AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Marta


Marta no podía llamarse Marta, pero desconozco el nombre oficial que consta en su D.N.I. Marta no tenía un cuerpo bonito, pero sí tenía unos ojos verdes pícaros y una boca de miedo. Su sonrisa era tan encantadora que uno intentaba hacer reír constantemente a Marta para no perder la erección. Marta era peluquera. Marta era transexual.

Me caía muy bien Martita. Sólo estuve con ella unas horas durante una noche. Marta atraía demasiadas miradas de personas curiosas y poco discretas que notaban algo raro en ella, y a mí no me gusta nada ser observado, quizá porque tengo algo que esconder.

Con Marta aprendí mucho en un rato. Me contó cosas que nadie más me ha contado. Marta era más femenina que muchas de las otras mujeres que he conocido. Marta se atrevía a hablarme de su sexualidad sin tapujos. Me enseñó mucho, ya les digo. Y yo aprendí. Aprendí sin prejuicios y con verdaderas ganas de descubrir.

Después, ¿saben?, me porté mal con Marta, pero ésa es una historia de cobardía que hoy no contaré. Digamos solamente que no fui lo bastante hombre como para poner a prueba mi masculinidad. Yo me entiendo.

Marta, digan lo que digan los tontos inexperimentados de siempre, era una mujer. Era una mujer y muy mujer. Muchas harían bien en aprender de ella, para saber cómo se conquista a un hombre y cómo se le pone cachondo.

Besar a Marta no fue ni mejor ni peor que besar a otras, sólo fue un beso más. Hoy cuento esto porque estoy harto de discutir con machitos que sólo se han tirado a una o dos mujeres en su vida y pretenden darme lecciones. Callaos y aprended, gilipollas. Cuando uno está tan seguro como yo de su hombría puede permitirse ciertas licencias, le joda a quien le joda.

3 comentarios:

Paloma dijo...

A mi me pasa con los transexuales, no asi con lesbianas y homosexuales, que a primera vista me chocan, me asusta ver esa apariencia excesiva tratando de convencer.

Prejuicios? Es muy probable, pues nunca he tenido la suerte(?) de conocer a una transexual y seguro mi opinion en cuanto a ellas(?) cambiaria totalmente. Ignorancia? Tambien, pero permiteme estar en desacuerdo con eso de "Marta era una mujer y muy mujer"

Mas femenina que muchas otras mujeres? Pues si, obviamente, deben serlo, exagerar sus modales y comportamiento para convencerse y convencer al resto de lo que no son.

Uuufff... me leo y me veo bastante prejuiciosa en cuanto al tema y la verdad no me gusta nada.

Lo dejo hasta aqui.


Pd: En cuanto a tu encuentro cercano ya sabes lo que pienso, asi que no lo repetire.

Inconformista dijo...

AAAAAA.... Vale, ahora ya sé por qué tienes el Twitter como lo tienes.

Vale, sin coñas. Creo que hace falta mucha seguridad en uno mismo para saber como comportarse ante una transexual. Si ella se considera mujer, debería bastar para que los demás la consideremos igual. Pero, desafortundamente, no todos tenemos esa experiancia que te da esa seguradad con la que adornas esta entrada. O, quizá, no tan desafortunadamente. Yo, la verdad, sigo luchando por seguir así de inexperto, que me hace muy feliz.

Pero, en cualquier caso, aplaudo esta entrada (aunque le joda a todos/as los/as gilipollas que me llaman pelota)

Miri dijo...

Realmente yo pienso parecido. Si de verdad tienes clara tu orientación sexual, este tipo de cosas no tienen por qué darte miedo.

Sitos,
Miri
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