AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

jueves, 14 de agosto de 2008

Lilit (IX)


(Viene de aquí).

Mi Lilit no podía ser aquella María, por supuesto. El asunto de los demonios y el parecido físico entre una y otra era sólo una coincidencia, por mucho que hubiera pesado en mí ánimo durante unos momentos. También podía tratarse de un simple cuento del portero.

Cada uno ensimismado en sus pensamientos volvíamos al coche de Sandra. Fue ella la primera en hablar:

-Adán, no te lo tomes a mal, por favor... Creo que necesitas ir al médico, y lo antes posible, o te veo acabando como la tal María.

Miré a Alberto preguntándole su opinión con la mirada pero él se limitó a encogerse de hombros. Quemé mi último cartucho proponiendo visitar el hotel Don Fernando. Si dábamos con el recepcionista que estaba de servicio la noche que pasé allí él no tendría inconveniente en reconocer la existencia de Lilit. No nos serviría para localizarla, pero al menos acabaría con el escepticismo de Sandra, al que empezaba a sumarse Alberto.

Luchando contra la indiferencia de mi amigo y la reticencia de mi ex novia logré llevarlos al hotel. Un hombre muy correcto y servicial montaba guardia tras el mostrador de recepción. Mostré mi documento de identidad y pedí al recepcionista que comprobara el registro de hospedados en la fecha en que estuve allí con Lilit, pero el empleado del hotel ni siquiera miró el carnet:

-Sí, señor, lo recuerdo. Efectivamente se alojó usted aquí en la fecha que menciona.

-Ajá. Recordará entonces a mi acompañante...

-¿Su acompañante? No entiendo, caballero.

-Verá, es difícil de explicar, pero el caso es que mis amigos se quedarían más tranquilos si les confirmara usted que esa noche estuve acompañado por cierta persona- dije señalando a Alberto y Sandra.

Era evidente que el recepcionista se sentía incómodo ante tan peculiar solicitud. Tecleó brevemente en el ordenador y dijo a continuación sin dejar de mirar la pantalla:

-Usted alquiló una habitación doble, con cama de matrimonio, señor. Abonó la cuenta con tarjeta de crédito y no hizo uso de ningún otro servicio del hotel, salvo varias consumiciones del mueble bar.

-Bien, pero, ¿sería tan amable de hacer una pequeña descripción de la mujer que me acompañaba? Sólo los detalles que mejor recuerde.

En ese momento era manifiesto el azoramiento del empleado. Se le notaba sinceramente afligido y no dejaba de echar rápidas miradas a mis amigos, especialmente a Sandra. Finalmente dijo:

-Lo lamento, caballero, pero no la recuerdo.


-¡Venga ya, hombre! Es imposible que me recuerdes a mí y te hayas olvidado de ella- estallé pasando al tuteo.

El infeliz miraba nerviosamente a Alberto y a Sandra, como pidiéndoles ayuda. Entonces tuve una sospecha sobre lo que estaba sucediendo:

-Ah, ya entiendo. Esta chica que me acompaña hoy no es mi esposa, ni mi novia, ni nada que se le parezca. Puedes hablar con libertad.

-Caballero, de verdad, esta situación es muy violenta para mí. Le digo que no recuerdo a ninguna mujer que acompañara al señor aquella noche. Si así fuera lo recordaría con seguridad porque...

-¿Porque qué?

-Porque yo mismo tuve que acompañarlo hasta su habitación dado que el estado de... ejem, de indisposición del señor le impedía llegar por su propio pie.

Recuerdo que en ese instante Alberto intentó sofocar una carcajada. Sandra agachó la cabeza y dijo: “Esto ya es demasiado”. El pobre recepcionista tenía una temblorosa sonrisa que no le abarcaba los ojos. Y yo... bah, yo quería morirme.

-Lo siento, señor. Y cuídese esa herida, que parece infectada- dijo el empleado cuando nos marchábamos.

En el trayecto de vuelta a casa Sandra y yo no pronunciamos palabra. Alberto en cambio se mostró dicharachero hablando de toda clase de banalidades, como si nada de lo que acababa de pasar hubiera sucedido.

Al llegar a casa, antes de salir del coche de Sandra, dije con poca seguridad que todo esto debía de tener alguna explicación, a lo que respondió Sandra inexpresivamente:

-Claro, Adán. Claro que tiene una explicación, y te la tiene que dar un psiquiatra.

-Algo tendrás que hacer, tío- añadió con timidez Alberto.

Pero no hice nada durante días, salvo añorar a Lilit y buscarla desesperadamente. Hasta que me enfrenté a Asmodeo, y fue entonces cuando realmente me arruiné la vida.

(Continuará. Dos o tres entradas más y acabamos, creo).

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues yo creo que Lilit es la hija del demonio, Sandra es la hostia como persona y mejor aún (si cabe) como peluquera, Alberto pasa de todo porque no es muy normal que digamos, María (descanse en paz) nunca consiguió terminar su estupenda carrera (afortunadamente para el resto de la humanidad) y el pobre Adán bebe más alcohol que yo fumo porros.

MO.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Te exijo, MO, que nos cuentes qué carrera es esa que no terminó María. A ver si tienes cojones.

Anónimo dijo...

¿Exigir? JAJAJAJAJA! ¿quién cojones eres tú para exigir nada a nadie, cielo?

Además, no te me pongas tenso que yo sólo me inventaba una respuesta imaginaria a tu estupendo cuento imaginario.
Si la tal María tiene una carrera házmelo saber para ir a la tele a contar que tengo súper mega poderes y eso.

Jódete.


MO.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Mira que eres borde, tía. Pues yo te diré que María era licenciada en Derecho y opositora a Judicatura. ¿Te imaginas una juez estríper?

kitty_wuuuu dijo...

Hay niñeras stripper: Ana Obregón.
Esto ya es todo el rato lo mismo. Publica ya el final, ¿no?

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

¿Te aburres, Kitty? Va el final:

Como ya le dijo Lola a Yvonne, el asesino es el mayordomo. Ya puedes dejar de leer este cuento.

Jack Blake dijo...

Me he enzarzado en seguir leyendo este cuento, y he aqui que me hallo, más perdido que un elefante en la famosa cacharrería de siempre. Es decir, en la que se meten todos los elefantes de los anecdotarios anecdóticos. Por lo que no me queda otra alternativa, que clavarme al suelo y decir lo que pienso de todo este lio.
Creo que, el autor del cuento no bebe nada. Y que intenta convencernos que la bebida produce alucinaciones, igual que cualquier otra droga, dura o blanda, líquida, sólida o gaseosa. Llegados hasta ahí, cabe preguntarse, si el autor se ha vuelto moralista a la vejez. Yo creo que no, sino que intenta convencerse a si mismo, de que la bebida es perjudicial para el cerebro, aunque sea buena pal colesterol. Jode al higado como a los conejos los jode la misomatosis. Y, por ultimo, ya termino, si el autor del cuento, consigue inyectarnos sugestiva y subliminalmente, que los males de la humanidad y las barbaries, son producto de la bebida. Tal vez, sólo tal vez, él deje la bebida para siempre, pues llegará a convencerse plenamente, aunque sea escribiendo cuentos.
Vamos que, para llegar hasta ahí, tuve que ver en Wikipedia, el significado de sucubo, que no es lo mismo que osobuco.
Las cosas que hay que hacer, para entender un blogger. Un saludo.

Niñata inocentona dijo...

Yo, la verdad, es que no he leido mucho el cuentecillo este, vengo mas que nada a leer los comentarios que son los que valen realmente la pena y eso.


Fans de MO.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Jack Blake:

Efectivamente, Jack: un súcubo (no confundir con un íncubo, que es lo mismo pero en nene) no tiene nada ver con un osobuco (yo también he tenido que tirar de Google para saber qué narices es el osobuco u ossobuco).

No pretendo dar charlas moralistas a nadie, Blake, pero sí aciertas al decir que el autor del cuento no bebe nada. Abstemio total que soy, vamos. Tócate los cojones.

Niñata Inocentona:

Lo último que necesitamos aquí es que envalentonen a MO. Vamos a llevarnos bien, Niñata Inocentona.

Blanca dijo...

Despúes de la intentona de Adán en demostrar que Lilit existe, y dados los resultados, creo que ni Sandra ni Alberto le van a creer, pueden hasta pensar que Adán se autolesiona y que está en un estado de locura, muy avanzado y su ayuda se va a centrar en llevarlo al Psiquiatra y a una asociación de esas de alcohólicos. Creo que Adán lo tiene crudo.
Un saludo

Eva dijo...

Puff. Yo no quiero creer nada todavía.
Paciencia y cuando llegue el ansiado final...
Besos, Leo.

kitty_wuuuu dijo...

Así con tanta acritud no me gusta. Ponlo bonito.

nomolamos dijo...

dios!!!!
esto esta que arde, desde luego tengo mucha empatía con adan, porque la lilith me esta poniendo de los nervios, JODER!!!!
cuando vaya al sicologo que me pida cita a mi tambien, a ver si nos hace descuento de grupo, porque lo vamos a necesitar,
me tienes en escuas LEO, como mola!!!
besos mil