AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

jueves, 4 de marzo de 2010

Los diversos suicidios del teniente Núñez. (V)


Tardé poco en volver junto a mi nueva compañera, pero comprobé que no solamente nos habían servido otro par de copas sino que además Silvia ya le había dado unos buenos tragos a la suya.

-Contreras, a esa velocidad que bebes pronto vas a estar piripi y no te enterarás de lo que te estoy contando. Si quieres lo dejamos para otro día, aunque tal como está el panorama no puedo asegurarte que yo esté otro día.

-No, hombre, no; ahora no me voy a quedar con las ganas de saber el final. Tú sigue contando. Te has quedado por lo de que lo peor vino después.

-Ajá. El pobre hombre, con un movimiento muy marcial, como todo en él, o mejor dicho como casi todo en él, dobló el espinazo para llegar a los tobillos y subirse el pantalón, sin flexionar las piernas. Estando en esa postura casi de ángulo recto... Sería por lo forzado de la posición o por la vergüenza, vete a saber, el caso es que se le escapó un pedo largo y ruidoso como una ráfaga de ametralladora pesada. Podríamos llamarlo un pedo Browning de 12´70. Aquello fue un pedo superlativo que para colmo acabó con un sospechoso ruido líquido.

-¡NO!- gritó Contreras en ese punto de la narración, entre escandalizada y divertida.

-Pues sí, amiga Silvia, así fue. Estábamos todos como petrificados, yo aún en primer tiempo de saludo, porque mi estupefacción era tal que se me había olvidado bajar la mano. Intentábamos asumir el extraordinario suceso cuando Calahorro tuvo la infeliz idea de decir "mal empezamos la guardia, mi teniente". Y eso ya fue demasiado; nadie puede aguantar tanto, así que empezamos a reírnos como descosidos, como putos locos. Menos el teniente, claro.

-Pobre hombre.

-Sí, pobre hombre. Con los pantalones a medio subir se quiso batir en retirada hacia la seguridad de su despacho, pero es difícil correr con los pantalones por las rodillas. Se cayó se morros, sin apoyar las manos en el suelo por no soltar la rebelde prenda.

»-¡Toma carajazo! Ya está completo el espectáculo- dijo entre risas el cabrón de Guerrero lo bastante alto como para que lo oyéramos todos, incluido el desdichado teniente.

»Ahora pienso que fue una canallada muy cruel reírnos de todo aquel esperpento, pero qué quieres que te diga, ¿cómo evitarlo? El teniente Núñez, colorado como farolillo de prostíbulo, consiguió incorporarse y se metió en su despacho dando un portazo. Nosotros no podíamos parar de reír, y las ocurrencias que algunos iban soltando no ayudaban a la seriedad: "A mí me da igual que lleve bragas, pero lo del pedo ha sido una excesiva falta de respeto", decía uno; "es la primera vez que me reciben en bragas y tocando la trompeta. No soy digno de tal honor", decía otro. Cada vez que yo empezaba a dominarme alguien decía otro disparate similar y me volvía el ataque de risa. Así no había manera de poner orden. Pero en algún momento, no sé cómo, pude mandar romper filas y los cabos y yo pudimos iniciar el relevo de los salientes.

-Oye, ¿y los salientes también contemplaron el numerito?

-No, Contreras. Afortunadamente ellos estaban cada uno a lo suyo y se lo perdieron. Probablemente por eso están vivos. De todas maneras, como te imaginarás, a los pocos minutos ya estaban enterados del show. En verdad la noticia se distribuyó rápidamente por el cuartel, como te contaré más adelante.

»Cerca de la hipoxia por tanta risa fuimos ocupando nuestros puestos en aquella maldita guardia como buenamente pudimos. Cuando acabé de relevar al cabo primero saliente me enfrentaba al grave trance de ir al despacho de Núñez para pedirle instrucciones. No quería verlo porque temía empezar a reírme de nuevo en su cara, pero supuse que ese día el teniente me iba a necesitar más que nunca, y la lealtad al jefe es la lealtad al jefe, por muy rarito que sea.

»Armado de valor, apretando fuerte los dientes y concentrándome en no reír, abrí la puerta del despacho del comandante de la guardia.

»-A sus órdenes, mi teniente. ¿Da su permiso?

»Silencio. Núñez fingía leer la carpeta de órdenes como si su vida dependiera de la comprensión exacta de todas aquellas disposiciones. Aguardé varios segundos, firme, en el umbral. El teniente, sentado a su mesa, frente a mí, mantenía la mirada sobre los documentos, pero no movía los ojos. Simplemente estaba allí, envarado, con la cara aparentemente vacía de cualquier emoción.

»-Mi teniente, me gustaría saber si tiene alguna orden particular para la guardia de hoy.

»Silencio. Estaba a punto de retirarme con un taconazo cuando escuché al teniente. Habló con una perceptible inseguridad en la voz, y fue, por cierto, la última vez que la oí.

»-Encárgate de todo. Si alguien me molesta te juro que os vais a arrepentir todos. No quiero que ninguno de vosotros vuelva a cruzar esta puerta, pase lo que pase.

»A pesar de la rabia contenida que había en aquel hombre la verdad es que no gritó, ni siquiera se molestó en mirarme. Pero te diré una cosa, Silvia: nunca me he sentido tan amenazado. No me atreví a retirarme con la fórmula de rigor, ya sabes, lo de preguntar si ordenaba algo más y todo eso, sino que directamente pronuncié un discreto "a sus órdenes" y me largué de allí cerrando la puerta con alivio. Después me entrevisté con Calahorro y con De Quevedo para ponerlos al corriente de la singular orden del jefe. Hubo más chistes, más despiadadas burlas, sobre todo por parte de Calahorro, y algunas risas. Pero creo que los tres estábamos algo nerviosos, porque aquello pintaba mal. A efectos prácticos el teniente había dejado de mandar la guardia, y como comprenderás a mí no me hacía ni puta gracia quedarme al mando de nueve personas descojonándose de un hombre que parecía estar al borde del colapso emocional, y que además estaba armado, no olvidemos ese detalle.

(CONTINUARÁ)



8 comentarios:

CRD dijo...

¿ves como es importante lo que los personajes beban?

El soldadito de plomo dijo...

¡Me rindo, CRD! Si tú dices que es importante, es que es importante. Te deseo mucha suerte con tu tesis "La importancia de las consumiciones en los personajes soldadoplumbescos: una novedosa visión de alcohol etílico en DCC".

(En la siguiente entrega pongo a Alburquerque a beber Cola-cao, y a la petarda la voy a poner hasta arriba de menta poleo, hala).

Maria dijo...

Grato es volver a leerlo!!!

Y decirle que el suicidio es de cobardes, y que no creo que el espiritu orgulloso y arrogante de D.Leónidas le permita llevar a cabo tal desfachatez.

Para cuando el fatal desenlace de la historia??...Estamos en ascuas!!!!

El soldadito de plomo dijo...

Hola, María.

Le recuerdo que yo no soy Leónidas (D.E.P.).

No pierda de vista el siguiente detalle: esta historia está narrada retrospectivamente en primera persona por el propio protagonista, ese tal Alburquerque; de ahí ya se deduce que no acaba suicidándose, pues si lo hubiera hecho no podría contar posteriormente la historia.

Maria dijo...

Ya sé que usted no es Leónidas,ya que D.E.P. por eso he mencionado "el espiritu de D. Leónidas" que tendrá que admitir que le perseguirá hasta que el pequeño soldadito se haga un hueco en este blog que ha usurpado jajaja!!....y tmb sé que no se suicida, ya que seria una penosa pérdida aparecer después de cuatro meses para volver a morir en trágicas circunstancias..pero ¿quizás sea un as que guarde en la manga para otra posible huida el dia de mañana??.
Lo cual espero tarde mucho en ocurrir.


Sólo espero y deseo seguir leyéndole y que 'el soldadito de plomo' se haga su hueco en el pedazo de blog que me alegra haya usurpado, por que aunque no sea usted se le echaba de menos.

El soldadito de plomo dijo...

Gracias, María, gracias muchas. Me gusta ser tan bien acogido por la antigua afición de Leónidas (D.E.P.).

Anónimo dijo...

ELSDP (mira, como una sustancia)
El caso es darme trabajo y tener que cambiar el nombre de mis enlaces.

¿Y no podrías haberte puesto Filipo Schrödinger De Vito?

B

El soldadito de plomo dijo...

Hola, B.

Sí, hubiera podido y pensé detenidamente en ese preciso nombre, pero me gusta mucho el cuento de El Soldadito de Plomo, y ya ves.