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jueves, 24 de junio de 2010

Si Mr. Harrison está a dos kilómetros y medio de ti... ¡lo tienes demasiado cerca!


Me lo contaba esta tarde mi compañero Gaspar, el hombre que más sabe sobre armas ligeras en el mundo, con ese entusiasmo que lo caracteriza al hablar de su especialidad. Y yo ahora se lo quiero contar a ustedes. Ya sabe el lector habitual que me estoy volviendo tan pacifista que doy penita, pero eso no me impide apreciar las cualidades de un buen soldado. Permítanme por tanto hablarles del cabo británico Craig Harrison, a quien no tengo el gusto de conocer pero que me honraría estrechándome la mano, y quien por lo que a mí respecta tiene pagadas dos cervezas en San Fernando.


Sucede que en noviembre de 2009 este súbdito de Su Graciosa Majestad entró en la Historia de los prodigios militares al mandar a percutir huríes a dos de esos tíos de turbante que hacen de malos en la película de la guerra de Afganistán. Matar a dos talibanes no es cosa nueva, desde luego. Lo que es único es que lo hiciera armado con un fusil y... ¡a 2´47 kilómetros!


La herramienta del cabo Harrison

Intento imaginarme la situación:

Es una mañana luminosa, sin bruma y sin viento, ideal para la misión de Harrison. Rahim y Hamid, a cargo de una ametralladora PKM, permanecen atentos a cualquier movimiento dentro de su campo de visión. Están tranquilos porque desde donde se han apostado pueden observar a largas distancias y no ven nada sospechoso que los inquiete. No pueden saber que a dos kilómetros y medio de allí dos profesionales tumbados en el suelo -francotirador y observador- hacen las últimas mediciones de distancia, presión atmosférica, y velocidad y dirección del viento. El tirador, un tal Harrison, introduce los ajustes necesarios en la herramienta de precisión que usa para hacer su trabajo. Segundos después Rahim cae desplomado sin abrir la boca. Hamid, que no ha visto ni oído nada raro, se pregunta qué le pasa a su colega. Ve sangre y empieza a sospechar lo que ocurre, pero no pasa de un principio de sospecha porque inmediatamente también él cae fulminado.

Asombroso. Esto es lo que se dice un trabajo bien hecho, y aunque probablemente Harrison no era consciente de ello, lo cierto es que acababa de superar por unas decenas de metros el récord que hasta entonces ostentaba el cabo canadiense Rob Furlong cuando abatió a un hombre a 2´43 kilómetros.

Me parece también destacable que Furlong usara un rifle de calibre .50 Browning (12´7 mm.), concretamente un McMillan Bros TAC-50, mientras que Harrison empleó un Accuracy L115A3 de calibre .338 Lapua Magnum (8´6 mm.), con un alcance eficaz mucho menor que el otro, lo que aún hace más impresionante la hazaña del último.

Si algún juez dictara una orden de alejamiento contra Mr. Harrison debería tener en cuenta todo esto para que la distancia de alejamiento sea en cualquier caso mayor de dos kilómetros y medio. Qué crack este hombre, joder, qué crack.

Quien tenga la suerte que yo no tengo de saber inglés puede echar un vistazo a los artículos de la Wikipedia que hablan de Harrison y de Furlong, o leer este breve artículo.

7 comentarios:

Maria dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cachalote dijo...

Muy interesante entrada soldadito, je je, ya veo que, como dice el refrán, la cabra tira al monte.

Es impresionante el alcance de ese arma. Manejarla debe ser la leche, y saber hacerlo como Mr Harrison, tiene que ser ya el no va más. En opinión Mr Harrison es doblemente afortunado;

Afortunado por haber hecho esas dos dianas a tal distancia y afortunado por ser británico. Si fuese español, probablemente o no tendría fusil, o no tendría la munición adecuada, o, si en una extraña conjura del destino, hubiese dispuesto de fusil y munición, y le hubiesen permitido disparar, si hubiese acertado, probablemente habría sido colgado por los pulgares por los medios de comunicación, y sería candidato a una condena penal, por asesino sin escrúpulos. Lo digo porque no tengo la menor duda de que esos dos fiambres habrían sido presentados por los medios de comunicación y algunos grupos políticos como inocentes pastores, o como dignos luchadores de la libertad de su pueblo, o cualquier otra cosa... todo, menos combatientes enemigos.

Leí hace unos días que unos Barrett de los noruegos habían caido en manos de los malotes. Por suerte, en esas cosas, como en el sexo, no debe ser lo mismo tener la herramienta que saber utilizarla con maestría, juas juas.

Saludos

El soldadito de plomo dijo...

Si Harrison fuese español simplemente no nos habríamos enterado de su acción.

No sabía lo de los Barret perdidos, y me parece preocupante. Pueden ser armas muy rentables aun en manos de un gañán.

Por cierto, ¿sabe alguien con qué arma hicieron esto ?

Gerardo dijo...

Igual me sacas ahora de mi error, pero siempre he pensado que, en caso de reclutamiento forzoso en una guerra que no hubiese visto venir para largarme antes (que es siempre mi plan, por supuesto), haría todos los méritos posibles para ser francotirador.

No se me daba nada mal, con mira telescópica y cuando estaba más entrenado, era capaz de acertar exactamente en mi anterior tiro, y cosas así. Aunque nunca he tirado con más calibre que un 22, no sé si se puede decir algo de mi habilidad con algo así, ya que apenas tiene un retroceso perceptible.

Lo de intentar ser francotirador es porque siempre he pensado que es un puesto más seguro que los demás.

Mondejar dijo...

Mira que buena pinta tiene este juego, es solo de francotiradores, con armas reales, parametros etc..

El soldadito de plomo dijo...

Gerardo, no hay error del que sacarte: con más o menos retroceso quien tira bien tira bien y punto. El retroceso puede afectarte por la fatiga que produce durante tiradas largas de entrenamiento, pero un francotirador en acción de combate real nunca efectúa muchos disparos. Además ten en cuenta que cuando sientes el retroceso la bala ya ha abandonado la boca de fuego, es decir que la puntería, mejor o peor, ya estaba hecha para ese disparo y el retroceso no va a cambiar el resultado. Lo que necesita un francotirador es buena forma física (como todo combatiente), control de la respiración, nervios de acero, entrenamiento y mucha paciencia para esperar el momento adecuado de presionar el disparador.

Por lo que me has contado de ti el de francotirador te sería un puesto táctico ideal. Es un combatiente un tanto anómalo, porque no está integrado en grupos numerosos como un fusilero normal, sino que suele actuar lejos de "su gente", a veces incluso hace su trabajo desde dentro de la zona enemiga, estando a solas con su observador durante horas y horas en medio de un bosque, de un desierto o de la tundra, y hasta puede que en lugar de horas pase días así. ¿A que te suena bien y te recuerda a ti mismo?

Pero la verdad es que creo que serías un mal francotirador y que harías pocos blancos, y no por falta de puntería. Esto es una opinión muy mía, y no creas que es una mala opinión, no. De hecho, si no fuera por la profesión con la que me gano el pan (el mío y el de Gusifluky), probablemente pensaría como tú en eso de largarme antes de ser reclutado.

Y ahora me vas a permitir una anécdota personal sobre este tema de los francotiradores:

Cuando acabé mi formación técnico-militar en el Politécnico del Ejército me sometieron a un test psicológico para evaluar mis aptitudes militares. Aunque mi especialidad ya estaba asignada y para eso me estuve formando durante tres años los resultados del test indicaban que, entre otras cosas, presentaba una personalidad adecuada para ser francotirador, supongo que por eso del gusto por la soledad y por mi incomodidad cuando trabajo en equipo. No me gusta el afán clasificatorio de los tests de personalidad, pero debo admitir que supieron cogerme el punto.

Mondéjar:

Muy buena pinta la de ese juego, sí señor. Habrá que tenerlo en cuenta para cuando me decida a comprar un ordenador en condiciones y vuelva a pasar horas maravillosas aislado del exterior y pegando tiros virtuales.

Gerardo dijo...

Hace siglos que no practico, ahora debo de dar pena. Si con pistola se aplica lo mismo, también puedo decir que era muy bueno con una de aire comprimido. Tiraba, al final, por puro instinto, sabiendo por el tacto que estaba apuntando bien. Y acertaba, claro, si no, no tendría gracia. Pero bueno, hablo de mis veinte años, ahora ya tengo treinta y seis.

Yo tampoco creo que fuera buen francotirador, no todo es habilidad; como en el deporte, tiene que acompañar la psicología, y ni siquiera soy competitivo. Siempre he pensado esto como una opción de supervivencia en caso de que no quedara más remedio. Pero mi opción siempre ha sido huir llevándome a mis seres queridos conmigo, y convencer a todos los posibles de lo mismo.

No sé qué temería más, si ser un combatiente o un excombatiente...

De todas maneras, un puntillo raro, tengo. Si me hacen ese test a mí, igual revela una propensión fantasiosa a tirar desde una azotea a los transeúntes, a la americana. Una manera como otra de descargar el estrés.

Un saludo,