AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

jueves, 15 de abril de 2010

¡Ey, picha! Permíteme decirte...


Más de cinco años después he vuelto a verte. En este tiempo me he preguntado qué sería de tu vida muchas veces, pero no tantas como debiera. Has engordado y envejecido demasiado. Pero estás vivo, cabronazo, estás vivo y eso me alegra porque, ¿sabes?, te quiero un huevo.

No te hubiera reconocido si no fuera por esos inconfundibles ojos azules en los que se concentra toda la expresividad que no puedes manifestar de ninguna otra manera; en los que hay tanta vida; en los que bullen mil historias que -¡no!- nunca podrás contar. Tú, claro, no me reconociste a mí.

Llegaste y esperaste, sin decir nada. Te reconocí y te di las buenas tardes mientras sentía que algo se me retorcía por dentro. Tú, por supuesto, no respondiste. Edu, que te conoce, te sirvió un café con leche y sumergió en él una pajita. Tío, creo que eres la única persona que conozco que se toma el café con pajita.

Cuando acabaste con el café te marchaste sin ninguna despedida. Algo seguía retorciéndoseme por dentro.

"Edu, ponme otra cerveza. Quiero celebrar un encuentro", dije.

Después, demasiado tarde como siempre, me di cuenta de que lo que se retorcía en mi interior eran las ganas de abrazarte, amigo. Y una vez más otro abrazo se fue adonde van los abrazos que no supimos dar a tiempo.

3 comentarios:

Rocket dijo...

Estimado soldadito,

Ésta me ha gustado especialmente.

Saludos,
Rocket

Eva dijo...

Me encantan estas cosas.
Ayer me he quedado yo con uno de esos abrazos que no se dan. A un compañero. Por enseñarme a hacer algo.
Él se moría de risa, sin poder creerse del todo la ilusión que me hacía. Yo estaba (y sigo en ello) tan feliz como una cría de seis años. Lo que no se imagina mi compañero es que aprender a hacer perritos, flores y chorradas varias con un globo era uno de mis asuntos pendientes en esta vida :)

El soldadito de plomo dijo...

¿Perritos, flores y chorradas varias con globos? ¡Bah, pensé que te había enseñado a hacer otras cosas, ya fuera con globito o sin globito!

(Chiste facilón y grosero de las cuatro y cuarto patrocinado por Lacasera S. A.)