AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

sábado, 4 de abril de 2009

Me van a robar a Gusifluky


Ayer Gusifluky salió a recorrer mundo. De nuestro hogar salió un gato y horas después volvió otro gato diferente. No sé si peor o mejor; tan solo diferente.


A su vuelta apestaba a alcohol y a tabaco. Se tambaleaba al andar y balbuceaba consigo mismo incoherencias. Le preparé un café bien cargado, pero cuando salí de la cocina Gusi roncaba en mi cama. No quise despertarlo. En cambio él me ha despertado esta mañana cantando.

—Vaya, pequeño Gusi, veo que llevas bien la resaca.

—Oh, sí, padre. Hoy lo llevo todo estupendamente. Siento como un optimismo que me hace verlo todo distinto.

—¿Ah, sí, hijo mío? Me alegro mucho. Oye, cuéntame qué hiciste anoche.

—¿Anoche? ¡Anoche! Anoche, padre, conocí a una gatita encantadora. ¡Qué digo encantadora; era la gata más adorable del mundo! Se llama Abigaíl, que según la Wikipedia significa "el padre salta de júbilo". ¡Así que salte de júbilo, padre, salte conmigo!

El muy loco me ha cogido de las manos y se ha puesto a dar brincos.

—Ey, perturbinto, relájate un poco y háblame más de esa linda gatita.

—Su nombre también puede significar "fuente de alegría", ¿sabe, padre? ¡Qué acertado nombre! Ah, si usted la hubiera visto... Criatura angelical, hermosura inigualable, maravilla de la naturaleza, absoluta perfección.

—¿Es buena chica? Eso es lo importante.

—No lo sé, padre. No tengo la menor idea. ¿Y sabe lo más raro?, ¡me da igual!

—Uhm, eso no es bueno, hijo mío. No deben darte igual esas cosas.

—Bah. Mire, mire ahí fuera, padre. ¿No nota usted que hoy todo brilla más; que la luz del sol parece más intensa; que los colores son más vivos? ¡Y además todo huele diferente! El mundo parece haberse impregnado de un aroma como de batido de fresa y plátano. Sí, a eso huele hoy la vida.

—Voy a llamar inmediatamente al veterinario.

—Ja ja ja... ¡Deje el teléfono y salte conmigo!

—No voy a ponerme a dar saltos como un bobo, Gusifluky. Dime, ¿te la tiraste?

—¡Por favor, padre, no sea simple! Ni se me pasó por la cabeza. Además, me permito recordarle que usted tuvo a bien castrarme hace unos meses.

—Ah, sí... Bien, cambiemos de tema: ¿de qué hablasteis?

—Hablamos mucho, durante horas, padre, ¡durante horas! Yo la había visto otras veces, pero nunca pensé que alguien como ella pudiera prestar atención a un gato mestizo como yo. Ella es tan... ¿cómo iba yo a atreverme tan siquiera a acercarme a ella? Oh, padre, y sin embargo anoche estuvimos conversando como si nos conociéramos de años. Es tan simpática, tan agradable...

—Vale, vale, pero céntrate: ¿de qué hablasteis?

—¿Y eso qué importa? Con ella hablaría de cualquier cosa con tal de sentirla cerca. Ay, padre, si usted la hubiera visto... Bueno, ya que insiste le diré que discutimos amigablemente sobre la conveniencia o inconveniencia de la pena de muerte, entre otras cosas. Por cierto, le he prestado un libro de los suyos, el que se titula precisamente Pena de muerte, de Helen Prejean. Espero que no le importe.

—Te he dicho mil veces que no prestes mis libros, granuja.

—Tenía que hacerlo, padre. Es por la causa.

—Si es por la causa de abolir la pena de muerte bien está.

—Bueno, también por esa causa que usted dice, pero yo me refería a la causa de garantizarme que volveré a verla cuando nos devuelva el libro.

—¿Y crees que lo devolverá?

—Confío en que sí, me lo prometió. Para ello anoté el número de teléfono de usted en la primera página del libro.

—¡Serás...! Ja ja ja, qué astuto es el pequeño Gusifluky. Usarías lápiz como te he enseñado, ¿no?

—¡Para buscar un lápiz estaba yo! Usé el bolígrafo que me dejó el camarero.

—¡Maldición! Ya me hiciste cabrear. Me voy a leer, déjame solo.

Gusi se ha quedado dando saltos, cantando y, supongo, oliendo a batido de fresa y plátano. Al rato ha abierto la puerta del salón, se ha acercado a mí, ha puesto su patita blanca sobre mi libro y me ha preguntado:

—Padre, ¿el amor pesa?

—Yo creo que no, hijo mío.

—Pues yo creo que sí, porque siento como que algo me oprime el pecho.

11 comentarios:

Lady Pirata dijo...

Oprime el pecho y expande a su libre albedrío los bajos fondos.
Me ha encantao: ¡Bien por Gusi!
Y déjalo, déjalo que se vaya (:

Anónimo dijo...

Ohhh me encantan estas entradas tan pero tan blanditas, si en el fondo nuestro querido Leoni... ejem Gusifluki es, cuando quiere, un amor.


Alelí.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Gracias.

¿Devolverá el libro? Hagan sus apuestas.

lechuga dijo...

depende, ese libro, no lo se, debería saber más de esa gatita, por cierto ese gusifluki me está callendo bien

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Hola, Lechu. Tuve una profe en el cole que nos decía que hay dos cosas que la gente "olvida" devolver: el dinero y los libros. Yo no sé si la gatita devolverá el libro, pero por ahora ni Gusi ni yo vamos a volver a ese local donde es fácil que nos la encontremos. Por ahora vamos a esperar a ver si nos llama. Tenemos que ver de qué pasta está hecha la tal Abigaíl.

Doctora Yvonne dijo...

Leónidas,

por supuesto que la gatita va a devolver el libro. Es tanto lo que le estás suplicando que te llame que ella lo va a hacer, aunque no más sea por lástima...
Aprovecho para informarte que copié esta entrada enterita en mi blog.
Saludetes.

Anónimo dijo...

que esa linda gatita se siente a hablar con un gato mestizo. arrogante. misogino. y borracho no significa nada..... o si. eso nos dice que quizas es buenasamaritana y esa noche gusi fue su buena obra del dia hacia un gato apestoso y falta de cariño.

Javi (de la osera) dijo...

No tiene nada que ver con esta entrada, y puedes borrar este comentario pero como sé que te gustan los vídeos de animales, mira éste...

http://www.youtube.com/watch?v=rebnrnGLKh0&eurl=http%3A%2F%2Fwww.nopuedocreer.com%2Fnoticias%2F4713%2Fvalentia-animal%2F&feature=player_embedded

Lady Pirata dijo...

Apuesto que si Gusi se hace el interesante la gata lo llamará.
Ahora bien, llamándose Abigail y Gusifluky, ya sólo faltaría que al cachorro que tuvieran le llamaran Bubu (el amigo del oso Yogui) y ya serían una familia de Flower Power.
Por la ley de la compensación mejor llamarle Gervasio a la posible descendencia.

No hay nada mejor que hacer el vacio, para que "algunas" hembras saquen sus garras y la rabia contenida.

Lo llama seguro.

Saludos
Lady Repipi

(:

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Yvonne:

Lo único que yo suplico es que cuando copien mis entradas lo hagan respetando las condiciones de la licencia Creative Commons.

Anónimo:

¿Por qué te gusta tanto mi blog?

Javi:

Conocía el vídeo (creo que paso demasiado tiempo en internet). ¿Qué coño le estaría pasando por la cabeza al conejo? Quizá deberíamos replantearnos la idea que tenemos de los "pacíficos" conejos. Esto me recuerda que tengo que contar una anécdota sobre conejos e inglesas...

Lady Pirata:

¡Ey, ey, ey, que Abigaíl es un nombre precioso! Y Gusifluky también. Bubu no, Bubu suena a tonto. Y Gervasio es feo de cojones, en eso estamos de acuerdo, creo.

Anónimo dijo...

El amor pesa con el tiempo, jejeje.

Un saludo.
Mondejar.