AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

domingo, 14 de marzo de 2010

Los diversos suicidios del teniente Núñez. (VIII)


-¿Me das un cigarrillo? No fumo casi nunca, pero ahora me apetece.

-Claro, Silvia. Toma.

-Tú fumas mucho, ¿no?

-Sí, pero da igual. Me voy a morir pronto, estoy seguro de eso, y no va a ser por el tabaco. Seguiré el camino de Núñez y de todos los demás.

-¿Cuándo lo hizo?

-Fue minutos después de medianoche, cuando estrenábamos el año 2008. En la ciudad aledaña al cuartel Cascaperales se recibía el nuevo año con los habituales festejos y los consabidos espectáculos pirotécnicos. Entre las explosiones de cohetes y petardos sonó otra detonación más cercana, casi confundida con las otras. Sólo yo la percibí por estar más cerca del punto de origen. Me lo esperaba, la verdad. Fingí no haber oído ese ruido más parecido a un disparo que a otra cosa y me esforcé por aparentar normalidad. Seguí estudiando las obligaciones del comandante de la guardia (estaba claro que me iba a ser necesario conocerlas durante el resto de la guardia).

-¿Y te quedaste así, como si nada, sabiendo que el teniente se había pegado un tiro? Ya te vale, tío.

-Bueno, podrá parecerte raro, pero yo creo, o creía entonces, que eso de suicidarse es una cosa muy íntima, muy personal. No veía correcto intervenir tan pronto. Es como si tú estás cagando y en ese momento entra alguien al baño. No sé, hay cosas que deben hacerse sin la intromisión de extraños. Además, ¿y si me equivocaba? Acuérdate de que nos había prohibido entrar a su despacho.

-Pero en un caso así...

-Bah, Silvia, es que tú no le viste la cara cuando dio la orden de no entrar.

-Bueno, sigue. ¿Descubriste el pastel por la mañana, cuando llegó el relevo?

-No. Serían las dos de la madrugada pasadas cuando me atreví a mirar a través de la puerta acristalada del despacho del jefe. Como era de esperar estaba desierto. Hablé con Guerrero, que era el vigilante del cuerpo de guardia en ese momento.

»-¿Desde cuándo estás de plantón?

»-Pues yo creo que desde que hice la comunión, mi primero. Pero según mi reloj estoy aquí pasando frío solamente desde la una.

»-¿Has visto al teniente en todo ese tiempo?

»-Negativo, mi primero. Ese tío, además de usar bragas está gravemente estreñido. Durante mi turno no ha salido del baño, y ya estaba ahí cuando relevé a Gil.

Silvia Contreras me miraba mordiéndose las uñas entre calada y calada al cigarrillo. Le brillaban mucho los ojos y tenía las mejillas muy coloradas.

-Con esa información, querida Silvia, me atreví al fin a mirar hacia donde no quería. Por debajo de la puerta del aseo del teniente distinguí un charco color granate que se extendía hacia el despacho.

Mi compañera me miraba absorta. Había dejado de morderse las uñas y hacía rato que no le daba un tiento al vaso en el que se fundían los desatendidos cubitos de hielo.

-Sigue, Alburquerque, no te pares ahora.

-Entré al despacho y llamé a la puerta del aseo. Naturalmente no obtuve respuesta. Pedí a Guerrero que se retirara. No hizo falta decírselo dos veces. Abrí la puerta del baño y vi al teniente Núñez, y vi también sus sesos esparcidos por las paredes, por el suelo, por el techo... Un gran pedazo de sanguinolenta masa encefálica reposaba en el lavabo como si fuera una esponja con la que alguien hubiera limpiado la escena de un crimen especialmente aparatoso. El teniente estaba sentado en el váter, con la espalda reclinada sobre la cisterna y el cuello doblado de modo que Núñez miraba hacia el techo. Bueno, miraba hacia el techo con el ojo izquierdo, porque con el derecho miraba hacia el suelo, ya que le colgaba sobre la mejilla pendiente del nervio óptico.

Contreras se levantó de un salto tirando la silla y corrió al baño del bar. Tardó mucho en volver y cuando lo hizo estaba muy pálida. Ni rastro del color que había en su cara unos minutos antes. Para mi asombro pidió otro whisky.

-Mira, Alburquerque, una cosita te voy a decir muy en serio: esos detalles te los guardas. Otra burrada así y me voy pitando a la residencia.

-Vale, vale, perdona. Es que... joder, no se me va esa imagen de la cabeza.

-Ya, ya. Y ahora, gracias a ti, tampoco se me va a ir a mí. Eres un encanto. Anda, sigue antes de que me lo piense mejor.

(CONTINUARÁ PRONTO)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

He estado investigando, creo que has repartido demasiado los sesos de ese infeliz, le he volado la tapa de los sesos a un chucho de manera similar y teniendo en cuenta que los sesos del animal son considerablemente más pequeños he intentado esparcir la masa más con un tiro de escopeta, con cartuchos de los que se usan para los pajaros que se expanden más.
Definitivamente la mancha es grande, pero no tanto, los daños si se asemejan a su descripción.

De todas formas algo más inportante callas, por unas bragas y un liguero no creo que se quite la vida nadie, por muy público que se haga.

El soldadito de plomo dijo...

Anónimo, creo que usó una bala dum dum. Y sí, a mí también me parece exagerado volarse la cabeza por ese motivo, pero cada cual es cada cual.