AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

lunes, 31 de marzo de 2008

Y se quitó de fumar


La conoció allí, junto al estanque del agua verde y los peces naranjas, hace ya quince años exactos.

Hace más de trece años que no la ve, pero siempre, cada 31 de Marzo por la noche, Francisco vuelve al estanque y se deja acariciar por la brisa húmeda. Desde que la perdió no ha faltado nunca a esa cita secreta con el vacío, a esa reunión enfermiza con la nada. Cuando el amor de Ella se fue a ese lugar adonde van los amores que no pudieron ser, dejando a Francisco convertido en un muerto viviente, en un corazón que late sin saber para qué y sin ganas de seguir haciéndolo, la vida no ha sido nada hospitalaria para él. No quiso tener más amigos y se distanció de los pocos que tenía. No pudo divertirse, pero tampoco lo intentó, así que deberíamos decir mejor que no quiso divertirse. Bebía como un cosaco y fumaba como un carretero, deseando que así la parca lo encontrara pronto, siguiendo el rastro de alcohol y humo, ya que él no se había atrevido aún a forzar el encuentro más expeditivamente.

Francisco lo intentó todo para recuperarla, pero sólo llegó a saber -y esto tras gastar todos sus ahorros en detectives- que Ella vivía en otro país, con otro hombre, y que parecía feliz. Fue entonces cuando rescató de un baúl olvidado, lleno de trastos viejos, el revólver heredado de su padre. Cada 31 de Marzo Francisco se guardaba el arma cargada en un bolsillo de la chaqueta y volvía al estanque del agua verde y los peces naranjas.

A Francisco le dolía la vida. Soñaba con tener el valor suficiente para, algún 31 de Marzo, pegarse un tiro junto al estanque, caer muerto en el agua verde y ser comido por los peces naranjas. Cada aniversario llegaba allí, unos años borracho y otros sobrio, acariciaba amorosamente el revólver e incluso alguna vez lo amartilló, oyendo el clic con alivio -le atormentaba pensar que llegada la hora de la verdad fallara el arma-. Pero nunca se decidía.

Cada 31 de Marzo por la noche, Francisco volvía a su casa, llorando de rabia y sintiéndose el más pusilánime de los cobardes. Guardaba el arma y se despedía de ella diciendo: "A ver si el año que viene hay más suerte y me quito de fumar definitivamente". Y así año tras año, 31 de Marzo tras 31 de Marzo...

Hoy Francisco lo ha logrado.

Ha llegado, como cada noche de tal día como hoy desde hace trece años. Se ha plantado ante el estanque, con su desgarbada figura, las manos en los bolsillos de la chaqueta y una colilla humeando desde sus labios.

He visto el ascua de su cigarrillo apagarse y he sabido lo que vendría a continuación. Supongo que podría haber intervenido, pero... no lo he hecho.

Francisco ha escupido la colilla sobre el agua verde y decenas de peces naranjas han acudido a picotearla. Con la mano derecha ha sacado el revólver... que ha seguido el camino de la colilla. He oído a Francisco reír quedamente, y cuando ya se iba se ha vuelto de nuevo al estanque de aguas verdes, y sacando del bolsillo la mano izquierda ha arrojado a los peces naranjas un paquete de cigarrillos. Juro que cuando se ha marchado tenía un animado gesto que no le he visto en quince años.

Este 31 de Marzo, el muy jodío lo ha logrado. Y yo, pues bueno, no saben lo que me alegro por él.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

¿"DesgarVado"?

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Vaaaaale, anónimo. Ya está corregido. ¿Qué sería de mi vida sin los atentos lectores? ¡Dime que me perdonas!

ZAS (UNO)
ZAS (DOS)
ZAS (TRES)
ZAS (CUATRO)
...
ZAS (Y CIEN LATIGAZOS)

Juan Mondejar Garcia dijo...

Muy bueno, no estoy acostumbrado a un final feliz cuando paso por su casa, me gusta ese final.

Un saludo.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Saludos, Mondéjar. Yo tampo estoy acostumbrado a estos finales felices. No sé, me dan como grima o algo.

Anónimo dijo...

No son suficientes... desollate la espalda ahora mismito.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

¿Con cien latigazos consideras que aún no me he desollado la espalda? Pues lo siento, pero ni uno más, que tampoco fue para tanto mi falta.

Anónimo dijo...

Tu culo es mío mindundi. Me apetecía recordártelo, ya sabes jejeje.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Mi orto no tiene dueño, Jotica, pero el día que lo saque a subasta tú y cientos más os daréis de hostias por adquirirlo.

Miri dijo...

Juas, muy bueno el relato. No se espera el final, la verdad, por eso mola tanto.

Sitos,
Miri