AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

domingo, 24 de mayo de 2009

Los plastas (atacan de nuevo)


Después de unas 650 entradas ya he dicho cuanto tenía que decir, por eso voy a cerrar el chiringuito. Mwajajajaja... que no, tontos, que es bromita. (Espero que esta vez no haya malentendidos, caramba).


Va, ahora en serio:

Después de unas 650 entradas me va costando decir algo nuevo, así que voy a repetirme con una versión extendida de uno de los primeros textos leonidianos: Los plastas.

Tengo cara de hijoputa, pero por alguna razón hay gente rara (demasiada) que siente la irreprimible necesidad de contarme sus problemas. ¡Como si a mí me importaran un carajo! Yo creo que confunden mi silencio y mi mirada inquisitiva con las ganas de escuchar sus pamplinas. No se dan cuenta, los pobres, de que en verdad guardo silencio porque no los escucho ni me importa lo que cuentan, y en consecuencia nada tengo que decir. En cuanto a la mirada interrogativa que puedo mostrar a veces, decir tan solo que esto es lo que pregunta: "¿es que no te das cuenta de que me molestas con tu patética verborrea?" Sin embargo me callo por educación, claro, y los dejo que se desahoguen. Angelicos.

A veces, como mi paciencia no es proporcional a mi chorra, se me agota. En esos casos pueden darse situaciones como la que sigue:

Estoy en un bar, tan feliz, con mi cerveza en una mano, un cigarrillo en la otra y mil cochinadas en la cabeza. Llega un o una plasta que me conoce de haber compartido ocasionales cervezas y se pone a contarme su vida por enésima vez.

Plasta: ...y yo ya no puedo seguir así. Tendré que hablar con mis vecinos para que follen menos ruidosamente, porque entre eso y lo de mi ciática no hay quien duerma. ¿Te he dicho que padezco de ciática? Sí, verás, hay días que ni andar puedo y me tengo que tomar...

Leónidas (interrumpiendo con la mano en alto): Oye, oye, un momento, para. Perdona que te interrumpa, ¿pero a ti qué te ha hecho pensar que me interesa todo eso que me estás contando?

(Segundos de desconcertado silencio por parte del plasta).

Plasta: Joder, vaya corte. JA JA JA. ¡Qué gracioso eres, Leo! Ains, tienes cada cosa... Bueno, pues como te iba diciendo, me tengo que tomar dos ibuprofenos y ni siquiera con eso se me quita. Yo creo que es hereditario porque a mí tía abuela Ramona (no la Josefa, no; la Ramona) le pasaba lo mismo. Mi tía abuela Ramona era muy guapa de joven, la Josefa en cambio era más discretita, pero yo las quise mucho a las dos por igual, eh, no te creas. Por cierto, es tu día de suerte porque precisamente hoy llevo fotos de las dos en la cartera y quiero enseñártelas...

(Empiezo a bufar y hacer tics como en aquel famoso sketch de Martes y Trece, pero ni por esas se detendrá el plasta).

Plasta: ...Ay, Leo, no seas tonto, deja de hacer el payaso y mira qué guapa era la Ramona de joven. ¿A que parece una actriz de cine mudo? Uy, mira lo que aparece por aquí, ¡si son las fotos de la mili! Me tocó en Ceuta, a lo mejor conoces alguno de los que salen en las fotos, porque como tú eres militar... Hombre, son de 1966, pero a lo mejor te suena alguna cara. Mira, este es el cabo Butifarra. El Ladillas y yo lo llamábamos así porque...

Llegados a estos extremos es cuando yo empiezo a poner los ojos en blanco y a babear, simulando una embolia o algo parecido (me sale muy bien simular embolias e infartos de miocardio, por contra los de tuyocardio me salen regular tirando a mal). Hubo veces que, llevando mi actuación al realismo más descarnado, dejé caer el vaso al suelo en pleno paroxismo interpretativo, provocando con ello gran estropicio y conmoción, así como inmediatas llamadas al 112. Una vez descubierta la farsa se producen dos consecuencias de impar fortuna: por un lado el plasta ya no volverá a dirigirme la palabra; por otro lado no me admitirán nunca más en ese bar, por payaso, dicen. Hay gente que tiene muy poco humor.

A pesar de todo hay ocasiones en las que opto por aguantarme y dejo que los plastas me den la tabarra durante horas, interrumpidos solamente por mis uhms y mis ajás, mientras estoy inmerso en mi rica vida interior. Si alguna vez el plasta me sorprende preguntándome qué opino sobre lo que está soltando por la boca bastará con responderle algo así como que necesitaría más datos para formarme un juicio, y con eso se quedan contentos y prosiguen el soliloquio. En tan dramáticas circunstancias he escrito mentalmente algunos de los relatos que se han publicado en esta bitácora, razón por la que inconscientemente se pueden haber trasladado detalles biográficos de los plastas a mis cuentos.

¿Y qué decir de esos tipos que sin conocerte de nada se creen con el derecho a hablarte de fútbol obviando incluso un saludo previo? A mí me ha pasado muchas veces que estoy tan tranquilo en la barra de un bar, llega un señor totalmente desconocido, se planta a mi lado y escupe una misteriosa frase como "qué buen partido ha hecho el Manchester, aunque el árbitro estaba comprado". ¿Qué se puede responder a eso? Joder, no me digan que no es inquietante. Quizá sea porque he leído demasiadas novelas de John le Carré, pero el caso es que ante esas situaciones siempre pienso que el desconocido es un espía que está usando una contraseña para contactar con otro agente, así que a veces, con toda la honestidad del mundo, le respondo que lo siento mucho, y que yo no soy el agente secreto que está buscando. Probablemente el individuo esperaba una respuesta del tipo "el árbitro fue comprado con un maletín lleno de billetes, como el que yo tengo lleno de documentos secretos en la consigna de la estación de autobuses", y como tal respuesta no se produce me miran raro. Es que los espías tampoco tienen mucho sentido del humor y andan estresados con tanto cambio de identidad y tanta clave secreta y tanta parafernalia.

Luego está el increíble gremio de los taxistas. Todos, absolutamente todos los taxistas son futboleros y dan por hecho que yo también lo soy. Es por ello que me hablan de fútbol, siempre. Una conversación típica entre un taxista cualquiera y mi humilde persona viene a ser así:

Leónidas: Buenas noches. Vamos al bar más cercano que siga abierto a estas horas, por favor.

Taxista: Ahora mismo. Qué gran partidazo, eh. Esta temporada subimos a primera, seguro.

Leónidas: ¿Perdón?

Taxista: Digo que tenemos el ascenso asegurado.

Leónidas: Pues no sé usted, pero yo estoy muy bien de cabo primero.

Taxista (algo extrañado): No, si yo le hablo del partido.

Leónidas: Ah, es que a mí la política no me interesa.

Taxista (mosqueado): No, hombre, no. Me refiero al partido de fútbol de esta tarde.

Leónidas (guasón): Ah, perdone. Ahora empezamos a entendernos. Sí, efectivamente Arconada ha jugado muy bien. Sin duda el mejor centrocampista que haya habido en el trofeo de Roland Garros.

Taxista (flipando en colores, supongo): ¿...?

Leónidas: ¿Y está muy lejos ese bar? Lo pregunto porque si falta mucho puedo darle mi opinión sobre todos los futbolistas que han participado esta temporada en las 24 horas de Le Mans y ya de paso comentarle lo disgustado que estoy desde que me he enterado de que los escoceses no llevan nada bajo el kilt, lo que me parece una indecencia. ¿Qué opina usted de eso del kilt?

Taxista (muy enfadado): Usted se baja aquí, amigo. Yo no llevo a borrachos maricas en mi taxi.

Los taxistas, otros que no tienen humor. Algún día escribiré un anecdotario sobre mis experiencias con ese gremio. "No puedo moverme sin ellos ni con ellos", se podría titular.

Un consejo para todos los plastas (futboleros o no): haced un blog, coño, y dejadme en paz.

6 comentarios:

kitty_wuuuu dijo...

Jajajajajajajajajajajajaja.
HAS VUELTO.

¿Nos casamos?

Yo en los taxis finjo acentos. En los bares cuando me dan la tabarra digo que tengo 16 años, si cuela se van. Aunque a ti no sé si te va a valer eso...


MUA!

lechuga dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

¡Kitty, también tú eres una usuaria juguetona de taxis! Qué bien. Ay, alguna vez tengo que contar mis peripecias humorísticas en los taxis...

Y no, no me caso con vos, pero un polvo no te lo niego.

Lechuga, muy bien eliminado tu comentario. Se te olvidó hacerlo como "Ácrata". (Sé desde hace muuucho que sois la misma persona). Qué comentaristas tan ingenuos tengo...

lechuga dijo...

otras consigo engañarte no creas

kitty_wuuuu dijo...

Entonces nada que follar sin estar casados es pecado.

Rocket dijo...

Estimado Leónidas,

Yo en los taxis siempre me invento algún oficio nuevo, y se lo largo al taxista a modo de prueba, a ver si cuela... y es mano de santo, mire ud.

Recuerdo que una vez me inventé, por forzar un poco los límites, que era primera bailarina en Ballet Bolshoi, pero no se lo tragó. Me dijo que sospechaba que le estaba engañando porque llevaba el pelo demasiado corto para poder hacerme el moño...

Saludos,
Rocket