AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

miércoles, 1 de febrero de 2012

¡Tigüino! ¡Tigüino!


Parece ser que entre los hijos de la Gran Bretaña es sumamente conocido un tal William Blake, y que entre la obra de ese señor es resaltable para los súbditos de Su Graciosa Majestad cierto poema conocido popularmente como ¡Tigre! ¡Tigre!, que mucho tiempo después inspiró una conocida novela de ciencia ficción escrita por Alfred Bester, y que fue publicada como
¡Tigre! ¡Tigre!, o como Las Estrellas, mi Destino; pero igualmente prescindible tanto con un título como con el otro.

El caso es que he contado todo ese rollo del párrafo anterior para que se aprecie más lo ingenioso del título de esta entrada. Y ahora metámonos en faena:

Si el híbrido de león y tigresa se llama ligre; si el de leopardo y leona se llama leopón; si el de tigre y leoparda, tigardo: ¡el de tigre y pingüino bien podría llamarse tigüino! Ahora dirá el lector listillo, petardo y aguafiestas, que es imposible el cruce entre un tigre y un pingüino. Bien, debo admitir que
a priori -joder, cómo me gustan los latinajos- no parece probable que esos dos animales coincidan, ya que se desenvuelven en hábitats bien distintos, pero oye, ¿quién te dice a ti que si por casualidad se juntan una vez, no se pongan a hacer cochinaditas? A mí no me cuesta nada imaginar a ese tigre hambriento, perdido en el polo, cazando a una pingüina, y en la refriega entre depredador y presa llegan las otras friegas y refriegas, y ese tigre que se pone... simpático, digamos, y esa pingüina que se pone... amable, digamos. Y luego, pues eso... Dale, dale, toma, toma, dame, dame, etc. O sea, yo lo veo todo claro, no sé dónde está el inconveniente. Además, qué coño, ¡si es que tengo la prueba!

Mi gato Gusifluky es un híbrido de ave y mamífero. Ningún estudio genético avala mi hipótesis, pero eso es porque aún no se ha efectuado estudio alguno en ese sentido. Ni falta que hace, habiendo imágenes tan elocuentes:




(De izquierda a derecha: tigre desconocido, Gusifluky y pingüina desconocida).

¡Tigüino! ¡Tigüino! Ardiendo brillante en los bosques de la noche, ¿qué ojo o mano inmortal pudo idear tu terrible simetría?

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡¡¡¿¿POR QUÉ DIANTRES NO HAY COMENTARIOS EN ESTA ENTRADA?!!! ¡MALDITO SEA PANEQUE Y EL CAPITÁN PESCANOVA! ¡¿Quién puñetas puede resistirse a la tentación de escupir ñoñeces ante tan comestible cara gatuna?! Sin menospreciar al señor del frac de su derecha, y la futura alfombra de mansión señorial(pobrecillo) de su izquierda. Yo cada vez entiendo menos este mundo de sinrazones, ¡¿qué digo de sinrazones?!¡es un mundo de "sincorazones"! ¡Iros a freír espárragos humanos egocéntricos!