AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

domingo, 21 de enero de 2007

El niño que me llamó tonto

(Publicado originalmente el 30 de Abril de 2006 en Spaces).


Supongo que a todos, de un modo u otro y con más o menos frecuencia , nos han insultado, o lo han intentado con variable éxito. Y de eso quiero hablar ahora; de la ocasión en que más dolido me sentí por un insulto. No es que le importe a nadie, claro, pero a mí el asunto no deja de darme vueltas por la cabeza, por los ecos emocionales que aún reverberan, y por el medio que la vida puso ante mí para que ese insulto me alcanzara como me alcanzó: un niño de tres años.

Se llama Ángel, y una vez fuimos amigos. Yo aún lo soy de él. Él ni se acordará de mí, pero durante un tiempo compartimos mucho. Ni la educación que él había recibido, ni mi falta de experiencia con niños nos pusieron las cosas fáciles; fue duro y lento el hacernos amigos . Ambos nos tuvimos que replantear ciertas cosas y ceder terreno, y el proceso parecía prometedor. Aún me me emociona el recuerdo de verlo acercarse a mí y preguntarme muy educadamente "Javi, ¿me ayudas?" . Pero una tarde, en uno de esos momentos de infausto recuerdo que todos tenemos en la vida, me llamó tonto. Y lo peor es que lo hizo con razón.

Su madre estaba llorando. Yo, aun sin lágrimas, más que ella. No importa ya el motivo de esos llantos, lo único que importa es que había un niño de tres años viendo a su madre sufrir. No importa que él no comprendiera lo que ocurría; importa tan sólo que no supimos transmitirle la seguridad y estabilidad que él necesitaba.

Angelito intuyó que yo era el culpable de las lágrimas de su madre; aún no podía saber que a veces las cosas no son ni blancas ni negras, ni que no siempre hay culpables e inocentes. Simplemente me culpó. Con su carita congestionada por la ira, tomando aire, me gritó a la cara "¡TONTO!". Era lo peor que según su vocabulario se le podía llamar a alguien. Puso en ello toda su rabia, todo su desconcierto, toda su invalidez... y ese "tonto" se me clavó en el alma, para siempre, me temo.

Alguien debía mantener la cordura ante todo lo que estaba pasando, y si su madre no podía era mi responsabilidad velar por que Angelito no notara nada. Pero no supe estar a la altura, de modo que eso, tonto y mil veces tonto.

Me han insultado de muchas y variadas formas a lo largo de mi vida, y espero que lo sigan intentando porque es garantía de que algo funciona y de que mis actos siguen teniendo resonancia para algunas personas, es decir, que sigo existiendo. Pero anhelo un dios al que pedir que nunca más vea en nadie lo que vi en la cara de mi amigo Ángel, que con sus tres añitos me insultó de un modo que nadie ha podido superar, ni siquiera igualar.

Ojalá alguna vez, por esos azares de la vida, dentro de muchos años tú y yo hablemos de esto largo y tendido, amigo Ángel.


1 comentario:

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Comentario importado desde su anterior ubicación en Spaces:

BelsanEmpress
Carajo, ahora es cuando uno tiene que taparse la cara y fingir que no va a llorar.
30/04/2006 16:51
(http://spaces.msn.com/belsanempress/)