AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

martes, 27 de noviembre de 2007

Tratado puteril. Capítulo seis. Protéjase del puterío


En DCC creemos que el puterío, puesto que es consustancial a la mujer, y por lo tanto a la humanidad, no puede ser erradicado si no es con la extinción de la especie. La idea de extinguirnos nos parece harto recomendable, pero no la vemos factible a corto plazo. En cambio podemos adoptar unas medidas dirigidas a atenuar las perniciosas consecuencias del puterío.

Para empezar debemos entender que sólo mediante la unión de todos los hombres podremos lograr avances significativos. Actuando todos a una, con perseverancia y firmeza, conseguiremos que la mujer sea más humilde y menos puta. Habrá disidentes, traidores viles... que deberán ser pasados a cuchillo. Proponemos unas sencillas medidas que han de ser aplicadas sin tibieza ni mano temblorosa a cuanta mujer tengamos cerca. Recordarán que en el capítulo dos de este tratado se habló del efecto Diosa, el cual consiste en la antinatural creencia por parte de la mujer de ser superior al hombre. Saquémoslas de su error, buscando siempre la igualdad y, de vez en cuando, dándoles algún que otro disgusto que les sirva de escarmiento y les recuerde su condición de humildes mortales:

1) Nunca diremos a una mujer que es guapa, ni siquiera levemente atractiva, pero siendo caballerosos tampoco mencionaremos detalles de mal gusto como, por ejemplo, que tiene más bigote que una gamba. Podemos conseguir el equilibrio con la técnica que en DCC llamamos "de la buena amiga", por haberla observado en las propias mujeres cuando se tratan entre ellas. Consiste en emplear inocentes comentarios en apariencia, pero que son interpretados por las mujeres como verdaderas puñaladas. Unos ejemplos: "Oh, cariño, cuánto tiempo sin verte. Qué bien se te ve y qué sanota, parece que has cogido unos kilitos, eh". "Ay, cielo, no sabía que estabas embarazada. Con ese barrigón serán gemelos por lo menos, ¿no? Estarás ilusionadísima". "¿Te has lesionado? Te lo pregunto porque como cojeas..." "Qué envidia me da verte tan joven... si pareces una adolescente, con tantos granos y todo". "Qué buena persona eres. Se nota que llevas la belleza por dentro". En fin, cositas así. Se trata de usar la imaginación y de sacar nuestro lado femenino.

2) Nada de regalos. En las salidas con una mujer se pagará todo escrupulosamente a medias, e incluso en los restaurantes le pasaremos la cuenta a la mujer, más que nada para ver la cara que se le queda.

3) Cuando hable con una mujer manténgale la mirada. No sucumba a la tentación de mirarle las tetas, pues éstas ejercen un poder hipnótico en los hombres que daría al traste con nuestras intenciones. Aproveche las ocasiones en las que hable con una mujer para alabar las virtudes de otras. Actúe así con todas, de modo que cada una de ellas se sienta inferior a las demás.

4) Cuando vaya por la calle y se encuentre de frente con una tipa de buen ver mírela descaradamente de arriba abajo con gesto de divertida sorpresa, como si viera algo inauditamente ridículo, y suelte una pequeña carcajada al cruzarse con ella. El resultado es mano de santo para minar la confianza de la mujer más engreída.

5) Si usted tiene uno de esos coches de lujo que tantas bragas mojan aprovéchese y no permita abusos. No sea calzonazos ni acabe convertido en el taxista gratuito de una pelandusca. Actúe, en cambio, así: admita en su vehículo a cuanta zorrilla se le ponga a tiro, llévesela a un lugar solitario y alejado de cualquier posibilidad de auxilio, fóllesela por las buenas o por las malas, después abandónela, desnuda y sin un céntimo. Mejor si está lloviendo y hace un frío del carajo. Tampoco estaría de más que antes de abandonarla a su suerte le dé usted una buena paliza, por puta. Tras una experiencia así ella valorará más a su novio fiel y humilde, o se morirá de frío. Tanto en un caso como en otro, los hombres ganamos. (Consejo: use placas de matrícula falsas para la ocasión).

Ya sólo nos queda añadir que, si ha tenido la santa paciencia de tragarse todo este tratado puteril, ha ganado una tostadora y dos entradas para un concierto de mi prima rebuznando. Desde DCC le damos las gracias.

4 comentarios:

benzodiacepinas dijo...

debo darte toda la razón...
cuando se tiene, se tiene...

(malicia)

Arturo dijo...

Que calladas se han quedado las aludidas, jejeje.
Un abrazo.

GUIZMO dijo...

¿Acaso se ha aludido a alguien en concreto aquí y yo no me he enterado? ¿Ein?

Dana... dijo...

Buenos días, mi nombre es Dana. Sólo quería darte la enhorabuena por tu blog. Llevo días leyendolo, lo descubrí en el blog de Yvonne. Sí, me estoy curando del mal de amores... jajaja.
Hablamos... Saludos.