AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Secretos, misterios, una tortuga y el tito Manolo


Mi tío Manolo fue depresivo y homosexual, pero ignoro si existía relación alguna entre lo uno y lo otro. Como era sodomita inconfeso pudiera ser que la depresión se debiera a la amargura provocada por el peso de su secreto, no sé. Que fuera maricón no tenía nada de malo, lo malo era que se relacionara con tipos de pésima catadura.

Nunca he hablado con el resto de la familia acerca de las tendencias sexuales de mi tío. Tal vez sea yo el único que lo sabe, y si lo sé no es porque nadie me lo haya dicho, sino porque tengo ojos en la cara.

Siendo yo niño mi tío Manolo, cuando algún medicamento lo ponía de buen humor, me hacía extraños regalos como estampitas de santos, cortaúñas con navaja o mecheros gastados. Una vez me regaló un coche cabledirigido, en la época en que aquellos trastos eran novedosos y carísimos (supongo que aquel día se pasó con la dosis de clorazepato dipotásico), pero el mejor regalo fue Morla.

Cuando Morla llegó a mis manos no tenía nombre. Era una tortuga terrestre que debía de pesar más de un kilo y tenía un desconchón, como de haberse caído desde gran altura. De dónde la sacó mi tío es un misterio. La llamé Morla por la tortuga de La Historia Interminable y pasó a ser miembro familiar y pesadilla de Kuky.

Era Kuky un gato romano que tras la horrible muerte de Laika me regaló mi madrina. A él no le gustó que Morla, ese pedrusco con patas, se quedara a vivir con nosotros. No podía jugar con ella, pues como todos sabemos las tortugas no son animales juguetones ni animosos, y para colmo esta tortuga mostraba predilección por la comida del gato. Le robaba todo, desde las sobras de una paella (cabezas de gamba incluidas) hasta las madalenas. Morla llegaba lenta pero decididamente hasta subirse al plato donde Kuky comía, y sin detenerse iba abriéndose paso a mordiscos, tragando todo lo que encontraba delante. El gato mientras tanto, impotente, se armaba de paciencia, echábase a un lado y contemplaba la voracidad de su pétrea rival hasta que ella se saciaba o continuaba su camino estragando el comedero. Sólo después podía Kuky volver a comer, contentándose con las sobras que la tortuga había dejado de las sobras.

Sería unos dos años el tiempo que Kuky tuvo que padecer la convivencia con Morla. Un día mi tío Manolo apareció para llevarse a la tortuga. Que era una especie protegida y había que llevarla a una reserva, fue su explicación. Nunca se habló más de Morla y constituye otro misterio el qué fue de ella. Si realmente acabó en una reserva debió de causar cierta sorpresa su llegada, porque entre tanto mi madre había tenido la insólita ocurrencia de barnizarle el caparazón ya que, según decía, “así está más bonica y decora más”. Ya ven, como si la función de una tortuga fuese la de hacer bonito como muchas mujeres. Por cierto que nunca supimos la opinión de Morla sobre su nuevo y brillante aspecto. A mí no me pareció que fuera una tortuga especialmente coqueta, pero vete a saber, como no hablaba mucho…

Mi tío también tenía la costumbre de regalar tabaco, Ducados para los fumadores de negro como él y Fortuna para los consumidores de rubio. Hasta donde sabemos fue eso lo último que regaló, o que tuvo la intención de regalar.

Una tarde, tras comer, le dijo a su madre que se iba a dar un paseo, con total naturalidad y sin documentación, como tantas otras veces. Nunca volvió de aquella caminata.

Fue buscado infructuosamente por las calles de Murcia que solía frecuentar y se recurrió a un programa televisivo en el que se difundió su fotografía, pero nada. La única pista la proporcionó una estanquera vecina a su domicilio: la tarde de la desaparición mi tío había comprado diez paquetes de Fortuna que la estanquera le entregó sueltos, a lo que él pidió que se los envolviera porque eran para regalo.

Semanas después un senderista encontraba en el monte el cadáver semimomificado de mi tío Manolo, cerca del puerto de La Cadena. Sin tabaco, sin gafas, sin señales de violencia y sin explicaciones yacía con las cuencas oculares vacías pero con su barba y su rostro aún reconocibles; yo mismo vi una foto a color en la prensa cuando marché a Murcia para asistir al entierro. De hecho fue esa misma foto la que sirvió para que mi padre comprendiera que el muerto hallado en el monte era su cuñado cuando para todos no era más que un cadáver anónimo.

Poco antes de aquella última y larguísima excursión a ninguna parte la psiquiatra que trataba a mi tío había introducido notables cambios en su medicación. Cabe suponer que se trastornó y vagó sin rumbo durante días, desorientado, hasta caer muerto de sed, de miedo o de tristeza.

Por qué no pidió ayuda a las personas que forzosamente hubo de toparse en el camino es otro misterio. ¿Acaso buscó su muerte? ¿Se dejó morir en el campo como una bestia herida y exhausta?

A quién le regaló, o le iba a regalar los doscientos cigarrillos rubios es el último enigma de esta historia. Yo, que soy un cabeza de chorlito con ínfulas de escritorzuelo, tiendo a creer que el beneficiario de ese postrero regalo sabe cosas que los demás ignoramos.

10 comentarios:

kitty_wuuuu dijo...

Austeriano.



Mi tortuga sin nombre a la que yo llamaba Oli (palabreja que escribí en su caparazón con un rotulador Carioca azul añil), mordía a mi perro (Lucky) y se comía también su comida.

Anónimo dijo...

La primera excursión que hice a un zoo, tendría unos 6 añitos y fue precisamente una tortuga la única que dejó un imborrable recuerdo de aquel día. Ella (la tortuga) estaba junto a otras de sus congéneres en un estanque, un pajarillo se posó sobre una hojita que flotaba en aquel mini-paraiso de agua y reflejo solar, todas a una, como Fuenteovejuna, almorzaron ave ese día. Nunca más he vuelto a zoo. Todos arrastramos algún traumita.

Rebeca

Rocket dijo...

Estimado Leónidas,

Lo de la tortuga está bien. Confío en que Morla goce, allá donde se encuentre, de buena salud con o sin "sintasol".

Lo de su tío es más triste, y sin duda alguna da que pensar... el hecho de que fuera o no "straight" no creo que vaya a cambiar la historia. Hay quien opina que la muerte es una parte muy importante de la vida. Morir de esa manera es muy triste, y parece que resta "protagonismo" a un gran parte de la historia vital.

En resumidas cuentas... ¡que hay que joderse!.

Pero algo no salió mal del todo... le regaló a ud. una tortuga y ud., años después, sigue recordando.

Pues mire ud., no me parece a mi que fuera mal tipo su tío después de todo... ¡a mi nadie me ha regalado nunca una tortuga!

Saludos,
Rocket

Mondejar. dijo...

Pobrecillo, recuerdo la noticia.

Curiosamente la zona del puerto de la cadena, esta siendo estudiada por ser un cementerio fosil de tortugas gigantes, no se sabe con certeza si iban a aquel lugar a morir o todo es casualidad, un punto de union para la historia de tu tio y de Morla.


Saludos.
MOndejar

annabel dijo...

Cuando alguien se fija en lo que el otro fuma, es de ser tremendamente buena persona.
Todo el mundo va a lo suyo, nadie se fija en los pequeños detalles.
Tu tito Manolo, seguramente no servía para vivir en éste mundo.
Hay muchas personas que no pueden... hay una frase que dice más o menos así: Si no puedes darme alegría, si no tienes nada para dar, dáme tu sufrimiento.

Eso es amor del de verdad ¿a que si?

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Kitty:

Estoy hasta los huevos de Auster y de sus lectores.

Rebeca:

Yo no tengo ningún trauma con las tortugas, ni con nada que haya contado en esta entrada.

Rocket:

Pues claro que no era mal tipo. Ese "después de todo" que usted menciona me ha dejado intrigado. ¿He contado algo malo de él y no me he dado cuenta?

Mondéjar:

No sabía lo del enlace que traes. Curioso.

Annabel:

Como soy un caballero no diré lo que pienso de ese montón de chorradas que has dicho.

Rocket dijo...

Estimado Leónidas,

Le pido disculpas porque no me he explicado correctamente. Cuando digo que no era mal tipo quiero decir que, a pesar de estar en tratamiento, parece que era persona atenta y detallista, con independencia de la medicación concreta que se le suministrara.

No fue una frase afortunada. Lo lamento.

Saludos,
Rocket

annabel dijo...

Puedes decir lo que te salga de las pelotas, a mi me da la risa siempre, querido.

A chorradas. A chorradas, no te gana, ni te ganará nadie en la vida.

Y mira que lo he intentado...
Hay que joderse con el chulo éste o este, o esté. Punto.

yáñez dijo...

Prefiero tener un tio maricón y zumbao que te regale cosas, animales, historias,tabaco ( que mal vicio) y se muera cuando le de la gana, que el que tienen mis hermanos y por lo tanto me toca algo a mí (sobre todo los huevos y no es maricón) no ha currado en la puta vida (siempre de baja por sus nervios, con lo que de estupefacientes y ansilíticos se pone hasta el culo, y reitero que no es maricón), es un fascista y no te da ni la hora y de morirse nos hará cargar con él andando hasta el nicho.

Anónimo dijo...

Hey baby:

1- fúmate un porro.
2- écha un polvo (=vete de putas)
3- tómate una tila...

¿Qué te pasaaaa?


Ah, por cierto, debe molar que esten hartos de tí, teniendo un Príncipe de Asturias.



K.Wu.