Un blog escrito bajo severas dosis de etanol.

sábado, 21 de junio de 2008

Me han entrevistado para un periódico, ¡guau!


Hola, amiguitos. Lo mantuve en secreto hasta ahora, pero ya no puedo más. Hace unos días me llamaron de un periódico para solicitarme una entrevista. ¡Una entrevista a Leónidas! ¡Como si yo fuera alguien! Dije que sí, claro, pero puse la condición de que no fuera en mi casa (no está muy visitable), y propuse el mesón que hay justo debajo de donde vivo (la idea de ser entrevistado me gustaba, pero no tanto como para irme muy lejos). Ah, también dejé caer, haciendo como que no era importante el detalle, que me siento más cómodo hablando con mujeres, por si colaba. Parece que coló.

Ayer, exactamente a las 18 horas 37 minutos efectué mi triunfal entrada en el mesón Las Palmeras. No me dio ni tiempo a mirar a la parroquia, porque inmediatamente se me acercó una chica guapa que dijo:

- ¡Hola! Tú eres Francisco Javier, alias Leónidas, ¿a que sí?

- Vaya, pues sí, soy yo. ¿Cómo lo has sabido?

La periodista se ha reído sin contestarme. Palabrita del niño Jesús que he pensado por un momento que quizá me tatué la dirección de mi blog en la frente y se me había olvidado. El síndrome de Korsakov, ya saben.

La chica esta era notablemente más baja y joven que yo, morena, grandes ojos castaños, buen tipito, tetas generosas, y cara simpática de mujer lista pero no demasiado mala. Confianzudamente me ha cogido por un brazo y me ha hecho sentarme a una de las mesas, donde la esperaban una cerveza (sin alcohol, supe después) y una pequeña grabadora. Ella misma hizo una señal al camarero:

- Otra sin para mí, que esta ya está fría, y para él -señalándome mientras guiñaba un ojo- un... JB con Coca-Cola, creo.

Y creía bien. Pardiez que empezaba a adorar a esa dama.

-Me llamo Marta, y también soy bloguera, así que relájate que sé de qué va esto. ¿Empezamos?

- Cuando quieras, mi niña.

Lo que sigue es la entrevista tal como aparecerá, gracias a que Marta Marmota me la ha enviado a mi correo antes de publicarla en el diario para el que trabaja:


***

Leónidas Kowalski de Arimatea entra en el mesón Las Palmeras con varios minutos de retraso. Yo llevo esparándolo más de media hora, en una mesa desde la que vigilo las dos entradas del local porque he querido saber si lo reconocería. Leónidas no es como me lo había imaginado, pero en cuanto lo veo cruzar el umbral con las cejas levemente arqueadas y cara de bobo sé que se trata de él; todos los primerizos tienen esa cara cuando van a ser entrevistados.

Viste informalmente, casi desaliñado, y cuando lo cojo del brazo para conducirlo a nuestra mesa noto que está tenso y que huele a tabaco y a loción para después del afeitado. Le sudan y le tiemblan las manos.

He tenido tres días para preparar la entrevista, durante los cuales he invertido muchas horas en leer Diario de un Cabeza de Chorlito, que me han servido para saber, entre otros mil detalles, que Leónidas bebe whisky JB con Coca-Cola. Pido eso para él y otra cerveza sin alcohol para mí. Confío en que Leo se relaje mientras bebe y se muestra locuaz y sincero.

M: ¿Empezamos?

L: Cuando quieras, mi niña.

M: ¿Cómo prefieres que te llame, por tu alias bloguero o por tu nombre de pila?

Se lo piensa durante unos segundos y responde muy serio:

L: Si no te importa, llámame "mi amo y señor".

Lo dice con aplomo y como si le pareciera algo muy normal. Estoy a punto de levantarme y dar por concluida la entrevista cuando Leónidas muestra una tímida sonrisa y añade:

L: No, no. Perdona, era una broma tonta. Es típico en mí. Llámame Leónidas, o Leo si quieres. Estamos aquí por mi blog, no por mi yo extrablogosférico, así que prefiero ser Leo.

M: De acuerdo, Leónidas. Tus inicios blogueros se remontan a febrero de 2006, en Spaces. ¿Qué te llevó a pasarte a Blogspot?

L: Principalmente el puritano código de conducta de los Spaces. Me sentía asfixiado allí, y siempre bajo el temor de conectarme un día a Internet y descubrir que mi blog había desaparecido por incumplir aquel estrecho código de conducta. Además de eso los Spaces funcionan de un modo un poco sectario, exigiendo registros y cuentas de usuario a los lectores que quieran comentar. Eso es una putada y hace que se formen comunidades cerradas alrededor de un blog.

M: ¿Hay algo que eches de menos de los Spaces?

L: Sí, la verdad es que sí. Echo de menos el ambientillo festivo que solía haber entre los comentaristas. Eran más que ahora y más activos. Opino que los comentarios enriquecen los blogs y dan mucho juego. En blogspot, no sé por qué, parece que la gente se corta más. Creo que ahora tengo más lectores que antes, y sin embargo no hay tanta juerga en los comentarios. De hecho me consta que al pasar a Blogspot dejaron de visitarme muchos lectores fieles de Spaces. Es un tema que me parece muy misterioso.

M: Hablando de misterios, es frecuente que en DCC ataques a personas como Íker Jiménez o J.J. Benítez, ¿por qué?

L: Los misterios nos atraen a todos, pero debe de ser para desentrañarlos y aprender, no para fomentarlos y vivir de ellos, fomentando así la ignorancia, que es lo que hacen esos dos señores que mencionas. Benítez, sin ir más lejos, ha tenido la desfachatez de decir públicamente que "los misterios no deben ser desvelados". Tócate los huevos. Para mí esos dos, y tantos otros, son gentuza. Y a la gentuza, palos y mala vida.

M: Tienes fama de hablar claro y alto, sin plegarte a convencionalismos sociales, ¿eso te ha provocado algún problema?

L: No, ninguno grave. Creo que muchas personas se callan ciertas opiniones por temor a las reacciones que pudieran suscitar, pero si se atrevieran a hablar más clara y sinceramente comprobarían que nadie se los va a comer por ello, e incluso descubrirían que hay muchas más personas que comparten esas opiniones. De todos modos debo decir que no soy ni tan sincero ni tan valiente como algunos creen: las mejores historias son las que no me atrevo a contar.

M: ¡Atrévete a contar alguna de esas historias ahora!

Leo da un largo trago a su copa y pienso que se va a lanzar, pero al cabo de unos instantes de reflexión responde:

L: No, qué va. Ni hablar del peluquín. Más preguntas.

M: Eres militar, ¿no parece un poco raro que un militar escriba un blog, o incluso que escriba cualquier otra cosa?

L: En absoluto. Por alguna razón la pluma siempre anduvo cerca de la espada, ¿hace falta mencionar ejemplos famosos? Incluso existe en España una asociación de militares escritores. Con respecto a los blogs, hay muchos militares que bloguean, pero no mencionan su profesión, al igual que yo al principio.

M: Ahora, en cambio, no la ocultas.

L: Así es, como tampoco oculto ya mi identidad. Esto de ir a cara descubierta me da cierta tranquilidad con mi conciencia, pero también me limita, y mucho, la sinceridad. ¡Qué de cosas me gustaría contar y no puedo por temor a represalias! Especialmente en lo referente a mi profesión.

M: A veces mencionas a tus "tres o cuatro lectores", pero serán algunos más...

L: Sí, es que soy muy humilde. En verdad deben de ser seis o siete.

M: ¿Y cómo sobrellevas la fama?

L: Al principio me asustó un poco, luego empezó a gustarme, y ahora ya me da igual. Me he acostumbrado a ir por la calle firmando autógrafos y apartando a bofetadas a las mujeres que se me echan encima pidiéndome un hijo.

M: Mujeres. Leyéndote se diría que has vivido infinidad de aventuras, ¿no resultas un poco fantasma a veces?

L: Sé que hay quien piensa así, pero como ya dije antes son las mejores historias las que no puedo contar, y es una pena, porque a los hombres nos gusta presumir de esas cosas. Me callo mucho por respeto... y bueno, también porque no quiero llevarme una puñalada de algún marido sensible. En cualquier caso me está pasando como a la Legión, que vive de glorias pasadas. Ya no soy el que era, ¡joder, si vivo encerrado en casa, huyendo del trato con personas, incluidas mujeres!

M: Sí, enclaustrado con Gusifluky. Por cierto, muchas personas creen que Gusi no existe, que es uno de tus personajes de ficción. ¿Qué tienes que decir a eso?

L: Gusifluky existe, aunque a veces me gustaría que no fuera así. Cuando me lo ofrecieron lo acepté irreflexivamente, y lo cierto es que ahora me arrepiento. Si supiera de alguien de confianza que sepa tratar a los gatos y que lo quisiera, sin duda se lo regalaría. Es más, creo que Gusi ganaría mucho con el cambio. He tenido otros gatos, pero siempre había alguien conmigo que los atendía debidamente. Gracias a Gusifluky he aprendido sobre mí mismo que no soy una persona que sirva para cuidar a los demás. Es una verdad que no me gusta, pero que acepto.

M: Quien sí que es uno de tus personajes ficticios (espero) es el antropólogo Misó Gino. Hace mucho que no mencionas sus aventuras y provocadoras teorías, ¿ha muerto?

L: Confío en que no. Tal vez la malvada capitán Bragas Blindadas lo ha capturado y lo tiene sometido a torturas, pero muerto no creo que esté, porque si así fuera la Vicepresidenta Fernández de la Verga y la Ministra de Igualdad Bibi Aído ya hubieran exhibido su cabeza clavada en una pica. Puede que sólo esté escondido huyendo de las hordas feminazis. Misó es un tipo majo, aunque incomprendido.

M: La sección de DCC llamada "Cuentos que no contarías a tus hijos" muestra historias que no siempre sientan bien a los lectores. ¿No temes perder público?

L: Esa sección debería llamarse mejor "Cuentos que no contarías a tus hijos y que no deberían leer los gilipollas". Lo que hay es mucho hipócrita que pone el grito en el cielo pero que luego está deseando leer el siguiente cuento brutal. También hay mucho imbécil que confunde la ficción con la opinión. Si pierdo a lectores por esos cuentos me parece muy bien, porque no son esos los lectores para los que merece la pena escribir. Además, cuando no se tiene talento para escribir bien, sólo queda escribir algo diferente, aunque no sea bueno.

M: ¿Por qué escogiste Diario de un Cabeza de Chorlito como título para tu blog?

L: Porque siempre he querido dejar claro que todo cuanto ahí se escribe son chorradas intrascendentes. Hasta cuando hablo de cosas importantes para mí soy consciente de que para los demás no tienen por qué serlo.

M: Leónidas Kowalski de Arimatea, qué extraño nombre. ¿Significa algo para ti?

L: El primer apellido, Kowalski, es una broma mía hacia mí mismo. Kowalski se llama un soldado que aparece en infinidad de películas bélicas. Por lo demás quería un nombre que incitara a risa, un nombre disparatado y absurdo, a la vez que sonoro. No sé si lo he conseguido.

M: Otra sección de DCC, la llamada "Vómitos sangrientos y palabras envenenadas", hace mucho que no se actualiza, y casi todas sus entradas pertenecen a los comienzos de tu blog. ¿No escribirás más en esa categoría?

L: Cuanto más muerta esté esa sección, más vivo estaré yo. Podría decirse que creé DCC para esa categoría, para soltar mierda. Afortunadamente ahora me desahogo sin caer en la profunda depresión que me llevó a escribir esos vómitos sangrientos, cuando aún no existía Leónidas.

M: Te confieso que mi preferida es la sección "Diálogos con mi gato", pero escribes poco ahí.

L: Es normal. Ten en cuenta que son diálogos mantenidos con Gusi, y los gatos son bastante reservados y silenciosos. No es frecuente que charlemos.

M: En la última entrada de esa categoría "matas" a Gusifluky. ¿Es una manera de decir que ya no actualizarás los "Diálogos con mi gato"?

L: Qué va, qué va. Sólo fue una tomadura de pelo a los fans de Gusi, que los tiene más que yo según he descubierto. El asunto despertó una inesperada reacción por parte de algunos lectores, que llegaron a escribirme a mi correo para preguntarme en serio si le había pasado algo malo al pobre gato. Es una de las experiencias más interesantes que me ha reportado el escribir un blog. Fue conmovedor, de verdad.

M: Ya para finalizar, no podía faltar la pregunta típica para un bloguero: ¿Cómo crees que la web 2.0 y el fenómeno de los blogs va a cambiar el concepto del periodismo, el intercambio de información, la globalización informativa, la censura estatal y los pasteles de carne murcianos?

L: Muy buena pregunta. No sé lo que es la web 2.0, pero seguro que si preguntas a los Microsiervos o a Quique Dans podrán responderte.

M: ¿Microsiervos y Quique Dans? No me suenan...

L: Son unos que hablan mucho y dicen poco. Bah, no importa.

M: Bien, pues muchas gracias por tu tiempo.

L: De nada. Oye, ahora que ha terminado la entrevista, ¿nos podemos ir a follar? ¿Tu periódico pagará el hotel?

M: Vete a la mierda, payaso.

Pago la cuenta apresuradamente y me dispongo a volver a Zaragoza cuando a mi espalda oigo decir a Leónidas:

L: ¡Eh, déjame pagado otra cubata al menos! ¡Sosa! ¡Tía bruja!

Entonces ya no me puedo contener y le grito:

M: ¡Eres un gilipollas! ¡Y esta entrevista no se ha producido, subnormal! ¡Aprende a distinguir la realidad de la ficción, patético, que eres un patético y un ególatra! Ah, y otra cosa: ¡me cago en el Misó y ojalá se muera!

viernes, 20 de junio de 2008

Permítanme mostrarles un vídeo


Vi hace bastante tiempo -cuando acababa de ser parido- el vídeo que les quiero enseñar y que muchos de ustedes habrán visto a estas alturas. Precisamente porque es viejo me decido a colgarlo en este chorlitesco diario, tras muchas dudas.

Se trata de un vídeo que alguien editó para atacar al gobierno del presidente Rodríguez Zapatero, usando a los militares como arma arrojadiza contra ese gobierno. Fue en un momento político en el que los militares (o gran parte de nosotros) nos sentimos humillados por Zapatero. A pesar de ello nunca lo publiqué porque no me gusta la evidente tendencia política que se ve en los primeros y últimos segundos.

Hoy, sin embargo, quiero exponer aquí el vídeo de marras -marcando distancias, eso sí, con cualquier ideología política-, porque me gustaría dar algunas opiniones desde el estricto punto de vista de un militar español y apolítico:





El vídeo es sensiblero, lo sé. Pero no es ficción.

La música escogida no podía ser más acertada si se pretende conmover, y la coordinación con las imágenes impactante. Es largo para un anuncio televisivo, pero todos los compañeros con los que he consultado coinciden en opinar que este montaje hubiera sido más eficaz para captar aspirantes a Soldado que cualquiera de los que el Ministerio de Defensa anuncia.

Finalmente, y lo más importante que quería decirles, es que los militares que ahí aparecen no son modelos como los que se usan para los anuncios televisivos; no son gente guapa y fotogénica. Lo que ven ahí es lo que hay, personas como ustedes y como yo. También se ve a gente llorando, porque todos lloramos, pero unos más que otros, y esos militares que ven en el vídeo quisieron -en la mayoría de los casos- que las lágrimas se repartieran más equitativamente.

No los aplaudan. No les pongan medallitas. No crean que son héroes. No piensen que son mejores que ustedes. No crean que son peores que ustedes.

Simplemente respétenmelos un poquito, ¿vale?

Dos nuevas muertes en Zona de Operaciones


Apenas unos días después de la muerte por accidente con BMR en Líbano del Cabo Ospina Vélez, han muerto en Bosnia por accidente con un helicóptero BO-105 el Teniente Santiago Hormigo Ledesma y el Sargento Joaquín López Moreno, junto a otros dos militares alemanes.

Teniente Hormigo Ledesma (izquierda) y Sargento López Moreno


Quiero resaltar el humilde gesto de la familia del Teniente Hormigo Ledesma, que ha pedido al Ayuntamiento de Miguelturra, donde residía el Teniente, que no guarde los dos días decretados de luto oficial.

Mi Teniente, yo también quiero (y creo que tengo) una familia así. El dolor se lleva dentro, sin pretender apoyos oficiales que de un modo u otro estarán politizados. Gran lección la de su familia.

miércoles, 18 de junio de 2008

No somos nadie


Actualización (20-06-08): Como me siento sucio aclaro que esta entrada no es mía, sino que la autora me la envió por correo electrónico y se la fusilé en plan guiño-broma-putadilla-venganza. El blog de la autora se llama Yo no he sido, pero no creo que dure mucho ni creo que yo lo visite jamás.
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La que está ahí tumbada soy yo, en el centro, al lado de ese señor que va todo de blanco, el del libro gordo entre las manos.¿Soy guapita, verdad?
Estamos en mi entierro.


Está guapo estar en tu propio entierro porque ves la cantidad de gente que dice quererte. Han malgastado ese día para estar en una jodida iglesia despidiéndose de ti. No sé, es de agradecer.En el mío hay un montón de gente, se ve que no fui tan mala.
O sí, y vienen para asegurarse de que por fin me voy. No sé.


Diviso en la segunda fila una cara conocida. Me suena muchísimo pero han de pasar más de tres minutos para que sepa de qué.
Es la señora que vive en el 1º.
A ver..., espera, ¿qué cojones hace la señora del 1º en MI entierro? ¡pero si apenas nos hemos saludado… ¿siete veces en cinco años?!
Estoy flipando, en serio.
En mi próxima vida rogaré que coloquen el cartelito ese de Derecho de admisión cuando vuelva a morirme. Qué pesada es la gente, coño, no te deja en paz ni después de muerta.


Escucho una voz que reconozco y compruebo que es uno de mis hermanos.
El mediano.
Joder… qué lástima, me sabe mal verlo llorar, me entran ganas de llorar a mí y todo. En realidad no me sorprende que esté tan hecho polvo, yo era su ojito derecho, siempre lo he sabido, es normal.Mi hermano mayor está justo a su lado. Intento leer su mente para saber qué siente pero no lo consigo. Llora también, llora muchísimo.
Sólo he visto llorar a mi hermano mayor una vez en toda mi vida, fue cuando el (puto) BarCa perdió en Atenas aquella final. El cabrón estuvo una semana sin hablar. Creo que fue a partir de ese día que yo me hice del MadriZ.
Retengo esa imagen en mi cabeza (la de mis hermanos juntos, digo, no la de la final del BarCa) y la enmarco mentalmente para no olvidarla jamás, vaya donde vaya ahora.


Veo en la quinta fila al señor que va a tener que pagar mi hipoteca gracias a un seguro que me obligaron ellos mismos a hacerme. Hay que joderse. Yo ya dejé pistas en aquel horrible formulario que tuve que rellenar, excatamente en la pregunta 1.735, donde me preguntaban qué cantidad de cigarros me fumaba al día. No es culpa mía si no pillan las indirectas, ¿no?Aquel de allí es mi padre, al final de todo. Acabo de verlo. Va guaspísmo con ese traje negro. Creo que es el mismo que utilizó en la boda de mi hermano mediano.
Ya lo dicen: lo negro combina con todo.Está ausente, parece que no, que está escuchando al menda este de blanco y que le interesa lo más mínimo lo que este señor está contando, pero qué va, está ido totalmente.Si por algo me sabe mal morirme es por mi padre, no sé.Al lado de él hay un chico que no conozco de nada. Me extraño porque llora desconsoladamente. No sé quién carajo es..., bah, da igual.


Ha venido la panadera, el señor de la ferretería, aquella señora que me vende los cupones que nunca llevan el número premiado, el caballero que me sonríe cada mañana desde el balcón de enfrente (¿?), amigas que no veo desde hace más de siete años, los chicos que trabajan colocando ascensores al lado de la pelu donde trabajo (qué majos) y clientas, muchas clientas.
Joder, qué guay ¿no?, mola esto de morirse, ocurre como en las bodas, se junta todo tipo de gente que jamás imaginarías en la misma habitación y, mucho menos, que intercambiaran siquiera un par de frases seguidas. La única diferencia es que aquí se ahorran el jodido sobrecito con la pasta y la sonrisa forzada de gilipollas cada vez que te dedican (disimuladamente) una mirada.


Suena de fondo una canción de Sabina. Joder... esto ha sido idea de mi hermano mayor, fijo. Qué mamón..., es un crack el tío eh! parece que no se entera de nada o que, si se entera, le importa todo un carajo y mira. Ya se lo decía yo a mi madre: "Es el mejor de los tres, tú tranquila, lo que pasa es que el payaso va de independiente y eso".

Ahora que caigo... ¿dónde coño está mi madre?

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Ea, así lo dejo, con sus erratas y la extraña ordenación de los párrafos. Me gusta mucho tal como está.

(Jódete, Montoya, por cargarte cada blog que te descubro).

lunes, 16 de junio de 2008

Hasta ahora guardé silencio...


Aunque me hervía la sangre y el cuerpo me pedía a gritos hablar de ello hasta ahora me había callado, porque pienso que hay asuntos de los que es mejor no remover la mierda ni siquiera para limpiarla. No obstante, como la prensa ya ha hecho saltar la liebre, no seré yo el que se quede calladito fomentando las injusticias con mi silencio.

En diariodecadiz.es aparece con fecha de hoy el siguiente titular: "Absuelto un cabo por`trato degradante´ a una soldado". (Noticia completa). Pues bien, este cabeza de chorlito tiene algo que decir, y lo haré sumariamente para no encabronarme más de la cuenta:

a) No se trata de un Cabo, sino de un Cabo Primero, como luego dice el cuerpo de la noticia, y es que no es lo mismo, al menos no en el Ejército de Tierra.

b) El titular hubiera sido mucho más acertado si, por ejemplo, dijera: "Se demuestra la falsedad de la acusación de una Soldado contra su Cabo Primero"; pero claro, eso no hay cojones a publicarlo en ningún diario de este bendito país donde la mujer es impune y el hombre sospechoso por principio.

c) Conozco desde hace diez años al Cabo Primero acusado en falso, y debo decir que es de los mejores profesionales que he conocido, además de un ejemplo de conducta y sobriedad para todos.

d) Conocí a la Soldado denunciante, hoy afortunadamente ex-Soldado, y pude comprobar que fue siempre una vaga, sinvergüenza, escaqueada, y suripanta como ella sola.

e) Todos sabemos que lo que esta zorrita ha hecho es una sucia maniobra para, cuando supo que la iban a expulsar del ejército, aferrarse a un clavo ardiendo e intentar su readmisión (para ella era un chollo ser Soldado; o estaba de baja médica o estaba de cantinera del bar de mandos, puesto por cierto ilegal), sin importarle destrozar la vida de un hombre inocente con familia.

f) Me alegra que esta vez la justicia haya prevalecido, aunque es una justicia relativa porque: ¿quién resarce al Cabo Primero de los años de sufrimiento hasta el veredicto absolutorio; de los problemas familiares que esto le ha provocado; de su recaída en el vicio del tabaco tras años de haberlo dejado; del quebranto económico que le ha supuesto pagar un abogado defensor quitándole comida a sus hijos...?

g) Me pregunto con temor qué hubiera pasado si la Soldadito hubiera escogido otra víctima con peor nombre que el del acusado... Es muy probable que en ese caso ahora alguien inocente estuviera en la cárcel y con la vida destrozada para siempre.

h) ¿Cuándo y quién será el valiente que detenga toda la sinrazón que convierte -especialmente en las Fuerzas Armadas- a las mujeres en diosas y a los hombres en carne presidiaria?


Un muerto y un BMR, otra vez


Ha muerto en accidente con un Blindado Medio de Ruedas (BMR), el Cabo Felipe Jasón Ospina Vélez, colombiano de nacimiento y casco azul español.

Desde aquí mi reconocimiento a los hispanoamericanos que sirven en las Fuerzas Armadas españolas y mi afecto a las familias de los muertos en acto de servicio.

domingo, 15 de junio de 2008

Se fallaron los Premios Inconformista de Oro, y yo tuve mención y ustedes no


Esa costumbre de los premios que los amiguetes blogueros se reparten recíprocamente me gusta más bien poco, para qué nos vamos a engañar a estas alturas. Sin embargo, como es de bien nacidos ser agradecidos, es norma en DCC agradecer con un discurso cada premio con el que se me honra. Esta vez me he retrasado bastante. Inconformista Severo, como único juez de inapelable fallo, tuvo a bien conceder el 15 de mayo los Premios Inconformista de Oro, y yo, que soy así de descastao, salgo ahora con el discursito de los cojones. Espero que se me disculpe la tardanza; son las obligaciones de alguien famoso como yo, que no me dejan respirar.

El caso es que he pillado cacho en el reparto, llevándome una más que merecida
Mención Especial a la Sinceridad (la famosa y ambicionada MES, o sea, que puedo decir que escribo este discurso un mes después de recibir la MES... jo jo jo, soy tan ingenioso...) A mí me hubiera gustado, más que la MES, recibir la MEBS (Mención Especial al Bloguero más Sexy), pero eso hubiera quedado sospechoso viniendo de otro hombre, y es que Inconformista Severo, aunque no lo parezca, es un hombre.

Venga, vamos con el discurso:


DISCURSO DE AGRADECIMIENTO, por L. K. de A.

Queridos amigos, es para mí motivo de orgullo y regocijo tocarme el pi... ¡No, un momento! Decía que me siento muy satisfecho de este nuevo galardón que con gusto dejaré que se cubra de telarañas en el trastero, junto a todos los demás.

Sería falsamente modesto si dijera que la Mención Especial a la Sinceridad es inmerecida. Lo cierto es que la amerito más que nadie (el verbo ameritar lo descubrí hace un par de días y me moría de ganas por usarlo), y prueba de mi indudable sinceridad es todo lo que en este discurso narraré, pésele a quien le pese.

La sinceridad -seamos sinceros- no vale para gran cosa. Si acaso, es útil para ser expulsados de cualquier partido político y para dar motivos de divorcio. En ocasiones también puede ser muy práctica para que Inconformista Severo nos dé un premio bloguero. Poco más cabe esperar de esa mal llamada virtud, por lo que desaconsejo vehementemente que hagan uso de ella.

Siempre fui muy sincero, y es eso y no otra cosa lo que explica las abundantes cicatrices de mi cuerpo serrano, ¡anda que no me he llevado hostias por culpa de la puta franqueza! Pero como lo que no mata nos hace más fuertes, pasando el tiempo me hice tan fuerte como el increíble Hulk, y además conocí a Inconformista. Permítanme, por favor, que ahora les hable de él:

La amistad que me une a este tipo empezó allá por Junio de 1944, en una playa de Normandía. Inconformista y yo fuimos los únicos supervivientes de la compañía Charlie (fíjense ustedes que en las películas americanas todas las compañías se llaman Charlie y que en todas hay un soldado Kowalski; pues bien, yo era ese soldado). Tras la carnicería, Incon y yo nos hicimos muy amiguitos, entre otras cosas porque no teníamos a nadie más. Luego apareció la lagarta aquella, una francesita llamada Valeria, y los dos la pretendimos, circunstancia que acabó con nuestra amistad. Afortunadamente, cuando Inconformista y Valeria decidieron casarse yo comprendí que había perdido y me rendí, volviendo así a ser amigo de Incon. De la lagarta, en cambio, nunca he sido amigo. Debo aclarar también que a Valeria no la llamo lagarta de modo peyorativo, sino que es conocida así por todos desde que trabajó como extra en la serie "
V" interpretando a uno de los malos: aquí la tienen en su papel.

Hoy en día siempre que voy a Barcelona por viaje de negocios, cosa que sucede unas cincuenta veces al mes, me hospedo en el hogar de Valeria e Inconformista. Esto me ha servido para comprobar que mi antiguo compañero de armas es una buena persona que hasta se ducha una vez al mes. De sus hábitos higiénicos doy fe porque una vez incluso me invitó a meterme en la bañera en su compañía.

- Perdona, amigo mío, pero es que yo sólo me ducho los días 29 de febrero- dije intentado ser amable.

- Anda, tontín, que te voy a comer tol salchichón- respondió mi amigo, que a veces se pasa de amigo.

Yo empecé a azorarme, o séase, comencé a adquirir forma de azor, lo que provocó que Inconformista añadiera:

- ¡Uy, mira cuánta pluma tienes, picarón!

La situación se estaba volviendo muy embarazosa, por lo que hice lo que hace cualquier azor embarazado: poner huevos. Puse lo menos ocho mil huevos en menos de cinco minutos. Menos mal que entonces llegó Valeria y logró dos extraordinarios propósitos: interrumpir las cochinas intenciones de su marido y cocinar una gargantuesca tortilla con ocho mil huevos de azor. Inolvidable día aquel que resume a la perfección lo buena persona que es Valeria aunque no sea mi amiga, y la enorme confianza que nos une a Inconformista y a mí.

Así que, amigo Inconformista Severo, muchas gracias por la Mención con la que me honras, pero ni por esas voy a bañarme contigo.


jueves, 12 de junio de 2008

Marchitábanse flores en otoño


(Poemita dedicado a la mujer, ese ser angelical de cuya bondad nadie puede dudar... a menos que haya conocido a alguna, claro)
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Marchitábanse flores en otoño
cuando una noche de negra tormenta
hallé la profundidad de tu coño,
hondo y sucio como sólo él aparenta.
Fue en aquella raja y su negrura
donde yo metí mi polla dura,
mas viendo que aún había holgura
y que anhelante gemías desesperada,
generoso también inserté en la cueva
un enorme y coleante pez espada
con una bicicleta roja como nueva.
De aquel triste pez nunca nadie supo
y la bicicleta jamás fue vista.
No sé, aunque lo intuyo, qué más te cupo,
porque eres genial y única artista
en eso de meterte objetos dentro.
Tienes por coño un devastador tifón
cuyo origen, principio, ojo o centro
absorbe* penes a mogollón,
siendo su calibre tan conocido
que algunas putas lo usan de patrón.
Todo hombre inocente y desprevenido
más de una vez ha explorado tu sima,
quiero creer que lo hizo con condón,
porque mira, además de que rima
tengo mis personales razones
para evitar chungas enfermedades
y cuidar de mis preciados cojones.
Me dijeron en diversas ciudades
que es popular y famosa tu vagina
por haber matado a cientos de viejos,
frecuentes y usuales veces de angina
y otras más, no menores, de infarto.
Huyendo de ti he viajado lejos
pero de risa me troncho y me parto
cuando día sí y día también descubro
que bien follada como yo te cubro
todos los varones te han cubierto,
pues tienes el coño tan abierto
que lo llaman el "7-Eleven",
fuente de la que todos beben,
complaciente y húmedo boquete
donde cualquier carajo se mete.
Ignota gruta, agujero sin fin
donde al igual que el puto pez espada
también cabe un búfalo y un delfín,
y si estás como sabes despatarrada
te entra incluso Moby Dick y otra ballena,
que aun queriéndolo no te dejarán llena.
Por más cipotes, golfa, que trajines
son tus intenciones y tus fines
seguir buscando el perfecto carajo.
Los nombres del millón de tus amantes
se inscriben en uno y otro legajo
y ahora con más motivos que antes
eres guarra por arriba y por abajo.
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*Originalmente se leía "absorve". Los atentos comentaristas (el Monstruo de Espagueti Volador les conserve la vida largos años) me han sacado del error. Gracias.

domingo, 8 de junio de 2008

La abominable verdad sobre la Coca-Cola, según mi primo


Hay verdades insoslayables que todo gualdrapa bien documentado conoce, tales como que las hamburguesas del MacDonald's están hechas con gusanos o que ningún hombre ha pisado la Luna; pero, ¿y la Coca-Cola?, ¿qué pasa con esa bebida que es el máximo exponente del despiadado capitalismo, aunque lo quieran disimular poniéndole una etiqueta bien roja?

Cualquier mindundi sabe que la Coca-Cola desoxida tornillos, desatasca tuberías y disuelve la carne. Las evidencias de estos fenómenos son tan apabullantes como sistemáticamente ignoradas por el vulgo, que hace oídos sordos y sigue envenenándose con tan insano brebaje. Pretendo que, de una vez por todas, se despejen las dudas para aquellos gaznápiros que persisten en el error de creer que la Coca-Cola es inofensiva. Para ello paso a copipegar el estudio que mi primo, Alexander J. Kowalski (cuya objetividad no puede ponerse en tela de juicio), ha elaborado para tal fin:


LA COCA-COLA NO MOLA, por Alexander J. Kowalski

En la primavera de 1989 unos acontecimientos dramáticos conmocionaron a los 24 supervivientes de Villatorrijas (provincia de Cuenca). Esa comunidad, hasta entonces un próspero pueblo de 26 habitantes, perdió en apenas tres meses a dos de sus parroquianos más queridos: Fernando Gando, de 96 años y Fermín Clavaín, de 84.

El caso estuvo rodeado de misterio desde el principio. Francisco Torra, el Cabo de la Guardia Civil que llevó la investigación, ya retirado, lo recuerda así: "Fue un asunto extraño. ¿Dos ancianos muertos en sus casas? ¿Los dos del mismo pueblo y con un intervalo de tres meses entre fallecimiento y fallecimiento? ¿Muerte natural? ¡Ja, eso no se lo cree nadie! No, amigo, ahí había gato encerrado..."

Gracias a la perspicacia del Cabo Torra no se tardó en encontrar un nexo entre ambas muertes. En la mesita de noche de Gando se halló un vaso con restos de Coca-Cola, y en la nevera de Clavaín fue descubierta una botella familiar de la misma bebida a la que faltaban unos sorbos. Así explica el Cabo su hallazgo: "Cuando se estableció esa extraordinaria coincidencia ya no cupieron más dudas. Intenté detener a todos los vendedores y distribuidores de Coca-Cola, pero mis superiores, de un modo harto sospechoso, me ordenaron que dejara de hacer el cimbel".

¿Era el popular refresco el causante de los decesos? ¿Por qué se ordenó al Cabo Torra interrumpir su investigación? Y sobre todo, ¿por qué este extraño caso ha sido silenciado durante tanto tiempo? ¿Acaso la poderosa y multimillonaria empresa Coca-Cola ha influido para que el caso caiga en el olvido y para que la investigación se viera frustrada? Son preguntas, amigos míos de mente abierta, para las que no tenemos respuesta satisfactoria... ¿o quizá sí?

El negro telón de silencio que ocultó los funestos aconteceres de Villatorrijas no ha podido extrapolarse al caso de Germán Truño, mecánico de la casa Seat, hombre trabajador, honesto y valiente, que lejos de mentir nos dice: "Yo siempre limpio los tornillos rebeldes con Coca-Cola, ¿sabe usted? Luego les pongo un par de gotas de aceite y entran perfectamente".

No menos esclarecedor es lo que nos cuenta el fontanero Guillermo Plómez, quien asegura: "Las cañerías son cosa de hombres curtidos como yo. Me enfrento a ellas todos los días y aún no ha nacido la tubería que se me ponga chula. Un chorro de Coca-Cola y atasco solucionado. Después vierto un par de litros de salfumán, para empujar la Coca-Cola, claro".

Tampoco son raros los testimonios de personas íntegras, temerosas de Dios, que juran haber disuelto una vaca entera con una botella de Coca-Cola de dos litros. ¿Quién dudaría del testimonio de un señor o señora de misa dominical y respeto a las tradiciones cristianas?

Por si todo esto fuera poco, sabiendo como sé que hay escépticos incorregibles que desprecian las honradas afirmaciones del pueblo trabajador, expondré algunos estudios científicos que se han efectuado hasta la fecha sobre los males de la Coca-Cola. Empecemos por el insigne Profesor Seku, quien en su informe "La Coca-Cola y el influjo de la Luna" nos dice lo siguiente: "Beber Coca-Cola en noches de Luna llena es pernicioso en grado sumo, pues por efecto marea dicha bebida se sube al cerebro, de manera tal que mata ahogadas y posteriormente disueltas a 9.352.718 neuronas (neurona más, neurona menos) por cada lata de 33 centilitros ingerida".

Por su parte, el Doctor Grijánder, del Instituto Chiquito de la Calzada, afirma lo siguiente: "Beber Coca-Cola es tan perjudicial y dañino para el hígado que el bebedor promedio, al cabo de dos años, más que hígado tiene foie-gras, foie-gras de desagradable sabor dulzón que no vale ni para venderse enlatado".

Otra prestigiosa científica, la Profesora Aurora Mora, nos advierte en su ensayo "Coca-Cola, ¿con whisky o sola?" de estas trágicas consecuencias: "Se comprueba empíricamente que la Coca-Cola reduce la esperanza de vida a razón de un mes por cada litro ingerido, por lo que los grandes consumidores de esta bebida mueren jóvenes. En casos extremos de consumo abusivo la esperanza de vida del sujeto viene expresada en números negativos, habiéndose registrado ejemplos de personas que llegaron a morir incluso décadas antes de haber nacido".

También el Doctor Patráñez tiene mucho que decir sobre el famoso refresco en cuanto a su capacidad lesiva. Dada la amplia experiencia clínica de este médico (no olvidemos que estuvo recluido en un hospital psiquiátrico durante más de tres décadas) su estudio es digno de especial atención: "El consumo habitual de Coca-Cola produce, además de gases, los siguientes cuadros:

- Repampanitis ocular trifásica.

- Licuefacción ortogonal de los tejidos blandos, ocasionalmente agravada con reblandecimiento de los tejidos duros.

- Intrusión anal irreversible.

- Oclusión rectal por fibrosis pedorreica.

- Desprendimiento glandular hiperbóreo.

- Albaricoqueo ataráxico de la epidermis.

- Pie de atleta.

- Dedos de pianista.

- Cintura de avispa.

- Codo de tenista.

- Ojo de lince.

- Caca de la vaca.

- Estupefacción ventricular que, en casos graves, degenera en triquiñosis pulmonar organoléptica.

- Un sinfín más de horribles enfermedades, casi todas mortales o altamente incapacitantes".

Terminaré mencionando las inolvidables palabras del gran Don Wenceslao Casquero-Ceñidor de Hinojosa y Perales:

"Dos cosas malas hay en la vida: la Coca-Cola y la cabrona de mi suegra"

Alexander J. Kowalski, presidente de Pepsi España S.A.

lunes, 2 de junio de 2008

El día que mandé callar a mi superior (jerárquico)


Me apetece contarlo, caramba. Es una de esas anécdotas militares que se atesoran para contar a los nietos, y yo, al paso que voy, tengo crudo poder contárselas. Hoy van a ser ustedes mis nietos, jódanse:

Empecemos aclarando que Miguel Calle y este cabeza de chorlito somos habitualmente confundidos por nuestros oficiales. Ambos somos Cabos Primeros, morenos, guapísimos, tenemos la misma estatura, idéntico buen porte... (y no se lo cuenten a Calle, pero mi chorra mide cinco centímetros más que la suya. Claro que eso lo desconocen nuestros jefes).

Aquel día, Calle (el de la chorra con desventaja de cinco centímetros) y un servidor (el de la chorra que Príapo hubiera querido para sí) asistíamos al Teniente X en un ejercicio de tiro con fusil. Pónganse en situación, por favor: "EN POSICIÓN DE TENDIDO. VEINTE CARTUCHOS. CIEN METROS.TIRO A TIRO. INTRODUZCAN CARGADOR. CARGUEN. QUITEN SEGURO. APUNTEN. A DISCRECIÓN. ¡FUEEEE... GO!"

PUM... PUM... PUM, PUM, PUM, PUM, PUMPUMPUMPUMPUMPUMPUM... Ea, ahí tienen veinte fusiles vomitando balas. En las películas suena a cosa de risa, pero si están ustedes familiarizados con las armas de fuego sabrán que veinte fusiles disparando a la vez provocan un ruido ensordecedor. Si en ese momento el instructor quiere hacerse oír sobre el estruendo debe gritar muy alto.

Ahí estamos cuando un Soldado levanta la mano, indicando así que su arma ha sufrido una interrupción. Mi compañero, sosia según algunos, y amigo según yo, acude oportuno y servicial como es él y se pone a ayudar al Soldado en apuros. Cuando el Teniente lo ve empieza a gritar sobre los estampidos fusileros:

- ¡Kowalski! ¡Kowalski, déjalo solo! ¡Es un profesional, Kowalsi, déjalo que lo resuelva él solo!

Calle, puesto que no se llama Kowalski sino Calle, pasa de las órdenes del Teniente y sigue a lo suyo. El Teniente se encabrona:

- ¿No me oyes, Kowalski? ¡QUE LO DEJES SOLO TE ESTOY DICIENDO!

Entonces yo, el verdadero Kowalski, que estaba a unos metros tras el Teniente y hasta entonces había presenciado la escena algo confuso, me di cuenta del error del Teniente y empecé a gritar a pleno pulmón (para sacarlo de su error):

-¡CALLE, MI TENIENTE, CALLEEEEEEEEE!

El Teniente me miró, SE CALLÓ, se acercó a mí y, en voz baja, se puso a darme explicaciones de por qué se comportaba así.

Fue un momento glorioso, créanme.

miércoles, 28 de mayo de 2008

El día que cagué verde


Esta, probablemente, sea la entrada más seria que haya publicado en este bendito blog. Si ustedes se han acostumbrado a mis tonterías mejor dejen de leer, porque esta vez hablo en serio.

Voy a hablarles de la fatídica mañana en la que me levanté más temprano de lo habitual, como cosa de un cuarto de hora más temprano.

Me puse el chándal y metí el uniforme de campaña en la bolsa. El uniforme es negro, caqui y marrón, y además lleva bordado mi nombre. La bolsa que usaba esta mañana era negra, caqui y marrón, y además lleva bordado mi nombre.

Como me sobraba tiempo y me estaba cagando hice lo más lógico en tales circunstancias: cagar.

Hasta aquí todo es normal y de una aburrida cotidianeidad. Lo que no fue normal es ver que mi mierda era de color verde, verde militar, verde caqui.

Fue una mierda blanda y abundante, de sorprendente color verde, inexplicable por la pigmentación de los últimos alimentos ingeridos. Fue una mierda rebelde que se negó a aceptar su natural color marrón.

Fue una mierda de color caqui.

Fue un líquido zurullo verdoso.

Fue una pastelada que de haber sido más sólida bien se hubiera confundido con una esmeralda enorme de trescientos gramos.

Fue una ñorda que quiso camuflarse en el camuflaje de mi uniforme.

Fue una caca caqui.

Al menos -oh, dichoso de mí- la mierda no llevaba bordado mi nombre, porque eso ya hubiera sido excesivo.

domingo, 25 de mayo de 2008

Los cuentos que dibujé para mi hermana


Me gusta que mi hermana pequeña venga a visitarme. Dentro de unos días cumple diez preciosos añitos rubios desde los que mira al mundo con curiosa y asombrada mirada azul. Es una niña guapa y muy despierta que será una gran mujer, no lo dudo.

Se llama Alejandra pero la llamo Ali, y es sordomuda.

Desde niño disfruté inventando historias que contaba a un grupo de amigos en el cole. Yo ya era mayor cuando mis padres, a una edad arriesgada, decidieron tener a mi hermana. Ali nació totalmente sorda y nada se ha podido hacer por solucionar ese defecto. Su sentido del oído funciona perfectamente, en realidad. Es su cerebro lo que falla; una lesión congénita impide que el cerebro pueda reconocer los sonidos. En palabras del neurólogo que la trató: "Para la niña el mundo sonoro es un ruido blanco, como lo que oímos en la radio cuando no hay sintonizada ninguna emisora".

Para mí fue frustrante no poder contarle cuentos a mi hermana pequeña. O mejor dicho, fue frustrante que ella me mirara con su carita de eterno asombro sin reírse, sin estremecerse, sin entender nada de lo que yo le contaba. Hasta que tuve la acertada idea de dibujar para ella cuentos.

Al principio eran unas viñetas burdas, apenas esbozos de personajes y lugares. Poco a poco desarrollé una desconocida habilidad para el dibujo, y noté que Ali disfrutaba cada vez más con mis cuentos gráficos.

Son cuentos que dibujo en blocs de notas, con una viñeta en cada página. Si ella los mira a solas no es divertido, porque están pensados para que sólo se pueda comprender la historia si yo la ayudo gesticulando, como un silencioso mimo cuentacuentos.

Cada vez que mi hermana ríe hasta saltársele las lágrimas con mis alocadas historietas yo me siento bien. En la gloria. Me siento GRANDE.

Nuestros padres están empezando su jubilación con muchos viajes, y es frecuente que dejen a Ali en mi casa hasta que vuelven. Como vivo solo y adoro a mi hermanita a mí eso me parece de perlas.

Ahora suelo dibujar para ella breves cuentos de pocas viñetas en las que sólo aparecen hombres y mujeres desnudos haciendo toda clase de guarradas. Para que Ali se meta mejor en la historia me desnudo ante ella y la obligo a desnudarse. Después, para aumentar el realismo, hacemos lo que se ve en mis dibujos.

A veces llora. Eso me gusta aún más que cuando se ríe. De hecho ya casi nunca ríe por nada.

Cuando chupo su coñito impúber me siento GRANDE. Cuando eyaculo en esa boquita incapaz de pronunciar palabras me siento GRANDE. Cuando le penetro el ano me siento GRANDE.


A veces llora, y entonces yo me siento GRANDE.

Ahora ando ocupado dibujando una historia en la que aparece una niña rubia con tres hombres. En la siguiente me gustaría dibujar también un perro, pero por ahora me salen fatal los perros.

Aunque... no sé, creo que Ali ya es mayor para cuentecitos, quizá debería pasar a las películas X. Total, a mí no me gusta dibujar.

domingo, 18 de mayo de 2008

Recuerdo desenterrado


(Nota del cabeza de chorlito: Publiqué la mitad de este cuento el viernes. Finalmente he decidido eliminar esa entrada y publicar aquí el relato completo porque creo que se puede leer de una vez sin ocupar demasiado tiempo).


Un lugar de España. Año 1938.

Lo peor era el barro. Al menos eso era lo peor cuando la artillería enemiga dejaba de tronar. Bueno, también estaban los piojos. Y el olor inmundo de los cadáveres en descomposición. Tampoco hay que olvidar el hambre. Y el miedo. Ahora que lo pienso, todo era lo peor en aquellos días.


Otro lugar de España. Año 1988.

Como hoy. Hoy todo vuelve a ser lo peor. Hoy ha muerto mi nieto, ¿saben? Acabo de conocer los detalles de su muerte, y supongo que estoy conmocionado, porque en lugar de llorar estoy recordando cosas. Casi las estoy viviendo de nuevo.


Un lugar de España. Año 1938.

Estaban locos. Estaban verdaderamente majaras al ordenarnos aquellas carnicerías sin sentido. Cegados por el miedo y borrachos de sangre nuestros jefes ordenaban asaltos suicidas sin ton ni son. El enemigo hacía lo mismo, y cuando les tocaba a ellos jugar a soldaditos valientes nosotros sólo teníamos que apuntar desde nuestras trincheras y apretar el gatillo viéndolos caer entre el estrépito de las ametralladoras y los fusiles. Cuando abatíamos al último y las armas volvían a su amenazante silencio negro con olor a aceite caliente venía lo peor... aunque ya he dicho que aquellos días todo era lo peor: los gritos de los heridos en tierra de nadie; las llamadas de auxilio, "¡me han dado, me han dado, ayudadme!", "¡camilleeeeeros, aquí, aquí, rápido, que siento que me voy!"; los delirios de los más graves, "¡madre, madre, mamaíta, ven, por dios te lo pido!", "¿dónde está mi juguete? ¡Devolvedme mi juguete!"; las peticiones de los más realistas, que querían dejarlo todo atado antes de morirse, "¡Cañedo! ¿Me oyes, Cañedo? ¡Fui yo el que te robó la baraja! ¡Anda, ven a buscarla si tienes huevos, y que sepas que tu novia es una golfa y se la ha follado media compañía!", "¡Teniente Gámez, es usted un cabrón!" (por entonces hasta para agraviar usábamos el usted), "Por favor, compañeros, decidle a mi novia que lo de Margarita no fue nada, ella entenderá".

No es agradable recordarlo, pero la verdad es que llega un momento en que todo da igual, y debo confesar que a veces rematábamos a los heridos que se arrastraban en la tierra de nadie, tanto a los del bando enemigo como a los nuestros. Auxiliarlos era imposible, y soportar sus desvaríos y sus llantos día tras día mientras se morían de sed o se desangraban era inaguantable. Los mejores tiradores se entretenían rematándolos y les hacían un favor a ellos y a nosotros. Ustedes no lo comprenderán, pero eso es porque ustedes no estaban allí.


Otro lugar de España. Año 1988.

Mi nieto acaba de morir y sólo tiene... tenía doce años. Era un niño lleno de curiosidad y muy inteligente. "Abuelito, cuéntame cosas de la guerra civil", solía pedir cuando sus padres lo traían a verme. Yo, claro, me inventaba para él mil y una batallas donde todo era perfecto y había mucho honor, mucha dignidad y mucho heroísmo. La verdad no es cosa para un niño de doce años. La próxima vez le contaré que un día, bajo el bombardeo de la aviación enemiga, un grupo de soldados liderados por mí... No. Se me olvida. Se me olvida que no habrá próxima vez. Estoy chocho y conmocionado, eso es lo que pasa. Ya no tiene sentido seguir inventando cuentos para un niño de doce años. Ahora sólo me viene a la miente el asqueroso plato de la verdad cruda con su guarnición de inmundicia y horror.


Un lugar de España. Año 1938.

Aquel día estábamos casi sin munición y la infantería enemiga estrenaba unos morteros. Ahora nos machacaban a placer sin tener que salir de sus madrigueras gracias a la trayectoria curva de esas armas. El miedo nos paralizaba, el hambre nos tenía debilitados, y a cada paso en las trincheras nos hundíamos más en el barro. Nuestro abastecimiento estaba bloqueado desde hacía semanas, y aunque recuperábamos de los bolsillos y de las cartucheras de los muertos cercanos a nuestra trinchera toda munición y condumio aprovechable, la situación era más que desesperada. En esas circunstancias lo razonable hubiera sido un repliegue táctico, una retirada técnica, una huida estratégica o como puñetas llamen los estrategas a salir corriendo dándonos patadas en el culo.

Pero aquel día de 1938, en aquel lugar, nada guardaba el menor parecido con lo razonable, así que se nos ordenó asaltar las trincheras enemigas. De perdidos al río.

Salté a la tierra de nadie con el sabor agrio del miedo en la boca, con más odio hacia mis jefes que hacia el enemigo, con cuatro cartuchos en mi Máuser, y con el tiempo justo para ver al Sargento Máiquez pegarle un tiro en la cabeza al Soldado Cruz por no atreverse a salir de la trinchera.

Nos barrieron. El absurdo intento de asalto duró como mucho treinta segundos, y perdimos en ese tiempo a cuarenta y dos compañeros. "¡Volved, volved a la posición anterior! ¡¡POR VUESTRA MADRE, ATRÁS!!", gritaba como loco el Teniente Oviedo, que unos instantes después cayó con la cabeza reventada por un balazo. Con él perdimos al mando más sensato de la compañía. Dios lo tenga en su Gloria.


Otro lugar de España. Año 1988.

Dicen que mi yerno se va a poner bien, que lo suyo son heridas superficiales. Qué tontería creer que se curará. Cicatrizarán las heridas de la piel, eso sí, pero no se va a poner bien nunca. Un padre que ve a su hijo morir de esa manera no puede ponerse bien jamás. La madre, mi hija, no sé ni cómo está. Ella no fue a la excursión, menos mal. Espero poder abrazarla pronto, pero me dicen todos que por ahora es mejor que me quede en la residencia, que no es bueno a mi edad recibir ciertas impresiones. Qué sabrán ellos de recibir impresiones fuertes...


Un lugar de España. Año 1938.

Tras aquella mala imitación de asalto que tantos litros de sangre derramó en vano volvimos a nuestra trinchera, a comer barro y a dejarnos descuartizar por los morteros Valero de 50 milímetros. ZZZZZZZBOUM, una nube de humo negro espeso, unos segundos de silencio más espeso aún, y otra vez los gritos. Recuerdo al pelirrojo Tamayo, sin piernas y cubierto de sangre, chillando sin parar "¿quieres morcilla? ¡toooooma morcilla!", hasta que paró para siempre. O hasta que alguno de nosotros lo paró, no me acuerdo. Era un buen muchacho de un pueblo andaluz, y no sabemos qué quiso decir con aquel último ofrecimiento gastronómico. Supongo que teníamos tanta hambre que hasta en las últimas pensábamos en comida.

El barro. Cuánto barro había allí, coño. El terreno estaba tan blando que algunas granadas de mortero se clavaban en el suelo sin detonar, asomando sobre la superficie las colas con las aletas estabilizadoras de color verde. Parecían pequeñas lechugas, o eso se me figuraban a mí. El hambre, ya saben.

Cuando teníamos algo de calma hincábamos una estaca junto a las granadas que no explosionaban, y de la estaca pendía un trapo rojo. Esto servía para que nadie pisara el ingenio inadvertidamente, y para que después lo pudieran localizar los de ingenieros, quienes lo harían volar de modo seguro.


Otro lugar de España. Año 1988.

Tuve dos hijos, Jorge y María. Jorge murió a los dos años de tuberculosis. María sólo ha tenido un hijo, que se llama como yo, Paco. Lo llamamos Paquito simpre. No, no ,no. Otra vez se me ha ido la cabeza. Quiero decir que lo llamábamos Paquito, y como Paquito lo recordaremos porque ya nunca llegará a ser Don Francisco.

Quizá yo pude haber evitado su muerte, treinta y ocho años antes de que naciera.


Un lugar de España. Año 1938.

El hambre, el agotamiento, el miedo, el desorden y la derrota inevitable nos hacían ser descuidados. Oí el zumbido de una de aquellas malditas granadas al cruzar el aire y pensé que eso sería lo último que oiría, pero no fue así. CHOF, eso es lo que oí a continuación cuando la granada se hundió en el barro a medio metro de mis pies. Estaba demasiado débil como para alegrarme de mi suerte y sentí más indiferencia que otra cosa. Sabiendo como sabía que era cuestión de minutos abandonar nuestras posiciones en una retirada definitiva dejé aquel cacharro medio enterrado en el fango, sin preocuparme de señalizarlo.


Otro lugar de España. Año 1988.

Paquito me llamó ayer. Estaba emocionado porque su padre le había prometido que hoy lo llevaría a visitar el escenario donde su abuelo luchó durante la Guerra Civil. "¿Vendrás con nosotros, abuelito? ¡Dime que sí!" Le dije que no. Le dije que me dolían las piernas y que estaba muy cansado. Para pasear con mi nieto nunca me duelen las piernas ni estoy cansado, pero la verdad es que yo no quería volver allí. Debería haber ido. A lo mejor podría haberle salvado la vida hoy, ya que no lo hice hace cincuenta años.

No me han contado muchos detalles, pero yo desgraciadamente me los imagino vivamente porque vi a mucha gente morir por efecto de las granadas de mortero. Cuando lo socorrieron decía mi yerno antes de perder el conocimiento que su hijo estaba desenterrando algo del suelo y que entonces se produjo la explosión. Eso es lo que saben todos.

Yo sé algo más. Yo sé que aquello que mi nieto desenterraba parecía una pequeña lechuga metálica, y sé que me estaba esperando a mí desde hace medio siglo. Al final ha logrado su objetivo, la muy perra. Me ha dejado sin descendencia. Mis genes ya están extinguidos. Hoy me siento muerto.

Hoy todo vuelve a ser lo peor.

domingo, 11 de mayo de 2008

Y luego me dirán que no son unos salvajes


Hace poco publiqué un par de entradas (una y dos) donde sostenía que los musulmanes son, dentro de la irracionalidad que acompaña a toda creencia religiosa, más salvajes que los cristianos. Dicho así la aseveración me parece incorrecta, así que matizo:

En los países de tradición musulmana hay más salvajismo y menos respeto por la vida que en los países de tradición cristiana (ahora sí me convence la afirmación). Las razones para que esto sea así no serán únicamente religiosas, desde luego, pues el islam es en esencia muy parecido al cristianismo, lo que pasa es que por otras causas culturales los países islámicos se han quedado colgados en una eterna Edad Media. Sea por lo que sea, me quedo con nuestra forma de vida.

Ya, ya sé que los megaprogres, en sus continuas contradicciones se empeñan en respetar por igual cualquier cosa, y mientras por un lado te están diciendo que hay que respetar cualquier manera de pensar, por otro te están imponiendo su modelo de pensamiento. Me gustaría a mí que los ilusos defensores de la Alianza de Civilizaciones me explicaran cómo cojones compatibilizan la igualdad de hombres y mujeres con el respeto por otras culturas. Pondré un ejemplo concreto: lean esta ABERRANTE NOTICIA.

Y ahora, si tienen cojones, me dicen que los musulmanes son tan civilizados como yo.

viernes, 9 de mayo de 2008

Dos cositas rápidas


He acabado cediendo a la presión de Javi y me he puesto a leer Amor se escribe sin h, de Enrique Jardiel Poncela. Tengo la novela casi terminada y puedo decirles que me ha hecho reír a carcajadas en algún momento, y eso es mucho, porque yo tengo la lágrima más fácil que la risa. Si les gusta el humor absurdo o las cosas bien escritas se harán un favor leyendo esta magnífica parodia de las novelas románticas.

Si prefieren leer blogs eruditos y humorísticos no se pierdan Humoradas, que por cierto lo escribe un tal Enrique Gallud Jardiel, nieto del mencionado E. Jardiel Poncela.

Ya puestos a hacer recomendaciones, y por asociación de ideas con la anterior entrada que este cabeza de chorlito les sirvió, quiero recomendarles la lectura de "Flores para Algernon", de Daniel Keyes. Hay quien la engloba en el género de ciencia ficción, y también hubo imbéciles que la incluyeron en el apartado de Literatura Infantil (hay que ser bruto e insensible para pensar que esta brevísima novela es un relato infantil). Es de los pocos libros que me hicieron llorar sin estar borracho. Léanla, léanla... y después, si quieren, hablemos de ella.

Sería todo.

domingo, 4 de mayo de 2008

El famoseo me la sopla


A mí los famosos y los borregos que los ponen en ese pedestal me la sopláis. Así de claro.

Me refiero, por supuesto, a esos famosos que lo son por una cara bonita o por hacer el payaso sin sentido del ridículo. Hay otro tipo de famosos, los "grandeshermanos" y las putipuercas (y algún putipuerco) que alcanzan la fama contando cómo se follaron a tal o a cual, pero es que a esos no los conozco ni de nombre, así que no son objeto de este vómito. También están los famosos de, a mi juicio, merecida fama, como ciertos escritores o científicos. Estos últimos me inspiran simple y puro respeto, así que tampoco serán objeto del desahogo que estoy pariendo.

Como no veo apenas la tele y tampoco voy al cine las únicas actrices cuyas caras me suenan son las porno, por las que siento desprecio pero me sirven para hacerme pajas. Seguramente me habré cruzado con muchos famosos, pero es difícil que yo los reconozca, lo que supone que su fama es para mí cuando menos relativa. Si no voy con alguien que me los señale ni me entero. Recuerdo con vergüenza ajena la noche que me crucé con Esther Arroyo, hace una década y en Tarifa. Fue en un estrecho callejón de los habituales en esa ciudad, y mis dos acompañantes se pusieron casi histéricos. "¡Mira, mira, es Esther Arroyo! ¿Le decimos algo? ¿La saludamos?"

Qué vergüenza. Una tía alta y rubia, y ni siquiera muy bella. Joder, ya por entonces me había follado a tías más guapas. ¿A qué venía tanto revuelo? Nada, es que era "famosa". Pasé junto a ella, casi rozándola, mi cabeza alta y la mirada al frente. No la miré. Sólo deseaba que mis acompañantes no la cagaran, porque no tenía la menor intención de esperar mientras pedían autógrafos chorreando abyectas babas. Lo que sí tenía muy claro es que en ese caso yo, con chulería y absoluta seriedad, le hubiera dado MI autógrafo a la Arroyo. El número de teléfono sólo si me lo hubiera pedido de rodillas. Menudo soy yo para estas tonterías. Afortunadamente pasamos de largo, creo que porque temieron que este cabeza de chorlito les montara un número ante su diosa.

Lo de Manuel Reyes fue peor si cabe. Llegué a sentir ganas de pegarle, en serio. Un momento, ¿que no saben quién es Manolito Reyes?, lo comprendo, pero si usan el enlace, que para eso lo he puesto, verán que sí que lo conocen.

Fue la tarde de un frío y lluvioso Domingo en San Fernando, hará unos seis años. Yo bebía algo que no sería una Mirinda cuando el camarero, señalando a través de los cristales de la puerta del bar, dijo:

-Ira, ahí está el Pozí retratándose.

En efecto, al otro lado de la calle, el archifamoso Pozí se dejaba fotografiar (previo pago) junto a unos reclutas. No vestían uniforme, pero eran alumnos del Centro de Instrucción y Movilización Número 2, lo sé porque son todos idénticos e inconfundibles. "Pues bueno", le dije yo a mi vaso. Me la suadaban bastante el Pozí y sus fans, pero es que después aquel grosero se metió en el bar. EN MI BAR.

Imagínense el ambiente cuando este tipo irrumpe: cuatro parroquianos (un viejo Comandante de Infantería de Marina en la Reserva, su hija con síndrome de Down, un anciano que habla con el anterior sobre las vicisitudes y problemas de cuidar de una adolescente que padece ese síndrome, y este cabeza de chorlito que estaba al margen de la conversación, más concentrado en reaccionar adecuadamente a los continuos piropos que la chica me lanzaba y ante los que no sabía qué responder). Ese era el panorama, casi familiar y cómplice, cuando entra Don Manuel Reyes.

No saludó, cosa que se puede disculpar en ciertos ambientes, pero no en aquel tan... hogareño. Dejó la puerta abierta de par en par, y les recuerdo que afuera hacía frío y estaba lloviendo. Mientras el gran Pozí se sentaba a una mesa yo me levanté de mi taburete para cerrar la puerta y a mi vuelta aproveché para echarle una mirada asesina al señor Reyes. No pareció acusarla, supongo que cuando se es famoso las miradas asesinas de los mindundis como yo resultan inofensivas.

A gritos, interrumpiendo la conversación de los venerables señores, exigió un anís que pagó con las monedas obtenidas vendiendo su patética imagen. No contento con todo esto, mediado su vaso de anís, gritó hacia nosotros:

-¡Lo que estáis diciendo son tonterías!

Ay, qué ganas me dieron de pegarle. El viejo Comandante lo miró, con una de esas miradas superficiales y llenas de desprecio que sólo la edad y la experiencia se pueden permitir, y tranquilamente reanudó su conversación, como si no hubiera pasado nada.

Pero yo sé una cosa, y es que jamás me fotografiaré junto a Manuel Reyes.

viernes, 2 de mayo de 2008

Adolfo Ortiz Benjumea


Se llamaba Adolfo. Al menos así se llamó en vida. Cuando falleció se le nombraba en documentos y misas como "el difunto Adolfo". La realidad, no obstante, es que todos lo hemos conocido siempre, tanto en vida como cuando pasó a ser nutriente gusanero, como "ese hijoputa".

Ese Hijoputa y yo fuimos todo lo amigos que pueden ser un cabeza de chorlito y un hijoputa. En los mejores tiempos de nuestra amistad, siendo adolescentes, él me dejaba follarme a su hermana retrasada, a cambio de lo cual yo lo dejaba partirle las patas a mi gato. Ahora, haciendo memoria, creo que nuestra amistad empezó a requebrajarse el día que se le fue la mano y mató a mi gato. Yo, en justa reciprocidad, le maté a su hermana la tonta.

Para evitar males mayores llegamos al siguiente acuerdo: Yo diría que mi gato se había suicidado, y él diría que había asesinado a su hermana.

-No sé yo... algo no me cuadra en ese trato-. Dijo Ese Hijoputa.

-Que sí, tonto. Es lo mejor para todos. Mi gato era mío, y tu hermana era tuya. Uno puede hacer lo que quiera con lo que es suyo, así que mi plan es perfecto.

-No, si dicho así vas a tener razón-. Concedió Ese Hijoputa, que como habrán notado, además de hijoputa era bastante lerdo.

-Vale, ahora sellemos nuestro pacto con sangre. Pégate un tajo, venga.

Se cortó en la muñeca con un cuchillo oxidado y me lo tendió después:

-Te toca. Córtate.

-¡Anda! Acabo de acordarme de que soy hemofílico. Si me corto me desangro. Mejor córtate tú otra vez y así será como si los dos lo hubiéramos hecho.

Y el muy tontarra volvió a cortarse. Buen chico, Ese Hijoputa.

La policía, inexplicablemente, no estuvo de acuerdo con nuestro plan. Ese Hijoputa fue internado en un centro para menores díscolos, acusado de matar a su hermana la tonta, y el muy capullo se mantuvo fiel a nuestro juramento. Jamás me delató en los diez años que pasó allí, pero casi todos los días me escribía emotivas cartas como esta:

"Querido cabeza de chorlito:

Espero que en el momento de leer la presente estés bien disfrutando de la libertad que a mí se me niega.

Yo estoy bien, aunque algunos compañeros me pegan y otros me dan por culo. Yo prefiero a los segundos, porque al menos así obtengo algo de amor. Bueno, perdona que me ponga cursi, que sé que no te gustan estas sensiblerías mías.

Vivir aquí es chungo. Cuando no me están dando por el culo me están pegando. Ya no tengo dientes por tantas hostias como me he llevado. Los funcionarios que me cuidan dicen que estoy mejor así porque no les daño la picha al chupársela. Lo bueno es que aquí nadie me llama Ese Hijoputa, me llaman Sindy, de sin dientes. Son muy simpáticos.

Algunos días sangro mucho por el culo, pero siempre hay algún funcionario que me pone pomadita en el ojete y me dice al oído amorosas palabras. Es por momentos así por los que pienso que tampoco se está tan mal aquí, y entonces resisto la tentación de faltar a nuestro pacto de sangre y contarlo todo.

Espero que te sientas orgulloso de mí. Yo siempre me sentiré orgulloso de ti. Joder, tío, cada vez que me acuerdo de cómo le partiste el cuello a mi hermana... ¡tú sí que eres un machote, no como estos maricas!

Esta carta es la número 377 que te envío, y aún no he obtenido ninguna respuesta tuya. Supongo que me han intervenido las comunicaciones y que no me llegan tus cartas porque en todas ellas me expones infalibles planes para escapar. Deseo que dentro de ocho años, cuatro meses, dos semanas y tres días estés en la puerta de este lugar esperando mi libertad como yo la espero.

Gracias por todo, Chorli.

Siempre tuyo, Adolfo, alias Ese Hijoputa, alias Sindy".

Comprenderán que yo con cada una de esas cartas me emocionara una barbaridad. Desde que empecé a recibirlas mi familia ahorró una pasta en papel higiénico. Alguna vez estuve a punto de responder a Ese Hijoputa, pero bah. Cuando saliera ya hablaríamos.

Y salió. Irreconocible, pero Ese Hijoputa salió. Estaba flaco, tuberculoso y enfermo de sida. Naturalmente, después de lo que "le hizo" a su hermana nadie en su familia quiso acogerlo, por lo que recayó sobre mí cuidar de él. Era un engorro, pero para eso están los amigos.

Le monté una tienda de campaña y lo enseñé a ganarse la vida poniendo el culo en oscuras esquinas de polígonos industriales. Obviamente, en concepto de gastos le cobraba una pequeña comisión del cien por cien de sus ingresos, y a cambio le daba un bocadillo cada dos o tres días. Ese Hijoputa, desagradecido como lo fue siempre el muy canalla, se murió a los pocos meses, provocándome con ello una sustanciosa merma en mis ingresos.

Hoy, dos de Mayo de 2008, Ese Hijoputa hubiera cumplido 28 años, y yo, que soy así de leal con mis amigos, he querido escribirle este homenaje.

jueves, 1 de mayo de 2008

Ustedes no saben quién es Bárbara


Bárbara es una publicista que está haciendo un master para especializarse en diseño gráfico. Ya ven, Bárbara es una chica que nos va a engañar a todos, ¿qué otra función tiene un publicista?

Además de eso Bárbara es alguien que, como el cazador cazado, se siente engañada. Desde mi ignorante punto de vista nadie la engaña más que la propia Bárbara. Temo que vea enemigos donde no los hay, y de eso intento hablar con ella con tacto pero con firmeza. Flaco favor le haría si le diera la razón en todo.

Bárbara tiene un nombre bonito y sonoro, y a mí esa chica me cae bien por muchas razones. Es joven, guapa, inocente y fuerte. Bárbara es más fuerte de lo que ella cree, pero está hundida e intenta salir adelante con las armas que ella aún desconoce poseer y con las que ya conoce.

Si ustedes, hombres, tuvieran una novia que los espera mientras se van a pasar meses en tierras lejanas, querrían que esa novia fuera como Bárbara. Si ustedes, hombres, perdieran la vida en esas tierras lejanas, querrían que la novia que les llora fuera como Bárbara.

Bárbara es la novia de un compañero caído en Kosovo. No conocí al Cabo Antonio Jesús Bonilla, pero sé ciertas cosas. Sé, por ejemplo, lo que Bárbara está haciendo por su recuerdo, que es más de lo que harían por la mayoría de nosotros. Sé también que Bárbara se queja, y con razón, por que tras tantos meses el Ministerio de Defensa no ha facilitado los resultados de la autopsia de Antonio Jesús.

Ella debe saberlo, pero por si acaso le recuerdo que estoy aquí, para seguir discutiéndole ideas erróneas y para apoyarla en todo aquello que me parezca legítimo.

¿DÓNDE ESTÁ LA AUTOPSIA DE ANTONIO JESÚS?

(Léase esto otro, que no me escondo)