AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Amalia, la parapléjica que me dio pena

Actualización (01-12-10): Visitantes del foro lesionmedular.org, por favor leed esto antes de seguir: Yo es que me indigno, me indigno...

Sentir pena por alguien es incómodo, tanto para el que la siente como para el que la provoca, si es que llega a enterarse. Algunas veces en mi vida supe que estaba dando pena, y eso me produjo vergüenza y rabia. A pesar de ello sentir pena es humano y nos hace más solidarios. Supongo.

A eso de las dos de la madrugada del sábado último estaba en el pub Oasis vaciando vasos cuando empezaron a llegar los seres rodantes.

Quizá nunca he contado que cerca de donde vivo hay un centro de rehabilitación para minusválidos. O quizá sea una asociación de paralíticos. O puede que se trate de un club de aficionados a las sillas de ruedas, yo qué se. El caso es que esa organización tiene su sede muy cerca también del pub Oasis, y el pub Oasis tiene una rampa cojonuda para que los seres rodantes puedan acceder sin montar demasiado circo. De todas maneras al final siempre acaban provocando patéticos espectáculos cuando se emborrachan. Hay que ver cómo bebe esa gente. Una vez vi a una chica ebria en una de esas sillas motorizadas que se equivocó al manipular la palanca de marchas: salió disparada arrollando a personas y tirando mesas, hasta que la pobre se enfostió contra una columna. El estropicio fue de aúpa. En otra ocasión dos seres rodantes masculinos estuvieron maniobrando con sus sillas de ruedas para apartar varias mesas y formar un pasillo en medio del pub. Luego usaron ese pasillo para echar carreras con su sillas eléctricas. (O sea, con sus sillas de motor eléctrico, no que compitieran por achicharrarse en siniestros tronos patibularios). El desmadre fue general cuando al resto de clientes nos dio por apostar por uno u otro piloto. Qué risa.

Sí, cuando los seres rodantes llegan al pub Oasis se dan situaciones muy pintorescas, pero se les perdona todo. Se les perdona todo porque dan pena, y cuando alguien te da pena es muy difícil enfadarse con él.

Por eso el sábado pasado no me enfadé con Amalia cuando tropezó conmigo y casi me tira al suelo. Amalia era una chica bastante atractiva que a los veintitrés años sufrió un accidente de moto. Su novio se mató y ella se convirtió en un ser rodante. De eso hace seis años, seis años que Amalia ha invertido en emborracharse muy eficientemente.

Hasta el sábado yo no conocía a Amalia más que de vista, aunque sabía su historia por haberla oído en un par de conversaciones. Tras ser atropellado por ella estuvimos charlando unos minutos. Fue una de esas chácharas vacuas comunes entre borrachos, y es que los dos lo estábamos bastante. Bueno, ella algo más que yo, como prueba lo que dijo después de un rato:

-Me caes bien, Leónidas. Te quiero... contar un secreto.

-Adelante, niña, cuéntame- dije inclinándome y acercando mi cara a la suya para que no tuviera que levantar la voz.

-Algunos tíos me llaman Mamalia, porque la mamo que te cagas- me susurró al oído la muy pícara antes de lamerme la oreja.

Inmediatamente la chorra se me puso morcillona, por supuesto. Medio cubata más tarde Mamalia y yo salíamos del Oasis. Tuve que empujar su silla porque mi nueva e inválida amiguita quería conservar batería para volver a su casa cuando hubiéramos terminado. Pensé subirla a mi piso, pero temí que luego no quisiera irse, y a ver quién es el guapo que echa de su casa a una minusválida en plena madrugada. Yo por si acaso me la llevé al callejón sin salida que hay tras el pub.

Allí, entre cubos de basura y gatos sorprendidos, gocé de la primera felación que me hacía una mujer en silla de ruedas. La verdad es que Mamalia me la chupó de muerte. Imagino yo que como no podría follar con sus amigos parapléjicos del club de fans de la Gran Silla Rodante, pues desarrolló el talento sustitutivo de comer pollas con notable maestría.

Tras descargar todos mis muñequitos en la boca de Amalia estuve a punto de preguntarle si me dejaba mear en el mismo sitio, pero me dio corte por si se ofendía, así que oriné en una esquina, donde por el olor supuse que otros cinco mil se me habían adelantado. Me estaba cerrando la bragueta cuando la simpática Amalia dijo:

-Oye, Leo, chúpame ahora tú a mí, porfi.

Joder, con aquello no contaba yo, y malditas las ganas que tenía de comerle el coño a una jodida paralítica, que igual hasta se había cagado encima y ni se había enterado. Pero ya sabemos lo que pasa con esta gente que da pena; que todo se les consiente, así que me apiadé de aquella criatura y le puse en la mano un billete de veinte euros.

-Con esto podrás pagar a algún vagabundo para que te ensalive la entrepierna. Hasta luego, ¡y no corras demasiado con ese trasto, Fittipaldi!

Y me largué, justo cuando se desataba un chaparrón. Sin embargo la conciencia me estaba mordisqueando los cojones y al cabo de unos pocos metros decidí dar media vuelta y entré de nuevo en el callejón. Amalia estaba en el mismo sitio, llorando y empapándose en su silla de ruedas motorizada. Había dejado caer el dinero y su pecho se agitaba al ritmo espasmódico de un llanto silencioso.

Nunca en mi cochina vida he sentido tanta pena por alguien. Qué desgraciada y desvalida me pareció aquella pobre chica. Tanta compasión sentí que estuve cerca de chuparle su insensible rajita de una puñetera vez. Pero no. Lamerle el coño a una tía por lástima es insultante para ella y no debe hacerse nunca.

En lugar de meter mi cara entre sus piernas inútiles me coloqué tras el respaldo de la silla y le acaricié los hombros y la nuca, hasta que me cansé de sentir tanta pena. Entonces le aparté el pelo mojado que se le pegaba a la cara, saqué la navaja y le rebané el pescuezo para que dejara de sufrir. Pero la desdichada siguió sufriendo un buen rato más porque tardó en morirse. Por fin se ahogó en su propia sangre. Qué aliviado me quedé, oye.

Sentir pena por alguien es incómodo, tanto para el que la siente como para el que la provoca. A mí me jode mucho sentir pena por alguien.

21 comentarios:

Jack Blake dijo...

Hola. Yo ya le he pagado a alguien especializado en matar por dinero. Pero no para que te mate, sino para que te aplique tu misma medicína. Como, me das pena, he pensado que cortarte con un serrucho a lo vivo, pero, valga la rendundancia, manteniendote vivo y cosiendote lo que quede, a la Altura de la ingle. Piernas, cataplines, y órgano sexual, por supuesto que cortadas, o rebanadasl, bien con la sierra, y arrojadas al pestilente cubo de basura. Luego a la UCI, pa que te curen bien y puedas sobrevivir. Macho, que la vida son dos días y hay que vivirla a tu manera, claro. Sin sentir lástima. Pero, no te ofendas, me estoy dirigiendo al personaje ficticio del que hablas en tu post, describiendolo en primera persona del singular. De todas formas, siempre he creido que quien en su mente no tiene ciertas ideas, jamás podrá plasmar en un papel ciertos detalles de la vida. Pero, que no cunda el pánico, es solo mi opinión personal. Perdona que no salude esta vez, pero es que me produce vómito el post y en esas estoy.

Javi (el de la osera) dijo...

"Quien no te conozca, que te compre." le dijo el campesino al burro... Realmente habías llegado a engañarme, al menos al principio.

JAVI (El Inconformista) dijo...

Una vez más lo has logrado. Tienes la dudosa habilidad de convertir historias que podrían haber sido ciertas y bellas en cuentos terrórificos y desagradables, capaces de escandalizar al mismísimo Mr. Hide.

Bravo maestro.

Anónimo dijo...

Querido señor K. con lo interesantes que son los cursos de accesibilidad y lo motivado que hubiera ido a uno teniendo como pareja a una chica tan estupenda.

Rebeca

mo dijo...

¡Joder! ¡vaya mierda, coño!

Mi comentario iba a ser:

"Verás cuando venga el Blake y lea el cuento de tu nueva amiguita lacomodeputamadre...".

Pero el Blake jodiendo como siempre, cojones.

Bah.


MO.

Rocket dijo...

Estimado Leonidas,

Una vez más de lo sublime, del amor universal, love is in the air y buen rollito a la cruda, dura, triste y provocadora realidad.

¡¡Genial!!

Parece que hay quien sigue sin entender que los cuentos, cuentos son, y que ni Quentin Tarantino descuartiza vagabundos en su sótano, ni Mr. Kowalski sale de casa con el cuchillo de combate.

Aparte de eso, le diré que hubiera considerado mucho más humano haber acabado el trabajo con un par de "remates" como se supone que su alter ego en el cuento debe saber hacerlos. Eso de dejar vigías ruidosos no es propio del oficio.

Le voy a recomendar, a modo de homenaje por tan buena y repulsiva narración, un libro que a mi me encantó y que a ud., si no lo ha leído aún, estoy seguro que le gustaría.

El título es "Fabulosas Narraciones por Historias" de Antonio Orejudo. Es muy divertido y tiene, además, unos cuantos detalles muy al estilo DCC.

Reciba ud. el distinguido testimonio de mi consideración y preséntele ud. mis respetos a Gusifluky,
Rocket

Capullito de Alelí dijo...

Yo no sé cuando chucha aprenderé, siempre te compro el cuento, hasta que aparece el ¡zas! y un vuelco a la historia me vuelve a la realidad.
No, nada, contigo ni hablar de perdices ni un para siempre, nunca, pero creo que ahí está lo genial, el factor sorpresa, lo inesperado, y en eso ya debería estar curtida, pero no, bruta de mí, siempre termino pasmada, desconcertada, conmovida, fascinada...


Alelí.

La verdá es que no sé quien está peor, si tú, o Jacky

kitty_wuuuu dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Y el pobre borracho fue feliz y comió perdíz todos los días de su vida.

anais dijo...

Si yo ya sabía que tú en el fondo eres un blandurrio, Leo. Casi lloro de la emoción, en serio...

Gerardo dijo...

¡Pobre Amalia!

Anónimo dijo...

A ver cuando me echas fantasmicos a mi.

Que rodante no, pero jodia estoy un rato.

Maria Fernanda Mondejar.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Hola. Se me acumuló el trabajo, pero me gusta hablar con ustedes y responderé, aunque brevemente:

JACK BLAKE:

Veo que tienes unos deseos hacia mí muy poco simpáticos, y sin embargo no te pierdes ni una entrada. Curioso.

También es curioso que digas: "siempre he creido que quien en su mente no tiene ciertas ideas, jamás podrá plasmar en un papel ciertos detalles de la vida". Eso, en el contexto de tu comentario, me parece francamente preocupante.

JAVIS (el de la osera y el inconformista):

Uy, qué lindos, los dos Javis estábais comentando a la vez. Qué graciosos.

REBECA:

Que no, que Amalia no era tan estupenda. Simplemente daba pena.

MO:

JA, jódete. Si no fumaras tantos porros serías más rápida.

ROCKET:

Tomo nota de su recomendación. Lo incluiré en un próximo pedido a Casa del Libro, junto con otros que también me han recomendado lectores de DCC. Gracias.

CAPULLITO DE ALELÍ:

¡Chucha!, qué inocente que erí, entera amermelá. Parecí una caía el catre.

Acerca de tu duda sobre quién está peor, si Blake o yo, te daré una pista: yo no soy el que está peor.

KITTY:

Mientes, perra. Si fuera cierto que me echaste de menos estarías ansiosa por dejarte percutir el orto (o por dejarte pistonear el ojal, que también se puede decir así).

ANÓNIMO:

Sastamente.

ANAIS:

Tienes razón, me salió el cuento algo melifluo. A otra vez seré más duro.

GERARDO:

Nada, nada, no le tengas pena tú también, que ya has visto cómo acaban esas cosas. Además, la tal Amalia (Mamalia para los íntimos) era un zorrón de cuidado. Es que hay algo que no he contado: el día que tuvo el accidente en realidad no viajaba con su novio, sino con su amante. De hecho, tras aquello el novio se casó con ella y se dedicó a cuidarla, a pesar de que se destapó todo el pastel. Encima ella iba ahora por ahí chupándosela a cualquiera después de todo. Hasta que aparecí yo, claro.

MARÍA FERNANDA MONDÉJAR:

A ti te pasa, querida María Fernanda, algo parecido a las mujeres de Loja, que la que no es puta es coja. La diferencia está en que tú eres puta y además coja.

Anda, tonta, ya te echaré fantasmicos a fin de año o principios del siguiente, cuando ande por tu tierra.

Jack Blake dijo...

Hombre. Preocupante es el estado en el que ha quedado tu personaje ficticio, porque si lees mi blogge, verás que mi personaje, también ficticio le ha dejado hecho un tronco auténtico. Pero el colombiano le dejó las manos, para que el resto de su vida se las pudiese echar a la cabeza. Suponiendo que lo que le quede junto al tronco sea una cabeza y no una cabeza de chorlito. Y una aclaración, nada preocupante, yo aborrezco la violencia, pues como dijo ya alguién, el que a espada muere...Yo lo traduzco en otra cosa más inteligible: Quien tiene malos pensamientos, o pensamientos violentos, aún cuando sean solo ficticios, acabará devorado por ellos. Para dejar a tu personaje hecho un tronco, me he visto obligado a hacer un reenvio de mis lectores a tu blogger. No era mi intención darte publicidad, pero es que no sabía como explicar el asunto. Aqui podrás documentarte bien sobre el arte de la carnicería y la psicopatía. Pues veo que eres un neófito, en el arte de los utensilios de carnicero. http://lamotivaciondiaria.blogspot.com/
Perdona que no salude, pero sigo vomitando.

kitty_wuuuu dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
jonay dijo...

Acojona, no la entrada de Leo que como siempre logró dejarme esa sonrisa de incredulidad (siempre pienso que esta al fin será la entrada diferente)y esa sensación entre repugnado y descojonado, lo que me acojona de verdad es nuestro querido Blake...

Anónimo dijo...

Eres muy bruto, muy bruto, bueno... te espero con la pierna en angulo recto.

Chao.

Maria Fernanda.

Chafandika dijo...

¿tú crees que si al cluni le doy lástima me lo querrá comer un ratito? yo pongo el callejón.

Si hace falta se la chupo dos veces. Prometo no llorar, lo juro.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Chafandika, estoy eguro de que conoces a tipos más interesantes y guapos que el Cluni, pero claro, ellos no son ricos ni famosos...

Anónimo dijo...

eres un hijo de la grandisimA PUTA TIO UN TIRO TE DAVA YO

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Queridísimo anónimo amenazador:

¡Me has amenazado de muerte! ¡Qué subidón! Oh, dios, qué vivo me siento cuando mi vida peligra...

No, oye, en serio, ¿conoces la serie Padre de Familia? Te encantaría. Hay un personaje que va en silla de ruedas y... bueno, es la monda, no te lo pierdas.

No puedo acabar este comentario sin mencionar tu exótica manera de escribir la primera persona del singular del pretérito imperfecto del verbo dar: "dava", con v, con dos cojones y sin complejos. Recibe por ello mi aplauso y mi admiración, aunque no puedo evitar sugerirte que leas más. Total, si estás eternamente sentado en una silla, bien puedes gastar en lecturas el tiempo que en otras circunstancias gastarías en atletismo.

Gracias por comentar.