AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

domingo, 11 de marzo de 2007

Susanita Cascorro


Susanita Cascorro quedó huérfana de madre a los once años, cuatro meses y seis días de vida. Cuando tenía once años, cuatro meses y siete días empezó a sufrir los abusos sexuales de su padre. Cuando su padre le decía a la oreja, mientras le metía mano, "ahora vas a ocupar el puesto de la puerca de tu madre", Susanita se sentía orgullosa de la confianza depositada en ella e intentaba hacerse merecedora de tal honor, aunque no entendía nada de esas extrañas maniobras que estaba descubriendo y le daba bastante asco chupar aquello tan grande.

Susanita Cascorro creció alejada de los niños y sin escolarizar. Sin embargo el padre de Susanita ponía mucho interés en que su hija hiciese amigas y las llevara a casa. Cuando Susanita Cascorro cumplió trece años su padre le regaló una inolvidable paliza mientras le gritaba "¡zorra, tienes que traerme amiguitas, puta inútil!"

Después de aquello, con un dedo roto, un ojo morado y dos dientes menos, Susanita Cascorro salió a la calle para hacer amigas que presentarle a su padre, porque su padre era un hombre bueno que la cuidaba y la mimaba, la alimentaba (a veces con ese líquido blanquecino y espeso, "toma mi leche, putilla, bébetela toda, hazte una mujer bebiendo de mi polla"), le daba un techo y la vestía (aunque era más dado a desnudarla). Las demás niñas desconfiaban del patético aspecto de nuestra Susanita, y más aún cuando ésta les decía "ven a mi casa para jugar conmigo y con mi padre a papás y a mamás". Nadie quería jugar con ella y con su papá.

Susanita Cascorro empezaba a estar muy triste, no ya por decepcionar a su padre, que cada día le importaba menos, sino por ella misma. Se sentía muy sola, y no sabía cómo tratar a las personas, menos aún a los varones de su edad. En cambio, de los hombres adultos sabía bastante, pues su padre había empezado a llevar a casa a extraños amigotes y le exigía a Susanita que fuera también la esposa de ellos. Entonces ellos entregaban a su padre unos billetes y se iban a una habitación para ser los esposos de Susanita por un rato.

Cuando Susanita Cascorro tenía catorce años encontró jugando en un parque a una mujer mucho mayor que ella. Debía de tener veinticinco años por lo menos, pero se comportaba como si fuera más joven que Susanita. Era una de esas personas que no son de Mongolia pero que lo parecen. Susanita lo intentó:

- ¿Quieres jugar con mi papá y conmigo a mamás y a papás?

- Jum. Mamá, jeje. ¡Síiiiiii! - Respondió entre babas la mujer que no era de Mongolia pero que lo parecía.

Cuando llegaron a casa de los Cascorro Susanita hizo las presentaciones:

- Papá, esta chica que parece de Mongolia es mi mejor amiga hoy. Dice que quiere ser tu mujer.

Cascorro padre miró a la nueva amiga de su hija, asombrado al principio, molesto después, y excitado finalmente tras fijarse en los enormes pechos de su nueva adquisición.

- Cojonudo. Ésta por lo menos no dirá nada -. Y dicho esto la cogió de la mano y ambos, Cascorro padre y chica mongólica, se encaminaron al dormitorio. "Mi mabido, mi mabido guapo", iba diciendo ella por el pasillo, para alivio de Susanita, que necesitaba descansar y que además empezaba a comprender que su padre no era tan buena persona como ella creía.

Susanita cascorro se quedó muy triste, sintiendo como que se acababa de quitar un cuchillo clavado para clavárselo a otra persona, a otra persona más desvalida que ella. Pero no podía evitarlo. Susanita Cascorro estaba rendida, por eso, además de remordimientos, sentía alivio, y ese alivio era más fuerte que los remordimientos. Pero ni ese alivio le consintió su padre, porque al cabo de unos minutos la llamó:

- ¡Susi, ven aquí! Quiero que mires. Quiero que aprendas de la subnormal lo que es poner interés.

Y Susanita Cascorro miró, no tenía opción. Se trataba de mirar o recibir una paliza casi mortal. No sé, tal vez si Susanita Cascorro hubiera tenido un par de años más y hubiese aprendido a leer, y hubiera leído unos cuantos libros, entonces quizás no hubiera mirado, quizás en ese caso Susanita Cascorro hubiera plantado cara de las muchas maneras que podía hacerlo. Podría haber sabido que en un caso así basta con salir a la calle y gritar. Podría haber sabido que lo que estaba haciendo su padre era un gravísimo delito. O podría haber sabido que a veces basta con mirar con supremo desprecio a un hombre (de esa manera que sólo las mujeres pueden mirar) para desarmarlo, humillarlo, hundirlo. Acabarlo.

Pero Susanita Cascorro no sabía nada de eso, y miró. Miró y vio muchas cosas horribles. Hasta que empezó a ver demasiada sangre y se desmayó. Nunca volvió a saber de la chica que parecía de Mongolia pero que no era de Mongolia, y por supuesto no preguntó nunca a su padre por ella.

Susanita Cascorro llegó a los dieciséis años bella y razonablemente sana. Mientras hacía la compra un chico de su edad la abordó:

- Hola. Mira, has cogido esos yogures que caducan pasado mañana. Los ponen más a mano para que el cliente se los lleve, pero si te fijas verás que detrás hay otros para los que faltan más días. Es un viejo truco. Mejor llévate los otros, a menos que te vayas a comer todo ese montón de yogures entre hoy y mañana.

Nuestra Susanita miró a ese desconocido y se quedó pasmada. Nunca había visto a un chico tan guapo, y nunca nadie había sido tan atento con ella. Se enamoró hasta el último empaste. Así, del tirón, ¡ZAS! Flechazo al canto.

- Me llamo Damián, ¿y tú?

- ¿Yo? Ah, yo. Yo me llamo Puta Asquerosa.

-¿Cómo has dicho? -. Preguntó Damián con cara de susto.

- Uy, perdona, es que mi padre y sus amigos me llaman así. En realidad me llamo Susanita Cascorro.

- Ja ja ja ja... Oye, Susana, además de guapa tienes un excelente sentido del humor. Me gustas.

Después de aquello se vieron en secreto durante un tiempo, siempre durante el horario de trabajo del padre de Susanita Cascorro. Llegó el momento en el que Damián decidió tirarse a su peculiar amiga Susana. Y se la tiró. Cuando la penetró ella empezó a reírse como una loca, y entre carcajadas dijo:

- ¡Qué tonto! Te has equivocado, no es por ahí.

-¿Qué dices, tía? -. Preguntó Damián perdiendo la erección.

-¡Que no es en ese agujero! Tienes que metérmela por el de atrás, torpe. Ja ja ja... Todos me lo hacen por el de atrás. Se nota que no tienes experiencia, ja ja jaja...

Ahí acabó el breve romance entre Damián y Susana. Nunca más volvieron a verse, a pesar de la insistencia de Susanita Cascorro, que no entendía nada.

Bastantes años después la esposa de Damián le pidió que la sodomizara, como un capricho sexual, y éste lo intentó pero se acordó de la pobre Susana y le fue imposible. Damián pensó mucho en aquella chica tan rara de la que se enamoró en su adolescencia, Susana Cascajo o algo así. ¿Qué habrá sido de esa chica tan extraña?, se preguntó durante toda la vida Damián.

Si Damián hubiera estado más atento a los periódicos sabría que Susana se suicidó tras matar a su padre unos meses después de conocerla.

8 comentarios:

Aury dijo...

La historia que relatas es bien retorcida Leónidas,duele leerla con sentido y sensibilidad muchacho.Llegar a las páginas de sucesos de esta manera nunca se debiera; pero hay mucho sinsentido incivilizado por esto que llaman tierra, que pena. Santa Tecla bendita o de puño y letra nos libre de los insensibles por los siglos de los siglos.
Saludos cordiales

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Saludos, Aury. También escribirla dolió.

Miri de los Bosques dijo...

Mira que es un cuento retorcido en toda su esencia. Por cierto, lo de violar a niñas con síndrome de Down es algo más común de lo que la gente piensa. Yo personalmente conozco un caso muy cercano, y no es motivo de burla. Y no, no comentaré esta entrada.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Ya sabía yo, Miri, que alguien me saldría por ahí. Admito que en esta historia hay cierto humor hijoputesco, pero no me burlo de nada. De hecho creo que es un cuento muy triste.

Sé que las personas con síndrome de Down son presa fácil de abusos sexuales, y también abusadores si se les deja (cosa que no es políticamente correcto admitir, pero que es una verdad como un castillo).

Yo no me burlo de nada de eso, pero escribo sobre ello si me da la gana en mi estilo. Si tú lo consideras una burla pues lo siento.

Ah, y SÍ has comentado la entrada.

Congelandome! dijo...

Tambien me gusta el jamon(muy tierno), con queso(derretido) bañado en chocolate amargo... Pero intenta probarlo acompañado de unas gotas de vinagre... el sabor que te queda en la boca es muy similar al que siento luego de leerte!

Tesa dijo...

Te superas a ti mismo, Chorli. Me encanta, tienes la capacidad de dejar al personal con la boca abierta, sea cual sea el motivo.
Me alegra ver un comentario escrito de Aury, sé que te lee desde hace tiempo, es una buena amiga mía.
Besos

Inconformista dijo...

Hombre, políticamente correcto no es. Quizá por eso te leo. No he visto el humor por ningun lado. Muy triste la historia. Lo peor, que pese a que ha salido de esa cabeza de chorlito, podría ser tan real como el teclado que toco ahora mismo.

Soy de la opinión de que está bien que alguien se dedique a darnos en los morros con estas mierdas. Nos sensibiliza y nos hace ver lo espeluznante de nuestra sociedad.

PD. Gracias por los animos dejados en mi blog. Aunque no lo sepas, hoy, los necesitaba.

layose dijo...

Esta vez te has superado. Aunque sea un relato muy duro, y dificil de leer, es algo que todavia ocurre, y muchos de nosotros no nos damos ni cuenta. Hace poco me entere que un vecino abusaba de su hija. Jamás nadie lo habría dicho. Y sin embargo ahí está, sin que nos demos cuenta.
Has conseguido ponerme los " gallinas de pelos".
Besos