AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Ha muerto Jaime Cámara


Casi ninguno de ustedes lo conoció, pero era, hasta la madrugada pasada, mi compañero y enlace en uno de los lugares en los que tengo que trabajar. Fue un buen compañero, y casi siempre nos despedíamos con un abrazo. Los militares, vistiendo el uniforme, no debemos abrazarnos. Es una falta de decoro, dicen, pero casi siempre le tendía los brazos al acabar el trabajo que temporalmente nos unía. Era una broma entre nosotros. Era uno de esos abrazos que se dan más por provocar que por otra cosa. Jaime nunca rechazó mi abrazo. Es más, se entregaba efusivamente a él.

No era mi amigo. Jamás compartimos nada que no fueran unas charlas insustanciales en la cantina y unas horas de trabajo juntos, pero es porque no tuvimos oportunidad de nada más. Jaime tenía 28 años, creo. No conozco a su familia, salvo a su esposa... su viuda, ahora es su viuda, aunque haya algo impropio en llamar así a una muchacha de vientitantos. Ella también es compañera, pero casi no la he tratado. Jaime no era mi amigo según lo que yo entiendo por un amigo, ya les digo que no tuvimos oportunidad de serlo, pero era muy agradable llegar al campo de camarinas y verlo, sabiendo que estaba en sus manos la descarga del material bélico que le llevaba.

La última vez que lo vi, hace unos meses, los dos estábamos muy ocupados. Fue durante un ejercicio de artillería, nos cruzamos, nos saludamos, y seguimos nuestros caminos, él pendiente de posibles fallos en los cañones y yo pendiente de lo mío. Unos días más tarde Jaime tuvo un accidente con su moto del que quedó en coma hasta hace unas horas. No fui a visitarlo al hospital en el que vegetaba. Tampoco lo lamento. Jaime, en verdad, ya había muerto.

Tatiana Argüello, una de las pocas mujeres militares dignas que he conocido, se llevaba bien con él, aunque apenas se conocían. Ahora ella está en otro lugar, haciendo otras cosas, y no sé si debería llamarla para darle la noticia o dejar que siga sin conocerla. Eso es lo único que ahora me preocupa.

Hace unas horas que Jaime ha muerto. A ustedes no les importa, pero a mí sí.

1 comentario:

Miri dijo...

Lo siento, Leo.

Besos,
Miri