AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

sábado, 29 de noviembre de 2008

El bobo Santos. III. Donde Sito comienza a trabajar y tiene un encuentro desagradable


Han transcurrido unos quince años desde que el bobo Santos se enamoró de Amalia Fuentes, y en quince años pasan muchas cosas, incluso en la vida de un retrasado. Andrés, como es habitual entre los tontos, tiene el defecto de la lealtad y nunca dejó de querer a Amalia. Sin olvidar dicha circunstancia bueno es que no demos la espalda a otros avatares que discurrieron en esta década y media.

Sito Perdigones llegó a la adolescencia velludo y lleno de granos, con una fealdad que su mirada idiota acrecentaba. Solía encerrarse en el baño para masturbarse hasta que su madre lo sorprendió en uno de aquellos delicados momentos. María Antonia, aunque comprensiva, había sido educada en la creencia según la cual los tocamientos son pecaminosos y contrarios a la salud. Sin pensar muy bien lo que decía advirtió a su hijo que se quedaría ciego si seguía haciendo eso tan feo. Andrés quedó aterrorizado y nunca más se masturbó. Pensaba el pobre que la vida de un retrasado feo ya es bastante insoportable como para además vivirla con ceguera, y además le atormentaba la idea de no poder ver nunca más a Amalia, quien entre tanto se había convertido en una joven escandalosamente bella.

En casa de Sito el dinero era un ente mítico del que se sospechaba su existencia pero no podía probarse, o casi. Andresito era vagamente consciente de los remiendos de su ropa y de la dieta de sopa y patatas, así que a los quince años se propuso trabajar, sobre todo para que su hermanita, que rondaba por entonces los cinco años, creciera sana. Aunque sea idiota algo útil podré hacer, se decía, porque el optimismo, junto a la lealtad, es otra de las características de los tontos.

En efecto pudo hacer algo útil durante dos semanas y llegó a cobrar por ello. Un tendero del barrio le ofreció trabajo para llevar la compra al domicilio de los clientes que por unas u otras razones no podían hacerlo por sí mismos. El bobo Santos parecía perfecto para ese puesto, porque era corpulento y cobraría mucho menos que cualquier otro mozo, y aunque fuera retrasado podría, antes o después, dar con la dirección del cliente; a fin de cuentas todos los compradores vivían en las cercanías.

Al principio le fue bien, y se asombró al descubrir que algunas personas le daban propina, circunstancia esta con la que no había contado. La primera vez que recibió esas monedas supuso que sería el pago por la compra y se lo entregó al tendero, pero el hombre le aclaró que los encargos que porteaba ya estaban pagados y que ese dinero era para él, como agradecimiento de los clientes. Aquello a Sito le pareció fabuloso y eufórico le contaría a su madre que había personas buenas que dan las gracias, y que además lo hacen en forma de dinero, sin duda la manera más práctica de agradecer. Naturalmente, como cabe esperar de Andresito, hasta la última moneda iba a parar a la economía doméstica. Jamás se le pasó por su simple y honesta cabeza de chorlito gastarse nada en un capricho.

Un día el bobo Santos llevó un pedido a una solterona de cincuenta años, una mujer fea, gorda, con duros pelos en la barbilla y poco limpia. La señora lo recibió en bata y le hizo pasar. Después echó la llave.

-¿Cómo te llamas, hijo?

-Sito Perdigones, señora.

-¿Y cuántos años tienes?

-Quince, señora.

-Uy, quince años y tan grandote. Seguro que ya tienes novia.

-No, señora, pero me gusta una chica que se llama Amalia Fuentes Castillo, lo que pasa es que ella no me quiere porque soy un poco retrasado y un poco feo.

-Pues a mí me pareces muy guapo. Esa chica es tonta.

-¡No señora! El tonto soy yo; Amalia Fuentes Castillo en la mujer más mejor del mundo y no me gusta que digan cosas malas de ella- respondió Sito perdiendo la eterna sonrisa boba, que era lo más parecido a encolerizarse que podía hacer el buenazo de Andrés.

-Oye, no te enfades. Si lo he dicho de broma. ¿Y tú has visto a una mujer desnuda?

-Sí, señora, a mi madre una vez. Y también me encontré un día una revista con mujeres desnudas. Señora, me tengo que ir pero usted ha cerrado la puerta con llave y se ha guardado la llave en las tetas y usted tendría que abrir la puerta porque tengo que irme a trabajar porque estoy de servicio.

-De servicio dice el tonto. Yo te voy a enseñar lo que es un servicio completo. Seguro que se te pondría la picha dura cuando viste las mujeres de la revista. ¿Te gusta tocártela, Sito?

-Se me puso dura, sí señora, pero no me la toco porque si lo hago me quedaré ciego y no podré ver a Amalia Fuentes Castillo. Señora, es usted muy amable por hablar conmigo, a la gente no le gusta hablar con un idiota, pero yo me tengo que ir, señora.

-Pues toma, coge la llave- dijo la solterona abriéndose la bata. Llevaba un sujetador, donde estaba la llave, pero Sito vio horrorizado que en lugar de bragas había una mata de pelo negro y muy rizado-. ¿Qué, se te pone ahora dura, hijo?

-No, señora. Usted no es como las mujeres de las revistas y me da un poco de asco, señora, pero no se enfade conmigo, por favor se lo pido.

-No me seas tan selecto, idiota, que tú no estás para poder elegir. Ahora verás como yo te la pongo dura y te va a dar mucho gusto.

Al cabo de un rato las manos y la boca de la solterona vencieron la repugnancia que sentía Andrés, y en lo que fue casi una violación Sito perdió la virginidad. Sólo cuando la mujer alcanzó el tercer orgasmo dejó marcharse al bobo Santos, con la recomendación de guardar el secreto de lo que habían hecho so pena de denunciarlo por violador. En la puerta Sito se volvió a la mujer. Estaba llorando.

-No me quedaré ciego, ¿verdad, señora?

La mujer cerró con un portazo sin responder. Tampoco le dio propina.


(Pronto continuará, creo)

8 comentarios:

kitty_wuuuu dijo...

Qué lástima...

jonay dijo...

No sé porque temo que al buno de Sito esto le va a dejar huella...

Anónimo dijo...

La vieja no le dio propina. JAJAJA

Anónimo dijo...

Te amo , te amo te amo a follá mi amigo y yo.

Mondejar.

Gota. dijo...

Uhm, la historia empieza diciendo que han pasado 15 años desde el suceso de Amalia y cuando la Zorra barbuda le pregunta la edad a Andrés, este responde que tiene 15 años.
A mi parecer, Andresito no sabe contar o la historia tiene un una "incoherencia temporal" (¿eso existirá?).

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

No hay tal incoherencia, Gota.

Cuando digo que han pasado quince años desde que Santos se enamoró de Amalia estoy contando desde ese momento hasta el día de hoy. En la primera parte digo que Sito tiene 26 años en el presente. Se enamoró de Amalia cuando tenía 11, y 26 - 11 = 15.

A continuación se habla de algo que pasó durante esos quince años (desde que Sito tenía once hasta los veintiséis actuales). En ello estoy cuando me detengo en un episodio de su vida que ocurre cuando Sito tiene quince años, y supongo que esa coincidencia te ha despistado.

Gota. dijo...

Pues va ser que el tonto soy yo y no Andresito.
Gracias por la aclaración.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

No, Gota, entiendo tu confusión. He dado varios vaivenes temporales que han dejado las cosas algo confusas. Si alguna vez reescribiera este cuento eso es algo que cambiaría.

Gracias por tu atención.