AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

martes, 18 de diciembre de 2007

Cien pesetas para Caronte


Voy a hablarles de una compañera a la que llamaré Sofía, o más bien de su padre, y también voy a pedirles, sin que sirva de precedente, que aparquen su escepticismo y se dejen llevar por la poesía que hay en la experiencia que Sofi me ha contado. Esta no es mi historia, ni siquiera es la historia de Sofía. Es, en verdad, el final de otra historia: la de su padre.

Sofía tiene ahora veinticuatro años. A los diecisiete se quedó huérfana porque en una carretera de Jerez sus padres murieron en uno de tantos accidentes de tráfico. Lo que hizo Sofía desde entonces hasta hoy no es asunto que nos interese. Digamos que supo sobrevivir. A mí Sofi no me cae demasiado bien. Les podría explicar por qué, pero tampoco eso es asunto que tenga que ver con la historia.

Sofía estuvo engañada todos estos años. Alguien le dio una versión falsa sobre el accidente que mató a sus padres. Ayer me hablaba de todo esto. No entramos en detalles sobre la versión que sus tías le contaron, pero deduzco que era una versión descafeinada, con muertes instantáneas y sin sufrimiento. Lo de siempre, ya saben. La muerte vestida de rosa. ¡Ja!

El caso es que Sofía acaba de leer el atestado policial y los informes médicos. Se ha enterado de que el accidente no fue exactamente como le dijeron. Ahora sabe que su madre no murió en el acto, aunque tampoco resistió tanto como su marido. Sofía ha descubierto que su padre tuvo una larga agonía, contrariamente a lo que le habían contado. Su padre permanecía vivo cuando ya estaban allí los de la Unidad de Cuidados Intensivos, la Guardia Civil y los bomberos con el equipo de descarcelación. Fueron muchos los testigos que lo vieron consciente en sus últimos minutos.

Dice el atestado de la Guardia Civil que el padre de Sofía tenía un puño cerrado cuando lo rescataron, ya cadáver, del amasijo de metal, y que ese puño ocultaba una moneda de cien pesetas. Dicen las tías de Sofía que su padre creía firmemente en el mito del barquero Caronte, ese tipo malencarado que te lleva al otro lado del río si tienes una moneda para pagar el viaje.

Sofía me contaba esto con genio, con mala leche. Supe que estaba a punto de echarse a llorar, esas cosas se notan. Y además sé que lo necesitaba. Me hubiera gustado abrazarla y darle mi hombro pero, no sé, no me atreví. Qué lástima no haberlo hecho.

Ahora no dejo de pensar en ese puño cerrado con una moneda dentro. Pienso en lo que significa. Pienso en lo que debió de sentir el moribundo mirando a su lado y viendo a su mujer agonizando y después muerta. Me imagino el esfuerzo sobrehumano que hizo para encontrar y sostener esa moneda en sus minutos finales. Se sintió morir y dedicó sus últimos momentos a cumplir con el ritual. Cualquier cosa antes que enfrentarse a Caronte sin una moneda para pagar el pasaje. Es más, aquel día la tarifa era de cincuenta pesetas, estoy seguro de ello. También estoy seguro de que el padre de Sofía tenía cambio, pero usó la moneda de cien porque quiso pagar los dos billetes: el suyo y el de su esposa. Eso es lo que se espera de un caballero, ¿no?

Este cabeza de chorlito que les habla, a pesar de su escepticismo, no puede evitar emocionarse al contarles esto. Reconozco que envidio algo a quienes, como el padre de Sofía, se fueron con alguna esperanza. Yo no hubiera tenido nada a lo que aferrarme en ese momento, y en un trance así, por escéptico que seas, estoy seguro de que viene bien creer en algo, y dadas las circunstancias poco importa que ese algo sea real o no lo sea. Les confesaré un secreto: el día que la Desnarigada me alcance, si me percato de Su Presencia, quiero creer en algo. En lo que sea. Quiero llevar mi moneda para Caronte. Puede que ése sea el único momento en que es bueno ser irracional.


29 comentarios:

Lola dijo...

Lo siento, no puedo estar de acuerdo.

La historia es algo tierna, sí, pero no puedo estar de acuerdo en que, cuando llegue el final, sea bueno ser irracional. Es como dedicar toda la vida a construir un edificio y, en el último momento, dinamitarlo. Al menos, es lo que me parece a mí.

Saludos. Lola.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Me alegro de que, por una vez, estemos en desacuerdo, Lola.

Siguiendo con tu metáfora de la construcción del edificio, te diré que los edificios deben ser construidos para mejorar nuestra calidad de vida, y todo esfuerzo encaminado a ello está bien. Por tanto, tiene sentido esforzarse por reunir cemento, ladrillos, etc,¡y pagaremos abusivas hipotecas!, son una inversión de futuro. Pero... ¿por qué pagar la letra de la hipoteca si no hay futuro?

En el caso que propongo en la entrada, o sea, cuando ya un individuo tiene una muerte inevitable encima, ¿qué más da todo? ¡Dejémoslo morir con creencias irracionales si es lo que quiere! ¿No crees que eso le hará el trance más llevadero?

Yo no quiero ser creyente (ni puedo). Creo que la vida es más rica si dejamos olvidadas las creencias irracionales, pero en el caso extremo de verme morir, ¿qué importa una u otra cosa? ¿Qué daño hago a los demás albergando esperanzas absurdas que no voy a transmitir y que sólo sirven (si de algo sirven) para darme una muerte más plácida?

Lola dijo...

No tengo objeción alguna en que aquel que sea creyente, que tenga alguna ilusión, alguna esperanza, se aferre a todo ello en sus últimos segundos. No seré yo quien acuda al lecho de muerte de un creyente para decirle "no seas bobo, nadie te espera". Eso sería muy cruel por mi parte y, en última instancia, aunque es muy poco probable, no se puede despachar con un categórico "es imposible".

Pero sí objeto al respecto de que si procuras mantenerte con una mínima racionalidad a lo largo de tu vida (cosa que no es fácil), lo abandones todo en el último momento. ¿Que no se va a enterar nadie? Es posible. Pero es una forma de traicionarte.

Dices:

"¿Qué daño hago a los demás albergando esperanzas absurdas que no voy a transmitir y que sólo sirven (si de algo sirven) para darme una muerte más plácida?"

Tú no lo haces. Quiero decir, no haces ese daño. Pero, por desgracia, es posible que a tu muerte otros vengan a utilizar tu debilidad o, incluso, a inventarla, para "vender" que incluso "los malvados escépticos comeniños", cuando llega la hora de la verdad, "se redimen". No sería la primera vez. Y sí, estoy buscando el "mardito" enlace para darte un ejemplo palpable X-)

Nunca estaremos de acuerdo, la muerte y la cercanía a la misma se vive de una forma muy personal, y sólo puedo conocer la mía. Para mí misma, como digo más arriba, me resultaría una auto-traición. Pero no lo extrapoles. Ya digo que no podremos estar de acuerdo.

Saludos. Lola.

Dana dijo...

Hombre... Cuanto menos es curioso. No sé si a mi en ese momento se me ocurriría algo así. Pero supongo que es cuestión de verse, aunque espero no verme en mucho tiempo!!

Sensei Kátorga dijo...

Pues allí estará en la Estigia cien años hasta poder pasar al otro lado aunque sin dos óbolos que dar al astuto y avaro barquero...

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Lola, como dices, es algo muy personal, y allá cada cual con su forma de enfrentarse a la muerte. Yo sigo pensando que en el caso de vérmela encima manteniendo la lucidez (cosa improbable porque lo normal es morir de manera repentina sin llegar a enterarnos de qué está pasando, o más habitualmente en un hospital bajo sedación o tras un período en coma), querría tener alguna creencia irracional que me haga irme con una ilusión. Otra cosa es que eso pueda ser posible tras una vida escéptica. Yo no sé si podría, pero sé que me gustaría.

Eso sí, y aquí estaremos de acuerdo, quiero que sea de manera íntima. En total secreto. Aunque yo no sea Carl Sagan, ni un activo divulgador del escepticismo como lo eres tú, no quiero que nadie pueda nunca decir que Leónidas se hizo creyente en sus últimos momentos de vida, porque en ese caso mi irracionalidad terminal sería transmitida contribuyendo, aunque muy humildemente, a hacer un mundo peor. Eso es justo lo que no quiero. Por lo demás, abogo por dejar que cada uno muera lo mejor que pueda, creencias religiosas incluidas, siempre y cuando lo haga de un modo íntimo.

En resumidas cuentas: si en mis últimos minutos creo en un dios, o en un Más Allá, y eso me hace desaparecer con algo de felicidad, bienvenido sea, pero que nadie se entere, porque estoy convencido, como tú, de que los misticismos no nos hacen ningún bien a la larga.

Lola dijo...

Ya lo he dicho en el anterior comentario:

« No tengo objeción alguna en que aquel que sea creyente, que tenga alguna ilusión, alguna esperanza, se aferre a todo ello en sus últimos segundos. No seré yo quien acuda al lecho de muerte de un creyente para decirle "no seas bobo, nadie te espera". Eso sería muy cruel por mi parte y, en última instancia, aunque es muy poco probable, no se puede despachar con un categórico "es imposible". »

Si hiciera algo así, sería una de esas necias que se creen más que los demás. Por eso procuré distinguirlo de cuando se intenta ser racional y se abandona en el último momento, aunque me hizo falta un segundo intento para que quedara claro.

Saludos. Lola.

Juan Mondejar Garcia dijo...

Una historia llena de una naturalidad extrema. Aunque me extraña que la policía no se quedara la moneda. Me gusta, creo que cualquier pensamiento que nos haga la vida mas fácil es positivo y más para aceptar la propia muerte ó la de seres queridos. ¿Donde esta mama? Yo le diré que en el cielo, y me lo creeré igual que él aunque sepa que realmente esta en el infierno.

Algunas veces, necesitamos engañarnos un poco, aunque sea para no ver los gilipollas que somos, ya que si a la verdad vamos, podríamos empezar a analizar nuestro trabajo, vida, estilo y así darnos cuenta que LA VERDAD es que somos patéticos.
¿Es mejor pensar que nos comen los gusanos, apestamos y no hay diferencias con el perro de la cuneta? Eso ya lo sabemos todos!!.
Pero tambien sabemos que trabajando nunca nos haremos ricos y todos los dias trabajamos.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

No, Mondéjar, tampoco te pases. Yo trabajo porque quiero vivir con unos lujos modestos (¿lujos modestos? Suena muy contradictorio), pero no está entre mis objetivos hacerme rico. Aunque suene a tópico la verdad es que no creo que el dinero dé la felicidad.

Dices que algunas veces necesitamos engañarnos para no ver lo patéticos que somos. Estoy en desacuerdo contigo, porque si somos tan patéticos es precisamente porque nos engañamos, y con todo ese engaño perpetuamos nuestro patetismo.

juan mondejar garcia dijo...

Querido Leonidas: Yo no digo nada de querer ser rico, aunque me gustaria, no rico pero si tener lo suficiente como para no tener que trabajar.

No me he explicado bien en lo de enganarños, lo que quiero decir es que si somos frios, calculadores y actuaramos razonablemente, creo que nos suicidariamos todos, no por nada, solo por ahorrar tiempo.

Es como una pelicula en la que el final no es lo importante y encima ya lo conoces y es el mismo para todas. Pues si eres el protagonista preocupate solo de ser feliz mientras dura, buscar alicientes e interactuar con otros protagonistas y conocerte. Nos engañamos porque nos jode saber que estamos en una pelicula que termina y ahí se queda y ese final es el mismo hagas lo que hagas. Aunque mires la hora en un Rolex, la mires en un casio o ni la conozcas.

Estas en un sueño, y dentro del sueño tienes que desempeñar un trabajo para vivir y pagar tus deudas diarias, ¿si supieras que es un sueño, trabajarias? Pues esto es igual, queremos tener coche, casa, triunfar y estamos en un sueño con un final que ya conocemos en el que nada nos pertenece no tenemos control ni de nosotros.

Bueno, esto de explicarme no es lo mio, ya lo hablaremos saludos.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Sí, Mondéjar, ya lo hablaremos si quieres, que hay mucho que hablar. Ve reservándome un hueco en tu agenda que voy a estar allí del 24 al 27.

Lola dijo...

Mondéjar, ya que he estrenado los comentarios de esta entrada discrepando con Leónidas, espero que no te importe que discrepe también contigo en un párrafo:

"No me he explicado bien en lo de enganarños, lo que quiero decir es que si somos frios, calculadores y actuaramos razonablemente, creo que nos suicidariamos todos, no por nada, solo por ahorrar tiempo."

Tengo la sensación, corrígeme si me equivoco, de que se une la imagen de ser racional con la de ser frío, en el sentido de "carente de sentimientos" o, por lo menos, que lo aparenta. Pero eso no es cierto. Quizá lo que me falla es que no veo ligado a "actuar razonablemente" el ser frío y calculador. Para mí, una persona calculadora es manipuladora, y, de nuevo para mí, una persona es manipuladora por causas que no tienen nada que ver con la racionalidad, aunque puedan disfrazarlo de tal.

Se puede ser racional y disfrutar de la vida. Se puede ser racional y emocionarse con un amanecer. Se puede ser racional y sentir que se te escapan las lágrimas cuando ves a una madre amamantando a sus crías, cuando con tus propias manos eres capaz de crear vida y la ves brotar, cuando te das cuenta de que has tenido una oportunidad mágica, prácticamente imposible, de disfrutar de todos los momentos que hacen de la experiencia de estar vivo algo maravilloso.

No hay contradicción entre aceptar el mundo tal y como es, y emocionarse con los pequeños (y grandes) momentos, de alguna manera, mágicos, que te puede ofrecer.

Actuar racionalmente no es sinónimo de ser frío.

Saludos. Lola.

Juan Mondejar Garcia dijo...

Lola, me refiero a que si analizáramos y sometiéramos a un balance a la humanidad, no tardaríamos en darnos cuenta de lo poco que merece la pena, el lado negativo pesa mas que el positivo, y el suicidio o extinción seria lo aconsejable por no pertenecer a esta especie tan dañina, razonándolo llegaríamos a ese fin.

Analizándolo desde una visión personal, mas intima, pues la cosa cambia porque cada uno tiene su mundo donde empieza la puerta de su casa y el que seamos racionales ayuda, pero también esa racionalidad hace que se sufra mucho. Porque igual que cuando miras al cielo te asombras de lo que ves y tienes capacidad para ver lo magnifico de lo cotidiano, también eres consciente de que formas parte de esa gran mierda general de humanidad.

Y entonces necesitamos ser egoístas, lo justo para sobrevivir, si no fuéramos así ¿Cómo nos iba a sentar bien la cena de nochebuena con el hambre que hay?

A mi me encanta la naturaleza y me sorprendo con casi todo lo que veo mientras paseo por el campo, me gusta ver donde no hay nada, pero eso mismo hace que vea que este mundo en general es una gran patata podrida y formo parte de él. Aunque luches y nades a contracorriente lo haces en un río que forma parte de este mundo.

Para mi ser racional no es lo mismo que ser frío y calculador pero veo necesaria esa frialdad y ese egoísmo para poder vivir de una forma racional en este loco mundo.
Saludos.

Lola dijo...

Ah, ya comprendo, lo planteabas desde la perspectiva de hacer balance de lo que es la humanidad. Sí, es una mierda, para qué nos vamos a andar con florituras.

No puedo pensar bien de una especie donde las madres premian a los hijos que les roban y maltratan a los que quieren impedir ese atropello.

No puedo pensar bien de una especie que genera criaturas que por envidia te arrastran a la locura y buscan tu muerte.

No puedo pensar bien de una especie a la que le basta con decir "asesina" a una persona para dejarla marcada para siempre con ese estigma.

A mí no me queda otro remedio que seguir viviendo en este mundo de mierda, ya estoy aquí, y aunque hay quien se muere de ganas, no tengo intención de suicidarme. Pero, mientras pueda evitarlo, no traeré hijos a este mundo. Les quiero tanto, que no quiero que sufran mi capricho egoísta de tener un bebé en brazos y una compañía en mis últimos días.

Saludos. Lola.

Juan Mondejar Garcia. dijo...

Respecto a los hijos:
Si a dia de hoy me preguntaran ¿preferirias no haber nacido? mi respuesta seria NO. Pienso que entre toda la mierda algunas pequeñas cosan merecen toda una vida. Tambien soy consciente de la putada que haces al meter un nuevo jugador en este mundo, pero siempre podrá suicidarse cuando quiera. :)

Saludos.

lucia dijo...

Lo jodido es que cuando te llega la hora y te da tiempo a darte cuenta de que esta pasando, lo unico que se puede sentir es miedo, aunque seas el más valiente, creyente...
Esto es una puta mierda que cuando menos te lo esperas se rompe la vida, el final de todos lo sabemos, lo que es cuestionable es si decidimos cuando acabar, por lo menos poder decidir cuando.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Bah, Lucía, no me seas tan dramática. Sé más optimista, coñe, que tú eres creyente y se supone que eso te tiene que servir para algo, ¿no?

Inconformista dijo...

Sinceramente, dudo mucho que después de una viada racionalizando lo que hay tras la muerte, uno pueda hacer el esfuerzo imaginativo de esperar algo agradable, bueno... de esperar algo. Más bien creo que los conocimientos pesarán sobre los sentimientos y siento joderte la ilusión, Leo.

Con respecto a lo que nos dice Mondejar, me quedo sorprendido. Da la sensación de que quiere vivir la vida (corregidme si me equivoco) solo porque espera que nunca acabe, solo cambie de formato. Yo lo veo más bien al revés. Para mí la vida hay que apurarla, disfrutando cada momento precisamente porque, cuando me da por ilustrarme y descubro que es finita, quiero morir sabiendo que sencillamente desapareceré pero que me lo pasé de puta madre mientras tuve la opotunidad. Que sé que la magia no existe es verdad, pero sí existe la prestidigitación y es muy bonita.

Lucia, como a Leo, siempre me ha sorprendido que las personas creyentes teman a la muerte. No lo entiendo. Si esperase la gloria eterna, soy demasiado impaciente para esparar a morirme, me moriría hoy. Por eso no entiendo que, quien la espera, no se alegre de la muerte de sus seres queridos o de acoja la propia con alegría. ¿me lo puedes explicar tú?

Leo, la historia es preciosa, pero me temo que hemos iniciado un camino que nos llevará a no repetirla en nuestras carnes.

lucia dijo...

A ver incorformista aprediz de leomania, ¿a ti quien te ha dicho que soy creyente?.
A veces tu maestro se equivoca, es normal, muchas charlas, para acordarse de con quien ha tocado los temas.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Ah, ¿pero no eres creyente, Lucía? Pues yo estaba convencido de que sí. Es más, lo sigo estando.

Muy mal, eh, muy mal eso de arremeter contra otros lectores que no han hecho nada más que una inocente pregunta.

Layose dijo...

La muerte puede ser en ocasiones muy dolorosa para los que nos rodean en ese momento. Por lo menos ella guarda una bonita historia que podrá recordar sin sentirse enormemente mal.
La huesuda nos alcanza a todos, por mucho que corramos.
Un saludo muy grande Leo ;)

Lola dijo...

Layose:

"La huesuda nos alcanza a todos, por mucho que corramos."

Eso me ha recordado una cita, lo que pasa es que ahora no recuerdo de quién, que decía algo como esto:

La muerte está tan segura de ganar, que nos da toda la vida por delante.

Saludos. Lola.

GUIZMO dijo...

Alguna vez he pensado en este tipo de cosas y es curioso. Yo no soy creyente pero en cierto sentido "me gustaría creer". Básicamente porque no voy a decir la brabuconada esa de que no le tengo miedo a la muerte. Es más le tengo mucho miedo y cuando ese momento llegué me encantaría pensar que va a haber algo después, que con la muerte no se ha terminado mi existencia (llamémosla "existencia" o "otra vida" o como queramos). Lo dicho, es un tema relativamente curioso.

cristy dijo...

Acá en Argentina, no creemos en eso de pagarle a un tipo para que te cruce al otro lado del charco.
en realidad no sé en que creemos, supongo que en la cosa católica del cielo y el infierno.
Decime esa cancioncita es muy vieja no?
Recuerdo que mi mamá tenía un librito de coplas españolas y me parece q estaba esa cancioncilla , puede ser?

besos

Carabiru dijo...

Vaya, me has dejado sin palabras...
Yo creo que es bueno que al morir tengas al menos la esperanza de que hay algo despues, quizá no sirva de nada, pero bueno.

Salu2

Dana dijo...

Yo no creo que el dinero de la felicidad... Pero creeme que ayuda mucho a solucionar ciertos problemas en la vida y ciertas comeduras de cabeza que tienes cuando eres pobre. Siendo rico te pueden pasar muchas cosas iguales a cuando no lo eres, pero tienes medios para afrontar algunas de ellas que no podrías llevar p'alante cuando no lo eres.

Yo soy pobrísima y quién diga que con un sueldo normal y pagando piso, comida, etc.. dandose ciertos caprichos como cine, ropa, salir a cenar de vez en cuando, vive bien, es por que es un miserable, porque yo me permito todo eso y soy pobrísima!!

Vivir bien es para mi, otra cosa. Es acostarse tranquilo pensando que tu casa está pagada. Que puedes enfermar o pasarte cualquier cosa y no dejarás desamparado a nadie. Que no tienes que pagar la letra del coche, que todos los días tendrás comida. Que puedes irte de viaje y conocer el mundo sin pasar 1 año ahorrando... Son tantas cosas...

Miri dijo...

Pues yo recuerdo que, cuando era creyente, la idea de que existiera vida después de la muerte me agobiaba todavía más que el hecho de que no hubiera nada. Vivir hasta la eternidad tiene que ser harto aburrido, pero aparte, tener que estar pendiente toda tu vida de no meter la pata por si acaso vas al infierno, tener que preocuparte de tu familia para que no fueran ellos... buf, la verdad es que me sentía agobiada. A menudo pensaba: "joer, bien podría no haber nada y poder vivir tranquilos aquí hasta que nos muramos". Con la reencarnación pasaría igual: "¿Y si me reencarno en un psicópata? ¿Y si me reencarno en parásito intestinal? Jo, vaya putada. Pues el tipo de los veinte duros para Caronte debería estar desesperado al ver que su mujer se había ido sin moneda. ¿Y si sus hijos se olvidaban el día de mañana de llevarse 100 pesetas? ¿Y si su muerte era repentina y no les daba tiempo a hurgarse en los bolsillos? Uy, por Dios, vaya preocupación... no creo que necesariamente creer en Caronte le aportara ningún alivio, francamente.

Lo que es respecto a la propia muerte, la verdad es que me quedo más tranquila si no hay nada después de la vida. Una vez que se acabe, no hay más placer, pero tampoco más sufrimiento. No lo pasas bien, pero tampoco mal. Y al fin y al cabo los que se quedan aquí, en pocos años estarán igual que tú. Y en el transcurso, tú no habrás sido ni consciente del tiempo que pasó entre la muerte de ambos. Si por algo me gustaría creer en el más allá es porque eso haría más llevadera la muerte de los familiares. No es lo mismo pensar que se fueron para siempre que que algún día los verás. Aunque por otra parte, no me quedaría tranquila si tuviera que pensar que mis familiares muertos están ardiendo en el infierno o esperando un barco que no pueden pagar porque se les olvidó llevarse una moneda... así que al fin y al cabo, no sé qué será peor, si creer o no creer.

Lo que me da pánico a mí es morirme con cosas pendientes de decir. Me aterra pensar que, justo después de una discusión con mi familia, pudiera tener un accidente. Pensar que lo último que les hubiera dicho es algo desagradable, y que esas palabras perduraran para siempre en su mente como mi despedida... por eso procuro que no pase. Si aquí se quedan los cabos ligados, no hace falta otra vida.

Un besito,
Miri

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Cristy, tampoco en España se cree en ese mito, que tiene su origen en la mitología de la antigua Grecia. El caso que cuento es, desde luego, rarísimo. En cuanto a la canción "Al pasar la barca", sí, debe de ser bastante antigua, pero ni idea de cuándo empezó a cantarse. Es una canción infantil a la que los niños no le encuentran un significado más allá de lo puramente literal, pero analizada detenidamente esconde una historia terrible. Algo parecido sucede con otras canciones infantiles, que a pesar de ser dirigidas a niños cuentan crueldades o desgracias. Se me ocurren a hora, por ejemplo, las de "Mambrú se fue a la guerra", o la de "Estaba el Señor Don Gato". No sé, igual es que soy un sentimental, pero me parecen canciones muy tristes.

Estoy de acuerdo contigo, Carabiru, pero insisto una vez más en que a mí me gustaría que eso ocurriera de un modo íntimo, en absoluto secreto conmigo mismo y en el último momento.

Dana, creo que me he perdido algo, porque no tengo no encuentro la menor relación entre tu comentario y la entrada en la que lo dejas.

Miri, dices: "Lo que me da pánico a mí es morirme con cosas pendientes de decir". Pues no te preocupes mucho por eso, chiquilla, que a juzgar por los comentarios que dejas en DCC yo creo que vas por muy buen camino para decirlo todo, todo, todo.

Saludos, gente.

marmota dijo...

Es muy bonito esto.
Es muy feo enterarte de que la muerte de alguien a quien querías no fue como te lo habían contado.