AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

sábado, 23 de febrero de 2008

Se puede enseñar a leer a un gato



Así es, chorlitianos lectores.

No es difícil conseguir que un gato aprenda a leer, basta con algo de paciencia y con seleccionar buenas lecturas que puedan interesarle. Se sabe de muchos gatos que tras aprender a leer eligieron mal sus lecturas o fueron inadecuadamente aconsejados, y en consecuencia se negaron a volver a leer nada: Un gato llamado Feliponcio, de Zahara de los Atunes (Cádiz), fue obligado por el sádico de su dueño a leer una novela de un tal Dan Brown. El dueño fue denunciado por una sociedad protectora de animales y cumplió veinte años de condena en Alcatraz, pero eso no ha impedido que Feliponcio desarrolle tal fobia a la lectura que ahora huye de cuanto signo gráfico encuentra en su camino. Los ratones, que son muy listos y muy hijoputas, martirizan al pobre Feliponcio envolviéndose en papel de periódico y paseándose frente a él. Otro gato, llamado Judas y natural de Algezares (Murcia), leyó un cuento de Paulo Coelho y se arrancó los ojos para no tener que enfrentarse nunca más a la lectura. El gato Jeremías, de Pinos Puente (Granada), leyó varios reportajes de ufología firmados por un tal J. J. Benítez. Jeremías se suicidó lanzándose al paso de un tren porque no podía soportar un ataque de risa que le duraba ya dos meses.

Todas estas desgracias son consecuencia de inadecuadas lecturas, pero los gatos, por naturaleza, aprenden a leer con notable rapidez. A veces sospecho que ellos nacen sabiendo leer, pero que sólo leen en público cuando se les pide, no sé si por pudor o por modestia.

¿Cómo puede dudarse de la capacidad lectora de un animal que tiene esos ojazos? ¿Cómo puede pensarse que un animalito que mira al mundo de ese modo sabio e inquisitivo no puede leer? Los gatos no sólo leen, sino que además tienen buen criterio para escoger lecturas.

Mucho se habla de las bolas de pelo que vomitan los gatos, pero ellos y yo sabemos que los gatos vomitan tras leer a Coelho y a J.J. Benítez, entre otros autores que sólo escriben eso: bolas de pelo. Los gatos, tan delicados ellos, no pueden digerir ciertas tonterías, y acaban vomitándolas.


La próxima vez que su gato vomite en mitad del salón, piense en esto que le cuento y revise su biblioteca, que a lo mejor la culpa es de usted.

(Me van a perdonar el desastre de las palabras cortadas. Hasta que Gusifluky no se lea un buen tutorial para editar textos con imágenes en Blogger y después me lo resuma estas atrocidades seguirán sucediendo).

5 comentarios:

reve dijo...

Dale una vuelta de tuerca. Mi Aylitus Mínimus lee partituras...

Anónimo dijo...

Realmente bonita la entrada. Hay una teoría sobre la elección de mascota pero como no es científica la obvio, aunque sí es cierto q un perro adopta al amo independientemente de como sea éste, mientras que un gato no adopta a cualquiera, inteligencia? ...seguramente. Rebeca.

Sensei Katorga dijo...

Oh la la!! Vaya, vaya. Gatos lectores que aprenden a leer a la sombra de su amo, muy bien, instruyamos a los gatos, dejemos que crezcan al amparo de los clásicos porque todavía, supongo, estarán en una fase primaria en la que las novelas de literatura barata no harán más que hastiarles para no volver a coger un libro nunca más. Que empiezen pero que empiecen bien...

Carabiru dijo...

Si quieres lo de las fotos te lo explico yo un día, no tiene demasiada ciencia, y el pobre Gusi seguro que disfruta mucho más de otras lecturas más interesantes.

Salu2

Tito Charly dijo...

Por suerte me gato deboraba asi hablo zaratustra casi cada noche... Hasta que no se como le llego a las patas el ultimo libro de urdaci... Ahora voy a visitarle cada año a su tumba.