AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

domingo, 21 de enero de 2007

A veces todo se tuerce

(Publicado antes en Spaces, el día 22 de Marzo de 2006).



A veces todo se tuerce, de manera irreversible y hasta un punto en el que no te atreviste ni a vislumbrar en tus pesadillas, y cuando pensaste que ya no se podía caer más ocurre algo que te saca de tu error, y descubres, entre asombrado y triste, que el pozo de mierda es muy, pero que muy profundo; es verdaderamente insondable.

Eres joven, pero lo bastante experimentado para creer que pronto tocarás fondo, y que nuevas, diferentes oportunidades, aparecerán ante ti. Sin embargo ya hace demasiado tiempo que piensas eso, y el dolor, al igual que el pozo, se hace cada vez más profundo. Y empiezas a dudar que puedas aguantar por mucho tiempo, empiezas a dudar de que puedas aguantar ni un minuto más.

En ocasiones crees que cada una de las nuevas oportunidades no es si no una tregua para que ese insidioso enemigo -llámalo vida, mala suerte, castigo divino o lo que más convenga a tus creencias- se rearme y así pueda, con mayor crueldad, seguir destruyéndote. Y quieres rendirte, pedir clemencia, descansar, olvidar, dormir sin sueños perturbadores, y al despertar no recordar tu nombre.

Pero no existe escapatoria, ni tienes a quien pedir compasión. Sólo existe llanto, y silencio. Y tiempo, un tiempo que te sobra, un tiempo que no quieres, un tiempo que te va matando segundo a segundo, y si prestas mucha atención notas que en algún lugar cercano se rompe el silencio, y es el tiempo, queriendo sofocar una carcajada. Si prestas atención puedes oír al tiempo burlándose de ti.

Y quieres ensordecer y cegarte, pero no enmudecer, porque un grito largamente contenido necesita hacer vibrar el aire y acallar la risa del tiempo. Pero no, continuarás oyendo, viendo, y no te atreverás a gritar, y morirás en silencio. Y deseas que sea pronto.

Agosto, 2004.

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