Gracias, compañero, por tus comedidas palabras en un momento así. Has demostrado ser un perfecto ejemplo de cómo debe ser un gran militar al servicio de un Estado de Derecho. Tu padre se sentiría orgulloso de ti, y yo me sentiré honrado de estar bajo tu mando.
¡A sus órdenes, mi Sargento! (Y un fuerte abrazo, compañero Iván).
Un blog escrito bajo severas dosis de etanol.
martes, 23 de septiembre de 2008
Una lección de serenidad
domingo, 21 de septiembre de 2008
The Teleplastic Inquirer, "las noticias que esperabas con el rigor que se merecen"
Pero mira que son cabrones estos escépticos reculiaos. Andaba yo sufriente y apesadumbrado por no poder acceder a la web de The Teleplastic Inquirer desde hacía un par de días, y es que los muy malditos la han cambiado de sitio, avisando antes a mi prima la sorda, que como está teniente no cogió bien el recado:
-Leónidas, que dicen los de Plásticos Enrique que se mudan.
-¿Y esos quiénes son, prima?
-No, gracias, no quiero requesón con lima.
-Joer. ¡QUE QUIÉNES SON LOS DE PLÁSTICOS ENRIQUE!
-Ah, pues no sé. Unos que me han llamado diciendo no sé qué de una mudanza.
-Será que ha quebrado otra empresa.
-No, gracias, tampoco quiero helado de fresa.
-Ay, qué cruz... ¡DIGO QUE SERÁ OTRA EMPRESA QUE SE HA IDO A LA PORRA!
-¡A mí no me grites! ¡Y zorra lo será tu madre!
A la vista de este diálogo (tan real como todo lo que se cuenta en The Teleplastic Inquirer) entenderán que no supiera nada del cambio de dirección hasta hoy. Y me he enterado por casualidad mientras daba un paseo por el blog Existen los fantasmas, porque si tengo que esperar a que alguien tenga la deferencia de avisarme... (y no señalo a nadie, eh, que conste).
En fin, aprovecho el cambio de dirección de The Teleplastic Inquirer (en adelante TTI) para presentarla a los lectores de este blog que no la conozcan y ya de paso aportar algunos datos sobre su historia:
A pesar del nombre, TTI se escribe en castellano. Nada que temer los que, como yo, no dominamos la lengua de Chéspir.
TTI era hasta hace unos días una página web de las de siempre; ahora es un blog, lo que yo creo que es ventajoso para los lectores, pues podremos patalear e insultar anónimamente a los autores mediante la opción de los comentarios. Eso siempre se agradece.
La Comisión Estatal para el Control de la Veracidad de los Medios y Enteros ha seleccionado a la publicación TTI en el año 2007 como "el medio de divulgación más veraz de todo el Universo". "No tiene nada que envidiar a Cuarto Milenio, y encima da más risa", afirmó a micrófono cerrado un alto funcionario de la CECVME.
Actualmente se plantea incluir el estudio de TTI en la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Bueno, y si no se lo están planteando, deberían. Los chavales serían más críticos y además se lo pasarían en grande.
Ea, nada más, que hoy es domingo y hay que descansar. Por cierto, buen día para echar unas risas con The Teleplastic Inquirer.
jueves, 18 de septiembre de 2008
No me da miedo
Parece que a lo largo de la existencia de nuestro planeta sucedió más de una vez, y nada nos garantiza que no vaya a suceder de nuevo. Me refiero a que un asteroide grandote choque con la Tierra y las especies más vulnerables se vayan a tomar por saco. Y nosotros, tan ingenuamente antropocentristas, somos una de esas especies vulnerables.
La posibilidad de una colisión de ese tipo, en lugar de inquietarme, me enternece por la clemencia inmerecida que nos otorgaría; nos hemos ganado a pulso algo mucho peor, por hijoputas.
Ya dije alguna vez que me gustaría pegar fuego al mundo, pero al precio que se ha puesto la gasofa me va a ser imposible. Aún nos queda la esperanza de ser despedazados, fulminados, exterminados por cualquier pedrusco indetectado. Puede ser la semana que viene o dentro de un mes. O en el año 2032, por ejemplo. No perdamos la esperanza porque el famoso Apofis nos ignore, pues hay muchos más y más grandes.
La vida sabrá salir adelante, de eso estoy convencido. Quizá tarde millones de años en atreverse a aparecer de nuevo en el escenario, y probablemente lo haga interpretando novedosos papeles que no podemos ni imaginar desde nuestro limitadísimo conocimiento, pero sea como sea empezará otra vez, y no me parece descabellado creer que hay muchas posibilidades de que lo haga mejor; bastaría para ello que ninguna especie desarrolle nuestra inteligencia, o que en caso de hacerlo sepa usarla.
El siguiente vídeo es una representación basada en nociones científicas de lo que pasaría si chocamos con un asteroide de 500 kilómetros (2.000 veces mayor que el Apofis), por si quieren hacerse ustedes una idea. Lamento que las frases que aparecen en algunos momentos estén en lengua foránea, aunque me permito traducir la última: "The evidence shows that this has happened at leasts 6 times in Earths history", o dicho entre nosotros, "las pruebas muestran que esto sucedió al menos seis veces en la historia de la Tierra":
Pues vale. Aquí estoy, esperando a la séptima, y tan encantado, oigan.
martes, 16 de septiembre de 2008
Temedla, cabrones
Hoy, por las razones que sea, es uno de esos días en los que aborrezco al mundo con toda mi alma. Es uno de esos días en los que me falta imaginación para narrar todas las putadas que me gustaría que nos sucedieran a todos. A todos, he dicho. Y a mí el primero.
Hoy quisiera que la humanidad se fuera al carajo y que todo empezara de nuevo, a ver si la vida, millones de años después, echaba los dados con más tino y le salían seres más inteligentes que nosotros.
Hoy es uno de esos días en los que sonrío con una mueca torcida, apretando muy fuerte los dientes y estirando los labios, con más intención de contener las lágrimas que de simular una hipócrita sonrisa.
Hoy es uno de esos días en los que mis vecinos se apartan despejándome el camino porque ven en mi mirar que el horno no está para bollos.
Pero llego a casa, y justo cuando estoy a punto de cagarme en la puta madre de todos ustedes, descubro que tengo a una conocida (aún no me atrevo a llamarla amiga) que se ha escapado de un cómic de superhéroes.
Es flaquita, pálida y miope. De día trabaja como aparejadora, pero al igual que el periodista Clark Kent mi medioamiga tiene una identidad secreta. Se llama Rebeca, aunque por las noches, cuando sale de la obra, se la conoce como Reve (quizá de Revenge; venganza en inglés), y se dedica, mientras nadie la ve, a liberar a perros y a gatos que viven atados o enjaulados en condiciones infranimales. Como buena preservadora de la Ley nuestra heroína sólo actúa cuando las protectoras de animales se muestran indolentes y el SEPRONA se la coge con papel de fumar por eso de no soliviantar a minorías étnicas que tienen sus seculares costumbres de tortura animal. Sólo entonces actúa Reve, tras colgar el teléfono hastiada de excusas de unos y de otros, y llegado ese caso extremo se limita a soltar nudos o abrir puertas sin allanar nunca propiedades privadas.
Y yo, que empecé a escribir esto con ganas de llorar y de pegarle fuego al mundo, lo termino ahora con ganas de reírme mucho y pensando que, después de todo, a lo mejor los humanos no hemos sido un perfecto fracaso. La Reve mola, y qué coño, no todo el mundo puede decir que conoce el blog de una superheroína.
Confesiones de un cabeza de chorlito y premios para ustedes
En relación a la entrada del pasado viernes, en la que les prometía que el lunes me mostraría en cueros aquí mismo, debo confesarles que lo hice por dos motivos:
En primer lugar fue para cachondearme del personal, muy especialmente de las groupies leonidianas. Así de simple.
El segundo motivo fue, digamos, un experimento sociológico. Quería comprobar si recurrir a una maniobra tan chusca tendría alguna repercusión en el número de visitas a DCC. Y sí, sí que la ha tenido: un 32 por ciento de incremento con respecto a la media de los cuatro lunes anteriores, casi una tercera parte.
En virtud de estos datos creo que puedo afirmar fundadamente que muchos de ustedes, queridos lectores, son una panda de morbosillos. Muy bien, no será este cabeza de chorlito quien los juzgue por su malsana curiosidad; antes bien, quiero premiarlos, y puesto que quieren carnaza, nada mejor que el siguiente vídeo para satisfacer sus deseos:
domingo, 14 de septiembre de 2008
Y al fin, la gran entrada sobre mi persona en bolas
¡Por las barbas del profeta! No se creerán ustedes lo que sucedió este fin de semana, aún así yo se lo voy a contar:
Recordarán que había quedado con mi amigo Alfredo Espinosa para hacerme el esperado, anhelado, ansiado reportaje fotográfico que mañana debía publicar aquí. Pues no va a poder ser, porque ha ocurrido una lamentable desgracia (uhm... ¿habrá desgracias que no sean lamentables? Sí, las hay: ¡las que sobrevienen a nuestros enemigos!). Es largo de explicar, pero les debo a ustedes tomarme esa molestia, y como parece que no tienen nada importante que hacer me van a prestar atención, ¿a que sí?
Alfredo había escogido un pintoresco lugar de la Sierra de Grazalema como fondo para nuestra sesión de fotos. Se trata de un prado que acaba en un cortado con una caída de más de cuatrocientos metros. Un marco incomparable, que diría alguno de esos malos periodistas que repiten como loros las ocurrencias de los buenos periodistas. Yo debía posar con la chorra al fresco aire serrano, correteando y brincando cual gamo con urticaria genital. Antes de eso Alfredo se acercó al borde del precipicio para mear. "Es una manía que tengo, Leo. Cuando estoy en alto tengo que mear hacia abajo, y si al fondo pasa un tío calvo es mucho más divertido", dijo el muy cachondo.
Fue entonces cuando ocurrió el funesto accidente.
El terreno cedió bajo las arrobas de mi amigo y el pobre se fue a tomar por saco. Afortunadamente llevaba su inseparable paracaídas, pues Alfredo es la persona más precavida que conozco y siempre va equipado con un paracaídas normal, otro de emergencia, un traje de protección radiológica, así como siete extintores y cuatro botellas de oxígeno. Incluso para ducharse lleva todo eso puesto, y según consta en los archivos sólo se le olvidaron los paracaídas una vez en su vida, precisamente el día que viajaba en avión para asistir a una conferencia sobre seguridad en Wisconsin (USA). Como les decía, mi amigo llevaba su paracaídas al precipitarse, que se abrió sin novedad y le permitió un aterrizaje suave.
Pero aquel día la suerte no estaba de su lado.
Alfredo Espinosa cayó justo sobre un vallado de alambre de espino. "¡Tío, te queda fenomenal el alambre alrededor del cuello; hace juego con tu apellido!", grité desde la altura, más para hacerme el gracioso que para consolarlo, porque yo es que no puedo desaprovechar las ocasiones para hacer chistes tontos. Alfredo sacó su herramienta multiusos tras buscar en la mochila donde también lleva siempre dos granadas de mano, una ametralladora, cuatro bocadillos (mortadela, salami, chistorra y atún), una cantimplora con agua, dos cantimploras con whisky, un termo de café, pastillas potabilizadoras y veinte tiendas de campaña (por si se presentan invitados, dice). Entonces usó la herramienta multiusos esa que les dije hace un rato para cortar el alambre de espino. Otro peligro conjurado.
En ese fatídico momento apareció el tigre.
Era un tigre enorme. Era como si Gusifluky se hubiera metido el mayor chute de esteroides que se puedan imaginar. Aquello era un tigre del copón bendito. Alfredo miró al tigre. El tigre miró a Alfredo. Alfredo tembló. El tigre se relamió. De repente, en un rápido movimiento, el tigre le robó la cámara a mi amigo y se dio a la fuga descojonándose de risa, el muy maldito.
Al menos Alfredo conservaba la vida. Sin embargo, aquel fatídico día la suerte no tenía el coño para chirigotas, y el desdichado de mi amigo, presa de la desesperación por haber perdido su adorada cámara digital de un millón de megapíxeles, se tragó la cápsula de cianuro -enriquecido con calcio y vitaminas de la A a la Z- que siempre llevaba encima para una ocasión especial como esta. La palmó en cuestión de segundos.
Hace un rato el tigre me ha mandado un email pidiéndome un rescate por las pocas fotos que el finado tuvo tiempo de hacerme. Exige seis euros con cincuenta céntimos para comprarse un collar antipulgas. Naturalmente no cederé al chantaje.
Espero que comprendan, amigos míos, que las causas por las que no mostraré el reportaje fotográfico que les prometí son del todo ajenas a mi voluntad. Ahora recen por el alma de Alfredo Espinosa, y dejen de pensar en mi cuerpo desnudo. No me sean frívolos.
viernes, 12 de septiembre de 2008
Llegó el momento de perder la timidez
Hola, personas. Llevo unos días sin actualizar el blog, algunos más de lo que acostumbro. Como estoy seguro de que la afición comienza a inquietarse he pensado que sería conveniente dar una breve explicación y ya de paso un adelanto de lo siguiente que publicaré.
Decía en mi debut: "no pienso publicar las fotos en bolas que me demanda la afición". Pues ahora ya no pienso igual, y tendrán ustedes que reconocerme el derecho a cambiar de parecer. Aquello lo dije en febrero de 2006, y desde entonces a esta parte ha llovido y tronado mucho. No me consideren un veleta por cambiar de opinión; soy un tipo que evoluciona permanentemente, que es otra cosa.
Alfredo Espinosa es un buen amigo aficionado a la fotografía y me está prestando su tiempo y sus conocimientos desinteresadamente para elaborar un reportaje fotográfico con calidad artística. Ya les advierto que en muchas de las fotos que voy a publicar cuando el trabajo esté terminado aparezco desnudito como vine al mundo. Si acaso estaré cubierto por mi gato Gusifluky, pues tiene un papel notorio en el reportaje.
Nada les puedo adelantar sobre las fotos que aún no se han hecho, pero sobre las que ya han sido seleccionadas les cuento que en unas se me ve de uniforme, tanto en el de campaña como en el de gala; en otras estoy totalmente desnudo (pasé algo de vergüenza, pero me hace ilusión mostrarme "al natural", como los berberechos); y en otras visto ropa de calle, como cualquier civilón. En total publicaré unas veinte fotos, más no, porque se haría eterno cargar la página.
¿Y para cuándo será? Pues el lunes, o el martes a más tardar. Este fin de semana lo dedicaré a posar en algunos lugares que Alfredo me ha sugerido, y si todo va bien el lunes edito y publico la entrada. Ya va siendo hora de que me conozcan físicamente, y aunque no soy el hombre más guapo del mundo la verdad es que estoy bastante bien. Confío en que les guste mi imagen.
Si les parece, nos vemos el lunes. (O el martes a más tardar).
domingo, 7 de septiembre de 2008
Armas en miniatura... ¡que disparan de verdad!
Aunque hace muchos años que mi afición por las armas de fuego se entibió, no dejo de sentir atracción por esos ingenios mecánicos que usan la química y la física para convertir unos pocos gramos de metal en letales proyectiles.
Pues ahora me he encontrado en los procelosos mares de la internet con unas joyas cuya existencia desconocía, y como yo soy así de guay voy a mostrárselas. Observen esta pocholada, que en su diseño original era una ametralladora pesada, ahora miniaturizada y recamarada para el popular calibre deportivo .22 Long Rifle:
Y para acabar de alucinar no se pierdan este otro vídeo donde han hecho lo mismo con la legendaria ametralladora Gatling:
Magníficos juguetitos. No me digan que no les dan ganas de pedirlos a los Reyes Magos.
viernes, 5 de septiembre de 2008
El escarnio de la gabacha
Es noticia atrasada, pero no me resisto a comentarla porque estas cosas, si uno se las guarda dentro, se enquistan y acaban degenerando en úlceras y enfermedades mentales, o incluso en hemorroides, según sugieren algunos expertos.
Resulta que dos gogós masculinos de una discoteca mallorquina le han hecho algo muy feo a una francesita pija y gilipollas (y algo putilla también, que no es plan escatimarles datos, queridos lectores). Los luctuosos hechos vienen a ser estos:
La francesita desembarca de un yate recién atracado en la isla (eso de llegar en yate es muy significativo y ayudará a comprender lo que pasó después: la nena vive en un mundo rosa y no se ha enterado de que a ese mundo a veces le salen colmillos y se vuelve negro). Al igual que los marineros tras una larga travesía desafiando tormentas y matándose a pajas, cuando nuestra heroína pisa tierra firme se va de juerga. Los marineros alquilan putas portuarias, pero la pija franchute -guapa, rubia, provocativa- se va a una discoteca, convencida de que va a ligar con algún millonario (famoso a ser posible) de los muchos que veranean por esos lares. "Magcha, magcha, quiego magcha", va canturreando por el camino, toda feliz ella.
Una vez en la discoteca nuestra inocente fulanilla se toma un malibú con piña -o cualquier otra pijada similar- que rápidamente se le sube a la cabeza, y como además está acostumbrada a ser el centro de atención vaya adonde vaya, pues se le ocurre trepar a la gogotera y competir con los profesionales del baile lascivo. Sucede que allí están bailando un par de gogós brasileños, algo más lascivos de lo que la gabacha pija hubiera deseado. Los tipos ven a la rubita descocada y piensan: "Mira la puteira esta. Qué se habrá creído. Pues si tantas ganas tiene de fiesta, nosotros le vamos a dar fiesta. Pa que espabile". Acto seguido le suben la minifalda y le bajan las bragas. El coñé de la Lulú queda expuesto a la concurrencia, que lanza vítores y entona La Marsellesa.
"¡Olalá! Me han tratado como a una sogga, ¡a mua, que soy toda una madmuasel!" Y claro, se monta un dramón de padre y muy señor mío. La chorvi se presenta en el cuartelillo, histérica perdida, y narra la desgracia a los agentes:
-¡Mondié! ¡Esto es vegdadegamente intolegable! Esos hombgues abusagon de mua. Toda la discotequé vio mi popuguí, ¡hasta hisiegon fotos, los muy segdos! Tienen que deteneg a esos sátigos pegvegtidos, mondié.
-¡Mwajajaja!- se descojona el agente López hasta que el Cabo Rego lo reconviene.
-Cállese, López, y póngase a trabajar. Deténgame ipso facto a los truhanes.
Cuando López y Lulú salen del despacho Rego se queda a gusto:
-¡MWAJAJAJAJAJAJA...!
Sí, finalmente en esta historia los malos pagan, pero a mí me gusta pensar que cuando la niñata llega al hotel de veintiocho estrellas donde se aloja con la familia se produce la siguiente conversación con su señor padre:
-¡Mondié! ¡Esto es vegdadegamente intolegable...!- y bla bla bla...
El padre, mesié Ntomal, escucha a su hija la pija con gesto grave, y cuando ella termina de contarle la tragedia, dice:
-¿Lulú?
-Güi, se mua.
-¡Pues toma, por gilipuá!
Y le da dos monumentales bofetadas. Pa que espabile.
jueves, 4 de septiembre de 2008
Veinte años de mentiras
Andan los de siempre muy contentos. Nos cuentan que se cumplen veinte años desde que ingresó en las Fuerzas Armadas la primera mujer y lo celebran por todo lo alto. Hay cantamañanas a los que les chiflan los aniversarios, y si tienen alguna relación con las féminas tanto mejor. Pues bueno.
Lo que no les van a contar es que hace veinte años que el puterío se instauró en nuestros ejércitos. Tampoco les van a contar lo ineficaces que las mujeres son en el combate. Ni lo ineptas que se muestran para todo lo que no sea meterse bajo la mesa de un despacho y comer pollas. Pues bueno.
Por mí que las zurzan a [casi] todas.
jueves, 28 de agosto de 2008
Miedo artificial y amenazas prefabricadas
Si leen la prensa o ven la tele sabrán que en este país casi todos los varones adultos somos maltratadores de mujeres. Los pocos que se libran son pederastas. O eso se desprende de las alarmantes estadísticas que nos muestran y de los amarillistas titulares con los que ofenden nuestra inteligencia día sí y día también.
Recuerden el constante bombardeo de noticias cuyos titulares son, más o menos, así: "Desarticulada una red de pederastas en siete provincias"; "Un hombre mata a su ex novia en Villacascajo. Ya son tropecientas las víctimas de la violencia machista en lo que va de año"; "Una banda de pederastas que distribuía pornografía infantil por internet ha sido detenida. Entre los arrestados hay dos médicos y un profesor"; "Fallece la mujer que ayer recibió veinte puñaladas de su ex marido". Les suena, ¿verdad?
Hoy ser adulto y varón en España es una jodienda. Por defecto eres sospechoso de todo, y mientras no demuestres tu inocencia lo llevas crudo. Así están las cosas. A mí -lo digo muy en serio- me da miedo coincidir en el ascensor con alguna de mis vecinitas adolescentes. Cuando me veo en ese espacio tan reducido con alguna de ellas, los dos a solas, me pego a la pared y miro al techo deseando que ni se percate de mi existencia, no sea que le dé el capricho de acusarme por haberla rozado y me destroce la vida. Ponte después a decir que eres inocente, ¡JA!, que si la niña dice que la tocaste estás jodido.
En cuanto a esas redes de pederastas tan aparentemente abundantes, entérense de que no son (casi nunca) tales redes, sino un puñado de desgraciados a los que se les pilla descargándose algún archivo porno en el que aparecen menores, y muchas veces además se lo descargaron por error. Imagínense que buscan en emule u otro programa P2P la película de Disney Blancanieves. Comienzan a descargarla creyendo que en efecto se trata de esa película, y desde ese momento además están compartiendo el archivo porque así funcionan esos programas. Pero ocurre que eso que se están bajando llamado Blancanieves es en verdad un vídeo porno en el que aparecen unos niños, aunque ustedes no pueden saberlo, claro. Una semana después tienen a la poli llamando a su puerta, y ya se ha liado. Según los periódicos serán ustedes miembros de una red de pederastas. Así, por las buenas. Esto está pasando, así que refrénense un poco antes de linchar a nadie, por favor.
Sobre las mujeres maltratadas, no se fíen de las estadísticas que con tanta irresponsabilidad nos muestran los medios de comunicación (por cierto, ¿por qué no se habla de los hombres maltratados a manos de sus novias o esposas?). Según algunas de esas estadísticas en este bendito país la que no recibe hostias es porque ya la han matado. Sin embargo basta mirar a nuestro alrededor para comprobar que eso es mentira, y de esto saben mucho los policías, los jueces, los abogados... Desgraciadamente poco pueden hacer, salvo velar por el cumplimiento de la Ley, por disparatada que sea. Bueno, sí que podrían hablar alto y claro, y algunos se atreven a hacerlo, pero sus palabras caen en saco roto, por razones que ustedes y yo conocemos bien.
Alguien se ha propuesto que tengamos mucho miedo y que los unos desconfiemos de los otros. Las mujeres temen a los hombres porque están convencidas de que las vamos a hostiar en cuanto se descuiden. Los hombres desconfiamos de las mujeres porque basta que interpreten mal un achuchón cariñoso, o que se inventen una amenaza, para que acabemos entre rejas. Los menores creen que cualquier vecino adulto, cualquier profesor, o incluso cualquier policía es un pervertido que sólo piensa en abusar de ellos. Los adultos, especialmente los hombres, ya ni nos atrevemos a decirle a unos señores que su hija de once años está guapísima, porque eso nos convertirá inmediatamente en peligrosos pederastas a los ojos de sus desconfiados y atemorizados padres.
Y así vamos, viendo enemigos donde no los hay, en un susto permanente. Mientras tanto alguien, en algún lujoso despacho, se frota las manos y se vanagloria de su impunidad mientras sigue fabricándonos miedos y odios que mantengan nuestra atención alejada de la realidad.
"No penséis, solamente tened miedo los unos de los otros, y confiad en mí porque yo soy vuestra salvación", ese es su mensaje. Y yo me cago en el mensaje y en el mensajero.
lunes, 25 de agosto de 2008
"Yo no comulgo con un dios que deja vivos a los muertos"
Hola, tres lectores. Hoy os voy a hacer una confidencia que os habéis ganado. Resulta que llevo diez años en Cádiz y estoy hasta los cojones de ciertas conductas estafadoras y puteriles, muy frecuentes y celebradas por aquí; pero también diré que los Carnavales de Cádiz me confunden, porque esa poesía y esas voces (sin ser de profesionales) no pueden ser -no quiero que sean- obra de gentuza.
Cuando necesito llorar un rato (cosa que vosotros también necesitáis, no os las deis de duros), recurro a esa música carnavalera. Aquí os dejo una mínima muestra que he escogido porque es preciosa y porque va con mi escepticismo. Tal vez os cueste a algunos captar el acento gaditano, pero merece la pena escuchar esto:
domingo, 24 de agosto de 2008
Qué bonita es la tortura. Anson, oootra vez
(Esta entrada llega tarde pero con vigencia. La tenía casi concluida y olvidada entre otros borradores. Es momento de que vea la luz).
Ya me desahogué con él, pero quiero seguir haciéndolo por motivos diferentes en esta ocasión. Discúlpenme la reincidencia contra el vejete sátiro, pero es que hay gilipuás que dan motivos de réplica a pesar de mi buena y reconciliadora intención. De nuevo el señor Anson, académico de la Lengua, calificador de zorrones, periodista y tonto del culo, me exige teclear algo o de lo contrario exploto.
Pretende el clasificador de misses -con esa autoridad moral que le da el haber promocionado el puterío y el ser (sorprendentemente) un periodista reconocido y respetado por muchos- convencernos de las bondades de matar toros con previa tortura. Lo hace con estos argumentos:
“Los separatistas atacan a los toros, que son la identidad de España: a ella es a quien odian”. Esa afirmación de Andrés Amorós, en una entrevista publicada en EL IMPARCIAL, es verdad, pero sólo a medias. Hay secesionistas destacados en Cataluña y el País Vasco que la han emprendido contra los toros como fórmula para fragilizar a España. Nunca se les hubiera ocurrido herir a la Fiesta Nacional si no fuera porque consideran que debilitan así la unidad de nuestro país.
Hay secesionistas, sin embargo, y, sobre todo, hay muchos ciudadanos en toda la geografía nacional que rechazan los toros por considerar que se trata de un espectáculo cruel. Tienen derecho a pensar así y no se puede encuadrar a los antitaurinos en el antiespañolismo. Desde hace dos siglos al menos, el rechazo de la Fiesta de los Toros es permanente y se desarrolla sobre todo en un sector de la intelectualidad. Un periódico, de indubitado españolismo, “La Vanguardia”, se negaba antes de la guerra incivil a publicar noticias taurinas. Cuando había una cogida enviaba la información a la sección de sucesos.
Otra cosa es que igual que los antitaurinos tienen sus razones, los que defendemos la Fiesta Nacional tenemos también las nuestras. Y la principal es que los que atacan a los toros no se ocupan de prácticas infinitamente más crueles con otros animales. La pesca deportiva, por ejemplo, es de un salvajismo sumo para la sola diversión del pescador. Hasta que no se prohíba la pesca deportiva en Suecia, Noruega, Dinamarca y el resto de las naciones europeas, sería hipócrita abrir un debate sobre la Fiesta Nacional española. La Fiesta de los Toros proporciona, además, infinidad de puestos de trabajos, moviliza un renglón importante de nuestra economía y provoca en la poesía, la pintura, la escultura, la novela, el teatro, la ópera, muestras de extraordinaria belleza. Los toros es un ballet de arte y valor y, sin desdeñar la opinión de los que discrepan del espectáculo, somos muchos, entre ellos Ortega y Gasset, los que creemos que arroja un balance abrumadoramente positivo.
Luis María Anson
Le voy a hincar el diente a este tontarra, por muy académico que sea, porque motivos no me faltan para hacerlo en sus tres estúpidos parrafitos de mierda falaz. Empieza el Fernando Esteso de la Real Academia aprovechando las retorcidas (y absurdas) afirmaciones de no sé quién para acabar justificando con ridículos argumentos la matanza y tortura de toros. Si tras leer las majaderías de Anson aún les quedan ánimos, a continuación tienen la réplica de un cabeza de chorlito:
Comienzo exponiendo mis dudas sobre eso de llamar "fiesta nacional" al toreo. ¿Quién ha decidido que eso sea la "fiesta nacional" además de algún que otro salvaje como Anson? El fútbol (que es una bobada, aunque menos sangrienta) tiene muchos más seguidores que la tauromaquia, entonces, ¿por qué los sádicos aficionados a los toros se atribuyen la inmerecida categoría de "festivos nacionales"? Gentuza sádica y prepotente...
"Desde hace dos siglos al menos, el rechazo de la Fiesta de los Toros es permanente y se desarrolla sobre todo en un sector de la intelectualidad".
¡Ostras, Pedrín! A ver si va a resultar que pertenezco a un "sector de la intelectualidad" y no me he enterado. Coño, me esforzaré en expresarme con mucha corrección, no sea que me expulsen del "sector de la intelectualidad" ese.
"“La Vanguardia”, se negaba antes de la guerra incivil a publicar noticias taurinas. Cuando había una cogida enviaba la información a la sección de sucesos".
Pues me parece que "La Vanguardia" hacía muy bien, qué leches. Ahora viene lo bueno. Agárrense que vienen curvas:
"Y la principal es que los que atacan a los toros no se ocupan de prácticas infinitamente más crueles con otros animales. La pesca deportiva, por ejemplo, es de un salvajismo sumo para la sola diversión del pescador".
Señor Anson, seamos cautos con el uso del lenguaje, que usted es académico de eso: quienes atacan a los toros son las personas que como usted disfrutan con ese sanguinario espectáculo. Eso sí que es atacar a los toros, no me maree al personal. Más adelante se refiere a la "Fiesta Nacional" o "Fiesta del Toro" (sí, menuda fiesta para el toro, seguro que da saltos de alegría), pero en este párrafo opta por decir "los que atacan a los toros", en lugar de "los que atacan a la Fiesta Nacional", y me pregunto si no habrá en ello intención de confundir al lector.
Compara don Luis María, tal vez creyéndose gracioso, las corridas de toros con la pesca deportiva, de la que dice que es "de un salvajismo sumo" e "infinitamente más cruel". Llegados a este punto dudo si el señor Anson es oligofrénico o bromista. Vamos a ver, pedazo de zanahorio, ¿cómo vas a compararme el sistema nervioso de un pez con el de un mamífero? Además la pesca deportiva no es un espectáculo, por lo que no puede tener lo mucho de crueldad absurda que sí tiene eso que llamas Fiesta Nacional, así, con mayúsculas reverenciales que dicen algo sobre la clase de abyecto personajillo que eres. Mencionas, rijoso carcamal, que la pesca deportiva es para único disfrute del pescador y lo dices como si eso fuera malo, dejando claro así que lo que a ti te va es la crueldad pública, la sangre mediática, la muerte como diversión de masas.
"La Fiesta de los Toros proporciona, además, infinidad de puestos de trabajos..."
Me parece a mí que chirría un poco eso de los "puestos de trabajos", pero al tratarse de todo un académico lo achacaré a una simple errata. No me parece en cambio una errata que el señor Anson hable de "infinidad" de puestos laborales, más bien pienso que este tipo usa el lenguaje demasiado alegremente, por muy académico de la Lengua que sea. En cualquier caso, por mucho trabajo que dé la sangrienta tradición del toreo, eso no es motivo para mantenerla, porque todos esos currantes serían más útiles a la sociedad dedicándose a otros menesteres. Con un pico y una pala se pueden hacer grandes cosas.
"...y provoca en la poesía, la pintura, la escultura, la novela, el teatro, la ópera, muestras de extraordinaria belleza".
Toma ya. Las guerras, el hambre, las enfermedades, cualquier forma de violencia, y todo lo negativo que se nos pueda ocurrir también estimula el arte, ¿qué pretende demostrar con esto el señor Anson? Menuda mierda de argumento...
Ya termino, Luis Mari, coleguita, y perdóname el tono irreverente, pero es que mi respeto hay que ganárselo, y tú, cabroncete sádico, no estás haciendo méritos para ello. Con mediomachos salvapatrias como tú el resto de españoles deberíamos emigrar.
viernes, 22 de agosto de 2008
Familia Tárrega
El señor Tárrega se acaba de llevar el peor disgusto de su vida, aunque si hubiera sido un poco más observador el incidente no lo hubiera pillado desprevenido.
La señora Tárrega es una mujer de cuarenta y cuatro años, elegante, educada, culta, y aún muy guapa. Es una ama de casa abnegada que se entrega con gusto a las tareas del hogar y al cuidado de David, su único hijo.
David tiene ahora casi catorce años y es un muchacho vigoroso aunque demasiado retraído, en opinión de su padre. Le gusta estudiar y siempre obtiene excelentes notas sin esfuerzo. Se muestra distante con el señor Tárrega pero afectuoso y cómplice con su madre.
El señor y la señora Tárrega apenas mantienen relaciones sexuales, quizá no pasan de seis o siete coitos al año, a los que la señora se entrega sumisa pero desapasionadamente. A pesar de esto podría decirse que se trata de una familia bien avenida.
El señor Tárrega madruga mucho para ir a su trabajo, y dos horas después su esposa se levanta, prepara el desayuno para David y para ella y despierta a su hijo amorosamente. David, en realidad, suele estar despierto a esas horas, pero se hace el dormido para que su madre le susurre al oído mientras mete una cálida mano bajo el pijama y empieza a masturbarlo.
El niño tendría nueve años cuando su madre se la meneó por primera vez. Aquella experiencia fue grata para ambos, pero sobre todo para la señora Tárrega, quien se masturbó frenéticamente una vez que su hijo se fue al colegio. No recordaba haber estado tan excitada nunca. Para David, en cambio, fue un juego con el que no llegó a correrse y que lo dejó muy cachondo durante todo el día.
Desde entonces casi todas las mañanas David es masturbado o follado por su madre. Ella ha visto cómo su hijo empezaba a hacerse un hombre, cómo le aparecía el vello púbico, cómo se desarrollaba su pene hasta ser como es ahora, grueso como el de un adulto ya.
A los diez años el niño sintió el primer orgasmo de su vida -sin eyacular- mientras la señora Tárrega le hacía una experta felación. A partir de ahí siempre quiso más y más. En algunas ocasiones recurría a enfermedades imaginarias para no ir al colegio y quedarse en la cama jugando con su madre.
David tenía once años cuando manchó por primera vez la mano de su madre. Para ella fue tan placentero sentir aquellas salpicaduras de semen que agarró fuertemente la pequeña polla de su hijo y ella misma se corrió sin tocarse tan siquiera.
Luego, de manera sorprendentemente rápida, David empezó a acusar los efectos de la pubertad. Un día la señora Tárrega no pudo contenerse y montó sobre David. Ambos se corrieron casi al instante, y entonces la madre pensó en la posibilidad de un nada deseable embarazo. Para que eso no volviera a ocurrir, la señora Tárrega se aplicó con gran interés a instruir a su hijo para que eyaculara fuera de ella. La señora gozaba sintiendo la espesa leche de David mojando su piel, y también le gustaba saborearla y beberla, pero no podía permitir que su hijo se le corriera dentro, y tampoco estaba dispuesta a usar condones; no renunciaría al enorme placer de sentir ese pene desnudo llenando su coño.
Al principio David eyaculaba a los pocos segundos de sentir la húmeda y caliente mucosa vaginal de su madre envolviéndole la polla, pero con la práctica se convirtió en un maestro retardando el orgasmo, y sólo descargaba la leche al notar que su madre se corría entre gritos y convulsiones. Entonces sacaba el pene y escupía un abundante chorro de lefa sobre el cuerpo tembloroso de la señora Tárrega.
A veces la madre y el hijo salen al campo y follan al aire libre, o lo hacen en el coche, o incluso en los aseos de bares. Viven en un estado de excitación permanente que los hace ser descuidados. Sólo piensan en unirse, en encontrarse, en frotarse, en lamerse y en llenarse mutuamente de saliva, semen, sudor y fluido vaginal. En ocasiones follan en el baño mientras el señor Tárrega ve un partido de fútbol en el salón. Por tanto no era de extrañar que alguna vez los pillara, como así ha sido hoy.
El señor Tárrega se acaba de llevar el peor disgusto de su vida, aunque si hubiera sido un poco más observador el incidente no lo hubiera pillado desprevenido. El señor Tárrega, sin pronunciar palabra y con los ojos espantados vuelve al salón, se sienta en su sofá, mira la televisión sin ver el partido. Creo que está a punto de llorar, pero no lo hace.
Familia Tárrega. Sólo estas dos palabras se leerán en el frontispicio del modesto panteón que los Tárrega adquirieron hace unos años sin saber que se llenaría en un mismo día con tres cuerpos.
Pero esa es otra historia que aún no ha sucedido y no les puedo contar.
jueves, 21 de agosto de 2008
Diatriba poética a una mujer como tú
Versión en audio para vagos:
Cuán zorra eres, meretriz,
que de tan puta y ramera
todo pobre infeliz
portando billetera
puede ser tu amante
por detrás y por delante.
Es tu coño pestilente
guarida y escondrijo
de toda polla o pijo
mientras sea solvente.
Ay de aquel desgraciado cliente
que confunda tu celo mercenario
con amor puro y castizo
sin ver que es pecuniario,
falso y alquiladizo.
So putón verbenero,
desorejado pendón
al que follan por dinero,
impenitente zorrón,
infame puerca grosera
de vagina pesetera
y venal corazón,
repulsiva y barata iza,
putón irredento,
viciosa enfermiza,
monstruoso portento
del folleteo en venta,
maquiavélico talento
para follar bajo renta.
Por el asco que me das
hoy no te insultaré más
y acabo este breve escrito
comparándote con la Amparito,
la que se bajaba las bragas a pedos
y cuando del suelo estaban a dos dedos
a taconazos se las subía,
la muy perra y sucia arpía.
martes, 19 de agosto de 2008
Otro. Es que no escarmientan...

lunes, 18 de agosto de 2008
Lilit (y XI)
(Viene de aquí).
Por supuesto no maté a ningún demonio, y afortunadamente tampoco acabé con ninguna persona. Conmigo, en cambio, casi acaban el portero, sus amigos y cuanto cliente aficionado a la bulla estaba en Saurion esa noche. Para que no se me olvide aquel día en que perdí la cabeza conservo el recorte de un periódico:
Detenido un hombre en una discoteca por agredir a un empleado con una botella rota.
El agredido, portero de la conocida discoteca Saurion, se recupera de sus heridas. El agresor, al parecer con sus capacidades mentales mermadas, permanece hospitalizado bajo vigilancia policial ya que en la reyerta sufrió graves lesiones.
En la pasada madrugada, sobre la una y media, una patrulla del Cuerpo Nacional de Policía se presentó en la conocida discoteca Saurion alertada por las llamadas de clientes y empleados. Posteriormente procedieron a la detención de A.N.P., quien no obstante fue trasladado al hospital Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, donde permanecerá hasta que su estado permita que sea puesto a disposición judicial.
Según testigos presenciales, A.N.P. atacó por sorpresa al portero de la discoteca con los restos de una botella rota, causándole graves heridas en la cara que han necesitado de numerosos puntos de sutura. En ese momento algunos clientes y otros empleados de la discoteca redujeron al agresor, quien a su vez sufrió diversas fracturas y contusiones durante el forcejeo.
Se da la circunstancia de que A.N.P., siempre según los testigos, gritó en el momento de agredir a su víctima "¡muere, demonio!", lo que hace pensar a los funcionarios policiales que el agresor padece algún problema mental.
Je je. Astutos los funcionarios policiales, añadiría yo.
Ahora, casi dos años después de aquello, estoy en disposición de decirles que sé con seguridad que Lilit nunca existió salvo en mi desquiciada mente. Sé que no existen los demonios y lamento mucho lo que le hice al portero. Le he enviado sentidas cartas de disculpa a través del abogado, pero nunca me ha respondido. No lo culpo por ello.
Desde que el juez ordenó mi reclusión aquí no he vuelto a ver a Lilit, salvo en algunas pesadillas, en las que por cierto ya no la veo tan irresistiblemente bella, sino más bien envejecida y repulsiva. Supongo que la repentina remisión de aquellas alucinaciones tiene mucho que ver con el hecho de no haber vuelto a probar una gota de alcohol.
Hay días en los que me duelen los huesos allí donde me los rompieron. Parece que no todas las fracturas han soldado bien, y menos mal que me extirparon la costilla astillada que amenazaba con perforarme un pulmón.
Ya he pasado esa fase depresiva que me tenía tan ensimismado y apático cuando llegué aquí. Admito que sufrí una leve recaída cuando Sandra me comunicó que estaba embarazada de su actual novio y que se iba a vivir a la ciudad de él, y que por lo tanto ya no me visitaría más. Me pareció muy triste eso, pero lo he aceptado.
Alberto, en cambio, no falta ninguna semana. Me trae libros que ustedes deben aprobar, y me consta -me lo ha contado un pajarito- que una vez le impidieron entregarme El Club Dumas, de Pérez-Reverte; y en otra ocasión fue La Sombra del Viento, de Ruiz Zafón, el libro vedado; e incluso le pusieron pegas para que me regalara el Fausto, de Goethe. No se preocupen, no tengo la menor intención de leer ninguno de ellos. Creo que ya hubo demonios suficientes en mi vida.
El doctor Ramos me pidió que al escribir mi recuerdo de los hechos no olvidara mencionar lo que siento ahora acerca de la bebida. Muy bien, esto es lo que pienso: no quiero verla ni en pintura, y pueden estar seguros de que seguiré tomando el disulfiram y no faltaré a las reuniones de Alcohólicos Anónimos en cuanto salga de aquí.
La doctora Alonso, siempre tan práctica, se interesa por mis propósitos familiares y laborales cuando esté fuera de este centro. Pues bueno, me gustaría empezar a estudiar la carrera de psicología, pero antes necesito un trabajo, y aceptaré lo que salga. Igual me da ser peón de albañil que repartidor de pizzas, lo que quiero es sentirme útil. En cuanto a la familia... Je, me da un poco de vergüenza hablar de ello, pero allá voy:
Durante este tiempo me he hecho muy amigo de la celadora Expósito, no sé si la conocerán. Es la que les dije que estaba dispuesta a llevarme a vivir con ella mientras consigo trabajo y hasta que pueda pagarme un alquiler modesto. Tienen que haberse fijado en Expósito porque es una morenaza guapetona y muy simpática. A veces fantaseo con la idea de formar una familia con ella, y tengo razones para pensar que esa encantadora mujer estaría de acuerdo, aunque entenderán que no entre en detalles íntimos.
He terminado de contarles todo lo que querían saber. Si todo va bien en menos de dos meses me darán el alta y quizá pueda empezar una vida ordenada y moderadamente feliz. Y quizá no esté solo. Permítanme finalmente que les cuenta una insignificante anécdota acerca de la mujer que amo, para que vean lo buena chica que es: yo siempre la llamaba Expósito porque ese es el apellido que lleva prendido en el uniforme, pero tras varios meses llamándola así llegó una tarde en que la interrumpí durante su merienda, y ella, con esa sonrisa de dientes blanquísimos que contrastan con el color de su piel, me dijo:
-Menos formalidades, hombre, que todo el mundo me llama Eva- explicó mientras me ofrecía una manzana que sacó de su bolsa de la merienda.
viernes, 15 de agosto de 2008
Lilit (X)
(Viene de aquí).
El lunes no fui a trabajar, ni el martes, ni nunca más he vuelto a hacerlo, aunque espero encontrar pronto un trabajo. Ustedes me han prometido ayudarme, ya veremos. Dice el abogado que en un par de meses saldré de aquí, y yo no sé qué voy a hacer porque, como saben, el banco subastó mi casa al no poder pagar la hipoteca. Sin trabajo y sin vivienda, y con el miedo que le tengo al exterior, a veces pienso que me gustaría quedarme aquí para siempre, al menos es un sitio seguro y me tratan bien. Dice la celadora Expósito que me llevará con ella a su apartamento, pero no quiero ser una carga para esa mujer tan encantadora. Bueno, todo esto pertenece a un incierto futuro, y yo les estaba hablando de mi pasado.
Me piden que explique con detalle lo que pasó a continuación. Quisiera complacerlos, pero me temo que no va a ser fácil. Hablar de los días que siguieron a aquel domingo me resulta complicado. Intento tirar de memoria pero casi todo lo que rescato son fragmentos confusos, vagos fogonazos de lucidez entre tinieblas alcohólicas. Entiendan, por favor, que esta parte del relato sea imprecisa. Si necesitan datos más objetivos los encontrarán en las actas del proceso judicial:
Vaciando vaso tras vaso casi instalé mi domicilio en la discoteca Saurion. Algunas veces llegué a ver a Lilit, bailando desnuda o relacionándose con la clientela. En ocasiones la vi, lasciva, obscenamente, besando a desconocidos , dejándose sobar por ellos. Nunca pude hablar con ella porque cuando me acercaba se escabullía entre la muchedumbre que atestaba la sala. Creo recordar que en alguna ocasión el portero forzudo me echó de la sala porque, según él, estaba molestando a los clientes.
Un día el portero no me dejó entrar. Entonces lo odié a muerte, pero hoy comprendo que hizo bien. Yo llevaba días -o quizá semanas, porque por entonces había perdido la noción del tiempo- sin ducharme ni cambiarme de ropa. Tampoco me afeitaba y apenas comía. Creo que alguna vez me oriné encima y estoy seguro de que en varias ocasiones me ensucié con mis propios vómitos. Cuando el portero denegó mi acceso a Saurion debido a mi abandono higiénico comprendí que mi vida se había desmoronado, y sin embargo aún llegué a caer más bajo.
Durante un tiempo -creo que dos días- me mantuve sereno. Sentía tanta vergüenza de mí mismo, de ver en lo que me había convertido, que ni siquiera aceptaba las llamadas de Sandra, Alberto, o los compañeros de trabajo. Con mucho esfuerzo de voluntad me aseé y me puse ropa limpia. Luego decidí que iría a la discoteca Saurion por última vez para ver a Lilit y hablar con ella. O más exactamente, para despedirme de ella.
Con ese estado profundamente depresivo del que sale de una larga borrachera me había propuesto suicidarme. Como pueden ver no llegué a hacerlo, aunque casi hicieron el trabajo por mí.
Aquella vez el portero, aun mirándome con desconfianza, me dejó pasar. No vi a Lilit, pero ante la posibilidad de verla más tarde me puse tremendamente nervioso. Sentía que me faltaba el aire y notaba el corazón bombear con preocupante cadencia arrítmica: bom, bom... bom... bom, bom bom... bom... Empecé a beber para calmarme. Como supondrán, bebí demasiado.
No sé cuántas copas habría tomado cuando por fin vi a Lilit, más bella e irreal que nunca. Bailaba en la pista, con unos y con otros, frotándose con todos como una gata en celo. Cada vez que intentaba llegar hasta ella la perdía de vista para volver a localizarla en otro lugar, siempre igualmente lejos de mí. Siempre inalcanzable, lejana, quimérica.
Pasé varios minutos tras Lilit, tropezando con clientes, derramando bebidas, y recibiendo insultos. Parecía que la había perdido de vista definitivamente cuando la vi en una esquina oscura con el portero. Se besaban y lamían indecentemente, interrumpiéndose sólo para lanzarme miradas y carcajadas.
Entonces tuve claro que Asmodeo siempre había estado ante mis narices, y que Lilit sólo era una marioneta empleada por él para burlarse de mí y destruirme. Ya no aguanté más.
Haciendo de tripas corazón, aparentando indiferencia, fui hasta la barra y pedí otra copa. Mientras la camarera la servía le arrebaté la botella, la rompí contra el mostrador y antes de que alguien pudiera detenerme estaba frente a esos dos impúdicos demonios esgrimiendo la botella rota.
En ese momento todo -el universo entero- había desaparecido para mí. Un único deseo era todo mi mundo: matar a Asmodeo.
Lo que pasó inmediatamente después lo sé por las declaraciones de los testigos y por lo poco que la prensa dijo. Lo único que yo recuerdo es que en algún momento pensé: "Dios mío, qué difícil es matar a un demonio".
(Continuará. No prometo nada pero creo que ya sólo queda el capítulo final).
jueves, 14 de agosto de 2008
Lilit (IX)
(Viene de aquí).
Mi Lilit no podía ser aquella María, por supuesto. El asunto de los demonios y el parecido físico entre una y otra era sólo una coincidencia, por mucho que hubiera pesado en mí ánimo durante unos momentos. También podía tratarse de un simple cuento del portero.
Cada uno ensimismado en sus pensamientos volvíamos al coche de Sandra. Fue ella la primera en hablar:
-Adán, no te lo tomes a mal, por favor... Creo que necesitas ir al médico, y lo antes posible, o te veo acabando como la tal María.
Miré a Alberto preguntándole su opinión con la mirada pero él se limitó a encogerse de hombros. Quemé mi último cartucho proponiendo visitar el hotel Don Fernando. Si dábamos con el recepcionista que estaba de servicio la noche que pasé allí él no tendría inconveniente en reconocer la existencia de Lilit. No nos serviría para localizarla, pero al menos acabaría con el escepticismo de Sandra, al que empezaba a sumarse Alberto.
Luchando contra la indiferencia de mi amigo y la reticencia de mi ex novia logré llevarlos al hotel. Un hombre muy correcto y servicial montaba guardia tras el mostrador de recepción. Mostré mi documento de identidad y pedí al recepcionista que comprobara el registro de hospedados en la fecha en que estuve allí con Lilit, pero el empleado del hotel ni siquiera miró el carnet:
-Sí, señor, lo recuerdo. Efectivamente se alojó usted aquí en la fecha que menciona.
-Ajá. Recordará entonces a mi acompañante...
-¿Su acompañante? No entiendo, caballero.
-Verá, es difícil de explicar, pero el caso es que mis amigos se quedarían más tranquilos si les confirmara usted que esa noche estuve acompañado por cierta persona- dije señalando a Alberto y Sandra.
Era evidente que el recepcionista se sentía incómodo ante tan peculiar solicitud. Tecleó brevemente en el ordenador y dijo a continuación sin dejar de mirar la pantalla:
-Usted alquiló una habitación doble, con cama de matrimonio, señor. Abonó la cuenta con tarjeta de crédito y no hizo uso de ningún otro servicio del hotel, salvo varias consumiciones del mueble bar.
-Bien, pero, ¿sería tan amable de hacer una pequeña descripción de la mujer que me acompañaba? Sólo los detalles que mejor recuerde.
En ese momento era manifiesto el azoramiento del empleado. Se le notaba sinceramente afligido y no dejaba de echar rápidas miradas a mis amigos, especialmente a Sandra. Finalmente dijo:
-Lo lamento, caballero, pero no la recuerdo.
-¡Venga ya, hombre! Es imposible que me recuerdes a mí y te hayas olvidado de ella- estallé pasando al tuteo.
El infeliz miraba nerviosamente a Alberto y a Sandra, como pidiéndoles ayuda. Entonces tuve una sospecha sobre lo que estaba sucediendo:
-Ah, ya entiendo. Esta chica que me acompaña hoy no es mi esposa, ni mi novia, ni nada que se le parezca. Puedes hablar con libertad.
-Caballero, de verdad, esta situación es muy violenta para mí. Le digo que no recuerdo a ninguna mujer que acompañara al señor aquella noche. Si así fuera lo recordaría con seguridad porque...
-¿Porque qué?
-Porque yo mismo tuve que acompañarlo hasta su habitación dado que el estado de... ejem, de indisposición del señor le impedía llegar por su propio pie.
Recuerdo que en ese instante Alberto intentó sofocar una carcajada. Sandra agachó la cabeza y dijo: “Esto ya es demasiado”. El pobre recepcionista tenía una temblorosa sonrisa que no le abarcaba los ojos. Y yo... bah, yo quería morirme.
-Lo siento, señor. Y cuídese esa herida, que parece infectada- dijo el empleado cuando nos marchábamos.
En el trayecto de vuelta a casa Sandra y yo no pronunciamos palabra. Alberto en cambio se mostró dicharachero hablando de toda clase de banalidades, como si nada de lo que acababa de pasar hubiera sucedido.
Al llegar a casa, antes de salir del coche de Sandra, dije con poca seguridad que todo esto debía de tener alguna explicación, a lo que respondió Sandra inexpresivamente:
-Claro, Adán. Claro que tiene una explicación, y te la tiene que dar un psiquiatra.
-Algo tendrás que hacer, tío- añadió con timidez Alberto.
Pero no hice nada durante días, salvo añorar a Lilit y buscarla desesperadamente. Hasta que me enfrenté a Asmodeo, y fue entonces cuando realmente me arruiné la vida.
(Continuará. Dos o tres entradas más y acabamos, creo).
martes, 12 de agosto de 2008
Lilit (VIII)
(Viene de aquí).
Y allí estábamos el domingo los tres mosqueteros esperando en un bar a que Saurion abriera sus puertas. Sandra, taciturna, evitaba mirarme y cuando me dirigía a ella me respondía con monosílabos. Alberto no dejaba de bromear acerca de crucifijos y biblias, incluso llegó a sugerir que podríamos pasarnos por una iglesia cercana para robar unas gotas de agua bendecida. Por si acaso, dijo. Naturalmente ni Sandra ni yo le hicimos el menor caso.
Yo era un manojo de nervios. Antes de salir me tomé dos, o quizá tres whiskazos, pero de camino a Saurion Sandra me advirtió secamente:
-Como te acerques a una gota de alcohol la hostia de ayer se va a quedar chica en comparación con la que te voy a dar hoy.
Y créanme que lo decía en serio (la verdad es que me quedé en la gloria cuando Sandra decidió romper conmigo). Estando así las cosas opté por la abstinencia, a pesar de los nervios. Iba a ser la primera vez que vería a Lilit estando razonablemente sobrio y eso me provocaba inquietud.
A las nueve y siete minutos el portero al que Lilit había besado desvergonzadamente en mi presencia ocupó su puesto. Encabezados por la dispuesta Sandra nos introdujimos en la penumbra del local. Aún no había humo, pero la atmósfera de la sala tenía algo de opresivo. Nos atendió la única camarera que vimos, una chica de unos veinticinco años con notable aspecto de camaruta (una camaruta es una mezcla de camarera y puta). Pedí un zumo de piña mirando con envidia la ginebra que le servían a Alberto. Sandra pidió algo rarísimo cuyo nombre no recuerdo y que por supuesto no tenían. Tras pensar durante unos segundos pidió otra cosa aún más peregrina que dejó a la camaruta con cara de... bueno, con una expresión parecida a la que se le quedó a la lubina Rodolfa. Yo creo que a Sandra le gusta putear a la gente porque la gente la putea a ella en la peluquería. Al final se conformó con una Coca-Cola light, lo que le vendría bien porque se estaba poniendo como una foca.
-¿A qué hora viene Lilit? Suponiendo que trabaje hoy...- pregunté para no alargar más la incertidumbre.
-¿Y esa quién es?-preguntó a su vez la camaruta, quien a esas alturas debía de pensar que nos habíamos propuesto poner a prueba su paciencia.
-Sí, mujer, es una estríper que trabaja aquí. Una pelirroja alta con los ojos verdes. Tiene una bruja tatuada en el culo.
-Yo no me fijo en el culo de las estripers, hijo mío. Lo que sí te digo es que aquí trabajan tres niñas de esas y ninguna es la que tú dices. Está la Eli, que es morena y bajita; la Belinda, que también es morena y con los ojos negros; y otra que no me acuerdo cómo se llama pero que es rubia.
Noté que Sandra me miraba con las cejas arqueadas en irónico gesto de sorpresa. Seguí al ataque:
-No puede ser. La he visto trabajando aquí.
-Pues ni idea, chico. Igual es que trabaja en Saurion desde hace poco y yo todavía no la conozco, pero vamos, que no creo, eh.
Me aferré a esa posibilidad agradeciendo el silencio de Alberto y Sandra. Se me ocurrió entonces otra salida:
-Venga, acabad vuestras copas, que vamos a charlar con el portero. Ese sí que la conoce.
Sin embargo aquel maldito portero juraba no conocerla. Repugnante embustero de mierda. Intenté enfrentarlo a su descarada mentira:
-Vamos a ver si nos aclaramos: hace unos días salí de aquí con ella, y recuerdo perfectamente que te dio un besito al salir, ¡cómo no vas a saber quién es!
-Qué no, hombre, que no. Mira, yo me acuerdo de ti, pero cuando te he visto por aquí ibas siempre solo. ¿A que hace unos pocos días vomitaste en la puerta? ¿Ves como me acuerdo de ti? Aunque entonces no tenías ese tajo en la cara...
Era inútil insistir. Aquel tipo, por alguna razón, no estaba dispuesto a hablar de Lilit. Cuando salíamos dijo el portero a nuestra espalda:
-Si al menos me dijeras que la conociste hace bastante tiempo...
-¿Qué tiene eso que ver?-me volví esperanzado.
-Aquí tuvimos a una que coincide con la descripción, pero no va a ser ella, seguro.
-¿Por qué no?- preguntó esta vez Alberto.
-Porque se suicidó hará cosa de un par de años. Además no se llamaba Lilit, sino María. Que estaba todo lleno de demonios contaba unos días antes de quitarse de en medio. Se conoce que se le fue la cabeza a la pobre.
(Continuará. Creo que toca una visita a cierto hotel).


