AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

lunes, 28 de junio de 2010

Yo le daba lo que se merece a la amiga Tarjita

La pava está buena y además canta que te cagas. Hace mucho dije por aquí que me gustaría usar una de sus canciones como fondo sonoro mientras echo un polvo salvaje. La muy zorra incita a eso con la voz salida del infierno que tiene.

Luego supe que la puerca iba de diva por la vida... Un momento, ocurrencia al canto :

Aquella mísera golfa iba

feliz creyéndose una diva

siendo solo una fácil zorra

satisfecha con su pública vida

sin aún descubrir mi porra.

(Ya me quedao en la gloria). Decíales que esta puerca llamada Tarja Turunen me parecía una artista hasta que descubrí que no era más que un engreído putón. Pero no vayan ustedes a pensar que su amigo Leónidas es un infecto machista que desprecia a los zorrones; no, nada de eso.

A mí, la verdad, me gustan mucho las guarras, y si además cantan con esa pasión y esa mala hostia que pone en el escenario la ramera de la Turunen yo no puedo hacer otra cosa que desearla con toda mi alma, y más concretamente con toda mi polla. Maldita sea mi estampa, admiren a ese súcubo entre el minuto 1´24 y el minuto 2´30 en este vídeo de su último concierto; fíjense en esa cara de muñeca de porcelana que está pidiendo ser rota a hostia limpia:



¿No es para matar a besos a esa mala pécora? ¿No es para desear abrazarla hasta romperle las costillas? Ay, pequeña Tarja, no se puede ser tan grande.

Me gustaría follarte, diabólica Turunen, y me gustaría hacértelo salvajemente, a cuatro patas, mientras tú cantas End of all hope. Quisiera provocarte orgasmos que tú expresarías gritando como si cantaras ópera una vez más.

Luego, tras haber descargado la esencia de mis cojones en tu interior, extraería mi polla semiflácida de tu coño e iría en busca de la barra de una cortina o algo así, y te golpearía con ella en la cabeza hasta que Gusifluky huyera despavorido y solo volviera cuando el aroma de tu sangre venciera su miedo. Entonces mi querido gato lamería los sanguinolentos pegotes de cerebro que habrían salpicado las puertas de los armarios empotrados. ¡A ver cómo ibas a cantar entonces, pedazo de zorra!

(Jódete, Soldadito, jódete una y mil veces).

sábado, 26 de junio de 2010

Recomendando lecturas veraniegas


Llegan las vacaciones estivales y con ellas aumenta el número de lectores, porque todos sabemos que leer es una actividad pecaminosa apta solo para el verano, que es cuando se relajan las formas y a los hombres les da por ir mostrando sus piernas peludas y a las mujeres por usar prendas que dejen ver los antiestéticos tatuajes y los anafrodisiacos michelines. Es por eso que veo en el día de hoy un buen momento para recomendar lecturas, y como soy una buena persona generosa y altruista, presta siempre a hacer un favor a mis semejantes, ahí voy:

Empezaré recomendando una novela que me ha impresionado recientemente: Matar un ruiseñor, de Harper Lee. Compré ese libro sin saber que Lee es una mujer, porque tengo la norma de no leer nada escrito por mujeres (aunque ya me hicieron dudar de esa norma al descubrirme a Patricia Highsmith). Tras leer Matar un ruiseñor tengo que quitarme el sombrero ante doña Harper y volver a replantearme mi misoginia literaria. Qué gran novela, pardiez. De mayor quiero ser como Atticus Finch, y si tengo alguna vez una hija quiero que sea como la divina Jean Louise Scout; menudo par de adorables personajes. Además la historia tiene su moralina y todo eso. Ya que usted pierde el tiempo leyendo este mísero blog me veo con la autoridad necesaria para exigirle que lea la única novela que publicó Harper Lee. Me lo agradecerá, estoy seguro de ello. Mientras tanto es casi delictivo que usted lea estas mierdas mías habiendo a su alcance una novela como la de doña Harper.

La siguiente recomendación es sobre la apasionante antropología: Vacas, cerdos, guerras y brujas, de Marvin Harris. Un libro muy instructivo y fácil de leer para todos aunque no tengamos formación científica. Políticamente incorrecto en algunos fragmentos (que a mi juicio son los mejores) y seriamente científico, porque Harris tiene claro que ciencia y correctismo político no pueden hermanarse. Aunque la antropología es una de esas ciencias en las que las hipótesis no son fácilmente demostrables Harris derrocha en argumentos y datos para lograr convencer al lector. Si le interesa a usted comprender las acciones humanas no debe perderse este libro.

Y finalmente voy a recomendar otra lectura que va con premio: El espejismo de Dios, de Richard Dawkins. No diré más que si este ensayo se estudiara en las escuelas el mundo marcharía mucho mejor. Respecto al premio que he mencionado se trata de lo siguiente:

En mi perfil hay una dirección de correo electrónico. Pues bien, los tres primeros lectores que me escriban ahí comunicándome su nombre y dirección postal recibirán un ejemplar de El espejismo de Dios en unos días como cortesía de mi gato Gusifluky, que es quien paga los libros y quien ha tenido la idea de regalarlos.

Ya es momento de dar novedades



Hace mucho amenacé con hablar de mi hijo constantemente. Creo que he cumplido mi amenaza, hasta el
punto de buscar para Gusifluky papeles secundarios en algún que otro cuento simplemente por nombrarlo.

Aquella primera entrada en la que presentaba a mi hijito terminaba con estas palabras: "Estoy deseando verlo crecer, contarle cuentos, enseñarle a leer, transmitirle sólidos valores morales, en fin, ay, esas cosas".

Esta madrugada, mientras la rabia se me está comiendo empezando por algún sitio desde dentro de mí, y estando bajo la necesidad de pulsar teclas voy a hablar de mi gato otra vez, porque es un recurso excelente para evitar escupir mierda sobre el mundo, o sobre esa pequeña parte del mundo que me
puede castigar por decir verdades como puños. Cobarde como soy no hablaré de lo que el cuerpo me pide, o tal vez sea que ya estoy harto de repetirme.

Hablemos de Gusifluky, que es de lo único que puedo escribir sin que la mierda salpique demasiado:

Lo he visto crecer hasta donde sus genes se lo permitieron. Es un gatazo grandote sin llegar a ser excepcional. Simplemente es grande y sano. Las personas no suelen conformarse con eso, pero a Gusi le basta y le sobra.


Le he contado muchos cuentos. Algunos de los cuentos que publiqué en este blog fueron sometidos a su criterio antes de publicarse, porque la opinión de un gato debe tenerse en cuenta siempre. Las personas discrepan habitualmente en sus gustos, pero si un gato te dice que algo le gusta lo mejor es hacerle caso, y no pasa nada si se equivoca, porque él no porfiará dándoselas de listo y acusando a los demás de estar equivocados.

Intenté que Gusifluky aprendiera a leer. Abandoné ese propósito cuando descubrí que él ya sabía leer, virtud que en cambio no he hallado en la mayoría de las personas entre las que me muevo día a día.

Eduqué al pequeño Gusifluky en un respeto incorruptible por los valores morales humanistas, sin embargo nunca logré qu
e dejara de abrir la nevera y estrellara los huevos frescos sobre el suelo de la cocina, ni logré que dejara de extraer las colillas de los ceniceros y las esparciera por todo el piso. Parece ser que hay aficiones que están más allá de la educación.



Hoy, en esta madrugada en la que querría morder y hacer mucho daño a todo lo que se me pusiera por delante, me estoy esforzando por no salir de casa y por pensar en la siempre relajante compañía de Gusi.

Si Gusifluky no existiera me lo tendría que inventar. Yo no podría vivir a solas conmigo.

jueves, 24 de junio de 2010

Si Mr. Harrison está a dos kilómetros y medio de ti... ¡lo tienes demasiado cerca!


Me lo contaba esta tarde mi compañero Gaspar, el hombre que más sabe sobre armas ligeras en el mundo, con ese entusiasmo que lo caracteriza al hablar de su especialidad. Y yo ahora se lo quiero contar a ustedes. Ya sabe el lector habitual que me estoy volviendo tan pacifista que doy penita, pero eso no me impide apreciar las cualidades de un buen soldado. Permítanme por tanto hablarles del cabo británico Craig Harrison, a quien no tengo el gusto de conocer pero que me honraría estrechándome la mano, y quien por lo que a mí respecta tiene pagadas dos cervezas en San Fernando.


Sucede que en noviembre de 2009 este súbdito de Su Graciosa Majestad entró en la Historia de los prodigios militares al mandar a percutir huríes a dos de esos tíos de turbante que hacen de malos en la película de la guerra de Afganistán. Matar a dos talibanes no es cosa nueva, desde luego. Lo que es único es que lo hiciera armado con un fusil y... ¡a 2´47 kilómetros!


La herramienta del cabo Harrison

Intento imaginarme la situación:

Es una mañana luminosa, sin bruma y sin viento, ideal para la misión de Harrison. Rahim y Hamid, a cargo de una ametralladora PKM, permanecen atentos a cualquier movimiento dentro de su campo de visión. Están tranquilos porque desde donde se han apostado pueden observar a largas distancias y no ven nada sospechoso que los inquiete. No pueden saber que a dos kilómetros y medio de allí dos profesionales tumbados en el suelo -francotirador y observador- hacen las últimas mediciones de distancia, presión atmosférica, y velocidad y dirección del viento. El tirador, un tal Harrison, introduce los ajustes necesarios en la herramienta de precisión que usa para hacer su trabajo. Segundos después Rahim cae desplomado sin abrir la boca. Hamid, que no ha visto ni oído nada raro, se pregunta qué le pasa a su colega. Ve sangre y empieza a sospechar lo que ocurre, pero no pasa de un principio de sospecha porque inmediatamente también él cae fulminado.

Asombroso. Esto es lo que se dice un trabajo bien hecho, y aunque probablemente Harrison no era consciente de ello, lo cierto es que acababa de superar por unas decenas de metros el récord que hasta entonces ostentaba el cabo canadiense Rob Furlong cuando abatió a un hombre a 2´43 kilómetros.

Me parece también destacable que Furlong usara un rifle de calibre .50 Browning (12´7 mm.), concretamente un McMillan Bros TAC-50, mientras que Harrison empleó un Accuracy L115A3 de calibre .338 Lapua Magnum (8´6 mm.), con un alcance eficaz mucho menor que el otro, lo que aún hace más impresionante la hazaña del último.

Si algún juez dictara una orden de alejamiento contra Mr. Harrison debería tener en cuenta todo esto para que la distancia de alejamiento sea en cualquier caso mayor de dos kilómetros y medio. Qué crack este hombre, joder, qué crack.

Quien tenga la suerte que yo no tengo de saber inglés puede echar un vistazo a los artículos de la Wikipedia que hablan de Harrison y de Furlong, o leer este breve artículo.

martes, 22 de junio de 2010

Con el mal sentido de la palabra les presento a las altas horas incontinentes


En las comunidades de vecinos aparecen con cierta frecuencia avisos anónimos que constituyen por sí mismos casi un género literario. A veces son insultantes, vengativos o ingeniosamente humorísticos, y no es raro descubrir gracias a ellos que tenemos un vecino con dotes satíricas a lo Quevedo. Otras veces, lamentablemente, nos encontramos avisos que mueven a risa por el lenguaje tan ridículamente pretencioso que exhiben, muy común entre personas que teniendo poca cultura quieren simular tener mucha. Uno de estos avisos es el que me encontré ayer en el ascensor de mi bloque, y hoy lo publico con regocijo en exclusiva para los lectores de DCC:



No sé qué me inquieta más, si saber que unas altas horas se andan cagando por mi edificio -¡las muy puercas!- o si descubrir que la palabra defecar tiene un buen y un mal sentido.

¿Conocen ustedes la expresión "tener cosas de bombero retirado"? Pues se da la circunstancia de que el actual presidente de mi comunidad es bombero retirado, en serio. (No quiero decir con esto que el genial autor del aviso sea él, eh, que lo menciono solamente como anécdota oportuna).



sábado, 19 de junio de 2010

Más Harding y menos hard


Ya conocía a Matt Harding, pero el jueves pasado, durante una de las amenas clases de inglés que el Minisdef ha tenido a bien pagarme (aprovecho para dar las gracias a Rosa, Anna, Atkinson padre y Atkinson hijo) volví a encontrarme con ese cachondo de Harding. Y hoy me apetece hablar, muy brevemente, de las emociones que me inspiran sus vídeos.

Pero lo mejor será empezar por ver el que nos pusieron en la academia de inglés:



Me perdonarán el quizás excesivo sentimentalismo, pero cuando veo algo así pienso -y siento- que algunas guerras -no todas lamentablemente- se podrían evitar si el mandatario que va a enfrascarse en una guerra mandando a morir a la gente que representa y ordenándole matar a desconocidos se relajara un poco y viera ese vídeo antes de firmar una orden de consecuencias irreparables.

Yo, que soy un introvertido con serios problemas para relacionarme, sería incapaz de hacer una gansada como las de Harding, pero me siento feliz, y muy agradecido, de que haya gente como él. Habría que ser muy hijoputa para seguir teniendo ganas de bombardear países tras ver un vídeo del amigo Harding.

Pues ya ven ustedes, me estoy volviendo de un pacifismo que doy hasta asquito. El día menos pensado me pongo a hablar de alianzas de civilizaciones, cuelgo el uniforme y me hago jipi. Quién me ha visto y quién me ve.

jueves, 17 de junio de 2010

¡NO SOY ESPAÑOL!


Maldita sea mi estampa. Soy un apátrida, un descastado, un hijo de nadie, un qué sé yo. Algo muy malo en cualquier caso.

En realidad hace mucho tiempo que sospecho de mi falta de arraigo, de filiación, de vergüenza y de todo; pero fue ayer cuando uno de mis respetados camareros constató claramente mi ignominia con una demoledora sentencia: "¡Pues vaya mierda de español que eres tú!", me espetó aquel ciudadano de pro.

Resulta que yo, un instante antes y con insensata imprudencia, cometí la osadía de expresar ante el camarero mi satisfacción por la derrota de la selección española de fútbol ante la selección suiza. Tengo mis motivos prácticos, que no ideológicos ni sentimentales, para alegrarme de esa derrota, pero ahora no vienen al caso. Lo importante es que no soy lo bastante español según el criterio de muchos, como el del camarero que me acusó de ser "una mierda de español".

Puede que sea eso; puede que yo no sea español si ser español significa jalear a deportistas millonarios; puede que para ser español haya que centrarse en el Mundial de Fútbol y olvidarse de los millones de parados, de la insolidaria economía sumergida, y de la desfachatez de tanto cacique local que se cree intocable gracias, en parte, al semianalfabetismo de nuestros chavales, que nadie quiere corregir de una manera definitiva y clara, porque eso supondría el principio del fin del chollo del que gozan tantísimos vividores a cuenta del currito. [Este párrafo es una bazofia harto defectuosa que no puede ser corregida hoy pero quizá lo sea alguna vez].

Reflexiono sobre esto y recuerdo que ante todo soy una persona, y el hecho de ser una persona oficialmente española obedece a un acontecimiento puramente casual. Pero sigo pensando en ello, y tras mucho darle vueltas al asunto llego a la conclusión de que yo no soy un buen español porque a mí me la sopla el fútbol.

Así que acabo comprendiendo que mi camarero favorito tiene razón cuando me acusa de ser un desgraciado antiespañol, porque soy tan imbécil que me interesan los millones de parados más que los millonarios futbolistas. Lo siento.

Luego me pongo a pensar en la desfachatez de tanto cacique local y en el semianalfabetismo de nuestros chavales , y se me quitan las ganas de pulsar una tecla más.

Pero después, antes de despedirme, aclararé algunas cositas:

A) El camarero que me acusó de ser un mal español cobra el paro mientras obtiene un sueldo como camarero sin declarar. Sueldo sin declarar y paro. Y además sigue lo que hace la Selección Española (de fútbol).

B) A estas alturas de la vida y sabiendo lo que sé no es un insulto para mí ser tachado de "mal español". Lo que me toca los huevos es que haya gentuza que basa su "españolidad" en lo que hagan un puñado de futbolistas.

C) ¿Qué tal si me hacéis el favor de moriros todos?

D) No tengo el menor interés en ser declarado "español".

sábado, 12 de junio de 2010

La cerveza moruna


Muchas veces nos juntábamos los tres formando un trío de lo más heterogéneo. Si algo teníamos en común era la profesión, porque ya me dirán en qué otra cosa pueden coincidir un francés llamado Renar, un marroquí llamado Rashid y este soldadito de plomo. Bueno, sí, otra cosa había en común: los tres disfrutábamos por igual contemplando los ojos azules de Azra o los ojos negros de Nela, las camareras más guapas que tropas hayan conocido ya sea en paz o en guerra.

Situémonos: verano del año 2001, Bosnia, Mostar, Base Europa, cantina española. Me refiero a la cantina oficial del SNSE, no confundir con el tugurio clandestino de Ingenieros, que no es lo mismo un soldado de zapadores poniéndote un café que un café servido por una mostarca de bandera.

A mí, francamente, nunca me terminó de gustar Rashid -cabo primero del ejército marroquí, cuarentón, flaco y veterano de vérselas con el Polisario-, porque no me da buena espina la gente que habla sin mirarte a la cara. Quizá sea una cuestión cultural y todo eso; a lo mejor a los marroquíes educados les parece una grosería mirarse a la cara cuando se hablan, pero lo que es a mí me da mucho por el saco que me hablen mirando hacia otro lado y casi en susurros como hacía Rashid, y si además me hablan en francés...

Renar -sargento del equipo de municionamiento gabacho, un caballero extremadamente cortés y un chaval joven como yo lo era entonces- sí que me caía bien. Renar se entendía en francés con Rashid y luego reconvertía las palabras del moro al inglés para que yo las medio entendiera con mi inglés de Murcia (pero de Murcia capital, que no tiene nada que ver con el inglés de esos catetos de pueblos murcianos, eh, no nos vayamos a equivocar).

Por alguna razón Rashid, Renar y este menda acabábamos pasando muchos ratos juntos, intercambiando palabras en varios idiomas y sin enterarnos de nada. Y sin que nos importara un carajo, además. Era absurdamente divertido aquello. Hasta que los milicos marroquíes se me atrevesaron del todo aquella tarde estival del año 2001, frente a los ojos azules de Azra y los ojos negros de Nela.

Allí estábamos Rashid, Renar y yo, con nuestros respectivos vasos de cerveza interponiéndose entre las camareras y nuestras fantasías, cuando Rashid vio a través de la amplia cristalera acercarse a un teniente de su ejército. Se deshizo de la cerveza rápidamente -un buen musulmán no le pega al drinking, y además de ser buen musulmán debe parecerlo más que el vecino, no sea que alguien se lleve un disgusto- y nos pidió con la mirada que le guardáramos el secreto. El teniente marroquí entró, se colocó junto a nosotros, pidió un café -estaría harto del insulso té moruno servido, eso sí, con toda ceremonia y parafernalia- y se entregó a la contemplación de los ojos negros de Nela o de los ojos azules de Azra.

Al cabo de unos minutos Rashid se marchó. El teniente moro lo vio alejarse a través de la cristalera. Cuando el oficial marroquí estimó que su subordinado estaba lo bastante lejos se deshizo del café. Y pidió una cerveza.

Renar y yo nos miramos sonrientes sin decir nada. Luego volvimos a concentrarnos en los ojos azules de Azra o en los ojos negros de Nela. Ellas, que sufrieron en Mostar lo del asedio croata, nos devolvían las miradas sin sonreír. Maldita la gracia que les debía de hacer toda esa hipocresía fanática de los preceptos religiosos.

Nela y Azra saben lo que hay detrás de gestos aparentemente inocuos como la leve hipocresía de Rashid y su teniente. Azra y Nela saben que la religión, combinada con la incultura y con la ambición de gentuza ególatra, puede ser muy peligrosa. Por eso no se ríen.

Y un año después estuve en Tarifa a puntito de liarme a cañonazos con los marinos compatriotas de Rashid -vueltas que da la puta vida-. Pero eso es otra historia
.

jueves, 10 de junio de 2010

"NÚMERO OCULTO" (II)

(Viene de aquí).

Media hora después Lola está en la oficina donde trabaja como administrativa de una importante granja de mucangrios, probablemente la más exitosa granja de mucangrios del mundo. Ya casi se ha olvidado de las llamadas con número oculto, ocupada como está en gestionar facturas, archivar albaranes, hacer fotocopias y coquetear con el gerente. Entonces suena el ridículo tonillo -chini, chini, chini- que escogió para las llamadas entrantes en una noche de alcohol y falta de gusto.

-Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas -empezó de nuevo la misma voz-. Pecado mío, alma mía...

-Oye, ¿vas a leerme toda la puta novela, so cretino? -interrumpió Lola con malas pulgas, con tan malas pulgas que ni una sola se había librado de ser excomulgada por el Papa. Sí, eran pulgas perversas y pecadoras-. Te lo pregunto por ponerme cómoda y eso.

-¿Te gustaría?

-¡Pues claro que no, lelo! ¿Es que no sabes lo que es el sarcasmo?

Se produjo una pausa en la que Lola creyó oír el chasquido de un encendedor y una larga expiración segundos después. Luego, inopinadamente, dijo aquella voz:

-Tengo más rabo que el demonio.

-¿Sí? ¡Pues lo doblas y te lo metes por el culo!

-Ay, Lolita, ay, pequeña Lola, ay -decía fingiendo pesadumbre aquel tipo-, así no es como fuiste educada en ese olvidado colegio del Opus. Si el pobre don José, tu profesor de Religión, levantara la cabeza...

-¿Pero tú quién coño eres, tío?- preguntó Lola sintiendo que aquello se estaba poniendo demasiado serio.

-Soy alguien que te quiere, cariño, solo eso. Por cierto, hoy estabas preciosa cuando has salido de casa. Con esa blusa azul y esa falda negra se disimulan muy bien los kilitos que te sobran, pero te sugiero que hagas más ejercicio y moderes la ingesta de alimentos, y mientras pierdes esos michelines sería conveniente que te abstengas de ponerte la camiseta esa tan ajustada que llevabas el martes de la semana pasada.

Decir que Lola estaba indignada sería decir poco; digamos mejor que estaba así como encabronada, y por eso escupió al teléfono las siguientes palabras:

-¡Muérete! ¡Enfermo, que eres un puto enfermo!

Taquicárdica y con la cara congestionada Lola colgó. "¡Gorda yo!", se decía mentalmente, "gorda su puta madre". Sin embargo corrió a mirarse en el espejo de cuerpo entero del baño de señoras de la empresa. A su pesar hubo de darle la razón a ese hijo de puta. A sus treinta y dos años no solo se vio gorda sino además vieja, y para colmo los ojos enrojecidos y las lágrimas que comenzaban a brotar le daban un aspecto más ajado aún. Entonces volvió a sonar su celular con aquel estúpido sonido: "chini, chini, chini".

-¿Y ahora qué quieres, cabrón?- exclamó Lola sin molestarse en ocultar su llanto.

-¡Gordinflona!- soltó la voz, inmisericorde, antes de cortar la comunicación.

Lola siguió mirando su reflejo -su horrible reflejo, pensaba ella- sin despegarse de la cara el teléfono ya silencioso. Tenía razón, ese cerdo tenía razón, opinaba Lola.

Lola medía un metro y sesenta y tres centímetros, y aquella mañana pesaba exactamente cuarenta y seis kilos con cuatrocientos treinta gramos. Y se vio terriblemente gorda, obesa, grasienta y sucia.

Lamentó haber desayunado un cacao esa mañana, y se prometió a sí misma que para todo el resto del día no iba a tomar otra cosa que no fuera café y algunos sorbos de agua. Con un poco de suerte llegaría a las cincuenta horas sin ingerir nada sólido. ¿Gorda ella?, ¡se iban a enterar!


(CONTINÚA AQUÍ)

Vecinos raros e ideas geniales


Yo soy un vecino de esos que llaman "raritos". Lo comprendo: vivir con un gato y sudarme la polla que la fachada del edificio no esté debidamente pintada o que la antena de la comunidad no esté adaptada al puto TDT y que a mí me la sople me convierte ineludiblemente en "rarito". Pues vale, soy un vecino raro.

Pero hay otro vecino raro con el que me llevo bien. Je je je, alianza de raritos.

Mi vecino raro es un ex militar reconvertido en abogado especializado en urbanismo. Es un trabajo cojonudo si eres un sinvergüenza; es un curro chungo si eres honrado.

Me cuenta mi vecino que está hasta los cojones de rechazar maletines cargados de billetes para que "asesore" en tal o cual sentido al concejal de urbanismo de turno. Y me lo cuenta estando borracho, añadiendo que hay detalles que no puede confesarme. Pero me lo dice como deseando que le pregunte por los detalles más escabrosos. Y yo, que a mi manera soy un caballero, no le tiro de la lengua, porque hay cosas que o se cuentan por propia iniciativa o mejor no se cuentan.

Pero esta noche, mientras tengo a una amiga agonizando en la cocina -ya hablaremos de mi nueva amiga que ha decidido ir a morir en mi fregadero-, quiero mencionar una idea que me ha transmitido mi vecino el abogado urbanista:

"Si Bibiana Aído es una ministra y una miembra del Gobierno, también es una alta carga del Gobierno".

Una alta carga. Qué buen juego de palabras. Y qué merecido.

miércoles, 9 de junio de 2010

Aviso supermegahiperultraimportante


Me han enredado (quinta acepción del DRAE para el verbo enredar:
"Meter a alguien en obligación, ocasión o negocios comprometidos o peligrosos") para escribir un cuento por entregas a dúo. La primera parte se puede leer siguiendo este enlace; la segunda se publicará por aquí pronto, espero.

(Pajeú, tómatelo con calma, que ando liado).

lunes, 7 de junio de 2010

Milicia y ateísmo


Esta es una de esas entradas que me jode escribir, porque supone enfrentarme a gente que quiero y respeto. Pero debo hacerlo. Permitan que hoy saque de su error a algún que otro despistado, duela a quien duela.

Si son ustedes de los que leen diariamente los periódicos yendo más allá del fútbol, de Fernandito Alonso y de ese tal Nadal, sabrán que hay cierto revuelo porque el Gobierno actual ha decidido desligar los actos religiosos de los actos militares. Si uno lee cierta prensa diríase que el Gobierno del PSOE -partido político en mi opinión perverso a la altura del PP- está atentando contra los más acendrados valores que definen la "españolidad", porque por lo visto, ser español es para muchos escoltar muñecos fusil al hombro. Ser español, y sobre todo ser militar español, es entendido por demasiados como ser garante de la perpetuidad de una religión.

Soy militar, y soy español. Me siento más orgulloso de lo primero que de lo segundo. Y también soy ateo, pero aquí no cabe hablar de orgullo porque no entiendo que una elemental racionalidad sea motivo de orgullo. Lo que sí tengo claro es que a la hora de que me ordenen liarme a tiros obedeceré esa orden con menos reservas morales si es por motivos reales de defensa o supervivencia que por motivos religiosos. Pienso que si todas las personas pensaran como yo las cosas irían mejor en el mundo.

Leyendo ciertas noticias en la prensa, o más comúnmente leyendo artículos de opinión, puede creerse el lector que los militares somos sistemática e infaliblemente adeptos a la liturgia católica. Falso. Los ateos nos quejamos poco, precisamente porque ser ateo implica no hacer caso de los dogmas religiosos; pero los creyentes se quejan mucho, y eso crea la falsa idea de que los militares, en conjunto, se sienten ninguneados. No es así; muchos somos los que agradecemos la valentía del Gobierno para separar religión y profesión. Ya iba siendo hora.

En cuanto a la participación "voluntaria" de militares en desfiles religiosos, como recientemente ha sucedido en el Corpus de Toledo, habría mucho que hablar de sutiles extorsiones ("si no participas no eres de los nuestros"), o de sobornos que suponen una estafa para quien no asiste ("ve y tendrás un día libre"), ¿y qué decir de quien participa hipócritamente en esos actos religiosos para salir en la tele, especialmente si es una mujer militar guapa que sabe que las cámaras se centrarán en ella?

Mentiras, mentiras y más mentiras, como dicta cualquier religión.

Desconfíe usted del que diga defenderlo en nombre de su religión, pues en verdad no defiende otra cosa que no sea su fantástica creencia. Resístase a lo fácil y, por una maldita vez, piense por sí mismo.

sábado, 5 de junio de 2010

Sí, yo también la he leído, ¡y no es para tanto!


Pues sí, acabo de leer la archifamosa y requeterreconocida Guía del autoestopista galáctico. Durante su lectura me he reído a ratos (pero eso me ocurre también leyendo un periódico) y he dejado de hacer cosas importantes por seguir leyendo unas páginas más (pero eso siempre me ocurre lea lo que lea). En definitiva: ¡que no es para tanto, joder, que no es para tanto!

Eso sí, algo debo agradecerle a Douglas Adams, y es el ponerle nombre a alguien que me tenía muy intrigado. Ahora sé que esa dama se llama Excéntrica Gallumbits, y que es una puta de tres tetas del planeta Eroticón 6. O al menos eso deduzco de la página 65 en la edición de mi Guía del autoestopista galáctico.

Excéntrica Gallumbits... ¡Hay que ver lo que enseñan los libros!

(Esta paja mental está relacionada con esta otra paja mental. O no tan mental).