AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

martes, 30 de enero de 2007

Soy un pirata

(Texto publicado originalmente en Spaces el día 6 de Julio de 2006).

San Fernando, a 6 de Julio de 2006


Queridos dueños y ejecutivos de empresas discográficas:


Me permito dirigirme a Vds. porque la conciencia no me deja dormir. He sido malo. Malo maloso.

Me llamo Leónidas Kowalski de Arimatea, y soy un pirata del emule. Me cago en mis castas, qué requetemalo soy. Qué delincuente y qué criminal, pardiez. Ayer me bajé una canción de María Figueroa, esa niña tan rumbosa que tiene un pompón. Ahora mismo la estoy escuchando, soy un recalcitrante facineroso. También me bajé algo de Nightwish, y me bajé además los pantalones varias veces para ciertos menesteres, aunque no me los voy a bajar tanto como ustedes quisieran, mis estimados señores.

Debo decirles, en honor a la verdad, que no soy muy musiquero, y que hasta ahora mi actividad no suponía una seria amenaza para ustedes. Sin embargo algo está cambiando. Me ha dado por leer cosas, por aprender, por conocer un poco de la realidad de los cantantes, del mercado discográfico, de las redes P2P, y de Vds., mis queridísimos señores millonarios. Y de repente me han entrado unas ganas locas de bajarme música sin pagar un duro.

No sé a qué se debe este impulso irresistible por cometer el mal, esta irrefrenable tendencia hacia el Lado Oscuro. Tal vez sea por eso de cobrarme un canon por un CD o un DVD virgen en concepto de derechos de autor, soporte que quizás use para grabar este Diario de un cabeza de chorlito, y claro, me pregunto a qué autor estoy pagando, puesto que no hay más autor aquí que yo, aunque este despropósito es más bien idea de esos mafiosos de la SGAE. O tal vez sea porque me jode que Vds. se aprovechen como lo hacen de los cantantes. O a lo mejor es por otra cosa:

Hubo un tiempo, no muy lejano, en que los cantantes y los músicos iban de un lado para otro dando conciertos, pues ésa y no otra era su manera de ganarse la vida. Por aquel entonces Vds., mis queridos amigos, no existían. Pero gracias a la libre transmisión de la cultura nuestra sociedad está en permanente evolución, y ese progreso nos trajo el gramófono. Gran invento, sin duda, que posibilitó entre otras cosas que Vds. aparecieran, y que, dicho sea de paso, permitió que Vds. se forraran con un modelo de negocio inexistente hasta entonces. Pero, ay, amigos míos, ese progreso que los enriqueció ha seguido imparable, y se han inventado cosas como internet y las redes P2P. Y ahora es ese mismo progreso el que se los va a comer a Vds., por más que se empeñen en criminalizar a la sociedad que les paga el caviar.

Los músicos, los artistas, seguirán haciendo su trabajo y cumpliendo la importante misión que tienen en nuestra sociedad, aunque tendrán que revisar sus sistemas para ganar dinero. Lo que está claro es que en esta sociedad son Vds. los que cada día tienen menos espacio. Vds. sobran. Vds. no van a poner freno al progreso. Entiéndanlo, su modelo de negocio es anacrónico. Dedíquense a la charcutería, a peinar bombillas o a pintar caras en Bélmez de la Moraleda.

De modo que ahora tengo el emule echando humo, y gracias a la banda ancha me bajo las canciones cagando virutas. Ah, y les recuerdo que el intercambio de esas canciones, al ser sin ánimo de lucro, es perfectamente legal. Ya, ya sé que ése es el problema, que lo que a Vds. les mueve es precisamente eso, el ánimo de lucro, y que lo que yo hago les quita una parte del pastel, sí, ya lo sé. Por eso mismo lo hago, y van a tener que joderse.

Sin más que contarles, se despide atentamente:

El Pirata, L. K. de A.




P.S.: ¡Canten conmigo!:

Pompón, pompón, yo tengo mi pompón, pompón, pompón...




Un poco de luz

Mucha más luz


Hoy ando caliente

(Texto procedente de Spaces, y publicado el 5 de Julio de 2006).

Pues ya ven, hoy me dio por salir a esos mundos de dios. Na, por eso de ver cómo siguen los viles y mortales humanos. Ha sido descorazonador, como siempre.


Un tiparraco lo menos veinte años mayor que yo me ha llamado chulito. CHULITO. ¡A mí!. ¡CHULITO! Y todo por guardar las formas, por ser educado y pensar en los demás. Si es que es para pegarle fuego al mundo. Luego me dicen que soy un cascarrabias, pero es que manda cojones.


No ahondaré en detalles que me encabrono más de la cuenta. Resumiré contando que ha ocurrido en una parada de taxis y mientras yo me dejaba mis preocupaciones personales, y mi dinero, haciendo llamadas para intentar que nos enviaran los taxis que necesitábamos, e incluso cediendo el que por turno me correspondía, ha llegado un tipo maleducado, grosero, muy de aquí, que ha simulado una llamada a la central de taxis. Después de eso pretendió coger el primer taxi que llegó (cuando yo ya estaba hasta los cojones de llamar a la central pidiendo taxis para mí y PARA LOS DEMÁS). En fin, no llegó la sangre al río, pero se me ha clavado lo de chulito. Pero eso sí, más se le ha clavado a él que yo me fuera en taxi mientras él fracasaba en su artimaña. A propósito de todo esto, a ver si un día reúno los ánimos suficientes para hablarles largo y tendido del servicio de taxis en San Fernando (Cádiz). Menuda panda de pillastres. Bueno, queda pendiente.


Pues nada, llego a mi destino, un centro comercial. Busco mi objetivo y me infiltro en él: GAMES, antes conocido como CENTRO MAIL. Voy allí con frecuencia para vender y comprar juegos. Ya me conocen los dependientes. Siempre el mismo tipo de juegos; shooters en primera persona. Me encanta eso de tirotear a la peña. Algún día lo tengo que probar en vivo, a ver qué tal. El caso es que estoy ahí, guardando pacientemente cola... cuando ha vuelto a suceder. Siempre me pasa. Supongo que ésa es una de las razones por las que odio las colas.


Guardar cola tiene para mí unas connotaciones como de rebaño, como de animalidad, como de mascota dócil. Las aborrezco. Y sin embargo, precisamente porque soy consciente de que no soy un animal, o de que soy un animal humano, las respeto. Las respeto demasiado, me temo. Siempre mantengo una prudente distancia con quien me antecede, pues eso de refregar mis genitales con cualquier culo que se me ponga delante no me parece elegante, además de que puede resultar sumamente molesto para ambas partes. Más de una vez en mi vida he tenido que girarme para soltar un chorreo a quien tuviera detrás, y cuando era una mujer fue mucho más divertido: "Disculpe, señorita, no quiero relaciones con Usted, de modo que deje de frotarme las tetas por la espalda". Es genial ver las caras de indignación o desconcierto que ponen, y desde luego a partir de ahí mantienen las distancias, y yo puedo empezar a respirar. Pues bien, de igual modo que no quiero que se me peguen por detrás tampoco quiero pegarme a quien lleve delante, y ahí surge el problema. Nunca falta quien interprete ese espacio libre como una invitación para colarse. Así ha sido hoy.


Yo en mi sitio, viendo cómo se me han colado no uno, sino dos clientes. Y claro, como iba caliente por lo del listillo del taxi pues no quería hablar, porque me conozco, y soy demasiado ácido cuando ando de mala uva, así que mejor callar, no sea que acabemos en comisaría unos cuantos por una tontería.


Pues eso. He estado fuera cosa de una hora, y se ha consolidado un poco más mi idea de que sólo hay mierda en esta ciudad, y me ha encantado llegar a casa, donde impera el desorden que yo impongo y que yo me como, donde nadie molesta a nadie, donde no guardo cola para nada.


Y no me vengan con eso de que "es así en todas partes". En Murcia, por lo menos, no me encontraba este bajunerío constantemente.

La he visto en sueños

(Publicado en Spaces el 4-7-06).

He soñado con ella y la he visto desnuda. Me ha atacado muchas veces cogiéndome por sorpresa. Me ha susurrado al oído golfas palabras de amor mientras me apretaba los huevos.


Me ha preguntado por mis inquietudes y me ha escuchado con una sonrisa irónica. Luego me ha tirado sobre la cama y me ha violado una vez más.


Luzco en mi frente una cicatriz desde el día en que se me ocurrió sugerirle que dejara de vestir de negro y me estrelló un vaso.


Nunca la he visto llorar, aunque sospecho que lo hace a escondidas.


Una vez me dio un puñetazo cuando le pregunté por su pasado.


Nadie sabe de dónde viene.


Nadie conoce su nombre.


Creo que me he enamorado de ella. Creo que la odio.


Creo que me odia. Creo que se ha enamorado de mí.


Pues yo conozco a un super héroe

(Publicado originalmente en Spaces el 3 de Julio de 2006).

Me dan un poco de pena aquellos que no saben qué responder cuando les preguntan por su superhéroe favorito. Y me dan aún más pena los que responden cosas como: Supermán, Batman, Spiderman, El Increíble Hulk...


Hace tiempo dijo alguien que yo admiraba: "En un bolsillo llevo la felicidad y en otro la suerte". Ahora que por fin he oído el "pop" al sacar la cabeza del culo sé que tanto lo que ese señor lleva en un bolsillo como lo que lleva en el otro es inmerecido. Y desde luego mucha suerte está teniendo. Demasiada, a tenor de lo que ahora sé. Pero eso es otra historia. A lo que iba:


A mí la felicidad se me suele descargar pronto; es lo que nos pasa a los que no la basamos en una suculenta cuenta corriente, ni en esas cosas tan fáciles de conseguir. En cambio siempre tengo el otro bolsillo, el de la suerte, repleto. Y esto lo veo claro cuando me preguntan por mi superhéroe favorito.


Soy un tipo con suerte. Vaya que sí. Yo conozco a un superhéroe al que puedo llamar a cualquier hora. Jamás me ha fallado ni me fallará. Durante la mitad de mi vida lo tuve a mi lado. Ahora está lejos, pero si lo necesito no tengo más que echar mano del teléfono. Y le faltará tiempo para solucionar cualquier problema que yo tenga.


Es la persona más honesta y fiel que he conocido. Ha dedicado su vida a combatir la injusticia y a entregarse a los demás. Nunca cedió a las tentaciones que le pusieron delante para tener más dinero o más placer. Anduvo su camino recto deteniéndose sólo para ayudar. Anduvo su camino recto desviándose sólo para hacer más fácil la vida de los demás.


Es un tipo tan grande mi superhéroe que no tengo palabras para describirlo. Y está ahí, con su traje de superhéroe puesto, a la espera de mi llamada. No duerme, no se entretiene, no se distrae, sólo espera... me espera.


Es mi superhéroe particular.


Y yo tengo la gran suerte de ser su hijo.

Frase para recordar

(Publicado en Spaces el 2 de Julio de 2006).


"La única Iglesia que ilumina es la que arde."


(De Mägo de Oz, en "Diabulus in musica").

domingo, 28 de enero de 2007

Galería de chateadoras. (II)

(Entrada publicada originalmente en Spaces el 2 de Julio de 2006).

Continúo hoy con mi presentación de damas chateadoras que por sus características compartidas se pueden clasificar formando grupos claramente identificables. Vamos con la risueña. Esta chica es casi siempre muy joven, tiene entre 13 y 24 años. No ha leído un libro en su puta vida y anda bastante escasa de imaginación, así que lo único que hace es decir "jajaja" constantemente. No pretendan nunca mantener una conversación seria con ella, todo es inútil. La cosa es así más o menos:

Laura18: Buenas noches.
Cabezadechorlito: Nos dé Dios.
Laura18: jajaja
Cabezadechorlito: ¿...?
Laura18: jaja
Cabezadechorlito: ¿Qué te pasa?
Laura18: a mi nada jajajaja
Cabezadechorlito: Bueno, ¿qué quieres?
Laura18: jajaja, de ti nada jajaj
Cabezadechorlito: Oye, ¿tú estás fumada?
Laura18: jajajajaja
Cabezadechorlito: ¿Puedes decir algo que no sea "jajaja"?
Laura18: jajaja
Cabezadechorlito: Bueno, adiós.
Laura18: jajaja

No me digan que no es para quemarse. Hay otra clase de chateadora que también anda escasa de imaginación, la pajillera cómoda, y ésta quiere usar a los chateadores para que le suplan sus carencias imaginativas. Es una onanista en línea, y también suele ser muy joven. Actúan así:

Cris_solita: Hola. ¿Estás cachondo?
Cabezadechorlito: Pues en este momento no.
Cris_solita: Es que yo estoy muy mojada.
Cabezadechorlito: Ah, interesante.
Cris_solita: ¿Quieres que follemos?
Cabezadechorlito: Depende. Si me gustas ya veremos.
Cris_solita: Pero sólo por aquí. Dime qué me harías. ¿Me lo vas a chupar todo?
Cabezadechorlito: JAJAAJJAJAJAAJ, no hija mía, no te voy a chupar nada. Anda y métete en una página porno.

Flipante. Pues aún hay una variante de la anterior. La calientapollas resentida, podríamos llamarla. Se trata de una chica sumamente fea que nunca se come un rosco, por eso recurre a las calenturas por internet, pero en cualquier momento se le cruzan los cables y descarga su frustración contra los hombres. Dan risa y asco a partes iguales:

Vanesssa: Hola. ¿Ocupado?
Cabezadechorlito: No, todito tuyo.
Vanesssa: mmmm qué bien. Quiero un macho para mí sola.
Cabezadechorlito: Ea, pos aquí lo tienes. Es tu día de suerte.
Vanesssa: Quiero que me folles. Chúpame el coño. Dime qué me harías.
Cabezadechorlito: Verás, cielo, es que lo mío es la realidad. Esto me aburre.
Vanesssa: Maricón guarro cerdo fóllate a tu puta madre cabrónnnnnnn
Cabezadechorlito: ¿...?
Vanesssa: ¡SALIO ASQUEROSO!
Cabezadechorlito: Jajajaja, vaya perturbada.
Vanesssa: VIEJO VERDE

¿A que dan ganas de darle dos hostias? O tres, si son pequeñas.

Y con esto se acaba mi pequeña exposición. Me dejo algunos tipos más que señalar, pero no me apetece, así de sencillo.

Ámenme sobre todas las cosas.

Se acabó, chin pon.


Galería de chateadoras. (I)

(Publicado en Spaces el 2 de Julio de 2006).

Como estoy pasando una etapa de mi vida un tanto agorafóbica y antisocial me he convertido en carne de chats y blogs, aunque últimamente tiro más paro lo segundo que para lo primero. Por cierto que hay por ahí bitácoras que son una delicia, y luego lee uno las columnas de algunos profesionales en los periódicos y hasta te saben a poco. Seguro que a ustedes les pasa algo así desde que descubrieron este Diario de un cabeza de chorlito.

Pero hoy les quiero hablar de chats, o mejor de las gachís (gachises o gachonas dicen los gaditanos) que me encuentro por esos mundos de la intenné. Y ya saben lo que hay tratándose de mí: mala baba, ironía y sarcasmo, misoginia y desprecio. Así que ya pueden dejar de leer las erizas de siempre, que luego he de contestar comentarios raros y me da la risa floja.

Me he llegado a convertir en una autoridad en el tema de las mujeres en los chats. Por su forma de escribir, por las cosas que cuentan, por las que no cuentan, y por las preguntas que hacen sé de ellas más que ellas mismas. Juro a vuesas mercedes que puedo reconocer el color de las bragas que una lleve puestas en determinado momento sólo por su manera de conjugar verbos.

Creo que mi afición a los chats surgió por una serie de razones que casi me empujaron a ello; mucho tiempo libre, soledad buscada, gusto por el lenguaje escrito y necesidad de comunicación (a pesar de querer estar solo). Pero sobre todo obedece a una oscura tendencia al masoquismo, pues sólo así se explica que casi siempre que entro a un chat acabe cabreado, y sin embargo vuelva a por más pasadas horas o días. Y es que la cosa es para cabrearse. Voy a hacer un esbozo del tipo de mujeres que me encuentro en esos chats, y disculpen que no haga lo mismo con los hombres; de ellos sé poco, apenas algo de los que se hacen pasar por mujeres. Si me lo permiten será con ellos con los que empiece:

Este tipo de chateadora lo es relativamente. Tanto cabría llamarlo chateadora como chateador, pues ni él mismo tiene claro si es niño o niña. No son demasiado peligrosos porque se les reconoce fácilmente y no hay problema en evitarlos. Suelen usar un alias muy provocativo, como Erika_Caliente o Tangahúmedo. Cuando nos abren una conversación privada sueltan a bocajarro ofrecimientos impúdicos y no parece interesarles nuestro aspecto, sólo buscan una polla. Está claro, se trata de un homosexual. La conversación es más o menos así:

Golfa25: Hola. ¿Te apetece una mamada?
Cabezadechorlito: No, gracias. Lo estoy dejando.
Golfa25: ¿Cómo la tienes? Soy tío. Sólo chupo. Tú no tienes que hacer nada.
Cabezadechorlito: Ya noté que eres tío. Gracias, pero es que tengo el defecto de que me gusten las mujeres.
Golfa25: Seguro que ninguna te lo hace como yo.Ya verás como te gusta. Me lo trago.
Cabezadechorlito: Pues buen provecho y suerte. Adiós.

Simpática, la Golfa25. Otro tipo de chateadora muy habitual, y bastante plasta, es la que podríamos llamar místico-profunda. Se trata de una mujer entrada en años y en kilos. Es una solterona de entre 40 y 55 años. Más bien fea y se cree interesante. Cuando conoce mi edad hace como que no le importa, pero por las rejillas de ventilación de mi ordenador veo chorrear su baba. Su alias busca despertar interés por lo diferente y dar un poco de pena. Veamos una conversación con este especimen:

Solitaria: Buenas noches. ¿Estás ocupado?
Cabezadechorlito: No, qué va. Todo tuyo. Buenas.Por cierto, tienes alias de parásito intestinal.
Solitaria: ¿Verdad que hace una mágica noche para soñar?
Cabezadechorlito: Espero que no me estés mandando a dormir.
Solitaria: No, hombre. Yo nunca le diría a nadie lo que tiene que hacer. La libertad es lo más importante que tenemos, acaso lo único. Tú haz lo que te plazca siempre y afronta las consecuencias con entereza y con una sonrisa. Sobre todo que no se te olvide la sonrisa.
Cabezadechorlito: Vale, lo he apuntado. Al grano. Me llamo Javi, 31 años y me voy a ir a cenar ya mismito, así que no me marees mucho, anda.
Solitaria: Percibo en ti cierta agresividad. Ay, esta sociedad estresante, consumista y competitiva, que nos hace agresivos y no vemos las cosas que de verdad importan, como el vuelo de una mariposa y la hormiguita que recolecta semillas para el invierno.
Cabezadechorlito: Joer. Profundidad abisal la tuya, chiquilla. Anonadado me has. Oye, ¿qué tal si te dejas de zarandajas y me cuentas algo de vos?
Solitaria: ¿Hablar de mí? Yo no soy importante. Pero como quieras. Me llamo Marga. Nací hace 47 años en un pueblo entre montañas. Me gusta leer, soñar y vivir.
Cabezadechorlito: Uhm, un poquito crecidita para mí, pero vamos, que si estás buena todo es hablarlo.
Solitaria: Ah, la carne. La carne es sólo eso, carne. Amigo Javier, dime una cosa: ¿nunca has gozado del placer de amar sin tocar, sin ver?
Cabezadechorlito: Sí, todos los días tres o cuatro veces. Me voy a cenar. Buenas noches.
Solitaria: Adiós, Javier, que los hados te protejan.

¿Ven como es una plasta? En fin, pasemos a otro tipo también habitual, para desgracia de maridos confiados: La infiel. Abundan en los chats más de lo que nos gustaría a los hombres, aunque tienen muchas ventajas. Son de las que más me repugnan desde un punto de vista moral, pero he de admitir que es interesante tratar con ellas porque son directas, con las ideas claras, nada pesadas y normalmente inteligentes e instruidas, de hecho es normal encontrarlas con carreras universitarias y buena posición social. Lo que le exigen a un posible amante es que sea discreto y muy vicioso, nada más. Usan alias para pasar desapercibidas, como Pilar o María_Málaga. Una conversación con una de ellas podría ser así:

María: Hola. Tu alias me ha llamado la atención.
Cabezadechorlito: Gracias. Perdona que te diga que a mí el tuyo para nada.
María: De eso se trata. Soy casada y no me conviene destacar. Mi marido no sabe nada de esto.
Cabezadechorlito: Ajá. Yo soy soltero, y que dure.
María: Jajaja. Tienes razón. El matrimonio es un rollo.Después de 9 años casada necesito nuevas experiencias. Necesito liberarme.
Cabezadechorlito: ¿Puedo hacer algo por ayudarte?
María: Quizás. ¿Tienes messenger?

Y ya se pueden imaginar cómo continúa la historia. Pero vamos a saltarnos esos detalles y pasemos a otro tipo: la interesada. Ésta es la que más me saca de mis casillas. Suele andar entre los 22 y los 35 años, y usa alias para captar clientes más que amantes, como Rubia_despampanante o Morenazaguapa. Veámosla en acción:

Bombonazo: Hola. ¿Estás?
Cabezadechorlito: Estoy. A tu disposición.
Bombonazo: ¿Trabajas?
Cabezadechorlito: Sí. Qué remedio. ¿Y tú?
Bombonazo: ¿En qué trabajas?
Cabezadechorlito: Lo siento, no hablo de eso con desconocidos.
Bombonazo: ¿Lo ganas bien?
Cabezadechorlito: Me defiendo. ¿A qué vienen esas preguntas?
Bombonazo: Nada, hijo, por conocerte. ¿Vives solo?
Cabezadechorlito: Pues sí.
Bombonazo: ¿De alquiler o es tuya la casa?
Cabezadechorlito: Es un piso. Y es mío, pero hipotecado. ¿Hablamos de ti?
Bombonazo: ¿Qué coche tienes?
Cabezadechorlito: Ninguno.
Bombonazo: Ahm. Adiós.

Un encanto de criatura, como ven. Pobre desgraciado el que caiga en sus garras. Y ahora otro temible ejemplar:la enamoradiza. A este tipo de chateadora nunca, repito, NUNCA, hay que darle la dirección de correo electrónico, y mucho menos el número de teléfono. No usa un alias definible; se la puede encontrar por sorpresa llamándose Alicia28 ó Lamujerdetussueños. Normalmente es fea, pero extrañamente también se la puede encontrar siendo guapa. Son desequilibradas y verborreicas. Veamos un ejemplo:

Chicamaja: Perdona. ¿Interrumpo?
Cabezadechorlito: En absoluto. ¿Cómo estás?
Chicamaja: Nerviosa. Es que te he visto varios días en el general, y me pareces muy interesante. No me atrevía a hablar contigo.
Cabezadechorlito: ¿Y eso?
Chicamaja: No sé. Será por tu forma de expresarte. Siento algo muy especial hacia ti.
Cabezadechorlito: Gracias. Me siento halagado.
Chicamaja: ¿De verdad te halago? Qué bien. Oye, creo que te quiero.
Cabezadechorlito: ¿Pero qué coño dices? ¿Tú de qué manicomio te has escapado?
Chicamaja: Jajaja. Qué simpático eres. Quiero conocerte. ¿Me das tu tfno?
Cabezadechorlito: No, ni de coña.
Chicamaja: OK. Dame tu messenger.
Cabezadechorlito: Nooooo...
Chicamaja: Me da igual. Te veré por aquí. Voy a enamorarte. Te quiero.
Cabezadechorlito: Vale, muy bien, gracias. Me voy.
Chicamaja: Adiós, mi vida. Te esperaré. Te quiero, amor mío.

Da un poco de miedo, eh. Me recuerda a la protagonista de Misery.

Esto se está alargando demasiado. En breve la segunda parte de este humilde estudio. Aún me quedan varios tipos de chateadoras en el tintero. Mientras tanto, sean felices, se lo ruego.


A veces quisiera parecerme a ti

(Publicado en Spaces el día 30 de Junio de 2006).

A veces quisiera parecerme a ti. Y tener el corazón vacío y el alma podrida.

Y mirar al mundo por encima del hombro.

Y contar las mentiras que los demás quieren escuchar.

Y encontrar la felicidad vendiéndome por cuatro duros.

Y separar parejas por el gusto de hacerlo.

Y destrozar vidas para esconder mis secretos.

Y no sentir la empatía que a algunos nos esclaviza.

Y llenar de mierda el mundo sintiéndome limpio.

Ay, enemiga mía, a veces quisiera parecerme a ti.

Pero otras veces pienso que no es buena inversión. Soy de los que creen que antes o después todo se paga. Y cuando te llegue el momento de pagar tus deudas, ahí estaré yo... dispuesto a cobrar.

...O a perdonar, como tantas otras veces.


Déjame que te cuente todos los cuentos

(Publicado originalmente en Spaces el 30 de Junio de 2006).

Quiero contarte un cuento.

Será un cuento extraño, absurdo, divertido, y te mantendrá muy atenta y risueña mientras me abrazas en la cama. Deja que te lo cuente tras hacer el amor y antes de dormirte. Quiero oírte reír y sentir que te duermes con esa linda sonrisa tan tuya que me inspira más ternura que deseo.

Deja que te hable de la serpiente que fue a la peluquería y se hizo rubia platino, o de las visitas que me hacían mis amigos alienígenas en una ciudad que se llama Murcia y de la que sabes poco.

Si lo prefieres puedo contarte historias de miedo, para que me abraces fuerte y no te quieras separar de mí. Avísame cuando notes que te duermes para que te dé besitos y deje el cuento, y te recuerde que nada era real. No quiero que tengas pesadillas estando a mi lado.

También quiero leerte algo. Deja que seleccione para ti buenas historias cortas entre mis lecturas, apoya tu cabecita en mi pecho, yo te acariciaré con una mano mientras con la otra sostengo el libro. Bésame a ratos, para que sepa que no te has dormido; sería una pena que te pierdas lo que te quiero leer, así que avísame cuando no puedas prestar atención, y yo cerraré el libro y apagaré la luz. Podemos seguir mañana, si tú quieres.

Seleccionaré para ti cuentos que son especiales. Ya se me ocurren algunos. "Cachito", de Pérez-Reverte. Yo seré el camionero que te rescata y tú serás... mi "cachito". "El niño feo", de Asimov, para que ambos lloremos con la ficción, que es preferible que llorar por la realidad. Después te leeré "Esa cosa llamada amor", también de Asimov, pero esta vez para que nos riamos mucho. No puedes imaginarte cómo me gusta que te rías, y cómo te quiero cuando lo haces, y lo grande que me siento cuando soy yo quien te provoca esa risa. Otro día te leo "El cuerpo", de King, y tú y yo seguiremos las vías del tren en la más emocionante y sugestiva excursión de nuestras vidas. Siguiendo con King leeré también para ti "Primavera de fresa", que es un cuento muy especial para mí, porque es el cuento que yo hubiera escrito algún día si el bueno de Stephen no se me llega a adelantar. Otras noches atacaremos a Bradbury, quiero leerte sus "Crónicas marcianas", ya verás qué fascinante poesía y qué historias tan bonitas.

Si tú quieres, hacemos también otra cosa. Algunas noches tú me empezarás a contar a mí una historia, sólo unas frases, lo primero que te venga a la cabeza, y yo seguiré el cuento tal como se me vaya ocurriendo, a ver en qué esperpénticas situaciones meto a los personajes que tú me hayas presentado. Pero no temas por ellos, te los cuidaré, aunque los ponga en comprometidos y disparatados trances. No olvidaré que son tus personajes, pero déjame jugar con ellos. Será divertido.

Quiero contarte muchos cuentos, sintiendo la calidez de tu cuerpo junto al mío, notando tus latidos, escuchando tu respiración. Quiero hacerlo en las noches de verano, cuando lameré el sudor en tu cuello, y quiero hacerlo en las noches frías de invierno, cuando te pegues mucho a mí buscando mi calor.

Deja que te cuente un cuento.

Porque ésa es, entre otras, mi forma de amarte.

Hablando se entiende la gente, y escribiendo no tanto

(Publicado originalmente en Spaces el día 27-06-06).

Prepárense vuesas mercedes. Hoy toca conferencia del Profesor Cabeza de Chorlito sobre este apasionante tema: "Gaditanas e idioma, ¿conceptos antagónicos?"

Vamos a partir de una frase escrita por una gaditana como tantas otras que leo constantemente, pero ésta tiene la particularidad de haberla leído esta misma tarde y de haberme pillado con el humor subido, además de ser un buen ejemplo por reunir tantas características especiales en tan pocas palabras.

Antes de entrar en materia permitan que exponga lo que llamaremos texto modelo:

"Por la noche entro, lo más seguro. Ay, mi chico, que lo quiero yo más que a un cuarto de kilo de chopped."

Bravo por la chica. Alabo su sentido del humor y su soltura con las comparaciones simpáticas (evitemos pensar en cómo nos sentiríamos si nos compararan con un cuarto de kilo de chopped). Hasta aquí lo bueno. Ahora empieza lo malo. La damita en cuestión es gaditana, así que introduce sus modificaciones personales en función de su origen (como es de Cádiz puede escribir como le sale del coño, porque "en Cai se habla así") y en función de su sexo ( como es mujer escribe como le sale del coño, y si alguien la corrige es un machista de mierda). Veamos esas modificaciones, poco a poco y prestando suma atención, para que ustedes el día de mañana sean capaces de expresarse como ella y liguen un huevo en la discoteca.

Las mayúsculas al inicio de un texto o tras un punto son una ordinariez. Lo mismo se puede decir del punto al final de un texto o una frase, e incluso de todos los signos de puntuación en general. Y las tildes son cosa del demonio y deberían prohibirse. Todo eso es superfluo porque no cambia el sentido de lo que pretendemos expresar. Lo suprimimos y nos quedamos tan frescos:

"por la noche entro lo mas seguro ay mi chico que lo quiero yo mas que a un cuarto de kilo de chopped"

Ahora vamos a economizar letras. El sonido de "ch" se parece una jartá --capten mi fino dominio del gaditano-- al sonido de la "x". Lo mismo ocurre con la "q" y la "u" cuando están juntitas, y con la "c" y la "u"; son perfectamente sustituibles por la "k", que es infinitamente más moderna y denota cierto talante progresista. Acabemos de una vez con el fascismo en el idoma. ¿Por qué usar dos letras si usando una obtenemos un resultado bastante pasable? No hay más que hablar, se hace y listo:

"por la noxe entro lo mas seguro ay mi xico ke lo kiero yo mas ke a un kuarto de kilo de xopped"

Y por fin viene el ejercicio de patriotismo cutre y de orgulloso analfabetismo. Pero eso sí, muy andalú todo ello. Nada de una "s" al final de una palabra. Esas dos pes juntas en xopped me suenan a cosa de fuera, eso no es andalú, y lo mismo cabe señalar de la incómoda "d" al final de esa palabra. ¡A la hoguera con esas letras odiosas que nos recuerdan que existe algo más que Andalucía!:

"por la noxe entro lo ma seguro ay mi xico ke lo kiero yo ma ke a un kuarto de kilo de xope"

De todos es sabido que la "y" es una gilipollez. Se sustituye por la letra "i" y en paz:

"por la noxe entro lo ma seguro ai mi xico ke lo kiero yo ma ke a un kuarto de kilo de xope"

Y hay más. Si hablamos de un cuarto de chopped es evidente que nos referimos a un cuarto de kilo, por lo tanto eliminamos eso del kilo:

"por la noxe entro lo ma seguro ai mi xico ke lo kiero yo ma ke a un kuarto de xope"

Aquí surge un problema. Con tanto recorte la frasecita nos está quedando muy breve, y eso resta prestancia y elegancia al mensaje. Lo arreglamos multiplicando innecesariamente algunas vocales:

"por la noxe entro lo ma seguro aii mi xico ke lo kiero yo maaaaa ke a un kuarto de xope"

Y ahora nos queda demasiado larga. Otro tijeretazo. Fuera la preposición "de".Total, nos van a entender igual:

"por la noxe entro lo ma seguro aii mi xico ke lo kiero yo maaaaa ke a un kuarto xope"

Y otro corte más. La "a" que vemos entre "ke" y "un kuarto" podría hacer pensar a alguien que sabemos algo de sintaxis, y eso no se puede consentir. Fuera:

"por la noxe entro lo ma seguro aii mi xico ke lo kiero yo maaaaa ke un kuarto xope"

Llegados a este punto vamos a demostrar nuestros conociemientos de Matemáticas. Los signos de esa noble ciencia y los números nos ayudan a simplificar el texto modelo:

"x la noxe entro lo + seguro aii mi xico ke lo kiero yo maaaaa ke 1 kuarto xope"

Para terminar, una pincelada muy gaditana. Aquí los hombres, muchachos, chicos, tipos o como los quieran llamar no son tales; son canijos. No importa que estén gordos o tela de cachas como el novio de la Yeni (ver "soy la Yeni",28-02-06), siempre son "canijos", pero con "k", por supuesto. Kanijos. Lo que pasa es que esa palabra es trisílaba, demasiado para una gaditana. Dejémoslo en "kani". Y así nos queda:

"x la noxe entro lo + seguro aii mi kani ke lo kiero yo maaaaa ke 1 kuarto xope"

Pues esta cosa es lo que me he encontrado esta tarde, y aún estoy intentando reponerme del soponcio.

Después de esta lección magistral sólo me queda desearles suerte para cuando vengan de vacaciones a cai (Cádiz) y que les sean de provecho mis enseñanzas.

Gracias por su atención.

A todos vosotros...

(Publicado el 27 de Junio de 2006 en Spaces).

HOY, DESARMADA Y CAUTIVA LA SELECCIÓN ESPAÑOLA DE FÚTBOL, LOS ANTIFUTBOLEROS VICTORIOSOS HEMOS ALCANZADO NUESTROS ÚLTIMOS OBJETIVOS. EL MUNDIAL HA TERMINADO.

Cádiz, 27 de Junio de 2006.


Éramos jóvenes

(Cuento publicado originalmente en Spaces el 25-06-06).

Marcelo y yo la esperábamos todos los miércoles en nuestra casa de alquiler. Ella llegaba sin falta, desde hacía dos meses, y se quedaba con nosotros desde las cuatro de la tarde hasta que nosotros nos rendíamos. Siempre nos rendíamos nosotros antes que ella.

Decía llamarse Cati y aparentaba unos cuarenta años, y muy bien llevados, por cierto. Su marido le pagaba encantado un caro gimnasio, miles de cosméticos, sesiones de rayos UVA y las operaciones de cirugía estética que hicieran falta porque le gustaba tener un bonito florero que presentar a los ejecutivos de su empresa. A Marcelo y a mí, dos chavalitos de veintidós años por aquel entonces, nos gustaba mucho. De hecho fue la que más nos duró.

Unas veces nos la follábamos alternativamente, para que mientras uno descargaba los huevos en su interior el otro se repusiera y de este modo no le faltara polla en ningún momento. Otras veces la penetrábamos ambos a la vez, por cualquier orificio que se nos pusiera a tiro, y en esas ocasiones, si tenía la boca libre, gritaba como una loca y al cabo de un rato había que darle un par de hostias para que no asustara a los vecinos.

Era buena, Cati, muy buena. Incluso aquella vez que a Marcelo se le fue la mano y le arrancó un pendiente desgarrándale la oreja ella no se enfadó, y antes de irse al médico para que le pusieran un par de puntos aún le hizo una mamada a Marcelo y bebió ávidamente su semen, para demostrarle que no le guardaba rencor. Buena chica, la amiga Cati. Más tarde Marcelo la llamó, movido por inaudito arranque de arrepentimiento, y tras colgar el teléfono me dijo compungido:

-- Tres puntos le han dado.

-- Es demasiado buena para eso; yo le daba diez puntos.-- Y los dos nos descojonamos ante mi chiste.

Nosotros éramos así. Fogosos, salvajes y con muchas ganas de reírnos. Éramos jóvenes. Ay.

Un miércoles, antes de que ella llegara, le dije a Marcelo que estaba harto, que quería cambiar de esclava, que había que jubilarla. Él sólo dijo: "Hoy nos la follamos por última vez". No hacía falta añadir nada más, Marcelo y yo nos entendíamos casi sin palabras y sabíamos muy bien lo que acabábamos de decidir y el papel que cada uno adoptaría en ello.

Marcelo miraba hacia la calle desde una ventana cuando vio llegar a Cati. "Llega a las cuatro y cuarto", dijo. "El culo le parto", respondí, y los dos estallamos en locas carcajadas. Nosotros éramos así. Éramos jóvenes.

Aquel Miércoles Cati estaba más guapa que de costumbre, como si intuyera que iba a ser un día especial. Marcelo y yo no queríamos perder el tiempo, así que la llevamos a la cocina casi sin saludarla, y allí le arrancamos la ropa, rompiéndola. Ella protestó y le di dos hostias para que se callara. Le mantuve la cabeza contra la encimera mientras Marcelo le daba por el culo. No tardó mucho en correrse y ocupé su puesto. Cati ya no necesitaba que la sujetaran, siempre oponía un poco de resistencia al principio, pero luego se relajaba y nos pedía más. Así que Marcelo me dejó solo con ella mientras iba a buscar algo a su habitación.

Yo le estaba dando de lo lindo a Cati cuando volvió Marcelo con su bate. Ella no lo vio.

Empecé a moverme más deprisa, cada vez más cachondo, hasta que noté la inminencia del orgasmo y le hice una señal a mi amigo. Marcelo contrajo el gesto aguantando la carcajada, y sin decir nada empezó a machacar la cabeza de Cati con el bate. Yo la agarré fuerte por las caderas, clavándole las uñas y empujando con fuerza para no salirme de su culo mientras se convulsionaba. Y así, entre las agonizantes convulsiones de Cati, eyaculé abundantemente. Después salí del interior de ese cadáver tembloroso y lo dejé caer al suelo de la cocina. Marcelo y yo nos miramos sonrientes y jadeando, él por el esfuerzo y yo por el reciente orgasmo.

-- Joer, macho, me he quedao en la gloria--. Dije.

-- Pos anda que yo...-- Respondió Marcelo, y los dos volvimos a reírnos. Éramos jóvenes, qué tiempos aquellos.

Teníamos un acuerdo desde que empezamos con esto: "El que mata limpia, y el que folla descansa". Puesto que esta vez fue él el que mató era a mí a quien tocaba descansar. Me fui a tomar unas cervezas y a leer el periódico mientras Marcelo se liaba con los útiles de limpieza.

Dos horas después se reunió conmigo en el bar. Le pasé discretamente una servilleta de papel sobre la ceja derecha para quitarle lo que parecía ser una sanguinolenta salpicadura de masa encefálica, y luego le tendí el periódico abierto por la página que nos interesaba. Marcelo centró su atención en el anuncio que yo había marcado:

Mujer atractiva de 32 años busca dos chicos guapos para fantasía de trío.

-- ¿La siguiente?-- Preguntó mi amigo.

-- Ya la he llamado. Pasado mañana a las siete de la tarde.

Y los dos nos dimos palmadas en la espalda y nos reímos muy fuerte durante un buen rato. Nosotros éramos así, felices y jóvenes.


Vais a tener razón, queridas

(Entrada publicada en Spaces el 24 de Junio de 2006).

Conversaba hoy con una conocida cuando ¡zas!, me llegó un fogonazo de esclarecedora luz. Sí, queridas amigas, el cabeza de chorlito ha visto la Luz. He oído claramente el ¡pop! al sacar mi cabeza del culo y ver la Verdad. Enhorabuena a todas.

Va a ser cierto lo que siempre me habéis dicho. Ay, y yo que creía que me queríais engañar... cómo he podido ser tan cerrado de mollera. Pero ahora, por fin, lo tengo claro. Sí, sin duda alguna los hombres somos malos, teníais razón, siempre la habéis tenido.

Los hombres somos malos malosos.

Los hombres somos perversos y con la polla escribimos versos.

Los hombres somos indignos de confianza y nos rascamos la panza.

Los hombres bla bla bla...

Pues sí, lo confieso. Todos los hombres somos unos grandísimos hijos de la gran puta. No podía ser de otra manera puesto que cada uno de nosotros es hijo de alguna mujer.


De cervezas con Jesucristo

(Publicado en Spaces el 23 de Junio de 2006).

Yo sé que les va a sonar extraño, pero lo cierto es que este humilde cabeza de chorlito ha estado tomando birras con Jesucristo. Y la verdad, es un tipo un tanto peculiar, pero nada de túnicas, ni barbas, ni melenas.

Fue hace unos cuantos años, cuando yo todavía era nuevo en San Fernando y soñaba con irme a otro sitio. Sucedió una noche como otra cualquiera, una noche de aburrimiento y cervezas solitarias. Acababa de llegar a un bar donde el camarero se negaba a servirle una cerveza a un cliente desaliñado y con cara de buen tipo. Pude enterarme de que al cliente no le llegaba para pagar la birra, y me dio por invitarlo (el cabeza de chorlito y sus ideas geniales.) Entonces me dijo el camarero que no era por el dinero, sino que el cliente en cuestión tenía mal beber y no andaba muy fino de la perola. Yo, ante esas feas acusaciones miré al tipo desaliñado como preguntándole si era cierto lo que decía el camarero. El tipo me sostuvo la mirada con su cara de buena persona, un chaval de unos veinticinco años, moreno, pelo corto, cara redonda, gafitas de ratón de biblioteca y ojos tristes, pero ni desmintió ni corroboró lo que se afirmaba de él. Tomé una decisión, que ni fue sabia, ni prudente, ni nada de nada.

Le dije al camarero, con mi mejor tono de hombre serio y de confianza, que le pusiera esa cerveza al tipo, afirmando que --otra idea genial del cabeza de chorlito-- yo me responsabilizaba de los actos de mi nuevo amigo, y que no lo dejaría solo ni un momento. Sí, amigos lectores, Leónidas y su quijotesca vocación de desfacedor de entuertos y paladín de los débiles atacaba de nuevo. Maldita sea mi estampa.

Con el primer trago admitió que era cierto lo que afirmaba el otro. Pero se mostraba tranquilo, fumando muy lindamente de mi tabaco. Se presentó. Miguel, recuerdo que dijo.

Mediada su cerveza vinieron las confesiones. Era esquizofrénico (eso era malo) y estaba bajo tratamiento (eso era bueno). Cuando se saltaba una toma de sus pastillas las cosas podían ponerse... pintorescas, digamos (eso era malo). Después me tranquilizó asegurando que esa noche iba medicado (eso era bueno). A continuación añadió que el alcohol en combinación con sus medicamentos solía traerle problemas (eso era muy malo). Bien, yo a esas alturas de la película empezaba a pensar cosas como que soy un perfecto gilipollas y tal, pero por lo visto no fue suficiente mi nivel de gilipollez, pues para entonces ya estaba pidiendo yo otras dos cervezas. No sé muy bien si las pedí porque me gustan las historias curiosas, porque me va el riesgo, o simplemente porque no sabía que hacer. Creo que fue más bien por esto último.

Con esa segunda cerveza llegó la verdad. La Verdad. Cágate lorito.

Resulta que, según él, los médicos estaban equivocados. Yo dije que claro, que los médicos no tienen ni puta idea, y menos los psiquiatras. Vamos, literalmente le di la razón como a los locos. Después se sinceró conmigo y me contó que ese nombre, Miguel, era una tapadera para pasar desapercibido, pues en verdad era... Jesucristo.

Me lo dijo el tío sumamente serio, y hasta como apesadumbrado por la responsabilidad que eso le cargaba sobre los hombros. Pero para responsabilidad la mía, que me acababa de hacer públicamente responsable de los actos de un Jesucristo ebrio y esquizofrénico. Eso sí que es responsabilidad, compadre.

Jesucristo me dijo también que andaba confuso, pues a veces no estaba muy seguro de ser Jesucristo. Digamos que lo suyo era una consolidada y justificada sospecha de serlo, pero que no estaba en situación de afirmarlo categóricamente. Quise saber a qué se debía tan firme sospecha, y me repondió enigmáticamente: "Porque la gente hace siempre lo que yo quiero que hagan". Acabáramos, era eso. Claro.

Uno de los dos tenía que empezar a obrar con sensatez, antes de que la situación se desmadrara, y aunque normalmente no sería yo el sensato en un grupo escogido al azar, en este caso me temo que era el menos insensato. Así que tomé otra decisión. Esta vez más razonable que la anterior. Te acompaño a casa, Jesucristo, le dije. Temía que se negara y descargara su ira divina sobre mí, pero no, me dijo que bueno, y gracias por las cervezas y el tabaco.

Fiel a mi promesa de no abandonarlo fui hasta su casa con él. La verdad es que vivía cerca, si no lo hubiera acompañado María Magdalena, porque yo estaba deseando deshacerme de Su Presencia. Es que yo soy muy ateo. Al llegar a su portal me pidió que subiera a conocer a sus padres, y como Jesucristo siempre habla en parábolas eso igual podía significar "entra, hijo mío, te ofrezco mi familia y mi hogar" como "entra, guapo, que vas a conocer el lado homosexual de Jesucristo", así que le puse la vieja excusa de lo tarde que era y lo dejé allí, predicándole a los padres.

Lo he vuelto a ver varias veces, y siempre hace como que no me conoce. En ocasiones me pide tabaco. Sí, queridos lectores, Jesucristo fuma, no es políticamente correcto. Y además es un gorrón.

Otro día lo vi en un bar. Estaba solo, en una mesa, mirando al fondo de un vaso de anís. De repente estalló en desconsolado y estruendoso llanto. Me dio bastante pena y me hubiera gustado abrazarlo, pero también me dio vergüenza, y ésta pudo más que la pena.

Finalmente lanzo una pregunta a mis tres o cuatro lectores, a ver si se animan con los comentarios: ¿Por qué quise REALMENTE que el camarero le pusiera la cerveza a Jesucristo? Hay premio para el que acierte.



Déjame contártelo ahora

(Publicado originalmente en Spaces el 20 de Junio de 2006).



Es tarde. Demasiado tarde para ti y para mí. Pero déjame decírtelo ahora, porque estoy ajustando cuentas y ando pagando deudas. Empieza a tamborilear con los dedos sobre la mesa como tú sabes hacer y escúchame. Esta vez seré yo quien te cuente historias.

Te voy a hablar de recuerdos, de esos recuerdos que compartimos tú y yo, para que veas que los conservo perfectamente en una cajita que me he llevado siempre adonde quiera que haya ido.

Recuerdo como si fuera ayer a ese niño moreno que iba todos los meses, solo con su tesoro en el bolsillo, a una oficina bancaria en Murcia, y al dejar en ventanilla la libreta de ahorros y el billete de mil pesetas decía muy serio: "Buenos días. Quisiera hacer una imposición". Gracias por enseñarme a ser educado. Gracias por enseñarme a decir "imposición" y lo que eso significa en términos bancarios, y por desvelarme que "Excmo." es la abreviatura de Excelentísimo. Gracias por enseñarme a pensar en el futuro.

Recuerdo cuando me relatabas tus heroicidades durante la guerra civil. Y no me importa que fueran inventadas muchas de ellas. Recuerdo también los relatos que no eran inventados. Gracias por enseñarme a escuchar. Gracias por enseñarme a disfrutar con una buena historia.

Recuerdo cuando te empeñaste en enseñarme todas las capitales de Europa y los ríos más importantes. Recuerdo también que no lo lograste. Recuerdo que alguna vez me escapé de esas clases extras que me imponías, y cómo me regañabas amablemente por ello cuando me echabas el guante. Recuerdo que tú me enseñaste a leer. Gracias por intentar lo de las capitales y los ríos. Gracias por enseñarme la expresión "saltarse algo a la torera". Y veinte millones de gracias por enseñarme a leer antes de que lo hicieran en el colegio.

Recuerdo nuestros paseos cuando tras quedarte ciego me convertí en tu lazarillo. Recuerdo la sensación de coger tu mano, callosa por una larga vida de trabajo honesto, y guiarte hasta donde siempre nos sentábamos al sol, un sol que no veías pero cuya calidez agradecías. ¿Sabes?, nunca hubiera cambiado una de esas tardes a tu lado por un rato con los amigos. Ah... y perdona por los tropiezos, ya sabes que me despistaba con mis fantasías. Recuerdo cuando te leía los equipos que se enfrentaban en la quiniela para que tú hicieras tu pronóstico (ay, pillín, ahora caigo en que me enseñaste a leer para eso, jajaja). Gracias por enseñarme a ser útil. Gracias por descubrirme el placer de ayudar a otros. Gracias por hacerme sentir importante.

No sé si podrás sentirte orgulloso del tipo en el que me he convertido, pero hago lo que puedo para que no te avergüences de mí.

Yo sí que me siento muy orgulloso de ti, abuelo.



Sí, leo a Stephen King

(Publicado originalmente en Spaces el 18 de Junio de 2006).

Pues sí, con dos cojones. Desde niño leo a ese cabroncete.

¿Literatura basura? Quien diga eso es que no ha leído una joya como El Cuerpo, en las Cuatro Estaciones. Y sí, claro que tiene mucha basura, muchísima de hecho. Pero creo que merece la pena sumergirse en su bazofia para encontrar en el fondo unas cuantas perlas.

Y me encantan esos guiños que hace al lector fiel en muchos de sus libros, colando sutiles referencias a otras de sus historias. Cuando te das de bruces con una de esas humoradas sientes que eres grande, y piensas algo así como: "Ufff, casi nadie se daría cuenta de este detalle, pero yo lo he hecho. Soy un campeón".

A este hombre se le ha encasillado injustamente como autor de historias de terror, y sí es cierto que las tiene muy buenas en ese género, pero ha escrito otras cosas. Por ejemplo, escribiendo bajo el seudónimo de Richard Bachman publicó Carretera Maldita, que me parece una estupenda novela para saborear paso a paso el proceso por el cual un hombre normal se vuelve loco de remate. ¿Es una novela de terror? En todo caso terror psicológico, nada de cosas sobrenaturales ni monstruos horrendos, pero yo diría que es algo más simple que todo eso, y a la vez más inquietante; es la historia del monstruo que todos llevamos dentro, y de cómo sale a la luz si se tocan las teclas adecuadas.

¿Y qué me dicen de El Pasillo de la Muerte? Sin comentarios. No tengo palabras.

¿Y el universo que ha creado con La Torre Oscura? Vale que a veces se hace pesadito, pero admitan que lo que ese tipo inventa no está al alcance de mentes mediocres.

Por otra parte, si yo leyera para dármelas de culto, de intelectual, de sabio... pues sí, no leería a King; mejor me inclinaba por el estafador de Coelho si voy de pseudosabio, y si voy de intelectual ahí tengo al infumable Umbral, y en caso que lo mío sea dármelas de culto le atacaría a los clásicos. Pero no, yo leo para gozar, para disfrutar, para imaginar, para evadirme de este mundo que me quema por dentro y por fuera, y ahí entra mi amigo Don Stephen.

Le pido a un autor que sea honesto, que no me quiera engañar. Por eso odio a Coelho y a Dan Brown. No quiero que me vendan mierda como si fuera algo bueno que me va a abrir los ojos o que me cuenten leyendas antiguas como si las hubieran parido ellos. King no peca de nada de eso, es un tipo original, con notorios altibajos en su calidad, pero original. Y no va por la vida de sabio ni de genio, sólo me cuenta cuentos, y a veces me quiere meter miedo.

¿Que es una máquina de hacer dinero? Sí, lo es. ¿Que escribe por contrato y se nota que muchas veces no tiene nada que decir? Sí, cierto. ¿Que ya es más una marca que un escritor? Pues también es cierto. Pero dejen que les cuente algo:

Hace muchos años, cuando yo era un adolescente cargado de ilusiones y fe en el mundo, leí Apocalipsis, del maestro King. Y durante un ataque de tos que tuve cierto día pensé por un momento, por un insignificante momento, que había contraído la enfermedad Capitán Trotamundos. "Mierda, tengo el Trotamundos", pensé.

Y de eso se trata cuando se lee algo. Así que no me vengan con purismos literarios.


Mis profesores

(Publicado el 18 de Junio de 2006 en Spaces).

Era inevitable que antes o después les hablara de mis profesores. Son gente importante en la vida de cualquiera, especialmente para un mal alumno de E.G.B. Los tuve buenos y malos, muy buenos y muy malos. De los buenos voy a contar poco, no tengo el día halagador, pero de los malos... ay, de los malos. Ya estoy afilando toda la mala baba que encuentro por casa, y hasta le he pedido una poca a un vecino, que amablemente me la ha prestado en una fiambrera de plástico.

Vamos con los buenos, acabemos eso lo antes posible. Doña María Jesús Quintanilla (Lengua y Literatura), una mujer madura, guapa, con una fascinante personalidad. Supo enseñarnos de todo un poco, o al menos lo intentó, y para ella hablar de libros y lectura era un placer, y así nos lo quiso transmitir. Aprovechaba algunas de sus clases para darnos lecciones de moral y educación, al margen de su asignatura. Lo hizo bien, muy bien. Salvo aquella vez en que su hijo metió la pata y se le olvidaron a esa señora ciertas cosas que nos había enseñado, pero eso es otra historia, como diría Ende. Y con esto se acabron los buenos. Ha sido breve, eh.

Y ahora... ¡a dar caña a la escoria que tanto contribuyó a joderme la infancia!

Doña Josefina Quintanilla, hermana de la anterior. Una solterona amargada y remilgada. Aprobaba o suspendía a los alumnos en función de su nombre y según le cayeran a ella, además demostramos varias veces que "corregía" los exámenes sin leerlos. A veces mandaba a algunas alumnas de su séquito de pelotas a comprarle medias o lo que se terciara en horas de clase, eso naturalmente garantizaba el aprobado a las recaderas.

Doña Angelina, la pedófila que no hacía honor a su nombre. Creo que la padecí en primero de E.G.B., aunque no estoy muy seguro. Tenía esta mujer la simpática idea de castigarnos por no hacer las tareas bajándonos los pantalones y los calzoncillos ante el resto de la clase. Muy bien, campeona, me pregunto dónde le enseñaron a motivar de esa manera a sus impúberes alumnos. ¿Sabe Usted, guarra, el martirio atroz que supone para un niño retraído que lo desnuden ante las risas de sus compañeros? ¿Es Usted consciente, asquerosa bruja, de que hoy en día gran parte de mi misoginia puede que se la deba a Usted? ¿Se excitaba Usted aplicando tan peculiar castigo? ¿Le siguen gustando los pequeños genitales masculinos sin vello y encogidos por el miedo? ¿Por qué a las niñas no les aplicaba Usted el mismo tratamiento? ¿Se imagina la que se montaría si se supiese que un profesor le hace tal cosa a sus alumnitas? Sería un monstruo, ¿verdad?, pues exactamente lo que es usted. ¿Sabes, Angelina? Me encantaría verte intentar de nuevo algo así con este hombre que ahora te habla. Igual me daba el gustazo de, por primera vez en mi vida, cruzarle la cara a una mujer.

Y ahora... la Bestia Negra. Doña Mari Carmen. Fuiste mi pesadilla durante dos cursos, cuarto y quinto de E.G.B, dos larguísimos, eternos años. No tolerabas que un alumno fuera a su aire, que no admitiera tu tiranía, y eras refinadamente cruel con cualquiera que osara salirse de tu rebaño. ¿Te acuerdas de Toledo y Mompeán? Yo sí que me acuerdo, fueron mis compañeros de castigos innumerables veces, aunque no mis amigos. Ellos eran indisciplinados y rebeldes, y se tomaban a pitorreo tu autoridad. Yo no, yo te respetaba y te temía, por eso te cebaste de esa manera conmigo, a mí me podías humillar cuanto quisieras y sabías que jamás me rebelaría. Además contabas con que mis padres siempre estarían de tu parte, aunque ellos de buena fe pues son gente bondadosa.

Tengo muchos recuerdos de ti, Mari Carmen, y ninguno bueno. ¿Te acuerdas del día que sangré por la nariz y manché algo? Seguro que no te acuerdas, qué pena, es un lindo recuerdo. Ja. Deja que te refresque la memoria. Debió de ser en una clase de manualidades, y hacíamos el chorra con plastilina. En algún momento me dio por hacer el payaso, nunca mejor dicho, y modelé una enorme y redonda nariz de payaso que coloqué sobre la mía. Apretaría demasiado, porque la nariz de verdad empezó a sangrar, manchando así tu preciosa plastilina. Cuando yo era niño estaba más que acostumbrado a sangrar por la nariz, así que no me preocupó demasiado, pero lo que no me podía esperar es que me regañaras por ensuciar la plastilina, y eso es justamente lo que hiciste. Oh, lo siento mucho, te pido perdón por sangrar, tengo el defecto de ser humano, al contrario que tú.

Pero sigamos con otros recuerdos, ahora que ya hemos visto de qué pasta estás hecha (de plastilina, tal vez). Tenías un sistema para ordenar la situación de los alumnos en clase muy particular. Por supuesto nada de dos mesas juntas, eso podría fomentar el compañerismo y la ayuda mutua, mala idea para el que pretende gobernar hasta las emociones de la gente (luego hablaremos de eso). Hileras de pupitres perfectamente alineados, y los alumnos ocupándolos de la siguiente manera: aquellos de menor rendimiento al fondo de la clase, y desde ahí en orden creciente de rendimiento hacia adelante, de modo que el primero de cada hilera era en teoría un buen alumno, y se le premiaba por ello estando cerca de la diabólica diosa y -- aquí viene lo bueno-- siendo nombrado Jefe de Fila. El Jefe de Fila tenía autoridad sobre los alumnos de su fila, y cuando la Bestia Negra daba la orden ellos saltaban entusiasmados de sus sillas para REGISTRAR LAS CARTERAS DE SUS "SUBORDINADOS". Recuerdo muy bien las caras de gozo de algunos de esos Jefes de Fila al encontrar un cuaderno y gritar exultantes "¡Aquí está, señorita, lo he encontrado, es mentira que se le olvidara en su casa, es que no ha hecho los deberes!". Muy bien por tu idea, Mari Carmen. Un sistema eficacísimo para desunir a los alumnos y crear rencillas entre ellos. Genial la idea, de verdad. Me enseñaste mucho sobre el concepto de ser un pelota y un enchufado. Pero discriminaste sin miramientos a los últimos de la fila, y otra cosa, dejaste muy solos a los Jefes de Fila, aunque no les tengo ninguna, pero que ninguna pena. Me gustaría saber de qué campo de concentración sacaste la idea de organizar de ese modo tus aulas. Años después, ya en un Instituto Politécnico Militar, por razones que yo mismo no acabo de entender, fui Jefe de Clase con una modesta autoridad sobre cuarenta compañeros, y acabé dimitiendo. Supongo que pensaba en ti y en tus Jefes de Fila cuando redacté para mi Capitán la carta de dimisión.

Y esto me recuerda otra cosa: aquella vez que "ordenaste" a mis compañeros que no me hablaran y que me dejaran solo en el recreo. ¿Te acuerdas, Mari Carmen? Yo sí, y te quiero hablar de ello. Tanto entonces como ahora me gustaba la soledad, pero una cosa es que la busques, y otra que te la impongan. Fue triste, ¿sabes?, muy triste, verme allí, en el patio del colegio, como un apestado del que todo el mundo huye. Pero lo peor es que me señalaban. ¿Pudiste dormir bien aquella noche, Mari Carmen? Porque yo no. Ni esa ni muchas otras. ¿Y todo por qué?, ¿por que no había hecho los deberes? Pues tu derecho era suspenderme, pero no condenarme al ostracismo, a eso no tenías derecho. Pero es que lo tuyo era eso, a ti te iba lo de manipular las emociones de los niños con los que trabajabas. Hablemos ahora de ello. Tenemos mucho tiempo.

Muchas veces jugaste con la enfermedad de mi madre. Sabías que era depresiva, y por aquellos tiempos, sin los adelantos farmacológicos que hoy se conocen, mi madre pasaba largas temporadas internada en un manicomio, y cada vez que volvía me encontraba una zombi con el cerebro lavado por las macabras sesiones de electrochoque. Y tú usabas eso para hacerme daño. Al igual que los guardias civiles de García Lorca tienes de plomo la calavera, Mari Carmen. En algunas de esas muchas veces que me descubrías con las tareas sin hacer me mandabas ir a tu mesa, y me hablabas de mi madre. Me decías que ella estaba así por mi culpa, y alguna vez te creí, malnacida. Insistías en ello hasta que me hacías llorar de culpa ante el resto de la clase, que observaba el espectáculo entre incómoda y deleitada. Déjame decirte, monstruo, que mi madre no estaba así por mi culpa; mi madre no podía ni saber cómo me iba en el colegio. Déjame decirte, monstruo, que jamás te voy a perdonar eso.

Hablemos ahora de los castigos de cara a la pared. Otra de tus sevicias. Mompeán y Toledo eran también fieles observadores de paredes, pero no tanto como yo. Ellos, al cabo de unos minutos se giraban apoyando la espalda en la pared, y se quedaban tan frescos. No podías hacer nada contra ellos, o no te atrevías. Pero lo mío era otra historia. Si me mandabas dos horas con la nariz pegada a la pared, yo me pasaba dos horas así, y sólo me atrevía a girarme para pedirte permiso, cuando ya no podía más, para ir a vomitar al servicio. Aunque quizá recuerdes que varias veces aguanté tanto que vomité en clase sin tener tiempo de pedir permiso. Imagínate, Mari Carmen, dos horas de pie, las manos a la espalda, con la nariz rozando la pared. Y digo que te lo imagines porque estoy seguro de que no lo has vivido; si supieras lo que realmente es eso no lo impondrías tan alegremente. Pero ahora te voy a dar detalles, para que algo sepas de ese interesante tema. Para que te lo imagines lo mejor posible:

Para que el castigo fuera de tu gusto había que estar rozando la pared con la nariz, y entenderás que eso impide enfocar la vista por mucho tiempo, de modo que tiende a desenfocarse, y al cabo de un buen rato así llegan las náuseas y los mareos. Un remedio es cerrar los ojos, pero prueba a permanecer con los ojos cerrados y de pie durante una hora... también te mareas y pierdes el equilibrio. Y así, entre mareos y náuseas he pasado muchas horas de mi vida. Yo no podía girarme, yo aceptaba mi castigo y lo aguantaba en lo humanamente posible. El problema es que tus castigos eran inhumanos, Mari Carmen. ¿Puedes imaginar lo divertido que era para mí aguantar hasta vomitar en clase y oír una vocecita, quizá de la chica de la que estaba enamoriscado, que decía "puaj, qué asco"? No, hija de puta, no lo puedes imaginar.

Y ahora dime, ponme al día de tu vida. Venga, los amigos se cuentan sus cosas. Tengo curiosidad sobre ese tic que tenías. ¿Cómo ha evolucionado? ¿Te tiene postrada en cama? ¿O has muerto ya? Espero que no, Mari Carmen, me gusta más la idea de verte incapacitada y conectada a máquinas, deseando una muerte que no llega.

Alguna vez me hiciste desearla a mí, maldita zorra.