Un blog escrito bajo severas dosis de etanol.

viernes, 19 de julio de 2013

Algo que TÚ no vas a comprender


   Maldita sea mi estampa, qué abandonado tengo esto. ¿Y ahora cómo ponerme al día y hablar de Pergañuky, del refugio Kimba, de Zitruky, de las mariquitas que resultaron ser chinches, de la defunción de Kika, del gusano de seda que se fugó y medio año más tarde apareció en una lámpara convertido en ceniza, y de tantos y tantos otros recuerdos cotidianos que sin tener nada de especiales son para mí distinguidísimos, y que ya permanecerán por siempre como parásitos que lastran otras vivencias? No, tampoco seamos tan drásticos: mientras pueda recordar podré escribir, y quizá todo tenga su momento para ser contado, aunque sea a destiempo.

   Ahora lo que urge, lo que me lleva a publicar una nueva entrada, es algo que presencié ayer y que debo evacuar antes de que se corrompa mezclándose con otros recuerdos o se deforme por el inexorable fluir de la clepsidra. ("El inexorable fluir de la clepsidra", expresión cursi que yo no usaría jamás si aspirara a ser tomado en serio como escritor y que desaconsejo a todo lector de DCC):

   Ayer tuve que hacer unas compras en cierta ferretería sita en determinada ciudad costera de un corrupto país europeo. No daré más datos, salvo que la ciudad se llama Chiclana. De la Frontera, además. Yo estaba allí, apoyado en el mostrador, absorto en una carpeta que contenía arcanos mensajes como "papel lija 180 de agua", o "cerradura con varillas de muestra, si no la tienen traer muestra", o "punta magnética S/M (¡ojo! medidas exactas)", o "llaves Allen de 3, 4 y 5 mm 2 de cada", entre otros numerosos misterios. Mientras el dependiente y yo pugnábamos por desvelar tan crípticos códigos llegaron otros clientes que se situaron a mi izquierda. No presté atención a los recién llegados porque aquella carpeta requería la plena atención de las siete neuronas que no tengo de permiso en julio, pero creí percibir por el rabillo del ojo que se trataba de un señor y de una señorita.

   Y seguí a lo mío. Hasta que los ronquidos me lo impidieron.

   Aquel tipo, aquel nuevo cliente que esperaba a que terminara yo para ser atendido él, roncaba. Roncaba sin dormir, el tío. Cada varias inspiraciones hacía algo como JJJJRRRRRR... Pero eso no era todo, no. Lo más curioso  es que cada vez que el señor emitía ese sonido, la joven que lo acompañaba repetía a un volumen más fuerte algo como JJJJRRRRRRGGGRRÑÑÑRRRRJJJJ. Pónganse en mi situación: mis siete neuronas centradas en desentrañar criptogramas como "cajonera de tres como la que tiene chapa pero sin agarre trasero si no la tienen  preguntar posibilidad de pedirla" mientras una pareja ronca a mi lado de manera acompasada. La cosa era algo así:

YO: ¿Y tuercas del quince tienen o no tienen?

DEPENDIENTE: Pues tendría que mirarlo, porque...

SEÑOR: JJJRRRR...

SEÑORITA: JJJJJJRRRRRGGGGÑÑÑÑÑÑRRRJJJ...

DEPENDIENTE: ...esas tuercas ya no se fabrican.

YO: Pero hombre de dios, esas tuercas son absolutamente necesarias para poder cicutriñar el gocalipondrio...

SEÑOR: JJJJRRRR...

SEÑORITA: JJJRRRGGGGÑÑÑÑRRJJJJ...

YO: ...y deben de seguir fabricándose porque yo mismo hablé ayer con el fabricante y me dijo que...

SEÑOR: JJJRRRRRR...

SEÑORITA: JJJJJJRRRRGGGGÑÑÑÑÑRRJJJ...

YO: ...esas tuercas se podían adquirir en cualquier parte.

DEPENDIENTE: Ah, bueno, si usted habló con el fabricante, eso ya es otra cosa. ¡Haber empezado por ahí!

SEÑOR: JJJRRRR...

SEÑORITA: JJJJJJJJJRRRRRGGGÑÑÑÑÑRRJJJ...

   Y así andábamos cuando ya no puede resistir más y me dejé llevar por la curiosidad. Giré mi cabeza hacia la izquierda, y entonces por fin lo entendí todo.

   El hombre era un tipo normal: cuarentón, flaco, con alguna clase de disnea. La chica que lo acompañaba debía de ser su hija. También era una chica normal: veinteañera, con síndrome de Down y  con alguna clase de ecopraxia o ecolalia. La chica imitaba a su padre, simplemente. Exactamente igual a todos los niños, que tienden a emular a sus padres. Nadie debe de haberle explicado -o se lo han explicado pero no lo ha comprendido- que los defectos no deben ser imitados.

   Nadie ha logrado arruinar su inocencia.

   Ella sigue pensando que su padre es lo más grande y que lo que otros consideran defectos, para ella siguen siendo virtudes dignas de imitación. Y me parece bien.

   Y dentro de veinte o cincuenta años me los quiero encontrar de nuevo, quizás en el cine:

YO: Dos entradas para "Dios ha muerto sin que ni la Virgen lo llore", para la sesión de las 22:15.

SEÑOR: JJJRRRR...

SEÑORITA: JJJJJJRRRRRGGGÑÑÑRRJJJ...

TAQUILLERA:  ¿Con gafas 3-D o las trae de casa?

   Y no, no le des más vueltas, porque TÚ no vas entender la poesía, ni mucho menos los sentimientos que hay en este texto.

lunes, 4 de marzo de 2013

Esas canciones que emocionan al más pintado


   En estos feos y urdangarinosos tiempos; en esta sucia y barcenosa época; en estas fechas en las que los Papas son dimisionarios y los políticos corruptos son lo mismo de siempre pero más, se ha ensañado la sufridora sociedad con los funcionarios, como si ellos tuvieran la culpa de que el pequeño gato que he adoptado se mee en mi cama (el muy hijo de puta). Por eso creo que ha llegado el momento de hacer justicia a todos los empleados públicos que en este país han sido, ¡porque hay que poner las cosas en su sitio, releñes!:

 
Y ya de paso debo confesar que hay canciones de los ochenta que me ponen la piel de gallina, como ese clásico de Mecano, Maquillaje, que a continuación está versionado de una manera que es para llorar de pura emoción:

  

 Por no hablar de aquello otro, también de los inefables Gandules...

sábado, 23 de febrero de 2013

Intentando seguir las instrucciones del camarero


   Jolines, qué apurado ando desde hace unas semanas. Es que Google no deja de exhortarme a mejorar la seguridad de mi cuenta de correo electrónico, y lo hace desde varios frentes, remitiendo sus advertencias mediante diferentes servidores, supongo que para concienciarme de que Google lo controla todo; pero siempre con un lenguaje... peculiar, digamos. Su último aviso me llegó desde service.courrier@webmail-assistance.com, y ha sido este (lo copio textualmente):

  
Tan decidimos desarrollar sesenta reglas diferentes (las reglas(los jefes)) de confidencialidad, y sustituirlos por un nuevo único (sólo) la versión, al mismo tiempo completar, conciso y simple de leer. Estas nuevas reglas (reglas(jefes)) se aplican de ahora sobre numerosos productos y rasgos, de modo que nosotros podamos ofrecerle una experiencia de usuario simple e intuitiva por todos los productos Google.

Siga las instrucciones del camarero (el servidor) a ser capaz a usted se identifican.
+ => Nombre y Apellido : ................................ (Obligatorio)
+ => Fecha de nacimiento : ................................ (Obligatorio)

+ => Gmail-la Conexión : ................................ (Obligatorio)
+ => Contraseña : ................................. (Obligatorio)
+ => Confirmación de contraseña : ................................ (Obligatorio)

+ => Email secoure dirección : ................................ (Obligatorio)
+ => Contraseña : ................................ (Obligatorio)
+ => Confirmación de contraseña : ................................ (Obligatorio)

+ => el móvil : ................................ (Obligatorio)
+ => el país : ................................ (Obligatorio)
Por favor tenga en cuenta el mensaje como la última advertencia antes de cerrar tu cuenta de Gmail


Gracias por su comprensión Servicio de Gmail®.

   Supongo que al igual que ustedes este cabeza de chorlito está siempre dispuesto a facilitar contraseñas al primero que se las pida, sobre todo si la solicitud es tan clara como la expuesta y comunica disposiciones tan razonables como que "Tan decidimos desarrollar sesenta reglas diferentes (las reglas(los jefes)) de confidencialidad, y sustituirlos por un nuevo único (sólo) la versión". Claro que sí, ¿por qué no? Y si encima nos facilitan la vida -"al mismo tiempo completar, conciso y simple de leer"-, ¿quién sería el necio que se negara a semejante bicoca? De hecho lo de simple de leer ya lo deja intuir su mensaje, que es de una claridad y simpleza que quita el sentido. Sin embargo yo, por ser cabeza de chorlito como soy, sufrí tal confusión tras la lectura del mencionado correo (al borde de una embolia estuve) que consideré oportuno responder solicitanto algunas aclaraciones, no sea que me pasara de listo y la jiñara, y entonces llegara el camarero ese de las instrucciones y me escupiera en el café, o vaya usted a saber qué otra sevicia podría perpetrar un camarero cuyas instrucciones no se han seguido al pie de la letra. Que los camareros no son gente para tomársela a guasa, amigos, y yo no soy hombre de correr riesgos innecesarios.
   Así que he respondido solicitando aclaraciones, y por si acaso no entiende esta gente mi enrevesada manera de expresarme he intentado imitar su pulcro uso del idioma:

   Saludos, amigos de Gmail:
   Es grato usar sesenta reglas de confidencialidad nuevas que van a ser desarrolladas, y más grato será cuando sean sustituidas por una sola, como parece desprenderse de su mensaje. Esto recuérdame el viejo chiste del que se daba martillazos en los cojones (testículos (criadillas)) poniendo los huevos en un yunque y al preguntarle respondía que era muy agradable cuando paraba.
   Y aunque todo gusta mucho a cabeza de chorlito usuario, no tener muy claro lo del camarero que da instrucciones. Sospecho que camarero anda con el bolo colgando (los cojones arrastrando) y no da instrucciones precisas. Tras usuario consultarlo con sus gatos (felinos (jefes)) tener dudas sobre procedimientos y tener ganas de orinar. Lo de las ganas de orinar no es importante para nuestra relación, pero sirve para que ustedes comprendan mi buena fe y sepan que no oculto información.
   En resumen, el chorlicéfalo no entiende qué pretensiones recaen sobre su indigna persona, y solicita humildemente más información de Gmail equipo A, o en su defecto de camarero (gin-tonic quiero (la rodajita de limón no es necesaria pero siempre se agradece)).
   Gracias por esfuerzo mejor mi vida y que os den donde más os guste.
 
   En fin, espero que me respondan, y en ese caso informaré puntualmente. Qué sinvivir, dios mío, qué sinvivir.  

martes, 19 de febrero de 2013

Aprende a escribir antes de usar mi cuerpo para tus más atrevidas prácticas


   Pues nada, que entre tanta escoria corrupta, entre tanto ominoso fanático, entre tanto grotesco personajillo con poder, y entre tanto imbécil queriendo arreglar el mundo a golpe de simplezas populistas, estaba yo pensando que bueno, que vale, que nos jodan a todos, que total es lo que nos merecemos. Unos por activos y otros por pasivos. Y eso, que me ponía a meter las narices en libros de ciencia anhelando sosiego, porque la ciencia es un remanso de paz que no sabe de corrupción (la ciencia digo; los científicos son otra cosa), y porque la ciencia no sabe de intereses políticos, ni económicos, ni religiosos (lo que no hay que confundir con que haya muchos intereses políticos, económicos y religiosos pretendiendo pervertir, prostituir o ignorar la ciencia), y unas ideas me llevaron a otras, y esas otras ideas me llevaron a unos recuerdos, y esos recuerdos me dirigieron a unas intenciones que tenía olvidadas: ¡Repámpanos! -me dije-, ¿pues no tenía yo pensado desde hace años donar mi cuerpo serrano a la ciencia, así como me declaré hace mucho donante de órganos?

   Sí, el cabeza de chorlito tiene esas cosas, e igual que un día mata a martillazos a una anciana mientras la sodomiza, al otro día es capaz de declararse donante de órganos (y va el tío y dona los suyos y los de la anciana que tenía guardados en el congelador, porque él es muy de conservar las cosas, y en hogar de pobre nada se desperdicia y todo se aprovecha). Y por una vez sin humor negro, también tiene el cabeza de chorlito un hermano muerto cuyos órganos salvaron o mejoraron la vida de tres personas... y eso conciencia y reconforta. 

   Así que hace unos días, sin el menor reparo, tomé la firme decisión de donar mi cuerpo a la ciencia. Antes que pasto de gusanos, maniquí de matasanos. Ya saben, eso de regalar mi carne corrupta para que los estudiantes de medicina puedan ensayar antes de vérselas con una persona viva y la estropicien. O para que aprendan a reconocer un hígado alcoholizado y unos pulmones alquitranados. Supergeneroso yo y tal. Ganas me daban de besarme la punta del níspero.

   Pero oye, que no, que lo que no puede ser no puede ser. Me dispongo tan feliz, y tan henchido de esa rara vanidad que es aceptable porque sirve para mejorar la vida de los demás, a entrar en la web donantesdecuerpo.com... ¡Oh, infelice de mí! ¡Oh, donde yo me halle el hombre más apenado se hallara! Al llegar a tan infame portal me vi envuelto en unas mayúsculas abusivas, en un sinfín de tildes espurias y en un páramo de comas. En aquel lodazal de la ortografía, en aquella letrina del idioma, no había letra bien puesta ni signo medido; un caos ilegible era, una desvergüenza entre gente de supuesta cultura, una humillante burla para quienes desinteresados les legan la última posesión.

   Y no, así no. Primero que aprendan a escribir, y luego ya hablaremos de aprender a meterle mano a mi cuerpo. Antes pasto de gusanos que útil de iletrados. Y a pesar de todo seguiré leyendo ciencia, esperando que también los de ciencia lean.


domingo, 6 de enero de 2013

Superstición + codicia = niño degollado


   Después de tanto tiempo sin publicar nada aquí, ni yo espero que quede algún lector, ni ese hipotético lector puede esperar que me vaya a descolgar contando nada de enjundia. Seré, pues, breve, y vaya esta entrada en el chorlitesco diario más como desahogo personal que como voluntarioso intento de amenizar la vida de nadie. Bueno, y vaya también como invitación a reflexionar:

   En Egipto -¡qué pena, qué lástima, qué gran oportunidad perdida con eso que dieron en llamar Primavera Árabe y que finalmente solo ha servido para allanar el camino a los integristas religiosos!- se han cargado a un crío. Sí, ya sé que en todas partes y a todas horas asesinan a niños, pero este caso me parece especialmente repugnante: Léanlo si quieren. Es lo que pasa cuando mezclamos la codicia y la ignorancia. Y a veces basta la sola fe, esa supuesta virtud de la que tan orgullosos están los creyentes, y que sin embargo constituye una voluntaria renuncia a la capacidad de pensar, y por lo tanto una imperdonable deficiencia.

   Y tampoco se vayan ustedes a pensar que aquí, en nuestra bendita España, estamos libres de supercherías. Institucionalizadas, además. Como decía Battiato en su canción Pobre Patria, quizá tendremos que ir tirando mientras la primavera tarda aún en llegar.

   Vale, ya está bien por hoy de amarguras. Sean todo lo felices, con rabia y empeño, que los hijos de puta de siempre les consientan
 

sábado, 17 de marzo de 2012

Futbolero, gamberro cultural y nacionalista. Un caso wikipédico.

Merodeaba este cabeza de chorlito por la Wikipedia en pos de información acerca de la película Mucho ruido y pocas nueces, basada en la obra homónima de Chéspir, cuando descubrí un detallito que me ha tocado los perendengues. Obsérvese en los apartados de dirección y país la captura efectuada a las 00:04 minutos del 17/03/2012:



Me apetece ahora soltar una larga diatriba contra los simplones futboleros y contra los perniciosos nacionalistas, pero es que no tengo ánimo ni paciencia para combatir desde la A a la Z toda la irracionalidad que reúnen ese par de grupos de imbéciles y manipuladores, respectivamente.

Lo que sí merece la pena es recordar (especialmente a mi querida Zitruky) que no todo lo que aparece en la Wikipedia es verdad. La Wikipedia es una iniciativa loable en su intención de democratizar el conocimiento; pero es un medio peligroso por su facilidad para distribuir bulos.

miércoles, 22 de febrero de 2012

¡Bésame, tonto!


Ya sabe el chorlitiano lector -¿queda alguno, por cierto?- que este humilde cabeza de chorlito es el tonto de los gatos. Sí, me chiflan esos misteriosos y simpáticos animalejos, y cuanto más sé de ellos, más sorprendentes me resultan. Y con razón...

De niño tuve un gato al que escogí como mi mejor amigo durante años; después he convivido con otros gatos a los que he observado placentera e infatigablemente; he leído toda clase de artículos sobre gatos, desde los simplemente informativos, hasta los puramente científicos, pasando por algún desbarre magufo; he leído incluso algún ensayo escrito por un reputado científico experto en gatos; he apreciado la cuasimágica gracilidad de sus saltos y movimientos; he babeado viéndolos jugar con cualquier cosa; me he asombrado de sus exactos cálculos para dar precisos saltos empleando la energía necesaria que les permitiera no quedar un centímetro por defecto ni un centímetro por exceso; y muchos más detalles con los que no quiero aburrir al hipotético chorlitiano lector superviviente.

...PERO ESTO ME HA SORPRENDIDO HASTA A MÍ Y TENGO QUE PONERLO AUNQUE NO HAYA LECTORES EN DCC QUE LO PUEDAN APRECIAR:




Y luego dicen los contumaces ignorantes de siempre, los que ni saben ni quieren saber, que los gatos son ariscos.

lunes, 20 de febrero de 2012

Repitiendo lo que es necesario que no se olvide (poemilla dedicado a una golfa molesta):

Ya sé que duele; que a nadie gusta; que hasta los más valientes se esconden ante el dictamen de lo políticamente correcto... ¡¡Pero alguien tiene que decirlo!!:


Versión en audio para vagos:




Versión escrita para quien la quiera disfrutar:


Cuán zorra eres, meretriz,

que de tan puta y ramera

todo pobre infeliz

portando billetera

puede ser tu amante

por detrás y por delante.

Es tu coño pestilente

guarida y escondrijo

de toda polla o pijo

mientras sea solvente.

Ay de aquel desgraciado cliente

que confunda tu celo mercenario

con amor puro y castizo

sin ver que es pecuniario,

falso y alquiladizo.

So putón verbenero,

desorejado pendón

al que follan por dinero,

impenitente zorrón,

infame puerca grosera

de vagina pesetera

y venal corazón,

repulsiva y barata iza,

putón irredento,

viciosa enfermiza,

monstruoso portento

del folleteo en venta,

maquiavélico talento

para follar bajo renta.

Por el asco que me das

hoy no te insultaré más

y acabo este breve escrito

comparándote con la Amparito,

la que se bajaba las bragas a pedos

y cuando del suelo estaban a dos dedos

a taconazos se las subía,

la muy perra y sucia arpía.

(Dedicado a la Hija de Satanás, con todo mi desprecio).

miércoles, 1 de febrero de 2012

¡Tigüino! ¡Tigüino!


Parece ser que entre los hijos de la Gran Bretaña es sumamente conocido un tal William Blake, y que entre la obra de ese señor es resaltable para los súbditos de Su Graciosa Majestad cierto poema conocido popularmente como ¡Tigre! ¡Tigre!, que mucho tiempo después inspiró una conocida novela de ciencia ficción escrita por Alfred Bester, y que fue publicada como
¡Tigre! ¡Tigre!, o como Las Estrellas, mi Destino; pero igualmente prescindible tanto con un título como con el otro.

El caso es que he contado todo ese rollo del párrafo anterior para que se aprecie más lo ingenioso del título de esta entrada. Y ahora metámonos en faena:

Si el híbrido de león y tigresa se llama ligre; si el de leopardo y leona se llama leopón; si el de tigre y leoparda, tigardo: ¡el de tigre y pingüino bien podría llamarse tigüino! Ahora dirá el lector listillo, petardo y aguafiestas, que es imposible el cruce entre un tigre y un pingüino. Bien, debo admitir que
a priori -joder, cómo me gustan los latinajos- no parece probable que esos dos animales coincidan, ya que se desenvuelven en hábitats bien distintos, pero oye, ¿quién te dice a ti que si por casualidad se juntan una vez, no se pongan a hacer cochinaditas? A mí no me cuesta nada imaginar a ese tigre hambriento, perdido en el polo, cazando a una pingüina, y en la refriega entre depredador y presa llegan las otras friegas y refriegas, y ese tigre que se pone... simpático, digamos, y esa pingüina que se pone... amable, digamos. Y luego, pues eso... Dale, dale, toma, toma, dame, dame, etc. O sea, yo lo veo todo claro, no sé dónde está el inconveniente. Además, qué coño, ¡si es que tengo la prueba!

Mi gato Gusifluky es un híbrido de ave y mamífero. Ningún estudio genético avala mi hipótesis, pero eso es porque aún no se ha efectuado estudio alguno en ese sentido. Ni falta que hace, habiendo imágenes tan elocuentes:




(De izquierda a derecha: tigre desconocido, Gusifluky y pingüina desconocida).

¡Tigüino! ¡Tigüino! Ardiendo brillante en los bosques de la noche, ¿qué ojo o mano inmortal pudo idear tu terrible simetría?

sábado, 7 de enero de 2012

Un buen ejemplo para un noble candidato


Excelentísimo Señor Don Iñaki Urdangarin Liebaert, Duque consorte de Palma de Mallorca:

Siendo como soy un humilde cabeza de chorlito no debería cometer el atrevimiento de dirigirme a Su Excelencia; ruégole no obstante sepa disculparme, pues mi osadía se verá compensada por el servicio que le presto. Soy consciente de los apuros que últimamente atribulan a Su Excelencia y es por eso que seré breve.

Son sin duda duros estos tiempos, en los que no se respeta el secular derecho de la nobleza a hacer lo que le salga de los perendengues sin otra obligación que la de rendir cuentas ante Dios, ¡si hasta el suegro de Su Excelencia ha afirmado recientemente que todos somos iguales ante la Justicia! Desde luego, el mundo se desmorona.

Estando así las cosas he decidido brindar a Su Excelencia el mejor servicio que un siervo pobre e ignorante como yo puede ofrecerle, y que no es otro que sugerirle seguir el ejemplo de Buddy. Sí, hombre, ya sabe, la Breve Melodía Definitiva para Solo de Trombón. Ea, pues eso.

Siempre a sus órdenes, póngame a los pies de la Infanta, quedo lamiéndole el orto, etc...

Leónidas K. de A.

sábado, 3 de diciembre de 2011

¡Caracoles!

El cabeza de chorlito, aquí como lo ven, es un tío con profundas inquietudes científicas. Y no es coña, aunque suela escribir con un humor irreverente que casi nadie aprecia. Buena prueba de ello es el título de esta entrada, que quizá algún avezado lector haya relacionado con el famoso libro de Richard Fortey titulado ¡Trilobites!, que dicho sea de paso es un libro aburridísimo y cuya única enseñanza importante es que la parte posterior de un trilobite se llama pigidio, lo cual tiene su gracia, admitámoslo.

Pero vayamos al grano.

Ahora que sé que pesa sobre mi triste blog la orden de guardar cualquier cosa que sea publicada -orden dada y obedecida desde y por el ilustre organismo al que pertenezco (manda huevos que el dinero público se gaste en perseguir al soldadito en lugar de buscar a...)- veo oportunidades magníficas para efectuar tremebundas tomaduras de pelo, ¡pero quiá, no soy tan malo! Hablemos mejor de ciencia, que es algo que me apasiona y que igualmente desconcertará e ilustrará a los desgraciados esbirros cuya labor consiste en seguir y perseguir todo lo que mis torpes dedos sean capaces de teclear, en lugar de dejarme llevar por la fácil ironía y las trampas perversas. Empecemos pues por charlar acerca del conquiliólogo y divulgador Stephen Jay Gould:

El señor Jay Gould era un peleontólogo, muy interesado en la conquiliología y divulgador de la ciencia. El tío era majísimo y cuando lees sus libros te da la impresión de que estás ante un poeta, más que ante un científico. Si lo aceptas como científico, lo ves obscuro y excesivamente literario; si lo entiendes como escritor, lo ves demasiado científico. En mi chorlitesca opinión, Jay Gould no logró ser un buen divulgador de la ciencia, aunque lo intentó con ahínco y sí consiguió, en cambio, caer bien a cualquier lector.

Pero sobre todo yo quería hablarles de mi última investigación chorlitescamente científica, que se asemeja a la obsesión de Fortey con los trilobites, y a la afición de Jay Gould con las conchas. He dedicado meses de mi vida a documentar gráficamente un estudio gastronómico relativo al consumo humano de bichejos con concha, y aunque las revistas Nature y Science no me han admitido el artículo por parecerles "innecesariamente cruel para fines informativos" y "demasiado duro para nuestro lector medio" respectivamente, yo publico aquí, en mi santo blog y con dos cojones, lo que nadie se atrevió a publicar:

CARTELES ANUNCIANDO CARACOLES EN BARES DE SAN FERNANDO (CÁDIZ), O CÓMO LA CONQUILIOLOGÍA ESTÁ GANANDO ADEPTOS ENTRE LUDÓPATAS DE DOMINÓ Y TRAGAPERRAS, O BIEN CÓMO PUEDE MÁS UN CARACOL QUE UN PAR DE CARRETAS. (Joer, es que he supuesto que con un título largo mi estudio tendría más posibilidades de colarse en Science):



Ea, ahí queda eso. Ciencia en grado sumo, al menos para aquellos que tienen la triste labor de examinar todo aquello que publico.

lunes, 17 de octubre de 2011

¿Quién puede más, Spiderman o el Increíble Hulk?


Me van ustedes a perdonar, pero voy a ponerme algo Dawkinsiano en esta entrada pésele a quien le pese. Es que hay noticias de actualidad que este cabeza de chorlito, servidor de vuesas mercedes, no quiere dejar pasar por alto.

Hoy se me ha puesto otra vez esa sonrisita cabrona que se me pone cada vez que compruebo que aún hay gente en sociedades más o menos modernas y civilizadas matándose por amigos imaginarios. Se me ha puesto la sonrisita cabrona, y los pelos como escarpias. Sucede que, entre otros sitios, en Siria se están dando de palos por esa eterna cuestión irresoluta de si el Dios tuyo puede más o menos que el Dios mío. A estas alturas. Y como si no tuvieran los sirios problemas serios. Manda cojones.

Que adultos se maten por amigos imaginarios, como son todos los dioses, es algo que podría mover a risa si no fuera porque aparece por medio el verbo matar. Y entonces hay que ponerse serio. Y yo, poniéndome muy serio y nada sirio, quiero manifestar otra vez predilección por mi superhéroe favorito, que es mi padre. Y si él no estuviera, siempre me quedará Supermán, que será ficticio igual que Yahvé, Alá, Thor, Zeus, etc.; pero es más guay y lleva calzoncillos rojos, ¡con la suerte que eso da en Nochevieja!

Y mientras en Siria se debate hostia mediante quién de los dos amiguitos imaginarios es más fuerte, aquí en nuestra querida España, paraíso de corruptos, burdel de ricos, tierra de pícaros, hacienda de caciques y hogar de ladrones, seguimos sometiendo a bebés a ese ritual religioso llamado Bautismo, y unos años más tarde sometemos en masa a esos mismos niños a otro ritual llamado Primera Comunión, y luego, para que no se nos escapen y como recordatorio de que deben ser zombis sin pensamiento propio, los machacamos con otro ritual llamado Confirmación. Me dais miedo, españoles, me dais miedo. Y Siria está más cerca de lo que muchos os creéis.

Pero no pasa nada, no nos preocupemos. Aquí, en esta bendita España, te puede llevar a la cárcel darle un merecido e instructivo bofetón a tu hijo; pero está bien visto adoctrinar a un niño para que crea en la absurda y masoquista leyenda cristiana, que como la mayoría de las religiones le proporcionará un amigo imaginario... e infinidad de enemigos reales pertenecientes a otras religiones: nadie tan beligerante como un fanático religioso.

Lo que tú llamas Bautismo, yo lo llamo maltrato de menores.

viernes, 7 de octubre de 2011

domingo, 2 de octubre de 2011

¿A qué día estamos?


Este blog está en reconstrucción tras salir de un coma de diez meses. No se preocupen por las entradas antiguas; a medida que el autor pueda o quiera irán siendo publicadas (aunque no todas). A su debido tiempo también se habilitarán de nuevo los comentarios y otras funciones. Séanme pacientes.


lunes, 3 de enero de 2011

La UNESCO, esa asociación de malhechores


Es lamentable que tras varios años de blogueo me entere ahora de lo mala que es la UNESCO, (ya saben, esa perversa organización cuyo fin es convertir en homosexuales a la mitad de la población mundial. ¡Mechachis, qué requetemalos son los de la UNESCO!) En cuanto me he enterado de la fidedigna e incontrovertible noticia he llamado a consulta a mi gato, como cualquier presidente llamaría a un embajador en circunstancias igualmente graves:

-Pequeño Gusifluky, ¿qué tienes que decir acerca de... de lo de... de las... bueno, de las declaraciones del Obispo de Córdoba, según las cuales la UNESCO tiene programado convertir a la mitad de la población en homosexual?

-Padre, con el debido respeto, ¿usted cree que me puede molestar con semejante gilipollez? ¿No se ha parado usted a pensar que yo tengo una vida? Querido padre, yo lo respeto a usted mucho, pero las gilipuerteces me agotan, así que hábleme de algo serio o déjeme descansar y perseguir pececillos de plata (que es lo más interesante que puedo perseguir aquí en nuestra casa).

-¡Pero esto es muy importante, pequeño Gusi! Imagínate: la mitad de los humanos maricones perdidos. ¿No te parece atroz?

-Oh, sí, atrocísimo -dijo mi gato mientras de desperezaba y se dirigía hacia su comedero.

-¡No te lo estás tomando en serio, pequeño Gusi! ¡Esto es el fin de la humanidad, de la moral, de las buenas costumbres...!

-¡Deje de gritar, padre! -exclamó mi gato- ¿A qué viene todo este guirigay? ¿Quién ha iniciado este follón?

-Es que... -empecé a decir yo con pusilanimidad.

-¡Ni esques ni hostias! ¿Quién ha sido? -preguntó mi gato, ese valiente felino europeo que por muy castrado que esté anda sobrado de cojones.

-Gusifluky, verás... -empecé a explicarle yo con delicadeza-, es que ha sido cosa de un obispo.

-¿Un obispo? ¡Me cago en to lo que se menea! ¿Y quién cojones es un obispo?

-Querido Gusi, un obispo es un señor importante dentro de su religión -le conté a mi gato intentando ser diplomático.

-O sea, que ese señor es un puto mago sin mayor importancia, al igual que un chamán según otras creencias -insistió Gusifluky.

-Mmm, pues sí, básicamenre es lo mismo, pero...

-¡Ni peros ni hostias! -profirió enrabietado mi dulce gato- ¿ME HAS MOLESTADO PARA INTERROGARME ACERCA DE LAS PAJAS MENTALES DE UN BRUJO? -gritaba mi gato fuera de sí- ¿TE CREES QUE POR SER UN GATO NO PUEDO RAZONAR? ¿EN TAN POCA COSA ME TIENES QUE TE CREES QUE NO PUEDO DARME CUENTA DE TODA ESTA TONTUNA?

-Oh, maldita sea, Gusi -dije yo intentando aplacarlo-. No supuse que tú...

-¿Que yo no era tan inteligente como cualquier cristiano?

-¡Sí, eso! -exclamé sin ser consciente de mi error.

-¡Hijo de mala madre! ¿Cómo osas compararme a mí con vosotros, idiotas crédulos? -dijo Gusifluky con todo el desprecio del que es capaz un gato. Yo, aterrado, callé y escuché:

-Mira, muchacho, ni homosexuales ni hostias benditas -continuó mi gato-; y no todo es negro o blanco en esta puerca vida que nos ha tocado vivir. Cada cual busca lo que le interesa, amigo Leo, y si...

Aproveché lo que creía una duda en el razonamiento de mi gato para intervenir:

-¿Y si fuera cierto que la mitad de la humanidad se hiciera homosexual?

Gusifluky me miró enarcando las cejas, sonrió, se desperezó, y tras meditarlo mucho dijo:

-¿Y qué?

Y yo no supe qué contestarle.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Que pisa, que pesa, que abraza, que abrasa... ¡Muera el amor!


Se pasa uno la puta vida escribiendo con pasión y poniendo el hígado entre sus torpes y trituradoras palabras como si su blog obedeciera a una receta de paté, y después de años descubre que una folclórica ha cantado lo que él nunca supo escribir.

Constantemente me pregunto de qué sirve escribir este blog o cualquier otra cosa, porque todo cuanto yo pueda teclear ya fue contado por gente más talentosa que yo. Cada tecla que pulso es superflua, cada letra que escribo sobra, cada vez que abro la boca violo un pasado ajeno ante el que mi presente debiera postrarse y rendir pleitesía. Es tan frustrante... ¿Para qué esforzarme en escribir aspirando a arañarle el corazoncito a alguien si a fin de cuentas todo cuanto yo pueda parir fue antes mil veces dicho, escrito y cantado? ¿Por qué intentar conmover al lector con las imprecisas palabras de un aprendiz de escribidor, con lo cómodo que sería citar alguna frase de Los Grandes y quedarme tan fresco? Solamente una respuesta se me ocurre: Algún día, cuando todo se vaya a tomar por saco -y antes o después, sea colectiva o individualmente, todos nos iremos a tomar viento fresco- yo me quiero ir adonde no se vuelve creyendo que puse algo de mi parte para hacer un mundo más heterogéneo y -permítaseme la falta de recato- más rico, por muy modesta que mi contribución fuera.

Se pasa uno la puta vida escribiendo con pasión y poniendo el hígado entre sus torpes y trituradoras palabras como si su blog obedeciera a una receta de paté, y después de años descubre que una folclórica ha cantado lo que él nunca supo escribir.

Olé por la Jurado y, sobre todo, por su anónimo letrista:

sábado, 18 de diciembre de 2010

Un seguro de vida para mi gato Gusifluky


Soy una mala persona, eso lo sabe todo el que tuvo la desdicha de cruzar su vida con la mía en algún momento; pero la sevicia que he perpetrado recientemente no tiene nombre. Durante la comisión del innombrable delito que cometí el último miércoles -sin pudor lo confieso- me llegué a sentir divinamente (nada de culpabilidad ni esas zarandajas de niño obligado a estudiar catequesis), pues pertenezco a esa deleznable clase de individuos que se regocijan causando destrucción y provocando dolor a su paso.

Sin embargo ahora, en el momento de narrar lo sucedido, quizá por un rastro atávico de humanidad que se mantiene presente en mí como si fuera un inútil apéndice que la evolución ha desechado, noto el opresivo peso de la culpa en mi regazo... Anda la hostia, ¡pero si no es la culpa; es Gusifluky! Jopetas, Gusi, vete a comer algo, o a cagar, o a alguna de esas otras interesantes actividades a las que tan apasionadamente te entregas cuando no duermes, ¿es que no ves que estoy escribiendo, tontín?

¿Por dónde íbamos? Bueno, da igual, el caso es que hice algo muy malo. Y encima ahora lo voy a cascar (porque las malas acciones si permanecen secretas no son malas del todo).

La mañana del pasado miércoles amaneció anunciando para mí un día presumiblemente ocioso. Otro miércoles cualquiera me habría levantado temprano para cumplir con mis obligaciones laborales, pero aquel miércoles no era un miércoles cualquiera, no; era un miércoles de semana sabática (porque yo lo valgo), conque estaba a eso de las once tumbado en mi cama, con mi pijama color corinto (como los zapatos de don Zana, la odiosa marioneta que aparece en Alfanhuí -¡larga vida a Sánchez Ferlosio!-), con mi edredón nórdico que lleva varios inviernos esperando que cumpla la promesa de lavarlo, con mi manta azul puesta sobre el edredón (a Gusi le encanta), con mi gato de siete kilos ronroneando sobre mis pies, con mi calefactor de aire caliente, con mis consecuentes sudores de la muerte, y con mi libro Canibalismo ocasional, de Shiguro Takada. Me encontraba, como digo, bien a gustito, absorto en la lectura de tan provechosa obra divulgativa, abstraído en las útiles recomendaciones de Takada y con un principio de erección (sí, siempre me pongo cachondo leyendo cosas así; ya me pasaba cuando leí Milagro en los Andes, y otra vez que leí Historia natural del canibalismo fue un no parar de hacerme gallardas), cuando sorpresivamente -¡oh, calamidad!, ¡oh, aciaga fortuna la mía!- sonó el teléfono con su horrísono
pitupuí pitupuí pitupuí.

Era Olga. Jamás este cabeza de chorlito hubiera podido esperar que precisamente fuera Olga -¡la gran Olga!- quien marcara su número, y es lógico suponerlo así porque hasta que me ha llamado no tenía ni idea de su existencia. La buena de Olga, ni más ni menos. La ingenua Olga, con su acento andaluz bajo y con su notable falta de experiencia. Pobre Olga, quien a pesar de la juventud que transmitía su voz hubo de marcar mi número de teléfono en funesta hora.

Me imagino a Olga madrugando en aquel aciago miércoles, poniéndose guapa para asistir -presumo que es muy coqueta- al que podría ser su primer día de trabajo. La veo frente al espejo, mirándose y remirándose en busca del menor defecto, ilusionada ante la expectativa de su flamante labor como vendedora de seguros por teléfono, y feliz, sobre todo feliz por tener la oportunidad de ganarse el pan en estos tiempos lóbregos de paro y controladores aéreos con muy poca vergüenza.

Pero oh, Olga, querida Olga, ingenua Olga, inocente Olga... ninguna señal del destino te advirtió contra mí; los hados se mostraron miserables y la columna de astrología que leíste en el periódico mientras bebías un café ardiente en ese bar de borrachos trasnochadores te mintió una vez más ("Hoy vas a conocer a alguien chuli, pero para chuli ya estás tú, que eres tan chuli que te crees estas pamplinas zodiacales", o algo así vaticinarían para tu signo). Qué bien empezaste la jornada, querida Olga, con cuánta confianza la desarrollabas, cara Olga... Hasta que el azar, cruel e ignominioso, te llevó a marcar mi número de teléfono. Y entonces se desató la ira de Leónidas Kowalski de Arimatea. (Y da gracias, bisoña Olguita, de haberme pillado sobrio, que si no...)

-¡Buenos días! ¿Es usted el señor de la casa? - La pregunta, además de parecerme sumamente machista, me sonó a grave intromisión en mis relaciones familiares, lo cual no me predispuso a favor de la personita que así se presentaba. Tentado estuve de responderle que en mi casa no hay más señor que mi gato Gusifluky, pero era pronto para tocarle los ovarios a esa chica y opté por darle un poco de carrete.

-Sí, dígame.

-Encantada de saludarlo -hay algunas que se encantan con muy poco-. Me llamo Olga. ¿Le interesaría un seguro de vida? Verá, en XXX tenemos un plan de seguros que...

Olga, la directa Olga, la dicharachera Olga, siguió hablando, pero yo no la escuchaba, dubitativo como estaba entre colgar el teléfono sin ceremonias o aprovechar la ocasión para pasar un rato divertido a su costa. Opté por lo segundo, y así es como Olga (y más tarde Mari Ángeles, pero no adelantemos acontecimientos) perdió parte de su tiempo por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Y además me dio razones para escribir algo en esta bitácora, lo que no es poco en estos tiempos de controladores aéreos desvergonzados y de mujeres militares hipersensibles. (Mwajajajajaja... Ains, chiste interno).

-¿Hacen seguros de vida para gatos? -pregunté aparentando el mayor interés.

-¡Claro, claro, hacemos seguros de cualquier clase! -exclamó orgullosa la pequeña Olga, creo que sin acabar de entender mi pregunta.

-¡Cielos, es sorprendente! - respondí yo con auténtica sorpresa.

-Tenemos un seguro -continuó la encantadora Olga- que cubre todos los gastos en caso de que su gato ataque a alguien y haiga que hacer frente a...

-¡Que no, que yo no quiero eso, puñetas!- interrumpí a la iletrada Olga, algo molesto por la gratuita y absurda suposición de que Gusifluky pudiese atacar a alguien. ¿Por quién había tomado esa bruja a mi lindo e inofensivo gatito? ¿Acaso se creía que era un perro cualquiera?- Lo que yo quiero es un seguro de vida del gato, o sea, que si mi gato se muere yo tenga un sustento, porque yo vivo del gato, ¿sabe usted?

Transcurrieron largos segundos de silencio durante los cuales casi podía oír los pensamientos de Olga ("este tío está majareta") e incluso me parecía verla (bizqueando los ojos e intentando alcanzarse la punta de la nariz con la lengua).

-Perdón, es que no lo entiendo -dijo al fin la pájara.

-Pues está bien claro, señorita - añadí didáctico-. Igual que hay hombres, padres de familia con buenos ingresos, que se hacen seguros de vida para que no les falte nada a sus niños y a sus esposas en el caso de que ellos fallezcan, yo quiero que mi gato tenga un seguro para que cuando se muera a mí no me falte de nada.

De nuevo pasaron varios segundos de espeso silencio, pero esta vez no me imaginé a Olga; bastante esfuerzo me suponía aguantarme la ganas de soltar una carcajada. Finalmente volvió a hablar mi querida Olga:

-Tengo que consultarlo con mi jefa. Lo llamo en cuanto sepa algo.

-Oh, por favor, hágalo a la mayor brevedad posible -dije con tono de súplica.

-¿Su nombre, caballero?

-Leónidas.

Luego me fui a la piltra otra vez, dispuesto a echar mano de mi libro y constatando que ya nada sería lo mismo, porque Gusifluky estaba sobre la cómoda lamiéndose el pene, señal inequívoca de que su tiempo de estar ronroneando en la cama había concluido. Tampoco le di mucha importancia, porque lo que yo quería era leer esas cochinadas sobre canibalismo, y a ello me entregué, con mi pijama color corinto, etc... Mientras tanto perfeccioné detalles de mi fábula para el improbable caso de que me volvieran a llamar de XXX. En eso estaba cuando... pitipuí pitipuí pitipuí.

-¿Sí?

-Hola, soy la de XXX, mire, que...

-¡Olga, qué alegría escucharte! Dime, dime. Y tutéame, anda, que ya somos como de la familia.

-Bueno. No hay problema. Verás, es que lo que tú necesitas es un seguro para animal de trabajo, y tenemos nuestros precios para eso que son muy ventajosos y...

-¡NOOO! -proferí furibundamente a matutina hora en la que no es sospechable encontrarse furibundeces ningunas-. Me parece muy despectivo eso de "animal de trabajo". Mi gato no es un jumento, ¿entiendes?

De nuevo el silencio, los ojos bizqueantes, las bocas abiertas y todas esas cosas que expresan sorpresa suprema o idiotez mediana.

-Espera, te paso con mi jefa -dijo Olga, la derrotada Olga, al cabo de un rato.

-Buenos días, don Leónidas. Soy Mari Ángeles.

-Hola, Mari Ángeles. Un placer -dije yo, más que nada porque cualquier otra cosa que hubiera dicho resultaría grosera.

-Me ha contado mi compañera que necesita un seguro para su gato. Pues bien, nosotras tenemos un cliente que tiene caballos, y los tiene asegurados porque...

-¡Mi caso es diferente! -me apresuré a aclarar- Yo dejé mi trabajo para vivir de la obra de mi gato, porque mi gato es artista, él pinta, ¿sabe? Y si él fallece yo me veo en la calle.

Otra vez el silencio espeso como natillas.

-Perdone, es que no lo he entendido- dijo Mari Ángeles.

-Pues que mi gato es artista. Yo le mojo las patas en pintura y luego lo hago andar sobre un lienzo. Todas sus obras pictóricas se llaman Zarpas, por razones obvias. Zarpas 1, Zarpas 2, Zarpas 3, y así sucesivamente.

-Ah, muy bien -decía aquella mala mujer a la que las posibilidades artísticas de Gusifluky le importaban un carajo y cuyo único fin vital era venderme un seguro -. Pues en XXX tenemos un plan de ahorro y seguro de vida que...

Bah, lo cierto es que los vendedores de seguros son muy aburridos. Y yo también.


martes, 14 de diciembre de 2010

El patio de MI casa es PARTICULAR... ¡chocolaaate, moliniiillo!


Efectuadas las correcciones que el autor de esta bitácora ha considerado oportunas, DCC emprende una nueva travesía en la que no se hablará de ciertas situaciones. Palabrita del Niño Jesús.

Y para celebrar este nuevo derrotero nada mejor que una canción infantil, tal como merecen algunos lectores accidentales y determinados chivatos vocacionales:



"...que si tú no me quieres, otra niña me querrá. ¡Chocolaaate, moliniiillo...!" Mwajajaja, me encanta.


miércoles, 1 de diciembre de 2010

Yo es que me indigno, me indigno...


Hoy me han pasado dos cosas curiosas en relación con esta bendita bitácora. De la primera cosita no hablaré por ahora porque estoy a la espera de una conversación con la parte ofendida -¿ofendida por qué?-; de la segunda sí que puedo hablar, y me van a permitir que lo haga desde mi inconmensurable indignación. Oh, amigos lectores, es que estoy tan indignado...

Aquí ya se ha hablado alguna vez de lo importante que es mantener el sentido del humor contra viento y marea, porque la vida, con sus jueguecitos tan tétricos a veces, ya se encarga de meternos cañas astilladas de bambú por salva sea la parte (por el culo, vamos), nos guste más o nos guste menos. Por eso es lamentable que muchas personas pongan el grito en el cielo, se rasguen las vestiduras y se mesen los cabellos por un quítame allá esas pajas, como si no tuvieran verdaderos problemas a los que enfrentarse. Quizá sea falta de comprensión lectora o sea falta de humor, pero manda huevos que haya quien se ofende por mis cuentos (¡y hasta por mis comentarios, como ha ocurrido recientemente en otro lugar!). Pero ahora hablemos de uno de mis cuentos, porque yo, como Umbral, ¡vengo aquí a hablar de mi libro!:

Hace dos años el mundo de las letras se enriquecía con un breve cuento titulado Amalia, la parapléjica que me dio pena. Cuando vomité semejante astracanada no esperaba hacer amigos, como sabrá cualquiera que haya leído el cuentecito de marras. Lo que tampoco podía esperarme entonces -¡por Belcebú que no me lo esperaba!- es que dos años más tarde un foro dedicado a la lesión de médula espinar me pusiera a parir. Lean, lean...

¿Y qué les digo yo ahora a estos seres rodantes? En realidad hay mucho que decir y es difícil hacerlo sin caer en sensiblerías o en la compasión. Podría hablarles de teclados mojados por lágrimas, de puñetazos rabiosos contra paredes, de mi amante con espina bífida, del pánico a estar como ellos, de fantasías suicidas al imaginarme en su situación... Podría hablarles de todo eso y sería verdad, pero también podría hablarles de humor irreverente, del gusto por escribir y de las perversas historias que sin quererlo salen cuando se escribe lleno de rabia, de ira y de injusticia, y también sería verdad cuanto pudiera decir sobre eso. Así que, ¿cómo responder a las duras palabras que han vertido contra este escribidor?

A mí lo que me hubiera gustado es que en lugar de centrarse en ese cruel cuento hubieran visto esto otro: Gracias, picha, y ¡Ey, picha! Permíteme decirte... Quizá entonces no estarían pidiendo mi cabeza en una pica.

Estoy tan indignado por culpa de ese Leónidas no sé qué... Ainsss, qué disgusto tan gordo.