AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

domingo, 15 de julio de 2007

Pues... ¡escribe un cuento!



Hablaba anoche con una amiga y esta mañana tengo una resaca de no te menees. Hablaba anoche con una amiga y me he despertado pensando en ella. Hablaba anoche con una amiga que en cada palabra me transmitía una lágrima y no sé cómo secar su cara.

Tampoco hace falta; las lágrimas, donde mejor están es mojando la cara de niñas sufrientes. Por lo menos ahí son bonitas, brillantes, y es cuando mejor saben al lamerlas.

Hablamos sobre varias cosas, sobre árboles que se secan y sobre mujeres que no se quieren secar. Sobre familias que no queremos tener y sobre la familia que no tenemos.

Y esta mañana yo me he levantado con esa sensación que tan bien conozco: la necesidad de escribir sin saber qué, la necesidad de decirle a mi amiga que... ¿Qué puedo decirle?

Quiero decirle que la imaginación está ahí, para jugar con ella, y que no es malo hacerlo mientras mantengamos los pies en el suelo. Quiero decirle que es demasiado joven para verlo todo tan negro. Quiero decirle que la vida es muy hija de puta, pero también un bufón experto que siempre nos guarda un nuevo chiste con el que nos sorprenderá cuando menos lo esperamos. Quiero decirle que no mire con tanto rencor a ese punto al que siempre mira y observe sus alrededores, para que vea lo llenos que están de vida, de esa vida que tanto nos gusta a todos y que ella, además, se esfuerza por preservar.

Amiga, si yo tuviera un rosal (o una higuera, o un cerezo, o un naranjo... qué más da) que se me seca días antes de mudarme, no podría evitar pensar que se ha suicidado. De algún modo ha sentido con antelación mi marcha, y ante la imposibilidad de seguirme, ante el miedo de caer en nuevas manos que no le den lo que yo le daba, el triste rosal se suicidó.

Tú y yo sabemos que no fue así. Pero tú y yo queremos creer que fue así. Y no pasa nada. El escepticismo es una filosofía de vida mejor que cualquiera, pero no dejes que te estropicie la imaginación. Juega, niña, juega.

¿Sabes, amiga? Podrías escribir un cuento, una historia acerca de adioses y nuevas vidas llenas de ilusión. Un árbol que se seca cuando te marchas... Un argumento así no puede desperdiciarse.

Además, qué coño, a él le encantaría.

Juega, niña, juega.

5 comentarios:

Carabiru dijo...

Ouch! es la tercera vez que entro para dejarte un comentario en esta entrada, pero me corto, ante lo que dices y como lo dices me quedo sin palabras.

Me parece que tuvo suerte de contar contigo en ese momento.

Y eso, que juegue, que imagine, y no deje que la vida la seque.

Carlos dijo...

no se si la niña capte tu mensaje.

solo se que a mi me llego al alma.

Lola dijo...

Yo también pienso que tuvo suerte. Y estoy segura de que habrá entendido el mensaje.

Saludos. Lola.

Miri dijo...

Vaya... me has dejado anonadada. Me encanta la metáfora del rosal. Y también creo que tuvo suerte, si eso existe, de poder contar contigo.
Un besito,
Miri

Tesa dijo...

Vaya, yo iba a darte cañita en la entrada de los San Fermines de ahí abajo, pero después de esto, Flancisco Javiel, amol... todo aquí es tan dulce y pasteloso... me resisto a otra cosa que no sea enjugarme las lágrimas con el resto de fans.
:)