Un blog escrito bajo severas dosis de etanol.

miércoles, 25 de julio de 2007

Los pedos de mi abuela huelen a pedos de abuela


Yo es que no tengo más remedio que alucinar en lisérgicos colores. Vamos a ver cómo les explico este asunto que me atormentaba y que ya, gracias al Tallarinesco Señor, se ha resuelto.

Entre las misteriosas búsquedas por las que la peña llega a esta bitácora hay algunas de lo más curioso y marrano (me follo a mi hijo, teléfonos de tías guarras para follar gratis, juegos de vestir chicas o onbres (sic), la doctora bragas mojadas, etc.), pero hay una búsqueda insistente desde hace meses que me tenía medio agilipollado: El aliento de mi gato huele a comida para gatos. Tócate la flor.

Como todavía no soy ducho en esto de la intenné no me entero bien de las cosas. Entre eso y mi oligofrenia congénita no le veía explicación a semejante criterio de búsqueda, y pensaba yo, en mi bendita inocencia, que no podía haber más de una persona en el mundo lo bastante tontarra para escribir semejante obviedad, así que le achacaba la búsqueda maldita a un único internauta que debía de estar muy preocupado por tan desagradable y anómala circunstancia. Ya ves, pensaba este cabeza de chorlito, a su gato le huele el aliento a comida para gatos. Asombroso acontecimiento.

Tiempo después volvía a revisar los criterios de búsqueda --sí, estoy enviciado, ¿qué pasa?-- y ahí que estaba otra vez la frase maldita: El aliento de mi gato huele a comida para gatos. Y yo pensando que también el cadáver que guardo en el armario huele a muerto, y no pasa nada porque las cosas huelan a lo que tienen que oler. Yo huelo a Leónidas Kowalski y a los langostinos les huele el aliento a... uhmm, ¿plancton? Bueno, a lo que les huela.

Pensaba yo, en mi inconsciencia, escribir una entrada para calmar a este sujeto. Le quería decir que estuviera tranquilo, que a mi gato también le pasa a veces, y que a mí mismo me huele el aliento a alcohol tras esclafarme una botella de DYC, y que no es motivo de preocupación. Quería decirle también que siga olfateando el aliento de su gato, por si un día nota que le huele a polla, en cuyo caso no sería para tomárselo a guasa. O peor aún, que le oliera el aliento a eucalipto y se tuviera que enterar de tan triste manera de que en lugar de un gato lo que tiene es un koala, cosas más raras se han visto.

Pero no. No serán necesarias tan magistrales explicaciones, porque hoy, en uno de esos chispazos de inteligencia con los que mi genética se hace la magnánima una o dos veces al año, me ha dado por realizar en Google yo mismo la búsqueda, a ver qué coño me encontraba. Voy y tecleo: "El aliento de mi gato huele a comida para gatos". Y ya está, amiguitos, misterio resuelto.

Por lo visto es una célebre frase de un personaje de Los Simpson, y si se la teclea en el buscador Google sin entrecomillar remite a mi blog como primera opción entre algunas más, porque Álex dejó un comentario mencionándola, comentario que, a la vista está, yo había olvidado. En cambio, si se hace la búsqueda entrecomillando la frase, que es lo suyo, nos remite aquí (juas, juas, juas... no se lo pierdan).

Y a mí esto me ha dejado con mal sabor de boca, no sé si de comida para gatos --que no sería de extrañar-- o a qué, pero la verdad es que me hacía ilusión pensar que había alguien preocupado (y peligrosamente suelto) porque a su gato le olía el aliento, fíjate tú qué cosas, a comida para gatos.

Por cierto, ¿hemos resuelto ya a qué huelen las nubes y las cosas que no huelen?

martes, 24 de julio de 2007

Juanito Cagatortas


A Juanito Cagatortas se lo cargaron por hijoputa. Lo de introducirle un crucifijo por el culo fue sólo para despistar, y todos sabemos que no hubo móvil religioso ni satánico en su asesinato.

Parece ser que alguien se cansó de las hijoputeces de Juanito. En verdad, todos estábamos muy hartos de sus gracias. Al saber que Fermín, el sobrino del alcalde, cuando salía del colegio se la chupaba a Juanito Cagatortas todos los días, nos indignamos bastante, pero no hicimos nada, supongo que porque no queríamos escándalos.

Diferente fue saber que Juanito Cagatortas había desvirgado a Marianita la del farmacéutico. Marianita tenía once años y todos en el pueblo decíamos que ya estaba en su punto y que esas tetitas se las tenía que comer alguno antes de que se pusieran pochas. Le estábamos buscando novio a esa cría cuando supimos que Juanito la había cogido en el henar y se la había beneficiado. "Me subió la falda, me quitó las bragas y me metió los dedos en el tesorito, y luego me enseñó su pilila, que no era una pilila porque era un pililón así de grande --le contaría después a su madre la pequeña Marianita separando las manos, separándolas mucho--, y me dijo que no me iba a doler pero era mentira porque sí que me dolió, mami, y ahora me sale sangre por el tesorito, ¿es porque ya soy mujer y tengo la regla?"

Lo de Marianita sí que nos jodió a todos, quizá porque ya estaba bien buena y nos hubiera gustado ser nosotros los que estuviéramos en el lugar de Juanito Cagatortas, pero a quien menos gracia hizo esta nueva canallada del Cagatortas fue a los Gómez, que le habían echado el ojo a Marianita para novia de su Gustavito. A Gustavito, en cambio, no pareció importarle mucho, lo cual confirmaba los rumores que corrían por el pueblo, según los cuales Gustavito sería algo julandrón. Paco el de la ferretería lo explicaba muy bien con su habitual cinismo: "A usted y a mí nos hubiera gustado estar en el lugar del Cagatortas, pero a Gustavito Gómez le hubiera gustado estar en el puesto de la Marianita. Ese niño es bujarra, se lo digo yo, padre".

Juanito Cagatortas hubiera cumplido los cuarenta y ocho años para San Nazario, pero se lo ventilaron antes y ahora cría gusanos en el camposanto. Un hijoputa menos, dicen en el pueblo.

Al Tío Cascorro, el cabrero, le importaba una mierda que Juanito Cagatortas se le follara a las ovejas, a las cabras, e incluso le daba igual que le diera por el culo a su perro pastor, pero sus animales eran su sustento y nunca le perdonó al Cagatortas que empezara a matarle el rebaño. Juanito le cogió gusto a eso de degollar ovejas mientras les metía el cipote. "Es que así me da el gusto más rico", se explicaba el muy hijoputa.

Rosario la de los Malasnoches tampoco le perdonó a Juanito Cagatortas que le sacara un ojo. Fue hace años, cuando la Rosario aún era moza y estaba de toma pan y moja. Juanito se la quiso joder en la cuadra y ella le dijo que verdes las han segado, así que Juanito le sacó un ojo para que ningún otro hombre la quisiera. Ahí está, la pobre, ayudándome a dar misa. Hay quien dice que le vació el ojo con una navaja y quien afirma que fue con los dedos, sobre esto no hay unánime acuerdo en el pueblo. Yo le pregunté una vez a la propia Rosario, y me respondió que si tanto me interesan los agujeros de su cuerpo los tiene más bonitos debajo de la cintura, desde entonces no he querido saber más del asunto.

Cuando hace unas pocas noches tocaron a mi puerta gritando "¡confesión, padre, confesión!" supe que era Juanito Cagatortas, que siempre fue muy teatrero. Ya le han dao matarile, pensé complacido. Dejé que se desangrara, tirado a mis pies y con las tripas fuera. Naturalmente no lo confesé, en cambio le repetí una y mil veces mientras agonizaba que era un hijoputa y que se iba a quemar en el infierno por siempre jamás. Creo que también le di alguna que otra patada en la cara.

Luego avisé a todos los vecinos, y nos reunimos unos cuantos para llevar al Cagatortas a su casa. Allí estuvimos los Gómez, el alcalde, el farmacéutico, Paco el ferretero, la Rosario, el Tío Cascorro y unos pocos más. Limpiamos bien las huellas y el cadáver para que los de la científica se hicieran la picha un lío. Lo de meterle un crucifijo por el ojo del culo fue idea mía, y todos los presentes lo celebraron entre aplausos y risas. A mí me dio un poco de vergüenza porque no me gusta que se fijen en mí salvo cuando oficio la misa.

Al día siguiente avisamos a la Guardia Civil, más que nada por guardar las formas. "Ya era hora de que se cepillaran a ese hijoputa", dijo el Cabo jefe del puesto.

Hoy ha venido al confesionario el que le rajó la barriga a Juanito Cagatortas. Le he impuesto dos avemarías y un padrenuestro. Más que nada por guardar las formas.

Ahora estoy pensando que como no me deje follarme a sus tres hijas, especialmente a la que todavía no ha hecho la comunión, voy y lo denuncio. Por hijoputa.

domingo, 22 de julio de 2007

Diego Corona Bonet


El 4 de Noviembre del año pasado dejé un comentario en alguna parte de la Red con mi nombre real, porque consideré que la ocasión lo merecía. Entonces no podía imaginarme las positivas consecuencias que eso iba a traer, ¿quién podía estar interesado en googlear buscando a este mindundi? Primero fue Mayolongo, del que no sabía nada desde hacía tres o cuatro años, y ahora me ha localizado Diego Corona... ¡Tras diez años de habernos perdido la pista!

Han pasado diez años, y el muy cabrón me ha encontrado. No es que yo me esconda, pero es habitual que no responda a llamadas, y cuando eso te lo hacen tres o cuatro veces lo normal es que te hartes y dejes de llamar. Si a eso unimos mi costumbre de estrellar teléfonos móviles --creo que ya van tres-- y perder así la agenda completa cada cierto tiempo, el resultado es que constantemente rompo con el pasado, salvo en aquellos asuntos en los que la memoria, pertinaz e hija de puta, me sigue torturando. Siempre he tenido un serio problema para eso de mantener el contacto con la gente que está lejos. Me temo que soy lo que por aquí llaman un descastao.

Diego fue uno de mis mejores amigos, y una persona llena de valores poco habituales como la honradez, la sinceridad, el compañerismo y la lealtad. Nos conocimos en Septiembre del año 1991, él tenía catorce años y yo dieciséis. Acabábamos de ingresar como alumnos en el hoy inexistente Instituto Politécnico número 2 del Ejército, en Calatayud, y aunque todavía no lo sabíamos íbamos a ser grandes amigos y a vivir juntos muchísimas aventuras. Juas, juas, ahora me acuerdo del regalo tan especial que le hice años después en Granada... jajajaja, lástima, Dieguito, que eso no lo pueda contar aquí, shhh, sigue siendo nuestro secreto.

Los dos nos formamos como auxiliares de laboratorio y cursamos el primer año de la especialidad de químico artificiero. Tres años internados juntos en un ambiente en que hasta respirar estaba prohibido. Quien no ha vivido esa experiencia no sabe lo que es perder (¿o invertir?) su adolescencia en aquel sitio. Cuántas noches llorábamos por la presión disciplinaria, por la nostalgia de la familia... pero siempre en silencio por el temor a que nuestros compañeros supieran que llorábamos y nos acusaran de miedicas, cobardes, nenazas... para descubrir tiempo después que todos llorábamos más o menos y nos ocultábamos de nosotros mismos. Cada uno de nosotros sólo tenía una cama, una estrecha taquilla en la que apenas cabían los uniformes y un puñado de compañeros con los que compartir risas, amarguras, arrestos y borracheras vespertinas los sábados. Comprenderán que de esta forma se forjaran amistades intensas.

Diego y yo éramos radicalmente diferentes. Él jovial y yo taciturno. Él atleta e inquieto, yo aburrido y un desastre en gimnasia. Él tenía una habilidad envidiable para hacer nuevos amigos, mientras que yo siempre andaba buscando la soledad. Era inevitable que nos hiciéramos buenos amigos.

Para que se vayan haciendo una idea de quién es Diego Corona Bonet les contaré una anécdota: Debió de ser un sábado por la noche, cerca de las 22:30. Yo había llegado al Politécnico borracho como una cuba. Pude ponerme el uniforme pero hasta ahí llegué. Me tumbé en mi cama, rozando la pérdida de consciencia. Todo el mundo había salido para formar y pasar el control nocturno con el objeto de comprobar que estábamos todos. Yo no podía mantenerme en pie, y en ese momento me daba igual el paquete que me iba a caer, pero Diego apareció en mi camareta. Intentó arrastrarme, convencerme, espabilarme... y nada. Finalmente se rindió, ¿y saben qué hizo ese cabronazo? Se sentó en mi cama, a la espera de que nos arrestaran a los dos. Este tipo es así, no abandona a sus amigos, sean las que sean las consecuencias. Aquel gesto se abrió paso entre los vapores etílicos y gracias a eso pude sacar ánimos de no sé dónde y ponerme en pie. En el último momento llegamos los dos a formación y nadie fue arrestado. Si me tambaleaba demasiado en posición de firmes, a punto de caerme, tenía la seguridad de que cerca estaba Diego para sujetarme. También tenía la seguridad de que al día siguiente no me pediría nada a cambio, simplemente él es así.

Después, cosas de la vida, fuimos destinados como jóvenes Cabos profesionales --él aún era menor de edad cuando ya lucía los tres galones rojos-- al mismo sitio: el hoy desaparecido Grupo de Municionamiento III/22, de Granada. Llegamos a vivir un año juntos en dos viviendas de alquiler. Qué buenos tiempos, rediós. Cuánta diversión, cuánta juventud, cuántas experiencias nuevas ahora que no estábamos bajo el yugo del internado militar. Éramos jóvenes, teníamos un sueldo, teníamos ilusiones, ganas de recuperar los tres años de internado y sobre todo, nos teníamos a nosotros.

Diego era un muchacho guapo. Mi padre le dijo cuando lo conoció que se parecía a Clark Kent, y Diego le respondió que no era el primero que se lo decía, así que nunca le faltaban féminas a mano. Joder, qué tiempos de tapeo, sexo, juergas nocturnas de lunes a lunes... además, es que Granada era mucha Granada.

En el año 1997 me dio un disgusto gordo: dejó el ejército. Nunca he entendido sus motivos, aunque creo intuirlos. Lo que tengo claro es que lo lamenté mucho y me lo tomé como una ofensa personal. Diego era uno de los mejores militares que he conocido, y además vivía la profesión como pocos. Diego estaba hecho para la milicia, y la milicia está hecha para componerse de gente como Diego. En fin, sus motivos tendría.

Ahora, al reencontrarnos tras diez años, me ha dado otro disgustazo. Resulta que el muy maricón se ha casado. ¿Cómo has podido hacerme esto, Diego? Bueno, antes o después conoceré a la afortunada, espero. Seguro que es una dama estupenda, debe de serlo. Por cierto, en San Fernando tenéis vuestra casa, siempre que me aviséis con un par de semanas de antelación para hacer limpieza.

Diego, el alegre y cachondo de Diego... ¿cómo pude abandonarlo? Nunca mais, Dieguito, nunca mais.

sábado, 21 de julio de 2007

Olé sus huevos


Ya se habrán enterado, imagino. Yo acabo de recibir la noticia en un correo electrónico de
Álex, y no me resisto a colgarla aquí, para contribuir en lo que pueda a su difusión. Les hablo de la chulería de Alberto Vázquez-Figueroa, pero mejor lo explica él mismo con la carta que ha enviado a los medios de comunicación. Échenle un vistazo, que no tiene desperdicio:

Mis novelas gratis, por Alberto Vázquez-Figueroa.

viernes, 20 de julio de 2007

Me temo que no hay otra opción


Tenía mis planes, no se crean. Reconozco que sólo era un boceto de plan, una vaga ilusión de futuro, un germen de esperanza sin compromiso, pero tras considerar detenidamente las circunstancias personales que de Ella conozco, las mías, los gustos que Ella tiene según me demuestra y mis gustos según mis treinta y dos años de experiencia en la vida, veo que no hay posibilidad real de conjugarlo todo.

Así que, mal que nos pese, vamos a ser realistas y haremos lo único bueno que podemos hacer juntos sin que ninguno de los dos salga perjudicado: follaremos.

No sé cuándo --espero que pronto--, no sé dónde --no creo que sea en mi casa y mucho menos en la suya, y tampoco quisiera que fuera en su coche; mejor un hotel--, y no sé cómo --confío en que sea placentero para ambos, o al menos para Ella--. Tampoco sé con qué frecuencia, puede que sólo una vez, o mil veces casi sorpresivas cuando su escasa libertad y mi más escasa necesidad de relación coincidan.

Lo que sí tengo claro es que me la quiero follar bien follada, y que quiero hacerlo como hay que hacer estas cosas. Quiero besar su boca, lamer sus dientes, ensalivar su cuello y sus orejas mientras nos arrancamos la ropa. Quiero tirarla sobre una cama y echarme sobre ella, los dos desnudos para que pueda sentir bien mi polla dura sobre su pelvis mientras devoro sus tetas, mientras chupo sus pezones y los muerdo sin apretar demasiado para no hacerle daño.

Pero no, no puedo penetrarla antes haber lamido a conciencia su sexo. Antes de meterme dentro de Ella quiero besar su coño, quiero lamerlo, penetrarlo con la lengua y chuparlo un buen rato. Es necesario que beba su jugo y que me moje la cara antes de meter ahí mi polla, manías que tiene uno. Si me deja también quiero lamer su ano mientras mi nariz se hunde en su coño. Y si se corre no pasa nada, porque me encanta chupar y me dedicaré a lamer sus muslos hasta que se recupere y vuelva a pedirme guerra.

Cuando eso suceda estaré encantado de ver su cara con un gesto como de mala hostia, pidiéndome que me la folle de una puta vez, pidiéndome que la llene de polla. Entonces sí, entonces le meteré mi polla comiéndole a la vez la boca. La agarraré fuerte por el culo mientras le doy polla y le digo guarradas al oído --toma mi polla, puta, siente a tu macho dentro de ti, nota lo dura que me la pones, cabrona, vacíame los huevos--, y quizá me dé por por meterle el índice derecho en el culo mientras me la follo. En cambio la mano izquierda --soy zurdo-- la quiero libre para sobar sus pechos, su cara, sus muslos, o para cogerla por la nuca y atraer a esa dama más intensamente hacia mí.

Nada de condones; yo los odio y Ella es alérgica al látex. Quisiera correrme en su interior, descargar mi semen dentro de Ella separando mi cara de la suya para que pueda ver mi gesto de placer mientras me vacío en su coño. Pero no podrá ser, porque no es plan ir haciendo niños que no se desean en colaboración con quien apenas se conoce. Mejor saco la polla en el último momento, y que Ella me la menee hasta hacerme escupir mi leche sobre sus tetas, sobre su abdomen, sobre su pubis, sobre su vulva. No me importaría limpiarla con mi lengua.

O quizá sea mejor correrme en su boca. Tanto si se traga mi corrida como si no, yo no tendría inconveniente en besarla después apasionada y agradecidamente. Otra opción es penetrarla por el culo cuando yo esté a punto de eyacular, y descargar así mis huevos sin peligro de reproducción, pero Ella ya me ha advertido que no admite una polla en su culo, así que es una opción inválida.

En cualquier caso, yo he de ver mi semen sobre la piel morena de esta mujer, y quiero extenderlo sobre su cuerpo en un masaje íntimo viendo cómo ella me mira con sus ojos verdes de gata lasciva.

Pero lo dicho, si albergué otras esperanzas, ya sé que no pueden ser. Mierda.

jueves, 19 de julio de 2007

Mi amigo el otro páter


Hace un tiempo les hablé de mi amigo el páter Don Luis Miguel, y ahora, lo quieran o no, voy a teclear acerca de Don Francisco, porque hoy, tras unos tres años sin verlo me lo he encontrado por la calle, y también porque me da la gana.

El páter Don Francisco sustituyó como capellán castrense a Luis Miguel. Nos hicimos amigos, no recuerdo cómo, pero supongo que esas cosas pasan por la recíproca curiosidad que sienten el ateo y el hombre de fe. Francisco era dado al lenguaje salpicado de tacos y a los abrazos quebrantahuesos. Me descubrió en la peor época de mi vida y generosamente prestó oídos a mis miserias e hizo lo que pudo por aliviar mis amarguras. Fue uno de los primeros en darme aquel sabio consejo: "Aléjate de ella, te va a destruir". No le hice caso y me destruyó, pero eso es otra historia.

Hoy andaba en busca de una farmacia cuando he visto a un tipo vestido de negro y con alzacuellos que me miraba. ¡Cóño, pero si es el páter! Ahora me emociono al recordar el encuentro: ¡Me cago en todos los demonios y en la puta de oros, qué alegría verte, Javi!, gritaba el páter en medio de la calle, para pasmo de viandantes, porque no es habitual ver a un cura usando ese lenguaje a gritos y abrazando hasta estrujar a un mindundi vestido con mono de trabajo. ¿Pero cómo usted por aquí, páter?, lo hacía en Valencia. Acabo de venir del Líbano y estoy visitando a gente, oye, Javier, ¡qué alegría me da verte!, repetía de nuevo el páter mientras volvía a fracturarme varias costillas con sus abrazos de oso.

Se acordaba de mi nombre, se acordaba de pequeñas anécdotas que le conté hace años, se acordaba también de la Hija de Satanás. En resumen, se acordaba de mí y de mis circunstancias. Me asegura que sufrió mucho por mí, y la verdad es que me lo creo, aunque siempre le insistí en que no merecía la pena sufrir por quien no hace nada por buscar soluciones.

¡Me cago en todo, joder!, decía el páter a cada poco mientras me seguía haciendo picadillo los huesos. Le he preguntado si era él el capellán que estaba en el Líbano cuando cayeron nuestros seis compañeros. Me ha dicho que sí, le ha cambiado la cara y me ha contado que venía de Sevilla, de visitar a los padres de uno de ellos, pero rápidamente ha vuelto a sonreír, ha exclamado de nuevo que se caga en todos los demonios y me ha quebrado la columna con otro abrazo. Es así, el muy cabrón. Tiene la habilidad de caerte simpático mientras te descuajaringa el esqueleto.

Estaba esperándome, sin saberlo, en una esquina de la Calle Real de San Fernando, vestía de negro y llevaba alzacuellos. Era, y no lo sabíamos, mi motivo del día para sonreír.

miércoles, 18 de julio de 2007

Torres, mi ídolo


Hoy toca hablar de un nuevo héroe para mí. Se llama Torres, y seguro que algún despistado lector estará pensando en el futbolista ese friqui que lleva no sé qué tatuado en élfico en el brazo. Pues no, futboleros, lo siento. El día que Leónidas hable de un futbolista, estén seguros, no será para admirarlo.

Tampoco hablaré de mi jefe, Dani Torres, pues resultaría indignamente pelotero.

Hoy toca hablar de un juez. Leo en El Confidencial que "las formas estrella del juez Torres enervan al colectivo de abogados de Marbella". Digo yo que se referirán a la tercera acepción del verbo enervar en el Drae, o sea, que los picapleitos están nerviosos, porque las otras dos no me cuadran. Y no me extraña que estén nerviositos, los pobres, porque parece que en esa gran cueva de ladrones que ha sido Marbella quien más quien menos esconde un cadáver en el armario y un buen montón de mierda bajo la alfombra. Abogados, políticos, notarios, policías, constructores, banqueros... y hasta algún juez. Ahí tiene que haber nervios y adrenalina a carretadas desde que el juez Torres se ha propuesto no dejar títere con cabeza. Normal que los abogados, tan pretendidamente intocables ellos, estén cagándose por la pata abajo ahora que el señor Torres los tiene enfilados. Y oye, que los habrá honestísimos y tal, que no digo que no los haya así, pero vamos, que me parece de perlas que se los investigue, y si están libres de pecado, pues no sé a qué viene ese "enervamiento". Yo creo que más bien es cagalitrosis lo que tienen. (Cagalitrosis: cagarse por litros, y no por kilos, de modo incontenible, debido las más de las veces a un ataque de pánico y con el propósito de que su perseguidor ceje en la persecución desanimado por el insufrible olor).

Pues bien, ahora nos salen esos señores abogados haciéndose los ofendidos y echando pestes del señor Torres, (no dejen de captar el doble sentido tan logrado, aunque esté feo que lo diga yo). Que si ese tío va de juez estrella, que si no sabe una mierda de instruir un caso, que si las prisas, que si es un chulito, que si mi abuela fuma en pipa, que si nosotros somos güenos, que si tal y que si cual. Anda ya, hombre. Menos lagrimitas y más colaboración, ¿o es que tenéis algo que esconder?

El juez Torres le está bajando los humos a mucha gentuza, le está poniendo los pavos a la sombra a otra mucha, y le está poniendo las peras a cuarto al resto. Y por eso se merece mi aplauso, mi admiración, y hasta mi pornoteca. Pero... da miedo, eh, tan serio, tan entregado, tan valiente, tan dispuesto a recibir un tiro por la espalda, tan incorruptible... Joder, es que ese tío no parece de este mundo... de vuestro mundo.

Pues ya está, lo acusamos de ser un puto juez estrella y lo hundimos, por chulo y por no respetar las normas, nuestras normas. Uy, Torres, mira lo que dicen, que eres una estrella. Panda de golfos, pues claro que lo es, y una galaxia entera si me apuran. Y él no tiene la culpa.

Me pregunto si habrá jueces de naturaleza tímida que por miedo a ver sus nombres en primera página y su cara en el telediario no destaparán grandes corrupciones. Me lo pregunto y me respondo a mí mismo que sí, que seguro que se dan casos de ese tipo; los jueces son tan humanos como ustedes, como yo, incluso como Gusifluky. Y me parece terrible que por timidez, por miedo a convertirse en "estrellas", haya jueces que toleren la impunidad.

Así que si Su Señoría el juez Torres se ha convertido en una estrella, bien ganado se lo tiene, y quien lo ha puesto ahí ha sido, además de su abnegación y su sentido de la justicia, la corrupción marbellí, incluidos los abogados que se han ensuciado con ello, que sin duda son muchos más de los que ahora conocemos y de los que llegaremos a conocer.

Finalmente no puedo dejar de mencionar algo leído en la noticia de El Confidencial, algo que me ha parecido tan absurdo, falso y malintencionado, que no sé ni por dónde coger. Palabras supuestamente textuales del abogado Manuel Pelayo: “Nadie se vende por una botella de champán. Pero él [el juez Torres] sí que ha recibido 750.000 euros del Ministerio de Interior por la medalla al mérito policial y aquí nadie dice nada”. ¿Perdón? ¿Me lo explica? ¿Cuántos euros, dice? Hasta donde yo tengo entendido muchos policías de a pie reciben esa medalla, y si con ella recibieran tal cantidad de boniatos me temo que la mayoría se retirarían, amén de que las arcas del Estado se verían seriamente afectadas. Por otra parte, sospecho que es el equivalente a la Cruz al Mérito Militar en las Fuerzas Armadas y en la Guardia Civil, y este cabeza de chorlito, como indigno poseedor de dicha Cruz, quiere saber dónde están sus 750.000 eurazos. ¿Me lo explica, señor Pelayo? ¿Usted no andará un poco confundido? Porque lo que es yo, tras googlear un poco, sólo encuentro esto. (Ruego a los lectores que, en caso de encontrar explicación a las palabras de Pelayo me lo hagan saber. Tengo un interés personal en saber de dónde sale esa burrada. Muchas gracias).

martes, 17 de julio de 2007

El código HTML de los sueños


Los sueños, qué cosa tan curiosa.

Hace tiempo que vengo observando una disminución en la frecuencia de mis pesadillas y un aumento de sueños placenteros o... llamémoslos creativos. Me refiero a esos sueños en los que nuestro cerebro dormido teje complicadas historias con logradísimos argumentos que aunque disparatados, son también portentosas muestras de imaginación.

No sé a qué se debe este cambio, y tampoco quiero echar las campanas al vuelo, pero me hace suponer que me estoy recuperando de lo mío, ya saben. Y si no lo saben da igual; nada importante se pierden.

El caso es que la madrugada anterior me desperté bañado en sudor, pero sudor del bueno, del que es causado por el calor y no por las pesadillas. O tal vez --dejemos un hueco al prudente pesimismo-- se trataba de fiebre, que bien podría ser, porque me temo que mi famoso orzuelo se ha convertido en una infección algo chunga. Pero bah, lo peor que podría pasarme es que pierda un ojo, en cuyo caso seguirían quedándome otros dos, si bien es cierto que uno de ellos no sirve para ver. En fin, yo les hablaba de sueños creativos, y quería contarles que al despertarme a las tantas tenía en mente una historia cojonuda, una historia de la que ahora no recuerdo nada, una de esas historias que cuanto más nos esforzamos por retener en la memoria de los primeros instantes de vigilia más se nos escabulle entre las rendijas del olvido somnoliento. (Uhm, esta frase me ha quedado rara y demasiado larga, pero me gusta, qué caramba, así que la repito otra vez): una de esas historias que cuanto más nos esforzamos por retener en la memoria de los primeros instantes de vigilia más se nos escabulle entre las rendijas del olvido somnoliento. Ea, ya está.

Pues eso, que me dio mucha rabia porque la historia prometía, y yo sólo podía contemplar, impotente y legañoso, cómo se me escapaba, cómo se hacía más confusa por momentos, hasta que al cabo de unos segundos sólo quedaban un par de imágenes borrosas con las que no se podía escribir ni un cuentecito de veinte líneas.

Y entonces hice algo que me tiene terminantemente prohibido el doctor Grijánder (sí, de los Grijánder de Barbate de toda la vida): Me puse a pensar. Con dos cojones.

He pensado que tengo que encontrar la manera de extraer el lenguaje HTML de mis sueños, y así podré mediante un sencillo copipega plasmarlos en el editor de entradas de este Diario, sin que se desvirtúen, sin que se degraden. Sin que se olviden. Imagínense, nuestros sueños copiados en nuestras bitácoras, con todas sus imágenes, sus olores, sus voces y sus emociones.

Nuestros sueños hechos realidad, realidad virtual.

El día que descubra cómo convertir los sueños a lenguaje HTML, lo van ustedes a flipar.

domingo, 15 de julio de 2007

Pues... ¡escribe un cuento!



Hablaba anoche con una amiga y esta mañana tengo una resaca de no te menees. Hablaba anoche con una amiga y me he despertado pensando en ella. Hablaba anoche con una amiga que en cada palabra me transmitía una lágrima y no sé cómo secar su cara.

Tampoco hace falta; las lágrimas, donde mejor están es mojando la cara de niñas sufrientes. Por lo menos ahí son bonitas, brillantes, y es cuando mejor saben al lamerlas.

Hablamos sobre varias cosas, sobre árboles que se secan y sobre mujeres que no se quieren secar. Sobre familias que no queremos tener y sobre la familia que no tenemos.

Y esta mañana yo me he levantado con esa sensación que tan bien conozco: la necesidad de escribir sin saber qué, la necesidad de decirle a mi amiga que... ¿Qué puedo decirle?

Quiero decirle que la imaginación está ahí, para jugar con ella, y que no es malo hacerlo mientras mantengamos los pies en el suelo. Quiero decirle que es demasiado joven para verlo todo tan negro. Quiero decirle que la vida es muy hija de puta, pero también un bufón experto que siempre nos guarda un nuevo chiste con el que nos sorprenderá cuando menos lo esperamos. Quiero decirle que no mire con tanto rencor a ese punto al que siempre mira y observe sus alrededores, para que vea lo llenos que están de vida, de esa vida que tanto nos gusta a todos y que ella, además, se esfuerza por preservar.

Amiga, si yo tuviera un rosal (o una higuera, o un cerezo, o un naranjo... qué más da) que se me seca días antes de mudarme, no podría evitar pensar que se ha suicidado. De algún modo ha sentido con antelación mi marcha, y ante la imposibilidad de seguirme, ante el miedo de caer en nuevas manos que no le den lo que yo le daba, el triste rosal se suicidó.

Tú y yo sabemos que no fue así. Pero tú y yo queremos creer que fue así. Y no pasa nada. El escepticismo es una filosofía de vida mejor que cualquiera, pero no dejes que te estropicie la imaginación. Juega, niña, juega.

¿Sabes, amiga? Podrías escribir un cuento, una historia acerca de adioses y nuevas vidas llenas de ilusión. Un árbol que se seca cuando te marchas... Un argumento así no puede desperdiciarse.

Además, qué coño, a él le encantaría.

Juega, niña, juega.

sábado, 14 de julio de 2007

Anda que... estamos apañaos


A un australiano se le ha ido la pinza, se ha sacado del bolsillo un vehículo blindado de origen militar (aunque por la pintura parece más bien un chisme de coleccionista o pieza de museo) y la ha emprendido con las antenas de telefonía móvil.

Qué desperdicio, virgen santísima. Mira que disponer de un cacharro de esos y usarlo para tan gilipollesca función...

La noticia la he descubierto aquí, pero no se tomen al pie de la letra el titular, porque lo de disparar con el armatoste no parece que sea cierto; sólo se estrellaba contra las torres de telefonía.

Aparentemente se trata de uno de esos perturbados que culpa a las antenas de toda clase de males, como en su momento ocurrió con la electricidad, la locomotora... Hay quien no lleva nada bien vivir en esta época y debería volver a las cavernas. O a los árboles. (Un poco de luz al respecto, y ya puestos veamos lo que pasa cuando se carece de esa luz).

Pero lo que de verdad me toca los perendengues es que el tipo en cuestión haya dejado indemnes a los bancos, a las inmobiliarias y a las constructoras. ¡Qué gran oportunidad perdida, por las barbas del profeta! Anda que si yo echara mano de un trasto así... no pasaría nada porque no sabría conducirlo. En cambio puedo apañarme con otro cacharro que sí sé manejar, pero no sería lo mismo, ¿verdad? No sé, no tendría glamour.

Aichs, se me olvidaba un vídeo sobre el suceso: Dentro vídeo.

jueves, 12 de julio de 2007

¡Hostias, que se me caen las velas!



Estoy rodeado de magufos, y sobre todo de magufas. Hoy me han dado una mala noticia. Una pésima nueva admonitoria, que dicho así queda la mar de chuli.

Resulta que mi amiga C me está poniendo velas para curar el bonito orzuelo que adorna mi párpado superior izquierdo. Yo me cachondeo cosa fina, pero ella persiste con las velas y me da cariñosos tirones de orejas por mi escepticismo. Sin embargo hoy me ha confesado algo, muy preocupada y misteriosa ella:

C: Oye, mira, no sé si debería contártelo...

Leónidas: Cuenta, criatura, cuenta.

C: Pues que... Bah, déjalo, que te lo vas a tomar a pitorreo.

Leónidas: ¿Yo?, qué va. Cuéntame, chochete.

C: Pues que los dos días que te he puesto velas éstas se han caído.

Leónidas: Ah, ¿y eso es mala señal?

C: Pues claro. Y no te voy a dar más detalles, que no quiero preocuparte, pero... tu amiga Y tiene algo que ver.

Leónidas: ¡No jodas! ¿Y cómo lo sabes?

C: Lo sé y punto. No te fíes de ella, y ten mucho cuidado porque no es lo que parece.

Leónidas: Ahhh... ¿Y no será que las velas se caen porque están algo bebidas? A mí también me pasa cuando llevo una botella de DYC en el cuerpo.

C: Vete a la porra, idiota.

Leónidas: Mwajajajaja...

Hasta aquí la historia es inquietante, ¿a que sí? Ya ven, se me caen las velas, ni más ni menos. Titotatín, tatín...

Si yo fuera un malpensado escéptico sacaría la siguiente conclusión: C está liada conmigo desde hace unos días, en cambio Y me folla desde hace años. C ve a Y como una rival, y se la quiere quitar de en medio como sea.

Pero claro, hay que ser muy malpensado para considerar semejante argucia, así que mejor creo que Y está haciendo alguna brujería en mi contra, y la muy puta me tira las velas. Sí, creeré esto, que es bastante más lógico, dónde va a parar.

Ay, magufas de mi corazón, seguid con vuestras velas y con vuestras chorradas, pero no me cerréis nunca las piernas, porque mientras vuestras piernas permanezcan abiertas yo mantendré abierta mi mente... y erecta mi chorra.

Me gustan los sanfermines


Queridos aficionados a la tauromaquia:

Me cago en vuestros muertos. Así de claro. Y una vez dicho esto adopto un tono más formal y sigo con la carta.

No se crean ustedes que soy uno de esos locos que valoran más la vida de un bicho que la de un humano, no, nada de eso. Si tengo que escoger entre pegarle un tiro a un perro o pegárselo a ustedes... bueno, ahí tendría mis dudas, pero puestos a elegir entre un perro y una persona normal sería el perro el que tragaría plomo, lo tengo clarito. Pero no soporto el daño por el daño, el sufrimiento gratuito, la tortura estúpida y salvaje a la que someten a los toros.

Las corridas de toros son un invento para entretener a cobardes podridos de dinero y sedientos de sangre, pero demasiado pusilánimes para salir a la calle navaja en mano y cobrarse esa sangre poniendo en riesgo sus vidas. La gente que va a ver corridas de toros son de tres tipos: salvajes a los que se la pone morcillona ver el sufrimiento de un animal; turistas idiotas que piensan que España es un gran ruedo; y ricachones fumadores de puros, bebedores de champán y malfolladores de putas de lujo, que en frecuentes casos son sus propias esposas.

Diría que me dais pena, pero el asco se impone. La escoria como vosotros sois los mismos que de políticos se corrompen, de banqueros usuran, de jueces prevarican y de soldados traicionan.

Por todo esto me gustan los sanfermines. Vosotros, gentuza, no os pondréis nunca delante del toro --tanto caviar y tanta langosta no os permiten correr-- pero al menos me consuela pensar que vuestros bestias acólitos caen por decenas en estas fechas. Sin ir más lejos hoy he visto en algún informativo televisado cómo un toro empitonaba a base de bien a un desgraciado. El toro era de esos con largos cuernos finos, ideales para clavarse bien hondo. Ahí ha tenido un rato al personaje puesto por sombrero, hurgándole en las tripas, haciéndole cosquillas en el hígado. Y yo me he alegrado una barbaridad.

Así que ahora me estoy tomando un cubata a la salud de ese toro, deseándole mucha suerte. Olé los cojones del toro, que ha podido cobrarse por adelantado la debida venganza por la tortura y la sevicia a la que lo habéis destinado, cabrones, que sois unos cabrones.

Sin otro particular, su seguro servidor,
Leónidas K. de A.

miércoles, 11 de julio de 2007

Toy que me corro


Jo, qué bien. Acabo de recibir doce de los catorce libros que pedí a Casa del Libro. Los dos restantes no me los han podido conseguir (Aventuras, Inventos y Mixtificaciones de Silvestre Paradox, de Pío Baroja, y Diez Negritos, de Agatha Christie). Pero los otros doce acaban de llegarme:



  • 1280 almas, de Jim Thompson.

  • Muero por dentro, de Robert Silverberg.

  • El retrato de Dorian Grey, de Oscar Wilde.

  • La guerra de las salamandras, de Karel Capek.

  • Alicia en el país de las maravillas, junto a la segunda parte, A través del espejo, de Lewis Carroll.

  • Amor se escribe sin hache, de Enrique Jardiel Poncela.

  • Un yanqui en la corte del rey Arturo, de Mark Twain.

  • El árbol de la ciencia, de Pío Baroja.

  • Los propios dioses, de Isaac Asimov.

  • ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick.

  • Sin conciencia, de Robert D. Hare.

  • Solaris, de Stanislav Lem.

A estos doce debemos unir otro de Eduardo Punset que ando leyendo junto a otro más sobre cuya pista me puso Gerardo García-Trío, Sociología del milagro, y además el exitazo que aún no he empezado, La Catedral del Mar, regalo de mi adorada Charipitruky.

En total quince libros seleccionados por unas u otras razones. Me gusta oler sus páginas, percibir ese aroma a papel nuevo y recrearme de antemano pensando en las muchas y buenas horas que me van a proporcionar. No sé, igual les parece una tontería, pero este es el tipo de cosas que me hacen feliz. Para colmo mi gato Gusifluky se lo está pasando bomba mordisqueando la caja en la que venían los libros; le encanta morder todo objeto nuevo que entra en casa.

Hace unos tres años alguien de cuyo nombre no me quiero acordar me preguntó a qué aspiraba en la vida. Ahora me gustaría responderle:

"Aspiro a esto, a rascar un poco de felicidad día a día en las pequeñas cosas; a esa felicidad que tú no vas a encontrar en tus aires de grandeza, ni en tus negocios frustrados, ni en tus amantes millonarios para los que sólo eres... lo que has escogido ser".

Me siento feliz, puñetas, me siento feliz.

Curso acelerado sobre orzuelogía y diversos tratamientos, cuál más descabellado e infalible


Hola, amiguetes. Últimamente he aprendido un huevo y la yema del otro gracias a los consejos y explicaciones de compañeros, amigos, y hasta de perfectos desconocidos, como el cajero del Mercadona que me acaba de atender. Me parecería un derroche no transmitir tanta sabiduría, así que hoy me pongo didáctico para explicar por qué aparecen los orzuelos y cómo hacerlos desaparecer.


Capítulo uno. El orzuelo (por el orto te la cuelo) . ¿Por qué aparece? (agárramela y mira cómo crece).



El orzuelo, mal y habitualmente llamado anzuelo, tiene tantos posibles orígenes como negros pelos tengo yo en los cojones. Que sepa este cabeza de chorlito se puede deber a:

  • Una mujer embarazada se ha enamorado de usted.

  • Una mujer embarazada le ha echado el famosísimo mal de ojo porque usted la ha rechazado.

  • Una mujer embarazada le ha echado el famosísimo mal de ojo porque sí, sin que medie provocación por parte de usted.

  • Su gato le ha causado una infección.

  • Un pelo se le ha infectado. (?)

  • Le está saliendo a usted un diente, pues la aparición de los orzuelos va indefectiblemente unida al crecimiento de los dientes. Aunque tenga usted ochenta años. Y no haga preguntas.

Como anécdota curiosa diré que los médicos, siempre en la inopia ellos, afirman que se debe a una glándula sebácea obstruida. Qué imaginación tienen los jodíos.


Capítulo dos. El orzuelo. ¿Cómo se cura?


Si diversas son las razones por las que se producen los orzuelos, más variedad hallamos en los tratamientos. Hoy en día, con lo que la gente sabe, el que tiene un orzuelo es porque quiere, el muy caprichoso. Veamos los tratamientos de los que tengo conocimiento a día de hoy, advirtiendo al lector que seguramente no serán los únicos:



  • Encienda una vela blanca, o dos si son pequeñas.
  • Frote un anillo de oro contra su ropa y cuando se caliente aplíquelo sobre el orzuelo.

  • Frote un anillo de oro para calentarlo, pero ojo, debe frotarlo sobre un pantalón vaquero. Después aplíquelo al orzuelo (el anillo, no el vaquero).
  • Escupa al suelo, cubra el salivazo con un puñado de sal, y a medida que el sol seca el gargajo se irá secando también el orzuelo.

  • Mate a su gato.

  • Póngase una llave (de las antiguas que son huecas) sobre el orzuelo. A esto se le llama abrir los ojos.

  • Coja un vaso de agua mineral (por alguna razón la del grifo no vale). Disuelva un puñado de azúcar. Ponga el mejunje a fuego lento, como si estuviera haciendo mermelada. Cuando esté calentito se lo aplica mediante un algodón sobre el párpado. Después apriete fuerte el orzuelo... hasta que sangre.

Como ven hay remedios para todos los gustos, y además todos bien baratos teniendo en cuenta que si optan por el del anillo de oro pueden pedirlo prestado a ese tío ricachón que hay en todas las familias.


Por si no tuvieran bastante con todos estos eficacísimos remedios de la abuela (de la abuela cuando empezó a chochear, se entiende), aún están los listillos de los médicos con sus disparatadas ocurrencias, como la de aplicar paños empapados en agua caliente para drenar la grasa acumulada en el párpado. Bah, una chorrada como una catedral, ya saben, los médicos y su dogmatismo científico. Qué canallas que son. Esos lo que quieren es que todo el mundo tenga eternos orzuelos para ser ellos los más guapos. Se habrán creído que somos tontos, caray.


Actualización (12-07-07): Otro remedio del que acabo de enterarme consiste en frotarse una mosca sobre el párpado. Con el ataque de risa que me ha dado no he podido enterarme de si la mosca tiene que estar muerta o viva. Están locos, estos romanos.


lunes, 9 de julio de 2007

Imántate, soldadito, imántate



BENEFICIOS DE LA IMANTERAPIA:

"ME DIANTE EL METODO HARMANT, DE MANERA QUE LA POSICIÓN NORTE-NORDESTE, SIN IMPORTA SU ORIENTACIÓN NATURAL. NOS PRODUZCA UN DESCANSO MÁS RELAJADO Y EFECTIVO". (Sic)

TRATAMIENTO DE ENFERMEDADES:

"EL EMPLEO DE CAMPOS MAGNETICOS PULSANTES DE BAJA INTENSIDAD ES UN METODO TERAPÉUTICO EFICAZ POR SUS MUCHAS ACCIONES ANALGÉSICAS Y ANTI-INFLAMATORIA, ESPASMOS, ANTIDEMATOSAS, ETC." (Sic)

"ES UTILIZADA PARA LA MEDICINA DEPORTIVA, REHABILITACIÓN Y RELAGACION." (Sic)



Decir que estoy indignado sería decir poco, pero también es cierto que tengo que aprender a tomarme las cosas con más humor, porque no puede ser sano que cada dos por tres (6) me agarre estos ataques de mala leche.

Por si no lo saben les confesaré que trabajo en un centro del Ministerio de Defensa, y ahora les pregunto: ¿Pueden imaginarse un acuartelamiento convertido en lugar de acogida de charlatanes? ¿Se imaginan un establecimiento militar facilitando la propaganda de curanderos y farsantes? Pues está ocurriendo. Parece que nuestras Fuerzas Armadas, en esa loca carrera por parecer cada vez más una oenegé desarmada y buenrrollista, han llegado a dar el salto a la sinrazón más absurda e irresponsable.

Ocurre que en el Acuartelamiento en el que estoy destinado (no mencionaré esta vez el nombre por piedad) se permite el acceso y se ceden locales a unos charlatanes, analfabetos además, para que hagan su engañosa función de magia con el objeto de captar clientela. Ya de paso estos traficantes de la ingenuidad podrán engordar su currículum afirmando que han "demostrado" su eficacia en organismos oficiales del Estado. Buena jugada, la de los mercaderes de la ignorancia. Pésima decisión la de la Autoridad militar que ha permitido este despropósito.

Se ha perdido la seriedad en las Fuerzas Armadas, no quiero pensar si también la vergüenza. En realidad sospecho que el proceso comenzó en 1988, gracias al Real Decreto-Ley 1/1988 de 22 de Febrero. (Dejo como ejercicio al lector curioso el averiguar a qué me refiero).

Si tienen estómago aquí les dejo escaneado el folio publicitario que hoy se ha repartido en un acuartelamiento de la provincia de Cádiz:



(Hagan clic sobre la imagen para disfrutar de un precioso texto repleto de erratas, patadas a la ortografía, mentiras y sinsentidos varios).
Actualización (29-07-07): No sé cómo se me pasó en su día enlazar este magnífico texto de Mauricio-José Schwarz.


viernes, 6 de julio de 2007

Orzuelos, embarazadas, anillos de oro y gatos



Desengáñense, a pesar del título esta entrada no va sobre ninguna extraña desviación sexual, sino sobre experiencias... ¡sobrenaturales! Titotatín... tatín...

Desde hace dos semanas luzco en el párpado superior izquierdo un precioso y elegante orzuelo que me da cierto aire de distinción. En realidad tengo el ojo que parece una patata, pero lo del aire distinguido tenía su aquel, ¿a que sí? Pues bien, experiencia tan molesta y antiestética me está enseñando una serie de cosas que me tienen sobrecogido. Por ejemplo lo de la embarazada enamorada. Ah, ¿que no saben de lo que hablo? Ay, no están ustedes al día en supersticiones. Yo se lo cuento:

Resulta que, según me han referido en diferentes días y diferentes personas, cuando a uno le sale un orzuelo significa que una mujer embarazada se ha enamorado de él. Toma castañas. Cabría preguntarse, pues, a qué se debe el orzuelo en el párpado de una mujer, ¿un hombre embarazado se ha enamorado de ella, quizás? Como ven hay algo que no cuadra, pero recuerden ustedes que estamos hablando de supercherías, y para que una superchería lo sea en toda regla tiene que tener sus puntos flacos, y cuanto más disparatada mejor.

Sabe el chorlitiano lector que no soy nada amigo de creencias de este jaez, y hago bien por la cuenta que me trae. Imaginen mi angustia, mi desasosiego, si me creyera semejante tontería. Todo el tiempo acojonado, temiendo encontrarme en cualquier esquina a la susodicha con su bombo a cuestas:

Embarazada Enamorada: Oh, Leónidas, te amo. Te veo con ese orzuelo tan coqueto y se me hace el chichi pepsi cola.

Leónidas: ¡Por las barbas del profeta! Pero si es la legendaria embarazada enamorada en carne, feto y hueso...

E.E.: La misma que viste y calza.

L.: No, si calzarte está claro que algo te has calzado para tener ese bombo.

E.E.: Oh, Leo, eres tan ocurrente... ¡Estoy enamorada de ti como nunca lo estuve de ningún otro cabeza de chorlito!

L.: Puaf, pues como todas. ¿Y dónde está la noticia?

E.E.: La noticia es que... ¡Este hijo que llevo en lasentrañas mías es tuyo!

L.: Vale. Ya hablaremos de eso otro día, ahora me urge alistarme en la Legión Extranjera.

Afortunadamente para todos, especialmente para ese hipotético bebé, todo esto no son más que disparates. Pero la cosa no acaba aquí, porque también me he enterado de un remedio infalible del carajo que cura el orzuelo en un santiamén, o más exactamente en un minuto, según me aseguraba un compañero. El remedio consiste en coger un anillo de oro (tiene que ser de oro, y no del que cagó el moro) y frotarlo enérgicamente contra la ropa hasta que se caliente, después se aplica directamente en el orzuelo. Un minuto más tarde no habrá orzuelo. Otros amables y charlatanes compañeros corroboraron la infalibilidad del remedio. Ahora cabría preguntarse por qué puñetas la gente aguanta los orzuelos durante semanas habiendo un remedio tan sencillo y eficaz, ¿será, acaso, que a la peña le va eso de tener un ojo como si acabaran de pelearse con Rocky? Otra estupidez para la colección, si bien es cierto que en este caso hay una explicación para tan descabellada idea, que tiene su origen en tratamientos reales, pero deformados por la ignorancia y la superchería. Como dijo alguien cuyo nombre desconozco, pero que debía de ser un tipo interesante: "No creo en la sabiduría popular cuando se basa en la ignorancia colectiva". O algo así.

Me propuse callarles la boca a los que me aseguraban que lo del anillo funcionaba. Fue fácil. Un compañero me dejó uno de esos horteras y enormes sellos de oro, y ahí que me puse a hacer el gilipollas frotando el anillo, como un Aladino con agnosia visual. Cuando consideré que estaba bastante caliente lo puse sobre el párpado. Calidez, sensación de estar haciendo el tonto y... ¡oh, también alivio! Así estuve un buen rato. "Cuando notes que se ha enfriado tienes que volver a frotarlo", me dijeron. "¿Habrá una cámara oculta?", pensé yo. Así lo hice, muchas veces, durante unos dos o tres minutos. Nada, el orzuelo no cambió su aspecto ni siquiera mínimamente, pero algo quedó claro: el calor alivia.

Cuando quedó patente que no era cierto que en un minuto desaparecería el orzuelo cambiaron la versión. No, en realidad no hace falta un minuto, hay que estar un buen rato. ¿Cuánto es un buen rato? ¿Quince minutos o siete horas frotando anillos? Con estas cosas siempre ocurre lo mismo, los crédulos se niegan a admitir su error, y donde dijeron digo dicen Diego, y así hasta que las ranas se peinen con tupé. Soplagaiteces, en fin.

Sin embargo, y volviendo a lo que decía sobre tratamientos reales, esta del anillo de oro es una creencia que, aunque desvirtuada y exagerada, tiene una base real. Tras una somera investigación a cargo de mi primo Google descubro que los orzuelos son una obstrucción de las glándulas sebáceas que "engrasan" las pestañas. Si no hay complicaciones remiten solos al cabo de un tiempo, pero el proceso de cura se puede acelerar con la aplicación de calor, el cual dilatará los poros y liberará lo que no es otra cosa que acumulación de grasa. Esto explica la fe popular en el anillo calentado por frotamiento, pero, ¿por qué ha de ser de oro? Pues porque parece ser que antiguamente se trataban los orzuelos mediante unas curas con sales de oro, de ahí que la ignorancia colectiva llegara a la conclusión de que calentar un anillo de oro y aplicarlo al párpado funcionaría. Luego ya vienen las creencias del todo irracionales, como la que me aseguraba que en un minuto desaparecería el orzuelo. De hecho, normalmente, hacen falta varias aplicaciones diarias de compresas calientes durante varios días.

Otro asunto curioso que ha salido a la luz entre mis compañeros debido a mi famoso orzuelo tiene más que ver con los prejuicios que con las supersticiones, pero seguimos con lo mismo de siempre: la ignorancia, la maldita ignorancia, y sobre todo, las pocas o ningunas ganas de reducirla. Estos días he tenido que escuchar frases como las que siguen: "Eso va a ser por culpa del gato", "mata ya a ese puto gato", "¿Tienes un gato? ¡Mátalo!" Simpatiquillos, eh, y siempre encantados de culpar a los gatos de cualquier mal. No saben lo que se pierden por no conocerlos. Pobre Gusifluky. Vale que es un hijoputa del tamaño de la manga de una beata, pero él no tiene nada que ver con mi glándula sebácea obstruida, el pobre.

ACTUALIZACIÓN (09-jul-07): Ahora me entero de otra versión levemente distinta sobre la superstición de la embarazada. Según algunos, se trataría de una embarazada que, por despecho ante mi desprecio, me habría echado el archiconocido mal de ojo. Titotatín... tatín...

jueves, 5 de julio de 2007

Otra de puterío


Os pueden ir dando por el culo a todos. No sé nada de marcas de ropa, pero sí sé que todas las marcas me sudan la polla.

También sé que una de mis amantes da importancia a eso, y yo me troncho de risa ante su idiotez, pero por mucho que me ría ocurre que van otros con marcas del copón bendito (aunque sean manufacturadas en China) y se la follan como si fueran magnates empresarios importantísimos. Mwajajaja, la gilipollez de siempre. Lo gracioso es cuando esa zorra me pide tomarla en serio. Mwajajajaja...

Señoritas putas de mierda: Reconozcan ustedes que son unas putas de mierda, y si no les gusta el papel lárguense y demuestren que son unas putas incapaces (el colmo, no es bastante con ser puta, sino que hay putas "maestras"), y a ver lo que pasa.

miércoles, 4 de julio de 2007

Ha muerto Joaquín Sabina


Nada de él sabía hasta que nos habló de este menda nuestra profesora de Lengua y Literatura en el colegio, mi adorada Doña María Jesús, (por entonces los niños llamábamos de don a nuestros profes).

Supe que era un tipo rebelde y un poeta moderno. Supe también gracias a él que mi idolatrada Doña María Jesús se reunía con señores y señoras que --oh, pecadores-- fumaban porros. Desde entonces presté más atención a sus clases y me masturbé con renovado interés pensando en aquella estupenda profesora.

Y ahora resulta que se nos ha acabado ese poeta, ese rebelde, ese tipo chulesco de rimas fáciles y versos espontáneos que componían canciones que no olvidaremos fácilmente.

En verdad la palmó hace años. Quizá escribió su propio epitafio en aquella ocasión --la recordarán-- en la que le estrelló un vaso en la cara a una chica que le pedía un autógrafo, seguramente la pobre con las bragas chorreando hasta que le empezó a chorrear la sangre por la cara.

He dejado de escucharlo, y cuando me lo encuentro en televisión o, más comúnmente, en un vídeo por Internet, siento una mezcla de pena y de vergüenza ajena. Es el pobre payaso triste del bombín.

Ya no tiene voz para cantar, ni ingenio para componer, ni vergüenza torera le ha quedado para retirarse a tiempo. Sólo es un triste payaso tocado con bombín que una vez fue un gran artista.

Y este cabeza de chorlito se acuerda de Doña María Jesús y piensa que la vida es muy hija de puta y muy traicionera.

lunes, 2 de julio de 2007

Ay, futuros universitarios, angelicos míos


Ni en mis más turbias pesadillas, ni en aquella ocasión en que se me fue la mano con el whisky y con otras sustancias poco recomendables y olvidé quién era, ni cuando tuve una fiebre altísima y empecé a ver enanitos calvos que se metían en la cama conmigo... Nunca, amigos míos, nunca hubiera podido imaginar que mis primos los amantes de lo políticamente correcto fueran tan rematadamente GILIPOLLAS. Pero sí que lo son. Perra vida.

En esta entrada nos lo cuenta Josu, de Malaprensa.

Hasta la polla


En el momento de escribir esto son las 6:10 de la mañana. No es que haya madrugado mucho, es que no me he acostado, ni me acostaré. No me han dejado, como tantas otras veces.

Las puñeteras amigas vampiresas que tengo siempre me la juegan. "Ay, Leo, ven, te necesito, tengo que hablar..." Sí, ahora se llama hablar, pero las muy cabronas sólo sienten esa imperiosa necesidad dialogante de madrugada. Últimamente me he puesto duro, salvo que sea viernes o sábado: "Tía, esto se tiene que acabar. Recuerda que trabajo y a las ocho tengo que estar en mi puesto", es más o menos lo que respondo. Pero a ellas les suda el coño, porque ellas son el centro del Universo y lo demás no cuenta. Si además se ponen a llorar desconsoladamente, como ocurrió esta mañana, ya ni les cuento.

Acaba de llamarme Yolaida, muy enfadada porque la metí en un taxi sin irme con ella a su casa, y también porque le he confesado que mañana --hoy-- he quedado con otra. Lo cierto es que yo me quedaba con Yolaida, quizás por la costumbre, pero aún no puedo decidir porque no me he follado todavía a la otra, así que ya veremos.

No sé, es que todo me parece una gran gilipollez. Yolaida folla conmigo pero se avergüenza de mí ante sus amigos porque no visto según las modas, pero en secreto me busca cuando está harta de babosos vestidos a la moda y necesita un buen polvo, la criatura. Patético. La otra no puede hablar de mí abiertamente porque tiene pareja... Más patético aún.

Por otro lado tenemos a la otra, de la que empiezo a pensar mal, porque si he quedado con ella es porque está hasta el cuello de deudas y necesita un préstamo, pero un préstamo en metálico ya que tiene no sé qué problemas con su cuenta... ¿No es raro todo esto? Ahora me veo atrapado porque tengo que determinar si se trata de una puta con estilo o de una damisela en apuros. Lo primero es reprobable; para lo segundo siempre contarán conmigo, cual anacrónico Don Quijote.

Son las siete horas y cinco minutos de la mañana. No puedo seguir con esto, he de ponerme el uniforme.