AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Y al fin, la gran entrada sobre mi persona en bolas


¡Por las barbas del profeta! No se creerán ustedes lo que sucedió este fin de semana, aún así yo se lo voy a contar:

Recordarán que había quedado con mi amigo Alfredo Espinosa para hacerme el esperado, anhelado, ansiado reportaje fotográfico que mañana debía publicar aquí. Pues no va a poder ser, porque ha ocurrido una lamentable desgracia (uhm... ¿habrá desgracias que no sean lamentables? Sí, las hay: ¡las que sobrevienen a nuestros enemigos!). Es largo de explicar, pero les debo a ustedes tomarme esa molestia, y como parece que no tienen nada importante que hacer me van a prestar atención, ¿a que sí?

Alfredo había escogido un pintoresco lugar de la Sierra de Grazalema como fondo para nuestra sesión de fotos. Se trata de un prado que acaba en un cortado con una caída de más de cuatrocientos metros. Un marco incomparable, que diría alguno de esos malos periodistas que repiten como loros las ocurrencias de los buenos periodistas. Yo debía posar con la chorra al fresco aire serrano, correteando y brincando cual gamo con urticaria genital. Antes de eso Alfredo se acercó al borde del precipicio para mear. "Es una manía que tengo, Leo. Cuando estoy en alto tengo que mear hacia abajo, y si al fondo pasa un tío calvo es mucho más divertido", dijo el muy cachondo.

Fue entonces cuando ocurrió el funesto accidente.

El terreno cedió bajo las arrobas de mi amigo y el pobre se fue a tomar por saco. Afortunadamente llevaba su inseparable paracaídas, pues Alfredo es la persona más precavida que conozco y siempre va equipado con un paracaídas normal, otro de emergencia, un traje de protección radiológica, así como siete extintores y cuatro botellas de oxígeno. Incluso para ducharse lleva todo eso puesto, y según consta en los archivos sólo se le olvidaron los paracaídas una vez en su vida, precisamente el día que viajaba en avión para asistir a una conferencia sobre seguridad en Wisconsin (USA). Como les decía, mi amigo llevaba su paracaídas al precipitarse, que se abrió sin novedad y le permitió un aterrizaje suave.

Pero aquel día la suerte no estaba de su lado.

Alfredo Espinosa cayó justo sobre un vallado de alambre de espino. "¡Tío, te queda fenomenal el alambre alrededor del cuello; hace juego con tu apellido!", grité desde la altura, más para hacerme el gracioso que para consolarlo, porque yo es que no puedo desaprovechar las ocasiones para hacer chistes tontos. Alfredo sacó su herramienta multiusos tras buscar en la mochila donde también lleva siempre dos granadas de mano, una ametralladora, cuatro bocadillos (mortadela, salami, chistorra y atún), una cantimplora con agua, dos cantimploras con whisky, un termo de café, pastillas potabilizadoras y veinte tiendas de campaña (por si se presentan invitados, dice). Entonces usó la herramienta multiusos esa que les dije hace un rato para cortar el alambre de espino. Otro peligro conjurado.

En ese fatídico momento apareció el tigre.

Era un tigre enorme. Era como si Gusifluky se hubiera metido el mayor chute de esteroides que se puedan imaginar. Aquello era un tigre del copón bendito. Alfredo miró al tigre. El tigre miró a Alfredo. Alfredo tembló. El tigre se relamió. De repente, en un rápido movimiento, el tigre le robó la cámara a mi amigo y se dio a la fuga descojonándose de risa, el muy maldito.

Al menos Alfredo conservaba la vida. Sin embargo, aquel fatídico día la suerte no tenía el coño para chirigotas, y el desdichado de mi amigo, presa de la desesperación por haber perdido su adorada cámara digital de un millón de megapíxeles, se tragó la cápsula de cianuro -enriquecido con calcio y vitaminas de la A a la Z- que siempre llevaba encima para una ocasión especial como esta. La palmó en cuestión de segundos.

Hace un rato el tigre me ha mandado un email pidiéndome un rescate por las pocas fotos que el finado tuvo tiempo de hacerme. Exige seis euros con cincuenta céntimos para comprarse un collar antipulgas. Naturalmente no cederé al chantaje.

Espero que comprendan, amigos míos, que las causas por las que no mostraré el reportaje fotográfico que les prometí son del todo ajenas a mi voluntad. Ahora recen por el alma de Alfredo Espinosa, y dejen de pensar en mi cuerpo desnudo. No me sean frívolos.


15 comentarios:

Jack Blake dijo...

mU bueno este post. Aunque para ello haya tenido que morir una persona superprecavida. Je,je. Pero, yo estoy con el tal Alfredo en lo de ir preparado para la guerra en todo momento y lugar. Claro, que además de llevar todo utensilio util, también hay que llevar el casco y debajo de aquel, hay que llevar una cabeza pensante que, en momentos de peligro, funciona con calma, pero con la rapidez de un Pc. Ese fue el fallo de Alfredo, que lo llevaba todo, menos su cabeza. Un saludo.

Lola dijo...

Jajajajajajajaja...

(Genial. Llevo varios minutos descojonadita viva, y no sólo por el texto de la entrada.)

Saludetes. Lola.

nomolamos dijo...

eso en mi pueblo se llama rajarse, jejjejejjejej tas acojonaooooooooo..
que penaaaaaaaaaaaaaaaa.
besos mil leo.

Aurora dijo...

jajajajajajajaja
Joder, menuda decepción. Me has dejado con las ganas!

Jota dijo...

Maldita sea Chorlito, llevo cuatro días preparándome para batir mi récord de pajotes y ahora me haces esto. ¡Joder!

Buenooooo, lo olvidaré si te pones de rodillas para pedirme perdón, va, ¿si? Eso es, mindundi, ahora abre la boca, eso es.... Jejejeee. Ooooh.... Chorliiiiiiihh...

Rocket dijo...

Sobrecogedor relato. Para mi que el NBQ estaba caducado.

Por favor, transmita ud. mis condolencias a la familia y animales de compañía si los tuviera.

En cuanto al tigre... sabemos la consigna. Espero que la alfombra haga juego con la decoración del resto del salón.

Rocket

Mcartney dijo...

No problemo.
6,50 € por unas cuantas fotos salen aproximadamente............... 65 € ?.
Pon que te lean por aquí unos 100 anónimos eso hace unos 0,65 € por anónimo. (anónima)
Deja tu número de cuenta, y déjate de cuentos, seguro que recaudas lo suficiente en un par de días.
Te noto algo flojeras, Dile a tus mandos que no te metan tantas maniobras.
Mcartney
P.D.:
Como publicidad del cuento no ha estado mal, pero yo no andaría jugando con el calentón del gineceo.
P.D.: (y II)
Sigues visitando a Tesa?

Eva dijo...

Pero, Leo... O sea, vamos a ver si nos entendemos: No me jodas. Parte del poco tiempo libre que tengo lo empleo en venir a leerte. Y una se dice: "Pues mira qué bien, el Kowalski en bolas. O te alegras la vista o te alegras igual el comienzo de semana, si te da un ataque de risa al verlo". Y ahora vas y nos dejas sin la curiosidad satisfecha.
Vuelvo del curro. Abro tu página con todita la ilusión del mundo mundial... ¡Y me encuentro una excusa!
Leo, mal. Muy mal. Esto no se hace.
Ahora, donde las dan...
P.D: Muy ingenioso, desde la publicidad. Me he reído un montón. El tal Alfredo Espinosa este es todo un multiusos, chico. Perdón, rectifico: era.

Blanca dijo...

No se podía esperar otra cosa, ¡nos has dejado con la miel en los labios! y a ese pobre enterrado, pero lo que no entiendo es como no llevaba una trampa para el tigre, ¡ves!, ese error le ha costado vida y a tí te ha librado del reportaje, jajajaja, ¡que fuerte eres Leo!.
Un saludo

Carabiru dijo...

Jajajajajaja, muy buena, a la altura de Leónidas, no me esperaba menos que una explicación detallada con pelos y señales de por qué no podemos disfrutar de tu cuerpo serrano, :P

Jajajajajajaa.

Anónimo dijo...

Jajajaja... Porecito, Alfonsillo, Leónidas, porecitooo que se cayo por el hoyo.


"¡Tío, te queda fenomenal el alambre alrededor del cuello; hace juego con tu apellido!"

Jajajaja... qué broma más cruel, Leo, pero es genial jajajaja...


Alelí.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

"Porecito, mami, porecito escarbó, que se murió de hambre porque no podía caminar cuando le saqué unas patas negras que yo le vi". (La Gran Sofía).

Anónimo dijo...

Pareque te tivocaste, Leo, se dice: neCras, NE CRAS.



Alelí.


¿Mami? ¿y por qué ese hombre va desnudo?

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

"¿Y por qué me dice cariño si no soy su mujer?"

anaibol dijo...

UaUUU, eres tal y como te imaginaba... que bellezón, Leónidas, estaba en un sin vivir, no veía el momento de entrar, fíjate estamos a miércoles y me prometí a mi misma no venir hasta el jueves, por Júpiter, pero ha merecido la pena.

Un besito *:*