He visto un vídeo en el blog del Tirador Solitario que me ha recordado la historia de Ovejera. Fue uno de mis jefes, allá por 1996 y 1997, más o menos. Coincidimos además en dos destinos, Granada y Almería.
Él estaba en Granada y se negaba a hacer cierto trabajillo (quizá les hable de eso en el año 2035, aproximadamente), por lo que me mandaron allí en comisión de servicio durante unos meses para hacerle el trabajo sucio. Apenas hablamos en aquellos meses y jamás me dio las gracias, Ovejera no salía de la oficina y yo no salía del taller de desbarate de munición.
Más adelante, en Almería, cuando otro de mis jefes perdió definitivamente la cabeza y vació el cargador de una pistola sobre los trofeos y los cuadros de la cantina (quizá les hable de eso en el año 2035, aproximadamente), Ovejera vino para sustituirlo, teniéndome a mí como su mano derecha.
Ovejera era un especialista químico artificiero de la antigua escuela, ideal para preguntarle cuando dabas con munición antigua que no habías estudiado, pero no esperaras más ayuda de su parte; odiaba la especialidad y odiaba los explosivos. Andaba por las cincuenta primaveras y yo tendría unos veintidós años, y aún así salimos juntos de copas alguna que otra noche. Ovejera tenía mucha labia y siempre ligaba con las camareras. Memorable aquel fin de semana en el que su mujer, preocupada, llamó al cuartel preguntando por su esposo:
--¿Puedo hablar con Ovejera?
-- Imposible, señora, está pasando el fin de semana en Granada.
-- No, hijo, soy su mujer y aquí no está. Me dijo que se quedaba de servicio.
-- Ah... pues... ejem... intentaré buscarlo.
Luego supimos que había pasado el fin de semana con la última camarera, el muy mariconazo, con lo buena que estaba la piba... De la bronca que tuvo con su señora no nos quiso contar nada, claro.
Entretanto Ovejera y yo cogimos algo de confianza y me atreví a preguntarle por la enorme cicatriz que surcaba parte de su cara y cuello. Me contó que fue por una granada de mortero. Estaba quemando envases de cartón embreado --una de las más tediosas funciones del químico artificiero-- que en su momento contuvieron granadas de sesenta milímetros, y por lo visto se le coló un envase que contenía su original contenido; ya se podrán figurar lo que vino después. Cuando la granada de mortero se cansó de recibir los lametazos de las llamas hizo lo que ellas saben hacer: ¡Catapún! Y desde entonces este señor luce una enorme cicatriz. (Aunque no aprendió la lección, como les contaré en el año 2035, aproximadamente).
No tiene mayor importancia, medalla de sufrimientos por la patria y a seguir palante. Pero me he acordado de todo esto por otro accidente con granada de mortero, pero esta vez no habrá medalla de sufrimientos por la patria y no creo que el "afectado" lo pueda contar:
(En mis reiteradas menciones a las historias que podré contar en el año 2035 me refiero al año en el que previsiblemente, más o menos, pasaré a la reserva, y entonces dejaré de estar sujeto al régimen disciplinario de las fuerzas armadas y por fin me convertiré en un ciudadano de pleno derecho y podré contar verdades como puños sin que me metan en la cárcel).
El nombre Ovejera es una alteración del verdadero nombre.





