AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Adelante, dijo Gusifluky


Ese hijo de puta de Gusifluky saltó una vez más al escritorio y empezó a frotar su cara contra mi hocico. Intenté apartarlo pero se resistió. Finalmente acepté sus caricias y escuché sus palabras:

-¿Qué le pasa, padre? ¡Sea feliz, hombre!

-¿Cómo voy a serlo, gato, hijo mío, si cuanto más paciente e ingenuo soy, más me demuestran que ando errado? La felicidad, pequeño Gusi, es cosa de gatos como tú o de putas como... como todas, hijo.

-¡No, padre, no; algunas se escapan!

-MWAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA...

-¡Padre, por favor, deje de reírse así! Me da usted miedo cuando le sale esa risa.

-No temas de mí, pequeña cosita. Ay, Gusi, eres tan inocente, tan indefenso y tan... tan joven e inexperto que me dan ganas de... de hacerte algo malo para ahorrarte sufrimientos.

-Padre, ya vale. Está usted muy raro y dice cosas que no entiendo. Sea lo que sea que pase por su cabeza seguro que es más divertido jugar conmigo. ¿Qué tal una sesión del "Quetepilloquetepillo"? O si le parece mejor me meto en esa caja de cartón y vuelvo a hacerme el tonto sacando la pata por una rendija, ¡aún no me ha sacado fotos haciendo eso! ¿Eh, padre, qué le parece? Podemos... ¡Podemos también jugar a que yo abro la nevera y usted me persigue simulando enojo por toda la casa! ¡También puedo mordisquear las nuevas sillas de la cocina! ¿Eso sí, padre? ¡Se le da muy bien hacerse el cabreado! Sí, sí, sí, padre, juguemos a algo, a lo que sea, ¡pero cambie esa cara de derrota!

-Tienes razón, Gusifluky, tienes razón. Tengo que ser como tú y aprender a vivir sin pensar en otros que no sean yo; sin preocuparme por el mañana y sin recordar el ayer; sin hacer caso de lo que digan los pocos bienintencionados y mucho menos de lo que digan tantísimos hijos de puta cuyo único fin es hacer daño. Tengo que aprender a ser un gato.

Gusifluky interrumpe su higiene y deja de lamerse entre los dedos de la pata trasera derecha. Me guiña un ojo, sonríe y dice:

-Adelante.

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