AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Por tres veces renegaste de mí


Como Pedro traicionando a Jesucristo, tres veces has renegado de mí.

A nadie has contado que quisiste casarte conmigo. Querías hacerlo, pero sin dar publicidad a tus intenciones, porque siempre esperabas una oferta mejor. Es lo que pasa cuando se es incapaz de sentir amor y se basa la felicidad en... ¿en qué, Teruky, en qué basa la felicidad alguien como tú? ¿Un marido con mejor sueldo? ¿Un marido con ambiciones económicas? Sí, Ter, es eso, tú y yo lo sabemos a estas alturas. En realidad tú siempre lo has sabido, y yo tardé en comprenderlo. Cuántas veces presumiste de haberte llevado a la cama a esos millonarios y famosillos, ¿damos nombres? No, no seré yo quien dé nombres, Ter, pero ten en cuenta que ellos se te follaban y ninguno se quedó contigo, y fíjate que te uniste a mí con verdadero amor, dentro de lo que tú puedes entender por amor. Hasta que decidiste que sabía demasiado sobre ti: tráfico de drogas, prostitución, estafas... Llegó el momento en que consideraste adecuado alejarte de mí, y destruirme. Lo lograste, maldita, lo lograste. Para una mujer como tú es fácil encontrar apoyos, pero no olvides, querida Teruky, que yo fui tu mejor ayuda. Con mi respetuoso silencio me convertí en tu mejor aliado, y en mi más encarnizado enemigo.

En el 2003 me presenté en tu casa con un ramo de rosas, era tu cumpleaños y por entonces me querías, aunque fuera de esa manera que tú puedes querer a alguien. En el 2004, cuando ya todo empezaba a irse a la mierda te sorprendieron, según supe, los de la floristería en aquel restaurante que tanto te gustaba. Tú misma me contaste que te echaste a llorar por la emoción. Era el mismo número de rosas rojas que años cumplías, y además en público. Debiste de sentirte una reina. Se suponía que estarías en tu casa, pero no te encontraron allí y llamaron al número que yo les había dado. Citaste al repartidor de la floristería en el restaurante donde estabas. Eso no estaba previsto, pero siendo tú es comprensible que te gustara el numerito.

Por entonces aún había esperanzas. Después vino todo lo demás. Me jodiste la vida a conciencia, y sé por qué lo hiciste, pero no quiero pensar en ello.
Luego vinieron los tres años en los que has renegado de mí:
En 2005 volví a enviarte flores por tu cumpleaños, aunque todo estaba perdido. Si las recibiste no lo sé, nunca obtuve confirmación. Será una de esas dudas que se mantienen y nos asaltan, quizás, en el momento de morir.

En 2006 te felicité tu cumpleaños por SMS. Tampoco obtuve respuesta. Puede que hayas cambiado de número.

En 2007, leal que es uno, he vuelto a hacerlo, pero esta vez con un día de retraso. ¿Puedes creer, amada Teruky, que me despisté y olvidé que era tu cumpleaños?
¿Sabes una cosa, Esther? He hablado mucho de ti en este diario de un cabeza de chorlito. Cada texto publicado habla de ti de un modo más o menos directo pero nunca, hasta hoy, me atreví a escribir tu nombre. No podía hacerlo, dolía tanto...
Hoy puedo empezar a hablar, Esther. Poquito a poco. ¿Te alegras por mí, mi niña?

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