AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

domingo, 10 de agosto de 2008

Lilit (VII)


(Viene de aquí).

Al llegar la noche de aquel día se reunieron conmigo Sandra y Alberto, quienes amablemente habían abandonado sus planes de nocturnidad sabática para intentar espabilarme "aunque fuera a hostias", en palabras de la siempre cariñosa Sandritilla. Durante la tarde los había llamado a ambos para hacerles un resumen de lo acontecido. Primero hablé con mi ex novia y luego con Alberto. Minutos más tarde era Sandra quien me llamaba a mí:

-¿A ti te gustaba o no te gustaba la comida china? No me acuerdo, chico.

-Sí, bueno... la soporto. ¿Por qué?

-Porque acabo de hablar con Alberto, y hemos decidido que nos vamos a cenar a tu casa. Nosotros llevamos la comida y la bebida, no te preocupes por nada. ¡Ah, y no limpies el espejo! Sentimos un asqueroso morbo por ver la obra de arte. Las dos obras de arte quiero decir, ya me entiendes.

Llegaron juntos y supe que eso no había sido casualidad. Era evidente que se habían citado antes de venir a mi casa, y no creía que fuese solamente para pagar a medias en el chino, sino más bien para ponerse de acuerdo en alguna estrategia contra mí. O a mi favor, no sé. Ya no estoy seguro de nada.

Me había cubierto la herida de la cara con una gasa, pero se empeñaron en verla nada más llegar. Tras muchos ruegos consentí en mostrarla, y supongo que eso tuvo la culpa de que durante la cena apenas comieran nada. Era un corte profundo e irregular que iba desde el pómulo izquierdo hasta casi el centro de la barbilla, en zigzag y rozando la comisura de los labios. Sospechaba que Lilit usó una de sus uñas para hacerlo.

La velada fue tensa y se pareció a un interrogatorio. Alberto hizo de poli bueno esgrimiendo el argumento de que Lilit o como se llamara me estaba tomando el pelo pero había ido demasiado lejos. Sandra, en el papel de poli malo, decía no creer en la existencia de esa mujer, y afirmaba que el corte me lo había hecho yo en un ataque de delirio alcohólico. Según ella los trazos del espejo -"COMENZÓ EL DOLOR"- eran obra mía, como mío había siso el SMS que le había mostrado un par de días antes.

Por mi parte estaba bien seguro de la existencia de Lilit, aunque no me creía todo ese rollo demoníaco y tal. Era de la opinión de Alberto: Lilit estaba jugando conmigo, pero se le había ido la mano. Debo admitir que la madrugada anterior, mientras Lilit hablaba, me sentí hipnotizado por su discurso y creí ciegamente cuanto decía, pero en mi descargo está el hecho de ir bebido, y ya sabemos todos que eso altera la percepción de la realidad. Junto a mis amigos, con los que estaba compartiendo una Coca-Cola familiar, todo parecía distinto, más prosaico y sencillo.

-Mañana, en cuanto abra la Saurion, nos plantamos allí antes de que se llene de gente. Preguntaremos por la niña esa- dijo Sandra tras un buen rato de silencio.

-¿Vais a ir?- pregunté alarmado, temiéndome algún numerito de tirones de pelo y bofetadas, porque Sandritilla es mucha Sandritilla y yo sé que en algún momento tras nuestra ruptura había decidido que a mí sólo me daba por el culo ella.

-No, Adán, no has entendido bien. VAMOS a ir. O sea, que tú también vienes, y nos presentas a la arpía aficionada a la cirugía plástica, a ver qué puede hacer con mi papada- corrigió Alberto.

-Esto ya lo teníais planeado vosotros dos, ¿verdad?

No me respondieron, ni falta que hacía. En lugar de ello concretaron los detalles sin molestarse en someterlos a mi beneplácito. Sentí que las riendas de mi vida estaban en manos de otras personas, ya fueran estas unos amigos bienintencionados o una bailarina putilla con pretensiones de diablesa. Tampoco me importó mucho porque estaba emocionalmente agotado, así que no protesté.

Según Alberto la discoteca Saurion abría los domingos a las nueve de la noche -lo había consultado en la página web del propio local-. Sandra usaría su coche para recoger a Alberto, que vivía más cerca de ella que yo, a las ocho y cuarto. Alrededor de las ocho y media llegarían a mi calle y me recogerían a mí. Si todo iba bien estaríamos en Saurion aproximadamente a la hora de apertura.

-Y cuando estemos allí, ¿qué?- pregunté yo.

-Nada, hablaremos con ella, la invitaremos a una copa y le pediremos explicaciones por esa marca que te ha hecho, pero todo de muy buen rollo, como si nos cayera bien esa guarra. Tú tranqui, Adán, que no habrá espectáculos desagradables. Yo sólo quiero asegurarme de que te puedo dejar solo con ella- dijo Alberto.

-Eso suponiendo que la encantadora Lilit exista, cosa que dudo- terció Sandra.

Ignoré ese comentario y seguí preguntando detalles sobre el plan:

-¿Se os ha ocurrido pensar que quizá no trabaje mañana? Yo no lo sé. En realidad apenas sé nada de ella.

-Y lo poco que sabes puede que no sea cierto, amigo mío- insistió Alberto-, pero sí hemos pensado en ello. En ese caso nos podrán informar de cuándo trabaja, y volveremos al ataque ese día y a esa hora.

-O bien podremos demostrarte que tu Lilit sólo está en esa cabeza delirante y alcohólica que tienes- remató Sandra con su natural diplomacia.

Poco más se habló de interés aquella noche. Cuando se marchaban, ya estando a la espera del ascensor, Sandra pidió a Alberto que bajara solo y la esperara unos segundos; quería hablar conmigo.

Al quedarnos solos mi ex novia me miró fijamente sin decir nada durante larguísimos segundos. Luego empezó a acariciar con extremo cuidado mi mejilla izquierda. Finalmente dijo con voz débil y entrecortada, cerca del llanto:

-Eres un cabrón, Adán. Sé que la quieres, no sé por qué la quieres pero la quieres, de eso estoy segura. Te has inventado una mujer diabólica y la amas más de lo que nunca me amaste a mí, con lo real que yo soy... y con lo que yo te quise.

No me dio tiempo para responderle pero me dio otra cosa: un fortísimo guantazo -tuvo la humanidad de propinármelo en la mejilla sana-. Inmediatamente echó a correr escaleras abajo, y allí me quedé yo, con mi humillación y con las dos mejillas doloridas por sendas mujeres.

(Continuará, y ya no falta mucho para el final).

9 comentarios:

kitty_wuuuu dijo...

Sandra da PUTO ASCO. En serio, se pasa de protectora. Es su ex, no su padre.

Javi (el de la osera) dijo...

Enganchadito me tienes. Ganas de ver en que queda la cosa...

Doctora Yvonne dijo...

Estimado Leónidas,
vengo leyendo todo tu cuento, -más por cariño hacia ti que por tus dotes literarias-, pero esta última entrada no la he leído aún, porque me parece demasiado larga...

¿Tendrías a bien cortarla un poco, querido, para mí?

Lola dijo...

Yo te la resumo: el asesino es el mayordomo.

Empiezo a preguntarme de dónde sale tanta groupie... Sin mala fe, aunque casi nadie me creerá.

Lola.

Eva dijo...

Ya me he puesto al día, Leo.
Está muy interesante. Veremos en qué acaba todo.
:)
Besos.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Jelou a todos.

Kitty:

Yo creo que lo de Sandra no es sólo instinto de protección, sino que en el fondo quiere aún a Adán.

Javi:

Mantén esas ganas, porfi. Ya queda poco. Te adelanto que no será uno de mis finales sangrientos, creo.

Yvonne:

Estrenando blog, eh. Muy bien, pero no seas impertinente pidiendo que modifique mis entradas a tu gusto, que ya ves las cosas que te responden.

Lola:

Yvonne es vieja amiga de DCC, y yo creo que su comentario era broma. Le gusta tocarme las narices, eso es todo.

Yo también me pregunto de dónde sale tanta groupie, pero para serte franco me jode que tú te lo preguntes: ¿acaso crees que no las merezco? Además, qué coño, ¡tú eres otra de mis groupies!

Eva:

Gracias por el esfuerzo. Un poquito más de paciencia (unas dos o tres entradas más) y esto se acaba.

Gracias a todos los que estàis ahí.

annabel dijo...

¿Que significa groupie?
¿Soy una groupie?
Aún voy por esta entrada de Lilit, no saco mucho en claro, excepto que te tocan los cataplines los efectos retardados, y que has retratado a la perfección el perfil de la tal Sandra, mucho de boquilla y después ná de ná, una blandengue, vaya, mira que darte la bofetada en la mejilla sana... eso si que es ser una santa.

Soy groupie... me quedé pensando.
El adjetivo suena bien, voy a buscar el significado en Google.
Veremos qué tal me sienta y eso...

annabel dijo...

No es novedad que detrás de todo hombre, hay una gran mujer. O varias. Y sobretodo si estamos hablando de estrellas de rock, con esos aires rebeldes y de libertad absoluta. Estas groupies fueron incondicionales, infieles, arrebatadas, sensibles, hermosas, raras y libres.

Una groupie no sólo busca un inocente autógrafo, sino que va mucho más allá y pretende tener cierta intimidad con ese objeto de admiración y deseo.

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... Y una Mierda!!!!!!

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

¡Mwajajaja...!