Un blog escrito bajo severas dosis de etanol.

viernes, 30 de julio de 2010

Linda habanera podrida

Qué bien suena...


...y qué mal huele:


Soy balear y alicantino


Soy canario y valenciano


Soy la fuerza catalana


Soy de la huerta murciana


Yo soy vasco y soy de Asturias


Soy…


Soy de España y soy de sol


Soy de mar y soy de tierra


Soy la octava maravilla


que puso Dios sobre la tierra


Soy de España y soy de sol


Soy de mar y soy de tierra


Soy la octava maravilla


que puso Dios sobre la tierra


Soy el alma de Castilla


de Navarra y de Aragón


Soy la sal de Andalucía


Soy gallego y de León


Soy la recia Extremadura


Soy…

domingo, 25 de julio de 2010

El chiste del año


Jo jo jo... Me parto el orto con las ocurrencias que tiene la basca. Yo es que me troncho, de verdad. Tal mezcla de humor y real sabiduría me provoca unos ataques de risa que no pueden ser ni buenos, oye. Es una risa puñetera, así como atravesada y canalla, pero risa al fin y al cabo.

Y es que, ya puestos a que se rían de este menda, prefiero empezar por hacerlo yo.

¿Cómo no se nos ocurrió antes esta definitiva solución?
.

sábado, 24 de julio de 2010

¡Confesad, malditos!


A ver, cuidadito con sacar conclusiones simplonas de lo que viene a continuación, ¿vale?, que yo no estoy majareta ni nada de eso:

Un amigo -hola, tú, se te saluda- me contaba hace años que cuando iba por la calle, al cruzarse con desconocidos le resultaba inevitable imaginar que les reventaba la cabeza con una escopeta. Otra amiga (quien por cierto murió en extrañas circunstancias no hace mucho, mientras estaba embarazada) no ocultaba su fijación por fantasear con atracar el banco cada vez que se veía en una oficina bancaria, y no era por el dinero, sino por el gustazo de sacar una pistola y someter a toda aquella gente, ya fueran empleados o clientes.

Pues a mí, desde hace algunos años me pasa algo parecido. Cada vez que veo un grupo de gente más o menos numeroso lo primero que pienso es en lanzar una granada en medio del grupo. Si se trata de una muchedumbre, como en una manifestación o algo así, ya no pienso en arrojar una granada porque se quedaría algo escasa para mi gusto, y entonces imagino cargas de abundante explosivo. No sé, unos diez kilos de PG-2 por cada mil congregados o cosa así. Me imagino el efecto y hago conjeturas macabras: tantos muertos (vaya desde aquí mi pésame a los deudos); tantos mutilados (angelicos míos, desgraciaos pa to la vida) ; tantos heridos graves (esperemos que no les queden secuelas incapacitantes) ; tantos leves
(les deseo sinceramente una rápida recuperación); tantos ilesos (cabrones afortunados)...

Esto, y lo digo en serio, nada tiene que ver con mi misantropía; de hecho incluso cuando me siento en paz con el mundo, en armonía con el cosmos, en comunión con la humanidad y en pollas en vinagre, sigo fantaseando con volar a gente, con escachar personas y con descuartizar seres humanos.

Ahora, por si alguien lo duda, debo aclarar que yo no deseo hacer una cosa así; simplemente no puedo eludir esas imágenes de cuerpos desmembrados en mi cabeza de chorlito cada vez que veo a gente reunida. A lo mejor es por eso que no me siento cómodo en las aglomeraciones.

Sospecho que todos tenemos ideas más o menos psicópatas,
al igual que mi amigo el reventador de cabezas o que mi difunta amiga la atracadora de bancos, pero pido confirmación (o refutación, so aguafiestas): ¿Os pasa a vosotros algo así? ¿Me contaríais vuestras perturbadoras ensoñaciones mediante los comentarios?

Gracias muchas.

viernes, 23 de julio de 2010

¿Y a usted qué tal?


Ya sabrá el lector habitual que recientemente me he quejado varias veces de esa costumbre de hablarme de usted que de un tiempo a esta parte noto en los comentarios. Me toca los perendengues que gente con la que tengo mucha confianza, o gente con la que me gustaría tenerla, se dirija a mí como si yo fuera un señor mayor o un académico venido a menos. Todo eso me suena a cachondeo, y como soy muy sensible y susceptible pues me encabrono, claro.

Sin embargo mi disgusto no debe entenderse como una oposición al empleo del usted. Lo que pasa es que me incomoda ver ese tratamiento entre comentarios donde para mí prima el desenfado y el humor. Dicho esto quiero aclarar que en mi vida extrablogosférica me tomo muy en serio la educación y soy generoso en el empleo del usted, hasta el punto de llegar a ser inoportuno como demuestra la siguiente anécdota tan real como que mi gato se llama Gusifluky:

Allá por el año 1996 yo estaba destinado en un lugar de características inusuales donde los militares profesionales éramos bichos raros, de hecho yo era el único cabo profesional. Por profesión y jerarquía me sentía más cercano a los cabos primeros que a cualquier otro militar, pero eso no me hacía olvidar que los cabos primeros eran mis superiores jerárquicos, y aunque ellos me daban toda la confianza del mundo mi sentido de la autoridad me impedía tutearlos o llamarlos por sus nombres; para mí todos se llamaban "mi primero", por mucha confianza que tuviéramos y por más que ellos se quejaran.

Estando así las cosas una noche me fui de putas con cierto cabo primero (por entonces yo era un impenitente putero, circunstancia de la que hoy abomino), y tras escoger mi jefe inmediato una lumi de su gusto y yo otra del mío llegó el momento de irnos a fornicar a las habitaciones que para tal menester están. Pero -oh, infausta suerte- aquella fatídica noche todas las habitaciones estaban ocupadas salvo una con dos camas. A mi pesar acabamos allí el cuarteto de meretrices y milicos. Cero intimidad; cien confianza.

Luego, en la plenitud de la actividad percutiva, mi querido compañero y jefe tuvo la ocurrencia de preguntarme qué tal me iba, ¡como si no lo estuviera viendo! Y yo, muy disciplinadamente, le respondí sin detener la percusión:

-¡Muy bien, mi primero! ¿Y a usted qué tal?

Sabiendo esto se entenderá que acepte el usted sin que ese tratamiento excluya la confianza, la intimidad, el compadreo incluso. Claro que lo acepto, pero no me gusta en los comentarios de este blog.

A lo mejor, después de todo, lo que pasa es que yo quisiera tratar de usted solo a aquellos con los que me he follado a putas en la misma habitación. Ellos son "ustedes"; los demás son "vosotros".

Cuando me llamé Elisa




Hace unos diez años conocí a una pianista. No sé qué idea tendrán ustedes de las pianistas, pero la que yo conocí era guapa, esbelta, con larguísimas piernas de mujer atlética y el pelo rapado casi al cero. Era una pianista que se estaba formando para ser soldado y de la que dejé de saber cuando ya como soldado profesional se fue destinada ni más ni menos que a Regulares. "A mis padres les hacía mucha ilusión que yo fuera pianista, y la verdad es que me gusta la música y disfruto tocando el piano, pero lo que a mí me va es la vida militar", me confesó aquella chica durante una noche de copas, sin saber todavía lo que realmente es la vida militar. Yo le dije que la música de piano no estaba entre mis favoritas, salvo, claro está, el Para Elisa de Beethoven.

Poco después me invitó ilusionadísima a recibir un pequeño concierto personal: "¡Este sábado por la noche no están mis padres y queda usted invitado a escuchar su apreciado
Para Elisa interpretado en vivo por una pianista novel!". Este cabeza de chorlito podrá serlo cuanto ustedes quieran, pero no tanto como para rechazar esa apetitosa oferta.

Llegó la noche del sábado y mi amiga la pianista me recibió muy formalmente. Parecía otra, tan estirada y cursimente ataviada con aquel vestido negro y largo como de concertista famosa, y tocó solo para mis oídos
Para Elisa, y yo me sentí muy grande y eché de menos un frac que haberme puesto para la ocasión.

¡Puaj! A partir del segundo párrafo todo es mentira. En verdad la muy cabrona no tecleó en el piano nada para mí.

Eso sí, es de justicia reconocer que la muy cachonda follaba como una diosa.

¡Pues no, también eso es falso! Coño, lo único verídico de esta entrada es el primer párrafo. ¿Pero y lo bien que me lo he pasado escribiendo todos los demás?


martes, 13 de julio de 2010

Autocontrol




Hoy paso otro de esos ratos tan frecuentes en mi vida en los que, por decirlo de un modo suave, no me apenaría nada saber que el universo se va a ir al carajo dentro de una hora. Hasta me alegraría saber que tal cosa va a pasar, oye. Como no me gusta ir contándole mis penas a nadie, porque imagino que cada cual tiene bastante con las suyas y me parece una descortesía inexcusable ir por la vida cargando a los demás con mis miserias (ojalá todo el mundo fuera tan considerado), lo que yo hago en tales momentos es sentarme frente al teclado y escribir, escribir y escribir. Me pongo los auriculares, busco algo de música -hoy toca Loreena McKennitt-, y cigarrillo tras cigarrillo y cerveza tras cerveza pulso teclas con el índice de la diestra y el dedo medio de la siniestra.

Muchos de los escritos que vomito en el estado misantrópico en el que ahora me encuentro nunca llego a publicarlos; otros se publican en un impulso y quizá sean eliminados tras unas horas de vérselas con un par de lectores escandalizados (o complacidos, que de todo hay). En otras muchas ocasiones acabo escribiendo breves cuentos salpicados de ácido humor negro que no se pueden escribir en papel porque la celulosa se disuelve ante tanta acidez. Y hay veces que publico provocadoras entradas con el único fin de indignar a alguien, como si eso me sirviera para sobrellevar mejor mi rabia, mi desprecio... o mi miedo.

O puede que me dé, cuando me siento como ahora, por dejar demoledores comentarios en otros sitios desechando toda empatía hacia el autor del blog. Ya he perdido la cuenta de las bitácoras que han desaparecido de la Red tras un flamígero comentario mío, y no lo digo con orgullo, pues si bien algunos de esos blogs eran basura no menos cierto es que sus autores debían de ser personas en extremo sensibles para cargarse la ilusión de meses o años por un párrafo de este cabeza de chorlito. La verdad es que lo lamento, pero sería un hipócrita si pidiera perdón, porque sé que volveré a hacerlo, y porque pienso que cuando uno expone sus textos al público debe tener huevos para apechugar con lo que le venga.

Pero hoy me preguntaba si sería capaz, estando tan encabronado, de vencer el asco y el desprecio que me provoca la humanidad y escribir por una puñetera vez algo que no sea perverso, cruel, cínico. Todo un reto emocional. Autocontrol, Leo, autocontrol. Podemos hacerlo. Cierto es que nada nos impide desahogarnos como mejor nos parezca, y para eso creamos este terapéutico blog; pero intentemos el ejercicio intelectual -¿o emocional?- de ir más allá. Adelante:

Me gustan mucho los cambios que recientemente he provocado en mi existencia. He ganado mucho en calidad de vida, pero sobre todo me alegra comprender que realmente lo he hecho por mis padres. Se lo merecen, joder. Me preocupaba que se preocuparan por mí.

Me gusta llamar a mis padres por el placer de escucharlos y saber que están bien; se acabó eso de pasarme dos meses sin oírlos, negándome a atender sus llamadas por miedo a lo que puedan contarme o por miedo a lo que pueda contarles.

Me pareció sorprendente pero me gustó mucho escuchar a mi madre nerviosa y muy interesada el domingo por la inminente final del Mundial de fútbol. Fue gracioso.

Me encanta darle un sorpresivo beso a los pocos compañeros que quiero -y que sé que me quieren- y observar disimuladamente y como sin darle importancia sus reacciones. Sí, ya sé que suena a mariconada y tal, pero es un experimento muy útil para conocer a las personas según cómo actúen en ese trance.

Disfruto hablando con una compañera que, sin ser mi tipo sexual, me inspira un enorme cariño y me infunde ganas de abrazarla constantemente.

Me gusta ver reír a mi jefe directo, aunque raramente sea yo quien le provoque la risa.

Me ha encantado que hoy, mientras veía la película
Malditos bastardos, mi inquieto gato haya pasado diez minutos dormitando y ronroneando sobre mi regazo (es muy raro que él pase tanto tiempo pegado a mí).

Me gusta levantarme por la mañana y encontrarme a Gusifluky medio dormido en el lavabo, y me gusta verlo salir de ahí y desperezarse cuando abro el grifo para lavarme la cara, y más aún me gusta verlo jugar con los cordones de las botas mientras intento anudarlos a pesar de sus ataques.

Me alegran las sonrisas de esa camarera desde la terraza de enfrente mientras bebo un gin-tonic en la competencia. Y me alegra que esté embarazada.

Me gusta salir a cenar con el gordo cabrón, charlar con él y saber que queda gente buena. (El gordo cabrón es un ex legionario que no tiene nada que ver con los tópicos legionarios).

Me divierte ofrecerle "morcilla" a la puta pelirroja cuando me la encuentro corriendo por Camposoto y que ella sonría. (La puta pelirroja es un ex boina verde que... bueno, sí tiene algo que ver con los tópicos sobre Operaciones Especiales).

Me alegra el reconocimiento a mi honradez que supone que los camareros del Hogar del Soldado, cuando he pedido un café y descubro que no llevo dinero encima, me digan: "Kowalski, contigo no hay problema; tú lo que quieras".

Empiezo bien el día cuando puedo darle una latita de comida para gatos a una gata que ronda todas las mañanas por la zona donde mi querido Miguelito me recoge para ir al trabajo (ssshhh, que no se entere de esto Gusifluky).

Vale. Habría más que decir (muuuucho más), pero ya me he demostrado a mí mismo que aun estando muy encabronado puedo vencer la tentación de ser destructivo.

Y mientras tanto el universo no se ha ido al garete. Lástima, otra vez será.

domingo, 11 de julio de 2010

NÚMERO OCULTO (IV)


(Viene de
aquí).

Podría haber sido peor; podría haber interpretado el papel de perra en celo para sonsacarle alguna pista al tipo misterioso del número oculto -"Hola, cariño, me pillas calentísima y estoy tocándome esto tan húmedo que tengo entre los muslos. Háblame de ti, cielo, dame detalles para sentirte cerca, muy cerca"- y que su interlocutor resultara ser su madre en lugar del hijoputa anónimo.

Solo de pensar en esa posibilidad se le ponían los pelos de punta. María Dolores Cospedal, la madre de Lola García, también fue administrativa en Mucangrios Ibéricos, aunque para cuando Lola entró en la empresa ya hacía mucho que su madre estaba retirada. Doña María Dolores fue una eficiente empleada de MUCANGRIBER S. A., y como eran otros tiempos, además del papeleo inherente a su puesto de administrativa tenía que ayudar en la alimentación y desparasitación de los mucangrios, que como todo el mundo sabe comen como limas sordas y son propensos a las infestaciones de lombrices, piojos, ladillas, pulgas, garrapatas y -¡vade retro!- los temibles langostinos epidérmicos. Por eso la pobre mujer se volvió medio loca, convirtiéndose en pensionista de salud delicada desde los 35 años (¡el sueño de todo gaditano!), de modo que Lola podría haberla matado del disgusto si la hubiera confundido con el anónimo llamante.

Afortunadamente no había sido doña María Dolores la víctima del exabrupto telefónico de Lolita, pero al pensar en su madre Lola se acordó de que hacía casi dos semanas que no hablaban, y con la firme intención de visitarla ese mismo día al salir del trabajo llegó a la granja y le dio el café a María.

-Lola, este café está frío- dijo su compañera sin dar las gracias.

-Más frío está tu coño y tu marido no se queja- respondió Lolita, que era así de simpática a veces.

A continuación Lola se metió entre pecho y espalda una dosis doble de Quitalorzas, y un cuarto de hora más tarde se estaba cagando como una abubilla. El resto de la jornada laboral lo pasó casi todo sentada; sentada en el váter en lugar de hacerlo frente a su escritorio.

Serían las doce y media cuando su teléfono volvió a sonar. Atendió la llamada sin levantarse del trono de los truenos y los truños:

-¿Sí?

-¿María Dolores García, de Mucangrios Ibéricos?- era la voz de antes, la del hombre al que había puesto como hoja de perejil por error.

-Sí, sí, soy yo. Dígame.

-La llamé hace rato, señorita, pero ocurrió algo muy raro...

-¿De verdad? Pues no lo entiendo. Ah, bueno, es que una compañera de trabajo tenía mi teléfono, y ella es muy bromista, ¿sabe usted? Bah, ya me imagino que habrá hecho alguna de las suyas. Jo, es tan graciosa...- mintió desvergonzadamente Lolita.

-Pues a mí no me hizo ninguna gracia, y sepa usted que la voz de su amiga se parece sospechosamente a la suya.

-Sí, todo el mundo nos lo dice, "uy, chicas, qué voces tan superidénticas tenéis", pero ella está más gorda que yo, eh, se lo aseguro.

-Vamos a ver, señorita, a mí me importa un bledo lo gorda o flaca que esté usted. Soy el inspector Bellino Ventolera y la emplazo a presentarse en la comisaría de la Policía Nacional a la mayor brevedad posible. Tenemos que hablar.

-Pero es que yo esta tarde pensaba... -empieza a decir Lola cuando el Quitalorzas se manifiesta de nuevo:

Prrrrfff... POM POM... Prrrffffuussssssss... PLAF... Ñlafsss... ¡PUMBA!

-¿Qué está pasando ahí? ¡Ahora mismo mando a los GEOS!- grita alarmado el inspector Bellino.

-Que no, hombre, que no. Es que estoy con un tratamiento para adelgazar, ¿sabe usted?, y eso, que me ha pillado haciendo de vientre.

-¡Oh, dios, otra con el Quitalorzas! -dice solidariamente el inspector-. Mi mujer lo lleva probando desde hace dos meses, y no solo no ha perdido una arroba, sino que además ahora altera a los niños con sonoras cagaleras pedorreicas a cualquier hora. Histeriquitos perdidos me los tiene, oiga. Pero dígame, me hablaba usted de sus planes para esta tarde...

-Ah, sí. Pues eso, que yo esta tarde quería ir a visitar a mi madre.

-La comprendo, señorita García: madre no hay más que una y a ti te encontré en un burdel, como suele decirse. Vaya usted a visitar a su señora madre y mañana me viene a ver sin falta. Ah, y se me trae pañales, que igual la cosa va para largo.

-¿Me puede contar de qué se trata, señor inspector? -pregunta Lola entre preocupada, curiosa y cagarreica.

-No, no puedo. Mañana por la tarde la espero en comisaría. Adiós.

Presa de inquietud -que siempre será mejor que estar presa en un gulag o en una mazmorra de la inquisición- la escuálida Lola García se persona en casa de su madre a las seis de la tarde. Hablan mucho sin decir nada interesante, como la mayoría de las mujeres. Básicamente doña María Dolores se queja de lo flaca que ve a su hija, y esta le responde que aún le sobran muchos kilos para estar perfecta. Después de eso se ponen a hablar de una furcia llamada Belén Esteban, y en ello están cuando el teléfono móvil de Lola vuelve a sonar. La pantalla anuncia un número oculto y Lola decide no contestar, hasta que cambia de intención a la cuarta llamada:

-Hola, Lola -saluda la misteriosa voz masculina una vez más-. ¿Lo estás pasando bien con mami, cielo? Seguro que sí. Tienes aspecto de ser una buena hija, una buena y gordinflona hija.

(CONTINUARÁ AQUÍ)

viernes, 9 de julio de 2010

No estarás sola

Querida antifutbolera:

Imagino lo que sientes cada vez que el imbécil de tu marido, novio, follamigo o lo que sea, se olvida de tu existencia entregándose fanáticamente a la contemplación de uno de esos odiosos partidos mundialeros.

Sé lo sola que te sientes y cuánto anhelas que alguien se acuerde de que tú eres más importante que un gol. Para mí desde luego que lo eres, aunque aún no te conozca. Créeme, no estás sola; a mí tampoco me gusta el fútbol (lo odio en realidad).

Como quizá sepas el domingo, a las 20´30 (hora de aquí), se juega entre las selecciones española y holandesa la final del Mundial de Fútbol. He pensado que sería una magnífica oportunidad para conocernos tú y yo. Por mi parte no tengo ningún compromiso, y en cuanto a ti no creo que nadie se pregunte dónde estarás.

Podrías venir a mi casa y chuparme la polla. Incluso si te portas bien consentiré que te tragues mi valioso semen.

No debes preocuparte por coincidir en mi hogar con otras tragasables; confío en que sabríamos organizarnos y no será difícil encontrar la manera de que todas recibáis lo que merecéis.

Piénsalo y si te decides escríbeme a cualquiera de mis direcciones de correo electrónico cuanto antes (las encontrarás en mi perfil). Te ruego, eso sí, que te abstengas de hacerlo si no eres aceptablemente guapa.

Gracias por tu atención, y recuerda que cuentas conmigo el domingo. Porque tú lo vales, cacho puta.

Besitos.

lunes, 28 de junio de 2010

Yo le daba lo que se merece a la amiga Tarjita

La pava está buena y además canta que te cagas. Hace mucho dije por aquí que me gustaría usar una de sus canciones como fondo sonoro mientras echo un polvo salvaje. La muy zorra incita a eso con la voz salida del infierno que tiene.

Luego supe que la puerca iba de diva por la vida... Un momento, ocurrencia al canto :

Aquella mísera golfa iba

feliz creyéndose una diva

siendo solo una fácil zorra

satisfecha con su pública vida

sin aún descubrir mi porra.

(Ya me quedao en la gloria). Decíales que esta puerca llamada Tarja Turunen me parecía una artista hasta que descubrí que no era más que un engreído putón. Pero no vayan ustedes a pensar que su amigo Leónidas es un infecto machista que desprecia a los zorrones; no, nada de eso.

A mí, la verdad, me gustan mucho las guarras, y si además cantan con esa pasión y esa mala hostia que pone en el escenario la ramera de la Turunen yo no puedo hacer otra cosa que desearla con toda mi alma, y más concretamente con toda mi polla. Maldita sea mi estampa, admiren a ese súcubo entre el minuto 1´24 y el minuto 2´30 en este vídeo de su último concierto; fíjense en esa cara de muñeca de porcelana que está pidiendo ser rota a hostia limpia:



¿No es para matar a besos a esa mala pécora? ¿No es para desear abrazarla hasta romperle las costillas? Ay, pequeña Tarja, no se puede ser tan grande.

Me gustaría follarte, diabólica Turunen, y me gustaría hacértelo salvajemente, a cuatro patas, mientras tú cantas End of all hope. Quisiera provocarte orgasmos que tú expresarías gritando como si cantaras ópera una vez más.

Luego, tras haber descargado la esencia de mis cojones en tu interior, extraería mi polla semiflácida de tu coño e iría en busca de la barra de una cortina o algo así, y te golpearía con ella en la cabeza hasta que Gusifluky huyera despavorido y solo volviera cuando el aroma de tu sangre venciera su miedo. Entonces mi querido gato lamería los sanguinolentos pegotes de cerebro que habrían salpicado las puertas de los armarios empotrados. ¡A ver cómo ibas a cantar entonces, pedazo de zorra!

(Jódete, Soldadito, jódete una y mil veces).

sábado, 26 de junio de 2010

Recomendando lecturas veraniegas


Llegan las vacaciones estivales y con ellas aumenta el número de lectores, porque todos sabemos que leer es una actividad pecaminosa apta solo para el verano, que es cuando se relajan las formas y a los hombres les da por ir mostrando sus piernas peludas y a las mujeres por usar prendas que dejen ver los antiestéticos tatuajes y los anafrodisiacos michelines. Es por eso que veo en el día de hoy un buen momento para recomendar lecturas, y como soy una buena persona generosa y altruista, presta siempre a hacer un favor a mis semejantes, ahí voy:

Empezaré recomendando una novela que me ha impresionado recientemente: Matar un ruiseñor, de Harper Lee. Compré ese libro sin saber que Lee es una mujer, porque tengo la norma de no leer nada escrito por mujeres (aunque ya me hicieron dudar de esa norma al descubrirme a Patricia Highsmith). Tras leer Matar un ruiseñor tengo que quitarme el sombrero ante doña Harper y volver a replantearme mi misoginia literaria. Qué gran novela, pardiez. De mayor quiero ser como Atticus Finch, y si tengo alguna vez una hija quiero que sea como la divina Jean Louise Scout; menudo par de adorables personajes. Además la historia tiene su moralina y todo eso. Ya que usted pierde el tiempo leyendo este mísero blog me veo con la autoridad necesaria para exigirle que lea la única novela que publicó Harper Lee. Me lo agradecerá, estoy seguro de ello. Mientras tanto es casi delictivo que usted lea estas mierdas mías habiendo a su alcance una novela como la de doña Harper.

La siguiente recomendación es sobre la apasionante antropología: Vacas, cerdos, guerras y brujas, de Marvin Harris. Un libro muy instructivo y fácil de leer para todos aunque no tengamos formación científica. Políticamente incorrecto en algunos fragmentos (que a mi juicio son los mejores) y seriamente científico, porque Harris tiene claro que ciencia y correctismo político no pueden hermanarse. Aunque la antropología es una de esas ciencias en las que las hipótesis no son fácilmente demostrables Harris derrocha en argumentos y datos para lograr convencer al lector. Si le interesa a usted comprender las acciones humanas no debe perderse este libro.

Y finalmente voy a recomendar otra lectura que va con premio: El espejismo de Dios, de Richard Dawkins. No diré más que si este ensayo se estudiara en las escuelas el mundo marcharía mucho mejor. Respecto al premio que he mencionado se trata de lo siguiente:

En mi perfil hay una dirección de correo electrónico. Pues bien, los tres primeros lectores que me escriban ahí comunicándome su nombre y dirección postal recibirán un ejemplar de El espejismo de Dios en unos días como cortesía de mi gato Gusifluky, que es quien paga los libros y quien ha tenido la idea de regalarlos.

Ya es momento de dar novedades



Hace mucho amenacé con hablar de mi hijo constantemente. Creo que he cumplido mi amenaza, hasta el
punto de buscar para Gusifluky papeles secundarios en algún que otro cuento simplemente por nombrarlo.

Aquella primera entrada en la que presentaba a mi hijito terminaba con estas palabras: "Estoy deseando verlo crecer, contarle cuentos, enseñarle a leer, transmitirle sólidos valores morales, en fin, ay, esas cosas".

Esta madrugada, mientras la rabia se me está comiendo empezando por algún sitio desde dentro de mí, y estando bajo la necesidad de pulsar teclas voy a hablar de mi gato otra vez, porque es un recurso excelente para evitar escupir mierda sobre el mundo, o sobre esa pequeña parte del mundo que me
puede castigar por decir verdades como puños. Cobarde como soy no hablaré de lo que el cuerpo me pide, o tal vez sea que ya estoy harto de repetirme.

Hablemos de Gusifluky, que es de lo único que puedo escribir sin que la mierda salpique demasiado:

Lo he visto crecer hasta donde sus genes se lo permitieron. Es un gatazo grandote sin llegar a ser excepcional. Simplemente es grande y sano. Las personas no suelen conformarse con eso, pero a Gusi le basta y le sobra.


Le he contado muchos cuentos. Algunos de los cuentos que publiqué en este blog fueron sometidos a su criterio antes de publicarse, porque la opinión de un gato debe tenerse en cuenta siempre. Las personas discrepan habitualmente en sus gustos, pero si un gato te dice que algo le gusta lo mejor es hacerle caso, y no pasa nada si se equivoca, porque él no porfiará dándoselas de listo y acusando a los demás de estar equivocados.

Intenté que Gusifluky aprendiera a leer. Abandoné ese propósito cuando descubrí que él ya sabía leer, virtud que en cambio no he hallado en la mayoría de las personas entre las que me muevo día a día.

Eduqué al pequeño Gusifluky en un respeto incorruptible por los valores morales humanistas, sin embargo nunca logré qu
e dejara de abrir la nevera y estrellara los huevos frescos sobre el suelo de la cocina, ni logré que dejara de extraer las colillas de los ceniceros y las esparciera por todo el piso. Parece ser que hay aficiones que están más allá de la educación.



Hoy, en esta madrugada en la que querría morder y hacer mucho daño a todo lo que se me pusiera por delante, me estoy esforzando por no salir de casa y por pensar en la siempre relajante compañía de Gusi.

Si Gusifluky no existiera me lo tendría que inventar. Yo no podría vivir a solas conmigo.

jueves, 24 de junio de 2010

Si Mr. Harrison está a dos kilómetros y medio de ti... ¡lo tienes demasiado cerca!


Me lo contaba esta tarde mi compañero Gaspar, el hombre que más sabe sobre armas ligeras en el mundo, con ese entusiasmo que lo caracteriza al hablar de su especialidad. Y yo ahora se lo quiero contar a ustedes. Ya sabe el lector habitual que me estoy volviendo tan pacifista que doy penita, pero eso no me impide apreciar las cualidades de un buen soldado. Permítanme por tanto hablarles del cabo británico Craig Harrison, a quien no tengo el gusto de conocer pero que me honraría estrechándome la mano, y quien por lo que a mí respecta tiene pagadas dos cervezas en San Fernando.


Sucede que en noviembre de 2009 este súbdito de Su Graciosa Majestad entró en la Historia de los prodigios militares al mandar a percutir huríes a dos de esos tíos de turbante que hacen de malos en la película de la guerra de Afganistán. Matar a dos talibanes no es cosa nueva, desde luego. Lo que es único es que lo hiciera armado con un fusil y... ¡a 2´47 kilómetros!


La herramienta del cabo Harrison

Intento imaginarme la situación:

Es una mañana luminosa, sin bruma y sin viento, ideal para la misión de Harrison. Rahim y Hamid, a cargo de una ametralladora PKM, permanecen atentos a cualquier movimiento dentro de su campo de visión. Están tranquilos porque desde donde se han apostado pueden observar a largas distancias y no ven nada sospechoso que los inquiete. No pueden saber que a dos kilómetros y medio de allí dos profesionales tumbados en el suelo -francotirador y observador- hacen las últimas mediciones de distancia, presión atmosférica, y velocidad y dirección del viento. El tirador, un tal Harrison, introduce los ajustes necesarios en la herramienta de precisión que usa para hacer su trabajo. Segundos después Rahim cae desplomado sin abrir la boca. Hamid, que no ha visto ni oído nada raro, se pregunta qué le pasa a su colega. Ve sangre y empieza a sospechar lo que ocurre, pero no pasa de un principio de sospecha porque inmediatamente también él cae fulminado.

Asombroso. Esto es lo que se dice un trabajo bien hecho, y aunque probablemente Harrison no era consciente de ello, lo cierto es que acababa de superar por unas decenas de metros el récord que hasta entonces ostentaba el cabo canadiense Rob Furlong cuando abatió a un hombre a 2´43 kilómetros.

Me parece también destacable que Furlong usara un rifle de calibre .50 Browning (12´7 mm.), concretamente un McMillan Bros TAC-50, mientras que Harrison empleó un Accuracy L115A3 de calibre .338 Lapua Magnum (8´6 mm.), con un alcance eficaz mucho menor que el otro, lo que aún hace más impresionante la hazaña del último.

Si algún juez dictara una orden de alejamiento contra Mr. Harrison debería tener en cuenta todo esto para que la distancia de alejamiento sea en cualquier caso mayor de dos kilómetros y medio. Qué crack este hombre, joder, qué crack.

Quien tenga la suerte que yo no tengo de saber inglés puede echar un vistazo a los artículos de la Wikipedia que hablan de Harrison y de Furlong, o leer este breve artículo.

martes, 22 de junio de 2010

Con el mal sentido de la palabra les presento a las altas horas incontinentes


En las comunidades de vecinos aparecen con cierta frecuencia avisos anónimos que constituyen por sí mismos casi un género literario. A veces son insultantes, vengativos o ingeniosamente humorísticos, y no es raro descubrir gracias a ellos que tenemos un vecino con dotes satíricas a lo Quevedo. Otras veces, lamentablemente, nos encontramos avisos que mueven a risa por el lenguaje tan ridículamente pretencioso que exhiben, muy común entre personas que teniendo poca cultura quieren simular tener mucha. Uno de estos avisos es el que me encontré ayer en el ascensor de mi bloque, y hoy lo publico con regocijo en exclusiva para los lectores de DCC:



No sé qué me inquieta más, si saber que unas altas horas se andan cagando por mi edificio -¡las muy puercas!- o si descubrir que la palabra defecar tiene un buen y un mal sentido.

¿Conocen ustedes la expresión "tener cosas de bombero retirado"? Pues se da la circunstancia de que el actual presidente de mi comunidad es bombero retirado, en serio. (No quiero decir con esto que el genial autor del aviso sea él, eh, que lo menciono solamente como anécdota oportuna).



sábado, 19 de junio de 2010

Más Harding y menos hard


Ya conocía a Matt Harding, pero el jueves pasado, durante una de las amenas clases de inglés que el Minisdef ha tenido a bien pagarme (aprovecho para dar las gracias a Rosa, Anna, Atkinson padre y Atkinson hijo) volví a encontrarme con ese cachondo de Harding. Y hoy me apetece hablar, muy brevemente, de las emociones que me inspiran sus vídeos.

Pero lo mejor será empezar por ver el que nos pusieron en la academia de inglés:



Me perdonarán el quizás excesivo sentimentalismo, pero cuando veo algo así pienso -y siento- que algunas guerras -no todas lamentablemente- se podrían evitar si el mandatario que va a enfrascarse en una guerra mandando a morir a la gente que representa y ordenándole matar a desconocidos se relajara un poco y viera ese vídeo antes de firmar una orden de consecuencias irreparables.

Yo, que soy un introvertido con serios problemas para relacionarme, sería incapaz de hacer una gansada como las de Harding, pero me siento feliz, y muy agradecido, de que haya gente como él. Habría que ser muy hijoputa para seguir teniendo ganas de bombardear países tras ver un vídeo del amigo Harding.

Pues ya ven ustedes, me estoy volviendo de un pacifismo que doy hasta asquito. El día menos pensado me pongo a hablar de alianzas de civilizaciones, cuelgo el uniforme y me hago jipi. Quién me ha visto y quién me ve.

jueves, 17 de junio de 2010

¡NO SOY ESPAÑOL!


Maldita sea mi estampa. Soy un apátrida, un descastado, un hijo de nadie, un qué sé yo. Algo muy malo en cualquier caso.

En realidad hace mucho tiempo que sospecho de mi falta de arraigo, de filiación, de vergüenza y de todo; pero fue ayer cuando uno de mis respetados camareros constató claramente mi ignominia con una demoledora sentencia: "¡Pues vaya mierda de español que eres tú!", me espetó aquel ciudadano de pro.

Resulta que yo, un instante antes y con insensata imprudencia, cometí la osadía de expresar ante el camarero mi satisfacción por la derrota de la selección española de fútbol ante la selección suiza. Tengo mis motivos prácticos, que no ideológicos ni sentimentales, para alegrarme de esa derrota, pero ahora no vienen al caso. Lo importante es que no soy lo bastante español según el criterio de muchos, como el del camarero que me acusó de ser "una mierda de español".

Puede que sea eso; puede que yo no sea español si ser español significa jalear a deportistas millonarios; puede que para ser español haya que centrarse en el Mundial de Fútbol y olvidarse de los millones de parados, de la insolidaria economía sumergida, y de la desfachatez de tanto cacique local que se cree intocable gracias, en parte, al semianalfabetismo de nuestros chavales, que nadie quiere corregir de una manera definitiva y clara, porque eso supondría el principio del fin del chollo del que gozan tantísimos vividores a cuenta del currito. [Este párrafo es una bazofia harto defectuosa que no puede ser corregida hoy pero quizá lo sea alguna vez].

Reflexiono sobre esto y recuerdo que ante todo soy una persona, y el hecho de ser una persona oficialmente española obedece a un acontecimiento puramente casual. Pero sigo pensando en ello, y tras mucho darle vueltas al asunto llego a la conclusión de que yo no soy un buen español porque a mí me la sopla el fútbol.

Así que acabo comprendiendo que mi camarero favorito tiene razón cuando me acusa de ser un desgraciado antiespañol, porque soy tan imbécil que me interesan los millones de parados más que los millonarios futbolistas. Lo siento.

Luego me pongo a pensar en la desfachatez de tanto cacique local y en el semianalfabetismo de nuestros chavales , y se me quitan las ganas de pulsar una tecla más.

Pero después, antes de despedirme, aclararé algunas cositas:

A) El camarero que me acusó de ser un mal español cobra el paro mientras obtiene un sueldo como camarero sin declarar. Sueldo sin declarar y paro. Y además sigue lo que hace la Selección Española (de fútbol).

B) A estas alturas de la vida y sabiendo lo que sé no es un insulto para mí ser tachado de "mal español". Lo que me toca los huevos es que haya gentuza que basa su "españolidad" en lo que hagan un puñado de futbolistas.

C) ¿Qué tal si me hacéis el favor de moriros todos?

D) No tengo el menor interés en ser declarado "español".

sábado, 12 de junio de 2010

La cerveza moruna


Muchas veces nos juntábamos los tres formando un trío de lo más heterogéneo. Si algo teníamos en común era la profesión, porque ya me dirán en qué otra cosa pueden coincidir un francés llamado Renar, un marroquí llamado Rashid y este soldadito de plomo. Bueno, sí, otra cosa había en común: los tres disfrutábamos por igual contemplando los ojos azules de Azra o los ojos negros de Nela, las camareras más guapas que tropas hayan conocido ya sea en paz o en guerra.

Situémonos: verano del año 2001, Bosnia, Mostar, Base Europa, cantina española. Me refiero a la cantina oficial del SNSE, no confundir con el tugurio clandestino de Ingenieros, que no es lo mismo un soldado de zapadores poniéndote un café que un café servido por una mostarca de bandera.

A mí, francamente, nunca me terminó de gustar Rashid -cabo primero del ejército marroquí, cuarentón, flaco y veterano de vérselas con el Polisario-, porque no me da buena espina la gente que habla sin mirarte a la cara. Quizá sea una cuestión cultural y todo eso; a lo mejor a los marroquíes educados les parece una grosería mirarse a la cara cuando se hablan, pero lo que es a mí me da mucho por el saco que me hablen mirando hacia otro lado y casi en susurros como hacía Rashid, y si además me hablan en francés...

Renar -sargento del equipo de municionamiento gabacho, un caballero extremadamente cortés y un chaval joven como yo lo era entonces- sí que me caía bien. Renar se entendía en francés con Rashid y luego reconvertía las palabras del moro al inglés para que yo las medio entendiera con mi inglés de Murcia (pero de Murcia capital, que no tiene nada que ver con el inglés de esos catetos de pueblos murcianos, eh, no nos vayamos a equivocar).

Por alguna razón Rashid, Renar y este menda acabábamos pasando muchos ratos juntos, intercambiando palabras en varios idiomas y sin enterarnos de nada. Y sin que nos importara un carajo, además. Era absurdamente divertido aquello. Hasta que los milicos marroquíes se me atrevesaron del todo aquella tarde estival del año 2001, frente a los ojos azules de Azra y los ojos negros de Nela.

Allí estábamos Rashid, Renar y yo, con nuestros respectivos vasos de cerveza interponiéndose entre las camareras y nuestras fantasías, cuando Rashid vio a través de la amplia cristalera acercarse a un teniente de su ejército. Se deshizo de la cerveza rápidamente -un buen musulmán no le pega al drinking, y además de ser buen musulmán debe parecerlo más que el vecino, no sea que alguien se lleve un disgusto- y nos pidió con la mirada que le guardáramos el secreto. El teniente marroquí entró, se colocó junto a nosotros, pidió un café -estaría harto del insulso té moruno servido, eso sí, con toda ceremonia y parafernalia- y se entregó a la contemplación de los ojos negros de Nela o de los ojos azules de Azra.

Al cabo de unos minutos Rashid se marchó. El teniente moro lo vio alejarse a través de la cristalera. Cuando el oficial marroquí estimó que su subordinado estaba lo bastante lejos se deshizo del café. Y pidió una cerveza.

Renar y yo nos miramos sonrientes sin decir nada. Luego volvimos a concentrarnos en los ojos azules de Azra o en los ojos negros de Nela. Ellas, que sufrieron en Mostar lo del asedio croata, nos devolvían las miradas sin sonreír. Maldita la gracia que les debía de hacer toda esa hipocresía fanática de los preceptos religiosos.

Nela y Azra saben lo que hay detrás de gestos aparentemente inocuos como la leve hipocresía de Rashid y su teniente. Azra y Nela saben que la religión, combinada con la incultura y con la ambición de gentuza ególatra, puede ser muy peligrosa. Por eso no se ríen.

Y un año después estuve en Tarifa a puntito de liarme a cañonazos con los marinos compatriotas de Rashid -vueltas que da la puta vida-. Pero eso es otra historia
.

jueves, 10 de junio de 2010

"NÚMERO OCULTO" (II)

(Viene de aquí).

Media hora después Lola está en la oficina donde trabaja como administrativa de una importante granja de mucangrios, probablemente la más exitosa granja de mucangrios del mundo. Ya casi se ha olvidado de las llamadas con número oculto, ocupada como está en gestionar facturas, archivar albaranes, hacer fotocopias y coquetear con el gerente. Entonces suena el ridículo tonillo -chini, chini, chini- que escogió para las llamadas entrantes en una noche de alcohol y falta de gusto.

-Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas -empezó de nuevo la misma voz-. Pecado mío, alma mía...

-Oye, ¿vas a leerme toda la puta novela, so cretino? -interrumpió Lola con malas pulgas, con tan malas pulgas que ni una sola se había librado de ser excomulgada por el Papa. Sí, eran pulgas perversas y pecadoras-. Te lo pregunto por ponerme cómoda y eso.

-¿Te gustaría?

-¡Pues claro que no, lelo! ¿Es que no sabes lo que es el sarcasmo?

Se produjo una pausa en la que Lola creyó oír el chasquido de un encendedor y una larga expiración segundos después. Luego, inopinadamente, dijo aquella voz:

-Tengo más rabo que el demonio.

-¿Sí? ¡Pues lo doblas y te lo metes por el culo!

-Ay, Lolita, ay, pequeña Lola, ay -decía fingiendo pesadumbre aquel tipo-, así no es como fuiste educada en ese olvidado colegio del Opus. Si el pobre don José, tu profesor de Religión, levantara la cabeza...

-¿Pero tú quién coño eres, tío?- preguntó Lola sintiendo que aquello se estaba poniendo demasiado serio.

-Soy alguien que te quiere, cariño, solo eso. Por cierto, hoy estabas preciosa cuando has salido de casa. Con esa blusa azul y esa falda negra se disimulan muy bien los kilitos que te sobran, pero te sugiero que hagas más ejercicio y moderes la ingesta de alimentos, y mientras pierdes esos michelines sería conveniente que te abstengas de ponerte la camiseta esa tan ajustada que llevabas el martes de la semana pasada.

Decir que Lola estaba indignada sería decir poco; digamos mejor que estaba así como encabronada, y por eso escupió al teléfono las siguientes palabras:

-¡Muérete! ¡Enfermo, que eres un puto enfermo!

Taquicárdica y con la cara congestionada Lola colgó. "¡Gorda yo!", se decía mentalmente, "gorda su puta madre". Sin embargo corrió a mirarse en el espejo de cuerpo entero del baño de señoras de la empresa. A su pesar hubo de darle la razón a ese hijo de puta. A sus treinta y dos años no solo se vio gorda sino además vieja, y para colmo los ojos enrojecidos y las lágrimas que comenzaban a brotar le daban un aspecto más ajado aún. Entonces volvió a sonar su celular con aquel estúpido sonido: "chini, chini, chini".

-¿Y ahora qué quieres, cabrón?- exclamó Lola sin molestarse en ocultar su llanto.

-¡Gordinflona!- soltó la voz, inmisericorde, antes de cortar la comunicación.

Lola siguió mirando su reflejo -su horrible reflejo, pensaba ella- sin despegarse de la cara el teléfono ya silencioso. Tenía razón, ese cerdo tenía razón, opinaba Lola.

Lola medía un metro y sesenta y tres centímetros, y aquella mañana pesaba exactamente cuarenta y seis kilos con cuatrocientos treinta gramos. Y se vio terriblemente gorda, obesa, grasienta y sucia.

Lamentó haber desayunado un cacao esa mañana, y se prometió a sí misma que para todo el resto del día no iba a tomar otra cosa que no fuera café y algunos sorbos de agua. Con un poco de suerte llegaría a las cincuenta horas sin ingerir nada sólido. ¿Gorda ella?, ¡se iban a enterar!


(CONTINÚA AQUÍ)

Vecinos raros e ideas geniales


Yo soy un vecino de esos que llaman "raritos". Lo comprendo: vivir con un gato y sudarme la polla que la fachada del edificio no esté debidamente pintada o que la antena de la comunidad no esté adaptada al puto TDT y que a mí me la sople me convierte ineludiblemente en "rarito". Pues vale, soy un vecino raro.

Pero hay otro vecino raro con el que me llevo bien. Je je je, alianza de raritos.

Mi vecino raro es un ex militar reconvertido en abogado especializado en urbanismo. Es un trabajo cojonudo si eres un sinvergüenza; es un curro chungo si eres honrado.

Me cuenta mi vecino que está hasta los cojones de rechazar maletines cargados de billetes para que "asesore" en tal o cual sentido al concejal de urbanismo de turno. Y me lo cuenta estando borracho, añadiendo que hay detalles que no puede confesarme. Pero me lo dice como deseando que le pregunte por los detalles más escabrosos. Y yo, que a mi manera soy un caballero, no le tiro de la lengua, porque hay cosas que o se cuentan por propia iniciativa o mejor no se cuentan.

Pero esta noche, mientras tengo a una amiga agonizando en la cocina -ya hablaremos de mi nueva amiga que ha decidido ir a morir en mi fregadero-, quiero mencionar una idea que me ha transmitido mi vecino el abogado urbanista:

"Si Bibiana Aído es una ministra y una miembra del Gobierno, también es una alta carga del Gobierno".

Una alta carga. Qué buen juego de palabras. Y qué merecido.