AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

sábado, 12 de junio de 2010

La cerveza moruna


Muchas veces nos juntábamos los tres formando un trío de lo más heterogéneo. Si algo teníamos en común era la profesión, porque ya me dirán en qué otra cosa pueden coincidir un francés llamado Renar, un marroquí llamado Rashid y este soldadito de plomo. Bueno, sí, otra cosa había en común: los tres disfrutábamos por igual contemplando los ojos azules de Azra o los ojos negros de Nela, las camareras más guapas que tropas hayan conocido ya sea en paz o en guerra.

Situémonos: verano del año 2001, Bosnia, Mostar, Base Europa, cantina española. Me refiero a la cantina oficial del SNSE, no confundir con el tugurio clandestino de Ingenieros, que no es lo mismo un soldado de zapadores poniéndote un café que un café servido por una mostarca de bandera.

A mí, francamente, nunca me terminó de gustar Rashid -cabo primero del ejército marroquí, cuarentón, flaco y veterano de vérselas con el Polisario-, porque no me da buena espina la gente que habla sin mirarte a la cara. Quizá sea una cuestión cultural y todo eso; a lo mejor a los marroquíes educados les parece una grosería mirarse a la cara cuando se hablan, pero lo que es a mí me da mucho por el saco que me hablen mirando hacia otro lado y casi en susurros como hacía Rashid, y si además me hablan en francés...

Renar -sargento del equipo de municionamiento gabacho, un caballero extremadamente cortés y un chaval joven como yo lo era entonces- sí que me caía bien. Renar se entendía en francés con Rashid y luego reconvertía las palabras del moro al inglés para que yo las medio entendiera con mi inglés de Murcia (pero de Murcia capital, que no tiene nada que ver con el inglés de esos catetos de pueblos murcianos, eh, no nos vayamos a equivocar).

Por alguna razón Rashid, Renar y este menda acabábamos pasando muchos ratos juntos, intercambiando palabras en varios idiomas y sin enterarnos de nada. Y sin que nos importara un carajo, además. Era absurdamente divertido aquello. Hasta que los milicos marroquíes se me atrevesaron del todo aquella tarde estival del año 2001, frente a los ojos azules de Azra y los ojos negros de Nela.

Allí estábamos Rashid, Renar y yo, con nuestros respectivos vasos de cerveza interponiéndose entre las camareras y nuestras fantasías, cuando Rashid vio a través de la amplia cristalera acercarse a un teniente de su ejército. Se deshizo de la cerveza rápidamente -un buen musulmán no le pega al drinking, y además de ser buen musulmán debe parecerlo más que el vecino, no sea que alguien se lleve un disgusto- y nos pidió con la mirada que le guardáramos el secreto. El teniente marroquí entró, se colocó junto a nosotros, pidió un café -estaría harto del insulso té moruno servido, eso sí, con toda ceremonia y parafernalia- y se entregó a la contemplación de los ojos negros de Nela o de los ojos azules de Azra.

Al cabo de unos minutos Rashid se marchó. El teniente moro lo vio alejarse a través de la cristalera. Cuando el oficial marroquí estimó que su subordinado estaba lo bastante lejos se deshizo del café. Y pidió una cerveza.

Renar y yo nos miramos sonrientes sin decir nada. Luego volvimos a concentrarnos en los ojos azules de Azra o en los ojos negros de Nela. Ellas, que sufrieron en Mostar lo del asedio croata, nos devolvían las miradas sin sonreír. Maldita la gracia que les debía de hacer toda esa hipocresía fanática de los preceptos religiosos.

Nela y Azra saben lo que hay detrás de gestos aparentemente inocuos como la leve hipocresía de Rashid y su teniente. Azra y Nela saben que la religión, combinada con la incultura y con la ambición de gentuza ególatra, puede ser muy peligrosa. Por eso no se ríen.

Y un año después estuve en Tarifa a puntito de liarme a cañonazos con los marinos compatriotas de Rashid -vueltas que da la puta vida-. Pero eso es otra historia
.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Plúmbeo y querido amigo.

No se lo tome como algo personal. Tiene usted que entender mi situación. De la noche a la mañana me entero de que Leo ha muerto y que Gusifluki y su Diario están en otras manos… Todo es un poco difícil de canalizar para mí.

Pero no tengo nada en contra suya. De hecho, hasta me parece meritorio su desmedido esfuerzo por mantener esta barca a flote. Ha empezado usted a caerme en gracia.

Por otra parte, reconozco que comienzo a aburrirme de este mi lóbrego anonimato. Especialmente porque veo que no le supone el más nimio interrogante. El bueno de Kowalski se mostraría ávido por tratar de dar con mi identidad. Usted no es ni mejor ni peor, sino diferente. Pese a todo, es hora de ir mostrando mi nombradía. Espero que se acuerde de mi, ya que el recuerdo que yo guardo de ustedes (Kowalski y de Plomo) es bastante gustoso. Para empezar le diré que el azul del mar de Camposoto (ese mismo azul de los ojos de Azra) fue testigo de alguna de nuestras charlas. No es que conversáramos delante del mar, no me tome por ningún homosexual señor de Plomo, pero usted ya me entiende.

Definitivamente ha dejado usted de parecerme gilipollas.

El soldadito de plomo dijo...

En realidad ahora se sabe que Leo no está muerto, y esta bitácora está de nuevo en sus manos. Si yo puedo publicar aquí es porque Leónidas me lo permite (de momento). Eso queda claro en la última parte de "La visita del asiático que quería ser albaceteño".

[Para empezar le diré que el azul del mar de Camposoto (ese mismo azul de los ojos de Azra) fue testigo de alguna de nuestras charlas"]

Qué romántico, ¿no? ¿Llegaste a pedirme en matrimonio?

Anónimo dijo...

Plúmbeo y querido amigo.

Creo que se equivoca Señor de Plomo. No sé porqué ha sacado esa conclusión. Quizá sea porque siempre me dirijo a usted en lugar de a Leo. Si hago eso es porque, pese a que el control del blog vuelve a sus manos, es usted el que sigue escribiendo. En el momento en que comencé a escribir en está su bitácora me había puesto sobradamente al día. Aunque indudablemente, dos años sin leer este blog son demasiados.

Ya sabe quién soy, ¿verdad?

El soldadito de plomo dijo...

Sí, hombre, claro que lo sé ya, gracias a la "curiosa coincidencia" de hacernos amiguitos feisbuqueros de esos que están tan de moda.

Me alegro mucho de saber de ti, querido compañero. Este verano, cuando andes de vacaciones por aquí, espero que me mandes un correo avisándome para tomar unas copas, que seguro que tienes mucho que contarme. Me cuadraré y todo cuando te vea.

Guerras dijo...

Plúmbeo y querido compañero.

Alégrome de poder desprender la pueril mascara del anonimato. Era solo una “joda”, que dicen los argentinos. En el fondo siempre quise ser uno de tus jodidos personajes…

¿Cómo nos trata la vida? ¿Qué tal anda Gusifluki? Por lo que alcanzo a leer por aquí… sigue todo al mismo ritmo, chiflado y demente, que cuando lo deje. Y he de decir que eso me encanta. Mwjajaja (si me permites la licencia de usar vuestra malévola risotada de tebeo).

Sorprendido me dejaste cuando en esta santa institución en que me encuentro me tope con afanosos seguidores de tus andanzas y estos, al ver un comentario mío en una entrada antigua, corrieron a preguntarme si te conocía. “¿Qué si lo conozco? ¡¡La madre que lo pario!!”. Son pocos pero bastante fieles a tus entradas (especialmente si rayan la temática militar).

Pienso avisarte cuando baje este verano, allá por el final de julio, y ya nos contaremos. Que la verdad es que si que hay mucho que contar. Por cierto, ¿sabemos algo de nuestro cabo soldador favorito (con nombre de virgen mexicana)? Podíamos llamarlo también.

En fin. Por aquí seguiré para leerte entre examen y examen, una puta semana me queda.

A más ver.

El soldadito de plomo dijo...

Hola, Ángel:

La vida me trata todo lo bien que la dejo, y Gusifluky está hecho un vividor, gracias.

No sé si es bueno o malo que me lean en esos ambientes. Probablemente no sea ni bueno para mí ni para la formación de esos señores. Y a propósito de eso te diré que el año pasado coincidiste allí durante cuatro meses con una personita muy, pero que muy querida por mí.

Nuestro cabo soldador... Mejor que te cuente él cómo está, y a ser posible que lo haga en un día diferente al que escojas para estar conmigo.

Céntrate en los exámenes, Angelito, y deja DCC para el verano. Estudia, hijo mío, estudia para que el día de mañana no seas como yo.

Abrazos.

Pajeú dijo...

¿Por donde andas Soldadito, con tu patita coja?

Gerardo dijo...

Yo en cambio conozco a un chaval senegalés que fuma porros como un animal, pero no prueba ni gota de alcohol. Lo hemos intentado, pero nada. Y sale toda la semana hasta reventar (los veintitantos, es lo que tienen), por tentaciones, que no falten.

Y el cerdo, ni tocarlo. Je, una vez comió empanada con chorizo y no le dijimos nada... hasta después de comerla, claro.