AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

lunes, 31 de agosto de 2009

La combinación de la jerezana: su coño, el sueldo del novio y mi esperma


Hace ya años de esto y creo que ha llegado el momento de contarlo, de hecho no sé cómo he podido esperar tanto. Es una de las situaciones más disparatadas que he vivido y creo que merece la pena contarla, especialmente para aquellos defensores a ultranza de la tan cacareada "bondad femenina". (Sí, sigo con mi puntito misógino a pesar de estar estrenando una relación seria con un peaso mujer):


Un día conocí a cierta damita de diecisiete años. Monísima, rubia, piel morena, esbelta... un bombón, vamos. Un bombón casi analfabeto, por cierto. Un pedazo de carne con ojos, si lo prefieren. No era la mujer más culta del mundo, válgame dios que no, pero era lista a más no poder, con esa listeza que es fácilmente confundible con lo que podríamos llamar mentalidad criminal. Nos caímos bien; ella a mí porque estaba buena y yo a ella porque le parecí "inteligente" (esto último demuestra que no andaba en sus cabales).

Fuimos intimando —"intimidando" hubiera dicho ella— poco a poco. Me preguntó por mis ingresos, como hacen casi todas antes o después, y yo le planté en la cara una suerte de declaración de la renta; como empleado público que soy mis ingresos son del conocimiento de cualquiera. Le pareció poco dinero, porque su novio —obrero de la construcción antes de que la construcción se fuera a la mierda— ganaba el doble que yo. Pues muy bien, ¿y qué?, me preguntaba yo.

Días después esta chica, jerezana para más señas, me pidió que me acostara con ella. Así, a bocajarro: "¿Quieres follar conmigo?" Obviamente acepté, ¿por qué no habría de aceptar? Yo andaba solito por el mundo (ni a mi gato Gusifluky tenía por aquel entonces), y además estaba muy resabiado por la reciente experiencia con la Hija de Satanás, así que me pareció de perlas la idea de enchufarle el nuflo a esta zorrita. Pero me impuso unas condiciones, JA:

Debía tirármela a pelo y eyacular dentro de ella hasta que se quedara embarazada. Mientras tanto ella se acostaría con su novio usando preservativos. Cuando se quedara embarazada (de mí) haría creer a su novio que los condones habían fallado. Se casarían y ella sería una excelente madre y ama de casa mientras el cornu... el marido trabajaba como un cabr... como un desgraciado para mantener a su esposa y a mi hijo. Prometió esta elegante dama que jamás me reclamaría la paternidad de la criatura (fíate de estas promesas, y más ahora cuando es probable que el corn... currito de la construcción esté en paro).

Yo era por aquellos tiempos un cabeza de chorlito, sí, pero no tanto como para aceptar tan tremendas condiciones. Después la zorr... la dama desapareció, imagino que en busca de otro pardillo. Acaba así esta lamentable historia, pero antes de despedirme permítanme una pregunta retórica:

¿Cuántos bastardos habrá en el mundo fruto de componendas similares, ya fueran tan descaradas o más disimuladas? Es más, ¿quién nos asegura que no somos producto de tales apaños?

En fin, piensen en ello, y sobre todo piénsenlo cuando se les venga a la cabeza esa idea de la "bondad femenina".

miércoles, 26 de agosto de 2009

El señorito andaluz opina sobre vestuario (porque de otra cosa no puede opinar el muy simplón)


El soplapollas de Antonio Burgos, que por si no lo saben es un señorito andaluz que escribe chorradas de opinión en periódicos, se ha permitido opinar sobre el Doctor Cavadas, como hice yo hace unos días. Sin embargo para el chupatintas de Antoñito Burgos lo importante no es la abnegada, meritoria y habitualmente altruista labor de Cavadas, sino la indumentaria con la que el prohombre apareció ante los medios de comunicación. Parece que la forma de vestir del Doctor Cavadas no es del gusto del señorito andaluz, y eso ha llevado al último a escribir unas deleznables líneas mediante las que miserablemente intenta ridiculizar al primero.


Ay, Burgos, Burgos, qué tío mierda estás hecho, campeón. Si por esos azares de la vida acabaras leyendo esto pon atención a lo que te digo: Eres el ejemplo más claro que conozco de una persona a la que aun gustándole los gatos sigue siendo perfectamente capullares. No es la primera vez que te leo comentarios tan superficiales y chabacanos como los que has vertido contra Cavadas. Antes de escribir sobre ese señor la escoria como tú debería desinfectar el teclado con lejía, y lavarse la boca con sosa cáustica si lo que se propone es hablar en lugar de escribir. Me tienes contento, Antoñito, me tienes contento... Ah, y por si resultara que lees este desahogo de un cabeza de chorlito y consideraras oportuno demandarlo toma este regalo, que te lo quiero poner fácil, pedazo de gilipuertas: mi nombre es Francisco Javier Pineda Alburquerque (te lo aclaro no vaya a ser que con lo superficial y tontarra que eres te creyeras que de verdad me llamo Leónidas Kowalski de Arimatea).





Pedro Cavadas con el vestuario que horrorizó al tonto Burgos



La jeta de Antonio Burgos al pensar en la ropa de Cavadas

viernes, 21 de agosto de 2009

Otro héroe al que admirar


Mientras homeópatas, iridólogos, reflexólogos, kinesiólogos, quiroprácticos, y un larguísimo etcétera de embaucadores, de estafadores y de malnacidos profetas de lo "alternativo" esquilman los bolsillos de personas desesperadas; mientras eso ocurre con la condescendencia de una población acrítica y orgullosamente ignorante que aplaude al torero famoso y a sus putas, o que vitorea al futbolista millonario y a los zorrones que se folla, o que envidia al político corrupto que con el dinero de todos se construye mansiones; mientras todo eso ocurre en esta España de mierda que nos estamos haciendo entre todos, hay un señor que... bueno, que es de otra pasta, carajo.


Se llama Pedro Cavadas, y si yo me lo encuentro por la calle le voy a dar un beso en los morros (lo que será muy gracioso puesto que los dos tenemos perilla y se producirá el famoso "efecto velcro"). Qué esperanzador es que entre tanta escoria haya gente como el Doctor Cavadas, caramba.

Más cositas sobre este señor:

"Está hinchado, pero tiene una cara".

"El Doctor Cavadas critica que se haya violado la intimidad del donante".

"¿Qué queremos, arruinar la vida de la gente o hemos venido a devolverles la dignidad?"

"Cavadas nos cambia la vida, sus operaciones son una maravilla".

"Por encima de mi cadáver se violará la confidencialidad del paciente".

Entrevista a Cavadas en La 2 Noticias.

Y hay mucho más si quieren buscar. Aunque, por supuesto, son muy libres de inclinarse por los brujos de ese gran embuste mal llamado "medicinas alternativas", allá ustedes.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Ropopompón


Sorpréndanse, amiguitos. Ropopompón. Agosto. Ropopompón. Y Leónidas hablando de villancicos. Ropopompón. ¿Cabe imaginarse mayor absurdo? Ropopompón. Me encanta hacer el payaso. Ropopompón. Aunque mucha gente no lo sabe. Ropopompón. Porque los payasos tímidos escondemos nuestras payasadas. Ropopompón. Soy ateo y el mensaje religioso de los villancicos me la suda. Ropopompón. Pero me emocionan las cosas bien cantadas. Ropopompón. Estoy como una cabra. Ropopompón. Y prefiero ser un cabeza de chorlito antes que un desalmado incapaz de emocionarse. Ropopompón. En este momento estoy escribiendo una de las entradas más absurdas de este blog. Ropopompón. Mañana me avergonzaré. Ropopompón. Pero ahora no. Ropopompón...

Cómo me gusta esto, pardiez:




Ropopompón...

domingo, 16 de agosto de 2009

Lo que haría con la varita mágica


Charlaba con una conocida mediante Messenger, con una de esas cuasiadolescentes cuyo fin en la vida es ponerse más piercings, ensuciar su piel con más tatuajes e implantarse prótesis de silicona para lucir más pecho. Era divertido hablar con ella porque se trataba de una niña que estaba aprendiendo a descubrir el mundo y me pedía consejos sobre cómo debe portarse con un hombre (¡como si yo lo supiera!).


Hablando de todo esto y de mucho más me dijo que le gustaría tener una varita mágica para cambiar el mundo (el mismo sueño de todos, joder, qué poco original). Le pregunté qué haría con la mágica varita en caso de tenerla a su disposición, y su respuesta me pilló en bragas, lo admito. Esperaba este cabeza de chorlito una respuesta en plan "me gustaría que me crecieran las tetas", o "haría que todos los futbolistas estuvieran locos por mí", pero no. Su respuesta ha sido la más inteligente y generosa que se me puede ocurrir:

"crearia una energia infinita, limpia e inacabable, que pudiera conseguirse muy facilmente y gratis".

Que esto lo diga una chiquilla sin interés aparente por la ciencia, sin conocimientos de Física y preocupada por su talla de sujetador, me resulta grande, muy grande. (Y qué similitud su deseo con el asunto de la fusión fría, por cierto).

A veces este cabeza de chorlito mete la pata juzgando a las personas. Lo siento.