AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Se resuelve el mayor misterio de la Historia


Buenas. Me llamo Filiberto Serpentajo, barrendero de profesión y bromista caradura aficionado. Todos ustedes se han preguntado por mí alguna vez, aunque indirectamente. Los he mantenido entretenidos mucho tiempo y he llenado sus tristes vidas de ilusión. También he conseguido que sus podridas conciencias se aliviaran ocasionalmente.


Cada vez que he lanzado el bulo de que juntando tapones de plástico, tiradores de latas de refresco, cupones de la ONCE sin premio o precintos de paquetes de tabaco alguien conseguiría una silla de ruedas, ustedes se han puesto a recoger toda esa porquería como hormiguitas laboriosas, como abejitas obreras... como pardillos, en definitiva.

Ahora que mi vida se acaba quiero darles las gracias por hacerme el trabajo. Gracias a su empeño abnegado, a su solidaridad de cartón piedra, a su generosidad de atrezzo, ninguna niña tetrapléjica consiguió jamás una silla de ruedas gratis, pero yo he podido pasar mi jornada laboral todos estos años en el bar, tomando carajillos y cervezas. Por cierto, nunca deposité la anillita de aluminio en los contenedores que ustedes, tan tontamente, distribuyen por todas partes.

Ahora que me jubilo ya no me importa que sepan la verdad y que las calles vuelvan a llenarse de marranadas. No seré yo el encargado de limpiarlas, así que me la trae al fresco.

Reconozco, no obstante, que los dejo a ustedes abandonados a sus mierdosas conciencias, que ahora no sabrán cómo tranquilizar sin esas "buenas obras" que con tanta eficacia acometían. Por eso se me ha ocurrido dejarles un último encarguito:

Hay un pobre hombre que está a punto de morir de cáncer negro, que como todos ustedes sabrán es la peor enfermedad que se conoce. Permítanme que ahorre detalles, además ya se los irán inventando ustedes sobre la marcha. El caso es que este pobre hombre siempre tuvo un sueño que no ha visto cumplido: vivir en un palacio. Si nos damos prisa, quizá entre todos estemos a tiempo de darle a este buen señor su única alegría en la vida, en su dolorosa vida. Yo ruego que cada uno de ustedes aporte un ladrillo, o un puñadito de cemento, lo que más a mano puedan robar de alguna obra cercana. Cuando alguno de ustedes reúna cien kilos de cemento o mil ladrillos se puede poner en contacto conmigo a través de mi correo electrónico y ya les daré las instrucciones siguientes.

Y si no, pues bueno, siempre les quedará escribir a Craig Shergold.



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