AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

sábado, 29 de diciembre de 2007

En defensa del obispo


No se acostumbren a verme darle la razón a la curia. Hasta yo me siento raro haciéndolo, pero es que como no lo suelte no duermo tranquilo. Vamos por partes:

El DRAE, sobre la palabra pedofilia, nos remite a la inusual paidofilia, y la explica así: Atracción erótica o sexual que una persona adulta siente hacia niños o adolescentes.

Pues bien, según esto, me declaro pedófilo, además ya hablé de ello alguna vez. El asunto es incómodo, desde luego, y pocos son quienes se atreven a abordarlo sin hipocresía. Por lo que a mí respecta, supongo que soy un pedófilo atenuado, pues sólo las adolescentes me gustan, y no todas, de hecho más bien pocas. Pero sí, hay señoritas quinceañeras que me ponen a mil, como exactamente le ocurre a casi todos los lectores masculinos de este blog, porque yo no estoy hecho de una pasta especial, ni ustedes tampoco. Otra cosa es que lo admitan. Ay, cuánto miedo a decir alto y claro lo que no es más que un hecho perfectamente natural, como, por cierto, también es muy natural que una chavalita de trece años se masturbe pensando en sus ídolos musicales, por ejemplo, alguno de los cuales le multiplicará la edad por tres o cuatro --¡pequeñas pervertidas gerontófilas!--.

Como vivimos en la sociedad que vivimos, cada día más parecida a la estadounidense, se nos da muy bien el rollito de la doble moral, y no nos faltan legisladores que mientras se pajean pensando en la linda hija de catorce años del vecino del tercero derecha redactan leyes que criminalizan esas conductas. Pero puede ocurrir, y de hecho ocurre, que esa adolescente quiera un revolcón con Obdulio, el vecino del primero izquierda, que tiene treinta y ocho años y está buenísimo. Naturalmente ahí está el legislador, para evitar que eso ocurra, entre otras cosas porque es más feo que pegarle a un padre, y si él no folla aquí no folla ni dios.

Observen que en nigún caso estoy hablando de forzar a nadie a nada. No hablo de violaciones, ni de prácticas sexuales bajo ninguna clase de coacción. Hablo de follar, punto. De follar saludablemente y nada más.

De igual modo que a Menganito Fulánez, de veintiocho años, le puede apetecer beneficiarse a Menganita Zutánez, de quince años, puede ocurrir que a Juanita Smith, de trece años, le pique el chichi por Anastasio Rodríguez, natural de Salamanca y con cuarenta y tres primaveras. Reconozco que este último caso no será muy frecuente, pero ocurrir, vaya que si ocurre. Si ambos están de acuerdo, pues a gozar se ha dicho, y lo que me parece un abuso hacia el menor es promulgar leyes que limitan algo tan íntimo como es el uso libre de la sexualidad.

Naturalmente que hay quien piensa que alguien con trece años no debe usar su sexualidad, o como mucho podrá usarla sólo con alguien de su edad aproximada. No estoy de acuerdo. Ojalá cuando yo era un tierno adolescente me hubiera cogido por banda una treintañera buenorra y me hubiera enseñado a hacer cochinadas, cuantas más y más cochinas mejor. Qué maravilla, oigan. Y como bien saben eso es una fantasía recurrente entre adolescentes varones. Las chicas, creo, no son tan directas, pero pónganle a cualquier cuarentón que medio se conserve bien un coche de la marca Porsche, y háganlo aparecer en un par de películas en el papel de galán, y ya me dirán qué efecto produce eso en las braguitas de las adolescentes, por muchas canas que peine el tipo.

Viene todo esto porque ahora se está linchando en los medios de comunicación a un obispo porque, según dicen, justifica la pedofilia. Me parece a mí que se están retorciendo un poco bastante las palabras del monseñor. Yo entiendo que no justifica nada, sino que ha dicho una verdad de esas que son políticamente incorrectas y que nos dan mucho miedo, no vaya a ser que el tío tenga razón y nos saque de nuestra plácida ignorancia, y entonces, figúrense, nos tendríamos que replantear algunas cosas, tendríamos que pensar. Jolines, qué acojone, pensar... ¡No hemos salido de una dictadura de cuarenta años para pensar! Hemos salido para... Uhmmm, ¿para qué hemos salido? Uy, ya estoy pensando demasiado. Deja, deja, ya pensará alguien por mí, seguramente el mismo gracias al que pago un cincuenta y cuatro por ciento de mi sueldo en la hipoteca de un humilde pisito.

En fin, sigamos con el obispo. Ahora debo aclarar que en esta entrada me limito a expresar mi total acuerdo con Bernardo Álvarez, el obispo de Tenerife, exclusivamente en lo referente al final de la entrevista que publicó La Opinión de Tenerife el 24 de Diciembre, fragmento que parece ser el desencadenante del linchamiento (lo demás que haya podido decir Bernardo Álvarez no tiene nada que ver con esta entrada):

"Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores (sic) y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece."

Pues sí, Don Bernardo, así es. No veo que esté usted justificando nada. Está diciendo una verdad como un castillo, de las que joden, de las que hacen daño, de las que la mayoría de la gente preferiría no tener constancia, o al menos que nadie se las recordara. Hay cosas de las que es mejor no hablar, Don Bernardo, y ya ve cómo lo están poniendo por haberse atrevido, ¡si hasta hay quien pide su excomunión, Monseñor! Es de locos, ¿verdad? A mí, lo que me jode un poco de todo este asunto es que haya sido usted, precisamente usted, un jerarca de la Iglesia, quien haya tenido los cojones de decirlo. Enemigo como soy de religiones, hoy me va a permitir que le estreche la mano, Monseñor.

3 comentarios:

Javi dijo...

Contestación de un conocido mío a unos Testigos de Jehova, que fueron a predicar a su casa:

-Sí hombre. No creo en la religión católica que es la única y verdadera, y voy a meterme en otra.

Yo he dejado bien claro en varias ocasiones mi no-creencia. Aunque no me declaro ateo, dado que no poseo la omnisciencia ni puedo demostrar la no-existencia de un ser supremo. Muchas veces he criticado las religiones y sobre todo a quienes las dirigen. Los musulmanes por su fanatismo, los cristianos por su intransigencia, los budistas por su aborregamiento -"OM MANI PADME HUM" repetido quinientas veces-, etc., así que ahora no voy a defender a un jerarca de una de las sectas más influyentes y dañinas de la Historia.

Es cierto que en esta ocasión no le falta parte de razón, y que sus declaraciones se sacan de contexto, pero él ya debería saber que esto iba a ocurrir, y medir más sus palabras.

En el tema de la sexualidad, ya lo he dicho: mientras haya comprensión de lo que se hace y consentimiento por todas las partes, allá cada uno. Yo no creo que haya que probarlo todo en esta vida, y las experiencias del tipo homo no me atraen en absoluto.

"Abusos a menores", bueno, en primer lugar habría que definir "menor" y "abuso". Cómo tú has dicho, si yo, con trece o catorce añitos, hubiese tenido la oportunidad de echar un polvo -o dos, o tres- con una mujer mayor que yo... Joder, si es que esa es una de mis fantasías. Por supuesto hay que distinguirlo de esos hijos de puta que utilizan -no hay otra forma de describirlo, aunque ellos hablen de amor- a niños pequeños. El otro día descargue un vídeo, de cuyo nombre no quiero acordarme, y nada más comenzar me encontré a unas niñas de unos cuatro o cinco años mostrando sus genitales. Huelga decir que cerré y borré inmediatamente ese archivo, no por miedo, sino por asco.

Cierto que muchas veces las "adolescentes" provocan. Cierto que con esa edad, las chicas son normalmente más maduras que los chicos, por lo que se ven atraidas por hombres mayores que ellas. También puede ser una cuestión genética. Cuando una mujer empieza a menstruar, su instinto la lleva a reproducirse y por ello busca a los machos más dotados -sólo que aquí se cambian los mejores genes por los mejores coches-. A esa edad el macho no esta totalmente desarrollado, por lo que la hembra busca machos adultos, capaces de procrear.

Que quede bien claro que con esto no quiero justificar de ninguna forma los abusos. Si bien la adolescente es consciente, en la mayoría de los casos, de lo que hace, también el hombre debe ser consciente de que está tratando con una casi-niña, y no tratarla como a una mujer adulta.

Anónimo dijo...

A mí las palabras del obispo me parecieron demasiado complacientes, en relación con las que se refieren a otros temas (aborto, condón, matrimonio homosexual, educación para la ciudadanía....) Suenan un poco a autojustificación, si tenemos en cuenta que últimamente la Iglesia ha estado salpicada por varios escándalos de pederastía.

Por otro lado, me parecen unas declaraciones demasiado peligrosas, además de cobardes, porque parece que quiere desplazar la responsabilidad al menor ante un caso de posible abuso a menores,porque, según él, es que lo está provocando.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Anónimo, yo entiendo más bien que lo que el obispo ha pretendido decir es que no todas las relaciones sexuales con menores son abusos sexuales. Y en eso estoy totalmente de acuerdo.

Ya explicito en la entrada que me refiero a sus últimas palabras de la entrevista publicada en La Opinión, el párrafo que entrecomillo y he puesto en cursiva. Habría mucho que decir sobre el resto de la entrevista, pero no era esa mi intención.