AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

jueves, 31 de julio de 2008

Lilit (I)


Si dijera que Lilit y yo nos conocimos a la salida de una discoteca este principio sonaría a historia mediocre. Y seguramente lo es. Podría referirles el principio de Lolita, del tal Nabokov, pero eso de "luz de mi vida, fuego de mis entrañas" me suena tan cursi...

Cuando vi a Lilit no sentí fuego en las entrañas ni nada que se le pareciera. Si acaso, lo que sentí fueron arcadas. Bien pensado podemos admitir que las ganas de vomitar se pueden llamar "fuego en las entrañas", pero se debían a la borrachera que llevaba, no a que la visión de Lilit me revolviera el estómago.

Sea como fuere la verdad es que salí de la discoteca y vomité en la calle ante la mirada de Lilit. A ella la escoltaban un par de esos animales con hipertrofia muscular tan frecuentes en las puertas discotequeras. Supongo que eran amigos de ella, o al menos conocidos, porque se me ha olvidado decirles que Lilit trabajaba en ese antro como putirina (una putirina es una mezcla de puta y bailarina, o sea, una de esas puercas que se desnudan mientras bailan y aceptan billetes en el tanga). La putirina de Lilit se apiadó de mí. Imagino que ese instinto maternal que llevan oculto casi todas las mujeres hizo el trabajo sucio, y ella se las apañó para separarse de los dos musculitos y sostenerme la cabeza mientras yo seguía expulsando mis demonios alcohólicos en forma líquida. No sé para qué carajo sirve eso de sostener por la frente a quien está vomitando, pero sí recuerdo que mi madre lo hacía cuando yo era pequeño y estaba malito.

Entre que Lilit era un cañón de hembra y ese gesto maternal de sostenerme la testa mientras escupía hasta el hígado, la muy puñetera logró enamorarme.

Cuando me sentí mejor le di las gracias, y para mi sorpresa respondió ella:

-Te besaría en la boca en este momento, pero creo que antes necesitas lavártela a fondo, guapetón.

Esas fueron las primeras palabras que oí de ella. Tenía una voz hipnotizadora y andrógina. Me gustó cómo sonaba, y si a eso añadimos lo buena que estaba la cabrona y lo protectora que se había mostrado conmigo, comprenderán que me enamorara hasta el coxis. En la habitación del hotel al que fuimos había cepillo de dientes -eso me lo explicó ella- y si yo no hubiera estado tan borracho debería haberme dado cuenta de que algo pintaba mal en toda la historia, porque las chicas decentes no van por ahí llevando a desconocidos a un hotel, del que además saben si tiene o no tiene cepillo de dientes en la habitación.

Recuerdo poco más de aquella noche, apenas la cara de mi amada y la factura que pagué en el hotel. No sé cómo llegué a mi casa, pero sé que llegué con mucho sueño y me puse a dormir. Al despertar revisé mi teléfono móvil y hallé una nueva entrada en la agenda: Lilit, número tal y tal. La llamé, y puesto que no contestaba dejé un mensaje en su buzón de voz:

-Hola, Lilit, soy yo, Adán. Llámame cuando puedas. Me ha encantado conocerte, cielo. Quiero más. Quiero mucho más. Lo quiero todo. Llámame, por favor.

Lilit no me llamó, pero al cabo de unas horas me llamó Sandra, una vieja amiga a la que podría definir como ex-novia:

-¿Sí?

-¿Adán?

-El mismo. Cuéntame.

-Quiero hablar contigo, muy seriamente.

-Uy. Adelante, habla.

-¡No, imbécil! Quiero que nos veamos y hablemos en persona, mirándonos a la cara, capullo.

Sandra y yo nos encontramos un rato después. Le ofrecí tomar unas copas, pero ella me respondió:

-Nada de copas, Adán, por favor. Vamos a pasear y a charlar mientras tanto.

Acepté y paseamos amigablemente juntos durante una media hora. Hasta que Sandra sacó el "tema":

-¿Qué hiciste anoche, Adán?

-Salí a tomar unas copas, ¿por?

-¿Cómo acabaste?

-Pues borracho, claro. Oye, Sandritilla, ¿a qué vienen estas preguntas? Tú y yo ya no somos pareja, ¿acaso te pregunto yo lo que hiciste anoche?

No sé por qué, pero Sandra se echó a llorar, y entonces me miró llena de ira y me soltó:

-¡Me han llamado tres personas para decirme que han visto a mi ex novio hablando solo, como si fuera un puto loco!

(Continuará, cuando me plazca).

10 comentarios:

Mondejar dijo...

Me gusta y quedo pendiente de la próxima entrega.

¿De verdad que pertenece a "Cuentos que no contarias a tus hijos"?

Un saludo.

JAVI (El Inconformista) dijo...

Espero con sincera deboción le plazca a su excelencia compartir el final de tal cuento a la mayor brevedad posible.

Un saludo (¿todo bien?)

Jack Blake dijo...

Yo, espero que conozcamos el final de la historia. Pero, me gustaría dar una sugerencia. Por favor, no metas en esta historia a la vieja de aquel cuento. No creo que pinte nada aqui. Con lo bien que debe estar ella en el psiquiátrico donde solías verla. Un saludo.

s a n d r a dijo...

Para soñar no hace falta cerrar los ojos.

P.D.Estamos más o menos de acuerdo en cuanto al clima, en absoluto en cuanto a calificativos femeninos...

Fdo: S a n d r a (no ex-novia del protagonista)

Anónimo dijo...

Creo que Adán debería dejar de beber. Así podría abrazar a una Lilit de carne y hueso, es una lástima en verdad que si.

nomolamos dijo...

esperemos a ver que pasa, promete, pero los espejismos no te dejan el numero de telefono resgistrado, que yo sepa?? jejjeje

Blanca dijo...

Bastante competente, espero que la continuación sea en breve. Hay que reconocer que Sandra se preocupa por la reputación de Adan.

Un saludo

osiris dijo...

Me gusta la historia.
¿Adan, en algún momento de la historia saldrá Eva?

Negro dijo...

Los números registrados los deja uno mismo en el móvil, digo yo. Que para eso es suyo.

Yo sinceramente creo que este tipo se va a dejar directamente de charlas, ocupará un puente y pedirá peaje a quien no le suelte la guita.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Hola a todos:

Mondéjar:

Sí, de verdad.

Inconformista:

Bueno...

Blake:

Tranquilo, la vieja no aparecerá en este relato porque ya ha sido asesinada (y violada) por el perturbado del otro cuento.

Sandra:

¿No te ha parecido bien lo de llamar putirina y puerca a Lilit? Lo siento. Bueno, no, no lo siento un carajo.

Anónimo:

No te precipites, que aún no sabemos si Lilit es real. Yo por lo menos aún no lo sé.

Nomolamos:

Como dice Negro el detalle del número de teléfono no prueba nada, al menos no por lo que sabemos hasta ahora.

Blanca:

Quizá Sandra sea una gran actriz. Yo no veo las cosas nada claras.

Osiris:

Creo que has usado el nombre de Adán como vocativo para referirte a mí en tu comentario; si es así te advierto que aquí hay bien poco de autobiográfico. Y no tengo ni idea de si aparecerá alguna Eva, de verdad que no. Dejemos que la historia se escriba sola, a su ritmo.

Negro:

Pues igual hace eso que dices, no tengo ni idea de lo que va a pasar. Bueno, algo de idea sí que tengo, pero no me dejan adelantar detalles.