Un blog escrito bajo severas dosis de etanol.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Los hombres sin rostro



Desde niño supe que me acechaban, pero aún no sabía identificarlos.

Ahora veo a los hombres sin rostro por todas partes. Casi todos mis vecinos son hombres sin rostro. Puede que se libre ese niño preadolescente de ojos azules que vive en el primero. A veces no responde a mis saludos de tan ensimismado como va, y yo sé el porqué. Es nuestro secreto, aunque él ignora que yo lo sé. Me enteré de todo cierta tarde, cuando coincidimos en el portal él, una vecinita, y yo. Vi cómo miraba a la vecinita, y me bastaron unos segundos para comprender a mi joven amigo. Supe que este muchacho no es un hombre sin rostro, y supe también que está enamorado hasta las pestañas de su lindísima vecinita. Supe también, maldita sea, que ella sí es un hombre sin rostro en pequeña versión femenina.

Quizá también se libre la niña educada, hija de una dama sudamericana que vive en mi misma planta. Ojalá esta niña no sea otro hombre sin rostro. Eso espero. Sin embargo, sé que corre peligro de serlo. He visto con quién se reúne por las mañanas para ir al colegio: un grupo de pequeños hombres sin rostro la esperan al salir de casa. Se reúnen con ella, la acogen en su grupo de hombres sin rostro y, más que acompañarla, se la llevan, chupando su personalidad, absorbiendo su presencia y diluyéndola en la masa devoradora de los hombres sin rostro. Me gustaría hacer algo para evitarlo, pero alguien me acusaría de ser un pedófilo y llevar sucias intenciones. Los hombres sin rostro usan estratagemas así, y la mayoría de jueces también son hombres sin rostro. Y además, yo no tengo madera de héroe.

Mi trabajo está lleno de hombres sin rostro. Algunos no lo son, pero la mayoría sí. En mi trabajo es obligatorio vestir uniforme, y quizá por eso lo escogí. Supongo que imaginé que poniéndome un uniforme me confundiría con la masa y los hombres sin rostro, satisfechos con eso, me dejarían en paz. Pero fue una ingenuidad creer eso. La voracidad de los hombres sin rostro no se colma con vestuario uniformado. Ellos exigen que la uniformidad abarque la manera de pensar, los intereses culturales, la economía y hasta la forma de hablar. Mientras no homogeinices con ellos todos los aspectos de tu vida seguirás teniendo un rostro que te distingue del resto.

Cuando salía de casa por las noches y deambulaba de bar en bar, más borracho a cada parada, con la esperanza de encontrar a personas con cara --preferiblemente con cara femenina-- sólo encontraba hombres sin rostro. Si en alguna ocasión descubría a alguien con cara lo normal es que yo estuviera tan ebrio que parecía otro hombre sin rostro. Dejé de salir.

Mi familia también está plagada de hombres sin rostro. No puedo luchar contra ello y me limito a evitar los encuentros hasta donde me es posible. No me gusta nada mirar a mis familiares, a gente a la que quiero, y no poder distinguirlos porque casi todos presentan el mismo semblante vacío, la misma cara en blanco. Es desolador.

Los hombres sin rostro hablan mucho de fútbol, o de la vida de famosos, o de éxitos de unas clases que yo no puedo comprender, y a veces me quieren meter en sus conversaciones. Es una trampa para saber si soy otro hombre sin rostro como ellos o un disidente. Lo sé. Si me lo propongo puedo aparentar tener otra cara, y si no me conocen bien, puedo simular una infinidad de caras con notable éxito. Lo que no puedo es parecer otro hombre sin rostro. Corrijo: NO QUIERO PARECERLO. Aunque muchas veces me gustaría serlo.

Las poquísimas veces que voy a comprar ropa me encuentro tiendas de ropa para gente sin rostro, con solícitos vendedores sin rostro que me quieren convertir en otro hombre sin rostro. Es algo muy molesto y casi siempre me hace sentir avergonzado.

Los hombres sin rostro compran coches que a menudo no pueden pagar y que son de diferentes marcas y colores, pero en el fondo todos son iguales, como los propios conductores sin rostro que los van a manejar. Que a mi edad no tenga uno de esos coches me convierte en obvio personaje con rostro, y eso no le gusta a nadie. Se sorprenderían (o no) si supieran cuántos polvos me he quedado sin echar por no tener coche, a pesar de poder pagar cualquier habitación de cualquier hotel, y cualquier trayecto en taxi. Pero da igual, porque si no era por el coche me hubiera delatado la música, o la manera de conducir, o cualquier otro detalle. De un modo u otro los hombres sin rostro siempre me acaban desenmascarando... y no les gusta lo que ven, porque están acostumbrados al más absoluto vacío bajo la máscara, y cualquier otra cosa los asusta, por inofensiva que sea.

A medida que cumplo años la presión de los hombres sin rostro se acentúa. Figúrense: treinta y dos años, soltero, vivo solo si no contamos a Gusifluky (el gato), no tengo pareja y llevo una vida tan desordenada que hasta yo me preocupo. Los hombres sin rostro no ven bien nada de esto y me acosan. En ocasiones son leves puyas para hacerme sentir avergonzado, pero otras veces lanzan dardos bien cargaditos de veneno. No soportan mirarse al espejo para ver la nada, y se lo cobran succionando un poco de mí, no para aprovecharlo, sino para masticarlo y escupirlo después convertido en un montoncito de mierda vacía, inodora, transparente y fría.

Admito que en ocasiones envidio a los hombres sin rostro, y me gustaría decirles que mil veces he querido ser como ellos. Pero es que no me sale prescindir de mi individualidad, joder. Van a tener que perdonarme. O besarme el culo.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Se han fallado los premios Quercus, ¡y tengo mención!


No quepo en mí de gozo. Me va a pasar como le pasó a aquella solitaria que tuve, que llegó un momento en que de tan grandota y saludable como se puso no cabía en mí y hubo de buscarse otro huésped. Ahora vive en Segovia, dentro de un tal Don Alfredo Mantecas, donde sin duda tendrá más espacio.

En fin, el caso es que Miri acaba de conceder los premios Quercus 2007 (por el culo se te mete), y este cabeza de chorlito ha pillado cacho. Concretamente he sido distinguido con una mención (no confundir con una micción, que sería igualmente merecida, pero mucho menos honrosa).



(Mención Quercus pyrenaica)

Miri, por si no lo saben, es una famosa científica. Famosa por sus tetas, injusticia ésta imperdonable porque la humanidad, tan desagradecida ella, ha olvidado el importante papel que Miri jugó en lo que a nuevos materiales se refiere. Los fabricantes de sujetadores, hartos ya de que Miri les reventara sus productos, se pusieron serios y crearon nuevos materiales irrompibles e imperforables. Hoy en día, muchos soldados deben su vida a las tetas de Miri y al empeño de los fabricantes de sujetadores, que inventaron el kevlar, material del que están hechos los modernos cascos y chalecos antibalas. Esto, amigos míos, es de justicia recordarlo, y por eso yo lo cuento y me quedo tan fresco.

Ya sin más tonterías, y hablando en serio, mi discurso de agradecimiento:





Discurso de agradecimiento
(Pronunciado por el ínclito Don Leónidas Kowalski de Alburquerque)


Buenas tardes, señoras, señores, cagamandurrias y petimetres todos:

Si estos premios ya estaban unidos a mi chorlitesca persona por razones heráldicas -mi segundo apellido proviene de las palabras latinas albus (blanco) y
quercus (roble o encina)- más lo están ahora que se me otorga esta merecidísima mención, cuyo merecimiento es sólo comparable a lo tardío del reconocimiento. Ya era hora, hostias.

Hoy me siento mucho más quercus que nunca. Más roble, menos persona. Más encina, menos humano. Tan quercus soy en este momento, que mi gato Gusifluky se está afilando las uñas en mi tronco. Bah, que noooo, tontos, que yo en mi tronco sólo admito el roce suave de femeninos dientes, y a ser posible ni siquiera eso, por lo que sólo practico sexo oral con ancianas a las que previamente les pido que se extraigan la dentadura postiza para que así no puedan herirme el tronco.

Cuando mi secretaria, alborozada y cachonda como es ella, me comunicó que DCC tenía una mención en los Quercus 2007, pensé para mis adentros, para mis turbios y oscuros adentros, que algo malo debía yo estar haciendo para merecer semejante escarnio. Pero no. Afortunadamente Miri ha sabido distinguir las churras de las merinas y los aguacates de los higos chumbos, lucidez que la ha llevado a decir estas lindezas mí:

"(...) hay que darle de comer aparte (...) no me atrevería a recomendarlo a la mayoría de mis conocidos (...) grosero (...)"

Muy bien, Miriam. Recuérdame que te debo una copa de vino. O de cicuta, ya veremos lo que encuentro por casa.

En esta ocasión tan emotiva no puedo evitar recordar mi primer contacto con Miri. Nos conocimos en Ceuta, haciendo la mili. Quinta del 57. Segundo Tabor de Regulares. Primera Compañía. Tercera Sección. Segundo Pelotón. Por entonces Miri aún no se había operado y se llamaba Mariano --¿te acuerdas, Marianillo, de aquel Cabo Primero que te arrestó por ir sin afeitar? El muy hijo de puta te tenía envidia porque tú eras más barbudo que él--. Años después te operaste en manos de aquel doctor miope, y por eso te puso ese par de tetas, viéndolas aún pequeñas el muy maldito.

Ahora miro atrás y... me hago daño en el cuello, así que miraré al frente, pero no sin recordar que cuando Miri y yo éramos pequeños medíamos menos que ahora.

Gracias, Miri. Y gracias a ti también, Roberta, que no sé quién eres ni por qué te nombro, pero eso no disminuye mi profundo agradecimiento hacia ti.


martes, 13 de noviembre de 2007

A vosotras, españolas. (Segunda parte)


A ver cuándo coño reunís el coraje necesario para admitir que ser mujer no es malo, pero tampoco bueno; sólo es. Ni sois mejores que yo, ni yo mejor que vosotras.

En lugar de gastar fuerzas en comeros con patatas fritas a vuestros hombres, deberíais esforzaros en despreciar a las féminas que dicen cosas como "las mujeres no queremos igualdad; queremos ventajas" (frase real oída a cierta mediodama). Aunque muchas no lo digan, mediante su cotidiana actitud demuestran comulgar con esa idea. Lo que pasa es que es más fácil medrar a costa de hombres con un gran complejo de culpabilidad (que los hay, y muchos) y con los que os tienen miedo (que los hay a pares), y que a pesar de ello os van a embaldosar de oro vuestro camino hasta el inmerecido éxito profesional y económico. Andad, valientes de pacotilla, y reclamad a las hijas de puta que de verdad os están jodiendo el buen rollete de la igualdad. Pedidle cuentas a las golfas que tiran de tetas para abrirse camino. Plantadle cara a las rameras que obtienen prebendas a cambio de mamadas. Con esas no os atrevéis, ¿verdad?, bien sabéis que ellas son mil veces más peligrosas que los hombres. Y bien que lo sabéis porque sois lo mismo.

Pues no, y mil veces no. Quienes de verdad perjudican a las mujeres son los igualitarios de cupo y las zorritas de apertura pernil a cambio de favores, pero vosotras, tan modernas y tan cobardes, tan blandas y tan políticamente correctas, os preocupáis porque el emblema de Madrid no está representado por una osa sino por un oso, o exigís la inmediata paridad numismática proponiendo la efigie de Doña Clara Campoamor en las monedas, señora ésta, por cierto, que a buen seguro se avergonzaría de vuestra charlatanería que más que feminista es interesada y canalla. Sois unas feministas de mierda. Sois unas igualitarias de Barby Megachuli. Sois unas justicieras de Nancy Superguay. Unas feminiotas de género, o sea no sé, ¿no? Paritarias de la muerte te lo juro por Snoopy.

Redundo en mierda al cagarme en vuestra igualdad "de entre once y doce con peligros de ventana", como diría el maestro cojitranco.

lunes, 12 de noviembre de 2007

A vosotras, españolas


Se os están comiendo el terreno, mis niñas. Y me alegro mucho. Quien siembra vientos recoge tempestades, y todo eso.

Mis queridas españolas, no sé si os habréis fijado, pero cada vez más son los españoles que se casan con damas hispanoamericanas, y con mucha razón. Es lo que pasa cuando se puede comparar y escoger: uno se queda con lo mejor.

Mientras mis adoradas compatriotas se llenan la boca hablando de paridad y de igualdades de cupo, otras, más avispadas e inteligentes, aprovechan la coyuntura para cazar marido. Y muy bien que hacen, qué leches. Cuestión de supervivencia y que gane la más fuerte, y a vosotras,
españolitas de osa y madroña, os están pegando una paliza de órdago, por prepotentes, por gilipollas y, sobre todo, porque habéis olvidado cómo se conquista a un hombre.

Si el hombre es como tiene que serlo, lo de la igualdad, el respeto y todo lo demás os vendrá dado. Pero vosotras, españolas modernillas de manual feminista, preferís ocultar vuestros muchos defectos apelando a cupos paritarios y leyes que permiten detener a hombres con vuestro mero testimonio acusador y sin la menor prueba. Así que ahora muchos españoles se buscan la pareja en las américas, donde las mujeres, además de ser hembras de bandera, son más listas que vosotras, pardillas. No más honestas, ni más decentes, pero sí más prácticas. Más humildes, menos endiosadas. Quizá tan interesadas como vosotras, pero al menos saben dar a cambio un cariño del que vosotras os creéis dispensadas.

Pero vosotras, españolas de igualdad tan políticamente correcta como falsa, seguid luchando por carteras ministeriales de cupo femenino, por puestos ejecutivos de cupo femenino, por leyes que os conviertan en jueces y verdugos (¿o verdugas?) contra los hombres y por cuantas otras majaderías sacadas de panfletos feministoides se os ocurran. Seguid encantadas con vuestro
Instituto de la Mujer y aferradas a esas abyectas Concejalías de la Mujer. Mientras vosotras os dedicáis a vuestros anacrónicos proyectos sexistas y a vuestras labores segregadoras muchos hombres, cansados ya de tanto abuso y de tanta tontería, están buscando a mujeres de verdad.

Y pasan más cosas: pasa que mujeres de verdad las hay a millones desde la frontera con los USA hasta el Cabo de Hornos; pasa que suelen ver a España como la Madre Patria; pasa que sienten a la vieja Europa como una tierra llena de atractivo, de cultura, de riqueza y libertad; y pasa también que ellas tienen nuestro mismo idioma, amigas españolas, con lo que eso une y facilita la coyunda; y también pasa que gracias a Internet las relaciones intercontinentales son fáciles y baratas. Pero vosotras, íberas de mírame y no me toques, seguid a lo vuestro, que os las van a dar hasta en el carnet de indentidad las indiecitas listas, tan majas y guapas ellas.

Bien merecido lo tenéis.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Tetoteca


Saludos, mis pequeños gusiflukys. Tal como les adelantaba en la entrada del Jueves -sí, ésa sobre un concurso que
Paloma finalizó nada más empezar, por lo que jamás la perdonaré, y que le ha hecho ganar la novela La Sombra del Viento-, hoy publico algo especial. Se trata de un experimento literario que han hecho seis mujeres por mí.

Siguiendo otra idea que Tesa me dio con su entrada En tus manos, pedí a veinte féminas que me describieran sus pechos. No esperaba más de dos o tres respuestas, pero han sido seis las damas que han aceptado, y francamente, me honra mucho esta participación tan inesperada e ingeniosa. Muchísimas gracias a todas.

Vamos con las descripciones, de las que no he tocado una coma:

Las tetas golfas de la Doctora Yvonne, quien a petición suya enlazo porque ella es así de exhibicionista:

Mis tetas cambian todo el tiempo. A veces, porque sí nomás, se ponen bastante putonas, gruesotas, la piel blanca brilla y los pezones se hinchan, se oscurecen. Al tacto, los pezones tornasolados son suaves como la nada, perturbadoramente suaves, perfectos para enloquecer de excitación y ternura a cualquier hombre. Pues sí, por momentos mis tetas parecen diseñadas para calentar a un macho, ponerlo enfermo. Yo misma las miro y no puedo creer lo putas que se ponen. La lascivia casi violenta que desprenden con toda esa hinchazón supera cualquier película pornográfica, me resulta realmente sorprendente verlas así, tan independientes. Tanto, que en un impulso esquizoide, las reprendo silenciosamente, por ser tan relajadas.

Pero mis tetas cambian todo el tiempo y de un momento a otro, porque sí nomás, se retraen y se parecen a los sobrios pechitos de una ninfa. Los pezones se achican, se vuelven más duros y rígidos. La teta blanca se redondea y queda más insensible. Al tacto son como dos bolas medianas, perfectamente manejables. Mis tetas parecen ahora indiferentes, sin deseo de nada.

Me gusta mucho jugar con ellas, pero no porque las acaricie en solitario. Adoro refregarlas en la cara de un hombre, azotarlo con ellas. Me gusta especialmente ser un poco bruta, meterle los pezones en sus narinas, insertarlos en sus orejas, en sus ojos. Cuando la temperatura sube y el deseo me quita la razón, lo que más me gusta es que su lengua se apodere de mis pezones con frenéticas lamidas. Quisiera que me chupe ambos pezones a la vez, y gozo como una loca con sus inútiles intentos.


En los últimos meses, y no porque sí, mis pechos han cambiado más que nunca y todos los días me quedo un buen rato mirándolos en el espejo. Creo que todas las mujeres nos miramos desnudas en el espejo del baño luego de tener sexo. Pero esto es diferente, porque estoy siendo testigo de una preparación lenta, concreta. Mis tetas, antes los mejores adornos, ahora se convirtieron en dos laboriosas fábricas. Los pezones ennegrecieron y se mancharon. Las aureolas se deformaron, se agrandaron y no respetan sus contornos. En ellas nacieron unos gránulos, no me explico cuál, pero tienen su razón de ser. Las venas se azularon y se pueden ver a través de la piel traslúcida. Estos días de espléndida preñez mis tetas están más hinchadas que nunca y trabajan con un propósito que va más allá de mí. Sensibles, gordas, plácidas. Y querendonas también, claro que sí.

Las precoces bolillas:

Como tuve mi primera regla con once años, en seguida me salieron dos bolillas bajo aquella cara de niñita. Nunca creí ese dicho de que a las chicas que comen mucho pan y frutos secos les crecen más las tetas porque yo apenas comía una cosa u otra y en seguida tuve un buen par de pechos grandes.

Después de dar de mamar a mi hijo durante seis meses, cuando ya las glándulas estaban vacías de leche, no se volvieron a llenar de grasa del todo y por eso parecen más caídos que antes, es un poco pero se nota. Tengo la piel muy blanca y los pezones rosados, muy sensibles, al menor contacto o bajada de temperatura se ponen en guardia. Venas azul-verdosas se adivinan de forma tenue en un par de lugares bajo la piel.

Alguna vez he pensado que sería muy frustrante perder (por el cáncer) alguno de mis dos pechos, que no me sentiría una mujer completa. Creo que son muy importantes como mujer, en las relaciones sexuales y como madre porque te unen (unieron) de manera muy intensa a tu bebé.

Mandarinas que se transformaron en manzanas, manzanas que pasaron a ser peras y finalmente mangos:

Recuerdo una época en que mis pechos eran mandarinas. Mandarinas verdes, con los gajos todos bien unidos y jugosos. De aquella me acomplejaban mis mandarinas adolescentes. Ahora mataría por poder hacerlas jugo. Tres lactancias y quince años después, mis pechos pasaron a ser manzanas, después peras y ahora tienen toda la apariencia de mangos. Lo que he perdido en turgencia desde que mis pezones no apuntan al cielo sino al suelo, lo he ganado en tamaño de areola. Ya no tienen un color rosa Barbie, ahora son de color chocolate, con sabor a café bien cargado y estimulante, son más sensibles y más inteligentes, y siguen siendo capaces de elevar cualquier camiseta y amenazar con taladrar sujetadores sin relleno. Han sabido dar comida y dar placer. Creo que, en definitiva, a pesar de los años y los partos, me siguen gustando mis pechos. Ahora marcan canal cuando el Bra me ayuda y han aprendido a ereccionar casi tan sólo con el pensamiento. Más caídos, pero más inteligentes. No me quitaría sus estrías, son cicatrices de guerra.

Las tetas diez (quién las pillara):

Busco un espejo y me coloco justo enfrente de él.Me despojo de la camiseta que llevo. Ya sólo me viste el sujetador de color negro y los tejanos.

El sujetador esconde un pecho turgente, redondo y, si me apuro, llega al adjetivo de... eeerrrr.... explosivo. Dicho sujetador cubre justo para ocultar los pezones con lo cual queda al descubierto prácticamente el resto a la vista.

Me quito el sujetador y mis pechos no se mueven un milímetro. Siguen exactamente en la posición anterior. Rígidos. Erectos.Son más bien redondos. No podrían calificarse de pequeños, tampoco son exagerados. Creo que quedan en perfecta armonía con mis hombros y mi cintura.Dicen los que los han visto que parecen operados. NO lo son.

La areola no es grande. Tampoco pequeña. La describiría del tamaño justo y adecuado para terminar de dibujar mi pecho. El pezón no sobresale. Tampoco se esconde. Digamos que si fuera una persona (mi pezón) no sería ni tímida ni demasiado atrevida y que hablaría sólo cuando tuviera algo que decir.

Están bronceados. Siempre están bronceados. Da igual el mes del año. Siempre tienen ese color atezado. En realidad toda mi piel corporal es así.No hay marcas de ningún tipo.

Busco lunares pero no los veo. Ninguno hasta llegar cerca del ombligo.

Mis pechos son perfectos, joder! jjajajaja!

La escueta:

Y no seria mas practico enviarte una foto?

Creo que mis pechos no es lo más ostentoso de mi cuerpo, son de tamaño regular, puedo abarcarlos completamente con la mano, aunque algunos excesos se desbordan por entre mis dedos, más aún en días de latente revolución hormonal. De piel tersa y muy blanca en donde un lunar, en el pecho derecho, duerme al borde zigzageante del limite de mis pezones.

Sería todo, no más.. que estoy nula con esto, más fácil era describir lo que podría sentir al tener unas manos sobre ellos...

Las tetas simpáticas:

Mis tetas son… simpáticas, tienen buen carácter.

Están habituadas a que se metan con ellas. Son más bien grandes, o eso dicen. Aunque yo creo que, como todo, depende de con qué las compares. Están acostumbradas a ser el centro de atención, y no pocas veces tengo que insistir a mis amigos en que cuando hablen conmigo me miren a los ojos. A menudo me meten en apuros, cuando deciden liberarse de sus ataduras y hacen que se me desabroche el botón de la camisa o el sujetador, cosa de la que yo no siempre me doy cuenta en un primer momento, pero que la gente que está a mi alrededor no sólo percibe, sino que encuentra muy graciosa.


Mirando desde arriba forman un canalillo bien definido, un canalillo bastante traicionero, por cierto, por donde se desliza poco a poco en verano cada gota de sudor que me surge del cuello. Lo mismo sucede con cualquier traguito de agua o refresco que se me escape de los labios, lo que me cuesta no pocas bromas y/o apuros, según la situación.


Me quito el sujetador y el canalillo no desaparece, pero se atenúa, ya que una vez libres cada una decide separarse de su compañera y tomar su respectiva dirección. Son claras, redondas y, al tacto, más bien blanditas, diría. El pezón, del tamaño de un garbancito, está rodeado de una aureola grande, rosada tirando a marrón, increíblemente sensible y que se encoge fuertemente ante cualquier estímulo, bien se trate de una corriente de aire, del roce con el algodón de la camiseta o de un pensamiento inoportuno. Son muy excitables, y a menudo eso me hace pasarlo mal. Esto las condena a ir prisioneras en sujetadores de tela gruesa, generalmente rojos, negros o de colores vivos, que reducen el roce con la ropa o el viento, y que no dejan ver a través de la camiseta las expresiones de tan travieso pezón.

Mis tetas, aunque grandes, caben bien en una mano masculina grande, y ahí, en el fondo, es donde más les gusta estar. La más mínima caricia me desencadena una excitación salvaje que no puedo disimular, porque ya sólo la respiración me delata aunque intentara ocultarla. Y voy a cambiar de tema, porque… porque sí.

El caso es que me gustan mis tetas. No son perfectas, como tampoco lo es el resto de mi cuerpo. Pero son alegres, traviesas, juguetonas... simpáticas. Y eso va mucho con mi carácter. Me gustan así.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Y tú, ¿rezas o enriqueces?


Lo he visto hace un rato mientras desayunaba-comía-cenaba, (filetes de pechuga de pollo salpimentados; el caviar se lo echo a Gusifluky). Veo ahora que en Youtube anda un rato largo dando guerra. Es lo que pasa por no ver la tele, que soy el último en enterarme de estas cosas:




Pues este cabeza de chorlito se alegra muy mucho. Me alegro de que por fin la sacrosanta Iglesia Católica se vea tan mal como para tener que hacer esta campaña. Es el principio del fin. Aún les quedan unos siglos de dar por saco, claro, pero sin el chollo de los diezmos y sin poder meternos el miedo en el cuerpo como antaño a estos señores les queda poco para extinguirse. Empiezan a oler a cadáver. Y por esta vez no me parece un olor desagradable.

Bien harían, si tanta falta les hace la pasta, en empezar a vender inmuebles y obras de arte. Aunque no olvidemos que gran parte de esas posesiones de incalculable valor son robadas, y a veces por el expeditivo sistema de quemar a sus legítimos dueños bajo la peregrina acusación de brujería. El mayor y más impune robo de la Historia. Y ahora me vienen con comedores sociales y otras limosnas, esperando darme penita. Los muy cabrones.

Homenaje a mis víctimas


Fui niño, como todos ustedes. Fui cruel, como todos los niños.


Hoy, y desde hace muchos años, no encuentro ningún placer en matar animales. Ni siquiera insectos. Es más, hasta me causa cierto desagrado tener que hacerlo por razones higiénicas, como cuando mato una furtiva cucaracha en casa, o por razones de seguridad, como cuando pongo veneno para ratas en almacenes de material explosivo.

Pero de niño maté animales, y hasta los torturé. Casi siempre, eso sí, se trató de insectos, reptiles, o aves. Los mamíferos son otra cosa. A los mamíferos los siento cercanos, expresivos y con gran capacidad de sufrimiento.

Hace tiempo --creo que fue en 1999-- me despertó dos noches consecutivas una enorme rata. Fue en un cuartel. La primera noche me despertó la presión del peso de la rata sobre mi pecho y la rata se escabulló, apenas una sombra correteando hasta desaparecer, dejándome con la sensación de haber tenido un mal sueño. La segunda noche me despertó tironeando de la almohada, y ya tenía sus horas contadas, aunque todavía no lo sabíamos ni ella ni yo. Abrí los ojos y vi su cara junto a la mía. Ambos nos sobresaltamos. Ella se refugió, error fatal, en una camareta deshabitada. Yo me levanté para pedir ayuda al soldado de imaginaria. Entre los dos cogimos unas mesas con las que bloqueamos la salida de esa camareta. Cuando unas horas más tarde sonó la corneta indicando diana me sorprendió encontrar a tantos soldados armados con escobas, tomando al asalto el refugio de la rata. Recuerdo la tenaz y desesperada defensa del roedor, saltando, trepando, chillando... pero aún recuerdo con mayor disgusto los gritos de júbilo de los soldados al acertarle con los escobazos. Estaban gozando con todo eso, y no me costó imaginarlos, unos siglos atrás, quemando brujas y jaleando a verdugos.

Volvamos a mi infancia.

En la farmacia no quisieron venderme una jeringa con su aguja. La farmacéutica me preguntó para qué la quería. Para jugar, le respondí. Así que retiró la aguja y me rebajó cinco pesetas el precio. Eso no me servía para nada, pero no recuerdo cómo poco después conseguí una aguja, y así pude inyectar agua a lombrices de tierra. Les inyectaba agua y se hinchaban cada vez más hasta que por algún sitio reventaban expulsando chorritos. No sean severos al juzgarme, pero la verdad es que aquello me parecía la mar de divertido.

Los saltamontes. Hoy me asquean, pero de niño me lo pasaba muy bien jugando con ellos. Me gustaba coger un alambre y ensartar a varios para ponerlos al fuego mientras aún se movían. Brocheta de saltamontes frescos.

Los pájaros. ¿Cuántos habré matado con la carabina de balines? ¿Cien? Tal vez más. Una vez, antes de tener esa modesta arma, encontré un gorrión herido y se lo llevé a mi abuela con la esperanza de que supiera cuidarlo. Ella, sin dejarme hablar, dijo que había que rematarlo retorciéndole el cuello. Se conoce que mi abuela había perdido práctica o que es demasiado bruta, porque lo que hizo fue arrancarle la cabeza ante mi atónita mirada. Mi abuela dijo "¡uy!" y me mostró la cabeza del gorrión en una mano y el cuerpo en la otra. Después tiró todo al cubo de la basura y siguió cocinando como si nada. Recuerdo que durante un tiempo tuve un poco de miedo a mi abuela. Una cosa es pegarle un tiro a un pájaro desconocido, y otra muy diferente decapitar un animalillo herido cuyo calor sientes en las manos. No sé, contradicciones mías, supongo.

Los gusanos de seda. Yo creo que todos los niños de mi generación hemos criado alguna vez gusanos de seda. Me gustaba su olor, y me gustaba escuchar el rumor de sus diminutas mandíbulas royendo incansablemente las hojas de morera. Fue la misma abuela decapitadora de pájaros la que me enseñó, por métodos prácticos, que si metías un gusano de seda en vinagre durante unas horas y después lo partías en dos obtenías un hilo que podía servir para suturar heridas. Enseñanza curiosa pero inútil donde las haya. Sacrificio igualmente inútil el de aquellos gusanos que jamás llegaron a ser mariposas.

Lagartijas. Cuando ya tuve la carabina, una Cometa VII, me pasaba horas en la terraza, intentando acertar a las lagartijas que tomaban el sol en un solar vecino. Al principio fue difícil, pero después me hice de un visor telescópico y eso incrementó notablemente las bajas entre los reptiles.

Ranas. Un día de veraneo en Torre de la Horadada descubrí un estanque repleto de ranas. A mi primo y a mí, armados los dos con carabinas, nos bastó una tarde para extinguir a todos aquellos anfibios. Días después, por cierto, tuve en aquel mismo pueblo mi más grave encontronazo con la Ley, a causa precisamente de una pistola de balines sin documentación, pero eso es otra historia.

Hormigas. Todos matamos hormigas de modo más o menos inadvertido. A ver cómo carajo te las apañas para ir por el mundo sin pisarlas. Pero hubo un tiempo en que yo gozaba poniendo petardos en los hormigueros y después de la explosión me dedicaba, concienzudamente, a aplastar a las despavoridas y confusas supervivientes. También me he comido a muchas, y debo añadir que esas pequeñitas y rubias son picantes y me gustan.

Ahora vendría la historia de los dos cachorros de gato. Pero aquello merece entrada aparte y además aún no me atrevo a contarlo.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Un pequeño concurso


Actualización
: Ya hay ganador, ganadora en este caso. Fue divertido mientras duró.


Hola, seres humanos y otros eventuales lectores. Hoy les voy a proponer un concurso, con premio y todo. El premio consiste en un libro que el propio ganador escogerá de entre una lista que más adelante presento. Se lo haré llegar por mensajería a la dirección que me facilite mediante correo electrónico, y naturalmente con los portes pagados.

Tesa me dio la idea mediante esta entrada de su bitácora: En tus manos. Como podrán ver es una colección de descripciones de manos, descritas anónimamente por los propios dueños. Pues bien, la descripción de una de mis manos está incluida en la entrada de Tesa, y regalaré a quien la descubra un ejemplar de alguno de estos libros (elegido por el ganador):

-La Sombra del Viento, de Carlos Ruiz Zafón.

-El Mundo y sus Demonios, de Carl Sagan

-Errores, Falacias y Mentiras, de Peter Villanueva Hering

-Una Breve Historia de Casi Todo, de Bill Bryson

-El Club Dumas, de Arturo Pérez-Reverte

-Sinuhé el Egipcio, de Mika Waltari

-La Conjura de los Necios, de John Kennedy Toole

-A Sangre Fría, de Truman Capote

-El Fraude de la Sábana Santa y las Reliquias de Cristo, de Juan Eslava Galán

-Madera de Héroe, de Miguel Delibes

-Apocalipsis, de Stephen King

-El Dardo en la Palabra, de Lázaro Carreter

-El Jinete Polaco, de Antonio Muñoz Molina

-El Fabuloso Libro de las Leyendas Urbanas, de Jan Harold Brunvand

-El Hombre del Bicentenario, de Isaac Asimov

-El Nombre de la Rosa, de Umberto Eco

Es una lista tomada un poco al azar de entre libros que me gustaron mucho, y creo que hay para satisfacer a lectores muy diferentes, aunque desde luego no a todos.

Cada participante sólo podrá hacer un intento, así que piensen bien la respuesta. Apelo a su buena fe para que no hagan más de una intentona cambiándose el alias que usen para comentar. Por cierto, sólo admitiré la respuesta correcta en los comentarios de esta entrada.

Adelante, inténtenlo. Para animar a los indecisos daré una pista: mis manos tienen cinco dedos cada una.

(Doctora Yvonne, usted no puede jugar por razones que usted y yo conocemos).

La entrada de Tesa también me ha dado otra idea, mucho más divertida que ésta, pero de eso hablaremos el domingo, y si piensan que esto son manipulaciones mías para mantenerlos pendientes del Diario de un Cabeza de Chorlito, debo confesarles que están en lo cierto.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Eres un poquito hijoputa. (Y bastante tonto)



Eres, además de tonto, un egoísta y un pelmazo. Es más, me vas a permitir que te llame hijoputa, dicho con moderado respeto a tu señora madre, quien probablemente no tiene demasiada culpa en esto.

Yo puedo perdonar, y hasta comprender, que seas imbécil. Sin ir más lejos yo mismo soy un cabeza de chorlito.

Puedo disculparte también tu empeño por hacerte notar y lo plasta que te muestras en todo momento. Entiendo y lamento que tu vida sea vacía y que te sientas rechazado, y que de ahí provenga tu necesidad de atención.

Pero no te perdono que infravalores el tiempo de los demás, ni que nos consideres tan idiotas como eres tú. Por eso te llamo hijoputa, que no es un insulto hacia la virtud de tu madre, la cual no me consta pero tampoco pongo en tela de juicio. Castizamente te llamo hijoputa con sentido de "mala persona". Porque hay que ser mala persona para dar por sentado que mi tiempo no vale una mierda y que me puedes obligar a malgastarlo. Y ahí, infame canalla, te equivocas.

Mi tiempo libre quizá no valga dinero, pero es algo mucho mejor: vida. Quizá tú, con tu limitada mente de gusano miserable, confundes vida y dinero, pero otros distinguimos bien segundos de céntimos y minutos de euros. También distinguimos el correo que recibimos de una prima a la que hace años que no vemos y que nos manda fotos de su hijo, de... esa cosa que tú envías tan generosamente y que voy a llamar hijoputez, de igual modo que a ti te llamo, recuérdalo, hijoputa.

Tus estúpidos correos electrónicos saturan mi bandeja de entrada y mi paciencia. Cada vez que pierdo unos segundos en eliminar tu basura aprovecho para cagarme en tu estirpe durante la operación, y así el tiempo, aunque igualmente perdido, es algo más relajante.

Por otra parte, siento como una agresión personal el que me creas tan idiotizado como tú, y esos finales de tus correos del tipo "reenvía esto a todos tus contactos", "si envías esto a quince personas en una hora...", "si no envías esta información eres...", etc., me provocan irrefrenables ganas de cogerte por la pechera, zarandearte y gritarte que a mí no oses decirme lo que tengo que hacer con tu asquerosa mierda egoísta. Que tú no seas capaz de pensar no implica que los demás padezcamos la misma tara.

La última hijoputez que te he sufrido, por dos días seguidos además, me hace sentir un poco de lástima por ti, porque veo que por encima de hijoputa eres tonto. Pueril y lastimosamente tonto. Un tontolculo sin posibilidad de enmienda. Un tontaina sin paliativos. Un gilipuertas sin apaño.

Y ya, para despedirme de ti, infeliz hijoputa, expongamos tu última hijoputez, con la esperanza de que te sonrojes aunque sea levemente:


Hola a todos,
>
> Generalmente nunca envío mensaje de este tipo, pero este mensaje me lo
envía
> una buena amiga abogada et creo que es una oportunidad muy interesante.
Ella
> me dice que esto funcionará, si FUNCIONARÁ. ¡Después de todo no
> tenemos
nada
> que perder!
>
> Me dice: Soy abogada y conozco la ley. Esto es cierto. No se confundan
AOL
> y INTEL mantendrán sus promesas por miedo de ser imputadas por la
justicia
> y hacer frente a una sanción multimillonaria de dólares, parecida a la
> de Pepsi Cola contra General Electric no hace mucho.
>
> Queridos amigos no os toméis esto a broma. Bill Gates (Propietario de
> Microsoft), esta compartiendo su fortuna. Si no hacéis caso de este
> mensaje, os arrepentiréis. Windows sigue siendo el programa mas
utilizado,
> Microsoft y AOL están haciendo una experiencia enviando este mensaje
> electrónico (e-mail beta test) Cuando envíen este mensaje electrónico
> (e-mail) a sus amigos Microsoft os puede despistar si sois utilitarios
> de Microsoft Windows durante 2 semanas.
>
> Por cada persona que envié este mensaje, Microsoft le pagara 245 EUROS.
>
> Por cada persona a la que tú mandes este mensaje y lo reenvíe a otras
> personas, Microsoft le pagara 243 EUROS.
>
> Por cada tercera persona que lo reciba, Microsoft le pagará 241 EUROS
>
> Dentro de 2 semanas, Microsoft, tomara contacto contigo para
> confirmación
de
> tu dirección y te enviará un cheque.
>
> Sinceramente, Charles. Bailey General Manager Field Opérations
>
> 1-800-842-2332 Ext. 1085 or
> 904/245-1085 or RNX 292-1085
>
> Pensaba que esto era un fraude, 2 semanas después de recibir este
> mensaje electrónico (e-mail) y después de enviarlos, Microsoft se puso
> en
contacto
> conmigo para ratificar mi dirección y recibí un cheque de 24.800 EUROS.
>
> Tienes que enviarlo antes de que este test termine.
>
> Si alguien tiene posibilidades de hacer esto es Bill Gates.
>
> Para el esto supone un gasto de publicidad. Por favor envíen este
> mensaje a tanta gente como le sea posible. Tendrían que recibir por lo
> menos
10.000
> euros.
>
> No le ayudaríamos a enviar este mensaje si no tuviésemos algo para
nosotros.
> La tía de una buena amiga tía Patricia que trabaja en Intel, recibió
> un cheque de 4.543 EUROS solo por enviar este mensaje.
>
> Como dije anteriormente, conozco la ley y esto es verdad.
>
> Intel y AOL están negociando una fusión por la cual serian la compañía
más
> grande del mundo, y para estar seguros de seguir siendo el programa
> mas utilizado, Intel y AOL hacen un experimento con este test
>
>
>
> PS.: Gracias por copiar y pegar este mensaje


Pues eso, de nada. Hijoputa.

Actualización (08-11-07): Hoy volví a recibirlo. Y van tres.



martes, 6 de noviembre de 2007

Un anuncio indecente. Lo bueno de no tener pareja...


Como el 6 de Julio del año pasado no obtuve la acogida deseada vuelvo a intentarlo, total no tengo nada mejor que hacer, ni nada que perder. Ya de paso aprovecho para incrustar el vídeo, que la otra vez no lo hice:


Busco mujer para experiencia celestial.

Aclaro que no es un negocio; ciertas cosas se han de hacer por placer o por amor, no por dinero.

Pido que sea esbelta y salvaje, que tenga el pelo largo y que sea inteligente. Y que sea joven, mentalmente al menos. Y libre en el más amplio sentido de la palabra.

Sólo la quiero para tres minutos y cincuenta y cinco segundos, aunque si nos gusta la experiencia la podemos repetir las veces que creamos oportunas.

Ofrezco lo siguiente: Un polvo bestial mientras suena a toda leche "End of all hope", de Nightwish. ¿Qué más se puede pedir?

Se equivocaba, inolvidable Teniente Cerdán. No es con el Bolero de Ravel sonando de fondo con lo que se echa el polvo de nuestras vidas; es con End of all Hope, de Nightwish, destrozándonos los tímpanos y exaltando la pasión.

(Gracias miles, Emperatriz de Belsan, por el mundo que me descubres).


domingo, 4 de noviembre de 2007

Si lo dice el Presidente, será verdad



"El presidente Ronald Reagan, que pasó la segunda guerra mundial en Holliwood, describió vívidamente su papel en la liberación de las víctimas de los campos de concentración nazi. Como vivía en el mundo del cine, parece que confundía una película que había visto con una realidad que no había visto. En sus campañas presidenciales, el señor Reagan contó en muchas ocasiones una historia épica de coraje y sacrificio, motivo de inspiración para todos nosotros. Sólo que nunca ocurrió; era el argumento de la película A Wing and a Prayer... que también a mí me impresionó mucho cuando la vi a los nueve años. Es fácil encontrar muchos más ejemplos de este tipo en las declaraciones públicas de Reagan. No es difícil imaginar los serios peligros públicos que entrañan los casos en que líderes políticos, militares, científicos o religiosos son incapaces de distinguir la realidad de la ficción vívida". (Párrafo extraído del capítulo octavo de El Mundo y sus Demonios, de Carl Sagan).

Sin comentarios... Bueno, sólo uno y breve: ¡Recórcholis! ¿En manos de quién está el mundo?

jueves, 1 de noviembre de 2007

Se resuelve el mayor misterio de la Historia


Buenas. Me llamo Filiberto Serpentajo, barrendero de profesión y bromista caradura aficionado. Todos ustedes se han preguntado por mí alguna vez, aunque indirectamente. Los he mantenido entretenidos mucho tiempo y he llenado sus tristes vidas de ilusión. También he conseguido que sus podridas conciencias se aliviaran ocasionalmente.


Cada vez que he lanzado el bulo de que juntando tapones de plástico, tiradores de latas de refresco, cupones de la ONCE sin premio o precintos de paquetes de tabaco alguien conseguiría una silla de ruedas, ustedes se han puesto a recoger toda esa porquería como hormiguitas laboriosas, como abejitas obreras... como pardillos, en definitiva.

Ahora que mi vida se acaba quiero darles las gracias por hacerme el trabajo. Gracias a su empeño abnegado, a su solidaridad de cartón piedra, a su generosidad de atrezzo, ninguna niña tetrapléjica consiguió jamás una silla de ruedas gratis, pero yo he podido pasar mi jornada laboral todos estos años en el bar, tomando carajillos y cervezas. Por cierto, nunca deposité la anillita de aluminio en los contenedores que ustedes, tan tontamente, distribuyen por todas partes.

Ahora que me jubilo ya no me importa que sepan la verdad y que las calles vuelvan a llenarse de marranadas. No seré yo el encargado de limpiarlas, así que me la trae al fresco.

Reconozco, no obstante, que los dejo a ustedes abandonados a sus mierdosas conciencias, que ahora no sabrán cómo tranquilizar sin esas "buenas obras" que con tanta eficacia acometían. Por eso se me ha ocurrido dejarles un último encarguito:

Hay un pobre hombre que está a punto de morir de cáncer negro, que como todos ustedes sabrán es la peor enfermedad que se conoce. Permítanme que ahorre detalles, además ya se los irán inventando ustedes sobre la marcha. El caso es que este pobre hombre siempre tuvo un sueño que no ha visto cumplido: vivir en un palacio. Si nos damos prisa, quizá entre todos estemos a tiempo de darle a este buen señor su única alegría en la vida, en su dolorosa vida. Yo ruego que cada uno de ustedes aporte un ladrillo, o un puñadito de cemento, lo que más a mano puedan robar de alguna obra cercana. Cuando alguno de ustedes reúna cien kilos de cemento o mil ladrillos se puede poner en contacto conmigo a través de mi correo electrónico y ya les daré las instrucciones siguientes.

Y si no, pues bueno, siempre les quedará escribir a Craig Shergold.



Más sobre bulos en DCC:

Métete tu cartita por el culo, subnormal

Coleccionistas defraudados

Advertencia urgente sobre nuevo virus

lunes, 29 de octubre de 2007

La Soldado Pacheco, o Pili la exhibicionista


Mucho le extrañaba a este cabeza de chorlito que aún no hubiera sucedido. Pero ya ha ocurrido: ¡albricias! Tesita me lo ha contado. Hablo del novedoso caso de la soldadito despelotada en Interviú. Quiero decir unas cuantas cosas, porque si no las digo reviento y porque me sale del nuflo decirlas:


A) Comparar este caso con el de la Sargento estadounidense que enseñó el coño en Playboy es un disparate, por mucho que la prensa busque la equiparación. Ni Interviú es Playboy (qué más quisiera Interviú) ni la legalidad vigente en nuestras FAS se parece a la norteamericana (qué más quisieran los yankees).


B) La conducta de la soldadito calurosa, sea más o menos digna, es un producto de esos anuncios de captación que decían paridas como que hacerse soldado profesional es "un trabajo como otro cualquiera". Mentira gorda y sin paliativos donde las haya, y que yo sepa ninguna cabeza ha rodado por estafar de esa manera a nuestra juventud.


C) Desconozco la competencia militar de Pacheco, pero como putilla exhibicionista le doy un tres, en una escala de cero a diez. (Hija mía, si te han pagado por esto es porque otras tienen más vergüenza que tú, que por méritos propios te ibas a comer los mocos... ¡Anda que no hay mujeres guapas de verdad en las Fuerzas Armadas, sin recurrir a mediocres como tú!)


Ya está. Y a gustito que me he quedao, oye.

Psicópatas, esquizofrénicos y cabezas de chorlito


Advertencia
: Diario de un cabeza de chorlito no es un consultorio médico.
Si cree que requiere ayuda, ya somos dos. Y no olvide consultar con un profesional de la salud.



Anoche, leyendo el muy recomendable libro de Carl Sagan titulado El Mundo y sus Demonios, en el capítulo dedicado a las alucinaciones, descubro el dato de que, aproximadamente, el uno por ciento de la población es esquizofrénica. Esto me hizo recordar el no menos recomendable libro de Robert D. Hare, Sin Conciencia, según el cual se estima que un porcentaje similar corresponde a los psicópatas. Hasta aquí los parecidos entre ambas circunstancias.

El esquizofrénico es un enfermo, y además un enfermo que sufre, por eso, cuando ocasionalmente comete un delito violento acaba en un hospital psiquiátrico. El psicópata, en cambio, no está enfermo; es simplemente malvado. Depredador lo llama varias veces Hare en su libro, con acierto, pues para el psicópata el resto de las personas (otros psicópatas incluidos) no somos más que objetos a los que exprimir económica y afectivamente. Incapaces de sentir empatía los psicópatas son despiadados, manipuladores, mentirosos, crueles y sumamente egoístas. No conocen el arrepentimiento por sus actos y su capacidad para sufrir se limita a aquello que los perjudica directamente. Seguro que algún lector que haya llegado hasta aquí estará pensando que conoce a alguien así, y no es de extrañar, pues hay más psicópatas entre nosotros de los que queremos creer. Por fortuna muy pocos son los que actúan como asesinos en serie o cometen crímenes violentos. Más habitual es encontrarlos como políticos ambiciosos, empresarios sin escrúpulos, maltratadores de sus parejas o estafadores.

Me he extendido hablando del psicópata más que del esquizofrénico por varias razones. Una de esas razones es que apenas he tratado con un esquizofrénico, pero sí que he convivido con una psicópata. Otra razón importante es que al enfermo de esquizofrenia se le ve venir de lejos, pero el psicópata es un maestro del engaño que logra confundir a psicólogos, psiquiatras y hasta a las propias víctimas, a las que puede llegar a hacerse sentir culpables. Una vez anduve de cervezas con un esquizo que se creía Jesucristo. Recuerdo aquello como una experiencia curiosa, y aunque en algún momento llegué a preocuparme ahora sólo es una anécdota simpática en la memoria. Mi relación con una psicópata, en cambio, duró un año y medio de pesadillas, lágrimas, maltratos, mentiras... joder, hasta "posesiones demoníacas" hube de presenciar.

Esta entrada, como muchas otras, calla mucho más de lo que cuenta por eso del decoro y por un sentido de la lealtad que, independientemente de hacia quién vaya dirigido y de sus méritos o ausencia de ellos, parte de mí... y yo sí que tengo conciencia. Pero necesito hablar. Ahora sé lo que antes sólo sospechaba: el psicópata es seductor, y sabe cómo gustar a la gente, y cómo gustar a cada tipo de persona; es camaleónico, y se adapta a casi cualquier entorno y nivel cultural, pudiendo ser el mejor ratero de barrio o mezclarse hábilmente con gente de "alta alcurnia"; es capaz de pasar en segundos de un estado sonriente de cara al público a convertirse en un demonio en la privacidad del hogar; puede acusarte en falso de igual modo que puede negar tranquilamente las evidencias de sus actos reprobables que le pongas delante. Y lo peor de todo: no tienen cura, porque no están enfermos. Simplemente son así. Descorazonador, ¿verdad?

Pues ahora echen cuentas. Imagínense en una ciudad muy populosa, quizá exactamente igual como la ciudad donde viven. Figúrense saliendo de compras una tarde de Navidad, por ejemplo. Las calles están atestadas. Los comercios incluso cierran más tarde de lo habitual para obtener más ganancias. Ustedes pasan varias horas de comercio en comercio, comprando regalos, buscando los mejores precios, comparando calidades... ¿Con cuántas personas se han mezclado, aunque sea a un par de metros, o en el empujón por llegar antes hasta la ansiada mercancía o a la caja registradora? ¿Sería exagerado hablar de un número de dos mil personas? Me parece una cantidad razonable. Pues bien, usted habrá estado casi rozando a diez esquizofrénicos y a otras tantos psicópatas. Es más, puede que USTED sea uno de ellos. ¿No es inquietante?

viernes, 26 de octubre de 2007

STALKER



Corro. Tras de mí oigo los rugidos de los perros salvajes. Del horizonte me llegan lejanos disparos y gritos de agonía. Corro.


Llueve. Mi sudor se mezcla con la lluvia y mis manos chorreantes aumentan la presión para no dejar escapar el fusil. Llueve.








Jadeo. Me detengo, exhausto, aunque la carrera fue corta. He conseguido alejarme lo bastante de los perros, pero pienso que llevo demasiado peso: el fusil entre las manos; la pistola en la cadera; el lanzagranadas y el subfusil en la mochila; comida, botiquín y munición repartidos en el correaje. Y además están esos artefactos, medio kilo cada uno. Jadeo.


Ni me acuerdo. Parece que fue hace siglos cuando estaba en la taberna de la base de Deber negociando con el tabernero. Creo que le vendí varios artefactos y con ese dinero compré más munición de 5´56 mm. Siempre más munición... para obtener más artefactos... que venderé para comprar más munición... la cual me servirá para conseguir nuevos artefactos... ¿Cuándo comenzó esta pesadilla circular? Ni me acuerdo.


Anochece. Los gritos de dolor parecen venir de todas partes, y los gruñidos de los perros suenan más amenazantes. La luz de la linterna ilumina un pequeño espacio ante mis pies y tengo que consultar el mapa con más frecuencia, aunque inútilmente por la falta de referencias. Las voces --¿de soldados? ¿De miembros de la facción Deber? ¿De componentes del bando Libertad? ¿De stalkers independientes?-- suenan peligrosamente cercanas y confusas. No puedo saber quién es amigo y quién enemigo. Anochece.


Lo veo a lo lejos. Ese objeto brillante y que parece flotar varios centímetros sobre el suelo debe de ser otro artefacto. Ahora sólo ese maldito chisme ocupa mi mente, y lo voy a conseguir como sea. No me importan los perros salvajes, ni los zombis, ni los soldados, ni los bandidos, ni las zonas de alta radiactividad, ni las anomalías... ¡Sólo me importa ese artefacto! ¡LO NECESITO! Lo necesito porque vale mil, dos mil, o cinco mil rublos, y eso es mucho dinero con el que comprar más munición y poder así matar más y mejor... y eso me facilitará obtener nuevos artefactos. Ahora todo yo soy pura voluntad de alcanzar el artefacto que brilla. Lo veo a lo lejos.






Disparo. Escupo una larga ráfaga con el subfusil de 9 mm. No es muy efectivo a esta distancia pero debo reservar la escasa munición que me queda del fusil de asalto para otros enfrentamientos más peliagudos. Esta vez sólo es un cerdo mutante, vulnerable a cualquier arma y pocos balazos lo detienen. Con suerte podré extraerle un ojo que venderé más adelante a otro stalker o al científico. Viene otro cerdo mutante. Estos bichos nunca están solos. Disparo.


Huelo a pólvora quemada. Son muchos disparos. Casi siempre abro fuego por necesidad. La munición es cara y no conviene desperdiciarla, pero a veces ametrallo a solitarios stalkers que me encuentro por el camino, sólo por el placer de probar una nueva arma o por la curiosidad de descubrir lo que ocultan en sus mochilas. Huelo a pólvora quemada.


Acordes de guitarra. Agotado y con poca reserva de comida me aproximo a un grupo amigo o neutral. Hace unos días podrían ser de cualquier facción, pero ahora sé que no pueden ser de Monolith ni de Libertad porque a ambos bandos he saqueado y diezmado sus filas. Si aún no han empezado a dispararme es porque son stalkers independientes o miembros de Deber. Con los soldados y con los bandidos tampoco me llevo bien tras intercambiar miles de balas, de modo que no pueden ser ellos. En ocasiones se agradece que no me reciban a tiros. Acordes de guitarra.








La tormenta y el gato



El trueno sonó cercano, potente e interminable, con temblor de muebles y tintineo de vajilla. Pensé en Gusifluky, mi gato. "Uy, pobre Gusi. Debe de estar asustadísimo", me dije.

Lo busqué por la casa, esperando encontrarlo arrinconado y tenso. Miré en los armarios donde suele esconderse para prepararme emboscadas, y no estaba. Miré en su transportador que usa como ilusorio refugio cuando huye de mí, y tampoco estaba. Preocupado, miré en la cocina. Lo descubrí pegado a la ventana, mirando absorto el cielo gris, con las vibrisas rozando el cristal.

--¿Gusi?

--Mmmmgrr...

--¿No tienes miedo?

--¿Miedo, padre? ¿De qué?

Otro rayo iluminó la cocina. Nuestra cocina tiene las baldosas negras y blancas, como escaques de un tablero de ajedrez. Los muebles son negros y blancos. La nevera es blanca. La mesa es negra. Las sillas son blancas y negras. La Thermomix es negra y blanca. El reloj de la pared no funciona, pero es negro y blanco. Incluso el servilletero es blanco y negro. Gusifluky, por si no lo saben, es también blanco por abajo y negro por arriba. Pero bajo la luz del rayo todo fue fugazmente azul.

--Pues no sé, hijo mío, pero los gatos suelen temer a las tormentas.

-- Tormenta... qué bonita palabra para tan espectacular panorama.

En ese momento nos llegó el trueno. Largo, apoteósico. El orgasmo de un dios que no había follado durante milenios. Gusi continuó:

--Fíjese, padre: ese cielo color ceniza; esas gotas de agua tamborileando sobre el cristal; esas intensas luces azules que lo bañan todo; esos ruidos que nos recuerdan lo insignificantes que somos... ¡Cómo sentir miedo ante algo tan bello!

--Eres un romántico incorregible, Gusifluky. Y un gato muy raro.

--Vamos, padre, acérquese y contemple junto a mí esta grandiosidad de la naturaleza --me dijo mi gato mientras se encendía la pipa que le da por fumar cuando se pone reflexivo--. Tal vez usted esté acostumbrado, pero es algo tan nuevo para mí...

Permanecí un rato a su lado, envuelto en el aromático humo de la pipa y el suave ronroneo de mi hijo. Él fumaba en silencio y no apartaba los ojos del cielo.

--¿Sabes, Gusi? En estos momentos muchos seres de tu especie están asustados, encogidos bajo los contenedores de basuras o bajo los automóviles. Están mojados y tienen frío. A ellos, maldita la gracia que les hace este bello espectáculo de la naturaleza.

Pasó un largo minuto de silencio hasta que mi hijo volvió a hablar:

-- Lo sé, padre. Pensaba en ellos.

Y miró a su alrededor, como considerando que nuestro piso es demasiado grande para nosotros solos.

martes, 23 de octubre de 2007

La pérdida del sentido del humor es síntoma de decadencia



Ay, dios, cuánto gilipuá políticamente correcto y cuánto soplanuflos de encefalograma plano pueblan estas tierras. Tantos son que ya dominan el país, ejerciendo el poder que otorga la mayoría con mano de hierro y sin la menor cesión a las libertades de una minoría de mente abierta, o lo que es casi peor, al sentido del humor.

Hemos perdido no ya el humor, sino el valor necesario para reírnos con ciertas guasas. Confundimos el chiste con la ofensa, la broma con el agravio, el humor con la insolidaridad. Es una lástima que tanto hipócrita y tanto cobarde nos pretendan robar la risa y que además lo estén consiguiendo. También es verdad que, dejando manipulaciones interesadas aparte, hay idiotas incapaces de distinguir entre una situación cómica y un drama, pero estos, creo, son los menos y no me preocupan tanto. A mí los que me dan por el saco son los nuevos mesías que me quieren enseñar el buen camino y de qué me debo reír y de qué no; ellos son quienes me apuñalarán por la espalda a poco que me descuide.

Hace tiempo Gerardo García-Trío me pasaba un antiguo vídeo de Martes y Trece en el que los famosos humoristas crean una situación cómica respecto al maltrato sufrido por una mujer a manos de su marido. Más recientemente Pedro Lucio publicaba en su blog una memorable escena de la delirante película Aterriza como puedas, que insinuaba a título de comedia el intento de abuso sexual hacia un niño. Son dos ejemplos viejos. Hoy en día casi nadie se atreve a crear chistes con esos temas. Hemos puesto coto a nuestra capacidad de reír estableciendo unos márgenes estrechos que no nos van a hacer mejores personas, pero sí más aburridas y tristes. Y más hipócritas.

Una de las últimas soplapolleces de la secta ASCO (Adoradores de lo Socialmente Correcto y demás Obtusos) es la promovida por la Federación de Mujeres Progresistas --¡qué miedo me da la palabra "progresistas" unida a "federación de mujeres"-- al exigir la retirada inmediata de la serie televisiva "Escenas de matrimonio" (atentos al minuto y quince segundos), según leo en ABC. Hay que ser gilipollas y tener mucho tiempo libre para idear semejante tontería. Me recuerda a cuando cierta promoción de la Academia de Suboficiales del Ejército de Tierra solicitó la retirada de la serie "Historias de la puta mili" por considerarla una ofensa hacia los suboficiales. Tanto un caso como otro son ganas de ponernos a marcar el paso y uniformar el interior de nuestras cabecitas, y este cabeza de chorlito, por muy de chorlito que tenga la cabeza, no bailará al son que le marque nadie, independientemente de que vea la televisión o deje de verla, que esa es otra.

A mí permítanme escoger lo que me hace gracia, y no osen decirme de qué me puedo reír y de qué no, que ya tuve quien me dio una gran lección en ese sentido.

viernes, 19 de octubre de 2007

Gentuza


Normalmente opino que la violencia no es una solución para nada, pero a veces esa convicción pacífica se me nubla ante la tentación de darle dos hostias a alguien. Y es que hay escoria que hace méritos sobrados para recibir puñetazos en la cara hasta escupir los dientes. Tal es el caso de un pseudohumano que se cree artista llamado Guillermo Vargas.


En fin, hoy estoy demasiado cansado, de rabia y de mierda, y no voy a contar nada más. Les ruego que lean esto: La provocación repugnante. O esto otro: ¡Canalla miserable!

jueves, 18 de octubre de 2007

Dos nuevas bajas en Zona de Operaciones


Esta vez ocurrió en Kosovo y se trató de un accidente. Fue el pasado martes alrededor de las 22 horas. El Cabo de Infantería Antonio Jesús Bonilla Ríos, de 24 años y natural de Córdoba, y el Cabo Especialista Francisco Javier Roldán Naranjo, de 34 años y nacido en Las Palmas de Gran Canaria, han fallecido al volcar el vehículo Aníbal en el que viajaban. Además, dos Cabos Primeros resultaron heridos leves.

Estas dos bajas se unen a la sangría que las FAS, y especialmente el Ejército de Tierra, están sufriendo en los últimos meses. Desde el 21 de Febrero, cuando murió la Soldado Idoia Rodríguez Buján, y hasta hoy van once militares fallecidos entre las misiones de Afganistán, Líbano y Kosovo. Once muertos son muchos muertos siempre, pero once muertos entre las filas de un ejército poco numeroso como el nuestro, que además es el ejército de un país que, al menos oficialmente, no está en guerra con nadie, son demasiados.

martes, 16 de octubre de 2007

Porque no te cantaron canciones infantiles, ni te enseñaron a cantarlas



Hoy me daba un imprevisto paseo por la intennés, en una de esas rutas de ciberturismo que se sabe cómo empiezan pero nunca cómo acaban, y he escuchado algo que me ha hecho acordarme de ti. Y de ti. Y también de ti. Y por supuesto que de ti también.

Tienes ya veinticinco años, o treinta y ocho añazos. O puede que cincuenta y cuatro. O quizás tienes ya noventa y seis años, y tu oído agotado tras tantísimo tiempo de servicio como fiel soldado que no se queja empieza a fallarte y no podrás escuchar esto que te regalo, y es que esta entrada no se lee; se escucha.

Para ti, que no tuviste una madre ni una abnegada abuela que te cantara estas canciones. Y nadie te enseñó a cantarlas.

Para ti, que nunca fuiste al colegio donde una profesora guapa de larga trenza morena llamada doña Florinda cantaba y enseñaba a cantar.

Para ti, que tuviste una madre que no quería cantar.

Para ti, que tenías una madre lejana cuyas canciones no podían llegarte.

Para ti, que eras sordo hasta que tus padres pudieron comprar ese audífono que fue el mejor regalo de tu vida.

Para ti, que ya estabas trabajando cuando otros niños de tu edad escuchaban estas canciones.

Para ti, que tu madre muda quiso y no pudo cantarte.

Para ti, que te cantaron y te enseñaron a cantar pero lo has olvidado.

Para ti, que lees este diario de un cabeza de chorlito sin que nadie tenga claro el porqué.

Para mí, porque me gustan las canciones infantiles aunque algunos no lo sepan:




(Sí, Ángel, muy especialmente es para ti, porque tu madre no te cantó estas canciones ni te las cantará, y porque a mí no se me ocurrió hacerlo cuando pude).