AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

miércoles, 30 de mayo de 2007

Buenas noticias. Muy buenas noticias


Mis tres o cuatro lectores suelen quejarse de que mis cuentos casi nunca tienen finales felices, todo acaba en muertes o situaciones lamentables. Tienen razón.

Esta vez, en cambio, no podrán quejarse. Hoy voy a contar algo grandioso y lleno de esperanza.

Hace unos días, tras un largo retraso del período, me decidí a comprar un chisme de esos que alertan del embarazo, un Prediktor, aunque creo que eso es una marca registrada y lo que yo compré era de otra marca. En fin, que sí, que dio positivo. A continuación me hice el pertinente análisis de sangre, para salir de dudas. Y... juas, juas... ¡Que toy preñá! Hoy he recogido los resultados y no hay duda, ¡preñá hasta las cejas!

No puedo estar segura de quién es el padre porque mi vida sexual es un poco desordenada, pero tampoco me importa. Ya sé que hay maneras de averiguarlo, pero yo no las emplearé. Quería un hijo, y lo voy a tener. No quería una pareja, y no la voy a tener. Tampoco diré nada a los posibles padres, y si alguno de ellos se entera y quiere intervenir, claras las tiene conmigo. Ni mijita, como se dice por aquí. Mi hijo será sólo mío.

Pues eso, que no se quejen, coñe --uy, si hasta me he vuelto cursi con la maternidad--, que esta vez no hay muertes, sino nuevas vidas. Una por lo menos.

Nerviosa, algo preocupada, esperanzada, y sobre todo muy feliz, se despide esta cabeza de chorlito que va a llamar a sus padres. A ellos les encantará saber que están a punto de ser abuelos. Pero ustedes fueron los primeros en saberlo.


Una cosilla que hoy me hizo derramar lágrimas. Será por el embarazo.

martes, 29 de mayo de 2007

Váyase al peo, oiga


Desearle mal a alguien es cosa fea, dicen. Y desear su muerte no digamos. Pero es que no lo puedo remediar, y creo yo que cualquier tribunal de ética me absolvería, porque lo mío es un asunto de legítima defensa.

Deseo su muerte, sí. Me gustaría ver cómo se estampa, a 300 Km/h, contra un muro de hormigón. Ese impresentable chulito me tiene frita. Lo odio con todo mi corazón. Es oír su voz monótona y caigo víctima de convulsiones epilépticas. Verlo me obliga a ir al baño, presa de ataques diarreicos, y he tenido que instalar un váter en el salón, donde está la tele, porque suele sorprenderme apareciendo por televisión, el muy maldito, en cualquier momento, y se me descompone tan súbitamente el aparato digestivo que no me da tiempo a llegar a ningún sitio.

Abro un periódico y ahí que está él, con su ridícula gorra, mirándome amenazador y como diciendo "te pillé, Chorli."

Pongo la radio y me sale su voz, cansina, monocorde, ubicua. Joder, si últimamente veo un anuncio en el que varias personas que no son él hablan con su voz, incluso alguna mujer. No me digan que no es inquietante.

Me meto en un taxi y digo "a Bahía Sur, por favor", y el taxista me mira por el retrovisor y me dice "¿sabe que Fernando Alonso ha ganado otra vez, señorita?", y yo, que aborrezco a los taxistas parlanchines, le respondo que me cago en Alonso, en las guarrillas que mientras le cuelgan la corona le dan besitos, muac muac, y en toda la puta fórmula uno. El taxista no responde, y al llegar a Bahía Sur me dice "Cuatro con cincuenta", y esta vez no me llama señorita.

Llego a un bar. "Una cerveza y una tapa de carne al toro, por favor". "Ese Fernando Alonso es un fuera de serie", me responde el imbécil del camarero, lo cual me obliga a cambiar la comanda por un cubata con el que ahogar las penas.

No hay derecho a esta tortura. Tengo que vérmelas con él tropecientas veces todos los días, y ocurre que yo no tengo por héroes, precisamente, a los chóferes con prisa.

A ver si te enteras, mundo: No sé de dónde ha salido ese tío, que dicho sea de paso me parece tonto, y no me interesa nada la fórmula uno ni el puterío que hay montado a su alrededor, y es muy triste que este país de zoquetes tenga como prohombre a un muchachito que lo único que hace es conducir muy rápido. Por lo que a mí respecta, EL TAL FERNANDITO PUEDE IR COMIÉNDOME EL COÑO.


lunes, 28 de mayo de 2007

Rap del gato que nunca existió

Hoy me ha sorprendido encontrarme una canción en un blog amigo. Hasta llegué a creer que mi amigo, de malvado y pétreo corazón escéptico, había encontrado el diamante que se lo rayara; pero no, es sólo que le gusta la canción. La verdad es que suena bien, y me ha recordado a mi admirado, y sin embargo despreciado por algún sesudo estudioso de la Literatura, Don Gustavo Adolfo Bécquer.

Pero a lo que voy. Esto me ha traído a la memoria que hace tiempo que tengo pendiente hacer pública, para mayor gloria de las Letras Hispánicas, una bella canción que escribí, harta de copas y de tiempo libre, a mi gato imaginario Gusifluky. Se llama El rap de Gusifluky. (Cántese a estilo rapero y con cuatro o cinco cubatas en el cuerpo):


Trukitrú, trukitrú,

truky truky trukitrá

Soy un gato hiperactivo,

vomitivo y sensitivo.

Soy el gusifluky.

Trukitrú, trukitrú

truky truky trukitrá

Soy un gato conflictivo,

chiquitillo y atractivo.

Soy el Gusifluky.

Trukitrú, trukitrú

truky truky trukitrá.

Soy pequeño y juguetón,

puñetero y dormilón.

Soy el Gusifluky.

Trukitrú, trukitrú

truky truky trukitrá.

Soy chulito y vacilón,

pequeñajo y bravucón.

Soy el Gusifluky.

Trukitrú, trukitrú

truky truky trukytrá.

Soy un gato asalvajado,

canijillo y perturbado.

Soy el Gusifluky.

trukitrú, trukitrú

truky truky trukitrá.


Me hubiera gustado cantarla para ustedes y colgarla en la red, y me atrevería a ello, si no fuera porque no me atrevo. Si hay alguien lo bastante osado, por favor, que me lo haga saber.

NOTAS:


Este rap ganó el Festival de Eurovisión del año 2128, en magistral interpretación del solista Eugenio Cagárrez. (
Aquí el enlace a la versión oficial ganadora).

Este rap no comete violencia de género, número, desinencia ni conjugación.

Este rap no abusa de niños.

Este rap aboga por el respeto a los animales.

Este rap jamás atracó un banco.

Este rap no vota a partido político alguno.

Este rap, si bien es una gilipollez como un castillo, es también un canto a la esperanza de futuro para los miles de afectados por la ladilla Huevus Devorator, de gran proliferación en algunas calles de Almería, en el barrio del Zapillo.

Y sí, me apetecía hacer un poco el payaso hoy, ¿qué pasa?

sábado, 26 de mayo de 2007

Sobre lectoras perturbadas y situaciones incómodas


Por alguna razón que no acabo de dilucidar este blog se está convirtiendo en un nido de víboras, de víboras lascivas que me dan un poco de miedo. No mucho, porque soy mujer experimentada y para víbora lasciva la menda, pero es extraño que desde que me desenmascaré e hice pública mi condición femenina hayan aumentado las lectoras que se me quieren follar. Y no, no son lesbianas. O eso dicen. Se empeñan en que Leónidas existe, las muy contumaces.

También puede deberse a que últimamente cometí la imprudencia de comentar en el blog del páter Fortea, y eso me ha supuesto un incremento del cuarenta por ciento en mis visitas de los últimos días. Y claro, ya se sabe lo que pasa cuando una se mezcla con integristas religiosos... A ver si va a ser eso lo que explica el acoso sexual del que soy víctima. Para colmo, el propio páter ha tenido la humorada de referirse a mí en una entrada: "En otro orden de cosas saludo a Leonidas Kowalsky de Arimatea. Este sujeto de sexo dudoso es la antítesis del padre Fortea. Por eso el padre Fortea le ama. Con un amor no exento, lamentablemente, de una cierta admiración." Esto me ha otorgado cierta popularidad en ambientes en los que jámás me supuse popular, y ha tenido sus consecuencias. Alguna consecuencia fue agradable, como tener más lectores. Me gusta que me lean, para qué nos vamos a engañar. Pero hubo consecuencias negativas, como ver que algún comentarista del páter, en lugar de ceñirse a sus entradas, ¡comentaba las mías en su blog! No me digan que no es cosa de locos, ¡las entradas de la cabeza de chorlito comentadas en el blog del famoso exorcista Fortea! Ay, Internet, cuántas sorpresas me das...

Pero volvamos al escabroso asunto de las lectoras que fantasean con tirarse a Leónidas. Vengan de donde vengan lo cierto es que desde hace unos días se han multiplicado, y la cosa estaría bien si yo fuera Leo, pero resulta que soy María del Mar. En mi anterior periplo como Leónidas, ese tío malencarado y grosero, observé que alguna que otra lectora mojaba las bragas con el personaje. La atracción por el chico malo y tal (ay, las entiendo; tantas veces yo misma fui víctima de esa insana atracción...), pero ya está bien, se acabó, ¡Leo ha muerto!

Varias lectoras me han agregado a sus contactos de Messenger en los últimos días. Hasta hay quien anda jugando a las adivinanzas, pero lo mejor es cierto correo electrónico que me envió una de ellas, del que copio una parte: "Queridísimo y deseado Leónidas acabo de enviarte un correo desde mi cuenta Yahoo, deseo que lo veas con el claro objetivo de que te sientas tentado, interesado y más aún excitado con mis fotos. El proximo 17 de junio viajo a Valencia y quisiera tener una cita contigo, pero no quiero que sea una cita a ciegas, antes debes conocerme". No vi ese correo que menciona, lo eliminé sin abrir por sospechoso, y además, si alguna vez voy a Valencia será para conocer a la Emperatriz de Belsan, a Lola Cárdenas, o a Neko, nada más se me ha perdido allí.

Sergio, con el que tengo pendiente tratar un tema muy serio, me envió un sesudo correo en el que afirma haberme pillado, pero que me va a guardar el secreto (¡...!). El Inconformista me ha enviado un elaborado correo, que parece una tesis de Psicología, y acaba mostrando sus dudas sobre si soy hombre o mujer. Gerardo, en cambio, me dijo escuetamente "Permiso para no creerme tu última entrada" (refiriéndose a la entrada en la que yo me identificaba como María del Mar), pero recordemos que él es El Escéptico, así que no tiene nada de extraño que no me crea. Sandra anda interrogando a conocidos comunes acerca de mi humilde persona, aunque no se termina de creer lo que le dicen si no es acorde a lo que ella desea.

Era de suponer que mi "salida del armario" confundiría mucho a muchos, pero lo que no me esperaba es que, de repente, me aparezcan por doquier mujeres que se quieren ir a la cama con María del Mar. Joder, qué gran locura... pero qué divertida.

miércoles, 23 de mayo de 2007

¿Quién eres? (Misiva a un lector canario)


Sé de ti algo. Muy poco, pero algo por donde empezar. No vayas a pensar mal, ni me obsesionas ni nada de eso. Pero lo cierto es que siento curiosidad.

De mis varios comentaristas asiduos he llegado a saber bastante, salvo de ti. No soy esa bitacorera estirada y que usa su blog como un púlpito desde el que hablar en la altura mirando hacia abajo para hallar, ahí a lo lejos y chiquititos por la distancia, a sus lectores. A mí lo que me va es la mezcla, la marcha, el compadreo. Por eso doy importancia a los comentarios de las entradas, y por eso intervengo con bastante frecuencia, respondiendo a casi todo lo que venga a cuento.

Pero tú me desconciertas. Sé que me lees casi a diario, y creo que nunca has comentado. Me consta que son frecuentes los lectores de blogs que jamás participan en los comentarios, y me parece muy respetable que obréis así pero, no sé... Cuando hablo con personas que ven Internet como una fuente de entrada de información y que no piensan en aportarla me jode. Para eso ya teníamos la televisión, y la Red no debe funcionar bajo esa mentalidad televisiva. Esto es otra historia. Aquí se puede participar desde el teclado de cada cual sin que sea necesario mostrarse como monstruo de feria ni como payaso de turno. Ni como genio. Somos personas, cada cual con sus vivencias, su cultura, su ignorancia, su buena intención y sus ganas de pasarlo bien. Y todos tenemos algo que decir, y a alguien que quiere escucharnos. ¡Aprovechemos sin miedo y sin complejos esta oportunidad! Coño, hace casi dos días yo no sabía ni encender, literalmente, un ordenador, y ahora aquí ando, llevando un blog que dura año y cuarto y que leen tres o cuatro personas. Y una de ellas eres tú.

Casi todos los días, desde las Islas Canarias y siempre con la misma I.P., entras en este Diario atraído, supongo, por la colonia que uso, o quizás sea porque esperas ansioso el día en que cuelgue mis fotos con las tetas al aire, tú sabrás. Me gustaría ficharte, esa es la verdad. Tal vez seas uno de los que comenta esporádicamente y nunca ha dicho de dónde es. O tal vez jamás abres la boca.

Si eres de los que prefieren guardar silencio, en tu derecho estás. Pero yo quiero que sepas que aun así te presto atención. No es que te vigile, pero me gusta echar un vistazo a las estadísticas de visitas y comprobar que, una vez más, me has acompañado. ¿Sabes?, es agradable descubrir que no estoy sola en el camino, y que aunque no oiga vuestras voces estáis ahí. Ayuda mucho, sobre todo cuando anochece y el sendero se vuelve más inhóspito.

Así que si no quieres saludarme, pues no lo hagas, pero estás invitado a ello. A mí, al menos, me gustaría.

Un abrazo desde San Fernando, Cádiz.




Te voy a decir lo que eres


Pues no sé, tío. Ni idea de lo que habrás pillado esta vez. Igual han sido tres milloncejos o diez, o apenas cien mil euros. Ya te digo que ni idea, además, llegados a ciertas cantidades me empiezan a bailar los ceros y me lío bastante con los números.

Con las palabras, en cambio, me llevo algo mejor. Fíjate de cuantas maneras diferentes te puedo llamar: Ladrón, granuja, mangante, sinvergüenza, chorizo, ratero, estafador, malhechor, bandido, criminal, delincuente, canalla, bellaco, malandrín... Unas palabras te vienen mejor que otras, algunas se te ajustan más y otras menos, pero de todas y cada una de ellas tienes algo, así que quédate con la que más te guste. O qué coño, quédate con el lote completo, que trae de regalo otra más que te viene que ni pintada: HIJOPUTA, así, en mayúsculas.

Me hierve la sangre cuando pienso en esos amigos honrados que con un sueldo exiguo mantienen decentemente a sus familias mientras la escoria como tú, empoltronada en una alcaldía o en una concejalía de urbanismo gracias a los votos de un pueblo acrítico y masoquista, se forra desangrando a sus propios votantes.

No tengo esperanza de que esto vaya a cambiar en breve. Hay demasiados sobres repletos de billetes circulando entre despachos, y demasiadas manos ávidas tras ellos, pero creo que si me quejo un poco, si uso este diario de vez en cuando para recordaros lo que sois, a lo mejor hago que alguien piense. Aunque sólo sea una persona. No sé, habrá que intentarlo, ¿no?

¿Te imaginas que ese bombón veinteañero cuya máxima aspiración en la vida es casarse con un concejal lee esto y de repente siente vergüenza y decide seguir con su novio taxista, estudiar Derecho, opositar a Judicatura, y luego ir a por ti hasta dar con tus huesos en la cárcel? Sería bonito, eh, admítelo. Una putada para ti, pero bien sabes que te lo mereces.

A mí es que todo ese rollito de los mercedes, los trajes caros, los chalets en urbanizaciones pijas, las cenas en restaurantes de lujo y las putas aficionadas vestidas con abrigos de piel siempre me ha repateado bastante. Quizá sea por eso que no soporto que alguien se gane a pulso el calificativo de ladrón para conseguir algo de eso.

Pero no te deprimas, hombre, sólo soy una cabeza de chorlito y lo que digo no tiene que preocuparte. Tampoco temas perder mi voto porque nunca te lo di. ¿Y sabes una cosa? Creo que hay gente peor que tú. Sí, tío, alégrate, porque en la pirámide de los miserables hay quien está por debajo de ti. Me refiero a esa triste gentuza que te admira, que ve en ti algo así como un héroe. Sin ir más lejos me refiero también a esa chica de la que hablamos hace dos párrafos, que, no nos engañemos, dejaría encantada a su novio para ser tu putilla, y que le den por culo a la carrera de Derecho, y al taxista. Sí, tío, esa gente que os aplaude las fechorías son peores que vosotros.

Hoy tú trincarás un poco más, pero yo soñaré que escribir esto sirve para algo, y me gusta creer que dormiré mejor que tú.

Otro día hablamos un poco más. Es que, no sé a ti, tío, pero a mí me desahoga una barbaridad.

martes, 22 de mayo de 2007

Y ya en racha de confesiones...


Pues sí, le he cogido el gusto a esto de liberarme mediante confesiones sorprendentes, y ahora toca otra. Siéntense si están de pie o haciendo el pino y se ahorrarán molestas caídas.


Para empezar permitan que les hable de un bloguero amigo: Javi el de la Osera. Observen, de entrada, la coincidencia de nombres entre este amigo y mi alter ego Javi.

Ahora un par de datos: El Diario de una cabeza de chorlito (antes Diario de UN cabeza de chorlito) aparece en la Red el 20 de Febrero de 2006, y La Osera de Javi aparece el 11 de Junio del mismo año. El lector curioso podrá ver que uno de los dos comentarios que hay en esa primera entrada de La Osera está firmado con mi anterior dirección de WLSpaces y con mi nombre Javi. Por entonces yo firmaba los comentarios con ese nombre, aunque en mis entradas de este Diario me hacía llamar Leónidas. Digamos que aún no me había definido del todo. Fue con la irrupción de Javi el de la Osera en este mundillo cuando hube de firmar como Leónidas, pues dado que ambos nos comentábamos mutua y frecuentemente se creaban confusiones en el hilo de comentarios debido a la coincidencia de los nombres.

Bien, recapitulemos: Unos meses después de la creación del diario chorlitesco aparece otro blog de alguien que comparte mi supuesto nombre real (por entonces se suponía que Javi era mi verdadero nombre), ese alguien se dice amigo mío, se deduce en nuestros comentarios que nos conocemos personalmente, ambos afirmamos ser militares y estamos destinados en la misma ciudad... Ya se lo ven venir, ¿verdad?

En efecto, tanto La Osera de Javi como el Diario de un cabeza de chorlito están escritos por la misma persona, es decir, por mí, María del Mar Iniesta González.

¿Por qué escribir dos blogs como si de dos personas diferentes se tratara? Sencillo: ser un cabronazo como Leónidas es agotador, y a veces necesitaba escribir como Javi, que es muy diferente a Leo. Javi el de la Osera es un tipo más bien apacible, muy sensato, aunque algo acomodaticio y sensiblero. Para colmo Javi tiene algún problema con las tildes, lo que da un buen toque de verosimilitud a la idea de que no son la misma persona. Aunque si se fijan bien podrán ver que Javi ha ido mejorando en el uso de las tildes. Sí, mis personajes, al igual que esos chismes de inteligencia artificial, también aprenden solitos. Por otra parte, el estilo empleado es muy diferente. Por lo menos a mí me dejó muy satisfecha la diferencia de registros entre Javi y Leo, aunque sea inmodesta al decirlo.

Para despistar un poco más cambié pequeños detalles como la edad (Leo tiene ahora 32 años, Javi 37 y María del Mar 27), y algún otro detalle, como colar entradas en las que hablo de experiencias en Bosnia en las que no pude participar porque, simplemente, era demasiado joven para estar en el ejército. Me servía para ello de testimonios de primera mano que robé a algunos compañeros más veteranos.

A pesar de todo alguien sospechó acertadamente, sobre todo al principio de aparecer La Osera, que éramos la misma persona. Con más o menos sentido del humor tanto "Javi" como "Leónidas" desmontamos la suposición. Joder, no se pueden imaginar cómo se reía mientras tanto María del Mar, pero sin mala intención, que la idea no era engañar a nadie, sino sólo divertirme yo.

Y sin embargo, tanto aquí como en La Osera, y sobre todo ahí, he dejado pistas para que el lector curioso saque sus conclusiones.

Y ya está, yo creo que ya he provocado bastantes dolores de cabeza... por el momento.



domingo, 20 de mayo de 2007

La verdad sobre la autora de este blog


Mmmm, no, no hay una errata en el título. Ahora no se pongan nerviosos y dejen que, por fin, tras año y pico me libere. Hoy va a ir la cosa de sorpresas, y yo, créanme, me lo voy a pasar en grande soltando lastre.

Cuando en Febrero del año pasado decidí empezar a escribir un blog quise buscar el anonimato. Supuse que redundaría en beneficio de ese anonimato inventarme una identidad, supuestamente real, que a su debido tiempo dejaría caer como quien no quiere la cosa, y así nació Javi, el alter ego de Leónidas. De esa manera todo lector pensaría que ya sabe quién es realmente Leónidas. En otra vuelta de tuerca decidí que ambas identidades serían masculinas, e igualmente falsas. Tan bien me lo monté que he tenido amigos y amigas que me han seguido el juego con gran maestría, refiriéndose siempre a mí en masculino por medio de los comentarios (bueno, a veces hubo meteduras de pata que, creo, borré a tiempo, antes de que saltara la liebre). Para dar más credibilidad a este gran engaño creé una cuenta de correo en Hotmail, para mostrarme a los contactos blogueros como Javi, y suelo exponer la foto de mi hermano en esa cuenta.

Más adelante quise crear un nuevo personaje al que llamé por el inaudito nombre de Gusifluky, se supone que es mi gato y hasta he publicado fotos suyas. Lo cierto es que, como bien sospecharon algunos, Gusifluky no existe.

Pero no todo ha sido engaño en este blog. Por ejemplo, es cierto que me gustan los gatos, es cierto que soy militar, y a pesar de ser mujer es cierto que soy bastante misógina y que no soporto a las tías que se aprovechan de su condición femenina para medrar. Si yo fuera una mujer guapísima tal vez sería una más como ellas, pero a mí no me han regalado nada por mi cara bonita ni por mi cuerpo esbelto, me lo he tenido que ganar todo a pulso, y muchas veces, demasiadas, teniendo que bregar con mediodamas que abriéndose de piernas pretendían igualar o hasta superar mis méritos. Odio a esa clase de mujerucas, en esto no mentía.

Todas mis entradas de la categoría "Recuerdos y experiencias" son ciertas, sólo que invertí el sexo de los protagonistas cada vez que era necesario para mantener el engaño.

En general ha sido una experiencia divertida, pero con momentos de tensión, como cuando he creído percibir en alguna lectora atracción hacia mí, y es que, esto es importante, yo soy heterosexual.

Espero de corazón que nadie se sienta estafado. Era un juego que, lo admito, ha ido demasiado lejos. Por cierto, antes de que se me olvide, voy a presentarme, que ya va siendo hora: Me llamo María del Mar Iniesta, tengo 27 años y soy militar de profesión. Soltera, de belleza discreta como me dijo un amigo muy educado, o bastante repelente como me dijo cierto ligue de una noche cuando se cansó de follar conmigo.

Os pido que nada de lo confesado en esta entrada cambie nuestras relaciones. He ido haciendo amigos sin tener en cuenta el sexo de cada cual, y de igual modo espero que no os importe el mío. En realidad me conocéis bastante bien los que me leéis con frecuencia, pues básicamente lo que he expresado es lo que de verdad siento. No tiene que cambiar nada. Espero que nada cambie.

Quiero que sepáis que me ha sido duro en ocasiones mantener mi papel de machito cuando intercambiábamos correos o conversábamos por Messenger, y muchas veces estuve tentada de decir la verdad, pero no encontraba el momento, y cuando lo encontraba, sencillamente no me atrevía. Me vais a perdonar, ¿a que sí?


Me di cuenta de que no podía seguir con la broma/engaño cuando se empezó a organizar una pequeña reunión de blogueros íntimos. Tuve que ponerme en contacto telefónico con cada uno de ellos para advertir de lo que se iban a encontrar. Recuerdo la respuesta de Jota, que me hizo mucha gracia: "¡Leónidas tiene tetas! Qué bueno, ¿dejarás que me corra sobre ellas?" (No, no lo dejé, curiosetes morbosos). Ahora que el propio Jota, Miri y Tesa me han conocido en persona, en femenina persona (porque no seré guapa, pero a femenina pocas me ganan), ya va siendo hora de acabar con la mentira. En principio acordamos que me seguirían el juego, y además les hacía gracia, pero he pensado que no. Ya está bien, pero gracias por vuestra disposición a guardarme el secreto. Sois grandes, jodíos.

En fin, poco más que decir. Que nadie se enfade conmigo. Sobre todo eso, nada de malos rollos.

Besitos miles, mis queridos tres o cuatro lectores.

sábado, 19 de mayo de 2007

Sabes que te amo


¿Sabes que te amo, mi niña, mi cielo, mi vida? Sí, sí que lo sabes. Pero no sabes por qué.

Déjame contártelo, ¿vale? Aunque es sábado y deberíamos salir a emborracharnos juntos, para acabar de vuelta a casa entre risas alcohólicas y luego follar salvajemente como nos gusta, hoy nos vamos a quedar en casa. No te encuentras bien, me has dicho. Y es cierto, porque veo tu carita pálida y tu mirada sin brillo y siento una enorme pena aquí dentro, como un peso en el pecho que me hace dolorosa la respiración. Mil veces te dije que tu dolor es mi dolor.

Por eso hoy nos quedaremos en casa, en nuestro hogar, protegidos de miradas inclementes que no sabrían apreciar la belleza enfermiza que hoy irradias. Aprovecharemos nuestra íntima soledad de sábado hogareño para que te cuente por qué te amo tanto.

Te amo por las pequeñas cosas. Son los detalles minúsculos los que me hacen desearte con cada una de mis células. Es, por ejemplo, esa manera que tienes de arrugar la nariz cuando ironizas sobre cualquier asunto.

Es también por cómo abres mucho los ojos, poniendo cara de tonta, cuando imitas a personajes famosos y ridículos. Íker Jiménez te sale muy bien.

También me enamoras un poco más cuando pones la voz gangosa y me cuentas chistes de retrasados, y aún me resultas más enternecedora cuando inmediatamente después te pones seria, presa de súbito arrepentimiento, y dices que no nos deberíamos burlar de eso. Ay, amor mío, tú y tus contradicciones.

Me encantan los gestos que haces cuando te cepillas los dientes. Son tan... entrañables. ¿Y cuando te embadurnas la cara con mi espuma de afeitar y me imitas a mí afeitándome? Je, intentas ponerte varonil, paródicamente varonil, y me dan unas ganas locas de abrazarte y comerte a besos. Cuántas veces habré acabado probando la espuma por querer besarte. Por cierto que la espuma sabe a rayos, pero tú sabes a gloria.

Me gusta tu gesto abstraído cuando te pones a hacer cuentas para evitar gastos superfluos en la economía doméstica, y me fascina que a pesar de tu aparente abstracción seas capaz de escucharme y responder a mis preguntas sin perder la cuenta. "36 euros de esto, 72 de lo otro, sí, cariño, acabo de ponerle comida al gato, 28 euros de aquello otro, 43 más de tal cosa, pero me he dado cuenta de que esta comida nueva no le gusta tanto como la otra, 19 de lo de más allá, deberíamos volver a la de antes, hacen un total de 198 euros". Eres asombrosa, vida mía.

Otra de las pequeñas cosas que más me gustan de ti, querida, es la forma como entreabres los labios mientras duermes. A veces, sin que te llegues a despertar, meto mi lengua en tu boca y me dedico a lamer tus dientes, tan blancos, tan perfectos.

Me enloquece de placer y deseo esa manía tuya de no perder ni una sola gota de mi semen. Cuando no me corro dentro de ti te empeñas en llevar tu boca a mi polla para recibir ahí mi descarga, bebiendo con avidez. Recuerdo lo que dijiste la primera vez que te alimentaste con mi leche: "He sido una niña buena y me he tomado todo el bibe". Aún me masturbo recordando aquello, cariño.

También me gusta muchísimo oír esos gemidos, entre de placer y de dolor, cuando te penetro por el ano, esos gemidos que quieres sofocar mordiendo la almohada con tus blancos y perfectos dientecitos.

Son esos pequeños detalles, amada mía, los que me enamoraron. Como el de hoy, como el de esta tarde. Ese hilillo, ese hilillo fino, entre rojo y negro, brillante. Cómo me ha gustado ver ese hilillo de sangre que goteaba saliendo de tu oreja...

Tal vez me he pasado un poco, pero tú sabes que te lo merecías. ¡No soporto las putas arrugas en las sábanas! ¿CUÁNDO COÑO VAS A APRENDER A HACER BIEN UNA CAMA, JODER?

Pero no importa, mi vida. Tenemos toda la noche para que hagas la cama una y mil veces. No volveré a pegarte tan fuerte, de verdad. Lo haré con más cuidado, pero con más frecuencia. Vamos, mi niña, no llores más, eso no arreglará nada. Aunque, ¿sabes?, me gusta cómo brillan tus ojos cuando se llenan de lágrimas. Esta clase de pequeños detalles son los que me hacen amarte.


jueves, 17 de mayo de 2007

Diccionario para internautas inocentes


Hola, amiguitos.

Hoy me vuelvo a meter en la piel del profesor Cabeza de Chorlito para aclarar algunas dudas que a mi parecer precisan de una urgente explicación, y advierto que esta entrada no interesa nada a mujeres; ellas ya saben lo que hay.

En mis anteriores lecciones
"Galería de chateadoras (I)" y "Galería de chateadoras (II)" ya abordé un tema similar al que hoy nos ocupará, pero considero un complemento indispensable esta nueva lección magistral para que puedan ustedes ir tranquilos por los procelosos mundos internetiles. Tras más de quince años de estudiar sexualmente a la mujer, y los dos últimos de ellos, además, tratarlas por chats, he descubierto unas pautas de conducta que son universales y casi inamovibles. Las mujeres que chatean son gordas o ligeras de cascos, y usualmente ambas cosas, pero eso, en principio, no es malo. Lo malo es que usan un lenguaje tendente a la confusión, a la ambigüedad, o al puro y duro engaño. Esto se ve claramente en los alias que emplean, que buscan crear en el chateador unas falsas espectativas. Yo, Leónidas Kowalski, he elaborado para ustedes un diccionario desmitificador que debería ser de consulta obligatoria en todas las guarderías:

Gogó: Pelandusca que jamás ha bailado y está gorda.

Chica_Mona: También está gorda, pero además es muy peluda.

Maciza: Efectivamente está maciza, como sinónimo de gorda.

Macizorra: Lo mismo que la anterior, pero más.

Tía_Buena: Adolescente a la que empiezan a crecerle las tetas y está contentísima. Aún no ha engordado, pero dadle tiempo.

Rubiaza: Peliteñida obesa.

Tetona: Gorda.

Gatita: Es una calientapollas virtual.

Traviesa: Es otra calientapollas virtual.

Juguetona: Y otra más.

Diablesa: Es tonta, infantil y, en ocho de cada diez casos, también está gorda.

Busco_Novio: Es fea, gorda, y está loca.

Canija: Está gorda, pero es andaluza.

Chica_Fiel: Mujer aburrida, y gorda.

Casada: Mujer infiel.

Simpática: Gorda, tonta, sosa, mala.

Modelo: Putón.

Motera: Putón que muestra preferencia por los motoristas.

Chica_Sana: No folla, no bebe, no fuma, va a misa todos los domingos, cuida la dieta y además hace mucho deporte. A pesar de ello, sigue estando gorda.

Bruja: Magufa, malvada, gorda y algo puta.

Brujita: Magufa, malvada, gorda y algo putita.

Brujilla: Magufa, malvada, gorda y algo putilla.

Virgen: A esta se la ha follado hasta mi gato Gusifluky.

Amiga: Mujer insulsa y obesa.

Venus: Mujer gorda, casada y harta de su matrimonio.

Afrodita: Lo mismo que la anterior pero con inclinación hacia la mitología griega.

Lesbianita: Es un tío.

Tía_Cachonda: Es otro tío.

Tu_Zorra: Es el mismo de antes.

Ninfómana: Aquí lo tenemos otra vez, aunque puede que se trate de una mujer gorda y salida.


Sincera: Es fea, gorda, y más falsa que Judas.

Normalita: Está gorda y es fea.

Guapa: Está gorda.

Guapísima: Es una adolescente ególatra, y probablemente un poco calientapollas.

Gordita: Padece obesidad mórbida.

Fea: Se trata de una mujer sincera.

Mujer_Interesante: Acaba de leer El Código Da Vinci o Los Pilares de la Tierra y se muere de ganas de contarlo.

SoloTuya: Esta es más puta que las gallinas.

Morenaza: Es gorda... y rubia.

Cariñosa: Es empalagosa... y gorda.

Cuerpazo: Está irremediablemente gorda.

Delgadita: Fea con avaricia pero sin sobrepeso.

Carismática: Es una mentirosa.

Y hasta aquí la lección de hoy, amiguetes. Tened cuidado con la Red, y si os aburrís demasiado ya sabéis: a ordenar alfabéticamente la relación de alias más usados que os acabo de presentar.

Feliz Día de Internet.

martes, 15 de mayo de 2007

Me comprometí a darle publicidad a esto...



Podría ésta ser una de esas entradas merengosas, sentimentaloides e hiperedulcoradas, pero como hoy estoy de servicio, y por lo tanto sobrio, no va a ser nada de eso. Podría hacer una cursi alabanza de las reuniones de blogueros, las famosas "quedadas", pero es que me da la risa floja sólo de pensarlo, así que tampoco será eso. Podría hablar de lo magachulis que somos todos los que nos hemos reunido, pero eso ya lo sabemos nosotros, y si los demás lectores no lo saben pues peor para ellos, no seré yo quien los saque de su error. Tampoco va a ir de eso este escrito.

Será... otra cosa.

Sucede que el pasado fin de semana
Javi el de la Osera, Charo (una vieja a miga suya) y este menda nos reunimos en un lugar secreto con Miri (eminente científica de asombrosas tetas ), Jota (calvo vocacional y loco aficionado) y Tesa (que si fuera mi madre molaría un montón, aunque yo sé que lo que ella quiere es comerme el troncho mientras Jota mira y la anima diciéndole "así, Tesita, así, no dejes de mirar al Chorli a los ojos mientras se lo zampas todo, eso es, muy bien, sigue así, ¿os importa si me toco mientras miro?")

Pues bueno. La cosa estuvo bien, pero paso de dar los detalles típicos melohepasadomuybienosquieromuchochicossoislahostia. No, mejor vayamos a lo que de verdad os interesa, queridos lectores perturbados. Por fin vais a tener un objeto íntimo del gran y humilde Leónidas. Todas esas mujeres (y hombres) que en sus momentos de oscuras fantasías inconfesables sueñan con hacer mil y una guarradas con el gran --y no lo olvidemos, también humilde-- Leónidas, están de enhorabuena. El calvorot... Jota subasta en su blog algo mío que me extraj... que me robó mientras yo estaba inconsciente debido a una intoxicación provocada sin duda por el hielo en mal estado que contenían los treinta cubatas de whisky que bebí en 24 horas:

PUJAD, MALDITOS, PUJAD.

miércoles, 9 de mayo de 2007

¡PUAJ!


Normalmente este cabeza de chorlito, gracias al alcohol y a una ilusión que no termino de saber de dónde sale, mantiene la esperanza. Ínfima, sin lustre y pobre, pero esperanza al fin y al cabo.

Pero hay días, como hoy, en los que esa remota esperanza se desvanece y sólo me queda una abismal sensación de vacío que tiendo a llenar con desprecio y agresiva ironía, una ironía demasiado evidente que, por notoria, deja de ser elegante para convertirse en simple y pura mala leche, y, claro, entonces todo el mundo huye de mí. Y no los culpo.

Soy un solitario y un antisocial, vete tú a saber por qué. Yo tengo mis sospechas, yo creo saber qué serie de acontecimientos me han llevado a ser como soy, pero seguro que si me psicoanalizara alguno de esos pervertidos seguidores de Freud se sacaría de la manga un retorcido conflicto relativo a oscuros traumas sexuales de la infancia. Y si me analizara otro psicólogo que no fuera seguidor de los disparates freudianos diría que... bah, diría que no me pasa nada y que me esfuerce más por llevarme bien con las personas. Tócate los cojones, campeón, y luego dile al heroinómano que se esfuerce más en dejar la droga. Para eso no hace falta estudiar ninguna carrera, ni la de psicología ni ninguna otra.

A pesar de mi natural tendencia a la soledad fantaseo con una relación amorosa, incluso de vida en común, con una clase de mujer. Una mujer que sería mi cómplice, mi amiga, mi amante, mi golfa, mi todo... El problema es que esa mujer que hay en mi cabeza no existe.

Soy muy conformista, demasiado quizá, para muchas cosas. Pero hay algo en lo que no soy nada conformista: la mujer a la que unirme. En eso soy sumamente exquisito, tan exquisito que nunca la voy a encontrar de una manera definitiva. Las hay bellísimas, pero son putas. Las hay decentes, pero son feas. Las hay bellísimas y decentes (pocas), pero son analfabetas. Las hay cultas, pero son tontas. Las hay inteligentes, pero son ignorantes. Las hay inteligentes y cultas, pero no son bellas. Incluso, siendo bien pensados, puede haberlas que tienen todas estas virtudes, pero entonces les faltarán otras nada despreciables como la generosidad, la humildad o el sentido del humor.

Mi madre insiste en que necesito una novia. ¿PERO DE DÓNDE MIERDA SACO A LA MUJER QUE YO QUIERO?

Yo no quiero una novia. Yo quiero a MI novia.


lunes, 7 de mayo de 2007

Soy un mierda, pero... mwajajaja, qué bien me lo paso

(Se recomienda leer esta entrada con media botella de whisky en vena. Sólo así podrán apreciar la gracia de toda esta basura).



Esta historia que a continuación viene es la triste consecuencia de ser un hijo de mala puta. Pero eso sí, un hijo de mala puta que se parte de risa. Los pongo en antecedentes:

No hace mucho me presentaron a una chica, chica a la que llamaremos Mari Trini, que no es su nombre pero tampoco es plan hacer demasiado escarnio público. Mari Trini me tiró los tejos como perra en celo salidorra, y no es que yo me lo tenga creído, que me lo tengo, pero eso no me impide llamar al pan pan, y al vino vino. A mí cuando una mujer se me pone demasiado en bandeja me obliga a perderle el respeto, soy muy antiguo para esas cosas. Si además se declara fundamentalista católica ya es que me da la risa floja y claro, se me disparan los mecanismos automáticos de hijoputez. No lo puedo remediar, oigan.

Pues bien, hoy estaba yo interneteando cuando la susodicha Mari Trini me ha saludado por Messenger, y como me ha pillado con el humor cabrito que a veces se me pone, esto es lo que ha sucedido:

MT: Hola, Leo. ¿Estás bien?

L: Hola, Mari Trini. Toy bien, ¿y vos?

MT: Muy bien.

L: Me alegro. ¿Qué haces?

MT: Hablo con un amigo.

L: ¿De algo interesante?

MT: Sí. La cámara, que no le va.

L: Pues no me parece un tema muy interesante. ¿Practicáis sexo por webcam?

MT: ¿Yo? ¡Qué va! Lo mandaría a la porra. ¿Y tú?

L: No me mientas...

MT: Leo, no soy de ésas. ¿Tú sí?

L: ¿De cuáles "ésas"?

MT: No me gusta el cibersexo.

L: O sea, que lo has probado...

MT: No, ¿y tú?

L: ¿Y cómo sabes que no te gusta?

MT: Pues porque tengo buenos amigos que me lo cuentan.

L: Ya, buenos amigos a los que te follas por webcam. Reconócelo, no tiene nada de malo.

MT: Pero tú no contestas a mi pregunta.

L: ¿Qué pregunta?

MT: Si tú lo haces.

L: Ah, claro, a veces. Como todo el mundo.

MT: Ya te vale.

L: Anda ya, como si tú no lo hicieras.

MT: Pues yo no lo hago ni pienso.

L: Bueno, pues vale.

MT: Si es la verdad, ¿por qué te voy a mentir?

L: Vale, vale, te creo.

MT: Tú hoy te has dado un golpe en la cabeza.

L: No, ¿por qué?

MT: Porque no esperaba esa pregunta de ti.

L: Pues me parece una cosa muy normal. Lo que no me parece tan normal es que vayas de monja por la vida.

MT: No soy una monja.

L: Algunas de mis mejores amigas sí que lo hacen, así que te agradecería que las respetes.

MT: Oye.

L: Oyo.

MT: Que yo no he faltado a nadie. No me gusta faltar.

L: Sí, porque has dicho "yo no soy de ésas...", como si ésas fueran malas personas.

MT: Cada cual hace con su cuerpo lo que quiere, yo no.

L: ¿No haces con tu cuerpo lo que quieres? Pobrecilla.

MT: ¿Pero te pasa algo conmigo hoy que me tiras al cuello?

L: Sí, que has ofendido a mis amigas al llamarlas "de ésas".

MT: ¿Yo? Sólo he dicho que no soy de ésas, y yo no sabía que tenías amigas de

L: ¿Qué?

MT: Que lo hacen.

L: Eres malvada y cruel.

MT: Leo, déjalo.

L: Bueno, voy a pajearme.

MT: Eres el amigo de mi mejor amigo, no te quiero ofender, pero tú a mí tampoco. Te pasa algo conmigo. ¿Por qué estás así? Estás... es igual, déjalo. Me voy a bajar a mi perra.

(Un rato después):

MT: ¿Estás?

MT: ¿Ya no quieres charlar conmigo? Leo, ¿te has enfadado?

MT: Escucha... uf, da igual.

MT: Leo, ¿estás? Yo respeto lo que tú haces.

MT: Veo que te enfadaste conmigo, Leo.



Mwajajajaja... Sé que en cuanto me seque las lágrimas que me ha producido la risa me estaré arrepintiendo, pero mientras tanto déjenme gozar del momento, por favor.

ACTUALIZACIÓN: Vaya mierda. Ya me arrepentí. Ahora viene el rollo de pedir disculpas, pero no esperen que eso lo cuente.


domingo, 6 de mayo de 2007

Me gusta saber que hay quien me entiende



Les quiero hablar de Don Viktor Belenko. Probablemente ese nombre no suponga nada para mis tres o cuatro lectores, pero yo, aun sin conocerlo de nada, me identifico con él.

Leo en
Fogonazos, (un blog muy conocido que sin embargo yo acabo de descubrir), que este tío era piloto de cazas de la antigua URSS, y que se hizo famoso aterrizando con un MIG-25P el 6 de Septiembre de 1976 en Japón.

Casi na. Un MIG-25 por aquellos tiempos... Ya se imaginan lo que vino después: Pensión de por vida y ciudadanía estadounidense. Olé los huevos del disidente según unos, o del traidor según otros. Bah, a mí no me interesa nada de esto. Yo les quiero hablar de algo más profundo y serio que toda esta mierda política y armamentística: Yo les quiero hablar de comida para gatos.

Ya mencioné una vez que me gustan esas delicias gatunas, y para mí ha sido reconfortante saber que no soy un bicho raro, no. Parece que los rusos comparten mis gustos culinarios, y paso a copiar un párrafo de la excelente entrada de Fogonazos (blog que os recomiendo a todos):

[Otra vez – dijo – compré una lata donde decía “Dinner” (Cena) y cociné su contenido con patatas, cebollas y un poco de ajo. Estaba delicioso. A la mañana siguiente un amigo me preguntó si había comprado un gato, porque la lata era de comida para gatos. ¡Pero estaba tan buena! Hace un año invité a cuatro amigos rusos a venir e hice la prueba: se lo serví de cena con galletas saladas. Se lo comieron y les gustó. El sabor no ha cambiado. Para aquellos que no estén muy familiarizados con la comida americana para gatos, les diré que es muy sana, está deliciosa y muchas veces es mejor que la comida para humanos”.]

Pues yo, amigos, no sé si será más o menos sana la comida para gatos en España, pero les aseguro que es deliciosa.

Y gracias, Belenko, nos entendemos. Lo del MIG me la trae al pairo, pero tus confesiones sobre la comida para gatos son una cosa grande.

viernes, 4 de mayo de 2007

La chica de la ventana (y II)



»Sometí a vigilancia su casa. Espiaba todas las ventanas de su domicilio desde la ventana de mi salón, oculto tras una cortina. Sí, sé que suena un poco patético, pero estaba obsesionado con esa mujer. Pude deducir que vivía con sus padres y con dos hermanos varones, uno mayor que ella y otro menor. Durante el día la persiana de su dormitorio estaba siempre echada, por la noche la abría para aliviar el calor de este verano y para, ya sabes, exhibirse ante mí. Poco más averigüé.

»Una noche, durante una de las sesiones de exhibicionismo y masturbación, le indiqué por gestos que saliera a la calle y nos reuniéramos. Como respuesta apagó la luz de su habitación y no la vi más esa noche ni a la siguiente. Estaba desesperado. Pensé que había transgredido unas normas que ella imponía y que para mí eran desconocidas. Pero después todo volvió a la normalidad, y una vez más intenté acercarme a ella.

»Mientras ella estaba en la cama, masturbándose bajo mi mirada, arqueando el cuerpo como gozando de largos y encadenados orgasmos, yo me dediqué a poner mi número de teléfono en cincuenta folios a los que di forma de avioncito, y un rato después el parque que nos separaba estaba lleno de aviones de papel con un número de teléfono escrito. No sirvió de nada. Nunca me llamó, y supongo que ni se molestó en recoger ninguno de esos aviones de papel que eran para ella. Si hubiera vivido sola la hubiera ido a buscar a su casa, pero no podía presentarme allí y decirle a sus padres: “hola, señores, vengo a ver a la golfa de su hija porque estoy harto de pajas y ahora me la quiero follar”. No, eso no parecía buena idea, ¿verdad?

»Nuestro perverso y excitante juego continuó, cada vez más caliente y atrevido pero sin llegar nunca al contacto físico. Una de aquellas noches de insomnio y onanismo la chica de la ventana me pidió por gestos que me masturbara a su vista. Hasta entonces ella no me había visto hacerlo. De sobra tenía que saber que lo hacía constantemente, pero ella no lo veía. La repisa de mi ventana me llegaba casi al pecho, de modo que mi polla siempre estaba oculta a su ojos. En realidad yo quería hacerlo de modo que pudiera verme, me excitaba la idea de mostrarme para ella como ella lo hacía para mí, pero hacerlo así también suponía exponerme a las posibles miradas de cientos de vecinos. Sin embargo me bastó saber que ella lo deseaba para olvidar mi vergüenza.

»Acerqué mi cama a la ventana, y en pie subido a ella, totalmente desnudo, dejé que la chica de la ventana, y cualquiera que pudiera estar mirando, me viera darme gusto hasta correrme. Me consta que le gustó, lo sé porque esa noche la chica de la ventana fue más generosa que de costumbre con sus exhibiciones. La vi a cuatro patas sobre su cama luciendo para mí un esplendoroso culo, metiendo en su coño algo que sería un consolador, y a la vez jugando con su otro estrecho agujerito que, te lo aseguro, me hubiera encantado lamer y penetrar con la lengua.

»Poco más hay que contar. Patricia volvió y no sólo dio al traste con mis escasas esperanzas de reunirme con la chica de la ventana, sino que además no pude seguir jugando con ella a ese juego que tanto nos gustaba.

»Pero yo seguía obsesionado. Ni siquiera me podía follar a Patri sin pensar en la chica de la ventana. Así que decidí quitar a Patricia de en medio. Fue fácil, aunque no agradable. Todo hubiera salido bien si no llega a ser por ese gato de mierda que sacó una mano de Patricia del contenedor de basuras. Jodidos gatos, siempre los he odiado.

»Y eso es todo, picapleitos. No quiero tu defensa, no la merezco. Sólo quiero pudrirme en la cárcel soñando con la chica de la ventana. Dejadme en paz.

La abogada, pálida, temblorosa, se marchó sin decir nada. Al día siguiente Javier fue visitado por un abogado que se presentó diciéndole:

– Hola, me llamo Víctor Sánchez, y soy el abogado que ha designado el Colegio de Abogados para usted tras la renuncia de Sonia Blasco, quien por cierto me ha confiado una carta dirigida a su nombre. Aquí la tiene.

Javier cogió el sobre cerrado que le tendía su nuevo abogado. Sin mirarlo siquiera lo despedazó y tiró los restos a la papelera.

–Ya le dije a esa tía que no quiero defensa alguna, y tampoco me interesa lo que tenga que decirme en una carta.

Pero quizás, sólo quizás, Javier hubiera hecho bien en leer esa carta que decía:

“Querido Javier:

El mundo es un pañuelo, y a veces un pañuelo empapado en lágrimas.

Espero que te vaya bien con tu nuevo abogado y que él sepa hacerlo mejor que esta inexperta y recién licenciada en Derecho. Hazme caso y alega enajenación.

Tenías razón en una cosa. A sesenta metros no podías ver la cara de la chica de la ventana, ni ella la tuya. Por eso no podías saber quién era la abogada a la que llamabas “pequeña picapleitos”. Por eso la pequeña picapleitos no podía reconocer en ti al hombre con el que tanto se ha estado divirtiendo últimamente.

El mundo es un pañuelo, y a veces un pañuelo empapado en lágrimas.

Te espera y lamenta que las cosas hayan acabado así,

Sonia, la chica de la ventana.”

miércoles, 2 de mayo de 2007

La chica de la ventana (I)


Antes de empezar este cuento permítanme que les hable un poco de su origen y de por qué me decidí a escribirlo. Está basado en una experiencia real que viví en el verano de 1998, cuando estaba a punto de irme de Almería y venir a Cádiz. Hasta hace unos días fue un recuerdo agridulce del que no me animaba a escribir, una de esas experiencias que por sus ecos emocionales no son fáciles de contar. Luego apareció NENABLUE.COM, una página web de contenido erótico que es (o va a ser, porque aún está en proceso de creación), diferente. Echen un vistazo al enlace y vean que tengo razón. Decidí que el primer cuento que sometería a su criterio sería esta experiencia, debidamente adornada y con algunos detalles cambiados para hacerla más atractiva al lector y para proteger mi intimidad. María, la encargada de proyectos de Nenablue, me dejó claro que no querían un simple relato golfo; querían buenos relatos bien escritos. Les gustó. Yo lo he intentado, pero es el lector quien tiene la última palabra.

Los derechos de explotación comercial por Internet de este cuento son de Nenablue, pero eso no me impide publicarlo aquí sin fines lucrativos, y ya de paso voy dando a conocer en mi humilde capacidad esa web, con la que espero seguir colaborando porque me gusta escribir, porque me gusta contar guarradas, y porque si además me pagan por ello mucho mejor.

El cuento lo publico en dos entregas, pues como lector de blogs sé que una entrada demasiado larga suele causar rechazo en el visitante. Aquí va la primera parte:


LA CHICA DE LA VENTANA

–Es que, de verdad, no sé por dónde coger tu caso. Así no hay manera, Javier.

La abogada calla y aguarda alguna respuesta, pero Javier no tiene nada más que decir por el momento. Durante unos segundos se sostienen las miradas. Ella es delgada y bonita sin ser bella, tiene unos veintisiete años. Él se acerca a los cuarenta y es un hombre normal, nada en él nos llamaría la atención si nos lo cruzáramos por la calle. Finalmente la abogada retoma la conversación:

–Pero hombre, miénteme o dime algo que te ponga las cosas más fáciles. Tal como me lo pintas te va a caer una buena. Usa la cabeza, Javier. Lo hecho, hecho está, pero no lo compliquemos más. Cuéntame algo que nos sirva para alegar enajenación, o que por lo menos nos sirva de atenuante. ¿Estabas bebido, drogado, depresivo, medicado...?

–No. Era muy consciente de lo que hacía. No hay más historia.–. Responde Javier mientras enciende el sexto cigarrillo del día, a pesar de ser sólo las ocho y diecisiete de la mañana.

–Pero... No puede ser. Nadie hace algo así y se queda tan fresco. Tenías que estar...

–¡Era perfectamente consciente de lo que hacía, joder! Lo hice porque ella me estorbaba. Fue premeditado y ahora me da todo igual. ¡No quiero una defensa! ¿Me entiendes?

–No, Javier, no te entiendo. Lo siento pero no puede entenderte–. Contesta la abogada tranquila y, podría decirse, tristemente.

–Vale, pequeña picapleitos, voy a explicártelo otra vez, pero hoy no me jodas con preguntas como hiciste ayer. Hoy dejarás que te lo cuente todo sin interrumpirme, ¿estamos?

–Estamos. Adelante.

La abogado se recuesta sobre el respaldo de la incómoda silla, cruza las piernas y mira con atención a Javier, quien por enésima vez en apenas una semana cuenta de nuevo su historia:

“Patricia tenía dos semanas de vacaciones y se fue a pasarlas a casa de sus padres. A mí me pareció de perlas, ya te imaginarás que casi diez años de matrimonio desgastan bastante, y me apetecía estar solo, ver películas porno hasta las tantas, holgazanear y quizás salir alguna noche en busca de un polvo fácil y diferente. No hizo falta. Lo que encontré era más erótico que salir para follarme una puta. Mucho más excitante que todo eso, vaya que sí.

»La noche que descubrí a la chica de la ventana fue la del 19 de Junio. Sería sobre las doce cuando un movimiento en el edificio de enfrente atrajo mi atención. Creo que ya te dije ayer que entre su bloque y el mío hay un parque ajardinado que nos separa por unos sesenta metros. Es la distancia perfecta para distinguir un cuerpo, su forma, sus movimientos, el color del pelo, el tono de la piel... pero demasiado lejos para ver con claridad los rasgos o sus gestos faciales. Ni siquiera sé de qué color eran sus ojos. Ni el color de sus ojos, ni su nombre, ni nada. Sólo sé que debía de tener algo más de veinte años, morena, media melena, delgada, caderas anchas y pechos pequeños y duros. Nada más sé de ella. Bueno, sí, sé que era un perrita en celo y que haría cualquier cosa por volver a verla. En fin, de hecho ya hice cualquier cosa por seguir viéndola. Por eso estamos aquí, ¿verdad?

»Aquella noche del 19 de Junio estaba fumando en la ventana de mi dormitorio. Miraba a la calle y dejaba que una brisa cálida se llevara el humo del cigarrillo. No dejo de pensar en lo diferente que sería todo ahora si no me hubiera fumado aquel Lucky. Lucky, afortunado. Qué bromas tiene la perra vida. Y qué mala leche, la muy cabrona. Como te decía estaba allí, apoyado en el alféizar, cuando un movimiento me hizo mirar al edificio de enfrente. Desde la ventana de un segundo piso una chica agitaba los brazos. Me llevó un buen rato aceptar que se dirigía a mí, entre otras cosas porque no terminaba de creerme que una mujer en ropa interior quisiera atraer la atención de un desconocido. Cuando al fin me atreví a responder con un tímido saludo de la mano ella dejó de mover los brazos, y entonces, ya segura de estar expuesta a mi mirada, se quitó el sujetador. Lo hizo sin prisa pero sin demorarse en juegos provocadores, simplemente quería mostrarme su tetas, quería que yo las mirara.

»Ella estaba pegada a la ventana y sólo podía verla de cintura para arriba. No había luz en su habitación, pero su cuerpo era iluminado por las farolas de la calle. Tenía la piel muy morena y los pechos notablemente menos bronceados. Se quedó allí, quieta, mirándome, desafiante. Volví a saludarla, quería darle a entender que me gustaba aquello, que no dejara de hacerlo. Entonces empezó a tocarse, primero con una mano en uno de sus pechos, y después con las dos, cogiéndose y sobándose las tetas sin dejar de mirarme. Yo estaba paralizado, mi polla palpitaba y tenía la sensación de que si la tocaba en ese momento me correría inmediatamente. Creo que no estaba tan cachondo desde los quince años.

»El juego duró unos segundos más. Después la chica de la ventana se retiró. Se sumergió en la penumbra de su dormitorio y esa noche no apareció más. Cuando me masturbé eyaculé abundantemente con un largo orgasmo que me dejó temblando, pero no fue suficiente. Esa noche me descargué seis veces más, lo que no está nada mal para un cuasicuarentón, y no pude llegar a conciliar el sueño. Entre paja y paja me acercaba a la ventana con la esperanza de ver otra vez a aquella mujer, pero no hubo suerte.

»La noche siguiente volvió a repetirse el espectáculo, aunque la chica de la ventana fue más lejos. Apareció a las doce menos cuarto. Lo sé porque yo estaba constantemente vigilando su ventana y mirando mi reloj. Vi perfilarse su silueta. Se acercó a la ventana y se me quedó mirando. Volvía a llevar un sujetador blanco que contrastaba con su piel. Cuando la saludé con un gesto de la mano y una respetuosa inclinación de la cabeza se desprendió del sujetador. A esa zorra le encantaba mostrarse para mí, y a mí me volvía loco que lo hiciera. Vi como que llevaba una mano a la boca, podía adivinarla humedeciendo los dedos con su saliva, y luego se acarició los pechos, los amasó y sobó a fondo, mojándolos con su saliva mientras no dejaba de mirarme. Intentar imaginar lo que pasaría por su cabecita mientras hacía aquello me ponía enfermo de excitación.

»En un momento dado dejó de tocarse y vi que se agachaba un poco, durante unos segundos solamente, para erguirse a continuación y volver a sostenerme la mirada. Allí estaba la chica de la ventana, altiva, desafiante e impúdica, con sus tetas perfectas expuestas a mi mirada y la de cualquier otro vecino, dejándose lamer por mis ojos, cuando levantó una mano y supe que esa prenda blanca que me enseñaba eran sus bragas. Y entonces sí, entonces sí que no pude aguantar más y abrí el pantalón para liberar mi polla. No quería correrme demasiado pronto, pero bastó sentir mi propia mano cogiéndome el pene, tan duro, tan cálido, tan impaciente... y me derramé mirando a aquella chica, imaginando que todo ese semen que estaba escupiendo iba a parar a sus tetas, a esas bragas que me mostraba tan desvergonzadamente, a su cara...

»La tercera noche fue aún mejor. Nuestro pequeño juego era cada vez más atrevido, y por fin la chica de la ventana encendió la luz de su dormitorio. Como ella vive en un segundo y mi piso es un tercero tenía buena perspectiva. Podía ver su cama, un armario, un pequeño escritorio... Es curioso, ver aquel mobiliario me hizo sentirme más cerca de ella. Era como meterme un poco más en su intimidad. En esta ocasión apareció vestida. Bailó para mí en su dormitorio y fue desnudándose poco a poco. Aunque a veces me daba la espalda casi todo el tiempo me miraba. Yo no podía distinguir su cara, pero la suponía con un gesto lascivo. Lamiéndose los labios, entrecerrando los ojos, pidiéndome polla.

»Se dejó sólo las bragas, pero se entretuvo metiendo una mano bajo ellas mientras que con la otra se tocaba los pechos. Aunque ella no podía verme hacerlo tenía que saber por el movimiento de mi brazo que me estaba masturbando, y supongo que eso la animó a ir más lejos, pues se tumbó en la cama y se quitó las bragas. A pesar de la distancia pude ver un mechón de vello negro en su pubis. Mantuvo los muslos juntos y se llevó las bragas a la cara. Creo que las estuvo lamiendo, y no puedes imaginar lo que deseé ser yo quien pudiera hacerlo. Al cabo de unos instantes las tiró a un rincón. Se incorporó a medias en la cama, me miró y se llevó el índice cerca de los ojos: un claro gesto para pedirme que la mirara, que no me perdiera lo que iba a hacer. Como si esa precaución fuera necesaria; yo era todo ojos para la chica de la ventana. Entonces separó los muslos, los abrió mucho y se mostró toda para mí. Se chupó los dedos y los restregó sobre su sexo para llevárselos a la boca de nuevo. Casi podía yo sentir su sabor en mi boca. Luego me dijo adiós con la mano, apagó la luz y no volví a verla esa noche, pero de todos modos me la pasé entera pegado a la ventana, retirándome sólo para masturbarme sobre mi cama.

»Empecé a tener problemas en el trabajo. Estaba siempre medio dormido y ausente. No me enteraba de las instrucciones de mis jefes ni prestaba atención a los compañeros. Vivía en una permanente ensoñación libidinosa en la que la chica de la ventana y yo nos reuníamos y dábamos salida a todo el deseo contenido. Fui amonestado, pero no me importaba. Sólo la chica de la ventana me importaba, así que empecé a planear cómo ponerme en contacto con ella.



(Continuará pronto, y recuerden, tendrán mucho más en NENABLUE).