AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

jueves, 1 de marzo de 2007

El día que mi hermano me salvó la vida


Algo conté ya. En una anotación de hace tiempo dije que una vez mi hermano me salvó la vida. Quizá sea exagerado, pero yo quiero pensar que no. Verán, cuando uno está al borde del abismo y mirando hacia abajo con deseos de saltar, o mejor dicho, cuando ya ha empezado a dejarse caer, un gesto de amor fraternal inesperado puede ser lo que nos detenga. Por eso digo que me salvó la vida. Dejen que se lo cuente:

Fue en aquel año que con gusto eliminaba de mi calendario, de mi currículum, de mi vida. Aquel infausto 2004 de putadas y amor, de puñaladas y traiciones, de mentiras y cegueras, de rencores y perdones, de lágrimas y amenazas...

Como les decía, aquel año infame este cabeza de chorlito caminaba junto al precipicio. Deambulaba al borde del abismo cogido de la mano de la Hija de Satanás, sólo esperando el momento en que ella decidiera soltarme y darme una patada en el trasero. En cierta ocasión pasé cuatro días, (96 horas, que se dice pronto), sin comer absolutamente nada y casi sin dormir. Esos cuatro días sobreviví a base de café, alcohol, tabaco y Red Bull, y no sentí hambre en ningún momento. Lo que hice durante esos días no lo puedo contar porque, sencillamente, no lo tengo nada claro. No lo recuerdo. Sólo sé que me entregué en serio a la empresa de matarme poco a poco. Sí que recuerdo en cambio que el quinto día, en un momento de lucidez en el que se impuso el instinto de conservación, me obligué a comer algo: una empanadilla que casi me hace vomitar. Parecía que todo mi organismo se rebelaba contra la idea de ingerir alimento sólido. La acción de masticar me resultaba molesta, y sentir algo sólido rozando mis encías me producía náuseas.

Pero eso sólo es una anécdota para que se hagan una idea de cómo andaba este cabeza de chorlito por entonces, y para que puedan comprender mejor lo que viene ahora:

Una tarde me vi reunido con un grupo de personas a las que no conocía de nada. Ya saben, esa clase de grupos que se forman espontáneamente entre gente desequilibrada. Alguien empezó a tocar la guitarra, y mientras una chica se me insinuaba descaradamente a mí me dio por llamar por teléfono a mi hermano pequeño, del que me separaban 700 kilómetros de distancia y ocho años de edad. Empecé a llorar a moco tendido, sin el menor decoro. Ya otras veces lo había hecho ante camareros por aquellas fechas. De perdidos al río.

En aquella conversación telefónica dije cosas que nunca quise haber dicho, pero que alguna vez tenían que decirse. Le tocó oírlas a mi hermano. Lo siento por él, pero me alegro por mí. Me alegro porque unas 20 horas después me sonó el teléfono...

- Hola. Dime.

- Leónidas, ¿cómo estás?

- Bien, bien, gracias -. Mentira cochina.

- ¿Has comido?

- Sí, acabo de hacerlo -. Otra mentira cochina.

- Pues es una pena, porque me he tomado el día libre y me he recorrido 700 kilómetros para comer contigo.

- ¿QUÉ? ¿Estás aquí, Tomy?

- Anda, Leo, ve quitándote el uniforme que te recojo en un cuarto de hora en la puerta del cuartel.

Y después de esto, fieles tres o cuatro lectores, comprenderán que este cabeza de chorlito se replanteara ciertas cosas. Y es que hay personas por las que merece la pena vivir. Y si hace falta comer, pues se come.


8 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustaría que supieras que además de tu hermano, hay más gente que se preocupa por ti, y que esta cerca, muy cerca... De hecho te estoy viendo ahora mismo. Me gusta observarte de lejos, sin que me veas. Me gusta ver como alimentas a Gusifluky. Como te paseas desnudo por el piso, sin darte cuenta de que te miro. ¿O quizás si te has dado cuenta y te exhibes para mí? ¿Es eso? ¿Te gusta provocarme? ¿Te excitas pensando en que te miro, y que quizás me acaricio mientras lo hago? Creo que ha llegado el momento de dar un paso más en nuestra relación. Visitar tu piso mientras no estás es divertido, pero ya no me basta. Sí, te diste cuenta del juego de los dálmatas, pero no supiste -o no quisiste- interpretarlo. Por ahora me conformaré con verte mientras duermes. La forma de dormir dice mucho de una persona, y yo quiero conocerte un poco más antes de descubrirme ante ti.
Buenas noches, amor... Y hasta pronto.

Tesa dijo...

Bueno, yo no voy a tirarte el tejazo como aquí "la anónima", espero que después de una respuesta como esa no se quede en "calientanuflos" y cruce la línea.
Respecto a tu entrada, sí, hay gente por la que merece la pena vivir. Son una especie de motor. Lo digo con toda la seguridad de que soy capaz porque yo poseo uno, 13 años del niño más guapo del mundo y los besos más dulces. A veces voluntariamente y otras sin querer, tiran de ti, porque la necesidad y el cariño son recíprocos.
Besitos, chorli, y gracias de nuevo.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Hola, anónimo. Muy peliculero tu comentario, muy guay si yo viviera en una película, pero resulta que las persianas de mi casa siempre están bajadas. Y paso de mariconadas y de retrasos mentales. Sigue matándote a pajas, pero sin achacar a tu imaginación a lo que es la realidad.

Tesa, hablamos por privado, paso de cobardes.

MiRi de los Bosques dijo...

Bueno, Leo. A veces te sorprende de lo que la gente te aprecia cuando más solo te sientes. Muchas veces nos sentimos solos... pero nunca lo estamos del todo. Siempre hay alguien que se pregunta cómo estaremos, qué nos pasa que no damos señales de vida, que se preocupa porque nos sabe tristes o que nos echa de menos. A veces, como en este caso, es alguien allegado y de quien no te cabe duda que te quiere. Otras, es quien menos te lo esperas. Quizás alguien que te considera su amigo y que ni valorabas. Bueno Leo, espero que con el tiempo estas preocupaciones y malos rollos se vayan resolviendo... o disolviendo al menos. Una de dos.
Saludos,
Miri

Baba de caracol dijo...

Cuando me independicé, lo más duro fue dejar a mi hermano, el que tiene un hermano con el que contar, para reír, para darle por culo en la siesta y sobre todo para esos momentos malos, realmente tiene un tesoro.
Los hermanos son los auténticos amigos, crecen contigo y son un gran apoyo, te unen más a la vida y cuando los padres faltan, seguimos siendo plural. Que putada ser hijo único, no creo que puedan hacerte una mayor, porque privarte de tener un hermano es una gran putada, padres sin perdón.
Saludos, amigo.

Baba de Caracol dijo...

Y haz el favor de dejarte los grupos de la iglesia, y las reuniones guitarreras de visiones ectoplasmicas.

Layose dijo...

En los momentos malos es cuando realmente uno se da cuenta de con quien puede contar en su vida y con quien no! Una verdadera pena tener que llevar a estos extremos. Un beso

electrokiss dijo...

querido leonidas

tu has tocado un no muy lejano recuerdo, asi como me ves con el espacio rosa y todo y a mis 23... se lo q es dejarse... y entregarse a la nada... esperando q la nada le ponga solucion a aquello q duele con cada sorbo de aire...

es bueno mirar atras para ver cuanto has avanzado
y yo le debo mucho muchisimo a tres personas y aunq una de ellas ya no este en este mundo...
de manera rara extraño a las tres...

es hora de q me alimente, hasta la proxima