AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

viernes, 12 de diciembre de 2008

El bobo Santos. VIII. Donde se ve que también los retrasados pueden rozar el cielo


El quinto día del mes de mayo de 2007 es una fecha que Andrés Santos Perdigones no quiere olvidar; aquel día el mundo le escondió los colmillos para mostrarle una sonrisa cargada de promesas y esperanzas. Sito hasta se arrepintió por haber dudado de la existencia de Dios.

La mañana de aquel día Amalia Fuentes rodaba con su silla cuando una de las ruedas se incrustó en el desagüe del alcantarillado cuya tapa había hecho desaparecer algún gamberro. Amalia forcejeó por liberarse de la trampa durante varios segundos, los que tardó en llegar el bobo Santos, que como siempre se encontraba ojo avizor a la espera de serle útil a esa mujer desalmada. En un periquete, sin decir esta boca es mía, Sito había resuelto el problema. Él no quería hablar, sólo entregarse por ese relativo altruismo que nos impone el amor, y una vez solucionado el accidente sólo pensaba en marcharse hasta un lugar discretamente distante desde el que poder continuar su vigilancia, pero todo lo cambió Amalia al decir:

-¡Eh, tontaina, no te vayas tan rápido! Se me ha roto el chisme este, ¿me empujas hasta mi casa? Vivo lejos, pero seguro que un tío fortachón como tú puede hacerlo sin problemas.

¡Fortachón, lo había llamado fortachón! ¡Y eso era bueno! También es verdad que lo llamó tontaina, pero Andresito, con su gesto bobalicón y sus nobles intenciones, no piensa ahora en ello. Ufff, fortachón... El bobo Santos toma la silla de ruedas por las empuñaduras y en silencio comienza a empujar. No necesita que Amalia le dé instrucciones pues sabe de sobra por dónde le gusta a ella ir hasta su casa.

-Gracias por tu ayuda, bo... Santos. ¿Por qué vas así de callado? ¿Te doy miedo?- dice Amalia tras un rato de paseo a merced de ese auxiliar tan voluntarioso. No sabe que el pobre Andresito tiene, por lo emocionado que está, el corazón en la boca.

-¡No, Amalia Fuentes! Yo jamás tendré miedo de una ser humana tan perfecta como tú. Lo que pasa es que soy retrasado y yo sé que no digo nunca cosas interesantes y por eso no te digo nada.

-Te... te sobrevaloras al revés. Joder, ¿cómo coño se dice eso?

-A lo mejor tú quieres decir que me debajovaloro, Amalia, pero no me hagas caso porque soy idiota y no sé decir nunca lo que siento dentro de mí y menos dentro de los otros.

-¡Calla, coño! Infravaloras, esa es la puta palabra. Pues eso, que te infravaloras. Deberías tener más confianza en ti mismo.

Sito no sabía cómo tener más confianza en sí mismo mientras todo el mundo, salvo su madre, lo despreciaba y abusaba de él. Pensaba que fiarse más de sí mismo lo podría dirigir a más desgracias, y dadas sus circunstancias puede que tuviera razón.

Cuando faltaban unos pocos cientos de metros para llegar a casa de Amalia esta le pidió que dejara de empujar. Conectó la batería y siguió ella sola, sin despedirse. Si el bobo Santos hubiera sido algo más despierto se habría percatado de que Amalia le mintió al decir un rato antes que se le había estropeado la silla. Y también se habría dado cuenta de que Amalia no quería que la vieran llegar a casa acompañada por el tonto del barrio.

No obstante, según avanzaba el año 2007 Sito y Amalia se fueron llevando mejor. Al principio ella simulaba averías o insignificantes accidentes sabiendo que Sito tardaría instantes en socorrerla, pero luego ya no era necesario; Amalia se movía libremente sabiendo que Sito se mantenía alerta no muy lejos, y cuando le apetecía su presencia, para empujar la silla o simplemente para no sentirse sola, no tenía más que hacer una señal con la mano y allí que aparecía el bobo Santos. Hablaban poco, sobre todo Andrés, pero algo se decían. Amalia empezó a sentir un ligero afecto por ese muchacho al que siempre había conocido como "el bobo Santos". Andrés, por su parte, estaba viviendo la época más intensa y menos infeliz de su vida.

Pasaron más de un año intimando lenta, muy lentamente. Entre ellos existía el acuerdo tácito para que Amalia no insultara a Andrés llamándolo idiota ni nada parecido y Andrés no hiciera preguntas acerca de la vida nocturna de Amalia en el pub Oasis. El primero de noviembre de 2008, sábado, Amalia rompió ese pacto mientras paseaban juntos el uno empujando la silla de la otra:

-Sito, ¿tú has oído hablar de mí?

-No, Amalia, yo no oigo nada nunca malo de ti.

-¿Ves como eres tonto? Yo no te he preguntado si oíste algo malo, solo si oíste algo. Con tu respuesta me has dejado claro que te han llegado rumores malos sobre mí. Venga, no te hagas más idiota de lo que ya eres y dime qué has escuchado.

-Me pones en un comprometido, querida Amalia. Fue hace mucho tiempo y ahora casi no me acuerdo. Era algo de pililas de unos hombres en tu boca, pero yo no hice caso y di su merecido a ellos, porque mi perro Gusifluky tenía miedo y tuve que hacerlo yo.

Caminó Sito y rodó Amalia un rato en silencio.

-Sito, ¿y si te dijera que esos hombres no mentían?

-Y ya que hablamos de Gusifluky te digo que lo mataron con un coche, porque la gente conduce muy mal y no respeta a los peatones y menos a los peatones que son perros pero también son peatones porque todos somos peatones del Señor, que lo dice la biblia. Y ya que hablamos de la biblia te diré que...

-¡Calla, imbécil! No me cambies de tema, idiota. ¡Te digo que es verdad lo que dicen de mí! ¡Mamalia me llaman, y tú lo sabes!

-Vida mía, yo no sé nada, yo sólo sé que me siento bien empujando tu silla y que quiero ser amigo tuyo siempre y que me da igual todo lo demás.

-¿Y no te importa que tu querida Amalia vaya mamándole la polla a todo macho que se le pone a tiro?- exclamó Amalia con un rictus de supremo desprecio- ¿Es que te da igual verme así, inútil y convertida en una puerca?

-No hables así, Amalita, por favor te lo pido. Yo no quiero saber esas cosas y no quiero pensar en nada malo de ti. Yo quiero hacer cosas buenas para que te sientas bien y ya está.

-¡IDIOTA, IDIOTA, QUE ERES UN IDIOTA! No te enteras de nada, puto retrasado. ¿Sabes lo que estoy pasando? ¿Sabes lo que sufro? ¡YO! ¡Yo, que fui la chica más mona y más deseada de cualquier sitio por donde pasé! ¡Hombres millonarios se peleaban por mí, y mírame ahora! ¡NADIE ME QUIERE! ¡Pues ahora chupo pollas porque me da la gana y porque quiero que me quieran! ¿Comprendes eso, subnormal?

El subnormal, Sito Perdigones, está paralizado y a punto de llorar por el arranque de Amalia. Comprende que no va a poder mantener una conversación normal con su diosa eternamente sentada, y decide marcharse sin decir nada. Cuando se ha alejado veinte metros grita ella haciendo girar la silla:

-¡Eh, Sito, espera!

El bobo Santos se da la vuelta y queda encarado a la diosa del pedestal con ruedas. La diosa habla en voz alta, en parte por la distancia que los separa, pero sobre todo porque quiere -necesita- que la oigan todos quienes anden cerca:

-Me he acordado mucho de ti, Sito. Siempre me he acordado de ti y de aquella carta con el sobre de Cajamadrid. No sabes lo que me arrepiento por no haberla leído. No sabes lo que me arrepiento de tantas cosas... Vendí mi alma al diablo siendo demasiado joven. El poder de la belleza, ya sabes... o quizá no lo sepas, pero eso da igual ahora. El caso es que el diablo decidió cobrarme la cuenta hace años cuando yo iba en moto y era demasiado joven. Ahora, Sito, sólo me queda emborracharme e imaginar que sigo siendo atractiva para los hombres. ¿Entiendes lo que te digo?

Sito, aunque llora, sonríe bobaliconamente y asiente con la cabeza. Ambos se giran dándose la espalda e inician caminos opuestos. Amalia aún grita con todas sus fuerzas, rabiosamente:

-¡ERES EL MEJOR DE TODOS LOS QUE HE CONOCIDO, CABRONAZO!


(Bueno, no digo más que esto está a punto de acabar).

10 comentarios:

Hipy Melenudo dijo...

Nada nuevo.Pena y mas pena..........

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

¿No ves una luz al final del túnel, Hipi? Estos dos... no sé yo. Bueno, sí, sí que sé, qué coño. Vaya que si lo sé.

perla dijo...

Diferente este blog. Y el cuento, realmente entretenido. Confieso que lo voy siguiendo con cierta expectación.
Aunque, si me permite el comentario, después de leer este capítulo parece que ha dado un giro un poco ¿pastelón?. Un final algo truculento, por favor...

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Y sin embargo, Perla, este giro pastelón la ha hecho saltar a usted, lo que significa que no he perdido el tiempo, porque siempre es un gustazo conocer a nuevos lectores.

El final... está cerca. No digo más. Si le gusta, bien; si no, a otros gustará.

Mientras tanto puede entretenerse leyendo los demás relatos publicados en la categoría de "Cuentos que no contarías a tus hijos". Ahí no faltan finales truculentos como pide usted.

Saludos.

kitty_wuuuu dijo...

1 - Bah... ¿no se la chupa?. Pues vaya.
2 - Yo creo que "menos infeliz" y "peatones del señor" estan muuy en la línea de "sobrevalorar al revés".
3 - " -¡Eh, Sito, espera!

El bobo Santos se da la vuelta y queda encarado a la diosa del pedestal con ruedas"
ESCENAZA.

Por cierto subidón de azúcar con esta entrada...

nomolamos dijo...

pues a mi el giro me ha gustado, aunque me temo que no le faltaran otros..
besitos.

Gota. dijo...

Me ha gustado lo de: "Por ese relativo altruismo que nos impone el amor"
Un altruismo relativo, pues sí...
Toda entrada en este lugar que recomiendan 14 de cada 10 locos es impredecible!

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Nomolamos, parece ser que hay lectores imposibles de contentar: si soy dramático y truculento, mal; si soy pasteloso (y reconozco haberlo sido en esta entrega del cuento), peor.

A mí me gustaría hallar el equilibrio, pero eso lo logran los grandes. Los cabezas de chorlito hemos de conformarnos con pasar el rato divirtiéndonos lo máximo posible.

Saludos.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Uy, Gota, no vi tu comentario porque yo mismo andaba comentando y algo falla en mi cuenta de correo, que debería haberme avisado de tu comentario. En fin... Sí, habría mucho que hablar acerca del "altruismo" del amor. Y también sobre ese tópico según el cual una madre "sacrifica" todo por su hijo.

Pero eso da para otras historias que, por ahora, quedan aparcadas.

Gota. dijo...

Estas cosas pasan, internet por desgracia (o por fortuna) todavía no es perfecto.
Entonces esperaré anhelante dicha historia de este altruismo relativo y del amor de madre =).