AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

viernes, 31 de julio de 2009

Orgullo


Me acaba de llamar. Me acaba de llamar para decirme que ya ha terminado. Me acaba de llamar para decirme que ya ha terminado y que
una de las doce plazas es suya, y yo siento una alegría enorme y unas ganas locas de abrazarla. Como está lejos y no la puedo abrazar me desahogaré en esta bitácora, sumidero de desvelos, ilusiones y confidencias.

Se queja con algo de amargura por no haber contado con apoyo, por haber sido blanco de burlas incluso. Dijo que quería ser militar y no la tomaron en serio; dijo que quería pilotar un helicóptero y se rieron de ella.

¡Ja!, hoy es ella quien ríe. Y yo, que tengo el inmenso honor de ser su amigo, me siento todo lo orgulloso que puedo sentirme sin llegar a explotar.

Lucía es arquitecta, porque así lo quisieron para ella. Pero ahora va a ser oficial de infantería y piloto de helicóptero, porque así lo ha querido ella. Le espera un año durísimo para formarse como oficial de infantería, y después otro año muy exigente para ser piloto de "helo", como ella dice ya con tecnicismo de profesional. Dos años duros, sí, pero si ustedes la conocieran sabrían que se los va a comer con patatas, y será piloto de helicóptero de combate como podría ser cualquier otra cosa que se propusiera.

Adoro a esa niña, entiéndanme.

miércoles, 29 de julio de 2009

La explicación definitiva


Me ha costado lo mío entender todos los misterios del Universo, pero hoy, casualmente, mientras mantenía una conversación telefónica con un adorable ser humano de sexo femenino, he visto la luz. De repente lo he comprendido todo:


YO: Pero vamos a ver, ¿cómo puedes hablar por teléfono conmigo mientras te comes una ensalada?

ELLA: Es que no tiene lechuga.

¡Acabásemos! Haber empezado por ahí, mujer.

martes, 28 de julio de 2009

Querido Dios:


Hola, ¿cómo va eso? Yo no creo que existas, la verdad, ¿pero y si me equivoco? A fin de cuentas la inmensa mayoría de la humanidad cree en ti (aunque te llamen de mil maneras tú y yo sabemos que se refieren a la misma cosa, incluso aquellos que niegan tu existencia pero añaden que "algo hay" creen en ti).


Si existes, esta carta no es necesaria, porque tú lo sabes todo. Aún así te escribo para facilitarte el asunto de la omnisciencia; aunque lo sepas todo no está de más que te lo recuerden. Por mí que no quede. De nada.

Si existes, querido Dios omnipotente, sabrás que hace poco ha palmado una creyente en ti. Sí, hombre, no mires para otro lado que sabes bien de qué te hablo. Me refiero a la señora que ha estirado la pata en Sevilla por negarse a recibir una transfusión de sangre, debido a una estúpida interpretación de un estúpido fragmento de un estúpido bestseller llamado Biblia.

Si existes, sabrás también que el óbito de esa desgraciada es una menudencia en comparación con los millones de personas que han muerto en tu nombre, o a causa de la interpretación que otros hicieron de ese nombre.

Si existes, por cierto, tú sabrás cuántos son ya los muertos por tu causa. Yo, desde luego, no puedo saberlo; no sé contar tanto.

Si existes, querido Dios, sabrás que estoy hasta los cojones de tanta desgracia y de tanta insensatez justificada con tu nombre.

Si existes, debes de estar hasta la divina polla de tanta ignorancia y de tanto abuso escudados bajo tu bandera. Y si no, es que eres un hijo de puta.

Si existes, Dios, sabes qué favor te quiero pedir, pero por si acaso te lo pediré expresamente:

No te lo tomes a mal, que no es nada personal, pero ya ha quedado claro que las sociedades, cuanto más ciegamente creen en ti, más dañinas y autodestructivas son. Querido Dios, si existes, haz que la gente madure y deje de creer en ti.

Gracias.

Firmado: Un ateo que ni morirá ni matará en nombre de ningún dios.

viernes, 24 de julio de 2009

Faltaron las morcillas


Sí, vale, fue muy divertido y todo estaba riquísimo.


Pero es que si no hay morcillas la fiesta queda algo deslucida. Buen apetito a todos.

(Hagan clic AQUÍ y después me dan las gracias).

jueves, 23 de julio de 2009

Tres tristes tigres


Ya saben ustedes que no siempre los títulos de mis entradas se corresponden con los textos. Pues hoy pasa lo mismo. La cosa va de gatos (qué raro, ¿verdad?), pero me ha dado la gana de usar para el título el principio de un conocido trabalenguas que cuenta un montón de tonterías sobre tigres, ¿qué pasa? Cuando se es tan chulo como yo se pueden hacer cosas así, y punto pelota.

Voy a contarles tres historias reales, cortísimas y con vídeo ilustrativo para que no pierdan demasiado tiempo ni se esfuercen en leer mucho.



Primera historia. El pacificador

Hace mucho, mucho tiempo, en un país lejano (más pallá de Barcelona) había tres hermanitos que se querían mucho, y siempre se estaban haciendo mimitos, y daban ya un poco de asco con tanto mimo y tanta mariconada.

Pero un mal día todo cambió.

Hermanito Uno y Hermanito Dos, no sé sabe bien por qué, se enzarzaron en una agria disputa que se convirtió en encarnizada lucha —obsérvese mi original manejo del idioma: la disputa era agria y la lucha encarnizada. Yo creo que esto se me ha ocurrido a mí—. Ante la acongojada presencia de Hermanito Tres, Hermanito Uno y Hermanito Dos se intentaban matar en feroz combate fratricida. Parecía que ambos morirían, que morirían matándose el uno al otro, cuando Hermanito Tres los desconcertó empleando una sucia maniobra de distracción. Parecía que iba a ponerse a cantar con mucho sentimiento, pero finalmente no cantó. En cualquier caso con esa treta llegó la paz:






Segunda historia. La ingratitud

No hace mucho tiempo, y más cerca de lo que ustedes se imaginan, vivía una gata enamorada de un perro. Hasta aquí todo bien, porque el perro se dejaba querer, y se dejaba también lamer y chupar y todas esas cosas que hacemos los animales. Daban un poco de asco estos dos, con tanto baboseo y tanta mariconada. Pero bueno, lo importante es que ellos se querían con locura, como el siluro a la silura.

Pero un mal día todo cambió.

Sin motivo aparente, derrochando ingratitud, el perro... dejó de dejarse querer. Así, por las buenas. "Ya no quiero que me quieras tanto, puta gata pesada", dijo el perro. La cara que se le quedó a la gata es para verla, y están de suerte porque la pueden ver:






Tercera historia. El acoso

Éranse una vez dos ratas rijosas que tenían la fantasía de montarse un menage a trois con un gato. "Qué morbo daría follarse un gato", decía una de ellas. "Oh, sí, tú le darías por el culo mientras a mí me la chupa", respondía ensoñadora la otra rata.

Y un mal día decidieron llevar a la práctica su perverso deseo.

No se sabe que a día de hoy lo hayan logrado, pero podemos estar seguros de que desde entonces hay un gato que no descansa:





Y se acabó por hoy, amiguitos. Pero un mal día volveré con otras historias escalofriantes.

martes, 21 de julio de 2009

¡A la hoguera con ellos!


Hace unos días contaba por aquí —con ironía que quizá solo captaron los tres fieles lectores de esta bitácora— mi conversión a la fe y mi reciente afición al fútbol, entre otras cosas. Era, por supuesto, un guiño a quienes me conocen, igual que el título de esta entrada. A mí la religión, además de provocarme curiosidad hacia lo que considero una absurda manera de pensar, me incita a usarla como fuente de chistes. No es falta de respeto, es sentido del humor. Será por eso que no entiendo que Javier Krahe y Montserrat Fernández estén acusados de un delito contra los sentimientos religiosos (pena de multa de ocho a doce meses,
artículo 525 del Código Penal).

La culpa la tiene la emisión hace cuatro años en el programa
Lo + Plus, del que era directora Montserrat Fernández, de un corto realizado en 1978 por Javier Krahe y Enrique Seseña. Cómo cocinar un Cristo, se llama la chorradita (y la llamo "chorradita" porque a mi parecer le quedan grandes palabras como "obra" o "arte"). Es una insignificancia que, de haberse proyectado en una iglesia durante la misa podría ser bastante ofensiva, pero fuera de ahí no le veo mala leche alguna. Parece que los siempre tolerantes católicos no opinan lo mismo.

En fin, como es norma de esta bendita casa el no consentir que el fanatismo religioso me calle, voy a solidarizarme con Krahe y Fernández incrustando aquí la peculiar receta de cocina. Buen provecho:





Y ya puestos, una canción de Krahe que insiste en meter el dedo en la llaga (de Cristo):


(Me enteré de la historia por este artículo de J. A. Pérez).

lunes, 20 de julio de 2009

¿Cuántos años vive un San Bernardoouu?


¿Cómo pude vivir sin haber conocido esto? ¿Y ustedes? ¿Dónde estábamos todos antes de escuchar esta puñetera maravilla? ¿Cómo se programa el vídeo? ¿Qué es el bífidus activo? ¿Por qué producen gases las judías? ¿Qué le pongo al Celta-Betis? ¿Cuánto dura una pila alcalina? ¿A qué sabe esa plastilina? ¿Cuál es el misterio de Stonehenge? ¿Cómo se abre este tetrabrik?

Solo se me ocurre una respuesta para tanta pregunta: "mira tú, qué me sé yo".





MWAJAJAJAJAJA... Os quiero a todos. Es verdad que quiero a unos más que a otros, pero amo al mundo en general.


(Y ojito, que esto es una obra de arte de Los Gandules).

sábado, 18 de julio de 2009

Mi descubrimiento del cine... y una excusa para hablar de algo más


A mis treinta y cuatro tacos soy uno de esos puretas que se crió en un hogar humilde con tele en blanco y negro, y para ver la serie
V me iba a casa de mi abuela, porque ella tenía tele en color. Además mi abuela me daba chocolate, producto que en mi hogar solo podía ver en las películas (y lo veía en blanco y negro, jolines).

Eran otros tiempos. Ahora hasta yo tengo una tele de plasma de 42 pulgadas... que dejó de funcionar un par de meses después de caducar la garantía. Sí, ríanse, que me lo merezco.

Con cuánto cariño recuerdo aquel día en que mi tío Antonio nos llevó a mis primos y a mí al cine por primera vez. También fue este mismo señor quien nos llevó a nuestro primer viaje en tren, pero esa es otra historia y por ahora la vamos a dejar. Volvamos a la primera experiencia cinematográfica:

No recuerdo qué edad podía yo tener, pero sabiendo la película que vi y buscando en la Red su fecha de estreno puedo calcular, con facilidad, que el entonces polluelo de chorlito tendría unos ocho años. La película no pudo estar mejor escogida por nuestro tío: E.T., del gran Spielberg. Yo descubrí el cine viendo a E.T. ponerse malito y blanquiñoso, pero con final feliz, aunque algo chungo porque acaba yéndose y pasando de nosotros. Sí, vale, se lleva una planta, pero eso no somos "nosotros". O sí. Quizá no somos tan diferentes de una planta. Cuando me paro a pensar en estas cosas llego siempre a la misma conclusión, por antiintuitiva que parezca en principio: el fenómeno de la vida es algo tan raro, tan inesperable, tan estadísticamente improbable, que bien merecido es considerar cualquier forma de vida como una parte de un mismo todo.

Y no, no hablo de un Todo en plan teosófico. Hablo del asombroso fenómeno de la vida desde un punto de vista puramente natural, sin implicaciones divinas. En ese sentido un abedul no se diferencia apenas de un cangrejo; ni un chimpancé de una cigüeña; ni un gato de una cucaracha; ni una estrella de mar de un rinoceronte; ni una alga de un humano. Estamos vivos, todos. Estamos vivos contra los pronósticos que aun siendo muy tolerantes nos darían por formas de vida prácticamente imposibles. Y sin embargo aquí estamos, y en este caso hasta estamos pensando en ello. Ningún autor de ciencia ficción ha ido tan lejos, porque hasta la más desbocada imaginación tiene unos límites... que la realidad supera.

Da un poco de miedo pensar en esto. Al menos a mí me preocupa, porque implica que cualquier forma de vida es igualmente valiosa como ejemplo de un azar aparentemente imposible... ¿pero cómo andar por el mundo sin aplastar una hormiga, sin pisar la hierba, sin matar millones de microbios cada vez que nos duchamos? No podemos evitarlo, de hecho a veces hay que matar para sobrevivir.

Aunque sí podemos evitar muertes caprichosas. Un buen comienzo sería acabar con ese negocio humano mal disfrazado de arte llamado tauromaquia, por no hablar del negocio disfrazado de negocio de la peletería. Y esto son solo dos ejemplos nimios, si es que algo hay de nimio en la muerte gratuita.

Podría ser un comienzo.

martes, 14 de julio de 2009

Exijo una calle para Capuchino


Perdonen vuesas mercedes que insista en el tema, pero voy a pedir una calle para Capuchino, y además lo voy a hacer con la misma demagogia con la que se ha prometido una calle a Daniel Jimeno. Con la misma demagogia pero con más motivos:


Hablemos de Capuchino. Se trata de un toro, que como todos los toros apenas se diferencia de nosotros en un puñado de genes. Un animal con capacidad para sufrir y sentir muy similar a la nuestra. Era un toro criado para morir en un espectáculo sangriento y con previa tortura, bajo el capricho de unos seres humanos que se las dan de muy humanos (y de muy machos, mwajajaja) pero que no tienen en cuenta consideraciones éticas elementales.

Un día a Capuchino lo metieron por la fuerza, a varazo limpio, en una caja y lo trasladaron por carretera a un lugar desconocido para él. Luego lo sacaron de la caja, a base de varazos también, y lo obligaron a esperar entre otros toros a los que no conocía de nada. Capuchino estaba desconcertado, como lo estaría cualquiera de ustedes.

Algo después le dieron una falsa esperanza de liberación. Capuchino vio una puerta abierta y corrió como loco en busca de su libertad. Todo era muy extraño: ¿esos gritos humanos?; ¿por qué sus pezuñas resbalaban sobre ese duro piso que no se parecía al terreno que hasta entonces había hollado?; ¿a qué se debía tan exagerada presencia de humanos?; ¿por qué sentía esa desagradable pero inconfundible sensación de inmediata tragedia? Y el miedo, ese miedo atroz y frío...

Capuchino, tras mucho correr despavorido, sabe intuitivamente que su vida peligra. Intenta sobrevivir y sigue corriendo sobre el resbaladizo suelo que los humanos llamamos adoquinado. No desea matar a nadie, pero necesita sobrevivir. En realidad solo piensa en sobrevivir, pero está tan asustado...

Quiere correr y alejarse de ese infierno de voceríos. Se plantea dar la vuelta, pero tras él hay otros humanos que le dan varazos. Más varazos no, por favor. Lleva toda la vida recibiendo varazos y siempre fueron para dirigirlo a un lugar donde lo esperaba un hierro candente o una caja cerrada. Mejor seguir adelante.

Capuchino corre, atormentado y fuera de sí, cuando encuentra en su camino a un ser humano, a un ser humano con una vistosa camiseta de franjas blancas y marrones (que según supimos después estaba estudiada para distinguir a su portador en la tele), un ser humano que le ha demostrado ser un enemigo (como todos se lo hemos demostrado a base de darle varazos, de aplicarle hierros al rojo y de obligarlo a hacer claustrofóbicos viajes). Lo empitona. Capuchino no quiere matarlo. Capuchino no comprende el concepto de la muerte. Capuchino solo quiere salir adelante. Igual que yo. Igual que ustedes.

Capuchino no sabe que ha matado a una persona, y tampoco sabe que unas horas después él mismo será torturado hasta la muerte por otra persona apodada El Fandi —no se pierdan la ridícula prosa con ínfulas de experto del redactor de la noticia enlazada—, quien se llevará una oreja de Capuchino como trofeo entre los vítores de una multitud cobarde que, como los vampiros, se alimenta de sangre.

Por todo esto pido una calle en honor de Capuchino. Y que le den por saco al de la camiseta de franjas, que ya tuvo su momento estelar en la tele como siempre quiso.

Actualización (14/07/09): Me cago en esta mierda.

domingo, 12 de julio de 2009

¿Una calle? ¡Una avenida se merece ese santo varón!


Se veía venir. Tanto homenaje y tanta lagrimita hacían presagiar que a Daniel Jimeno Romero le pondrían una calle. Somos así.


Amigos y vecinos del descerebrado... perdón, del corredor (dicho así suena a deportista, y eso está muy bien mirado) han pedido al alcalde complutense que le dedique una calle, en reconocimiento a su ejemplar acto de ponerse delante de un toro y dejarse empitonar. Y el alcalde, cómo no, ha accedido, muy magnánimo él.

La cosa daría risa si no fuera porque, después de todo, el muchacho se lo merece. Voy a demostrarlo:

Este tipo era tonto del culo, porque hay que ser tonto del culo para ponerse a corretear toros bravos. Por mucho que nos hablen de valentía hacer lo que estaba haciendo Daniel Jimeno es de tontos, y no entro en consideraciones sobre la crueldad que implica putear a los animales, porque entonces Daniel quedaría más como un cabrón que como un tonto y eso no interesa a mis argumentos para defender la propuesta de nominar una calle en su honor.

Demostrado que Daniel Romero era tonto me queda aclarar que no era tonto por su culpa. Él no era un tonto vocacional, sino accidental. Su abuelo y su padre también son descerebr... corredores en los sanfermines. Va quedando claro que lo del pobre Daniel era una tara genética. Pero por si aún quedan dudas prestemos atención a este dato: la familia del fallecido se pregunta cómo es posible que muriera tan repentinamente.

A Daniel Jimeno Romero le entró un pitón por el cuello que se hundió en un pulmón, tras seccionar la vena cava y la arteria aorta. Y la familia se pregunta cómo pudo morir tan rápido. ¿A alguien pueden quedarle dudas acerca de la pésima herencia genética del corneado? Por si esto fuera poco los apenados deudos han pedido a la alcaldesa de Pamplona —que se ha trasladado a Alcalá de Henares para asistir al entierro de Jimeno, otra magnánima ella también— que cuide esas fiestas llamadas sanfermines. A esto se le llama contumacia.

Bien, ya se ha demostrado que Daniel Jimeno era tonto del culo por un accidente genético. Ahora bien, ¿es eso motivo para dedicarle una calle? En principio, no. Sin embargo tomemos otro dato esclarecedor: el encornado tenía veintisiete años en el momento de conocer a su nuevo amigo —hola, me llamo Capuchino y voy a meterte esto donde nadie te lo ha metido—, y eso es mucho tiempo para alguien tan imbécil.

Si Daniel Jimeno Romero subsistió durante más de un cuarto de siglo a pesar de su evidente discapacidad mental y bajo la nefasta influencia de su familia es porque su tenacidad era digna de encomio. Para alguien sin neuronas debe de ser una tarea titánica llevarse la cuchara a la boca, y sin embargo él aguantó vivo veintisiete años. Eso solo puede lograrse con fortaleza de ánimo, con tesón, con sacrificio.

Sin duda alguna Daniel Jimeno Romero es un ejemplo para todos los idiotas del mundo, por eso me parece de perlas que se le dedique una calle, incluso dos si son pequeñas; porque su mensaje no debe morir. Un mensaje que me atrevo a resumir con estas sencillas pero emocionadas palabras:

"Sed fuertes y no sucumbáis ante el desánimo, gilipollas del mundo, porque si seguís mi ejemplo también vosotros podréis, algún día, tener un cuerno metido en las entrañas".

jueves, 9 de julio de 2009

Gusi no termina de ver la Luz


Gusifluky, mi hijo, no para de darme disgustos. Ahora resulta que no le gusta el giro que he dado a mi vida (y de rebote también a la suya).


—¿Le puedo hacer una pregunta, padre?— me dijo ayer interrumpiendo mis oraciones.

—Adelante, pequeño e inocente gatito.

—¿Qué son esos objetos cruciformes que han empezado a proliferar por las paredes de nuestro hogar?

—Se llaman crucifijos. Representan a nuestro Señor en la Cruz— respondí yo didáctica y pacientemente.

—Ajá... ¿y nuestro señor es ese jipi melenudo en calzoncillos que va lleno de mataduras?

—Bueno, ese jipi como tú lo llamas, querido Gusi, es el Hombre, con mayúscula reverencial. Es Jesucristo, el Hijo de Dios.

—Ops, qué interesante. Y digo yo una cosa: ¿por qué en lugar de poner al hijo no pone usted en las paredes al mismísimo Dios? Creo que sería como más impresionante, ¿no? No sé, yo no entiendo de estas cosas , querido padre.

—Es que nadie sabe cómo es Dios. Además, Su Hijo también es Dios— respondí yo intentando aclarar ideas, aunque tuve mayor éxito complicándolas.

—¡Ah, entonces hay dos dioses!— exclamó emocionado el pequeño Gusi creyendo que empezaba a comprender algo.

—No, no. El Hijo y el Padre son el mismo Dios.

—¿Perdón?

—Sí, es un tema delicado y difícil de entender, y más aún de explicar.

—¿Y no será, por un casual, que usted no tiene ni idea de lo que habla, respetado y admirado padre? Aunque también podría ser que mi plana cabeza de gato no pueda comprender tan metafísicas ideas, que va a ser eso, casi seguro.

—Pues sí, hijo mío. Tú eres muy pequeño para comprender estos misterios— me atreví a responder viendo una puerta abierta.

—Si ya lo sabía yo. Eso mismo me dijo usted aquel día en que lo sorprendí tocándose enérgica y rítmicamente la pequeña colita, y yo le pregunté si podía jugar también, y usted no me lo permitió.

—Eso, eso. Se trata de un misterio parecido— mentí para que me dejara en paz.

—¿Ah, sí? ¿Y cuál es la relación entre Dios y que usted se mate a pajas?

—¡Serás sinvergüenza!

—¡Mwajajajaja...! Padre, soy un gato, pero no soy idiota. Adelante, por favor, explíqueme eso de que Dios y Su Hijo son la misma entidad. Es un comienzo prometedor.

—Es que, verás, hijo, la cosa se complica, porque también hay una paloma que...

—Mmmm, una paloma, ¡qué rica!

—No, tonto. Esta paloma que te digo ni se puede cazar, ni comer, ni nada-- me apresuré a detallar antes de que Gusifluky cometiera un atroz pecado que ni siquiera está contemplado en el Régimen Disciplinario de los Cristianos.

—¿Esa paloma tiene inmunidad diplomática o algo de eso?

—Mejor aún: ¡es el Espíritu Santo!— exclamé con fervor de fundamentalista religioso.

—¡Caramba! ¿Y qué es eso?

—Pues viene a ser Dios también.

—Y ya van tres— dijo Gusi con incrédulo retintín.

—Nooo... Son todos el mismo Dios.

—Me lo explique— insistió el ignorante Gusifluky.

—Eso intento. A esto se le llama el Misterio de la Trinidad. Ya sabes, eso de Uno y Trino.

—Como se atreva usted a trinar, padre, me lo zampo. Ya sabe, el instinto, que no respeta ni a su padre.

—Pero qué inculto eres, Gusi. Digo trino no del verbo trinar, sino de ser tres en uno.

—¡Coño, como el aceite famoso!— gritó triunfalmente mi gato.

—Contigo no se puede hablar, Gusifluky— le dije con voz suave y tono paternal--, y eso que no he comenzado a hablarte del delicado asunto relativo a una paloma, a una virgen, y a un embarazo inesperado. La cosa empieza así: una noche...

Decido dejar de hablar cuando veo que Gusifluky se despereza y que mientras se aleja de mí dice algo que me suena a "están locos, estos cristianos".

martes, 7 de julio de 2009

Siempre estuve equivocado


Lo he estado pensando mucho y he llegado a la conclusión de que el origen de todos mis males está en mi pecadora persona, pero en lugar de lamentarme voy a poner toda mi voluntad en cambiar.


Desde este momento:

-Creo en Dios Padre Misericordioso, Omnipresente y Omnisciente.

-Aunque no la rechazo de lleno, dudo de la ciencia como único sistema para obtener conocimiento. Hay más de lo que vemos o medimos.

-Me gusta el fútbol y todo lo que rodea a ese gran deporte rebosante de valores humanos.

-Opino que todas las mujeres, salvo las excepciones de Lilit y Eva, son seres inocentes, y como hombre me siento culpable y avergonzado por haberlas sometido y maltratado (aunque no pueda recordar haber hecho tales cosas).

-Siento que Dios me ama, siento que yo amo profundamente a todo el mundo, y siento igualmente que necesito ser amado por todos vosotros.

Sé que este cambio tan radical suscitará sospechas y provocará traviesas bromas. Os ruego que seáis respetuosos como yo os respeto a todos desde este momento. Rezad por mí y dadme fuerza en este mi nuevo camino. Gracias.

PAX

lunes, 6 de julio de 2009

Te compro tu novia


Advertencias
:

El autor de esta bitácora es consciente de que últimamente no publica más que tontunas. Es lo que hay.

Bien pensado, el autor de esta bitácora es consciente de que nunca publicó nada que no fuera una tontuna.

No se ha maltratado a ningún animal para elaborar esta entrada, así mismo no ha sido testada en animales.

Lo que están leyendo está libre de materias grasas y es bajo en sodio, además de haber sido cocinado con aceite vegetal.

No use esta entrada mientras conduce o maneja maquinaria pesada.

Consulte a su médico o farmacéutico antes de introducirse un cartucho de dinamita exudada por el culo.





Rediós, ¿a que la letra de esta canción podría haberla escrito el ínclito antropólogo Gino? Mwajajajajaja, ¡me encanta!

domingo, 5 de julio de 2009


No. No creo que nadie tenga interés por encontrarme, pero por si alguien quedara tan humilde que quisiera buscarme le daré unas pistas para que no pierda el tiempo:


No me encontraréis ahora corriendo como un imbécil más ante los desgraciados toros de las fiestas de San Fermín.

No me veréis en ningún museo famoso confundido entre los turistas que fueron allí porque su viaje organizado les imponía esa visita.

No podréis encontrarme en Cancún, aunque si sois tan borregos como para formar parte de esos viajes de pobre que juega a ser rico y de pulserita de gastos pagados os encontreréis con algún conocido, y eso es bueno para las ovejitas que no saben salir del rebaño, pero no es bueno si me quieres encontrar.

No me hallaréis en un estadio de fútbol vitoreando a millonarios que ponen su granito de arena para que este mundo sea cada día un poquito más injusto. Pero podrás hallar a la mayoría de basura que conoces y de la que tan orgulloso te sientes.

No podréis verme bailando en una discoteca, aunque si miráis bien puede que me encontréis borracho en la barra, porque necesito mucho alcohol para no acordarme de que debo suicidarme.

No me busquéis entre los asistentes a ningún discurso político. Una de mis fantasías es presentarme con globos de agua en esos espectáculos (o mejor de tinta roja simulando sangre) y arrojarlos sobre los discursantes, pero mi profesión dicta —con razón— que me abstenga de ello, so pena de cárcel.

No os molestéis en buscarme entre la sádica y cobarde clientela de una plaza de toros, que este cabeza de chorlito no disfruta con el dolor de otros animales, y solo se me ocurre que sean algunos humanos —demasiados— quienes lo merezcan.

No me busquéis, porque no estaré, en una playa llena de capullos que huyeron en agosto de su trabajo para encontrarse con gente que como ellos huyó de gente igual para acabar reuniéndose todos juntos, otra vez.

No me sigáis en este blog porque hayáis leído dos entradas que os gustaron; hay muchas más que no os van a gustar.

jueves, 2 de julio de 2009

Un, dos, tres; escondite inglés


A estas alturas de la película no es ningún secreto que tengo fijación por los gatos. No es preocupante; peor sería ir por ahí idolatrando a futbolistas. Pues bien, debido a esa pequeña tara que padezco (me refiero a mi obsesión gatuna; lo de violar analmente a ancianas ya es más serio) me paso el día viendo vídeos de gatos, que no solo de pornografía vive el cabeza de chorlito.

Hoy voy a compartir con ustedes un vídeo que me tiene fascinado desde hace mucho tiempo. No es el más gracioso, ni el más ingenioso, pero tiene algo que lo hace muy gusiflúquico. Si lo ven entenderán el título de esta entrada.