AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

viernes, 23 de abril de 2010

La visita del asiático que quería ser albaceteño (I)


Qué extrañas sorpresas nos depara la vida. Anoche, de madrugada, recibí la visita de un viejo conocido de este blog al cual creía definitivamente desaparecido. Me equivocaba.

Sonó el timbre. Din don. Miré el reloj. Eran las dos de la madrugada y siete minutos. Seguí viendo pornografía en internet. Volvió a sonar el timbre. Din don. Volví a mirar el reloj. Seguían siendo las dos y siete de la madrugada. Cerré las ventanas de Windows. Apagué el ordenador. Abrí la puerta. Acojonante visión apareció ante mí.

Tratábase de un señor bajito envuelto en una gabardina, con gafas de sol y sombrero de fieltro. La piel de su cara presentaba un color amarillento de enfermo hepático, o de alguien que lleva mucho tiempo sin recibir las radiaciones solares, o de alguien que es asiático. O quizá de las tres cosas juntas.

A partir de aquí transcribo lo que ha quedado registrado en la grabación (yo es que lo grabo todo; deformación tras muchas horas de Messenger):


Visitante (susurrando): Buenas noches. Disculpe lo intempestivo del momento. He sabido de su existencia leyendo el Diario de un cabeza de chorlito, y necesito hablar con usted. Es de vital importancia que usted y yo tengamos una conversación. ¿Me permite pasar?

Soldadito de Plomo (algo inquieto por el sospechoso aspecto del visitante): Pues... la verdad... no sé yo si son horas de conversar con señores susurrantes cubiertos por gabardina, sombrero, y gafas de sol a las dos y pico de la mañana.

V (bajando aún más la voz): Se lo ruego. Quizá no haya otra oportunidad, y lo que tengo que decirle es por el bien de ambos.

SdP (cediendo a regañadientes): Está bien, pase, pero le advierto que a la más mínima le azuzo al gato.

V (entrando en mi casa y sin dejar de susurrar): ¿Y cómo está el pequeño Gusi, ahora que lo menciona? He sabido por DCC que tiene un problema de parásitos internos. Por cierto, sería inútil que lo azuzara contra mí porque él y yo somos viejos amigos. La verdad es que cuando Leónidas Kowalski vivía aquí yo fui... invitado, digamos, para evitar que ciertas personas me capturaran.

SdP (arrepentido ya por haber dejado entrar a un loco en mi casa) : Bien, bien, muy interesante lo que me cuenta. ¿Podría quitarse las gafas, caballero?

V (desprendiéndose de las gafas y del sombrero, pero no de los susurros): Naturalmente, señor de Plomo, y con mucho gusto me quitaré esta calurosa gabardina también si me indica dónde dejarla.

SdP (temiéndome lo peor): ¿Lleva usted algo bajo la gabardina?

V (ofendido, pero sin dejar de susurrar): ¡Pues claro que llevo algo bajo la gabardina; un traje completo! ¿Me toma usted por un vulgar exhibicionista? ¿Es que no sabe aún quién soy? ¿No le dicen nada mi pelo tieso y mis ojos oblicuos, ahora que me he quitado gafas y sombrero?

SdP (alucinando pepinillos): Discúlpeme, pero no caigo. Quítese la gabardina y siéntase cómodo, como si estuviera en su casa. Adelante, déjelo todo ahí encima, sobre ese sofá, eso es. Y ahora, por favor, siéntese en este otro sofá. ¿Quiere tomar algo?

V (sentándose): ¿Qué puede ofrecerme? Necesito tomar algo fuerte.

SdP (deseando haberme quedado dormido hace rato y que todo esto sea una pesadilla): Tengo de todo dentro de la legalidad vigente. Pida usted por esa boquita de piñón.

V (susurrando como siempre): ¿Tiene alcohol de 96º? Me vendría bien una copita de eso rebajada con un chorrito de agua.

SdP (pensando algo así como "la madre que lo parió, no me extraña que esté cirrótico perdido"): Por supuesto. Ahora mismo se lo traigo, señor...

V (susurrando una vez más el muy cabrón): Gino, profesor Gino. Pero llámeme Misó.

(CONTINUARÁ. ADVIERTO QUE MÁS DE UNA PERSONA HA RECIBIDO LA INFORMACIÓN PERTINENTE PARA ENVIAR AL JUZGADO EN CASO DE QUE ME OCURRA "ALGO" Y NO PUEDA CONTINUAR CON ESTO).

5 comentarios:

Maria dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Capitán Cachalote dijo...

¡Albricias! Nuevo relato, con comienzo prometedor a la vez que sorprendente...A fe mia que lo seguiré con fruición.

El soldadito de plomo dijo...

Hola, María y Capitán Cachalote:

Al principio de recibir la visita de este señor no caí en la cuenta de quién era, sin embargo, tal como contaré próximamente, pronto recordé que se trata de un conocido personaje creado por Leónidas Kowalski (el anterior autor de eta bitácora).

Como parece que no conocíais a al profesor Gino, a continuación os dejo un interesante enlace:

CASI TODO LO QUE HAY SABER SOBRE EL PROFESOR MISÓ GINO .

Capitán Cachalote dijo...

Jooooder, este Misó Gino es un genio, me quito el sombrero ante él. En la entrada titulada "La tesis del oriental" dice verdades como puños...le duelan a quien le duelan.

Con los antecedentes de este personaje, creo que podemos prometérnoslas felices en lo que respecta al relato de la visita del asiático.

Recomendable para los lectores novatos del blog, como yo, ir mirando las viejas entradas. Hay tesoros enterrados.

El soldadito de plomo dijo...

Capitán Cachalote:

Je je je... Yo también pienso que en "La tesis del oriental" se dicen muchas verdades incómodas y políticamente incorrectas. Pero mejor me callo.