro Cabo se la vació el bolsillo de la suerte... del todo.

Lubinje. 18 horas 42 minutos. Finisterre está tendido en el suelo, hundiendo concienzudamente su bastón buscaminas en el ángulo adecuado, lenta, cuidadosamente. Ha visto el plato de presión de una mina PMA-2 asomando entre la tierra. Hace más de dos horas que localizó la última y está agotado, pero conoce muy bien ese modelo de mina. No hay problema. Nema problema, como diría la intérprete que los acompaña. Por fin introduce el bastón buscaminas bajo la base de la mina y comienza a levantarla. Cuando la ha desenterrado totalmente la coge con cuidado con ambas manos, prestando vital atención a no tocar la estrella de la espoleta que hará detonar la mina. Misión cumplida, una vez más... hasta que Finisterre ve ese extraño hilo de cobre que cuelga de la PMA-2. Una mina de presión trampeada con una una mina de tracción, probablemente una PMR-3. Eso pensó nuestro Cabo justo antes de que la mina trampa detonara.
El Teniente Bravo fue el primero en llegar hasta el cuerpo de Finisterre. Tal como se lo encontró sabía que no había nada que hacer, así que le cogió la mano y la sostuvo hasta que el Cabo dejó de respirar. Antes de eso Finisterre tuvo una breve alucinación:
Estaba tumbado boca arriba en un extenso campo de amapolas. María llegaba hasta él y le cogía la mano tumbándose a su lado. Él la miraba y le decía "Te quiero, María, y es de verdad".
Cuando algo después el Teniente Bravo daba novedades a su Capitán dijo al final de su parte:
"... y eso es todo, mi Capitán. Sólo cabe señalar que el Cabo Finisterre intentó decir algo en sus últimos segundos, pero por el destrozo de su cara y los desgarros en las cuerdas vocales no pude entender nada."

Bueno, he aquí otra de mis historias llenas de optimismo. Sé que he usado demasiados tecnicismos militares y armamentísticos, pero así ha salido la cosa. Si alguien quiere resolver dudas en ese sentido que me lo haga saber en los comentarios.

Y sí, lo del Teniente Bravo es un guiño a los lectores de Marsé.

Y los demás nombres, fechas y lugares son ficción... o no del todo.


Un buen tipo

Cuento brevísimo publicado originalmente en Spaces, el 24 de Julio de 2006:


Pedro y Alfredo ultimaban sus cervezas apoyados en la barra. Hacía unos segundos que habían interrumpido la conversación y estaban atentos a la enorme pantalla del bar en la que discurrían las noticias del día. La voz del periodista decía:

"Una vez más España se conmociona ante el último abuso de menores descubierto. En Camas, un pueblo de Sevilla, ha sido detenido un profesor de gimnasia acusado de violar a tres de sus alumnas, niñas de apenas doce años..."

-¡Criminales!- Dijo Alfredo.

- A todos ésos habría que matarlos.- Añadió Pedro.

- Brindo por ello.

Y tras ese brindis se despidieron y Alfredo llegó a su casa unos minutos después. Alfredo es un señor de cuarenta años, tiene una modesta tienda de comestibles y es soltero. Tenía un perro pero murió el año pasado y no se ha decidido a buscar otra mascota que ocupe su lugar.

Esa noche Alfredo andaba caliente pensando en el profesor de gimnasia y en sus tres putillas, así que fue directo a su dormitorio y volvió a tirarse al cadáver de una niña de diez años que llevaba días descomponiéndose en su cama. Cuando terminó decidió que ya era hora de deshacerse de ese cuerpo. A pesar de tener el aire acondicionado encendido permanentemente a la temperatura más baja posible cuatro días eran demasiados y ya no le gustaba cómo olía esa niña. Hasta el tercer día el tenue aroma dulzón de la carne que se empieza a corromper le había resultado agradable y hasta estimulante, pero ya empezaba a ser molesto, y en poco tiempo sería incluso delator.

En la cocina cogió una cucharilla para postres y volvió con ella a su dormitorio. Extrajo con precisión los globos oculares de Sandra (había sabido su nombre por los periódicos al día siguiente de su desaparición) y los metió en un frasco con formol. Después lo rotuló: "SANDRA. 10 AÑOS". Las primeras veces había roto los ojos, como cuando se casca un huevo con poca práctica y se rompe la yema, pero ahora era todo un maestro y los sacaba perfectos. Luego un breve tirón y el nervio óptico se partía con un chasquido.

A continuación colocó el frasco en una vitrina, justo entre "SUSANA. 13 AÑOS" y "JUAN. 7 AÑOS".

Cenó en la cocina y después fue al salón para ver la última edición de las noticias. Volvían a mencionar el caso del pedófilo sevillano, pero esta vez ilustrando la noticia con fotos de las niñas.

- ¡Criminales! - Exclamó Alfredo a la habitación vacía, mientras se masturbaba.


Aclaración: Gracias a Tesa me entero de que NO es fácil romper el globo ocular al extraerlo. Lo tendré en cuenta, y quizá en otro relato mi psicópata saque los ojos de sus víctimas con sacacorchos.
¿Alguien se pregunta cómo sabe Tesa tal cosa? Uhm, mejor nos dejamos de preguntas indiscretas, no vaya a ser que obtengamos las respuestas.


Son verdes

(Publicado en Spaces el 18 de Julio de 2006).

Claro que os joden, ya lo sé. Los veis ahí, verdes y en el peor sitio de la carretera, y os joden. Pues más les jode a ellos.

Entre ellos los encontraréis con veintitantos años, y a muchos (quizá los peores) con cincuenta y muchos. Yo los quiero a todos. Tal vez sea porque no conduzco, o tal vez sea porque sé lo que es perder a un hermano atropellado por un hijo de la gran puta que iba por la vida como si la carretera fuera suya. El caso es que adoro a mis (nuestros) guardias civiles de tráfico.

Me pongo en su piel y se me pone el vello de punta. Hay que tener mucho cuajo para poner una mierda de multa a quien conduce con exceso de velocidad, después de ver los cuerpos descuartizados de gente que cometió la misma barbaridad. Y encima aguantar las chulerías de siempre, "oiga, que se está extralimitando, lo voy a empapelar, déme su número de placa y bla bla bla...."

No me jodan. Esos señores ven y recogen cuerpos triturados, normal que nos calcen por exceso de velocidad, y por mil motivos más. Menos lagrimitas cuando nos multan y más conciencia ciudadana. Mierda.

Pero sobre todo un poco de respeto a aquél que nos sacó de entre el amasijo de hierros cuando ya lo dábamos todo por perdido.

Son de color verde y se esconden donde menos los esperamos. Yo los quiero, ¿y ustedes?


Vamos a escandalizar

(Texto publicado originalmente en Spaces el 16 de Julio de 2006).

Me gusta cuando me miras con esa cara de puta que tan bien te sale.

Me gusta cuando me calientas en los bares y me pides que te enseñe lo dura que se me ha puesto. Y me gusta que la cojas y la acaricies mientras miras a nuestro alrededor asegurándote de que nadie se da cuenta. Aunque te conozco y sé que en el fondo quieres que se den cuenta.

Me gusta cuando paseamos por la calle y me susurras al oído que estás muy mojada.

Me gusta cuando te quitas las bragas y me dices que podrías escurrirlas, y me gusta cuando me envuelves la polla con ellas y así me masturbas.

Me gusta cuando me gritas "¡córrete, córrete ya, cabrón, llena de leche a tu puta!".

Me gusta cuando te digo que voy a bañar tus tetas y te desesperas gritándome que no, que lo quieres en la boca.

Me gusta cuando me llamas por teléfono y sólo me dices antes de colgar "Ven y fóllame. Y que sea ya".

Me gusta cuando paseamos por el campo y te detienes apoyada en un árbol y me pides que te rompa el coño ahí mismo.

Me gusta cuando me despiertas de madrugada chupándome la polla y al preguntarte qué haces me respondes "mmmcallayduermemmmidiotammm".

Me gusta cuando te sientas en mi cara y me ordenas beber.

Me gusta que al reunirnos tras días sin vernos me cojas la mano y la introduzcas entre tus muslos, y que al notar tu humedad me digas con esa cara de zorra "¿Ves cuánto te he echado de menos?"

Me gusta cómo me miras mientras te follo y que abras la boca pidiéndome que te escupa en ella.

Me gusta que en el momento más inesperado te saques las tetas y poniéndome un pezón en la boca me digas "Toma, mi niño, chupa".

Me gusta cuando te pones a cuatro patas y mientras te lleno de mí me grites "Fóllate bien a tu perra, cabrón".

Me gusta que seas tan puta para mí.

Me gusta que seas tan señora para los demás.




jueves, 1 de febrero de 2007

La madre

(Publicado originalmente en Spaces el 11 de Julio de 2006).

Grita, grita y grita. Casi no se entiende lo que dice. Sólo acertamos a captar palabras sueltas que preferiríamos no escuchar. Palabras que no podremos olvidar. Palabras gritadas con las que nos despertaremos aterrados durante muchas noches, durante muchos años.

Está muy manchada de sangre y no llora, sólo grita. El tiempo de las lágrimas aún no ha llegado, pero todos sabemos que le ha de llegar, y que van a ser de por vida. Pero ahora no es tiempo de llanto; es tiempo de rabia, de miedo, de sed de justicia, de hambre de venganza. Y es tiempo de gritar. Así que ella grita, grita y grita.

Es una mujer de unos cuarenta años. Lleva un pijama ensangrentado y el pelo suelto. Nadie podría decir si es fea o guapa; su cara está contraída en un gesto de dolor y desesperación que hace indefinibles sus rasgos.

"¡¡¡MI HIJO, MI HIJOOOOOOOO!!!"

Nadie sabe qué hacer. Alguien que se acercó al niño se alejó un instante después, y ahora está desmayado a unos metros. Ya nadie más se ha atrevido a acercarse al niño, salvo su madre, que no se separa de él.

"¡¡¡CABROONESSSSSSSSSSSSS!!!"

Se oye a alguien decir entre la muchedumbre que tiene la matrícula, como si eso pudiera arreglar algo.

"¡¡¡AYYYYYYYY, MI NIÑOOOOOOOOO!!!"

Alguien más pregunta si se ha llamado al 061. Muchas voces responden que sí, que hace ya rato. Mientras, la madre, grita.

"¡¡¡ME LO HAN MATAOOOOO!!!"

Fue la primera en llegar, como si supiera que el golpe que escuchó en la calle, desde la cocina de su casa, tuviera algo que ver con su hijo de diez años.

"¡¡¡HIJOS DE PUTAAAAAAA!!!"

Nadie sabe qué hacer, y la madre no sabe dónde poner las manos sobre el cuerpo de su hijo. Todo parece estar roto, fuera de lugar. Pero tiene la necesidad de tocarlo, y de intentar, de algún modo, detener esas convulsiones.


"¡¡¡QUE VENGA LA AMBULANCIAAAA!!! ¡¡¡ES MI HIJOOO!!!"

Esa madre está rodeada por cincuenta, cien personas. Esa madre nunca ha estado tan sola.

"¡¡¡POR FAVOOOOR, HACER ALGOOOO!!!"

Nunca nadie hablará de ello, pero todos hemos visto cómo, por un momento, esa mujer ha intentado introducir los restos de masa encefálica en el cráneo abierto de su hijo. Jamás, jamás hablaremos de ello, pero jamás, jamás lo vamos a olvidar.


"¡¡¡ME LO HABÉIS MATAOOO!!!"

A lo lejos suena una ambulancia. Aquí, junto a nosotros, una madre grita, grita y grita.

Ha vuelto a ocurrir

(Publicado originalmente en Spaces el 10-07-06).

Otra vez. Mierda y mil veces mierda. Volvió a suceder.

Todos sabemos que estas cosas no funcionan, ¿a qué viene ese empeño por insistir? Lo que hoy es tan atractivo y excitante mañana será un recuerdo aburrido que mis nietos no querrán escuchar.

Vale, sí, es una chica muy maja, pero... ¿y qué? Anda que no han pasado ya chicas majas por mis manos... ¿y qué pasó después? Nada, no pasó nada, porque yo no soy apto para las chicas majas ni sé tratar a las chicas majas. Además, qué coño, digamos la verdad aunque no sea políticamente correcta: las chicas majas ni follan bien ni son verdaderamente apasionadas ni nada de nada. Pero eso sí, son muy majas.

Pues vale, ¿y de qué sirve ser tan majas? Pues sirve para que las presentes a los amigos y les digas antes "veréis qué maja es", y luego, cuando ya la han conocido, los amigos te dicen "jo, pues sí que es maja, sí". Pues vale. Y luego, mientras vuelves a casa con ella, en el ascensor quieres meterle mano, y te dice que no hagas el tonto. Luego, al entrar en casa, mientras te esfuerzas por arrancarle la ropa te dirá que eres un salvaje y se ofenderá. Después, mientras la arrojas sobre la cama, le separas los muslos y empiezas a beber de lo que encuentras entre ellos va y te suelta algo así como que eso se parece peligrosamente a una violación. Anda y que te den por saco, chica maja... y ahora es cuando añadiría gustoso eso de que "igual te gusta", pero qué carajo le va a gustar eso a una "chica maja". La sodomía es demasiado transgresora para una "chica maja". La "chica maja" sólo sirve para, una vez presentada a tu madre, que ella pueda presumir de nuera, pero para nada verdaderamente práctico.

Y todo este rollo viene porque medio conozco a una "chica maja" de la que me estoy encaprichando, por más que le joda a alguna, pero han de entender que yo soy así de leal hasta con lo que me perjudica. Pero que nadie tiemble antes de tiempo; ni la "chica maja" es buena para mí, ni yo para ella, y pronto las aguas volverán a su cauce.

Pero ojo... no nos confundamos. No deja de ser una chica maja, y envidiaré al cabrón que se la llave. Y además tenemos pendiente una partida de cartas que ella me enseñará a jugar en la playa de Camposoto, pero lejos del mundanal ruido.

En cualquier caso... ella es una chica maja y yo soy un maldito cabrón.


Esos malditos dálmatas y un tablero de ajedrez

(Publicado originalmente en Spaces el 9 de Julio de 2006).

Son cuatro pequeños cachorros de escayola, cada uno en una graciosa posturita. Me los regaló Dani diciéndome algo así como "toma, para tu nueva casa", y eso tiene su mérito, porque aún faltaban meses para que la comprara. Fue el primer regalo para mi hogar y les tengo mucho cariño. La verdad es que me olvidé de ellos por mucho tiempo, pero al fin les busqué un sitio.

Están en una repisa en mi dormitorio. Los dejé ahí una vez y no he vuelto a tocarlos, ni siquiera para limpiar el polvo (yo nunca limpio el polvo para que haga juego con las telarañas). El caso es que he observado algo extraño respecto a esos cachorros de dálmata. Están vivos.

La primera vez que noté que se habían movido fue poco después de una visita de mis padres, así que supuse que ellos los habrían tocado. Pero ya no me sirve ese consuelo. Esos jodidos perros de escayola se siguen moviendo.

Supongo que se quieren mucho, y tienden a acercarse los unos a los otros. Hoy me he encontrado a dos de ellos que estaban en contacto, y los otros dos casi que también. Yo no los he tocado, de eso estoy seguro, y nadie más ha estado en mi casa en muchos días, al menos que yo sepa.

Tal vez este hecho insólito esté relacionado con otro no menos misterioso que vengo observando desde hace meses: un tablero de ajedrez que mueve fichas por sí mismo. Es una tabla de cristal, con las piezas también de cristal, que tengo en el salón. La primera vez que noté algo fue por un simple peón blanco, que valientemente había avanzado un par de escaques. Lo devolví a su posición de partida y no pensé más en ello, suponiendo, una vez más, que alguna visita lo habría tocado. Pero no. Días más tarde me encontré a ese mismo peón tumbado, y estoy seguro de que nadie había estado en casa durante ese tiempo. Lo coloqué en su posición correcta y desde entonces no dejo de observar las evoluciones que hacen las piezas. Hay veces que se pasan días sin el más leve movimiento, pero en otras ocasiones me encuentro que un caballo ha saltado, o que un peón se está acercando a las filas enemigas, o que una torre aparece tumbada fuera del tablero. He apreciado que, por alguna razón, la reina negra suele tumbarse. Tal vez sea algo puta.

¿Fenómenos poltergeist en mi casa? No, no lo creo. Es más razonable, aunque igualmente inquietante, pensar que alguien entra cuando yo no estoy. O mientras duermo.

De ser así me parece de perlas que echen sus partiditas de ajedrez en el salón, pero ni puta gracia me hace que se infiltren en mi dormitorio, y menos aún cuando yo estoy ahí, desnudo y despatarrado en la cama. ¿Se imaginan que me despierto una madrugada y me encuentro una vieja deforme cambiando de sitio a los dálmatas? No sé por qué pero las viejas deformes dan más miedo que los viejos deformes. Y si es una cría con el pelo lacio y largo tapándole la cara ya no digamos. Qué acojone, oiga.

No sé qué hacer.

Tan preocupado estoy, y tan asustado, que me planteo llamar a mi idolatrado magufo favorito, el ínclito Íker Jiménez.

Que Dios nos asista. Amén.

Mi primera hostia

(Publicado originalmente en Spaces el 7 de Julio de 2006).

A ustedes les importará un carajo, pero para mí fue importante, y me enseñó mucho. Seguramente aquella primera hostia me ha librado de recibir otras muchas con peor mala leche. Hablo, por supuesto, de la primera hostia que recibí con ganas de hacer daño, la primera hostia homicida, la primera hostia que me quiso sacar del planeta. Antes había recibido alguna que otra de mi padre, pero ésas no cuentan, y también muchas de mi madre, pero ésas cuentan menos todavía. Yo les quiero hablar de mi primera hostia de verdad, de la primera que no fue por corregirme o por castigarme, de la primera que me dieron con instinto asesino. Aquello sí que fue un hostión como dios manda, y con mucha emanación de sangre. Una hostia como mandan los cánones y las buenas costumbres, que diría Cela.

Sería allá por el 89, y me la dio Pepe Dormal León, en una playa de Águilas y a la vista de unos cuantos mirones. Pepe era uno o dos años mayor que yo, y a todos nos asombraba ver su torso desnudo, que él exhibía constantemente. Pepe era uno de esos tipos musculosos y agresivos. Yo lo admiraba y envidiaba secretamente por su aspecto físico. Y además éramos más o menos amigos, pues formábamos parte del mismo clan de fracasados escolares. Y un mal día, Pepe me dio la más fuerte e instructiva hostia de mi vida.

Fue, cómo no, por cierto asunto de mujeres. De todos es sabido que los mayores palos en la vida de un hombre los dan las mujeres, ya sea directa o, como en este caso, indirectamente.

Pues ahí lo tuve, aquella fatídica tarde de otoño en una playa de Águilas, luciendo musculoso pecho ante mí... y salió el temita que ambos teníamos pendiente, y con él surgieron las ganas de darnos de hostias. Y nos las dimos, vaya que si nos las dimos.

Él me provocó, pensando, supongo, que yo no me atrevería a tocar al forzudo del colegio. Y se equivocó. Mi puñetazo le partió los labios. Nada del otro mundo, pero eso, para el asesino del cole, era una terrible ofensa, además recuerden que había testigos...

Cuando se tocó la boca y puso ante sus ojos esos dedos manchados con su sangre cambiaron algunas cosas. Cambió su mirada. Cambió el concepto que tenía de autocomplaciente seguridad. Y dejó de mirarme como el gato que mira a un ratón. Me miró (no podré olvidarlo) como cualquiera miraría a una cucaracha molesta e insistente cuando tenemos el bote de Cucal en la mano y estamos dispuestos a hacerla desaparecer, sin más dilación.

Pocas veces en mi vida he tenido tanto miedo. Sabía que todo estaba perdido, y que mi castigo por desafiar al forzudo sería atroz, pero también sabía que tenía que asumirlo. Empecé a recular, esperando la inevitable hostia, hasta que la recibí. Di unos cuantos pasos intentando mantener el equilibrio y llegó un momento en que me caí de culo. Comprobé que mi nariz chorreaba sangre, y comprobé también que seguía vivo, y aunque entonces no podía entenderlo algo en mí me hizo sospechar que diecisiete años después escribiría sobre esto. Y tal vez sólo por eso mereció la pena.

El caso es que me enseñó mucho mi amigo Dormal. Me enseñó que recibir hostias no es agradable, pero aún me enseñó algo más importante: darlas tampoco gusta, por muy recomendable que pueda ser en según qué circunstancias.

Y ya para concluir, como homenaje a esos forofos de las historias con final feliz, contaré un par de cosas:

Si hoy en día Pepe Dormal y yo nos encontramos, nos daremos un abrazo fruto de la mutua admiración, lo sé porque ya ha ocurrido. Y lo más importante; aquella chica por la que nos partimos la cara acabó siendo mi novia durante más de diez años.



Me tocáis el nuflo

(Texto importado de Spaces, y publicado originalmente el 06-07-06).

Los que me machacáis en las colas, pretendiendo violarme, y hasta sin pretenderlo, me tocáis la polla.

Los futboleros que me gritáis en la oreja narrando vuestros partidos, me tocáis la polla.

Los periodistas que de nada saben y de todo escriben, me tocáis la polla.

Los deficientes que conducen su coche como si fuera una discoteca ambulante, me tocáis la polla.

Los subnormales que me recomiendan "El código da Vinci" como si fuera un buen libro, me tocáis la polla.

Los iletrados que me dicen que "El alquimista " es una buena novela, me tocáis la polla.

Los que me dejan en el buzón papeles largos llenos de cosas que no leeré, me tocáis la polla.

Los que hoy opináis A y mañana B en función de intereses económicos, me tocáis la polla.

Los que no entendéis a los gatos, ni queréis conocerlos, me tocáis la polla.

Y me tocáis la polla unos cuantos más, pero no me sale de los cojones seguir hablando, que estoy que ardo. Por cierto, este vómito se iba a llamar "Me tocáis la polla", pero los gilipollas de MSN han considerado que la palabra "polla" no era adecuada para el título, así que uso "nuflo", y así a los muy capullos los pillo por sorpresa. Pardillos...


Un anuncio indecente

(Publicado en Spaces el 6 de Julio de 2006).

Busco mujer para experiencia celestial.

Aclaro que no es un negocio; ciertas cosas se han de hacer por placer o por amor, no por dinero.

Pido que sea esbelta y salvaje, que tenga el pelo largo y que sea inteligente. Y que sea joven, mentalmente al menos. Y libre en el más amplio sentido de la palabra.

Sólo la quiero para tres minutos y cincuenta y cinco segundos, aunque si nos gusta la experiencia la podemos repetir las veces que creamos oportunas.

Ofrezco lo siguiente: Un polvo bestial mientras suena a toda leche "End of all hope", de Nightwish. ¿Qué más se puede pedir?

Se equivocaba, inolvidable Teniente Cerdán. No es con el Bolero de Ravel sonando de fondo con lo que se echa el polvo de nuestras vidas; es con "End of all hope", de Nightwish, destrozándonos los tímpanos y exaltando la pasión.

Gracias miles, Emperatriz de Belsan, por el mundo que me descubres.