Un blog escrito bajo severas dosis de etanol.

lunes, 15 de octubre de 2007

Esos personajes que te encuentras en los chats



Motero36: Hola, Divina. ¿Molesto?

Divina24: No, qué va. Esto está aburridísimo hoy. ¿De dónde eres?

M: De Segovia, ¿y tú?

D: De Valladolid. No estamos demasiado lejos, je je. Oye, ¿y a qué te dedicas?

M: Pues trabajo en el Ayuntamiento. ¿Y tú estudias o curras?

D: Soy peluquera. En el Ayuntamiento, pero, ¿qué haces exactamente? ¿Eres el Alcalde o algo así?

M: Pues no. Soy basurero.

D: Ay, tío, qué guay. Me parece súper emocionante.

M: ¿Ser peluquera?

D: No, lo de ser basurero digo.

M: Pues... no sé qué decirte.

D: Oye, seguro que te encuentras muchas cosas raras en la basura.

M: Bueno, eso sí. Una vez encontré un revólver, un revólver de verdad cargado y todo.

D: ¡Anda, qué guay! ¿Y te lo guardaste para matar a alguien?

M: Je je je, qué cosas dices.

D: En serio, ¿qué hiciste con él? ¿Lo tienes todavía? ¿Me lo podrías enseñar? ¿Me dejarás usarlo?

M: No, lo entregué a la poli.

D: Ah. Vaya.

M: ¿Te gusta tu trabajo?

D: Sí, un poco. Oye, ¿qué más cosas raras has encontrado?

M: Pues no muchas. Hace poco que tengo este trabajo. ¿Tienes novio?

D: No. ¿Te encuentras perros muertos y cosas así?

M: Pues... sí, casi todos los días. Qué cosas más extrañas me preguntas.

D: Ah, cómo mola eso de los perros muertos. ¿Y están enteros, como de muerte natural o van por trozos?

M: Esto... casi siempre enteros. Pero dime, ¿te gustaría encontrar pareja? ¿Qué esperas de esta conversación?

D: No sé. ¿Y alguna vez te has llevado los perros muertos a tu casa?

M: ¿Qué?

D: Bah, nada, cosas mías. Yo tenía un gato, pero lo maté y lo tiré a la basura.

M: Ah, interesante. Muy interesante, de hecho. Y dime, ¿cómo eres?

D: Normal. ¿Te has encontrado algún feto?

M: Caramba, Divina, pues no he tenido esa... suerte. Una vez creí que sí, pero sólo era una muñeca rota.

D: A mí me gusta desmembrar las muñecas.

M: Caray, qué cosas me cuentas. ¿Cómo te llamas? Yo Pedro.

D: María. ¿Y trozos de personas descuartizadas tampoco encuentras?

M: Joder. De momento no. Me estás haciendo unas preguntas rarísimas, María.

D: ¿Te gusta mirar en las bolsas que atraen mucho a las moscas?

M: No, María, no tengo esa curiosidad.

D: A mí sí me gusta. Siempre que paso junto a un contenedor de basuras y veo muchas moscas miro por si hay algo interesante.

M: María, ¿tú has ido alguna vez a un psicólogo?

D: No, ¿por qué?

M: Por nada, mujer, era sólo curiosidad. La misma que no tengo para mirar en las bolsas cubiertas de moscas.

D: A mí me gustan esas que son verdes y brillantes.

M: Sí, bueno, supongo que cada cual tiene sus gustos respecto a las bolsas de basura.

D: No, tonto, yo me refiero a las moscas. A mí me gustaría hacerme un collar de moscas verdes. Son muy bonitas. Y están deliciosas.

M: Ya, vale. Lo tendré en cuenta. En fin, si no te importa me voy a marchar que he quedado con unos amigos.

D: ¿Son basureros también? ¿Ellos han encontrado cadáveres en descomposición? ¿Me los presentarás algún día?

M: Adiós, María.

D: ¿Me das tu dirección de Messenger? Puedo enviarte fotos de cuerpos descuartizados, en serio. Tengo muchas.


(Cinco minutos más tarde).

D: ¿Estás ahí? ¿Por qué no hablas?

D: ¿Ya no me quieres?

D: Tengo una tortuga. Si quieres la mato y la escondo en un contenedor de Segovia para que tú la encuentres.

D: ¿Estás ocupado? Jo, no me contestas.

D: Oye, Ramón o como te llames, ¿quieres acabar en un contenedor para que te encuentren tus compañeros? ¿Te gustaría eso, cabrón?

D: Todos los hombres sois unos cerdos aprovechados y estáis locos. Tendrían que descuartizaros a todos.

D: Eres un hijo de puta y no me creo que seas basurero. Vaya mierda de basurero que no encuentra a gente muerta. Tú lo que eres es un fracasado.

domingo, 14 de octubre de 2007

El Nobel de Literatura se baja los pantalones ante el feminismo



No debe sorprenderme a estas alturas, pero me toca los perendengues.

Ya saben que la última persona galardonada con el Nobel de Literatura es la escritora británica Doris Lessing, y quizá recuerden que no hace mucho les contaba por aquí que ya no leo novelas escritas por mujeres porque apestan. Las novelas, digo (las mujeres según los casos). En el verano del 94, no obstante, aún no se había desarrollado mi olfato lo suficiente para percibir ese hedor y cometí la imprudencia de leer algo de esta señora. La buena terrorista, concretamente se llamaba aquella novela. En ese libro aprendí algo que hoy, trece años y medio después, no he olvidado: que jamás volvería a leer a la Lessing.

Quién me iba a mí a decir que la productora de boñigas literarias llamada Doris Lessing acabaría siendo una premio Nobel. Hay que joderse. Esta señora es de esas escritoras que aun intentando disimularlo no podría ocultar que escribe para mujeres feministas, pero es que además no lo disimula. Y van y le dan el Nobel, tócate la flor.

Me parece que ha llegado el momento de cagarme en esos premios y dejar de tomármelos como cosa seria.

Más cositas al respecto.

Sábanas santas, prepucios divinos, y otras cochinadas




Hoy quiero vomitar un poco acerca de las marranadas a las que tan aficionados son muchos cristianos (y no me salgan con la tontería de que no me atrevería a hacer lo mismo con los musulmanes; sencillamente éstos me la pelan porque me tocan de lejos, y lo que tenía que decir sobre ellos ya está dicho).

Hace unas semanas leí La Sábana Santa ¡vaya timo!, de Félix Ares de Blas, (Laetoli, 2006). Unas 130 páginas de seriedad científica e historia sobre el origen del venerado trapo. Me gustó y me sirvió para requerir la continuación de una interrumpida batalla verbal con un compañero sindonófilo, quien curiosamente no se mostró nada interesado en reanudar nuestra discusión cuando supo que yo me había documentado.

Pero es que ahora ando enfrascado en la lectura de El Fraude de la Sábana Santa y las Reliquias de Cristo, de Juan Eslava Galán, (Planeta, 2004), y me estoy corriendo de gusto. Esta vez son 350 páginas llenitas de ironía a la vez que rigor. Ando sólo por la página 116, pero no me quiero comer las ganas de hablarles ya de este libro, y me voy a permitir fusilarle algún fragmento pasándome el copyright por mi divino prepucio (esto está mal, amiguitos, no lo hagan nunca). Para que vean cómo las gasta el amigo Eslava:

"La fiebre de las reliquias no sólo afectaba a las instituciones. Muchas personas devotas también llevaban consigo, pendientes del cuello o prendidos de la ropa, diminutos relicarios portátiles o filacterias (que no debemos confundir con los amuletos llevados por los paganos con idéntica finalidad protectora, del mismo modo que tampoco confundimos el apostolado de la Iglesia con el proselitismo de las otras religiones o sectas)." (Delicioso párrafo desbordante de ironía y mala baba. Lúcida y elegante la manera de Eslava de relacionar las filacterias con los amuletos y el apostolado con el proselitismo. Me encanta).

"En la sala del Museo del Ejército dedicada a la guerra civil del 36 se veneran los calzoncillos que vestía el capitán Cortés, héroe del santuario de Santa María de la Cabeza, cuando la metralla segó su vida." (Esta frase me ha llamado la atención porque el pobre Cortés es un viejo conocido de este cabeza de chorlito. Hay quien quiso relacionarlo con esas manchas famosas mundialmente conocidas como las Caras de Bélmez).

"¿Quién no conserva un pequeño objeto de la persona amada, un trozo de su cuerpo, un tirabuzón, un diente? El que esto escribe debe confesar que tiene en grandísima estima un plumier que perteneció a Menéndez Pelayo y, sin menospreciar a nadie, no lo cambiaría por la pluma del ala del arcángel san Gabriel que se venera en el santuario de Sangüesa, en Navarra. Por cierto, allí veneran también un sobrante de la tierra que usó Dios para modelar a Adán." (Yo, desde luego, también valoraría más un objeto que perteneció a una persona que ha hecho historia antes que la "pluma de un arcángel"... Mwajajajaja...)

"La falsedad científica de la sindonología es, por otra parte, explícitamente reconocida por uno de los más prestigiosos sindonólogos españoles, Julio Marvizón, quien no tiene reparo en confesar repetidamente (página 34 y nuevamente en la 68 de su libro) que 'los hombres de ciencia que la han estudiado jamás pensaron en subordinar la fe a la razón'. Es decir, que, en todo momento, la fe predominó sobre la razón. Esta apreciación es evidente y no podemos dejar de estar de acuerdo con ella, aunque considerando las firmes convicciones sindonolófilas que Marvizón expone en otros pasajes de su obra, nos asalta la duda de si el autor habrá querido decir justamente lo contrario de lo que dice. Redactado de este otro modo: `jamás pensaron subordinar la razón a la fe', parece que su texto se ajustaría mejor al pensamiento del autor. Aunque, por otra parte, si lo dice dos veces, y con las mismas palabras, será porque está plenamente convencido de ello. O quizá sea que el subconsciente lo traiciona. No sé." (Juas, juas, juas... Leña a Marvizón).
Pues ya está, sólo era eso. Lean este libro si son aficionados a desentrañar misterios y verán que, otra vez más, los misterios no son tan misteriosos como parecen, o como algunos quieren que parezcan.

viernes, 12 de octubre de 2007

Segismundo Pedorretas. (O la historia del psicópata Serpiente)


No entiendo a qué viene todo este cirio que están montando por el asunto del Pedorretas. De verdad que no entiendo tanto interés por ese desgraciao, pero ya que me preguntan con esa insistencia, y teniendo en cuenta que estoy detenido y esposado, creo que será buena idea que vaya desembuchando lo que sé, que tampoco es mucho.

Al Segis lo conocí hace unos tres años, cuando salí de la cárcel. Perdón, ¿me puede repetir la pregunta? Ah, no, no lo conocía de antes, me lo encontré al salir del chiquero. La segunda vez que salía, ya les digo que fue hará cosa de tres años. De mi primera salida carcelaria hace ya más de cinco. Joder, cómo pasa el tiempo.

Que sí, que sí, que me centro. A mí no me esperaba nadie a la salida de la cárcel. Nada de esa mierda del viejo amigo que viene a recogernos a la puerta, ni unos padres que lloriquean ni hostias. Todo eso es mierda peliculera o cosas de ricos. A mí sólo me esperaba la calle desierta y muchas oportunidades para ser un hombre nuevo.

Me encontré al Segis jugando con un perrito en un descampado. Enseguida me di cuenta de que era uno de esos críos que la gente bien llaman retrasados, pero que ustedes y yo sabemos que se llaman putos subnormales de mierda. Me lo follé porque él quiso. Anda que no son guarros los críos así. Y además en la cárcel uno se aficiona a eso de meterla en el culo. Yo se la chupé, para tenerlo contento y caerle bien, pero cuando le dije que se viniera conmigo para buscar aventuras y ser mi amigo me dijo que su amigo era el perrito ese mierdoso con el que estaba jugando. El muy maricón. Cogí un buen pedrusco y le aplasté la cabeza al perro. El Segis se quedó mirándolo, con más cara de bobo de la que tiene normalmente y metiéndose el dedo en la nariz. Hostias, qué asco me daba con esa puta manía de meterse el dedo en la napia. Le di un buen sopapo, por guarro y para que aprendiera quién mandaba allí. Y le dije "ahora ya no tienes amigos, así que te vienes conmigo". Y se vino.

Yo no sabía que lo estaban buscando, de verdad. ¿Cómo cojones iba a pensar que alguien buscaba a ese pedazo de carne con ojos? Joder, hay gente pa to.

Me preguntó mi nombre y le dije que me llamo Serpiente. Es una tontería, ya lo sé, pero en la cárcel había un tío al que llamábamos así. El Serpiente era el puto amo, tíos. Los funcionacas le tenían miedo, que yo se lo notaba en los ojos. A mí me gustaría ser como el Serpiente, así que le dije al Segis que mi nombre era Serpiente, y él me dijo que se llamaba Segismundo pero que le decían El Pedorretas porque siempre se tiraba pedos, el muy guarro, todo el día con el dedo en la napia y pegándose cuescos. Que asco de crío, por dios.

¿Qué? Yo qué coño iba a saber su edad, si todos los mongolos son iguales y parece que no se hacen viejos. Y aunque tengan cuarenta tacos es como si fueran críos. Pues bueno, tendría trece años, pero porque usted me lo dice. Yo le habría echado unos quince. Y pelos en los huevos ya tenía, no me jodáis.

A mí me molaba el Pedorretas porque me hacía caso en todo. En mis pandillas yo era siempre el mandao, el donnadie, el soldao raso. Pero con el Segis me sentía el jefe, tíos, de verdad. Ese marica subnormal era muy obediente, y si yo me emborrachaba con el tinto y no trempaba bien el mariconazo del Segis me la chupaba durante una hora si hacía falta, hasta que me corriera o hasta que le diera dos hostias por no saber chuparla como dios manda. Estos aprenden así, a pura hostia, porque no tienen la cabeza en condiciones y no pueden aprender de otra manera.

Tenía sus cosas buenas, el cabrón del Pedorretas. Yo he violao a muchas guarras, pero siempre era el último, cuando los otros acababan. Pero con el Segis era diferente. Él no me metía prisa ni se me adelantaba, sólo se las follaba cuando yo se las pasaba. La primera vez lo tuve que enseñar a hacerlo. No tenía ni idea, ya les digo que era maricón. Je, je, je... el bueno del Segis.

¿Cómo dice? ¡Anda, pues claro! En los robos era él el que se jugaba el pellejo, porque yo era la cabeza pensante, tíos. La puta cabeza pensante, el cerebro del equipo, tíos. Yo no podía arriesgarme. La cabeza de la serpiente piensa, maderos, y es muy valiosa. Pero no os creáis que era fácil hacer mi trabajo. Una polla. El subnormal del Pedorretas no inspiraba respeto y le tuve que sacar las castañas del fuego más de una vez. Tíos, el respeto es importante. Yo os respeto un huevo, porque vosotros limpiáis la sociedad de crímenes y delincuencia y mierda. Se están perdiendo los valores, tíos. El respeto es un valor importante, y el Segismundo no imponía respeto con su cara de mongolo y se reían de él. A mí eso me jode mucho, tíos. No soporto que se rían de los demás, de la gente que es inferior. Entonces intervenía yo, tíos, aparecía en escena la serpiente. Todo dios se cagaba. Yo impongo mucho respeto porque soy una persona con valores.

¿Qué? Ah, sí, eso. No, era el Segis el que mataba a la gente. Ese maricón tenía la mano rápida para la navaja. Era un puto asesino.

Mirad, a mí me suda la polla lo que digan los testigos, que son todos unos hijoputas sin valores. Yo no le clavé la navaja a nadie, ojalá el Segis estuviera vivo, porque entonces él podría confesar sus crímenes.

Señor madero, si usted me repite la pregunta más alto a lo mejor la entiendo... Vaaaale, tampoco hay que gritar, hostias, que estamos entre caballeros. Pues no, yo de eso no sé nada. Me cansé del Pedorretas y nos separamos hace como dos semanas. Si ahora lo habéis encontrao con la cabeza machacá como la de aquel perrito pues vosotros sabréis. Yo no sé nada.

¿Que ustedes no han dicho nada de cabezas machacadas? Ah, pues... no sé, será que estaba pensando en lo del perrito. ¿Saben?, me dio mucha pena cuando vi al Segis aplastarle la cabeza a aquel pobre perrito. Ese marica era un cabrón peligroso. Es bueno que esté muerto.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Algo bastante ñukitreable


Hoy estoy tiernito. Días que tiene uno.


A mí me gustaría contar el por qué, pero no puedo. O no quiero. O no debo.

Hoy es uno de esos días en los que el sol brilla con más intensidad, y los pajaritos cantan, y las pesadillas parecen menos aterradoras, y el optimismo me sale por las orejas, y doy asco de tan cursi como me estoy poniendo.

Bueno, aquí les dejo una cancioncita de la Stefan, porque me encanta cómo suena y porque quiero que alguien me quiera como cuenta la canción:




NO PRETENDO (Gloria Estefan)

No pretendo ser la gota
que derrama tu silencio,
ni pretendo ser la nota
que se escape en tu lamento.
No pretendo ser la huella
que se deja en tu camino,
ni pretendo ser aquella
que se cruza en tu destino.
Sólo quiero descubrirme
tras la luz de tu sonrisa,
ser el bálsamo que alivia
tus tristezas en la vida.
Sólo quiero ser la calma
que se escurre en tus desvelos,
ser el sueño en que descansa
la razón de tus anhelos.

Simplemente es el amor
cuando ha roto sus cadenas
para darte el corazón.
No pretendo ser tu dueña.

No pretendo ser la llama
donde enciendes tus pasiones,
ni pretendo ser la espada
que atraviese tus errores.

No pretendo ser el aire
que respiras en la noche,
ni pretendo ser la carne
que destila tus derroches.

Sólo quiero ser la mano
que se tiende en el quebranto,
ser un poco ese remanso
donde muere el desengaño.

Sólo quiero ser la estrella
que se engarza en tu mirada,
la caricia que se entrega
sin razón y sin palabras.

Simplemente es el amor
que ha encontrado su camino
para darte mi ilusión.
No pretendo hacerte mío.

Simplemente es el amor...


(Gracias por la canción, Paola).

lunes, 8 de octubre de 2007

Eh, tú


Eh, oye, tú. Sí, sí, es a ti, no mires a otro lado.


Me tienes harto. La escoria como tú me hace desear que el Sol de apague, que un meteorito enorme nos funda los plomos, que exista ese dios cabrito que se ponga el mundo por montera y nos liquide para empezar otra vez tras borrón y cuenta nueva.

No quiero más mentiras, ni psicópatas a mi lado, ni idiotas idiotizantes que me digan por televisión lo que tengo que pensar, ni idiotas idiotizados que hablan de fútbol porque nada más les interesa.

No puedo soportar que un conductor llamado Alonso sea ídolo de adolescentes que no saben que probablemente están vivos gracias a unos tales Fleming, Pasteur, Jenner...

Me pongo enfermo de rabia y pena cuando veo a tanta niñita mona cuya máxima aspiración en la vida es desfilar en una pasarela de modelos, y a poder ser casarse con un Beckham, insigne personaje famoso por chutar balones con cierta habilidad.

Sufro ataques de risa floja cada vez que tú, y tantos como tú, me decís orgullosos que os presentáis a una prueba de selección para participar en un Reality Show, ese clase de programa televisivo donde unos mostráis vuestras miserias y otros las disfrutan.

Vomito bilis y mierda cada vez que constato que un coche caro y llamativo suple una personalidad interesante y definida.

Se me ponen tiesos los pelillos, mujer, cada vez que pienso en cómo te has abierto camino en la vida abriéndote de piernas.

La piel de gallina se me pone, hombre, al descubrir que das más valor a tus músculos que a tu cerebro. Y aún me erizo más pensando que ellas te dan la razón.

Me espanta ver que te saltas muchas páginas del periódico para concentrarte en las deportivas, y que luego te recreas en el horóscopo, sin olvidar un rápido vistazo a los anuncios por palabras y su puterío.

Me río de, y me cago en, (una y mil veces): tus tatuajes, tus piercings, tu ropa estrafalaria y carísima, tus cortes de pelo ridículos, insuficientes recursos todos de la persona vacía que eres y que no sabes cómo enmascarar.

Caigo víctima de la más deshidratante diarrea cuando tu estreñimiento mental te obliga a tomarte en serio programas como Cuarto Milenio, y me aterra, aunque a ti te alegre, que se una a la fiesta de la sinrazón el amigo Javi Sierra.

Miro al fondo de tus ojos, soplapollas, y no lo encuentro, tontarra. Tus ojos no pueden tener fondo porque son sólo superficie, ¡cagamandurrias!

Así que llego a casa desolado, entro y le doy dos vueltas a la llave de la puerta blindada, para asegurarme de que tu mundo no se infiltra en el mío. Luego cojo en brazos a mi gato Gusifluky, lo escucho ronronear, y le busco el fondo de sus ojos. Y tampoco se lo encuentro, de tan profundo que es, al menos para el examen de alguien acostumbrado a ver sólo superficies.

Y mientras sostengo a Gusi acerco mi cara a la suya y le digo bajito: rrrrrrrrrrrrr...

"Nos tenemos el uno al otro", me gusta pensar que entiende él.

viernes, 5 de octubre de 2007

Coleccionistas defraudados


(NOTA IMPORTANTE: A tenor de la última información recibida gracias al autor de un comentario, Nacho G., y tras varias llamadas telefónicas efectuadas por mí, advierto que toda opinión vertida en esta entrada está en cuarentena. Es más, me temo que he metido la pata bien al fondo. Casualmente este texto es de los que más visitas atraen a mi bitácora, de ahí mi interés por rectificar cuanto haya que restificar, no sea que en mi interés por evitar que ustedes sean engañados resulte que los estoy engañando yo a ustedes. Mientras hago unas comprobaciones, por favor, no tengan un cuenta nada de lo que digo aquí. Llegado el momento reeditaré esta entrada con las aclaraciones pertinentes, e incluso puede que publique otra para desdecirme).

Me enteré anoche y esta mañana no me he podido callar, aunque eso me convirtiera en el portador de malas noticias. No es que yo disfrute desengañando a la gente, pero mejor que se desengañen antes que tarde.

En el sitio donde trabajo trabajan también unos cuantos cocineros y pinches a los que les ha dado por recolectar los tapones de plástico de las botellas de agua, y han puesto una bandeja para que los comensales (cientos algunos días) depositen voluntariamente los taponcitos. Cuando reúnan 7000 tapones --creo que me dijeron 7000 KILOS de tapones, pero prefiero pensar que es una mala jugada de mi memoria-- alguien o algo no identificado donará una sillita de ruedas a algún sitio tampoco especificado del que sólo se sabe que la necesitan urgentemente. Pobres ilusos.

¿Tapones de plástico prácticamente sin valor? ¿Silla de ruedas? ¿Donación? ¿De qué cojones va todo esto? Lo he visto hacer con los tiradores para abrir latas de cerveza o refresco, y también con los plastiquitos que envuelven los paquetes de cigarrillos, incluso cuando era niño colaboré afanosamente en alguna de esas locuras. Seguramente muchos de ustedes conozcan más casos similares, como quizá reunir nueve millones de toneladas de guano de gaviota a cambio de las cuales obtendrán un ejemplar de Caballo de Troya firmado por el mismísimo J. J. Benítez.

Todos los casos tienen algo en común: son mentira. Y eso mismo le he comunicado hoy a los cocineros, con la idea de que es mejor desengañarlos ahora que dentro de unos meses, cuando hayan terminado su irracional labor de recolección de inutilidades. A pesar de mi buena intención ha habido suspicacias e interrogatorios acerca de mi afirmación, y es una pena que no muestren el mismo sentido crítico a la hora de ponerse a recolectar tapones como idiotas.

El amigo que anoche me puso al tanto del asunto afirmó que, aunque no sirva para nada la absurda recolección de tapones, tampoco hace daño a nadie. En mi opinión mi amigo se equivoca rotundamente. Claro que hace daño.

Esta clase de estafas apelan a nuestro ego más que a nuestra solidaridad. Nos hablan de una silla de ruedas --¡una única silla de ruedas!-- que será donada a algún centro de beneficencia donde hace mucha falta, como si esa única silla fuera a arreglar el mundo, y somos tan gilipollas que nos lo creemos. Además, no nos atacan donde duele, que es el bolsillo, sino que nos piden algo tan sencillo y tan barato como reunir desechos sin valor, por una causa justa, noble, solidaria. Vamos, que te ganas un cachito de Cielo sin invertir nada, ¿quién puede negarse a ser un Robin Hood a precio tan tirado? Oh, voy a ser bueno, voy a tranquilizar mi conciencia dejando este inservible tapón en una bandeja. Qué buena gente soy, qué solidario, qué orgulloso estoy de mí mismo.

Pues no, tú eres simplemente... eso, un simple.

¿Qué tal si te haces unas pocas preguntas? Por ejemplo: ¿quién dona y a quién? "Uy, pues no sé, pero alguien será." ¿Por qué lo hace? "Pues porque los tiradores de las latas de refresco (o los tapones de las botellas de agua, o lo que sea) están hechos de un material valioso y es rentable su reciclaje". En ese caso, ¿por qué no te pagan directamente por ello en lugar de hacer la pamplina de la donación a centro benéfico y por qué no les vale la lata completa, que está hecha del mismo material que la anilla para abrirla? "Pues..., yo qué sé, esto quien lo sabe bien es una amiga del primo de un vecino de mi abuela". Y así podríamos seguir un rato más.

Más tarde o más temprano llega el desengaño, que ocurrirá cuando intentas determinar a quién llevarle tu montón de porquería y por más que preguntas no encuentras a quién, o lo que es más humillante, te dan el nombre de una empresa privada, te pones en contacto con esa empresa, ilusionado y esperando agradecimiento, y te encuentras una respuesta como ésta: "Lo siento, es usted la quinta persona que nos pregunta por ese asunto durante la semana, y la decimocuarta en lo que llevamos de mes. Desde Recauchutados Gaspar S. L. sólo podemos decirle que no sabemos nada de sillas de ruedas y que no estamos interesados en los dos millones de mondadientes usados que usted, tan amablemente, nos ofrece".

Entonces nos encontramos el amor propio bastante tocado, y la vergüenza de tener que dar explicaciones a los cientos de personas a las que convencimos para colaborar en nuestra absurda cruzada. Así que, sí, estas leyendas urbanas acaban haciendo daño.

Quiero pensar que el Lunes ya no estará esa bandeja llena de tapones en el comedor, y si me acuerdo haré por enterarme. Tal vez me haya ganado la antipatía eterna de los cocineros, pero espero que sirva de algo. El Lunes veremos, de momento no me atrevo a hacer apuestas, que esto es Cádiz, y como los propios gaditanos dicen orgullosos: "Esto es Cai y aquí hay que mamar".


Para más información sobre leyendas urbanas y esas molestas cadenas que van pasando de boca en boca (o de mail en mail) les sugiero la página web Rompecadenas y los libros de Jan Harold Brunvand. Ustedes los disfruten.


ACTUALIZACIÓN (8 de Octubre de 2007, Lunes): Lo que son las cosas... No me he enterado de si sigue en el comedor la bandeja de los tapones, pero sí de quién es la persona que introdujo el bulo en la cocina de mi centro de trabajo. Se trata de un compañero que trabaja a apenas unos metros de mí, casualidades de la vida. A él le transmitió el bulo su profesor de baile, un cubano que enseña a mover el body a ritmo de salsa.

Lo más curioso es que, hace meses, ese mismo maestro danzarín convenció a mi compañero de que Fidel Castro había muerto... y que la noticia se la había filtrado un agente secreto cubano. Los bailarines es que están muy bien relacionados.

Con tales antecedentes en la fidedigna información del bailarín salsero ya me dirán ustedes lo que cabe esperar.

En fin, he sacado del error a mi compi, que se ha mostrado pesaroso porque, según afirma, también había convencido a un McDonald´s y a varios restaurantes de su pueblo para que lo secundaran en la colecta de tapones.

También debo decir que hace un par de años este compañero me quiso convencer de que el programa Google Maps permitía ver imágenes en tiempo real, y ante mi escepticismo me aseguró que había hecho la prueba saludando a su padre desde la piscina, mientras el otro lo veía en el monitor a través de algún satélite.

En vista de lo cual les sugiero que si quieren hacer algo útil con los tapones de plástico y con otros residuos, lo hagan usando los contenedores que hay en casi todas partes para discriminar diferentes materiales y así contribuir a su aprovechamiento lo más cívicamente posible.

Y hasta esto, me temo, es discutible.

martes, 2 de octubre de 2007

Azra



Acabo de desempolvar el diario que escribí durante parte de mi participación en la misión SFOR (Fuerzas de Estabilización de la OTAN). Qué recuerdos...

Me he ido a buscar el día en que aterricé a bordo de un C-130 Hércules en la Base Europa, Cuartel General de la División Salamandra, de jefatura francesa y situada en Mostar (Bosnia). Esa entrada del diario, correspondiente al Viernes 20 de Abril de 2001 es escueta, como casi todas las que escribí, y dice así:


Día D+2.
2ª Rotación.
Yo vuelo a Mostar A/P.
A las 5 en pie.
A las 6 en acto. "La Rubia".
A las 6'15 desayuno.
A las 6´45 bus a Villanubla.
A las 7´15 llegada a Villanubla.
A las 8´20 despegue a Mostar.
A las 12 aterrizaje en Mostar.
Alojamiento provisional con Cb1º Pascual, Cb1º Velarde y Cb Correiya.
A las 15`30 hacemos tarjetas de identificación SFOR.
A las 16 nos entregan 500 DM, (adelanto Mayo).
A continuación toma de contacto con mi trabajo.
En la cena veo al Capitán Santoyo, "aquí te pillo aquí te follo". Sigue mascando chicle compulsivamente, eso no ha cambiado desde el año 1994.

Eso cuenta la entrada correspondiente al 20 de Abril. Pero yo, mientras esta tarde la leía, no dejaba de pensar en lo mucho que calla. Mi diario en Zona de Operaciones habla poco y silencia mucho por razones que comprenderán. Ha pasado mucho tiempo y, lo que es más importante, mis circunstancias personales han cambiado hasta ser irreconocibles. Por eso hoy voy a contar lo que callé aquel 20 de Abril.

La temperatura en Mostar era algo más fría que en la recién abandonada Valladolid, donde había pasado el último mes y medio. El día se presentaba nublado pero no lluvioso. Los novatos como yo en misiones en el extranjero íbamos con los ojos muy abiertos, sin perder detalle de las muchas novedades que encontrábamos a nuestro alrededor con un ojo, mientras que con el otro no perdíamos de vista a los veteranos con la intención de imitarlos, (para Pascual era por entonces su quinta misión fuera de nuestras fronteras, y la tercera en Mostar. Hace poco lo vi en un telediario, a la vuelta de Afganistán, y pensé que su mujer necesita un amante, si es que no se han separado ya).

Poco después de desembarcar del Hércules nos hicieron formar. Fue entonces cuando la vi, surrealista con aquel vestido rojo estampado de flores amarillas y muy ceñido, su pelo rubio y su sonrisa de bienvenida (aquella sonrisa suya que no mostraba los dientes), todo fuera de lugar entre los uniformes miméticos, entre tanto muchachote moreno y entre tanto gesto adusto. Pensé alguna locura sobre diosas que guían a los guerreros en el combate. Cuando rompimos filas la diosa se lanzó a abrazar y besar a los viejos conocidos que repetían misión en Bosnia, y yo los envidié mucho.

Luego supe que se llamaba Azra y que era una de las dobras (mujeres) que trabajaban en la cantina española de la Base Europa. Tenía veintidós o veintitrés años, los ojos azules y esa belleza esbelta y rubia que vemos en tantas modelos centroeuropeas. Aunque natural de Mostar --de la parte musulmana de Mostar, para más señas-- hablaba un español casi sin acento y con un vocabulario que ya lo quisieran muchos españoles. Es curiosa la facilidad de esta gente para aprender nuestro idioma. Recuerdo haber conocido a una empleada de gasolinera en algún lugar de Bosnia que me atendió en correcto castellano, y ante mi sorpresa me explicó que lo había aprendido... ¡viendo culebrones sudamericanos en versión original subtitulados a su lengua!

Azra era una chica inquieta, juerguista y manipuladora, pero con buen corazón. Parte de su tiempo libre lo dedicaba a salir con guardias civiles españoles para entregar ayuda humanitaria extraoficial y hacerles de intérprete voluntaria. En relación con esto puedo contar una de las anécdotas más extrañas que he vivido en mi vida: la ocasión en que una patrulla de la Guardia Civil me recogió para llevarme a una cita con una chica. Pero no perdamos el hilo.

Durante mis tres primeros meses en Bosnia Azra y yo nos ignoramos todo lo que pudimos. A mí me revientan las damas que van de guapas por la vida y están coqueteando constantemente; no son de fiar. A ella, supongo, no le gustaba mi manera fría, educadamente distante, de pedirle el café por favor y darle las gracias sin piropearla y sin la menor galantería jamás. Hasta que una tarde, con la cantina casi desierta, Azra me puso el café con muy mala leche, derramando parte incluso. Después me miró furiosa y gritó: "¡KOWALSKI! ¿POR QUÉ ME ODIAS?" Y yo, claro, supe que acababa de nacer una interesante amistad que haría más entretenido el tiempo que me quedaba allí.

Azra me dio algunos disgustos. Procuro pasar desapercibido, y los numeritos públicos no me gustan nada, menos aún en presencia de mis superiores jerárquicos, pero Azra era una dramática incorregible y alguna vez me la jugó, como cuando el incidente de Henar:

La Soldado Henar Domínguez y este menda nos llevábamos muy bien. Heni era una Soldado formal, inteligente, veterana, con buena fama entre sus jefes. Me caen bien las mujeres militares así, que son las menos. Henar y yo a veces compartíamos unos cafés, y a Azra eso la mortificaba. Una vez prácticamente nos tiró el café sobre los uniformes, y Henar, chica discreta, decidió marcharse. Entonces Azra, convertida en una arpía, me soltó la siguiente lindeza mientras hacía el gesto de estrangular: "¡SI VIENES OTRA VEZ CON ESA BRUJA FEA LA MATO! ¿ME OYES, KOWALSKI? ¡LA MATO CON MIS PROPIAS MANOS!" Sí, Azra también aprendía español con los culebrones y era muy teatrera, pero lo peor es que estaban presentes varios de mis jefes y fuimos la comidilla durante unos días.

Pascual, cuando se refería a Azra la llamaba Sindy. Era una broma muy cruel. Sindy quería decir... sin dientes. La dentadura superior de Azra era una chapuza reconstructiva, una cosa hecha de alguna masilla, como un único diente que abarcaba toda la mandíbula. Por eso nunca separaba los labios al sonreír. Por eso nunca reía a carcajadas. No me gustaba que la llamaran Sindy. Nunca supe a qué se debía aquel desaguisado. O sea, la reconstrucción chapucera fue porque durante la guerra no había mejor solución, e imagino que terminada ésta lo que no habría es dinero para un buen dentista, si es que había dentistas. Lo que no supe es por qué Azra había perdido los dientes. Unos decían que tuvo que ver con las violaciones en masa que fueron habituales durante aquella guerra, y otros decían que fue producto del cerco que la parte musulmana de Mostar sufrió por los croatas, durante el cual los musulmanes de Mostar tuvieron que alimentarse con delicias como cortezas de árboles. Yo no lo sé, ni quise preguntarle a Azra. La ignorancia en según qué cosas es muy recomendable.

Una de las pocas tardes que pude dar una vuelta por Mostar, en plan turista de uniforme, nos citamos Azra y yo. Las normas decían que los miembros de SFOR debíamos ir por la ciudad en parejas al menos, y los lugareños no contaban. En fin, me pasé la norma por el Arco del Triunfo. Además, Azra estaba muy bien relacionada en Mostar, tanto en la parte musulmana como en la croata, por lo tanto ir con ella me otorgaba más invulnerabilidad que ir escoltado por una compañía de fusileros. Cuando llegué al recibidor del hotel Eros, Azra no estaba esperándome. No saquen conclusiones precipitadas, lo de citarnos en el hotel es porque tenía el mejor bar de la zona. No pensábamos hacer uso de las habitaciones, en serio. Pero Azra me había dado plantón. Malhumorado, más solo que la una y algo acojonado (los crotas nos la tenían jurada desde que unos meses antes se les intervino un banco que financiaba un partido político extremista afín a sus intereses, de hecho unos días antes de mi llegada a Mostar la cosa había llegado a estar muy fea), comencé a caminar por esa ciudad desconocida en busca de un taxi que me llevara de vuelta a la Base. Debía de ser Julio y era una tarde calurosa y muy soleada. Afortunadamente para mí había poca gente en la calle. Y entonces sucedió.

Una Patrol de la Guardia Civil se cruzó conmigo y sus ocupantes me saludaron. Les devolví el saludo llevando la diestra al ala del chambergo y siguieron su camino, y yo el mío. Al cabo de unos segundos me abordaban junto a la acera:

--¿Kowalski?

--Sí, soy yo.

--Sube, que te llevamos.

--¿A la Base?

--No, hombre. Te está esperando Azra.

De camino al hotel Eros, otra vez, el guardia civil más joven de los cuatro me explicó que habían estado entregando comida en un hospicio de un pueblo lejano, por eso el retraso de Azra. Cuando la dejaron en el hotel y vieron que yo no estaba supusieron lo que había ocurrido, así que se lanzaron a mi busca y captura. Grandes, estos guardias civiles. Y más grandes teniendo en cuenta que quien me daba explicaciones, como supe tiempo después, estaba medio enamorado de Azra. Grandes, grandes y nobles guardias civiles.

Lo que empezó tan mal acabó siendo una tarde de paseo por Mostar, especialmente por la parte crota, ya que en la musulmana no podíamos pedir cubatas. Aprendí algunas cosas, y me sorprendió descubrir que Azra era algo así como una mujer famosa en la zona y tratada reverencialmente --no me pregunten por qué; nunca lo supe--, y cuando tiempo después me vi en cierto apuro --que no contaré en esta entrada--, de nuevo solito, había quien me recordaba como el acompañante de Azra y me ofrecieron coche, chófer y protección, gratis, naturalmente, los amigos de Azra son nuestros amigos y bla bla bla... Pa mear y no echar gota.

Aquella tarde Azra me habló de su hermano y de un collar que él le había regalado por su cumpleaños, me contó también que se había roto ese collar y que mandó a su hermano a una joyería para que lo repararan, y que fue durante ese encargo cuando una granada de mortero cayó en la carretera junto al coche de su hermano y lo mató. Me habló de su sentimiento de culpa. Luego me contó que tenía un tumor en el pecho y que le quedaban unos pocos años, con suerte. Creo que acabamos abrazados y llorando juntos, pero no sé si había más ficción que verdad o a la inversa, ya les dije que era algo teatrera y manipuladora.

Azrita y yo mantuvimos contacto telefónico algún tiempo, hasta que en uno de mis episodios de ira alcohólica estrellé el teléfono móvil y me quedé sin su número. Ella tampoco volvió a llamarme.

Desde entonces, cada vez que un compañero vuelve de Mostar pregunto por ella. Ha sido el Regimiento en el que estoy destinado, precisamente, la última Unidad española que pasará por ese lugar. A día de hoy nadie ha sabido darme razón de su existencia.

Igual la echaron, por díscola y conflictiva. O se buscó un trabajo mejor. O uno de esos oficiales que tanto la baboseaban se ha puesto serio, se ha casado con ella y se la ha traído a España, donde un buen dentista le ha devuelto la risa a Azra.

Yo no sé lo que ha pasado, pero cualquier otra opción me parece inadmisible.

Un fuerte abrazo, Azrita.

domingo, 30 de septiembre de 2007

Un gran paso adelante... ¡con talante!


Leo en la edición de hoy del diario digital Actualidad Anacrónica una curiosa noticia firmada por Doña María Tenia Platelminto Lamprea:

Como consecuencia de los cambios sociopolíticos acaecidos en los últimos años, el Jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME), ha ordenado al Mando de Adiestramiento y Doctrina (MADOC) la elaboración de un nuevo Reglamento de Orden Cerrado.

Con la finalidad de unificar los movimientos de orden cerrado de las Unidades que emplean diferentes fusiles (CETME-L en algunos casos y HK G-36 en otros), y el objetivo no menos importante de adaptar el orden cerrado a la realidad política actual, a partir de la entrada en vigor de la mencionada orden se eliminará la presencia de armamento en los actos castrenses. Esta medida pretende simplificar la instrucción del Soldado y de la Soldada, así como evitar asperezas con nacionalistas, separatistas, pacifistas y cualesquiera otros istas que pudieran surgir en el futuro, para los cuales resulta ofensivo que las Fuerzas Armadas hagan exhibición de armamento.

Este nuevo progreso en el talante zapateril nos proporcionará unas Fuerzas Desarmadas mucho más políticamente correctas, dónde va a parar. Por ello el Presidente, el Ministro de Defensa y el Estado Mayor en pleno se han felicitado los unos a los otros, se han dado palmaditas en la espalda y se han besado los hocicos mientras por lo bajini decían: "a ver si así se les olvida
lo de los BMR".

La redacción de Actualidad Anacrónica ha tenido acceso a un vídeo donde se ensayan los nuevos movimientos de orden cerrado:





(Nota de descargo, que nunca se sabe: El vídeo me lo ha pasado Dani sin saber el uso que le daría, y aunque no hace falta aclararlo, todo lo que cuenta la entrada es purita ficción, de momento al menos).

Y ahora, ya que estamos con el humor de los Monty Python y entre milicos, no deberían perderse "El Chiste más Gracioso del Mundo":


miércoles, 26 de septiembre de 2007

Otros dos paracas, y otro BMR



Pues ya lo saben ustedes, que no es noticia fresquita. Los Caballeros Legionarios Paracaidistas Germán Pérez Burgos y Stanley Mera Vera, junto a un intérprete iraní, han fallecido en Afganistán sin que esté claro si se trató de una mina activada al pisarla el vehículo en el que circulaban (un blindado medio de ruedas, BMR) o de una detonación intencionada por control remoto mediante cable.

Por si se nos estaba olvidando vuelve a ponerse en el candelero la escasa protección que ofrecen los BMR. Existen vehículos diseñados especialmente para soportar potentísimas explosiones (aquí tienen un impresionante documento al respecto), pero naturalmente los españoles no los tenemos, ni de momento está prevista su adquisición. Lo que sí tenemos, en cambio, son otro tipo de vehículos como los Pizarro o los Leopard que dan muchas más posibilidades de supervivencia a la tripulación en caso de ataque con cohetes, atentados, o minas. Pero, vaya por dios, resulta que esos vehículos no son políticamente correctos, porque el Pizarro monta un cañón de pequeño calibre y tiro rápido, y el Leopard va armado con un poderoso cañón de 120 mm., y esto, claro, no va con el talante zapateril, ni con el rollo humanitario en el que estamos metiendo cualquier cosa, ni con la Alinza de Civilizaciones, ni con las pollas en vinagre, ni con su puta madre. Por lo tanto nada de mandarlos fuera, no sea que alguien se tome en serio nuestra voluntad de proteger a los soldados, los cuales, como todo el mundo sabe, están para morirse. Y así nos va.


Luego, por supuesto, en este bendito país que antes se llamaba España, resulta que los jóvenes pasan mucho de hacerse milicos (pero se apuntan por millares al casting de Gran Hermano, aunque ese es otro tema del que hoy no me apetece hablar), y como consecuencia de la escasez de aspirantes el Minisdef se inventa unos anuncios del copón bendito con modelos repartiendo bocadillos, sonriendo mucho, la mar de felices ellos, donde jamás se les ve pegando tiros y con lemas tan asquerosamente mentirosos como aquel memorable "Un trabajo como otro cualquiera". ¡Y una polla con cebolla va a ser un trabajo como otro cualquiera!


Y digo yo, ¿esos señores que mandan a su gente a lugares llenos de minas y repletos de hijoputas con un RPG entre manos, sin permitirles usar la protección de que se dispone, no sentirán un poco de vergüenza al usar sus coches oficiales blindados para ir a la ópera?



viernes, 21 de septiembre de 2007

No quiero ser otro ladrillo en el muro


No me avergüenza decirles que el siguiente vídeo me hace llorar. Ya soy lo bastante mayor para no tener que ocultar lágrimas ni disimular pesares. Creo que he llegado a esa edad en la que uno puede permitirse llorar cuando le apetece sin temer que sea una muestra de debilidad, sin temer el qué dirán, sin temer absolutamente ninguna convención social. Simplemente lloro cuando me place, y además, qué coño, me sienta bien:




“¡Tu!, ¡si, tu!, quédate quieto muchacho!”


When we grew up and went to school
Cuando crecimos y fuimos a la escuela
there were certain teachers
habían ciertos profesores
who would hurt the children any way they could
quienes lastimarían a los chicos de cualquier forma que pudiesen


By pouring their derision
Derramando sus burlas
upon anything we did
hacia cualquier cosa que hiciésemos
exposing every weakness
señalando cada debilidad
however carefully hidden by the kids
por más que los niños las ocultaran


But in the town it was well known
Pero en el pueblo era bien sabido
when they got home at night
cuando llegaban a casa por la noche
their fat and psychopathic wives would thrash them
sus gordas y psicópatas esposas
within inches of their lives
a golpes los molían


We don't need no education
No necesitamos nada educación
we don't need no thought control
nada de control de la imaginación
no dark sarcasm in the classroom
ni oscuros sarcasmos en las aulas
teacher, leave them kids alone
maestro, deja a tus alumnos en paz


Hey, Teacher, leave those kids alone!
¡Maestro, deja a tus alumnos en paz!


All in all it's just another brick in the wall
A fin de cuentas todo es solo un ladrillo más en la pared
all in all you're just another brick in the wall
a fin de cuentas has de ser un ladrillo más en la pared


We don't need no education
No necesitamos nada educación
we don't need no thought control
nada de control de la imaginación
no dark sarcasm in the classroom
ni oscuros sarcasmos en las aulas
teachers, leave those kids alone
maestro, deja a tus alumnos en paz


Hey, Teacher, leave those kids alone!
¡Maestro, deja a tus alumnos en paz!


All in all you're just another brick in the wall
A fin de cuentas has de ser un ladrillo más en la pared
all in all you're just another brick in the wall
a fin de cuentas has de ser un ladrillo más en la pared


"Wrong, do it again!"
“mal, ¡háganlo de nuevo!”
"if you don't eat your meat, you can't have any pudding
“si no se comen su carne no pueden tener nada de pudín”
how can you have any pudding if you don't eat your meat?"
“¿como pueden comer pudín si no se comen su carne?”
"you! Yes, you behind the bikesheds, stand still laddy!"
“tu, si tu niño, estáte quieto muchacho!”
(Traducción gracias a


Por mucho que se empeñen, por mucho que mi propia madre diga que soy un fracasado, YO NO SERÉ OTRO LADRILLO EN EL MURO. ¡No!

¡¡¡NOOOOOOO!!!

¡Cógeme el gato, que se está cagando!



No sé por qué pero hoy me ha dado por acordarme de algo que me encabrona varios kilos. Se trata de esa enfermiza manía que tienen los padres noveles por exigir que cualquiera que pase cerca les tome en brazos al bebé. Pepe, coge al niño. Marianita, coge al niño. Don Pedro, coja usted al niño. Eh, oiga, señor, coja al niño... eh, señor... ¡Oiga!, ¿por qué corre?, ¡devuélvame al niño, señor!

Puaj, deberían meterlos a todos en la cárcel, por progenitores irresponsables y, sobre todo, por mal gusto y por plastas. Si se limitaran a perpetrar esa villanía con otros papás, pues bueno, entre ellos se lo guisan y ellos se lo comen, pero no, la gracia está en colgarle el mamoncito llorón a alguien que no tiene hijos. ¿Es que no se dan cuenta de que su bebé corre un grave riesgo en mis brazos? ¿Por qué las Autoridades no toman cartas en el asunto? ¿Nadie les va a retirar la custodia a estos imprudentes que ofrecen a su hijo como si pasaran la bota de vino?

Y mientras tanto, cómo no, todos ríen y te miran con esa cara de cordero degollado que pretende pasar por gesto enternecido, y llegan las gilipollescas invitaciones esperadas desde hace rato: "Y tú, ¿para cuándo? JIJIJI", "Te queda muy bien, ¿te animas a tener uno?", "Ay, mira, se le hace la boca agua... Leo, anímate y ten uno, o dos si son pequeños" . Pero vamos a ver, panda de hijos de puta, ¿os estáis burlando de mí o es que sois del todo imbéciles? ¿No sabéis que para tener un crío hacen falta dos? ¿De qué coño vais? ¿Me estáis provocando? Podría yo decir, con cara de inocente: "¿Me prestas a tu mujer?, tranquilo, nada de amor, sólo es para follármela y tener hijitos". Seguramente no volvían a darme por el saco con el tema de la descendencia.

Pero la cosa no acaba aquí. Además de estos abusos sobre el menor (uy, de esta clase de abuso nada dice la prensa...) hay que aguantar otro abuso sobre el incauto adulto que acepta sostener en brazos al crío: las putas fotos. Siempre hay fotos. Cuando sostienes en brazos a un bebé SIEMPRE hay fotos. Y SIEMPRE pasan de mano en mano en la familia, hasta que alguien las cuelga en Flickr, o vete tú a saber que otras sevicias puede cometer.

¿Yo voy mostrando a Gusifluky y exigiendo que todo cristo lo sostenga en brazos? Creo que no. Adoro a Gusi, como cada cual adora a su hijo, pero no le pido a nadie que lo tome en brazos, y de igual modo, si alguna vez tengo un hijo humano, les pido que no olviden estas palabras si falto a ellas. Recuerden, siempre, que a nadie gusta sostener a un niño salvo a sus padres, así que no jodan, hostias.

martes, 18 de septiembre de 2007

Cuídame el gato, Manuel, este mes

El pequeño Gusifluky ha vivido una experiencia traumática. Tuve que dejarlo en una residencia --gracias, Tesa, por encontrarla-- y parece que la aventura no le ha sido muy grata. Ocho días entre perros y gallinas (es que era una antigua granja y han conservado las gallinas) han provocado que Gusi adelgace y transforme su carácter. Ahora es un gatito bueno, mimoso, y ya no me muerde. Más suave que un guante ha salido de allí. Debe de pensar que más le vale portarse bien a partir de ahora, o volverá a ese siniestro lugar lleno de escandalosos bichos y donde una humana desconocida y de enormes tetas le lleva comida diariamente. Pobre Gusi, mami, pobre Gusi que tiene el pene taaaan pequeñito, y papá lo tiene taaan nande... (chiste interno, no pasa nada si no lo pillan).

Además, la residencia está en... ¿ustedes saben ese sitio donde Cristo perdió el mechero de propaganda del "Bar Rendero, hijos de Juan Rendero, especialidad chocos a la plancha"? Bueno, pues la residencia está bastante más a tomar por culo de todo, de hecho el taxi me ha costado el doble que la propia estancia del gato. Y es por eso, no lo niego, que desde aquí pido voluntarios para que a la próxima me cuiden al gato. Así, con todo el morro del mundo. Para que el atrevimiento parezca menor lo haré cantando:




Gracias por la amable y, sobre todo, desinteresada colaboración. (Y más gracias para Dani, por la cancioncilla).

domingo, 16 de septiembre de 2007

El sargento Bevilacqua y la cabo Chamorro, dos amigos




Últimamente me he vuelto un comprador compulsivo de libros. A otros les da por endrogarse o apedrear perros, qué le vamos a hacer. A pesar de tener en Cádiz una decena de libros en espera de recibir mi atención tuve la ocurrencia de marcharme a Murcia sólo con el casi finiquitado "Una breve historia de casi todo" --lo recomiendo, y mucho--, de Bill Bryson. Esto conllevó la irritante consecuencia de tener que comprar más libros al segundo día de estancia murciana. Yo sólo quería comprar uno, pero acabaron siendo cuatro. Una librería es a Leónidas lo que una fábrica de galletas es a Triki, al menos hasta que lo volvieron alimentariamente correcto, que ya hay que ser gilipollas, dicho sea de paso. Pero a lo que íbamos. Me hice de:


-"Enigmas históricos al descubierto" y "Nuevos enigmas históricos al descubierto", de César Vidal. Me habían hablado muy bien de este señor y me he sentido defraudado. Muchas veces es riguroso, pero otras veces "resuelve" los enigmas en plan porqueyolovalgo, sin más explicación y sin argumentar debidamente. Un ejemplo claro de esto es su conspiranoica explicación del asesinato de Kennedy. En otros casos --y también en el referido-- se cita a sí mismo para refrendar sus afirmaciones. Tócate la flor, así también "resuelvo" yo cualquier misterio. Un tanto egolatrilla me ha parecido don César.


- "El fraude de la sábana santa y las reliquias de Cristo", de J. Eslava Galán. Hace un par de semanas leí "La sábana santa, ¡vaya timo!", de F. Ares de Blas y parece que me he quedado con ganas. La verdad es que no he podido resistirme a hojear el libro de Eslava y creo que me va a dar mucha más diversión que el de Ares.


-Y finalmente, "La reina sin espejo", de Lorenzo Silva, que es adonde yo quería llegar y el motivo de esta entrada. Lo estaba esperando, sin saber que llevaba ya bastante tiempo publicado, así que fue una gran sorpresa, gratísima, encontrarlo por casualidad. "La reina sin espejo" es la cuarta aventura de dos guardias civiles, el sargento Rubén Bevilacqua y la cabo Virginia Chamorro. Las tres anteriores fueron, por este orden: "El alquimista impaciente", "El lejano país de los estanques" y "La niebla y la doncella". La primera novela de la serie, por cierto, se me ocurrió prestársela, precisamente, a una guardia civil. Naturalmente me he quedado sin ella (me refiero a la novela, aunque tampoco conservo a la picoletilla). "El Honor es mi divisa", reza el lema de la Benemérita Guardia Civil, lamentablemente en ese concepto del honor no entra la devolución de los libros prestados, según parece.


No es cosa común la novela policíaca donde los protagonistas sean guardias civiles. Lo más parecido que conozco son las aventuras de Lituma ("Lituma en los Andes", "¿Quién mató a Palomino Molero?", y otros relatos de M. Vargas Llosa), pero se trataba de guardias civiles peruanos --sí, amigos, hay países sudamericanos que también tienen su Guardia Civil--. Ignoro si Lorenzo Silva se inspiró en las aventuras de Lituma y su ayudante Tomás para crear a Bevilacqua y su ayudante Chamorro, pero las similitudes (al igual que las diferencias) no son pocas.


Dejando aparte las comparaciones diré que Rubén y Virginia son investigadores de homicidios. Sus casos, como no podía ser de otra manera, son extraños y aparentemente irresolubles, y a la trama no le falta nunca un ligero toque poético que no llega a hacerse cargante. Las relaciones entre el sargento y la cabo son de exquisito respeto y profesionalidad, de mutua admiración disimulada y lo más castas que cabe imaginar, a pesar de lo cual en algunos momentos el lector puede sentir que ambos se mueven en un delicado equilibrio entre el servicio y lo personal, equilibrio que, hay que decirlo, nunca llega a romperse.


Bevilacqua es un psicólogo que se metió a guardia para escapar del paro, y que ha sabido ganarse a sus jefes. Chamorro es una fracasada aspirante a la Academia General Militar, pero que ha sabido ganarse a su sargento. Los dos son cojonudos y si existieran y yo fuera asesinado estaría bien que fueran ellos quienes llevaran mi caso.


Un detalle que me fascina en estas novelas es cómo Lorenzo Silva trata las relaciones interjerárquicas de los militares (recordemos que la Guardia Civil es un Cuerpo de naturaleza militar, aunque a muchos les joda). Me consta que para la mayoría de civiles es difícil entender cómo funcionan dichas relaciones, y es habitual que los escritores metan la pata al intentar recrearlas. Silva, en cambio, lo hace con una destreza ajustadamente realista. Otro autor que de esto sabe mucho es A. Pérez-Reverte, pero en este último no debe sorprendernos dado que tras más de dos décadas como reportero de guerra tuvo tiempo para empaparse de la peculiar idiosincrasia militroncha. Me pregunto si lo de Lorenzo Silva se debe a agudeza psicológica o a buenos asesores. Supongo que será un mucho de las dos cosas.


Sin son ustedes aficionados a la novela policíaca les recomiendo insistentemente que descubran a Bevilacqua y a Chamorro. Y si son aficionados a leer lo que sea, también. No se trata del típico caso de un asesinato complejo que acaba resolviéndose, es mucho más que eso. Los personajes son casi tridimensionales, los diálogos entre Rubén y Virginia no tienen desperdicio, y como ya dije no falta un tenue halo poético en todas sus aventuras.


Ah, y para colmo acabo de descubrir que Bevilacqua y yo compartimos gustos:


"Introduje un cedé en la ranura del reproductor y busqué la pista. Sonó una guitarra despaciosa, casi melancólica. La voz del cantante comenzó a desgranar con mucho sentimiento unos versos:


Los caballos negros son.

Las herraduras son negras.

Sobre las capas relucen

manchas de tinta y de cera.

Tienen, por eso no lloran,

de plomo las calaveras...


--¿De qué me suena esto? --dijo.


--Te doy una pista: es un romance, y desde luego no lo escriben ellos. Sigue escuchando, a ver si lo sacas-- la desafié.


Chamorro puso atención, mientras su mirada se mantenía fija en el horizonte al fondo de la autopista. La canción continuaba:


Oh, ciudad de los gitanos,

apaga tus verdes luces

que viene la Benemérita...


A partir de esta última palabra la música se aceleraba, entraba la batería y el bajo y sonaban rasgueos de guitarra eléctrica. Lo que seguía, a ritmo de rock, era el relato de una razia de los siniestros jinetes contra los indefensos gitanos. No faltaban los detalles truculentos:


Rosa la de los Camborios

gime sentada en su puerta

con los dos pechos cortados

puestos en una bandeja.


--¿García Lorca? --dedujo mi compañera entonces.


--Exacto. El Romance de la Guardia Civil española. ¿A que le ponen una música bastante aparente? A mí por lo menos me gusta.


--Desde luego, qué cosas tienes --repuso, meneando la cabeza--. Ya puestos, sugiere que los inviten a tocar en la próxima Patrona.


--¿Y por qué no? Sería una experiencia catártica --bromeé." (Fragmento del capítulo cuarto de "La reina sin espejo", de Lorenzo Silva).

domingo, 9 de septiembre de 2007

Nadie lo dice...


¿Por qué nadie lo dice? Es un detalle resaltable, y sin embargo... nadie se atreve a mencionarlo.


Vamos a ver, amigachos, ¿qué coño os pasa? ¿Estáis amariconados? ¿O es que sois demasiado políticamente correctos para hablar de eso? Puaj, me limpio el culo con vuestros miramientos, que por cierto son más suaves que el papel higiénico que uso habitualmente. Vuestras delicadeces me acarician el culo hasta ponerme la polla bien dura y morcillona.

Personas, mucho se ha hablado sobre la pareja McCann, y a mí ante tanta incertidumbre (y en el triste convencimiento de que a Madelaine no la vamos a encontrar viva) hay otro detalle que me llama la atención. Y sin embargo nadie habla de ello.

¿POR QUÉ NADIE MENCIONA LO BUENA QUE ESTÁ KATE? Dios, qué pedazo de mujer...



sábado, 8 de septiembre de 2007

Emociones


Mierda de entrada, dirán muchos en esta época que de tan antimilitarista confunde la defensa con la violencia. Pero como bien saben los lectores habituales de este blog me la suda tres kilos lo que puedan ustedes pensar.

Ateo como soy, y teniendo en cuenta que mi única actuación judicial en la vida fue motivada por un legionario que tuvo a bien destrozarme la cara a fuerza (nunca mejor dicho) de puñetazos, debo reconocer que La Legión española, con sus defectos y virtudes, está compuesta por gente especial, y valiosa.

Quizá se hacen legionarios por un sueldo estable. Quizá por afán de aventuras. Quizá por reconocimiento profesional. Quizá porque un gran dolor les muerde, como un lobo, el corazón... (Eso dice "El Novio de la Muerte")... pero están ahí, y "ahí" supone cualquier parte. Son nuestros legionarios. Respétenlos, y si no son capaces de respetarlos sean, al menos, capaces de conocer sus gestas y plantearse si de veras serían capaces de imitarlas:



Que soy ateo, y que paso del "Cristo de la Buena Muerte", o del diablo de su puta madre, pero ellos son mis legionarios..., y eso nadie me lo quita. Ellos son tan míos como yo de ellos, y a ellos los tuve cerca cuando de ustedes no supe nada... Van a permitirme pues que hoy me acuerde de ellos, porque sí, porque me da la gana. ¿Hace falta otro motivo?

martes, 4 de septiembre de 2007

Otras vidas y muchos tiros


Aunque en el blogueril mundo me hago llamar Leónidas K. de Arimatea lo cierto es que las dos últimas noches me han conocido como Marcado, nadie sabe mi nombre verdadero y yo no puedo recordarlo tras un accidente. Lo de Marcado es por un tatuaje en mi antebrazo en el que pone S.T.A.L.K.E.R.

He pasado esas dos noches deambulando por las inmediaciones de Chernobyl, enfrentándome a criaturas monstruosas producto de la radiación, a soldados con muy mala uva, a comerciantes sin escrúpulos y a asesinos del más diverso pelaje. He pasado algo de miedo y mucha tensión. Coño, hasta algo conocido como anomalías me han sacudido de vez en cuando el cuerpo. Pero sobre todo me he hartado a pegar tiros. Cuando amanece, fatigado y apestando a pólvora, recupero mi nombre (Leónidas o cualquier otro, qué más da, el caso es tener un nombre, una identidad y una memoria) y me voy en busca de Gusifluky, que me mira reprobador por el abandono nocturno. No entiende, pobre criatura, que tenía que luchar por mi supervivencia en un mundo despiadado donde impera la ley del más rápido y del más hijoputa.

He aquí un vídeo que, cual turista japonés, me he traído:





No es la primera vez que sufro estos extraños cambios de personalidad. Sin ir más lejos antes de ser Marcado fui un soldado de la IIª G.M. Un soldado anónimo que igual era alemán como ruso, y tanto en un caso como en otro casi siempre desempeñé el papel de francotirador, que es ideal para alguien solitario y tranquilo como yo. También he traído recuerdos:





Pero hace cosa de un año viví una experiencia deliciosa. Fue como estar en una película bélica y de terror a partes iguales en la que el protagonista era yo. Pero aquello no fue una película, aquello era peligrosamente real:





Y sin embargo nada como lo vivido en el año 2004, cuando para evitar mis propios monstruos con nombre de mujer decidí plantar cara a otros venidos de quién sabe dónde, mucho menos peligrosos. Me convertí en un joven doctor en física llamado Gordon Freeman, y aquel fue mi inolvidable bautismo de fuego:





Posteriormente, en 2006, volví a ser poseído por el astuto y combativo doctor Freeman, y quedé asombrado por los cambios que se habían producido mientras tanto en la Tierra, lamentablemente en poder de la Alianza:







Ah, amigos, cuántos cartuchos consumidos, cuántas vidas arrebatadas, cuántos litros de sangre salpicando paredes, cuántos cuerpos mutilados, cuántas vísceras cubiertas de moscas... Cuántas noches sin dormir.



Nota: Los vídeos corresponden, por orden, a los siguientes juegos (todos muy recomendables para enfermos de la acción en primera persona como este cabeza de chorlito):










sábado, 1 de septiembre de 2007

Me ha vuelto a llamar mi prima Paqui


Esperaba su llamada, es cierto. Todos los años me llama el primero de Septiembre.

Mi prima Paqui vive en un chalet perdido en la sierra de una provincia que no mencionaré. Es una cuarentona solitaria que vive de una sustanciosa herencia recibida al morir nuestro tío Alfredo. Ella se quedó el chalet y un buen montón de millones. Yo me quedé el Porsche y otro buen montón de millones.

--Ya ha llegado. ¿Cuándo vienes?

--Estaré allí antes de medianoche. Prepáralo todo.

--Todo está listo desde hace una semana. Miguel, date prisa, por favor. Tengo miedo. Está más raro que nunca.

--Tranquila, Paqui, yo también tengo la maleta lista desde hace una semana.

Después hemos colgado, poco más había que decir.

Nuestro tío Alfredo fue siempre un hombre humilde, soltero y sin vicios, salvo jugar a la quiniela. Hace veinte años la suerte le concedió un pleno al quince y con él una suma de muchos, muchísimos ceros. Se compró aquel chalet y el Porsche que ahora es mío. También se compró un revólver, para defenderse de los ladrones según decía.

A casi nadie extrañó que un buen día mi prima Paqui fuera a visitarlo y se lo encontrara tirado en el salón con un tiro en la cabeza. El arma, ya fría como el cadáver, estaba a unos centímetros del cuerpo. Fue un caso claro de suicidio y una demostración de que el dinero no da la felicidad. "Es que estaba demasiado solo, el pobre", decía todo el mundo.

En realidad Paqui y yo lo habíamos planeado todo desde meses antes. Como sus únicos herederos la tentación era enorme. Y lo hicimos bien, o la policía muy mal. Desde entonces, hace ya más de quince años, Paqui y yo vivimos estupendamente, y sin duda aprovechamos mejor que el viejo toda esa enorme cantidad de pasta. ¿Saben?, cuando se es rico como yo la libertad adquiere un nuevo significado más... amplio. Me tiro a las mejores hembras y puedo permitirme escupir a la cara de un político pagando una insignificante multa. Soy dios.

¿Hemos pagado algún precio mi prima y yo por nuestro crimen? Sí, lo estamos pagando, pero es un precio ínfimo que asumimos con gusto. Al menos yo. Creo que para Paqui no es tan agradable, pero es su problema. Debió hacerme caso y echar abajo el chalet, irse a vivir lejos de allí y olvidarse de todo. Pero no, a ella le gustaba aquella casona y la soledad que la rodeaba y se quiso quedar. Fue, y es, una decisión equivocada que nos exige... cierta servidumbre, digamos. A pesar de ello lo aceptamos. Bien merece la pena perder un día al año a cambio de vivir los restantes 364 como reyes.

A mi tío lo matamos con su revólver un uno de Septiembre. En el primer aniversario de su muerte yo estaba en el que había sido su chalet celebrándolo con mi prima cuando llamaron a la puerta. Allí estaba mi tío Alfredo, vestido como el día de su muerte, con sangre reseca en la cara y media cabeza arrancada. Se tambaleaba como un borracho y tartamudeando nos decía que no encontraba las llaves de su casa. Paqui se puso histérica y se arrodilló pidiendo perdón a Dios, pero yo soy más práctico y fui a la cocina a por un cuchillo (ya no teníamos el revólver). Apuñalé a aquel engendro hasta estar seguro de que había muerto... otra vez.

Cuando logré que mi prima se calmara me ayudó a enterrarlo en el monte. Desde entonces mi tío Alfredo no ha faltado a su cita con nosotros cada uno de Septiembre. Los primeros años yo dormía la noche antes en el chalet y lo esperábamos desde primera hora de la mañana, pero era una pérdida de tiempo para mí, porque no todos los años llega a la misma hora, así que conseguí convencer a mi prima para que en adelante me llamara cuando él llega. No hay ningún problema, nuestro tío es inofensivo, tan sólo se muestra confundido y tiene problemas para mantener el equilibrio y para hablar, pero se deja hacer. Lo único de lo que se tiene que preocupar Paqui es de sentarlo en alguna parte que previamente ha plastificado (por las manchas de sangre), llamarme, y después esperar. Ella no se atreve a acabar con él: ése es mi trabajo.

Y lo haré bien, como siempre. Lo más penoso es enterrarlo después, durante la noche, equipados con palas, picos y linternas. Además, ni Paqui ni yo somos demasiado fuertes, y nuestro tío Alfredo pesa un huevo. De meterlo en el Porsche y llevarlo lejos ni hablar, además un año lo enterramos a más de cien kilómetros sirviéndonos del todoterreno de mi prima y no sirvió para nada, al año siguiente apareció igual, con su media cabeza, su sangre reseca y su ropa impoluta, sin el menor rastro de tierra.

En la llamada me ha dicho Paqui que hoy "está más raro que nunca". No me sorprende. He notado que cada año parece más lúcido, más vivo, menos confundido. El año pasado lo oí decir "sob... sobrinos, me hab... habéis ma... maaa... tado". Paqui no lo oyó porque siempre se refugia en el piso de arriba cuando me dispongo a apuñalar a nuestro tío, y no quise contárselo porque no me interesa que pierda los nervios.

La solución está clara. Él vuelve siempre a su casa. Hay que echar abajo ese chalet, pero mi prima se niega. Por eso esta vez voy a coger el Porsche, me voy a plantar en tres horas allí y voy a acabar con los dos.

Además, qué coño, soy el único heredero de mi prima Paqui.