Un blog escrito bajo severas dosis de etanol.

domingo, 10 de agosto de 2008

Lilit (VII)


(Viene de aquí).

Al llegar la noche de aquel día se reunieron conmigo Sandra y Alberto, quienes amablemente habían abandonado sus planes de nocturnidad sabática para intentar espabilarme "aunque fuera a hostias", en palabras de la siempre cariñosa Sandritilla. Durante la tarde los había llamado a ambos para hacerles un resumen de lo acontecido. Primero hablé con mi ex novia y luego con Alberto. Minutos más tarde era Sandra quien me llamaba a mí:

-¿A ti te gustaba o no te gustaba la comida china? No me acuerdo, chico.

-Sí, bueno... la soporto. ¿Por qué?

-Porque acabo de hablar con Alberto, y hemos decidido que nos vamos a cenar a tu casa. Nosotros llevamos la comida y la bebida, no te preocupes por nada. ¡Ah, y no limpies el espejo! Sentimos un asqueroso morbo por ver la obra de arte. Las dos obras de arte quiero decir, ya me entiendes.

Llegaron juntos y supe que eso no había sido casualidad. Era evidente que se habían citado antes de venir a mi casa, y no creía que fuese solamente para pagar a medias en el chino, sino más bien para ponerse de acuerdo en alguna estrategia contra mí. O a mi favor, no sé. Ya no estoy seguro de nada.

Me había cubierto la herida de la cara con una gasa, pero se empeñaron en verla nada más llegar. Tras muchos ruegos consentí en mostrarla, y supongo que eso tuvo la culpa de que durante la cena apenas comieran nada. Era un corte profundo e irregular que iba desde el pómulo izquierdo hasta casi el centro de la barbilla, en zigzag y rozando la comisura de los labios. Sospechaba que Lilit usó una de sus uñas para hacerlo.

La velada fue tensa y se pareció a un interrogatorio. Alberto hizo de poli bueno esgrimiendo el argumento de que Lilit o como se llamara me estaba tomando el pelo pero había ido demasiado lejos. Sandra, en el papel de poli malo, decía no creer en la existencia de esa mujer, y afirmaba que el corte me lo había hecho yo en un ataque de delirio alcohólico. Según ella los trazos del espejo -"COMENZÓ EL DOLOR"- eran obra mía, como mío había siso el SMS que le había mostrado un par de días antes.

Por mi parte estaba bien seguro de la existencia de Lilit, aunque no me creía todo ese rollo demoníaco y tal. Era de la opinión de Alberto: Lilit estaba jugando conmigo, pero se le había ido la mano. Debo admitir que la madrugada anterior, mientras Lilit hablaba, me sentí hipnotizado por su discurso y creí ciegamente cuanto decía, pero en mi descargo está el hecho de ir bebido, y ya sabemos todos que eso altera la percepción de la realidad. Junto a mis amigos, con los que estaba compartiendo una Coca-Cola familiar, todo parecía distinto, más prosaico y sencillo.

-Mañana, en cuanto abra la Saurion, nos plantamos allí antes de que se llene de gente. Preguntaremos por la niña esa- dijo Sandra tras un buen rato de silencio.

-¿Vais a ir?- pregunté alarmado, temiéndome algún numerito de tirones de pelo y bofetadas, porque Sandritilla es mucha Sandritilla y yo sé que en algún momento tras nuestra ruptura había decidido que a mí sólo me daba por el culo ella.

-No, Adán, no has entendido bien. VAMOS a ir. O sea, que tú también vienes, y nos presentas a la arpía aficionada a la cirugía plástica, a ver qué puede hacer con mi papada- corrigió Alberto.

-Esto ya lo teníais planeado vosotros dos, ¿verdad?

No me respondieron, ni falta que hacía. En lugar de ello concretaron los detalles sin molestarse en someterlos a mi beneplácito. Sentí que las riendas de mi vida estaban en manos de otras personas, ya fueran estas unos amigos bienintencionados o una bailarina putilla con pretensiones de diablesa. Tampoco me importó mucho porque estaba emocionalmente agotado, así que no protesté.

Según Alberto la discoteca Saurion abría los domingos a las nueve de la noche -lo había consultado en la página web del propio local-. Sandra usaría su coche para recoger a Alberto, que vivía más cerca de ella que yo, a las ocho y cuarto. Alrededor de las ocho y media llegarían a mi calle y me recogerían a mí. Si todo iba bien estaríamos en Saurion aproximadamente a la hora de apertura.

-Y cuando estemos allí, ¿qué?- pregunté yo.

-Nada, hablaremos con ella, la invitaremos a una copa y le pediremos explicaciones por esa marca que te ha hecho, pero todo de muy buen rollo, como si nos cayera bien esa guarra. Tú tranqui, Adán, que no habrá espectáculos desagradables. Yo sólo quiero asegurarme de que te puedo dejar solo con ella- dijo Alberto.

-Eso suponiendo que la encantadora Lilit exista, cosa que dudo- terció Sandra.

Ignoré ese comentario y seguí preguntando detalles sobre el plan:

-¿Se os ha ocurrido pensar que quizá no trabaje mañana? Yo no lo sé. En realidad apenas sé nada de ella.

-Y lo poco que sabes puede que no sea cierto, amigo mío- insistió Alberto-, pero sí hemos pensado en ello. En ese caso nos podrán informar de cuándo trabaja, y volveremos al ataque ese día y a esa hora.

-O bien podremos demostrarte que tu Lilit sólo está en esa cabeza delirante y alcohólica que tienes- remató Sandra con su natural diplomacia.

Poco más se habló de interés aquella noche. Cuando se marchaban, ya estando a la espera del ascensor, Sandra pidió a Alberto que bajara solo y la esperara unos segundos; quería hablar conmigo.

Al quedarnos solos mi ex novia me miró fijamente sin decir nada durante larguísimos segundos. Luego empezó a acariciar con extremo cuidado mi mejilla izquierda. Finalmente dijo con voz débil y entrecortada, cerca del llanto:

-Eres un cabrón, Adán. Sé que la quieres, no sé por qué la quieres pero la quieres, de eso estoy segura. Te has inventado una mujer diabólica y la amas más de lo que nunca me amaste a mí, con lo real que yo soy... y con lo que yo te quise.

No me dio tiempo para responderle pero me dio otra cosa: un fortísimo guantazo -tuvo la humanidad de propinármelo en la mejilla sana-. Inmediatamente echó a correr escaleras abajo, y allí me quedé yo, con mi humillación y con las dos mejillas doloridas por sendas mujeres.

(Continuará, y ya no falta mucho para el final).

viernes, 8 de agosto de 2008

Lilit (VI)


(Viene de aquí).

-Respóndeme: ¿quién eres, maldita?-insistí.

-¿Estás seguro de querer hablar de eso, querido?

No, no estaba seguro, sin embargo cuanto antes resolviera mis dudas antes llegaría la paz que necesitaba.

-Habla de una vez, quien quiera que seas. Cuéntamelo todo: por qué me responde un hombre cuando llamo al número de teléfono que me diste; por qué has jugado conmigo a costa de mi nombre; por qué has venido tan tarde...; y por qué te quiero tanto.

Lilit me miraba divertida, con sonrisa tenue y mirada pícara me indicó que tomara asiento mediante un garboso ademán de su mano derecha. Por lo visto la explicación sería larga. Esto es, más o menos, lo que escuché:

-Te advertí que nunca me pidieras explicaciones, pero tu ingenuidad es tal que me apiadaré de ti y te diré quién soy. Adán, pobre humano frágil y necio, hay más cosas en el mundo de las que tú crees. Habéis decidido, con vuestra soberbia y vuestra ignorancia, que sois lo único valioso e inteligente. Me río de vuestro escaso y efímero valor, y más aún me río de vuestra pretendida inteligencia que no es sino ineptitud agravada con petulancia. Ay, Adán, insignificante bufón, si supieras cómo nos burlamos de vosotros...

``Somos legión, estamos en todas partes, visibles unas veces, invisibles otras. Todo, absolutamente todo cuanto os sucede en vuestra fugaz existencia, bueno y malo, es obra nuestra: cada guerra que estalla y cada paz firmada; cada premio en cada juego de azar y cada ludopatía que arruina a una familia; cada parturienta que muere dando a luz y cada niño nacido sano; cada hombre enamorado y cada crimen pasional; cada avión que se estrella y cada avión que aterriza sin novedad; cada lágrima y cada sonrisa; cada muerte y cada salvación milagrosa.... Todo, Adán, todo nos lo debéis.

``Mucho habéis escrito sobre nosotros y pocos sois los que nos conocéis. Inventáis dioses para conjurarnos, y nosotros usamos esas invenciones para volverlas contra vosotros y hacer que os matéis en nombre de esos ídolos, ¡cuán simples y manipulables sois, tristes payasos! Si existen dioses esos dioses somos nosotros, aunque en nada nos parecemos al concepto divino que habéis inventado los humanos. Demonios, nos llamáis, y pensáis que somos los antagonistas de vuestros ídolos absurdos, pero no existen tales ídolos, desgraciados ilusos; sólo estamos nosotros y vosotros.

``¿Y yo quién soy?, quieres saber. Llámame como te plazca, el nombre es lo de menos. Soy un súcubo y soy tu ama. Soy tu diosa y seré tu perdición. Soy tu principio y tu final. Soy lo que deseas y lo que más temes. Pregúntate mejor quién eres tú: eres el juguete que aún no he roto, pero que, dalo por hecho, acabaré rompiendo; eres el osito de peluche que acabará desmembrado y tuerto en un cubo de basura; eres el chicle que se queda sin sabor y se escupe en la acera donde será pisoteado hasta desaparecer; eres el pastel de nata que una niña caprichosa y glotona va a devorar; eres mi fuente de alimento y diversión. Y empiezo a cansarme de ti, desdichada criatura.

``Pero esta noche aún es pronto. Esta noche vamos a divertirnos juntos. Ahora tu placer será mi alimento; tiempo habrá para nutrirme de tu dolor.

Lilit se incorporó, me cogió de la mano y me llevó hasta el dormitorio. Sentí un escalofrío al comprobar que sabía qué pasillos cruzar y qué puertas abrir para llegar hasta mi cama, como si hubiera estado ya antes allí.

Follamos salvajemente durante horas. Cuando amaneció, Lilit se aplicaba chupando mi polla para obtener la enésima erección. Eso es lo último que recuerdo hasta que bien entrada la tarde desperté, agotado y solo.

Somnoliento y con una desagradable sensación de irrealidad fui al aseo. Allí, en el espejo, vi algo que me terminó de despertar: un gran corte cubierto de sangre coagulada me cruzaba la mejilla izquierda; y escrito en el espejo, con toscas letras trazadas con sangre, la rotunda frase "COMENZÓ EL DOLOR".

(Continuará, lo prometo).

jueves, 7 de agosto de 2008

Lilit (V)


(Viene de aquí).

Cuando me levanté a la mañana siguiente la cabeza me dolía horrores y tenía la boca tan seca como la vagina de una abuela devota en misa dominical. Llamé al trabajo para avisar de que no iría, aunque antes tuve que beber como veinte litros de agua. Casi no me tenía en pie, pero por Lilit hice el esfuerzo sobrehumano de llegar hasta el mercado y comprar una lubina de tamaño razonable para dos personas.

Me pasé el resto de la mañana en la cama, dándole vueltas al extraño asunto del mensaje enviado y recibido por mi propio teléfono. Sopesé la posibilidad de que Sandra, durante los segundos que lo tuvo entre sus manos, hubiera reenviado el mensaje a mi número y a continuación hubiera borrado el original, pero esa esperanza era insostenible por la fecha de envío.

Llegué a la siguiente conclusión: al recibir el mensaje, como estaba bastante borracho, manipularía torpemente el teléfono de tal manera que me reenvié el texto y posteriormente borré el original creyendo que estaba borrando la copia. Sí, sin duda era eso lo que había pasado, aunque no pudiera recordarlo.

Claro que había otra posibilidad, pero me negaba a tenerla en cuenta. Ahora mis esfuerzos debían invertirse en prepararme para la visita de Lilit.

Dediqué la tarde a limpiar, fregar, ocultar ropa sucia, perfumarlo todo, poner sábanas limpias... en fin, esas cosas que hacemos los hombres cuando tenemos a la vista una noche de sexo con una mujer que de veras nos interesa. A las ocho y media comencé con los preparativos de la cena. Había tiempo de sobra, pero no cocinaba una lubina a la sidra desde hacía años y antes de eso sólo lo hice en un par de ocasiones, por eso quería ir con calma.

A las diez menos cuarto la lubina me miraba desde el horno con los ojos blancos, lo que según me había explicado una vez Sandra es señal de que el pescado está ya cocido. Apagué el horno y me dispuse a esperar a Lilit seleccionando algo de música entre mi modesta fonoteca, aunque sin atreverme a poner nada en el equipo musical porque desconocía los gustos de mi invitada, y no era plan causarle una mala impresión nada más llegar.

A las diez y media Lilit no había dado señales de vida, así que la llamé. Total, si su marido no estaba con ella no podría enterarse, y por lo tanto a Lilit no le molestaría. Al tercer tono de llamada me atendió la misma voz masculina de la otra vez. Colgué sin decir nada. ¿Tan celoso era aquel tipo que se llevaba de viaje el teléfono de su esposa?

A las once de la noche Lilit aún no había llegado y temí que la lubina me llamara en cualquier momento para pedirme una bufanda.

A las doce yo seguía tan solo como un leproso con ladillas, y la cena estaba más fría que los cojones de un muñeco de nieve.

Antes de acabar jugando al mus con la lubina decidí empezar a beber. Ahora sí que puse música: The end of all hope, de Nightwish, a toda leche, y que le dieran por el saco a los vecinos; jodido yo, jodidos todos. Me emborraché a conciencia, metódicamente, con empeño y eficacia.

Cuando Lilit llegó, a las tres de la madrugada, yo lucía una cogorza de padre y muy señor mío. Lilit dijo como saludo, y supongo que también a modo de disculpa:

-No tenía hambre.

-Bien, por eso llegas a las tres y por eso no me has llamado. Buena explicación.

-No te debo explicaciones. Nunca más te atrevas a pedírmelas.

-Pasa, anda, y discúlpate ante Rodolfa.

-¿Quién es Rodolfa?- preguntó distraídamente mientras entraba en mi casa mirando alrededor.

-Es la lubina. Nos hemos hecho muy amigos durante todo este tiempo.

-Ah. No me gusta el pescado.

-Ahora ya no importa; no podría permitir que alguien se comiera a Rodolfa.

Lilit se abalanzó sobre mí y me besó ansiosa, hambrienta de labios, lengua y saliva. Entre la melopea y el sabor de Lilit casi pierdo la cabeza y olvido mi propósito:

-Para un momento, polvorilla, que tenemos que hablar- dije cogiéndola por los brazos y separándola de mí.

Aquella bailarina misteriosa me miró desconcertada, pero se dejó conducir hasta el salón. La empujé sin miramientos por los hombros y cayó sentada en el sofá. Noté en su mirada que ese trato rudo le había gustado, creo que hasta la excitó. Estando de pie frente a ella se me pasó por la cabeza sacarme la polla y metérsela en la boca, por la fuerza si era necesario, mientras la atraía hacia mí tirándole del pelo. Pero no, tenía que ser fuerte y contenerme; había llegado el momento de la verdad:

-¿Quién eres, perra?- pregunté con toda la autoridad que la borrachera me permitía.

(Continuará, vete a saber cuándo).

miércoles, 6 de agosto de 2008

Lilit (IV)


(Viene de aquí).

Habíamos quedado para almorzar en una pizzería. Alberto me contemplaba con gesto incrédulo mientras le contaba los avatares de la noche anterior. Cuando terminé sonrió maliciosamente, como si conociera un secreto divertido y cruel.

-Adán, amigo mío, ¿tú te crees que yo soy gilipollas?


-¿Por qué dices eso? ¿Qué se me está escapando?

-Mira, yo no sé si me quieres tomar el pelo o si es que eres tonto de remate. Si es lo primero no insistas, porque no me creo nada de esa historia de Lilit. Si es lo segundo... entonces es a ti a quien están tomando el pelo.

Yo no entendía nada y estaba demasiado cansado y resacoso para pensar con claridad. Le pedí que se explicara, pero en lugar de hacerlo me dijo algo aún más intrigante:

-Llamándote Adán deberías saberlo, pero como parece que eres algo lelo (o que te crees que los demás lo somos), te voy a decir que harías bien buscando algo de información sobre esos extraños nombres de Lilit y Asmodeo. Prueba en el oráculo Google, y ya me contarás.

Dicho eso pidió la cuenta. Antes de pagarla y marcharse aún añadió con media sonrisa:

-Lilit, Asmodeo y Adán. Menudo episodio.

Cuando me quedé solo estuve tentado de comenzar mi ritual vespertino de vaciado de vasos, pero la curiosidad pudo más que el vicio y me fui a casa para ver lo que me contaba el omnisciente Google. Y lo que me dijo le daba la razón a Alberto en todo. Para empezar, llamándome como me llamo debería haberme dado cuenta de... la broma, digamos: según la tradición Lilit fue la primera mujer de Adán, pero le salió algo casquivana y prefirió largarse a los infiernos para follar como una descosida con un demonio llamado Asmodeo. Tuvieron muchos demonitos, fueron felices y comieron niños crudos, o lo que coman los demonios y sus putas.

También tenía razón el bueno de Alberto al decir que me estaban tomando el pelo. O eso, o estaba viviendo la más disparatada y asombrosa coincidencia de mi vida. Para ser francos, me inclinaba por la primera alternativa. Seguro que Lilit (o como carajo se llamara) estaba perpleja por mi simpleza al no haberme dado cuenta aún de la burla, pero pronto tendría la oportunidad de desenmascarar a esa bailarina jocosa. Mañana, viernes, la presunta Lilit tenía la noche libre y vendría a cenar a mi casa, cuyas señas le dejé anotadas en un papel que escondió en el sujetador. No habíamos hablado de ello, pero yo contaba con que se quedaría a dormir conmigo aprovechando que su marido iniciaba un viaje de negocios (¡a saber a qué clase de negocios se dedica un demonio, juas!). Además me había propuesto que no bebería nada de alcohol: se iba a enterar esa chiquilla de quién es Adán Navarro cuando está sobrio.

Por la tarde me llamó Sandra. Quería saber cómo me iba con "la amiga imaginaria", según dijo. Fue entonces cuando se me ocurrió demostrarle de una vez por todas que Lilit era tan real como nosotros, aunque usara un alias bíblico.

-Me va bien, graciosilla. ¿Estás celosa, mi vida? Te recuerdo que fuiste tú quién me dio la patada, así que no te veo yo con derecho a ponerte tonta ahora. Bueno, quizá te alegre saber que tiene marido.

-Oh, vaya, qué ligues tan adecuados te buscas, Adancito de mi corazón. ¿Lo has conocido ya? ¿Os montáis tríos?

-No, cabrona, su marido es bastante celoso, por eso no la puedo llamar.

-¡Pues ten cuidado, no sea que su marido resulte ser el malvado Asmodeo! JA JA JA... Ains, hijo, perdona, pero es que el chiste estaba a huevo.

Ante mi silencio añadió Sandra:

-Lilit, Asmodeo; Asmodeo, Lilit. ¿No lo pillas?

-¡Claro que he entendido el chiste! ¿Te crees que soy tan ignorante como para no captar esa estupidez?- uno tiene su orgullo, jolines- Además, me gustaría que tomáramos un café juntos, y así te podré enseñar el SMS que me envió Lilit, para que veas que es tan real como... como...

-¿Como tu halitosis, Adán?

-¿Cómo eres tan cabrona, so zorra?


-JA JA JA... Soy una Montoya, ya sabes.

La muy perversa. El día que me dejó se desahogó bien a gusto, y entre otras mil lindezas me soltó que no soportaba mi "aliento pútrido y pestilente". Hay que ser mala para volver a recordarme una cosa así. En fin, al menos le iba a callar la boquita respecto al controvertido asunto de la existencia de Lilit.

Una hora más tarde Sandra y yo estábamos frente a frente en una cafetería. Llevaba un peinado muy diferente al de la última vez (Sandra es peluquera y creo que se usa a sí misma como muestrario), y además de eso estaba guapísima. No tanto como mi Lilit, pero lo bastante como para hacerme sentir una incipiente erección que frené en seco pensando en aquel día que pillé a mi madre liada con el párroco de mi antiguo barrio. Tras los saludos preceptivos y una advertencia por parte de ella ("como se te ocurra pedir algo con alcohol te dejo aquí tirado, pedazo de subnormal"), pedimos un café con leche para mí y una menta poleo para ella. Sí, es algo pijilla.

-Venga, enséñame eso que me ibas a enseñar. Seguro que es un portento literario la moza esa adúltera que te has sacado de la manga.

-Bah, Sandritilla, no me jodas. Es un simple mensaje de teléfono escrito de la manera habitual, ya sabes. No me vayas a tocar la moral burlándote de las formas. De lo que se trata es de demostrarte que Lilit existe, y punto.

-Tú flipas. Que sepas que he venido sólo para asegurarme de que estás bien. Lo del SMS me suda el coño, entre otras cosas porque no constituye prueba de nada: te lo puede haber enviado cualquiera.

-Confía en mí un poquito, ¿no? Para mí que los celos te corroen el alma, y por eso te muestras tan escéptica.

Se rió. Sandra se rió mucho inmisericordemente, e incluso diría que también sinceramente. Busqué el mensaje de Lilit:

"El d ants era m pdre,no le gusta q m yamen.No m yames + a ste nro,yo t ymare a ti.Vienes a Saurion mñana?TQ".

Triunfante puse mi teléfono ante la cara de Sandra. En un rápido movimiento me lo arrancó de las manos y se puso a teclear como una posesa -una endemoniada, uhm, me acosaban los demonios- y temí que intentara borrarlo."¡No, es lo único que tengo de ella!", grité. Un segundo después era Sandra quien repetía mi gesto triunfal y sostenía el celular ante mi cara. Al principio no entendí lo que ocurría. Cuando vi el problema Sandra ya se había marchado dejando intacta su menta poleo. "¡A una Montoya no le tocas tú los cojones!", dijo al levantarse.

Yo tampoco bebí el café, sino que llamé al camarero para pedirle un whisky. No sé qué explicación podía tener, pero en el mensaje de Lilit el número del remitente coincidía con el del destinatario: el mío.

(Continuará, cuando me venga bien).

lunes, 4 de agosto de 2008

Lilit (III)


(Viene de aquí).

Al día siguiente lo pasé bastante mal en el trabajo. La resaca era atroz, pero la ilusión de volver a ver en unas horas a Lilit me mantuvo animoso y moderadamente despejado. Además, el zumo de las naranjas recién exprimidas en combinación con las aspirinas obra milagros.

A eso de las nueve de la noche estaba listo para ir a Saurion. Las discotecas me parecen lugares ruidosos y nada acogedores, por eso solamente las visito cuando estoy algo bebido, de manera que tomé en casa un par de whiskys para ir calentando motores. Tal vez fueron tres, o puede que cuatro whiskys.

Eran pasadas las diez cuando un taxista parlanchín y futbolero me dejaba en la puerta de Saurion. Uno de los porteros que había visto con Lilit la primera noche -¿por qué pensaba en él como en un demonio?- me franqueó el paso con displicencia y con esa cara de asco que ponen si no eres una mujer. Dentro todo era ruido, humo, y penumbra atravesada por luces estroboscópicas. En las gogoteras bailaban un par de maromos medio desnudos y aceitosos flanqueando a una rubia putirina. Ni rastro de Lilit.

Acodándome en la barra pedí un DYC con cola e interrogué al camarero:

-Oye, perdona, ¿a qué hora viene Lilit?

-¿Quién?

-¡Lilit! ¡La pelirroja que... que baila aquí!- vociferé para hacerme entender sobre el estruendo de la sala.

-¡Ni idea, macho! Aquí trabajan un montón de gogós y algunas estrípers. Por el nombre no me suena.

-Es una pelirroja, alta, con los ojos verdes.

Bah, creo que ni me escuchó, simplemente salió disparado para atender a otros clientes. Pues bueno, a esperar y a vaciar vasos mientras tanto.

No sé el tiempo que pasó ni los vasos que vacié hasta que la vi. Tampoco sé por dónde había entrado, pero allí estaba, en una de las gogoteras, espectacular, dolorosamente bella y lasciva. Levanté mi vaso hacia ella y me devolvió el saludo con una sonrisa deslumbrantemente blanca. Luego, cuando comenzó a desnudarse y a recibir aplausos, silbidos y sátiras proposiciones, opté por darle la espalda y concentrarme en mi copa. Algún día, estaba seguro, Lilit sólo se desnudaría para mí.

Mucho tiempo y muchos vasos después Lilit se situó a mi lado. Vestida, sudorosa y más deseable que nunca me pidió que nos marcháramos. Al salir besó fugazmente en los labios al portero (al demonio). Odié a ese tipo con toda mi alma, pero no dije nada porque supuse que un novio celoso no es lo que querría una chica como Lilit.

-Antes de que me lo propongas, Adán, te advierto que esta noche no vamos a follar, ¿lo aceptas?

-Claro, qué remedio, cielo. De hecho creo que estoy demasiado borracho para esas cosas.

-Además- añadió Lilit agachando la cabeza- tengo que contarte algo. Prométeme que no te enfadarás.

Lo supe. Lo supe antes de que me lo dijera ella. Aún así lo dijo:

-El hombre con el que hablaste, el que te dije que era mi padre, es mi marido.

Intenté tomármelo con entereza. Nos quedamos callados unos minutos paseando cogidos de la mano, y cuando ya no puede aguantar más le escupí una batería de preguntas:

-¿Tenéis hijos? ¿Lo quieres? ¿Cómo se llama?

-No tenemos hijos, y es obvio que no lo quiero, ¿no crees?

-Yo no sé qué creer ya de nada, Lilit. ¿Y respecto al nombre? ¡Necesito saberlo!

Lilit dudó. No parecía gustarle la idea de pronunciar el nombre de su marido ante mí, pero finalmente dijo casi inaudible:

-Se llama Mode.

-¿Modesto? Qué gracioso- respondí irónicamente.

-No. Asmodeo- me corrigió Lilit muy seria.

(Continuará, cuando me salga del níspero).

sábado, 2 de agosto de 2008

Lilit (II)


(Viene de aquí).

Oír aquello me dejó sin palabras, absolutamente desconcertado. Es verdad que bebí hasta el punto de tener varias horas en blanco, pero recordaba perfectamente la cara de Lilit, su voz, su cuerpo y sus tatuajes: en el trasero una bruja volando sobre escoba; en uno de los pechos un pequeño corazón partido; en la cadera una rosa con largo tallo espinoso.

-Te han engañado, Sandra. Alguno de tus amigos a los que nunca caí bien debió de verme anoche, y la verdad es que yo no estaba muy católico. Habrá aprovechado eso para inventar ese cuento de verme practicando soliloquios.

-¡Tres, Adán! Me lo han dicho tres personas distintas en tres llamadas independientes.

-Vale, dime una cosa: ¿se conocen entre ellos?

-Pues sí, pero eso no tiene nada que ver porque...

-¡Están conchabados! ¿Es que no lo ves?- interrumpí a gritos y con la aguja del pacienciómetro en la zona de reserva.

Sandra secaba sus lágrimas con uno de esos pañuelos de papel perfumados que siempre lleva encima. Supongo que aprovechó esos segundos para pensar su respuesta:

-No, Adán, no. Una de esas personas ha sido Alberto, tu amigo Alberto. Por cierto, está muy preocupado por ti, así que llámalo o algo.

Entonces sí que me quedé sin palabras. Conozco a Alberto desde la guardería. Siempre se llevó bien conmigo y fatal con Sandra. Tan asombrado me quedé que no respondí a la despedida de mi ex novia. Allí estaba yo, plantado en mitad de una acera, con unas ganas locas de tomarme un par de cubatas y poner en orden las ideas.

Entré en uno de esos bares de jubilados. Ya saben, dominó y chatos de vino. Pedí un whisky a palo seco, sin hielo. Después otro. Luego otro. Lo bueno de esos establecimientos es que son baratos, de modo que pedí un cuarto whisky.

Mientras volvía a casa llamé otra vez a Lilit. Su teléfono estaba apagado. Finalmente me atreví a llamar a Alberto. Creo que me debía alguna explicación.

-Hola, Adán. Imagino que ya has hablado con Sandra. Tío, perdona que no te llamara a ti antes, pero es que como anoche estabas... así, pues pensé que lo mejor era...

-No te enrolles, Alberto. Empieza a largar por esa boquita. ¿Cuándo, dónde y con quién me viste?

-¿No... no te acuerdas, colega?

-¡No, joder, no recuerdo haberte visto! ¡Venga, cuéntame y no me toquéis más las pelotas entre todos!

-Mira, tío, creo que has bebido. Mejor hablamos en otro momento. Yo te llamo mañana, ¿vale?

-¡NO, NO VALE!- pero ya era inútil gritar, porque Alberto había colgado.

Seguí bebiendo, esta vez en un pub con música suave y gente joven que jugaba a los dardos o charlaba en las mesas. Yo me quedé en la barra y llamé insistemente a Alberto, hasta que vi que había apagado el teléfono. Eso me recordó el teléfono apagado de Lilit y volví a llamarla por si acaso. Esta vez hubo suerte... o no.

-¿Quién es?- respondió una voz de hombre.

-Eh... Hola, ¿puedo hablar con Lilit?

-No conozco a ninguna Lilit.

-Pero ella me dio este teléfono.

-Se habrá equivocado.

Seguí bebiendo, y no puedo decir que me encontrara mal por todo este lío. Después de tantas copas me sentía optimista. Todo debía de tener una explicación sencilla y yo la iba a encontrar, seguro. Quizá me equivoqué al tomar el número de Lilit, no sería raro teniendo en cuenta que yo estaba muy borracho cuando me lo dio. Sólo tenía que volver a esa discoteca y preguntar por ella. Puesto que trabajaba allí no habría ninguna dificultad en localizarla.

Sí, me sentía pletórico de esperanzas e ilusiones. No sólo iba a desmontar el embrollo sino que además iba a conquistar a Lilit. Esa mujer me había dado fuerte, y aunque yo sabía que no era una chica aconsejable para nadie la verdad es que me gustaba como nunca me había gustado ninguna otra. En esas ilusas divagaciones andaba cuando sonó mi teléfono. El corazón me pegó un salto y recibí un chute de adrenalina... pero era Alberto.

-Mira, Adán, te lo voy a decir claramente: anoche estabas ciego perdido. Quise llevarte a tu casa, pero no dejabas de hablar al vacío, como si hubiera otra persona delante. Llamabas Pili o algo así a tu amiguito imaginario.

-Lilit, se llama Lilit... y... no... es... imaginaria- respondí muy lentamente aguantándome la rabia para evitar que Alberto me colgara de nuevo.

-Bueno, como sea. El caso es que intentaste pegarme y me gritabas "¡tú eres otro de los demonios!, ¡tú eres otro de los demonios!" Así que pasé de ti y esta mañana he llamado a Sandra, por si ella puede hacer algo.

-Oye, Alberto, esto es una locura. ¿Dónde me viste?

-En la calle, frente a la discoteca Saurion.

Aquello me animó. Las piezas encajaban y me empecé a reír como un loco. Antes de que Alberto perdiera la paciencia intenté explicarme:

-Jajaja... ¡Claro, tonto! La conocí allí, en la misma puerta, porque ella había terminado el curro. Es que trabaja en Saurion, ¿sabes? Jajaja... Ya nos íbamos, pero ella tuvo que entrar a por el bolso, y en ese momento llegarías tú, jajaja... ¿Ves, coleguita? ¡No estoy loco!

-Adán... Yo no sé si esperabas a alguien, pero cuando te vi hablabas solo, y lo del demonio...

-¡No me jodas, hombre! Estaba muy borracho. Claro, diría y haría muchas tonterías y, joder, es que no me acuerdo de nada de eso, pero... Que no, que no, que la borrachera no sería para tanto, tío, porque anoche eché el mejor polvo de mi vida. Ya te la presentaré, verás qué mujer...

-Ehm... Sí, Adán, vale. Oye, tío, cuídate, eh. En serio.

-¡Bah, la vida me va de perlas! Ven, tómate una copa conmigo, que te tengo que contar un montón de cosas de Lilit.

-No, Adán. Mañana curro, y creo que tú también. Hasta luego, y cuídate un poco, anda.

Bien. Claro que me vio solo, el bueno de Alberto. Supongo que yo estaría canturreando de felicidad, y también por la desinhibición alcohólica, y el pobre creyó que me pasaba algo malo. Je, qué tío más majo. Decidí que al día siguiente volvería a la Saurion, y Lilit se reiría mucho con todas estas confusiones, sí. Lo celebré por adelantado pidiendo otra copa.

Creo que fue entonces cuando recibí en mi celular aquel mensaje escrito:

"El d ants era m pdre,no le gusta q m yamen.No m yames + a ste nro,yo t ymare a ti.Vienes a Saurion mñana?TQ".

Mi inmediata respuesta fue:

"Cuenta con ello. Yo TQ más aún. Tengo que contarte algo muy divertido".

(Continuará, cuando me venga en gana).

jueves, 31 de julio de 2008

Lilit (I)


Si dijera que Lilit y yo nos conocimos a la salida de una discoteca este principio sonaría a historia mediocre. Y seguramente lo es. Podría referirles el principio de Lolita, del tal Nabokov, pero eso de "luz de mi vida, fuego de mis entrañas" me suena tan cursi...

Cuando vi a Lilit no sentí fuego en las entrañas ni nada que se le pareciera. Si acaso, lo que sentí fueron arcadas. Bien pensado podemos admitir que las ganas de vomitar se pueden llamar "fuego en las entrañas", pero se debían a la borrachera que llevaba, no a que la visión de Lilit me revolviera el estómago.

Sea como fuere la verdad es que salí de la discoteca y vomité en la calle ante la mirada de Lilit. A ella la escoltaban un par de esos animales con hipertrofia muscular tan frecuentes en las puertas discotequeras. Supongo que eran amigos de ella, o al menos conocidos, porque se me ha olvidado decirles que Lilit trabajaba en ese antro como putirina (una putirina es una mezcla de puta y bailarina, o sea, una de esas puercas que se desnudan mientras bailan y aceptan billetes en el tanga). La putirina de Lilit se apiadó de mí. Imagino que ese instinto maternal que llevan oculto casi todas las mujeres hizo el trabajo sucio, y ella se las apañó para separarse de los dos musculitos y sostenerme la cabeza mientras yo seguía expulsando mis demonios alcohólicos en forma líquida. No sé para qué carajo sirve eso de sostener por la frente a quien está vomitando, pero sí recuerdo que mi madre lo hacía cuando yo era pequeño y estaba malito.

Entre que Lilit era un cañón de hembra y ese gesto maternal de sostenerme la testa mientras escupía hasta el hígado, la muy puñetera logró enamorarme.

Cuando me sentí mejor le di las gracias, y para mi sorpresa respondió ella:

-Te besaría en la boca en este momento, pero creo que antes necesitas lavártela a fondo, guapetón.

Esas fueron las primeras palabras que oí de ella. Tenía una voz hipnotizadora y andrógina. Me gustó cómo sonaba, y si a eso añadimos lo buena que estaba la cabrona y lo protectora que se había mostrado conmigo, comprenderán que me enamorara hasta el coxis. En la habitación del hotel al que fuimos había cepillo de dientes -eso me lo explicó ella- y si yo no hubiera estado tan borracho debería haberme dado cuenta de que algo pintaba mal en toda la historia, porque las chicas decentes no van por ahí llevando a desconocidos a un hotel, del que además saben si tiene o no tiene cepillo de dientes en la habitación.

Recuerdo poco más de aquella noche, apenas la cara de mi amada y la factura que pagué en el hotel. No sé cómo llegué a mi casa, pero sé que llegué con mucho sueño y me puse a dormir. Al despertar revisé mi teléfono móvil y hallé una nueva entrada en la agenda: Lilit, número tal y tal. La llamé, y puesto que no contestaba dejé un mensaje en su buzón de voz:

-Hola, Lilit, soy yo, Adán. Llámame cuando puedas. Me ha encantado conocerte, cielo. Quiero más. Quiero mucho más. Lo quiero todo. Llámame, por favor.

Lilit no me llamó, pero al cabo de unas horas me llamó Sandra, una vieja amiga a la que podría definir como ex-novia:

-¿Sí?

-¿Adán?

-El mismo. Cuéntame.

-Quiero hablar contigo, muy seriamente.

-Uy. Adelante, habla.

-¡No, imbécil! Quiero que nos veamos y hablemos en persona, mirándonos a la cara, capullo.

Sandra y yo nos encontramos un rato después. Le ofrecí tomar unas copas, pero ella me respondió:

-Nada de copas, Adán, por favor. Vamos a pasear y a charlar mientras tanto.

Acepté y paseamos amigablemente juntos durante una media hora. Hasta que Sandra sacó el "tema":

-¿Qué hiciste anoche, Adán?

-Salí a tomar unas copas, ¿por?

-¿Cómo acabaste?

-Pues borracho, claro. Oye, Sandritilla, ¿a qué vienen estas preguntas? Tú y yo ya no somos pareja, ¿acaso te pregunto yo lo que hiciste anoche?

No sé por qué, pero Sandra se echó a llorar, y entonces me miró llena de ira y me soltó:

-¡Me han llamado tres personas para decirme que han visto a mi ex novio hablando solo, como si fuera un puto loco!

(Continuará, cuando me plazca).

domingo, 27 de julio de 2008

Sebastián Pérez y su cristo doméstico



Tiene cierta familla un señor de Cádiz, Sebastián Pérez, por tener un cristo en su casa. Un cristo de tamaño natural, no se crean. Junto a ese cristo que tiene don Sebastián metido en una hornacina del salón se han fotografiado ilustres personajes como Concha Velasco y José Mercé. Dos individuos que quizá sean muy buenos en su trabajo, pero a los que les falla el sentido crítico, por no hablar del sentido estético.

Ocurre que conocí personalmente al tal Sebastián Pérez, pues trabajaba como guarnicionero en la "Empresa" donde yo trabajo. Fue en Octubre del año 1998, cuando yo llegué a la "Empresa" en Cádiz, trasladado desde Almería. No he olvidado cómo fue nuestro encuentro:

Leónidas, con 23 bisoños añitos, estaba en la barra de una cafetería cuando se le acerca un señor que sin presentarse, sin saludar, sin preguntar, sin abrir la boca, le tiende a Leo un papelito minúsculo, de unos dos por cuatro centímetros. Ese señor era don Sebastián Pérez, y el papelito costaba cien pesetas y era un número para una lotería ilegal.

Sí, amigos, gran devoto el señor Pérez, que tiene un cristo de tamaño natural en su salón, cristo cuyo pelo es de la propia esposa de don Sebastián, por cierto. Gran devoto o... gran listillo.

Afirma Don Sebastián, alias Chano, que no cobra por dejar entrar a ver a su Cristo. No lo pongo en duda, pero... "hemos puesto una caja de donación a los pies del cristo para que las personas que vienen a rezar puedan dejar su voluntad", dice María Dolores Montero, esposa de Sebastián Pérez -no la confundan con la otra Lola Montero-. Así que una cajita para la voluntad, eh. Igualito que los curanderos, aunque este vivo matrimonio afirma que es para comprarle adornos a su particular Pinocho. Bueno, pues será.

Ha tenido Don Sebastián, Chano para los amigos, algún rifirrafe con la curia. Esta, obviamente, no ve con buenos ojos a ese cristo de fabricación casera, por considerarlo competencia desleal, digo yo. Para colmo el señor Pérez, que es un provocador -y un talento para eso de sacar dinero a costa de la credulidad ajena- se empeña en sacar en procesión todos los años a ese Cristo que se ha inventado, lo cual, claro, hace hervir la sangre de más de un sotánido que tiene que ver cómo la feligresía le suelta los dineros a un oportunista. Porque, por sorprendente que parezca, los cargadores del cristo pagan sus buenas monedas para ejercer el alto honor de sostener en peso a un muñeco de madera. Ay, si los tontos volaran...

Hay otras maneras de obtener dinero por la fabricación de un muñeco. Don Sebastián Pérez ha creado una asociación que tiene el humilde nombre de "Sebastián Pérez" -tanta modestia me sobrecoge- en honor de este Pinocho devocional (Cristo de la Amistad lo han llamado, ¡qué bonito, yupi yupi!). Ignoro la cuota que han de pagar los socios, pero según leo en diariodecadiz.es la asociación recibe una inexplicable subvención del Ayuntamiento de Cádiz, que por lo visto considera razonable usar los impuestos de todos para sostener los caprichos de algunos listillos.

Aunque eso no es todo. Ya que hablamos de dinero público convendría preguntarse qué significa esto que leo en lavozdigital.es: "La imagen es de tal dimensión, mide 1,70 metros, que la Junta de Andalucía tuvo que hacer una bóveda especial para alojarla". A ver si lo entiendo, ¿se usó el dinero de los andaluces para hacer obras en un domicilio particular con el objeto de alojar un muñeco de madera en una gran hornacina? ¡Pues yo quiero que me paguen las reformas necesarias para dedicar la habitación de mi gato al Monstruo de Espagueti Volador!

Pero el amigo Chano, no contento con todo esto, también mercadea con los vídeos grabados en esa procesión de su cristito, llegando a venderlos a los propios cargadores que ya han pagado con su dinero y con sus músculos por llevar a cuestas en el barrio del Pópulo al muñecajo. Bueno, lo de venderlos es un decir; digamos mejor que cobra por ellos, pues me sé de un antiguo costalero (uno que yo sepa) que lleva varios años esperando el vídeo, tras haberlo pagado religiosamente. El señor Sebastián Pérez, tan devoto él, ni siquiera a los cargadores de su cristo les regala el vídeo, pero es que además de cobrarlo encima luego se hace el despistado y no entrega el venal recuerdo de la heroica gesta.

Estas cosas pasan en el barrio del Pópulo, y quien conozca Cádiz y se haya movido por ese barrio entenderá que no debemos extrañarnos ante tanta caradura, tanta falta de escrúpulos y tanta infantil credulidad. Hay sitios donde, no me pregunten por qué, el que no es tonto es demasiado listo, y claro, se crea una simbiosis perfecta entre ambas especies.

En fin, que como algunos detallitos no los cuentan los periódicos, he querido dejar constancia, porque dicen que la fe mueve montañas, pero me temo que Don Sebastián Pérez es de los que piensan que lo que de verdad mueve las montañas es el dinero... y la credulidad de tantos.


viernes, 25 de julio de 2008

Gusi se pone respondón


Mi gato-hijo Gusifluky lleva un tiempo rarito. Sus pupilas dilatadas me inducen a pensar que trama algo malo contra mí. Hoy he decidido preguntarle directamente:

-Gusi, ven aquí, que tenemos que hablar.

-Dígame, padre.

-¿Por qué me dedicas esa mirada de gato cabroncete? Tengo la impresión de que te burlas de mí, así que ya puedes ir explicándote, gato malo.

-Oh, no, padre. Mi intención no es burlarme; es sólo que me hace gracia su empeño por luchar en una batalla perdida.

-¿Batalla perdida? ¿De qué me hablas, pequeño felino?

-Bah, dejémoslo, padre. Cada cual tiene sus intereses, y los de usted son... mwajajajajaja... ¿utópicos?

-Oye, insignificante gato de mierda, vamos a respetarnos. Hablemos claro. Sé valiente y dime lo que piensas.

-Está bien, padre. Me refiero a su última entrada en ese patético blog que escribe. Acaba pidiendo que los lectores firmen no sé qué petición, ¡y ni dios la ha firmado tras su rastrera súplica! Es usted un fracasado, padre. Ríndase.

-Hijo mío, hace un tiempo quemaban a la gente, especialmente a las mujeres, por tener un gato. Eso se consideraba prueba irrefutable de brujería. Usa esa pequeña cabecita que tienes y comprenderás por qué no debo rendirme. Lo hago por tu bien, por el mío, y por el de todos.

-JAJAJA... ¡Pues parece que sus lectores se pasan por la entrepierna las altruistas motivaciones de usted! Mwajajajaja, ¡FRACASADO!

-Debo reconocerte, pequeño Gusi, en honor a la verdad, que mis cinco lectores son medio gilipollas. (Esto debe quedar entre tú y yo; un bloguero no puede atacar a sus propios lectores, por temor a perderlos).

-De acuerdo, padre, será nuestro secreto. ¿Va a seguir combatiendo en esas batallas ahora que las sabe perdidas?

-Sí, hijo mío.

-Ya hay otras personas que lo hacen, y lo de usted es una gota en el mar.

-Quiero ser esa gota en el mar.

-¿Por qué, padre?

-Porque no sé ser otra cosa.

-Oh, qué tierno. Mi padre es una insignificante gota en el mar porque no puede ser otra cosa más destacable. ¡Vaya mierda de padre que tengo!

-Pues sí, Gusifluky. Soy una basura como padre, pero al menos lucho para que no engañen a mi hijo, ¿no te vale?

-Esto... ¿dónde dice usted que había que firmar?

-Bah. Si de veras te interesa sabrás encontrarlo. Ahora déjame dormir.

jueves, 24 de julio de 2008

El asombroso anillo atlante, y la no menos asombrosa desvergüenza de algunos


Me pregunto qué pensaría Frodo, el prota de ese coñazo llamado El Señor de los Anillos, de la sarta de majaderías que voy a presentarles. Es uno de esos aberrantes casos en los que gentuza sin escrúpulos pretende timarnos mezclando todo tipo de pseudociencias, mentiras y paparruchas.

En esta
infame página nos ofrecen un "asombroso" anillo de plata con supuestas capacidades derivadas de, a saber: la radiestesia , la radiónica, la piramidología, y el Feng-shui. Toma ya. No, si al final va a ser el anillo ese famoso para dominar el mundo y tal, y si no miren la de prodigios que nos prometen los charlatanes vendedores del anillito mágico (copio y pego):

"Aspectos más reconocidos :

Desarrollo de la intuición personal.

Mayor capacidad para encontrar soluciones a los problemas

Incremento de la creatividad


Potencia y multiplica la programación mental hasta niveles increíbles


Amplificador resonante materializador de deseos, incrementa los flujos de energía positiva al entorno

Generador de vitalidad

Protección contra energías negativas sutiles (telúricas y energéticas)

Desarrollo del aspecto espiritual personal

Equilibrador energético (comprobado con kinesiología)

Potenciación de la agudeza mental

Facilita las relaciones personales, de pareja y amorosas

Mejora de la premonición y capacidades internas

Atrae las energías positivas del ambiente a su portador

Actúa de escudo contra los ataques psíquicos o la negatividad de otros

Aspectos muy comentados entre los usuarios que requieren mayor investigación*:

Mejora notablemente el flujo de riqueza económica


Protección contra accidentes


Aminora, disminuye o elimina perturbaciones psicosomáticas y/o psicológicas

Potencia la memoria (quizá como consecuencia de una mayor agudeza mental)

Incide positivamente en la aceleración de la sanación


Incide positivamente en los negocios y las ventas"



*Supongo que esto ha sido una concesión a la honestidad. ¡Menuda panda de pillastres cínicos!

Curiosamente llaman a la estafa anillo "atlante", sin embargo no explican en ninguna parte qué tiene que ver con la
Atlántida; por contra nos aseguran que se basa en un modelo hallado en Egipto. ¡Pasmado me dejan!

Y no se pierdan las garantías que dan. Dicen, literalmente, que su "seriedad está avalada por prestigiosas revistas y diarios" como Más Allá, Año Cero, El Jueves, Marca o Mundo Deportivo. De verdad que no es uno de mis chistes,
compruébenlo ustedes mismos.

Quizá ustedes se pregunten cómo es posible que estos sinvergüenzas, y tantísimos más, trapicheen impunemente jugando con la credulidad de las personas, personas que en muchos casos están gravemente enfermas o arruinadas, y por lo tanto desesperadas. Quizá se pregunten si pueden hacer algo al respecto. Pues sí, sí que pueden. No es mucho, pero es un principio:

Si les parece bien, adhiéranse a
esta petición de Círculo Escéptico. Muchas gracias.

lunes, 21 de julio de 2008

Carta de un marido a su esposa


Querida Delia:

Espero que ese proyecto en Australia siga viento en popa, pero dile de mi parte a tu jefe que es un explotador. Ya ha pasado más de un mes desde que te fuiste por motivos laborales y la niña y yo te echamos mucho de menos. Gusifluky en cambio está encantado, porque ahora puede dormir en todas las camas, je je. Dice Susanita que lavaremos los edredones antes de que vuelvas, pero yo me temo que vas a encontrar pelos de gato hasta en la nevera.

Nuestras vacaciones van bien. Hoy he llevado a Susi a la playa y se ha hecho muy amiga de un muchachito de diez años. Han construido castillos juntos y el caballerete le ha enseñado (bajo mi atenta mirada) los rudimentos de la natación. Tiene guasa... "tengo miedo, papi, tengo miedo, llévame a la orilla, porfi", para que después venga un desconocido y nos la convierta en una pequeña Esther Williams.

Me aburro mucho sin ti, cosita mala. Además yo no sé tratar a los vecinos como haces tú. A mí me miran raro, de verdad, aunque tú digas que son figuraciones mías. Vuelve pronto y cuida de nosotros, y que se joda Gusifluky si no lo dejas subirse a las camas.

Hoy el cartero nos ha traído tu sorpresita. Que no tengas cobertura telefónica ni conexión a internet en ese desierto es una puñeta, pero bien merece la pena si eso nos sirve para recibir esta clase de regalitos. Nos ha encantado.


En cuanto he visto ese paquete de inmemorable dirección remitente he sabido que sería una grabación para felicitar a Susana por su séptimo cumpleaños. Lo que no me esperaba es lo otro. ¿Se te ocurrió pensar que podría haber dejado a la niña viendo a solas la grabación? ¡Vaya un trauma para ella si llego a hacerlo así! Pero no, me conoces bien y sabías que estaría atento...

Me ha gustado mucho verte en ese papel de madre amorosa, y Susana ha palmeado de alegría cuando te ha visto soplar las velas de esa humilde tarta. Incluso las ha soplado desde aquí, como si pudiera apagarlas con una semana de retraso y miles de kilómetros de distancia. Me pregunto cómo te las habrás ingeniado para conseguir siete velitas en ese lugar inhóspito donde ni siquiera podéis comprar comida fresca. Ay, lo que no haga una madre...

A Susi no le ha hecho mucha gracia cuando hemos llegado al minuto veinticinco de la cinta. A partir de ahí has cambiado el registro y has pedido que nos deje a solas. No se quería ir, y la muy descarada decía: "¡Es tu mujer pero también es mi madre y quiero verla!" Ja ja ja, es graciosa, la condenada, y más lista que el hambre. Te ha salido a ti, lo admito.

¿Sabes, muñequita?, será por la distancia o por ese tono moreno que tiene ahora tu piel, pero hacía mucho que no me excitaba tanto viéndote. Qué buena estás, cabrona. ¡VEN AQUÍ YA! Por cierto, cuando te tengo a mano no bailas así, mala pecorilla. Tampoco sabía que te gustaba esa música que has usado para... ejem, para lo que la has usado. Gracias por todo, mi vida.

Te queremos, y tú lo sabes, ¿verdad?

Tu amantísimo esposo,

Leo.


PD: Hace cuatro días fallecieron en accidente de tráfico tus padres y tu hermano. Sus cadáveres han sido incinerados, no te preocupes por nada.

sábado, 19 de julio de 2008

Un problema moral


Ayer me lo planteó una señora, y la verdad es que me ha gustado. Ahora se lo expongo yo a los lectores de DCC, animándolos a todos a participar y dar su opinión. No hay premio para el ganador, de hecho no puede haber ganador porque es algo tan subjetivo que cada opinión es igualmente válida. O no, que tampoco estoy seguro.

Ahí va la historia:

Una señora casada tiene un marido que se preocupa más de sus negocios que de ella. Esta señora una noche sale de casa y va a visitar a un amante. Para llegar a casa del amante ha de cruzar un caudaloso río mediante un puente. Así lo hace. Folla con el amante y pasa la noche en su cama. Al amanecer decide volver a su hogar, pero al llegar al puente se topa con un loco que le dice:

-¡O me das unas monedas como pago por cruzar el puente o te mato!

La señora, que no lleva un céntimo encima, da media vuelta y pide ayuda a su amante, el cual se desentiende del asunto. Desesperada recurre a un hombre que siempre había afirmado estar enamorado de ella y a quien nunca le había prestado atención, y al que le cuenta lo que pasa sin ocultarle nada. Este hombre también se desentiende.

Estando así las cosas, nuestra protagonista decide arriesgarse y volver al puente. Cuando el loco comprueba que ella no tiene dinero para pagar el peaje, la mata.


Ahora viene la pregunta:

¿Quién es más culpable y quién es más inocente? Usaremos nombres para aclararnos mejor: llamaremos Gilito al marido; Zorri a la señora; Follapavas al amante; Eros al que decía estar enamorado de Zorri; y, finalmente, al loco lo llamaremos... mmm... Blake.

Si, por alguna razón, no quieren usar su nombre o enlace, les ruego que se identifiquen de alguna manera en los comentarios, y si no les importa usen un alias que se corresponda con su sexo, porque ese dato puede ser interesante para ver si hay diferencias de opinión entre hombres y mujeres.

Por favor, participen.

viernes, 18 de julio de 2008

Pezones



No sé por qué me ha dado hoy por pensar en pezones, y es algo extraño porque yo nunca tengo pensamientos libidinosos. Soy casto, puro y virginal, como Brianna Banks, por poner un conocido ejemplo.

Hay algo mágico en los pezones. Casi diría que también maléfico, si no fuera porque todas las mujeres son unas santas. (Mwajajajaja...)

Y es que no es lo mismo una teta sin pezón, ¿verdad? De hecho, las tetas, desprovistas de ese botoncito, ni son tetas ni son nada. Yo sostengo que el poder erótico de una teta se basa en el pezón. Todos hemos visto esos maniquíes desnudos en los escaparates alguna vez, y tienen unos pechitos perfectos, salvo por el detalle del pezón: carecen de él. Esas tetas de plástico no mueven a pensamientos impuros; más bien dan ganas de tirarle unas monedas, para que se compren ropa y no se enfríen. Y si les llega, que se compren también una peluca.

En el caso opuesto tenemos esos otros maniquíes de pezones erectos que tienen algo como de indecente y hasta da un poco de vergüenza mirarlos. Yo creo que los hacen así para que los caballeros se entretengan mientras sus señoras compran ropa. Es una sucia técnica para fomentar el consumismo, porque la señora termina de comprar ropa y su marido le dice:

-¿Ya? No, mujer, compra algo más. Toma la American Express, por si se agota la Visa. Y tranquila, que hay tiempo.

Sí, miles de familias se han arruinado por culpa de los pezones de esos innobles maniquíes. Ni el Euríbor ha hecho tanto daño a las familias españolas.

Es extraño que algo con un color tan parecido al de la mierda nos empuje a chuparlo con tantas ansias. Lo puedo comprender en un niño lactante, que necesita el pezón para sobrevivir, pero, ¿qué pasa?, ¿es que los hombres no crecemos nunca? Na, da igual la edad que se tenga. Un señor de 94 años ve un pezón y rejuvenece, y babea como un bebé incluso. Es el poder del pezón, o el Pezon's Power, si quiere usted hacerse el culto y el viajado. Aunque si tan culto es, venga, dígalo en griego, chulito, que es usted un chulito.

Uno ve a una señorita con escote generoso y no pasa nada, porque sólo se ve teta. Ahora bien, como a esa señorita le asome el pezón, extrovertido y simpaticote, por encima del sujetador, ya la hemos liado: nos ponemos nerviosos. En realidad, lo que nos ponemos es cachondos, pero queda feo decirlo, ¿no?

El pezón es, creo yo, lo que más nos atrae de una mujer. Nos fijamos en sus tetas, sí, pero sólo porque sabemos que la teta es la montaña que conduce al pezón. Esas mujeres que se operan porque están planas, poniéndose costosas tetas de goma, harían mejor poniéndose una camiseta en la que se leyera: "NO TENGO TETAS, PERO SÍ DOS BUENOS PEZONES". Sería más barato, más saludable y, desde luego, más provocador.

La propia palabra "pezón" ya parece como algo porno, que hasta da no sé qué pronunciarla delante de niños y de nuestras madres. Yo, sin ir más lejos, pronuncio esa palabra diecisiete veces seguidas y eyaculo. Es el poder del pezón que les decía antes.

La teta, por sí misma, es una cosa inocente mientras no intervenga el pezón. Fíjense en esas artistas de revista, emplumadas como pavos y enseñando carne a diestro y siniestro. Son socialmente aceptadas, y no se las llama zorritas sino artistas, ¿por qué? ¡Pues porque se ponen como unos parches que les cubren los pezones! Las bailarinas de estriptís en la práctica son igual de putas, pero claro, es que ellas sí enseñan el pezón, por eso nadie las considera artistas, sino simples zorrones.

El pezón es deseado, pero no es admitido en sociedad. Le pasa como a ciertas mujeres, que uno quiere irse a la cama con ellas pero no presentarlas a la familia. En verdad la vida del pezón es triste. Otro ejemplo de lo que digo es lo que pasa en YouTube: cualquier guarrilla se pone a hacer posturitas de calientapollas en tanga, y no pasa nada mientras se tape los pezones con dos dedos, sin embargo, como se le ocurra enseñar un pezón se va a tomar por culo el vídeo.

Los pezones son como los caramelos porque existen para ser chupados, sin embargo la mayoría de los hombres prefiere un pezón antes que un caramelo. Esto también es extraño, porque a fin de cuentas los pezones no saben a nada. (Idea para un anuncio de compresas: "¿A QUÉ SABEN LOS PEZONES? ¿A QUÉ SABEN LAS COSAS QUE NO SABEN?")

Todo lo que he escrito se refiere, obviamente, a los pezones femeninos. Con los pezones de un hombre no ocurre nada de esto, lo cual constituye otro gran misterio. El otro día estaba yo en un bar (estaba emborrachándome, eh, no se vayan a pensar que yo juego a las tragaperras) y me dio por mostrar los pezones a varias chicas, para comprobar si les pasa como a mí ante la vista de un pezón. Pero qué va. Primero se rieron, y luego ya, cuando me puse insistente, llamaron a la policía. ¿Estas diferencias de conducta a qué se deben? ¿Estará la ministra de Igualdad enterada? Es más, ¿tendrá pezones la ministra de Igualdad?

miércoles, 16 de julio de 2008

Arturito se lo tenía calladito


Tengo un amigo (o un sucedáneo de amigo) llamado Arturo. Se distingue esta persona por tres graves defectos: es pelirrojo y flaco, pareciendo un clavo oxidado; se casó el pasado sábado (las personas de bien lo acompañamos en el sentimiento); y por último, tiene la fea costumbre de saludar a los conocidos señalándose la entrepierna mientras nos pregunta si queremos morcilla.

Imagínense ustedes que van por la calle, tan felices, quizá incluso en compañía de un par de niños y un perro, y se topan de frente con un tipo de color rojo, que parece una piruleta, y ese tío se echa mano a la chorra y dice:

-¡Eh! ¿Tú... quieres morcilla?

¿A que es para traumatizarse? Que además digo yo que lo de la morcilla se entendería si Arturo fuera negro, pero siendo así de colorao debería ofrecer más bien chorizo. O longaniza. Creo yo, vamos.

Pues resulta que aunque no lo sabíamos este muchacho hizo sus pinitos en el cine cuando era un guaje. Interpretó por unos segundos a un niño llamado Verne, y tras la fugaz actuación concluyó para siempre su carrera en el cine por razones que entenderán en cuanto vean el vídeo. Ahora es militar, como todos los fracasados. Al
Gordo Cabrón, que también es medio amigo de Arturo, le sorprenderá el hallazgo tanto como a mí, pero no cabe duda de que se trata de nuestro Arturito (si bien entonces era más rubio y menos rojo):




martes, 15 de julio de 2008

Así lo quiso Dios


Que no, que es coña. No ha sido capricho de dios alguno, sino dejadez de este cabeza de chorlito. Yo sospechaba que tanta pelusilla en la trasera del ordenata no podía traer nada bueno. Aunque quizá no fue culpa de la mierda acumulada, no sé.

Sea por lo que fuere, el jueves pasado mi ordenador hizo ¡PAF!, literalmente. Empezó a sonar como cuando metes un pitufo en una batidora (uso este símil porque todos alguna vez hemos metido un pitufo en una batidora): ¡ÑÑÑAAAAAAAAAAAC!... ¡PAF!

Tras el PAF me cubrió el silencio. Tras el PAF pasé a ser uno de esos cavernícolas sin conexión a Internet, ¡horror!


Puede que lleve a reparar mi ordenador, porque hay fotos que me gustaría recuperar, como las fotos de Gusifluky cuando era cachorro, o las fotos de mi prima antes de ser sifilítica, o mis propias fotos con la chorra al aire; pero mientras tanto me apaño con un portátil de mierda que hoy mismo he comprado.

No me gusta este trasto, entre otras cosas, porque su webcam no realza mi figura serrana al desnudarme ante los contactos del Messenger. Menos mal que una buena chorra siempre será una buena chorra, independientemente de la webcam.

El caso es que, aunque ahora se me note menos, sigo pendiente de vuestros comentarios, sigo admirándoos a algunos, sigo sintiendo indiferencia hacia muchos, sigo queriéndoos a unos cuantos, y sigo cagándome en el resto. En definitiva, sigo siendo yo.

Pero me vais a notar menos durante un tiempo.

miércoles, 9 de julio de 2008

Linda en verdad se llama Carmen

ACTUALIZACIÓN (19-07-08): ESTA ENTRADA NO TIENE NINGÚN SENTIDO AHORA, PORQUE PLEGÁNDOME A LOS REQUERIMIENTOS DE UNA MADRE QUISQUILLOSA HE DECIDIDO ELIMINAR LA FOTOGRAFÍA QUE ERA EL CENTRO DE TODO ESTO. NO PIERDA SU TIEMPO AQUÍ Y VAYA A LEER ALGO DE MÁS PROVECHO.


No me van ustedes a creer, pero he descubierto algo asombroso y fascinante.

Recordarán que hace nada, usando como excusa un cuento, hablé de la canción Carne para Linda. Esa canción cuenta la historia de una chica que es secretamente necrófaga. Yo -como cualquiera, supongo- me hice una idea del aspecto físico de la protagonista, y además admito sentirme atraído por esa clase de personajes. Pues bien, ocurre que al día siguiente se conectó a mi Messenger una jovencísima damita a la que yo no conocía de nada. A esa chica este diario chorlitesco le importa un pepino (lo que constituye su mejor -y tal vez única- muestra de sensatez), pero vio un comentario mío en otra parte y quiso conocerme (sí, hay gente así de rara).

Siendo una adolescente como es, y por lo tanto víctima de la LOGSE, me escribió con horrendas faltas de ortografía y con una insoportable falta de educación. Esto me llevó a no prestarle toda la atención que ella creía merecer, así que, sintiéndose despechada, comenzó a insultarme. Yo los insultos me los paso por el Arco del Triunfo, pero mientras tanto vi la fotografía que tenía expuesta y me dije: "¡Coño, pero si es Linda, la de la canción de Loquillo!" Miren y admitan que sería ideal para protagonizar un vídeo musical de la canción Carne para Linda (el permiso para subir la foto me ha costado mis buenos ratos de súplicas y sutiles manipulaciones, no se crean que fue fácil). Así, justamente así, es como yo me imaginaba a Linda:


(AQUÍ HABÍA UNA FOTO)

Ahora, claro, somos muy amiguitos, y -guárdenme el secreto- opino que está para un par de revolcones. O más.


domingo, 6 de julio de 2008

La Teniente González Torres, una militar de verdad


Da gusto encontrarse con personas razonables entre tanta estupidez de igualdad de cupo y tanto comulgar con las ruedas de molino que nos impone el fundamentalismo feministoide, por eso hoy voy a mentar a la Teniente Torres, número uno de su promoción de pilotos de caza.

Ignoro si ha recibido trato de favor o no, y sólo la voy a juzgar por esta entrevista aparecida en El País.com. Ustedes ya me conocen y saben de mi misoginia, que es acendrada en lo que a mujeres militares se refiere. Pues bien, entenderán que haya leído la entrevista a la Teniente con suma atención, buscándole fallos. Pero no, amiguitos, no se los he encontrado. Hasta su jerga coloquial me ha gustado ("Porque aquí la menda no va a arreglar mucho", "Espero que cacen ellos. A ver cómo se lo curran").

La entrevista, breve y en tono amistoso, está salpicada de respuestas llenas de sensatez, de profesionalidad ("Yo soy militar las veinticuatro horas del día") y de igualdad sexual ("Cuando me hablan del sexo de los militares, creo que no hay que pensar tanto en eso"), pero igualdad de la de verdad, de la que no se nota, no como las imbecilidades de las que algunos sinvergüenzas nos quieren convencer, que ni son igualdad ni son nada, salvo cebo demagogo con el que alimentar a un pueblo aborregado.

Lo dicho: así da gusto. ¡A sus órdenes, mi Teniente!

sábado, 5 de julio de 2008

Nepotismo cortijero, falta de trapío y la madre que los parió


A lo mejor es que yo no soy lo bastante progre e igualitario, y por eso estoy ahora echando espuma por la boca.

¿PERO ESTO QUÉ COJONES ES?

Repelente niñata enchufada, y encima tienen la desfachatez de inventarle un ministerio con el irónico nombre de "Igualdad". ¡ME CAGO EN DIOS! ¿POR QUÉ NOS HACEN ESTO? Ya no apelo a la vergüenza, que indudablemente ni la tienen ni la han conocido, ¡pero al menos podrían tener sentimientos y moderarse un poco en las sevicias a las que nos someten!

¡¡¡A LA PUTA CÁRCEL TODOS, HOMBRE!!!

¡Al MEV pongo por testigo de que nunca volveré a leer un periódico!

viernes, 4 de julio de 2008

Me llamo Linda Sánchez García


Me llamo Linda Sánchez García. Tengo nombre de perrita caniche y apellidos vulgares, y quizá alguna de las personas que lea esto también se apellide Sánchez García. No sería una coincidencia como para sorprenderse, la verdad.

Mis aficiones son las normales de cualquier chica: leer, escuchar música, ir al cine, la jardinería, y asistir a velatorios y a entierros.

Hoy he cumplido veinticinco años, y acaba de morir mi cuarto novio. No crean que estoy triste, no. La gente intenta consolarme, porque la gente es tonta. Nadie se fija en los detalles.

Algunos dicen que estoy gafada, que se muere todo aquel hombre al que me acerco. La gente es tonta; confunde las causas con las consecuencias. Si los novios se me mueren es porque los busco enfermitos. Terminales, a ser posible.

Ya, ya me imagino lo que están pensando. Creen ustedes que soy una de esas lagartas que se entregan a viejos moribundos por la herencia y todo eso. Se equivocan. Yo soy lo que soy, pero no una zorra. Además aún soy doncella, que lo sepan.

Tengo fama de ser guapa y educada. Mi figura extremadamente delgada -las amigas me preguntan cómo lo hago, pero es un secreto- y mi lividez atraen a muchos hombres, varones fuertes y sanos que me pretenden en vano. A mí me gusta acercarme a los otros; los debiluchos con graves enfermedades, sin importarme su edad ni su dinero. Yo los quiero a ellos, no a sus posesiones. Quiero sus cuerpos.

Quiero su carne.




Nota del cabeza de chorlito: Escribir esto ha sido casi un plagio de la letra de Carne para Linda, de Loquillo y Trogloditas. Yo bien poco he aportado. Es algo que tenía pendiente desde hace mucho porque me encanta esta canción, y porque lo que en ella se cuenta se parece mucho -no sé si estarán de acuerdo- a alguno de mis cuentos leonidianos. Ahí va la letra:


Linda tiene un secreto para conservar su línea.
Sus amigos se preguntan por la clase de alimento.
Linda sonríe coqueta y se guarda su secreto,
pues su fuente de energía es la carne de los muertos.
No necesita más.

Y sus padres preocupados, esta chica que no come.
Y ella sigue perpetrando sus nocturnas excursiones.
Todo el mundo ya se extraña de las desapariciones
en todos los cementerios, de cercanas poblaciones.
No necesita más.

En las cenas familiares nunca prueba ni un bocado,
ocupada en enterarse del entierro más cercano.
En los banquetes de Pascua permanece indiferente,
pensativa en un difunto que poderle hincar el diente.

En los "partys" siempre baila con el muchacho más pálido,
y coqueta le pregunta por si padece de algo.
No se pierde ni un entierro y discreta se relame,
una chica educada comentan sus familiares.
No necesita más.

Letra de Sabino Méndez, de quien por cierto me acabo de enterar que es el autor de la canción (desconocida hasta ahora para mí) del partido político UPD, casualmente el que voté en las últimas elecciones generales, y también de La mataré, una de las canciones que más me han conmovido en mi puta vida. Grande, el Sabino.

¡Misó vive!


Leo estupefacto en la prensa de hoy la siguiente noticia:

El esquivo antropólogo japonés Misó Gino reaparece cuando ya se le creía muerto.

Un amplio dispositivo policial al mando de la Capitán Bragas Blindadas lo mantiene acorralado y se espera su inmediata captura. La ministra de Igualdad afirma: "Viva Cai y la mare que nos parión". Nadie en el Gobierno le ha prestado mucha atención, la verdad.

En la tarde de ayer una patrulla de la Guardia Civil que efectuaba labores de vigilancia en Huévar (Sevilla), fue alertada por un grupo de chicas visiblemente afectadas. Según comunicaron a los guardias, se habían sentido muy ofendidas por lo que cantaba "un gitanuzo acompañado de un tío chupaíllo de color amarillento".

Ante la sospecha de que "el tío chupaíllo de color amarillento" fuera el peligroso Gino inmediatamente se dio noticia a la Capitán del Benemérito Cuerpo Doña Susana Bragas Blindadas, quien desplegó en la zona su Compañía Némesis, compuesta por 150 mujeres famosas y temidas por su ferocidad. Cabe resaltar que la Compañía Némesis ha recibido frecuentes denuncias por arrancarle los testículos a sus detenidos, sin embargo sus agentes (o agentas, como gustan llamarse) siempre han defendido su inocencia con declaraciones como esta: "Nosotras no tenemos la culpa de que al meter a esos cerdos machistas en la sala de interrogatorios se les caigan los huevos, jo, jo, jo".

El agente Pórrez, quien patrullaba por las inmediaciones de Huévar al ser avisado por el grupo de muchachas histéricas, ha manifestado a esta redacción: "Yo vi llegar a to aquel grupo de locuelas, dando gritos, enseñando los tangas y la raja del culo, con las tetas casi al aire, con los pirsins esos en los ombligos, pintadas como furcias, y mire usté, yo creía que nos violaban a mi compañero y a mí. Pero na, no hubo suerte. Al final era todo por una canción que las molestó, ¿sabe usté?"

Por las descripciones que las víctimas han proporcionado se baraja la posibilidad de que el ofensivo cantante sea el conocido machista Chato de Huévar. No es ese dato, sin embargo, el que ha alertado a la Capitán Bragas Blindadas, sino que es el misterioso acompañante (chupaíllo y amarillento) quien ha movilizado a la tan condecorada como temida Compañía Némesis. Así lo explica la propia Capitán Bragas: "Estoy convencida de que se trata de Misó Gino, el peligroso antropólogo que llevo intentando detener toda mi vida. Cuando sea mío, ¡ay, cuando sea mío...!" Dicho eso la oficial pone los ojos en blanco y comienza a babear.

Hasta ahora no se han producido detenciones, pero fuentes solventes han comunicado a este periódico que ha sido activado el PAPO (Plan de Alerta Por Ovarios) y que en las dependencias de la Compañía Némesis se han puesto a hervir grandes ollas con aceite. Y no es para hacer churros, nos confirman.

Escuche aquí la canción que ha puesto en jaque al japonés Misó Gino:



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